lunes, 29 de septiembre de 2014

FRANCIA E INGLATERRA CONTRA LA REPÚBLICA ESPAÑOLA


Submarino italiano "Torricelli" cedido a la marina sublevada y
finalmente bautizado como "General Sanjurjo"
En 1936, recién iniciada la rebelión militar en España, el gobierno francés propició un pacto de no intervención extranjera en la Guerra Civil Española evitando  la internacionalización del conflicto en un momento de máxima tensión entre democracias y dictaduras en Europa. Pretendían "aislar" la agresión fascista al pueblo español mirando para el lado de sus intereses y negando la realidad de la importancia del movimiento fascista, al que sin ningún pudor rebajaron a la categoría de "conflicto". A esta cobardía obedeció la primera de las grandes medidas internacionales: el Acuerdo General sobre la No-Intervención, al que se sumaron 27 países de Europa, acuerdo que nunca se plasmó en un documento escrito, y el establecimiento como consecuencia de ello de un Comité de No Intervención ubicado en Londres. Los ingleses conservadores no tuvieron ningún pudor en hacer patentes sus simpatías por los rebeldes franquistas, Francia, por su parte, que al principio intentó tímidamente ayudar a la República, a la que cobró unos 150 millones de dólares en ayuda militar (aviones, pilotos, etc.), tuvo que someterse a las directrices del Reino Unido y suspender de inmediato la ayuda. Después de esto Francia y Gran Bretaña intentaron suprimir la participación de sus ciudadanos en apoyo de la causa republicana, aunque muchos franceses e ingleses fueron a España como voluntarios, entre los que destacaron Malraux y Orwell, integrados o no en las Brigadas Internacionales.

A finales de agosto de 1936 los 27 estados europeos, todos menos Andorra, Liechtenstein, Mónaco, Suiza, y el Vaticano, que suscribieron el "Acuerdo de No Intervención en España" decidieron "abstenerse rigurosamente de toda injerencia, directa o indirecta, en los asuntos internos de España y de los españoles y prohibieron la exportación y el tránsito a España y sus territorios no peninsulares de toda clase de armas, municiones y material de guerra . El gobierno republicano, a través de Julio Álvarez del Vayo, Ministro de Estado, después de haberse quejado en varias ocasiones de los incumplimientos del Pacto de No Intervención por parte de Italia y de Alemania, que suministraban material bélico y ayuda militar al bando rebelde, buscó la protección internacional y el 25 de septiembre de 1936 solicitó el amparo de la Sociedad de Naciones, pero el organismo internacional se desentendió e hizo caso omiso de las quejas del Gobierno de la República, dando carta blanca por omisión a las intervenciones nazis y fascistas. España comenzó a recibir material de guerra de la Unión Soviética a partir del mes siguiente. Vista la inoperancia del Comité de No Intervención el gobierno británico propuso a finales de 1936 un plan de control naval para la supervisión de los barcos que se dirigían a puertos españoles en un momento en que alemanes e italianos estaban incrementando considerablemente su ayuda al bando rebelde.

El plan consistía en que la carga de los barcos mercantes sería inspeccionada por un observador del Comité de No Intervención que subiría a bordo y presenciaría el desembarco en puerto español. Para efectuar este control las marinas de las cuatro potencias se desplegarían en las costas españolas, adjudicándose a Gran Bretaña la costa vasca y la zona del Estrecho desde Huelva hasta el cabo de Gata en Almería, más las islas Canarias; a Francia la costa cantábrica desde el País Vasco, la costa gallega, el Protectorado Español de Marruecos y Mallorca e Ibiza, y a Alemania y a Italia la costa mediterránea desde el Cabo de Gata hasta la las aguas territoriales francesas. No es nada exagerado decir que en aquellos momentos había más barcos extranjeros que españoles en el Mediterráneo, el Cantábrico y la zona Atlántica del Estrecho de Gibraltar.

Alemania, Italia y Portugal nunca respetaron el pacto y lo hicieron con el beneplácito pasivo de Francia e Inglaterra, de tal forma que la ayuda italo-germana llegaba a las zonas rebeldes sin ningún problema, bien a través de las costas ya ocupadas o bien a través de los puertos portugueses. A petición de Franco, Mussolini desplegó la flota italiana de submarinos a lo largo de todo el Mediterráneo para que torpedeara a los mercantes españoles y soviéticos que se dirigieran a los puertos españoles transportando material bélico desde el Mar Negro. Entre el 19 de agosto de 1937 y principios de septiembre se produjeron por lo menos veinte ataques de los submarinos italianos "fantasmas" o "piratas", aunque Gran Bretaña sabía que se trataba de submarinos italianos, Italia lo negaba, pero los ingleses no llegaron al fondo del asunto ya que su información provenía de haber descifrado los mensajes intercambiados entre los submarinos italianos, prueba que no podía esgrimir en evitación de delatarse como conocedora de las claves utilizadas por la marina italiana.

En la conferencia de Nyon, celebrada entre el 11 y el 14 de septiembre de 1937, se acordó una serie de rutas marítimas que debían seguir los mercantes en el Mediterráneo y que serían patrulladas por destructores y aviones británicos y franceses que tendrían su base principal en Argel, entonces colonia francesa. Así todo submarino en inmersión que atacara a un barco neutral sin advertencia o que se encontrara cerca del lugar de ataque, sería hundido. Los buques franceses y británicos también intervendrían ante los ataques a barcos neutrales por parte de aviones y de buques de superficie no españoles.

Ni Alemania ni Italia cumplieron los acuerdos, los ataques de los submarinos fantasma italianos, los bombardeos aéreos alemanes y el constante suministro de material bélico a los rebeldes no solo no se suspendió sino que aumentó impunemente en las mismas narices de los barcos de guerra franceses e ingleses que patrullaban el Atlántico portugués y el Mediterráneo y por supuesto también la vía del Norte con destino a los puertos del Cantábrico ya en manos rebeldes. La aviación italiana y alemana partía desde Mallorca con total impunidad, con sus aparatos camuflados bajo insignias franquistas en su cola y sus alas. Británicos y franceses lo sabían y callaban. Por el contrario el "celo" de los buques franceses e ingleses, y los consentidos ataques de los submarinos italianos, consiguieron interrumpir los aprovisionamiento procedentes de Rusia, tanto bélicos como aquellos consistentes en víveres para la población civil republicana y el Ejercito Popular.

Transcribo a continuación parte de lo expuesto por Manuel D.Benavides sobre este asunto, en su libro "La Escuadra la mandan los Cabos".


El general Ettore Grasseti, encargado de un curso militar en la Universidad de Milán, explicó a los alumnos:

"La línea costera de Sardinía y Sicilia, constituye, con las Islas Baleares, una vez colocadas bajo nuestro control, un sistema que neutraliza la arteria inglesa Gibraltar-Malta. Con la influencia italiana en Palma de Mallorca, y la influencia alemana en Melilla y Ceuta, el eje Roma-Berlín se prolonga dentro del Mediterráneo occidental, corta la gran arteria británica por su cabeza en Gibraltar, y continua su influencia hacia el Este. En relación con Francia, la comunicación italiana entre Baleares y Sicilia corta las comunicaciones francesas de Marsella, via Casablanca-Orán, en el oeste de Algeciras y Phillipville en el Centro, y de Suez a Túnez en el Oeste. De esta manera el sistema arterial de la metrópoli francesa al norte del África gala, base de la movilización general francesa, puede ser cortado".
De acuerdo con los principios expuestos por el general Grasseti, Francia e Inglaterra entregaron el Mediterráneo a Franco y a sus aliados. Perdido el dominio de esa mar por la República la guerra estaba perdida. Las tropas carecerán de elementos de combate y la retroguardia de artículos de primera necesidad. Los puertos de Levante se convertiran en tumbas de barcos con las bodegas cargadas de armas, medicinas y alimentos, La URSS arriesgará la guerra para ayudarnos. En un momento de lucidez, Zugazagoitia reconocerá en su desolador libro "Historia de la Guerra de España":
"Es de ahí de donde nos llega el único material que recibimos. Es una transacción comercial, sin ella hace tiempo que la República hubiera perecido. Eso no se paga con dinero...Lo que si sé es que España jamás hubiera aceptado un peligro semejante para ayudar a Rusia que es, aparte de la patria del proletariado, título en cuyo nombre se le piden sacrificios inimaginables, una nación con fronteras e intereses concretos, de cuya defensa y custodia están encargados los rusos"
¿Se hallaban ausentes los barcos de guerra ingleses del Mediterráneo?, no y tampoco los franceses. Tan frecuentes eran sus visitas a los puertos de la Península, que un destructor inglés vió torpedear a los cruceros "Cervantes" y "Méndez Nuñez" en Cartagena, y otro, el "Hunter", chocaría con una mina a una milla de Almería. Una flotilla de destructores republicanos, con el "Lazaga" en cabeza, encontró los botes de salcvamento con el comandante y la tripulación, a los que recogió como recogió a los muertos y heridos. El "Lazaga" remolcaría y salvaría luego al "Hunter".

Supondrá el lector que el Almirantazgo ingles tenía alguna opinión acerca de la guerra naval que Alemania e Italia hacían a España.

El general Matz, jefe de la comisión de municiones en París, fue designado para formar parte de la misión extraordinaria que, presidida por Julian Besteiro (PSOE), envió la República al acto de la coronación del rey de Inglaterra. La misión tenia un caracter meramente protocolario y de amistad mal correspondida. Besteiro, de espaldas a la República y contra la República pretendió darle otra.
- ¿No le parece a usted, -dijo al general- que debemos hacer gestiones para provocar una intervención inglesa?
- Perdone usted, D.Julián, yo no puedo hacer sino lo que me ha ordenado el Gobierno.
El Almirantazgo obsequió a los marinos extranjeros con un banquete. En el curso del mismo, el general Matz expresó al Lord del Almirantazgo el sentimiento, por la agresión a un destructor inglés torpedeado a la altura de Málaga.
- Ya sabemos de donde proceden los ataques -repuso el Lord- Ustedes nada tienen que ver con eso. Al contrario, estamos agradecidos a la República.
(¡Lástima que la república no pudiera decir lo mismo!)

A las pocas horas, los diarios daban la noticia de que el destructor, a juicio del Almirantazgo, había chocado con una mina. El Almirantazgo sabía que los submarinos desconocidos del Mediterráneo occidental tenían sus bases en San Antioco y Cerdeña, cerca de Caloporto, y que los que operaban en el Mediterráneo oriental, eran cuatro con base en la isla de Leros. Le constaba al Almirantazgo que esos submarinos pertenecian a la Flota italiana y que cada submarinista recibía cuatrocientas libras esterlinas de gratificación por barco hundido. Los ingleses que negaban conocer su existencia hundieron a dos de ellos.

A mayor abundamiento, el ministro de Defensa nacional publicó el 7 de marzo de 1938 una nota que ofrecía el máximo interés para el Almirantazgo. Decía:
"Está comprobado que desde hace ya un año cumplido, febrero de 1937, vienen actuando en nuestro litoral submarinos alemanes en buen número, habiéndose podido registrar entre ellos la presencia de los siguientes: "U-28", "U-29" y "U-36". Últimamente ha aparecido , además, el "U-54". Durante los primeros meses de 1937, parte de estos submarinos hubieron de funcionar en el Cantábrico, siempre con el buque arsenal "Wollin", con el cual fondearon unas veces en Pasajes y otras en El Ferrol".
"Para cubrir las necesidades de los submarinos alemanes fuincionaban otros buques-arsenales: el "Liselotte Essberger", el "Neptun" y el "Augusto Schultze".
Las lamentaciones del Almirantazgo, si lamentaciones hubo, se reservaron para el final, cuando se hizo público por los periódicos de Mussolini un documento explicativo acerca de la participación italiana en España, del cual son estos datos:
"Nuestra Marina contribuyó silenciosa , pero eficazmente. El transporte de tropas y materiales pudo hacerse gracias a una perfecta organización de nuestras bases y medios, dedicándose a él 92 barcos que realizaron 220 viajes. El número de nuestras unidades de superficie que tomaron parte en acciones de guerra y escolta fue de 91. Se verificaron 870 servicios de vigilancia y escolta. Las acciones de guerra ejecutadas por nuestras unidades fue de 101. En pocos días de acción hundieron 18 vapores con un total de 72.800 toneladas"
Lo que Benavides nos relata se refiere únicamente al apoyo a los rebeldes derivado de las armadas italiana y alemana, importantisimo y decisivo para el desenlace de la guerra, no obstante las ayudas de estos países fueron mucho más amplias y abarcaron todo tipo de intervenciones, incluida la inicial italiana anterior al levantamiento en armas de los franquistas. Es de tal magnitud la ayuda prestada por Alemania e Italia que es imposible de cuantificar con exactitud. Material de guerra, blindados, aviones, submarinos y personal militar.....Unas ayudas que Franco finalmente no pagó en su totalidad una vez que el III Reich fué derrotado.

Al hilo de la ayuda rusa mucho se ha hablado de su elevado coste económico, pero nada o muy poco se ha dicho sobre el coste de la ayuda que Franco recibió de Alemania e Italia, una ayuda que acabada la guerra representaba una cantidad desorbitante. A Italia hubo que pagarle más de 7.000 millones de liras... y se estuvo pagando hasta 1967. Hitler fue mas exigente y ya en 1938 instaló en España 17 compañías mineras principalmente en Galicia, cuya explotación, mayoritariamente de wolframio, disfrutaba en exclusiva sin tener que pagar ni un solo marco por el material que extraía con mano de obra de presos republicanos, el valor del material se consideraba como pago de la deuda. Un wolframio que era destinado a sus industrias militares.

Hasta tal punto era demandado el wolframio (segundo material más duro después del diamante y con el punto de fusión más alto de todos los metales conocidos 3.400 ºC) por las industrias de guerra, aviación, maquinaria pesada y de iluminación que su precio pasó de 7.000 pesetas la tonelada en 1941 hasta las 335.000 pesetas en 1944, un material que era vital para los nazis tal y como lo aseguró en 1943 el embajador alemán en España :
“El wolframio español es para nosotros prácticamente lo que la sangre para el hombre”. 
Además y entre otras concesiones de Franco, Alemania utilizaba España como ruta de comercio desde Latinoamerica de diamantes industriales y otras materias primas.  Un informe gubernamental que se preparó para Franco decía:
"Los alemanes consideran a España como una colonia suya".
Terminada la II Guerra Mundial, Franco aprovechó para dar unilateralmente por saldada la deuda con Hitler. No obstante España se convirtió en un excelente refugió para los criminales nazis, debidamente protegidos por el régimen franquista.

Si importante fue la ayuda alemana e italiana, de ninguna de las maneras podemos olvidar la "ayuda" prestada por Europa a Franco, con Francia e Inglaterra a la cabeza, "autorizando" las operaciones llevadas a cabo por italianos y alemanes, tanto por medio de acciones armadas en el mar y en el aire como por la entrega de ingentes cantidades de suministros de todo tipo. Desde luego nada de nada tiene la República que agradecer a Europa, tampoco aquellos españoles que acudieron a los territorios franceses en busca del obligado exilio. Sin embargo mucho es lo que Francia debe agradecer a los republicanos españoles que lucharon contra la invasión nazi en territorio francés.


Benito Sacaluga.

domingo, 7 de septiembre de 2014

BUQUE PRISIÓN CABO CARVOEIRO



(*) Un barco, una prisión improvisada y la muerte. El vapor Cabo Carvoeiro, propiedad de la oligarquía sevillana, surcó las aguas del río Guadalquivir convertido en símbolo de represión. Los sublevados de julio de 1936 sembraron la provincia de Sevilla de centros de reclusión, detenciones masivas, torturas, ejecuciones... De gritos silenciados en las bodegas de una cárcel flotante y presos que restan horas a su fusilamiento. Así el franquismo ganaba una batalla, la del terror, grabada a sangre y fuego en la memoria popular. Aún flota en el recuerdo el Cabo Carvoeiro, el barco de la muerte.

Unos 60.000 asesinados yacen sepultos en más de 600 fosas comunes, sólo en suelo andaluz. Muchos, antes de recibir la muerte a tiros, pasaron por centros de detención. Era el paso previo en una realidad de "sacas y fusilamientos". Como el Carvoeiro, un "infierno flotante" con desembocadura en las tapias del cementerio. Cualquier día se convertía en el último para presos sin juicio pero con sentencia. Hambre, sol, hacinamiento, insalubridad… No menos de 500 personas tiradas a diario en aquellas entrañas de acero. "Allí dormían como perros" recordaría uno de los niños que accedió al interior.

El 18 de julio, la prisión provincial de Sevilla acogía 320 presos. Cinco días después, 1.438 detenidos quedaban hacinados en un recinto inaugurado en periodo republicano. "Sevilla se convirtió toda en una prisión", escenifica Manuel Bueno Lluch, de la fundación de estudios sindicales de Comisiones Obreras, en la revista Andalucía en la Historia del Centro de Estudios Andaluces. Las autoridades golpistas activaron múltiples centros de reclusión. Caso del cine Jáuregui –donde permaneció Blas Infante hasta su muerte–, el cabaret Variedades o los sótanos de la plaza de España. Ayuntamientos o escuelas servían de improvisadas prisiones en los pueblos y campos de concentración comenzaban a funcionar por toda la provincia.

Y estaba el Cabo Carvoeiro, de la familia Ybarra, cuarta naviera a nivel estatal "y la primera andaluza". Entre sus "socios", reseña el investigador, también había "algunos conocidos apellidos de la oligarquía andaluza, como los Pickman, los Lasso de la Vega, los Osborne y los Azque". Era la "élite económica" que sustentaba al Partido Conservador al sur de la península. Contrarios, y "desalentados", por la proclamación de una República que observaban "como una amenaza para sus intereses tradicionales".

Explícita del apoyo que brindan "en cuanto sea preciso" al "glorioso Alzamiento Nacional" es el acta de la reunión de socios de la otra gran sociedad familiar, Hijos de Ybarra, sobre el "movimiento militar que el día 18 se inició en Sevilla y Marruecos para salvar a España de la ruina y el desastre que la política del infamante Frente Popular le estaba ofreciendo". Para sellar el compromiso están los 80 metros de eslora y 12 de manga del Carvoeiro. El vapor a hélices construido en los astilleros de Newcastle (Reino Unido) en 1909 podía transportar 3.300 toneladas de carga. Sus dos bodegas fueron las celdas de la prisión flotante.

La orden radiofónica de los golpistas era clara, el vapor debía dirigirse a Sevilla. Pero debía permanecer en Bonanza, un paraje del Guadalquivir. Aquel día de la sublevación, en "Coria y La Puebla había una concentración de comunistas", recuerda Bueno Lluch. El día 24, por la tarde, "el curso del río quedó despejado". Llega a la capital y descarga las bodegas. Anclado en Triana, ya está preparado para su nuevo cometido. Parte de la tripulación es fusilada. "Los primeros hombres en habitar las bodegas del barco", ese mismo día, "fueron los 70 detenidos de la columna minera que había osado atreverse a intentar hacer fracasar el golpe en Sevilla". Poco después, 550 personas atestaban las bodegas.

Justo a los dos meses el Carvoeiro mueve su anclaje hasta Tablada. "El espectáculo debía ser dantesco incluso en aquellos tiempos de guerra", señala Manuel Bueno. ¿Una cifra exacta de detenidos? "Es prácticamente imposible", precisa. Aunque las "escasas evidencias documentales" de la cárcel flotante prueban una media de 500, apresados de pueblos de la cornisa del Aljarafe: "Camas, Salteras, Castilleja de Guzmán, Olivares, Castilleja de la Cuesta, Valencina, Umbrete, Bollullos de la Mitación, Mairena del Aljarafe, San Juan de Aznalfarache, Palomares y Coria del Río". En el programa En primera persona de RNE, Sandra Camps recabó testimonios orales en un documental radiofónico.

Otros detenidos llegaban desde la vega del Guadalquivir o la campiña sur de Sevilla, incluso de Huelva y Badajoz. "Un buen número de ellos sólo fueron sacados de allí para ser fusilados en los múltiples escenarios de muerte de los que se llenó la ciudad". Eran, la mayoría, obreros, militantes, con una media de edad joven. "Sus edades", cuenta el investigador, "oscilaron entre los 16 años, del panadero de Camas Miguel Expósito Marín, o del vendedor ambulante del barrio de la Macarena Manuel Rodríguez Llauradó, y los 60 años del ferroviario cenetista José Jiménez Ojeda".

El 8 de diciembre del 36, tras 133 días de servicio a las fuerzas golpistas, el Cabo Carvoeiro perdió su estatus de prisión flotante. Los últimos 290 presos eran trasladados a la plaza de España y la prisión provincial. Constituían, todos, "la gangrena que corroe las entrañas de nuestra querida patria", en palabras de Queipo de Llano, autoproclamado Jefe de la Segunda División Orgánica. Las familias de los 'rojos' ya no tendrían que acudir al Carvoeiro buscando vida, ofreciendo tímidas viandas. El barco de la muerte pasaba a formar parte del oscuro recuerdo de la represión, de la memoria.

Características del buque Cabo Carvoeiro

Peso muerto: 2.450 Tm
Eslora: 72,20 metros
Manga: 10,50 metros
Puntal: 4,50 metros
Propulsión: Alternativa Triple Expansión
Potencia: 532 CV

Benito Sacaluga.


* Tomado de eldiario.es edición Andalucia. Juan Miguel Baquero.