sábado, 21 de febrero de 2015

LA UNIDAD CONTRA EL FASCISMO






Bruno Alonso
En noviembre de 1937 Juan Negrín y su Gobierno se trasladan desde Valencia a  Barcelona, donde desde noviembre de 1936 ya se encontraba el presidente de la República Manuel Azaña, entre otras cuestiones para poner en pleno rendimiento la industria de guerra catalana, que en los meses siguientes quedó bajo la autoridad directa del gobierno de la República. Era necesario compensar la pérdida de las importantes fábricas de armamento de Vizcaya, Cantabria y Asturias. Al mismo tiempo se imponía la autoridad del gobierno central en Cataluña, relegando a Lluís Companys, presidente de la Generalitat a un segundo plano.

En toda la zona republicana se trata de potenciar la colaboración de la población civil en las fábricas de armamento, municiones y pertrechos de guerra. Desde el Gobierno se dan instrucciones en el sentido de concienciar a la población civil, al Ejército y a la Marina de que la guerra es en primer lugar una lucha contra el fascismo, lucha en la que deben participar todos los antifascistas sean cuales sean sus ideas o inclinaciones de orden ideológico. En definitiva se antepone a la República sobre cualquier ideología, militancia política o ausencia de ambas. Lo importante es la República, todo lo demás es secundario y es así porque la República es el todo.

El 12 de diciembre de 1937, un  mes después del traslado a Barcelona del Gobierno, la 11ª División Republicana al mando del jefe miliciano comunista Enrique Líster aisla Teruel de la retaguardia del ejercito franquista, plaza en poder de los sublevados desde el inicio de la guerra, dando lugar al inicio de la Batalla de Teruel, dirigida desde el punto de vista estratégico por el Jefe del Estado Mayor republicano, el coronel Vicente Rojo. Dos días antes, el 10 de diciembre, Bruno Alonso Gonzalez, Comisario General de la Flota y de la Base Naval de Cartagena, da una conferencia en el cartagenero Cine Sport ante un público compuesto en su mayoría por soldados, marinos y trabajadores de las fábricas de guerra, francos de servicio, cuyo contenido reproduzco a continuación.

Camaradas, El motivo de reuniros a todos en estas dos conferencias o charlas políticas que quiero pronunciar responde, como siempre, al deseo de convivir con las masas del Ejército y la Marina, haciéndome la ilusión de creer que sigo estando con las masas populares con las que estuve toda mi vida y con las que no es que haya dejado de estar en el tiempo que llevo en los barcos de la Flota y de la Base Naval, pero no me basta, yo quiero aunque sea de tarde en tarde verme con todos, y si no fuese bastante este deseo personal mío, creo que estas reuniones y charlas nunca deben estar de más porque vosotros como yo sabéis que desgraciadamente no hay aún el completo compañerismo que debe haber en las relaciones, el trato y cordialidad necesarios.
Hay todavía prejuicios, diferencias, hostilidades en las relaciones entre las distintas Armas que deben orillarse, deben terminar habiendo un contacto, una compenetración, entre los soldados, la infantería de marina y los marinos de la Flota allí donde quiera que se encuentren. Deben considerarse como hermanos ya que defienden la misma causa y deben tener el mismo sentido de solidaridad.
Quiero echar ante vosotros una ojeada retrospectiva con respecto a lo que hemos hecho en el transcurso del periodo que ocupo como Comisario General de la Flota y de la Base. Va a hacer un año que fui nombrado, arrancándome de las milicias santanderinas ya encuadradas en el Ejército Popular. Desde entonces he de proclamar el profundo, indudable y enorme progreso obtenido en moral, disciplina, cultura, corrección y eficacia de los barcos y dotaciones, progreso operado igualmente en las unidades de tierra.
He visto con satisfacción como hoy, los marinos de la Flota y los militares de tierra responden con una disciplina y moral admirables a todas las obligaciones que la guerra les impone. Como ejemplo de esos defensores magníficos ponemos la conducta de las compañeras de producción de Cartuchería que han elevado su producción en más de 600.000 cartuchos. Quiero rendir a ellas, como a todas las dependencias, el ejemplo de abnegación, pero si me preguntáis después de esto si me encuentro satisfecho con el resultado, os digo que no. Fui siempre un ambicioso de las buenas obras y en las actuales circunstancias, todo lo que se haga a favor del triunfo de España me parece poco y se que mucho no se debe a la falta de voluntad ya que muchos de los Comisarios actúan brillantemente y el esfuerzo y voluntad de todos y principalmente de los jefes ha contribuido a esta labor. Nuestra capacidad de rendimiento puede ser mayor, ya que aún no existe en alguno de nuestros mandos y en alguno de nosotros el espíritu de solidaridad que debe presidir todos nuestros actos.
Aún hay quien recela del deber de los Comisarios Políticos, aún hay quien cree que el Comisario tiene una simple función de policía; hay quien cree que el Comisario ha venido a sustituir al técnico y al jefe, pero el Comisario debe cuidar de la lealtad de todos; tiene la misión de dar una conciencia ciudadana a estos jefes y a estos técnicos, para hacer de este Ejército, de estas masas un Ejército del Pueblo que sepa tener conciencia antifascista y aún hay, repito, un poco de confusión en lo que es el deber de cada uno y de todos, y yo he de esforzarme por sostener que en todo momento estamos obligados a defender y practicar las obligaciones que contraemos. Este deber y esta obligación son mayores que ayer y anteayer.
Yo he sido hombre que he creído siempre, ante todo, en la fortaleza de las fuerzas propias  y el valor y decisión de aquellos que por pertenecer a nuestras organizaciones estaban obligados a defenderlas con su moral y a veces con su sangre. Yo no he pensado que esta victoria nos la haya dado nadie. No me hice nunca grandes ilusiones de que la victoria nos la iban a regalar las democracias. La victoria tenemos que ganarla nosotros; solo así, además, nos haremos dignos de ella. Hay que poner a contribución cuantas energías nos quedan a favor de nuestra causa. No hay que hacerse ilusión de que todo está hecho, hay mucho camino por recorrer.
He dicho muchas veces que la incomprensión y recelo de nuestra retaguardia nos hacen más daño que las balas fascistas. Hay mucha gente que debe predicar con el ejemplo, que es el mejor postulado. Tenemos que hacer todos un examen moral para saber si podemos estar seguros y tranquilos  de que estamos haciendo todo cuanto pueda servir a la causa de nuestra República y del pueblo.
Hay mucha gente que en vez de la vigilancia de los servicios de nuestra retaguardia, atenta con sus actos los deberes y las órdenes que nuestro Gobierno impone a los leales a la República. Lo que interesa saber es si los obreros que trabajan para la guerra están mejor o peor que antes.
Hay mucha gente fuera de las armas y de la disciplina en una manera y otra que se piensan que la República ha establecido Comisarios Políticos encargados de dar a las fuerzas un contenido político, si, político, en defensa de la libertad y la independencia de España. Aún no nos hemos querido dar cuenta que la Marina y el Ejército tiene que ser de todos y para todos, de todos los antifascistas y para todos los antifascistas solo con una línea certera, sin olvidarse de dar una conciencia política, no apolítica, una conciencia del deber revolucionario, que es una conciencia antifascista. 
Es así como podemos ganar energías que se pierden, superando diferencias de clase, entidad o grupo. Yo tengo una conciencia marxista, pero tengo el deber en este momento de unir a los marxistas y a los no marxistas, tengo el deber en este momento de sumar a todos los antifascistas. Algunos amigos me dicen que he renunciado a mi condición de marxista, yo digo que estoy defendiendo la fraternidad de los que están muriendo por nuestra causa. ¿Qué pasaría si yo no procediera así? Yo tendría la responsabilidad ante la historia del drama que estamos viviendo. Creo que debo proceder así. Los que están en las trincheras renuncian a todo, igual debemos de proceder nosotros.
Ha de ser la conciencia libre del país la que determine la obra que se ha hecho y que actualmente nadie se sienta satisfecho por lo que se ha hecho hasta el presente.  Se refiere a los deberes que todos tenemos en el frente y en la retaguardia. Que los hechos respondan a las palabras. Yo soy responsable de la línea política, responsable de la unidad ante el Gobierno y ante el pueblo, debiendo procurar eliminar todas las cosas que nos dañan y así el pueblo y la República saldrán libres de sus enemigos.

La postura del Gobierno de Negrín y el discurso de Bruno Alonso dejan clara la necesidad de anteponer la defensa de la República a cualquier sigla o ideología, a cualquier militancia en organizaciones políticas de izquierda y exige unidad frente al fascismo. Con las debidas adaptaciones y atendiendo al fondo de la cuestión el discurso de Alonso perfectamente podría estar hoy vigente en España, a pesar que han transcurrido casi 80 años. Lamentablemente así es.

Benito Sacaluga.


Fuente: Diario Venceremos. Fondos Archivo Municipal de Cartagena


viernes, 6 de febrero de 2015

COMBATE DEL CABO CHERCHEL






Vapor "Aldecoa"
(1) En el transcurso de la guerra, la flota republicana dará escolta a treinta y cinco buques mercantes con material de guerra y víveres para contrarrestar las ingentes cantidades de ese mismo material que alemanes e italianos suministraban a los sublevados a través de los puertos del norte, una vez que se perdieron, y de los de Cádiz, Huelva y Algeciras, casi desde comienzos del conflicto.

El 6 de septiembre del 37, los comandantes de cada uno de los buques que van a participar en la operación de escoltar y proteger desde Argel hasta Cartagena a los mercantes “Aldecoa” y “Satrústegui” que transportan víveres para la España republicana reciben el “panecillo”: un sobre cerrado urgente y reservado con la orden de activar la unidad a su cargo. Conocida la orden, cada comandante encarga a su segundo tener listo el barco (marinería, artillería y torpedos) y al jefe de máquinas proceder a la activación. La orden de operaciones constaba de tres partes: información sobre buques navegando por el Mediterráneo; misión de escolta de los mercantes señalados dándoles convoy hasta Cartagena con ataque al enemigo en caso necesario; y ejecución: detalles sobre el orden de las Flotillas.

Integrado por los cruceros “Libertad” y “Méndez Núñez” mas ocho destructores, el grupo de combate localiza al amanecer del 7 de septiembre a los mercantes en el punto señalado, advirtiéndose ya entrada la mañana la presencia en el lugar de un crucero enemigo, el “Canarias”, al que se añade el “Baleares” por la tarde. Fuego cruzado entre ambas escuadras, con daños y bajas en los sublevados, huida de los estos, pérdida de los mercantes por el miedo de sus capitanes ante la refriega, y regreso a Cartagena de la expedición en la madrugada del 8. Era el primer combate en el Mediterráneo entre la escuadra republicana y la sublevada.

El comisario Bruno Alonso, desde el “Libertad” lo vivió así: 
“Al comenzar la acción la artillería, se mandó ondear, según las reglas de la guerra marítima, la bandera de combate. Debía hacerlo el timonel marinero. La magnificencia del momento y el nerviosismo propio de la acción, parecían dificultar la maniobra. La grande y hermosa bandera se enredaba entre las drizas y tardaba en subir y ondear, rasgándose al tremolar. Marchaba presuroso hacia el marinero con propósito de alentarlo, cuando admirado contemplo, cómo cuadrándose soberbiamente ante la enseña, ya desplegada al viento, gritó: “¡Rómpete, pero no te rindas!”. 
Durante cerca de cuarenta minutos se prolongó la acción. Los ocho cañones del “Libertad” disparaban sus andanadas, sin errar sus tiros. El crucero rugía al lanzar sus bocanadas de fuego, brincaba sobre las olas, parecía revolverse, como si le agitara idéntica pasión y furor que sus tripulantes. Un antiguo cabo de artillería, don Eugenio Portas, tenía a su cargo la dirección de tiro. Pronto acertó a colocar una salva de proyectiles en el puente del Canarias, causando bajas y destrozos. Este dispara contra nosotros pero con pésima puntería, aunque pronto cesa de hacer fuego emprendiendo veloz huida… Aquel mismo día a las dos de la tarde, se reanudaba el combate con otro de los cruceros fascistas, que rondaba las aguas mediterráneas en espera del convoy que protegíamos. Apenas terminábamos de comer cuando apareció el “Baleares”, el cual, a una distancia de dieciocho mil metros, abrió fuego contra nosotros. Respondió el “Libertad” rápidamente, ordenando seguidamente el almirante a los destructores que atacasen con torpedos. A los diez minutos, el “Baleares” emprendió la huida, batiéndose en retirada contra los destructores que intentaban tomar posición de ataque sin llegar a él, ya que durante el día era peligrosísimo acercarse a un crucero moderno, cuya artillería alcanzaba los veinticuatro mil metros…
Terminados los combates, regresó la flota a Cartagena sin otra novedad que la pérdida de los dos mercantes, cuyos mandos acobardados al iniciarse la refriega, en lugar de seguir rumbo a Cartagena, mientras nosotros teníamos a raya al enemigo, se acercaron presurosos a tierra, embarrancando uno en la costa e internándose el otro en Bona. Al entrar en Cartagena y desde el castillo del “Libertad”, dirigimos una arenga encendida a aquellos valientes marinos, abnegados y heroicos, que al día siguiente por la mañana habrían de aguantar de nuevo, al pie de sus antiaéreos, los ataques constantes de la aviación italo-germana, que buscaba afanosa objetivo tan esencial como era la destrucción y hundimiento de nuestra flota”.

 (1) "La Armada española durante la guerra de los tres años (1936-1939)". Autor: Laureano Rodríguez Liañez, profesor del Departamento de Historia Medieval y Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla.

Michael Alpert, en su obra "La Guerra Civil Española en el Mar", nos ofrece una detallada versión del combate, exenta de la síntesis de la efectuada por el profesor Rodriguez Liañez y del "apasionamiento" de la de Bruno Alonso:

Septiembre 1937. Cuatro mercantes republicanos, el Aldecoa, el Antonio Satrústegui, el Mar Blanco y el Mar Caribe regresaban de la URSS con material de guerra. Tan importante convoy tenía que ser escoltado por una poderosa flota, de modo que los cruceros Libertad y Méndez Núñez y los destructores Lepanto, Valdés, Miranda, Escaño y Almirante Antequera salieron de Cartagena para realizar el servicio, rumbo al punto denominado P (Argel).
Al conocer los nacionales la noticia de la presencia de los mercantes, destacaron el Baleares para interceptarlos. A la altura de Cherchel, el comandante Manuel de Vierna vio el convoy, más su escolta de cruceros y destructores. Procuró Vierna pasar por la popa del convoy batiendo a los cruceros y poniéndose entre ellos y Palma para buscar protección si fuera preciso. El Libertad y el Méndez Núñez maniobraron para dar batalla. El duelo artillero comenzó a las 10,44, con un impacto en el Baleares a distancias de entre 16.000 y 13.750 metros. El tiro del Libertad era eficaz y bien centrado, mientras que el Baleares sufría las deficiencias de su dirección de tiro. El Libertad perdió contacto y volvió a reunirse con el Méndez, que por ser lento se había quedado rezagado en un combate que se realizaba a una velocidad de treinta nudos. El Baleares persiguió al convoy republicano. A las 11,25 se intercambiaron disparos a casi 17.000 metros de distancia, sin conseguir impactos.
Se siguió tratando de cortar la derrota del convoy, pero hasta las 17,07 no se volvió a ver buques de guerra republicanos. Estos abrieron fuego, pero únicamente el Libertad, con sus cañones del 152, pudo centrar sin quedarse corto. Los fallos eléctricos de la torres artilleras del Baleares impusieron la separación. Una combinación de mala visibilidad, deficiencias técnicas en el Baleares y gran eficacia en el menos potente Libertad decidieron el enfrentamiento. Sin embargo los mercantes habían tenido que refugiarse en Cherchel o en Argel, donde el Aldecoa quedó embarrancado.
Seis meses más tarde, el seis de marzo de 1938, el Baleares fue hundido por la Flota republicana.


Benito Sacaluga




miércoles, 4 de febrero de 2015

EL COMBATE DE CABO ESPARTEL





(1) Concentrada en Málaga el grueso de la Flota tras el abandono forzoso de Tánger como puerto más cercano al Estrecho, una desafortunada decisión, en opinión recogida del blog de Benito Sacaluga, no tomada precisamente por los “cabos” sino por el mismísimo Indalecio Prieto, un político metido a Ministro de Marina, supone un duro golpe para la supremacía republicana en el mar al perder el control del Estrecho de Gibraltar.

El 21 de septiembre Prieto ordena la partida desde Málaga rumbo a Bilbao del acorazado "Jaime I", cruceros “Cervantes” y “Libertad” y destructores “Lepanto”, “Escaño”, “José Luis Díez”, “Antequera”, “Valdés” y “Miranda” a donde llegan el 24, al mando de Miguel Buiza que enarbola su insignia en el Libertad; el "Cervantes" al mando de Luis González Ubieta, el "Jaime I" comandado por Carlos Esteban, y la flotilla de destructores por Vicente Ramírez de Togores.


Una vez que la flota republicana deja atrás Ferrol, la marina sublevada hace bajar del Cantábrico a los cruceros “Canarias” y “Cervera” a romper el bloqueo del Estrecho que ha quedado a cargo de los destructores “Almirante Ferrándiz” y “Gravina”.



Señalada por la aviación sublevada la posición de los buques, el “Canarias” abre fuego contra el “Almirante Ferrándiz" disparándole tres andanadas hasta resultar hundido el 29 de septiembre muriendo casi toda su dotación, ciento sesenta hombres entre oficiales y marinería. 

Destructor "Gravina"


Por su parte el “Cervera”, encargado del “Gravina”, aunque sufre varios disparos de éste que le causan daños, le alcanza con un obús obligándole a refugiarse en Casablanca. De este modo el Estrecho quedaba libre de todo bloqueo republicano, facilitándose desde ese momento el paso de tropas desde Marruecos a la Península.

(1) "La Armada española durante la guerra de los tres años (1936-1939)". Autor: Laureano Rodríguez Liañez, profesor del Departamento de Historia Medieval y Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla.


Es defendible aceptar que el PNV intentó obtener beneficios por su participación en la guerra al lado del Gobierno de España. No es por tanto ningún despropósito suponer que el envío al Cantábrico del grueso de la Flota respondiese exclusivamente a una maniobra política en la que no intervinieron ni fueron consultados o escuchados sus mandos. Es lícito suponer, insisto, que el PNV puso condiciones extremas a su lealtad a la República.

Está demostrado que el nacionalismo vasco negociaba con los sublevados y con el Vaticano para lograr una salida de la guerra, abandonando así la defensa de la República Española. Prieto y el resto del Gobierno lo sabían y no actuaron contundentemente para evitarlo. Está igualmente claro que la postura del PNV ante la sublevación estuvo sembrada de dudas desde el primer momento.

Prieto, un político nato, impetuoso y con ciertas dosis de vehemencia y Largo Caballero, antepusieron la adhesión del PNV al interés estratégico del Estrecho. Azaña lo consintió. Esta creo que fue la primera equivocación, la segunda fue no acabar con la flota enemiga en julio, una flota que nada más tener conocimiento de la partida hacia el norte de la flota gubernamental envió dos cruceros al Estrecho, el "Canarias" y el "Almirante Cervera".

Una maniobra, la de Prieto, descabellada e inútil. Doce buques de guerra (un acorazado, dos cruceros, seis destructores y tres submarinos), en perfecto estado operativo se utilizaron como moneda provisional de cambio sin valorar detenidamente las consecuencias que el abandono del Estrecho podía llegar a suponer y aún más descabellada, si cabe, si tenemos en cuenta que la ofensiva sobre el País Vasco se estaba llevando a cabo desde el interior, ahí estaba el frente, y que el avance definitivo sobre Vizcaya estaba lejos de iniciarse.

Con la Flota en el Norte, el uno de octubre de 1936 se aprueba por las Cortes Republicanas el Estatuto de Autonomía del País Vasco y se crea la Marina de Guerra Auxiliar de Euzkadi, al mando de Joaquín de Eguía y Unzueta (Capitán de la Marina Mercante y Subinspector Local de Servicios Marinos), sus unidades son seis bacaladeros de altura requisados a los que se les dotó de cañones de 101,6 mm cedidos por el acorazado Jaime I.

Los supuestos acuerdos del gobierno con el PNV para que se mantuviese al lado de la República se cumplieron, pero el precio pagado fue descomunal.

Según Michael Alpert :

"No se puede minimizar la importancia del control nacional sobre el Estrecho de Gibraltar. Los nacionales dominaban una posición central, controlando una ruta marítima estrecha, y dominaban también el hinterland donde se encontraban las bases de apoyo. Al dominar el Estrecho se abrió la posibilidad, de gran significación para los meses venideros, de establecer una base avanzada en Palma de Mallorca, cuyo abandono por las fuerzas expedicionarias de la República llegaría a adquirir ahora una significación evidente".

Tampoco se aprovechó la permanencia de la Flota en aguas del Norte, salvo el desbloqueo provisional de las aguas y la entrega de un pequeño suministro de material, munición y víveres. No recibieron ninguna orden para conseguir el dominio de las comunicaciones marítimas enemigas, ni se interrumpió la llegada constante de material desde Alemania que estando los buques republicanos en el Norte tenía la ruta a Sevilla más o menos libre. 

En el capitulo III de la "Historia de la Armada Española", editado por el Ministerio de Defensa, titulado “Las acciones Navales de la Guerra Civil  Española” se reconoce la importancia del dominio del Estrecho y la importancia del papel de los buques :

“…El dominio del Estrecho, primero republicano y más tarde nacional, la campaña del Cantábrico totalmente favorable para la Armada nacional y la guerra en el Mediterráneo, ya en la última fase de la contienda, dieron la victoria final a quienes mejor supieron utilizar la herramienta naval que poseían. La decisión de Indalecio Prieto fue la peor de toda la guerra civil".
Graves errores estratégicos como consecuencia de decisiones políticas, mandos y oficiales desleales a la República infiltrados en la Flota, en el Ministerio de Marina y en el Estado Mayor, sabotajes, deserciones de oficiales del Cuerpo General....fueron puntos decisivos. Provocaron la pérdida del Estrecho y con ella el control de las rutas desde África, la política gubernamental de destinar la Flota casi exclusivamente para la protección de los convoyes republicanos, impidieron a la Flota republicana el control y bloqueo de los puntos de abastecimiento por mar de los sublevados. Unamos a esto  la actuación en el Mediterráneo de las fuerzas navales del eje Alemania-Italia y la mirada para otro lado de Francia e Inglaterra en lo relativo al incumplimiento del Pacto de No Intervención por parte de Hitler y Mussolini y tendremos las verdaderas claves de por qué se perdió la guerra.

Benito Sacaluga



lunes, 2 de febrero de 2015

COMBATE DEL CABO DE PEÑAS




(1) Como botón de muestra de lo ocurrido en el arma submarina durante la Guerra Civil Española, hacemos referencia al caso del B-6, primera unidad de la Escuadra republicana en desaparecer en combate.

Tripulación del B-6
(Foto sin autentificar)
Ya a mediados de agosto habían sido enviados al norte los submarinos C-3 y C-6 a la caza del “España” y el “Cervera”, unidades de la armada sublevada, que venían sometiendo a los puertos del Cantábrico a intensos bombardeos. Antes de llegar a destino el C-3 regresa a Cartagena averiado quedando sólo el C-6, cuyo comandante, Mariano Romero, teniendo a tiro al Cervera que bombardea Gijón, se niega a dispararle, repitiendo posteriormente su actitud con el “España” cuando se le pone al alcance de los torpedos. De vuelta en Cartagena, Romero desaparece pasándose a los rebeldes. 

El 10 de septiembre, al mando ahora del torpedista electricista Ernesto Conesa Avilés, leal a la República y reputado masón perteneciente a la logia “Renacer” de los valles de Cartagena, de la que también forma parte, entre otros, el auxiliar 2º naval Laureano Rodríguez Fernández, contramaestre de cargo del B-6, volverá de patrulla al norte junto al C-5 al mando del capitán de corbeta Remigio Verdía, que pasará luego a mandar el C-6 desempeñando además la jefatura de la flotilla.

El B-6 al mando del teniente de navío Juan José González González que tiene como segundo a José Luis Pérez Cela, de idéntica graduación, y como oficial al alférez de navío Pablo Yoldi Lucas, zarpa de Cartagena en la madrugada del 18 de julio, decidiendo el comandante con acuerdo de los oficiales intentar meter el buque en Algeciras ya en poder de los sublevados. Tras hacer caso omiso estos oficiales de un radio-mensaje del C-3 pidiendo ayuda para impedir el desembarco de tropas sublevadas en la costa malagueña, y hallándose de guardia en el puente el segundo comandante Pérez Cela, proceden a su detención el segundo maquinista Juan Cumbreras González en compañía del auxiliar 2º naval Laureano Rodríguez Fernández, comunicándole ambos la ya efectuada del comandante y del oficial, haciéndose cargo del mando el citado maquinista el cual con la ayuda del comandante del C-3, pone proa a Málaga para desembarcar a los oficiales detenidos arribando a puerto el 22. 

De Málaga y con motivo de reparar averías, el B-6 regresa a Cartagena el 1 de agosto estando de nuevo en la plaza malagueña el 22 del mismo mes, donde le espera para hacerse cargo de su mando de manera forzosa por orden del Ministerio de Marina el alférez de navío Oscar Scharfhausen Kebbon, que tendrá como segundo al citado maquinista, que de hecho desempeña la jefatura militar del buque. Aunque para los mandos de la Marina Republicana Scharfhausen no era muy de fiar, se ven obligados a echar mano de él al no contar el submarino con oficial alguno del Cuerpo General que lo mandara.

De nuevo en Cartagena y ya al mando del citado alférez de navío comienzan los preparativos para salir hacia el Cantábrico con el objetivo, junto a otros submarinos allí destacados, de acabar con el bloqueo impuesto por la Marina rebelde desde sus bases en Galicia a los puertos del norte. El 15 de septiembre zarpa el B-6 de Cartagena con destino a Bilbao llevando en su interior un cargamento de 25 toneladas de munición para el Ejército del Norte.

Navegando en superficie, en la mañana del 19 es avistado por el destructor Velasco de la Marina rebelde, que pone proa a toda máquina al submarino, aunque éste al sumergirse desaparece, haciendo que el Velasco siga ruta hacia Santander, no sin antes ordenar al bou Ciriza (pesquero armado) y al remolcador Galicia vigilar la zona.  La opinión generalizada es que el alférez Scharfhausen navega en superficie con el ánimo de entregar el submarino a los sublevados, ya que si hubiera seguido en inmersión no lo hubieran encontrado, dado que ni el Velasco ni el Galicia y mucho menos el Ciriza tenían medios de detección alguna. Que esto es así lo prueba su propia declaración ante el consejo de guerra alegando que hizo todo lo que pudo por entregar el submarino: la entrada de agua tras la avería provocada por él mismo y no haber cambiado el rumbo para escapar del Velasco. La realidad es que sus planes serían desbaratados por la acción decidida de la tripulación, especialmente de maquinistas, navales y artilleros.

De nuevo en superficie, sobre las 12’30 horas a unas 15 millas del cabo de Peñas en Asturias, en día de buena visibilidad, avista el B-6 a unas 10 millas de distancia a dos bous armados (Ciriza y Galicia), enfilando el Galicia al submarino, ante lo cual decide el comandante nueva inmersión pero sin variar el rumbo, lo cual les acercaba aún más a los barcos enemigos en superficie. En la “inmersión”, Scharfhausen se las ingenia para provocar una avería al dejar abierta la válvula del acústico, comenzando a entrar agua por la torreta, lo que provoca la confusión y el miedo en la tripulación al creer que el buque no se está sumergiendo sino que se está hundiendo.

El propio comandante, producido el efecto deseado, ordena de inmediato volver a la superficie encontrándose con el Galicia a menos de mil quinientos metros, abriendo éste fuego contra el submarino emergente que se defiende haciendo inmersión, intentando seguidamente el remolcador pasar por encima de su estela para soltarle cargas de profundidad. Otra vez arriba el B-6, es ahora el submarino quien dispara su cañón dos veces haciendo blanco en el atacante al que causa daños y bajas. Viendo que el submarino resiste y que se dispone a atacar al Ciriza ordena su “comandante” poner el buque de popa para que no pueda disparar, llegando seguidamente el Velasco –que había sido avisado por el Galicia- al escenario de combate, el cual dispara al submarino con su cañón de proa hasta alcanzarlo en la sala de máquinas dejándolo fuera de combate pasadas las 4’30 de la tarde.

La dotación se echa al agua mientras el navío, ayudado por dos miembros de su tripulación que quieren correr su mismo destino, se va al fondo del mar hundiéndose en el mismo para siempre. 

Con el submarino quedaron bajo el mar el Auxiliar 2º de Electricidad Juan Heredia Rodríguez y el Cabo de Artillería Pascual Crespo.

El resto de la tripulación, rescatada y encarcelada en Ferrol, es sometida a Consejo de Guerra sumarísimo siendo veintiséis de sus miembros condenados a pena de muerte, de los cuales diez serán ejecutados en la Punta del Martillo del Arsenal ferrolano. Los ejecutados fueron:

Maquinistas Juan Cumbrera González, Andrés Navarro Barcelona y Fernando de la Pascua Galiano.

Auxiliar 1º de Torpedos Teodoro López Camazón.
Auxiliar 2º de Máquinas Víctor Bermúdez Bouza.
Auxiliar 2º de Radio José Guerrero Jiménez.
Cabo de Artillería José Chorro Muñoz.
Cabo de Electricidad Luis Preciados Rodríguez.
Marineros fogoneros José Navarro Díaz y Pedro Antonio Vera Rodríguez,

siéndole conmutada al resto de condenados la pena capital por la inmediata inferior de treinta años de reclusión: 

Maquinista Baltasar Zaragoza Nicolás.
Piloto Mercante Eugenio Dutrús Fuster.
Auxiliar 2º Naval Laureano Rodríguez Fernández.
Auxiliar 2º de Máquinas Gabriel Cerezuela Marín.
Auxiliar 2º de Torpedos Santos González Martínez.
Auxiliar 2º de Electricidad Pedro Ortíz Cela.
Auxiliar 2º de Radio Manuel León Escámez.
Cabos de Marinería José García Mulero, Vicente Guillamón Leal, y Juan Pinilla Oliver.
Cabos de Electricidad José Molina García, Antonio Arregui Azcárate, Juan Ruiz Carrascosa y Pablo López García.
Cabos Radiotelegrafistas Alberto Buendía López y Luciano Amado Muiños.

Pese a las dudas suscitadas por su comportamiento, el Alférez Scharfhausen, juzgado en consejo de guerra aparte presidido por Nieto Antúnez, será exonerado de todo cargo e incorporado a la Marina sublevada prestando inicialmente una serie de servicios secretos y peligrosos en Bilbao, orientados a pasar unidades republicanas a la Armada franquista. La caída de esta ciudad en 1937 le situará ya clara y abiertamente alineado con el bando rebelde. Su último destino, una vez alcanzado el grado de capitán de navío, será el de Comandante Militar de Marina de Sevilla, donde volverá a encontrarse con el antiguo contramaestre de cargo del B-6 Laureano Rodríguez Fernández, uno de los veinte condenados a muerte posteriormente conmutados, en una entrevista protocolaria y algo fría, de la que fue testigo el autor del presente trabajo.


(1) "La Armada española durante la guerra de los tres años (1936-1939)". Autor: Laureano Rodríguez Liañez, profesor del Departamento de Historia Medieval y Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla.



Caracteristicas del B-6



Clase Holland F-105
Astilleros: Sociedad española de Construcciones Navales (Cartagena)
Eslora: 64,18 metros
Manga: 5,60 metros
2 Motores diésel Nelseco (700 HP)
2 Motores eléctricos de 210 HP
2 Motores eléctricos para emergencias
Velocidad superficie 16 nudos
Velocidad inmersión 10,50 nudos
Cota máxima 60 metros
4 Tubos lanzatorpedos de 450 mm
1 Cañon Vickers de 76,20 mm
Tripulación: 28 a 34


Benito Sacaluga