martes, 24 de marzo de 2015

EXILIO REPUBLICANO. EL INCIDENTE DEL VAPOR CUBA. EXILIADOS O ESCLAVOS.




La Republica Dominicana sufrió la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo Molina, desde 1930 hasta 1961. Su mandato estuvo acompañado por la represión absoluta y abundantes asesinatos, tortura y métodos terroristas contra la oposición. En 1937, Trujillo ordenó al Ejército matar a los haitianos que vivían en la zona fronteriza. El Ejército mató a unos 35.000 haitianos en solo seis días, desde la noche del 2 de octubre de 1937 a 8 de octubre de 1937, (Masacre de Perejil). Para evitar dejar pruebas de la implicación del Ejército, los soldados utilizaban machetes en vez de balas. Los Estados Unidos apoyaron el gobierno de Trujillo, al igual que la Iglesia católica y la élite dominicana. Este apoyo persistió a pesar de los asesinatos de políticos de la oposición, la masacre de los haitianos, y de las conspiraciones de Trujillo contra otros países. Los Estados Unidos finalmente rompieron con Trujillo en 1960, después de que agentes de Trujillo trataran de asesinar al presidente venezolano, Rómulo Betancourt, un crítico feroz de Trujillo. El 30 de mayo de 1961 Trujillo fue asesinado con armas proporcionadas por la CIA a través del estadounidense Simon Thomas Stocker. Los exiliados republicanos españoles también padecieron la dictadura de Trujillo.


El 6 de julio de 1940, sábado, arribó al puerto del viejo Santo Domingo de Guzmán el trasatlántico francés Cuba, transportando poco más de 600 refugiados de la Guerra Civil Española destinados al país en arreglo a los tratados migratorios establecidos entre el gobierno dominicano y el Servicio de Evacuación de Refugiados Españoles (SERE). Dentro del contingente a bordo del Cuba se hallaban personalidades cuya captura resultaba desde todo punto de vista interesante a las autoridades franquistas, como las de Ramón González Peña (dirigente de la Unión General de Trabajadores y ministro de Justicia durante el segundo gobierno de Negrín), Demófilo De Buen (jurisconsulto del Tribunal Supremo) o Matilde De la Torre (periodista y política), cercana a Negrín y a Julián Zugazagoitia, quien fue fusilado por Franco en 1940 tras su aprehensión en territorio francés. Reclutado mayormente en los campos de concentración franceses de Vernet y Colliure, el nuevo contingente hubiese elevado a cerca de 3,600 el número de los que por ese mecanismo habían llegado al país, cosa que no se produjo dado que, sorpresivamente, el gobierno desautorizó el desembarco, dando lugar a un poco claro incidente que canceló de facto la apertura inmigratoria del régimen de Rafael Leónidas Trujillo hacia los vencidos.

Llegado en la madrugada, al barco se le ordenó permanecer en el antepuerto, en tanto los representantes de los organismos de evacuación españoles hallaban una solución al delicado impasse en que se hallaba el contingente, carente desde ese momento de un destino cierto en América y ya bajo la jurisdicción formal del gobierno proalemán de Vichy, a cuyas órdenes quedaría el barco si la tripulación desertaba del bando aliado. De ocurrir esto, el contingente de refugiados enfrentaba el terrible acecho de ser enviado de vuelta a la Francia ocupada una vez el Cuba arribase a la Martinica, escala final de su travesía.

Al día siguiente, la prensa dominicana filtraba versiones de los motivos del gobierno dominicano para prohibir el ingreso de los refugiados al territorio nacional. Según el diario La Nación, la premura impuesta por el avance alemán había hecho que la mayoría de los pasajeros lo abordase careciendo de la documentación consular necesaria, aventurándose «a salir de Francia en cualquier forma» y entrando en el barco de forma intempestiva. Añadía, además, que el contingente no se había sujetado a la reciente disposición oficial de que los refugiados europeos llegasen al país por medio de la Asociación para el Establecimiento de Colonos Europeos en la República Dominicana (DORSA), con sede en Nueva York.

Durante tres días, el asunto se mantuvo envuelto en una aureola de misterio. Anclado frente al viejo Alcázar de Diego Colón, en la desembocadura del río Ozama, la prohibición absoluta de subir o bajar del barco llenó de expectación la vida de quienes esperaban en el muelle. La prensa de día 8, por ejemplo, describe con tonos dramáticos el incesante viajar de pequeñas embarcaciones repletas de personas que se acercan al trasatlántico tratando de encontrar entre los de abordo a algún pariente o amigo.

Fue hasta el martes 9 cuando, al fin, se produjo una declaración en torno al Cuba. Citando fuentes oficiales, La Nación de esa mañana publica una extensa explicación sobre las razones de la negativa dominicana. En ella, acusa a la Compañía General Trasatlántica Francesa de haber aceptado, movida por el lucro, a todo el que le pudo pagar el pasaje, desentendiéndose de observar los requisitos sobre visado consular. También se señala que dos meses atrás el gobierno dominicano había comunicado a los comités de evacuación la decisión de no seguir aceptando inmigrantes españoles pues no se había cumplido con el precepto de que un 50 por ciento de éstos se integrase por agricultores. Dice La Nación:

El gobierno dominicano fue sorprendido al encontrarse con que entre los miles de españoles enviados por los comités citados, no se encontraba ningún agricultor propiamente dicho, y que en cambio, de manera sistemática, era enviada a nuestro país una cantidad de inmigrantes francamente indeseables–con muy pocas excepciones- ya que no se trataba meramente de personas cuyas ideas o filiación política les obligaron a salir de España [...] sino de gente de profesión desconocida aún en su propio país, y cuya historia prácticamente comienza con la guerra [...] con títulos y cargos equívocos, que sólo justifican –en algunos casos - papeles de dudosa garantía. A esto se añade que las susodichas organizaciones sólo les entregaron cincuenta dólares a cada refugiado. Con suma tan pequeña, apenas podía vivir una persona dos meses en el país. Después, sin un organismo que se dedicara al estudio de las posibilidades de nuestro territorio para crear fuentes de trabajo [...] quedaron abandonados a su suerte, sin recursos para subsistir y sin preparación para realizar trabajos agrícolas, por ser gente que evidentemente no ha trabajado en la mayor parte de su vida [...]. Así pues, la actitud de una gran mayoría de los refugiados, ha sido y sigue siendo desde todo punto de vista censurable. Algunos, en vez de olvidar aquí sus rencillas [...] y deponer sus pasiones, continúan tratando de formar grupos políticos, comités, organizaciones, realizando así actividades incompatibles con su condición de refugiados; y lo que resulta aún peor es que con esto diseminan prejuicios e ideas perjudiciales para el país que les ha acogido, en el disfrute de una era de paz y trabajo.

Por lo anterior, el gobierno decidía no aceptar a los refugiados del Cuba, reiterando que todo aquel que, en lo sucesivo, llegara debía hacerlo por conducto de la DORSA. El trasatlántico permaneció en el antepuerto de Santo Domingo dos días más y zarpó el día 11 de julio hacia La Martinica, donde los emigrantes trasbordaron al vapor Saint Domingue que los condujo a México, país que los había admitido por las gestiones de la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles (JARE) ante el general Lázaro Cárdenas.

El tono del enfoque dado por La Nación al tema de los refugiados contrasta vivamente con el trato que ese diario, en particular, había dispensado a los desembarcos iniciados ocho meses atrás con la llegada del Flandre, el 7 de noviembre de 1939 y con la versión general sostenida por los medios de comunicación sobre la solvencia moral e intelectual del colectivo refugiado en el país, sobre sus esfuerzos por adaptarse a una nueva vida y sobre los beneficios que derivaba la sociedad dominicana de todo ello. Viniendo de La Nación, medio propiedad del dictador, lo publicado era signo de que, profunda y amenazadoramente, las relaciones del régimen de Trujillo con los refugiados habían cambiado. La negativa a dar refugio al contingente del Cuba dejaba definitivamente atrás los días en que la Guerra Civil Española motivaba de parte del régimen dictatorial sonadas declaraciones humanitaristas en defensa del derecho de asilo, para abrir paso a una etapa de confrontación política con el colectivo refugiado en el país.

Curiosamente, no sería La Nación el medio por el que los refugiados y la sociedad dominicana en general seguirían percibiendo los contornos del cambio de actitud del régimen. Poco más de ese tenor aparecería en las páginas del diario, que, justo en la víspera, había dedicado dos notas editoriales dedicadas a destacar la vigencia de los principios humanitarios proclamados por Trujillo y el interés y el deber de practicarlos, incluso, por sobre los peligros de infiltración del enemigo extranjero.

A poco de partir el Cuba, el diario La Tribuna publicaba una caricatura alusiva al tema de los refugiados extranjeros en cuyo cintillo podían leerse algunas de las ideas con que comenzaría a representarse en círculos oficiales la presencia de los refugiados españoles: la decepción inmigratoria y la peligrosidad política.

Puesto al calce de la escena donde un hombre levanta en vilo a otro con la intención de lanzarlo al mar, el cintillo decía:

Extranjero ingrato ¡...te abrimos nuestros brazos hospitalarios y nos pagas con ingratitudes, haciendo propagandas subversivas de empresas que merecen todo crédito. Viniste en barco de tu país, de donde te arrojaron por algo mal hecho que hicistes... pero ahora vas a tener que regresar nadando. Como estoy haciendo a ti se le debe hacer a todos aquellos que en vez de regar nuestros campos con agua extraída de la fuente de la gratitud, se complacen en hacer todo lo contrario... PERRO INDESEABLE!...

Algunos días después, era el diario La Opinión el que volvía sobre estas representaciones. Comentando la «Apelación aTrujillo», una carta abierta donde una fracción de los exilados le solicitaba intervenir en defensa de los principios del derecho de asilo violados en Francia por la Gestapo, que había entregado a Franco a Julián Zugazagoitia, Cruz Salido y otros lideres, próximos a ser ejecutados, La Opinión afirmaba:

Hay muchos de estos refugiados que observan una conducta discreta y agradecida, pero la mayor parte de ellos, con una tozudez digna de haber sido aplicada en mejor ocasión, no piensan en otra cosa que en la política de España, aprovechando las garantías condicionales de que disfrutan para desahogar sus odios y para hablar en el país de doctrinas que jamás podrán aclimatarse, ni siquiera superficialmente, entre nosotros...Porque ya lo hemos dicho muchas veces... lo que aquí deseamos y necesitamos en materia de emigración es la llegada de gente trabajadora e inclinada a arraigar entre nosotros DEFINITIVAMENTE y no a los que carecen de todo sentimiento de gratitud y se expresan o se conducen de una forma censurable o desdeñosa.

Semanas más tarde, cuando visitaba el país el Sr. José Tomás y Piera, enviado por la JARE para conocer sobre la angustiosa situación en que vivía la mayoría de los exilados, la pizarra pública del Nuevo Diario sentenciaba lo siguiente:

Están de pláceme los refugiados españoles con la llegada al país del Ex-Ministro D. José Tomás y Piera, que a manera de Mesías viene a resolver la situación económica de los mismos y a prepararles la maleta a cuantos deseen trasladarse a México. Es una buena oportunidad que se nos presenta a los dominicanos de que nos saquen de aquí a muchos elementos que se han hecho acreedores a nuestro desprecio. ¡Que se vayan de aquí los que no desean vivir aquí!

En suma, la explicación que comenzó a configurarse oficiosamente sobre la política de inmigración de refugiados españoles desarrollada desde mediados de 1939 tendió a construir imágenes que hacían aparecer, por un lado, al gobierno dominicano como parte defraudada en los arreglos migratorios establecidos con los organismos de evacuación republicanos, en tanto, por el otro, presentaba a los llegados como una colectividad que no había sido consecuente en cuanto a corresponder la hospitalidaddominicana. ¿En qué medida reflejaban estas versiones las realidades del proceso de incorporación a la sociedad dominicana seguido por los refugiados en los meses previos?

En relación con los presuntos fines agrícolas de la política del régimen había existido, ciertamente, una gran desorganización. A la hora del incidente, la gran mayoría de las colonias agrícolas pobladas con refugiados ostentaba un perfil productivo muy bajo, por no decir que inexistente. Iniciados muchos de los asentamientos hacia finales del mes de febrero de 1940 (apenas cuatro meses antes del arribo del Cuba), la situación imperante en la mayoría de ellos era humana y productivamente deplorable. Poseyendo, generalmente, profesiones de base urbana, una gran mayoría de los llegados no era apta para el trabajo agrícola y presentaba graves problemas de adaptación climática al medio rural dominicano, lo que aunado a la ausencia de apoyos productivos y técnicos que facilitasen su esfuerzo de adaptación a la vida de las colonias intervino de modo relevante en los magros resultados que registraban hacia julio de 1940.

La fallida campesinización y el éxodo hacia las ciudades presionó en tal modo los espacios urbanos que pronto, muy pronto, el exilio español comenzó a ser considerado como un fenómeno problemático. Justo en los días en que el régimen se empeñaba en interesar a Roosevelt en la capacidad de la República Dominicana para absorber refugiados europeos, cientos de españoles desocupados se amontonaban en las ciudades, reclamando ayuda de sus organismos para ser evacuados del país. Sin embargo, el gobierno dominicano no podía, en rigor, declararse defraudado por el fracaso agrícola de la inmigración.

Como veremos, ese fracaso no obedecía, estrictamente, a la capacidad organizativa y financiera del SERE en cuanto a cumplir con la proporción de agricultores establecida y dotar los recursos adecuados para su establecimiento productivo, sino que tuvo también mucho que ver con la propia capacidad –o interés– del gobierno para impulsar los fines que decía perseguir. De hecho, más de un lector tuvo que sentirse confundido al leer en La Nación que al contingente del Cuba se le negaba la entrada por el envío sistemático de población no agricultora. No sólo porque los fines de fomento agrícola se hallaron relativamente ausentes como marco explicativo en la llegada de los tres contingentes que arribaron durante 1939, sino porque el propio diario se había encargado de difundir imágenes triunfalistas y promisorias sobre los alcances de la colonización agrícola. Entre abril y junio de 1940, el diario publicó reportajes y notas editoriales que proyectaban una visión exitosa del proceso de colonización; sus títulos son suficientemente expresivos: «Colonización progresiva y eficaz», «Un nuevo aspecto de la colonización agrícola dominicana», «Españoles en la agricultura», «Los colaboradores de Trujillo. Hombres de España en El Seibo», además de un extenso reportaje a doble página dedicado a la colonia de Pedro Sánchez.

Pero si las imágenes vertidas por la prensa en los meses previos al arribo del Cuba contradecían la versión de la decepción agricultora, en mucho mayor medida contradecían la idea de un colectivo inmigrado integrado por personas «francamente indeseables –con muy pocas excepciones». Muchos eran los técnicos y profesionales que en esos días, «títulos equívocos» o no, elevaban el nivel de desempeño de las políticas públicas del régimen, según podía leerse en las propias páginas del diario, que se constituyó en foro sistemático de la acción cultural del exilio en los distintos ámbitos en que este incidía. La «diseminación de prejuicios e ideas», –aspecto que, sin eufemismos, debe entenderse como la difusión de ideologías anarquistas, socialistas o comunistas– no dejaba de ser, a lo más, un fenómeno de carácter informal y cotidiano, pues las distintas configuraciones políticas del exilio evitaron premeditadamente la manifestación pública de sus representaciones políticas, o al menos lo hicieron hasta los días del incidente. En principio, la inquietud política por el posicionamiento crítico que los exilados asumían colectivamente frente al escenario de la Guerra Mundial, los avances del totalitarismo y el problema de la democracia, resulta ser el único elemento que podría explicarnos la sorpresiva dureza de lo expresado por La Nación, cosa que obliga a resolver analíticamente la paradójica apertura de un régimen totalitario a la inmigración de un exilio liberal en todos sus matices posibles.

¿Por qué facilitó el dictador la inmigración de una colectividad que había librado una guerra por principios e ideologías sociales por su inspiración proscritos en la ley dominicana?

El hecho de que la política que hizo llegar a la República Dominicana poco más de tres mil refugiados españoles tuviese un carácter en muchos aspectos informal, carente de bases institucionales claras e inmerso en el secreto mundo de la tiranía, traslada una apreciable carga de ambigüedad a las interpretaciones esbozadas por los historiadores sobre los determinantes y la naturaleza de la política seguida hacia el exilio republicano. En ausencia de bases documentales firmes, las interpretaciones sobre la paradójica política de inmigración del régimen dictatorial han hecho jugar diversos factores. Por una parte, los historiadores han tendido generalmente a convalidar los propios argumentos esgrimidos por el régimen como motivo para negar el ingreso a los pasajeros del Cuba y cancelar la apertura a la inmigración masiva de refugiados españoles, esto es, se ha admitido que los intereses de colonización agrícola realmente estimularon los contactos con el SERE. La tesis del trujillismo sobre el fracaso del proyecto inmigratorio por incumplimiento de la contraparte española en cuanto al envío de agricultores –tesis que siguió figurando en explicaciones oficiales posteriores–, ha sido aceptada sin crítica por los académicos a la hora de explicar la hechura de la política.

El interés colonizador del régimen dominicano se asume bajo el doble aspecto de política para el incremento de la producción agrícola y de política con objetivos de carácter demográfico. Según Naranjo, Trujillo inscribía la llegada de los refugiados españoles dentro de los «deseos de poblar el país con mano de obra blanca y fomentar el desarrollo de la agricultura mediante la creación de colonias». Lo racial pesa más en la explicación de Vega, para quien el interés del tirano se vio, además, mediado por «su deseo de mejorar la raza» y acentuar el carácter hispánico de la cultura dominicana, concibiendo la llegada de los refugiados dentro del proyecto de dominicanización de la frontera con Haití.

Aunque muchos dominicanos, de cualquier condición intelectual, leyeron desde ópticas racistas e hispanistas la política que traía a los refugiados españoles, es difícil sostener que el régimen efectivamente se hallase interesado en asentarlos en el país. Analizado como proceso de implementación, desde el reclutamiento en los consulados de París y Burdeos la política del estado dominicano deja ver un débil interés por lograr la efectiva inserción de los llegados en la agricultura. Basta observar, en ese sentido, la dinámica posterior a su llegada para comprender que ni la recepción, ni el asentamiento, ni las medidas de sostén de los refugiados en las colonias agrícolas del estado dominicano parecieron enmarcarse en la lógica de una política que persiguiera ese tipo de fines.

Trujillo admitió a los exiliados españoles en el contexto de una campaña de imagen ante la sociedad internacional,  para lavar sus muchos crímenes. Una vez conseguido este objetivo impidió la llegada de más republicanos españoles y a los que admitió les hizo la vida imposible para que abandonaran el país, prácticamente les trataba como a esclavos. 


Benito Sacaluga.


Fuente: Academia Dominicana de la Historia


miércoles, 18 de marzo de 2015

MAYO DE 1938. LOS TRECE PUNTOS DE NEGRIN






Juan Negrín López
En marzo de 1938, como consecuencia de la derrota republicana en la batalla de Teruel y la caída del frente de Aragón, se produce una importante crisis en el gobierno del Frente Popular, principalmente a causa del derrotismo de Indalecio Prieto, ministro de Defensa, y del propio Azaña, ambos consideraban que la guerra estaba ya perdida. Prieto es cesado el día 6 de abril y su cartera asumida por Juan Negrín, presidente del Gobierno. El 15 de abril las tropas sublevadas ocupan Vinaroz quedando la zona republicana dividida en dos e iniciándose por el ejército franquista la ofensiva de Levante. Coincidiendo con el 1º de Mayo, el doctor Negrín hace pública una declaración programática, que se popularizó como “los trece puntos de Negrín”La declaración persigue tres finalidades, en primer lugar se trataba de prestigiar la imagen y unidad de la República ante la opinión internacional, a continuación se redefinían los objetivos de guerra y por último se lanzaba a los golpistas una propuesta de discusión para una paz negociada. Una propuesta de paz que de ninguna de las maneras tenía caracter de rendición, a diferencia de la finalidad de las actuaciones golpistas que iniciaría el coronel Casado en el mes de noviembre.

El contenido de la declaración de Negrín es el siguiente:

El Gobierno de la Unión Nacional (1), que cuenta con la confianza de todos los Partidos y Organizaciones sindicales de la España leal, que ostenta la representación de cuantos ciudadanos españoles están sometidos a la legalidad constitucional, declara solemnemente, para conocimiento de sus compatriotas y noticia del mundo, que sus fines de guerra son:
1º. Asegurar la independencia absoluta y la integridad total de España. Una España totalmente libre de toda injerencia extranjera, sea cual sea su carácter y origen; con su territorio peninsular e insular y sus posesiones intactas y a salvo de cualquier tentativa de desmembración, enajenación o hipoteca, conservando las zonas del Protectorado asignadas a España por los convenios internacionales, mientras estos convenios no sean modificados con su intervención y asentimiento. Consciente de los deberes anejos a su tradición y a su Historia, España estrechará con los demás países los vínculos que imponen una común raíz del sentido de universalidad que siempre ha caracterizado a nuestro pueblo.
2º. Liberación de nuestro territorio de las fuerzas militares extranjeras que lo han invadido, así como de aquellos elementos que han acudido a España desde julio de 1936, con el pretexto de una colaboración técnica, que intervienen o intentan dominar en provecho propio la vida jurídica y económica española.
3º. República popular, representada por un Estado vigoroso, que se asiente sobre principios de pura democracia, que ejerza su acción a través de un Gobierno dotado de la plena autoridad, que confiera el voto ciudadano, emitido por sufragio universal, y sea el símbolo de un Poder ejecutivo firme, dependiente en todo tiempo de las directrices y designios que marque el pueblo español.
4º. La estructuración jurídica y social de la República será obra de la voluntad nacional, libremente expresada mediante un plebiscito que tendrá lugar tan pronto termine la lucha, realizado con plenitud de garantías, sin restricciones ni limitaciones, y asegure a cuantos en él tomen parte contra toda posible represalia.
5º. Respecto de las libertades regionales, sin menoscabo de la unidad española; protección y fomento del desarrollo de la personalidad de los distintos pueblos que integran España, como la imponen un derecho y un hecho histórico que, lejos de significar una disgregación de la nación, constituyen la mejor soldadura entre los elementos que la integran.
6º. El Estado español garantizará la plenitud de los derechos al ciudadano en la vida civil y social, la libertad de conciencia y asegurará el libre ejercicio de las creencias y prácticas religiosas.
7º. El Estado garantizará la propiedad legal y legítimamente adquirida, dentro de los límites que impongan el supremo interés nacional y la protección a los elementos productores. Sin merma de la iniciativa individual, impedirá la acumulación de riqueza que pueda conducir a la explotación del ciudadano y sojuzgue a la colectividad, desvirtuando la acción centralizadora del Estado en la vida económica y social. A este fin, cuidará del desarrollo de la pequeña propiedad y garantizará el patrimonio familiar, y se estimularán todas las medidas que le lleven a un mejoramiento económico, moral y racial de las clases productoras. La propiedad y los intereses legítimo de los extranjeros que no hayan ayudado a la rebelión serán respetados, y se examinarán con miras a la indemnización que corresponda, los perjuicios involuntariamente causados en el curso de la guerra. Para el estudio de estos daños, el Gobierno de la República creó ya la Comisión de Reclamaciones extranjeras.
8º. Profunda reforma agraria, que liquide a la vieja aristocrática propiedad semifeudal, que, al carecer de sentido humano, nacional y económico, ha sido siempre el mayor obstáculo para el desarrollo de las grandes posibilidades del país. Asiento de la nueva España sobre una amplia y sólida democracia campesina, dueña de la tierra que trabaja.
9º. El Estado garantizará los derechos del trabajador a través de una legislación social avanzada, de acuerdo con las necesidades específicas de la vida y de la economía españolas.
10º. Será preocupación primordial y básica del Estado el mejoramiento cultural, físico y moral de los españoles.
11º. El Ejército español, al servicio de la nación misma, estará libre de toda hegemonía, dependencia o Partido, y el pueblo ha de ver en él el instrumento seguro para la defensa de sus libertades y de su independencia.
12º. El Estado español se reafirma en la doctrina constitucional de renuencia a la guerra como instrumento de política nacional. España, fiel a los pactos y a los tratados, apoyará la política simbolizada en la Sociedad de Naciones, que ha de presidir siempre sus normas. Ratifica y mantiene los derechos propios del Estado español y reclama como potencia mediterránea un puesto en el concierto de las naciones, dispuesta siempre a colaborar en el afianzamiento de la seguridad colectiva y de la defensa general del país. Para contribuir de una manera eficaz a esta política, España desarrollará e intensificará todas sus posibilidades de defensa.
13º. Amplia amnistía para todos los españoles que quieran cooperar a la intensa labor de reconstrucción y engrandecimiento de España. Después de una lucha cruenta como la que ensangrienta a nuestra tierra, en la que han resurgido las viejas virtudes del heroísmo y de la idealidad de la raza, cometerá un delito de alta traición a los destinos de nuestra patria aquel que no reprima y ahogue toda idea de venganza y represalia en aras de una acción común de sacrificios y trabajo que en el provenir de España estamos obligados a realizar todos sus hijos.

(1) Negrín utiliza el término Unión Nacional, en lugar de Frente Popular, como prueba de un autentico deseo de solucionar el conflicto.

El documento se entregó a todos los partidos y organizaciones. Únicamente la Federación Anarquista Ibérica (FAI) declaró que aceptaba el documento como un hecho forzoso. La Confederación Nacional del Trabajo (CNT) apoyó los 13 puntos bajo la óptica de que los mismos "dejaban campo abierto para las realizaciones de avanzada". El Partido Comunista vio en la declaración de Negrín una llamada a la solidaridad internacional y resaltaba lo que para ellos era la principal idea, la independencia nacional. Los republicanos se sintieron identificados con la totalidad de la declaración, considerando la misma como enmarcable dentro de lo que podía ser el resumen de un programa republicano. Por su parte el PSOE califica la iniciativa de Negrin como el punto final al radicalismo, "ni anarquismos, ni marxismos, ni republicanismos integrales". En el pleno del comité Central de Partido Comunista, celebrado en Madrid los días 23, 24 y 25, Dolores Ibarruri expuso los puntos principales de un informe, todos relacionados con la resistencia y en el que se declaraba una absoluta identificación con la propuesta de Negrín.

De cara a los golpistas el documento de Negrín solo obtuvo el desprecio. A partir de ese momento, los comunistas junto a Negrín se convertirían en la fuerza fundamental de la resistencia, ante la postura franquista de una rendición total y sin condiciones. Una rendición sin condiciones que ni siquiera el golpista coronel Casado consiguió unos meses más tarde. Toda la unión y llamada a la resistencia por las que Negrín clamaba la echó por tierra Casado con la colaboración de todos los partidos políticos y organizaciones salvo el Partido Comunista, consiguiendo con su traición entregar en bandeja la República a los golpistas y dar paso a una represión civil sin precedentes, especialmente contra los defensores de la República, una actitud represora que se prolongó durante todo el franquismo y violó la totalidad de los derechos humanos. Una represión que fue denominada en el exterior como "Terror Blanco" (White Terror) y que como tal fue calificada por los historiadores Antony Beevor, Stanley G. Payne, Guy Hermet, Pierre Broué y Émile Témime. Represión violenta y física, niños robados, represión administrativa, educativa, religiosa, lingüística, económica, laboral, política, cultural....llevada a cabo desde 1939 hasta 1975, y en la que tomaron parte no pocos políticos que a partir de 1977 se autodenominaron demócratas, y cuyos crímenes fueron total y absolutamente borrados para la Justicia por la Ley de Amnistía. Una amnistía vergonzosa pero que de ninguna de las maneras incluye, ni puede incluir, el perdón y el olvido de las victimas. Ni olvido, ni perdón, nunca.


Benito Sacaluga.



Fuente consultada: "La Guerra Civil en Madrid" Ed.Giner -1978. ISBN: 84-7273-035-2

martes, 10 de marzo de 2015

ARGELIA: DESCENSO A LOS INFIERNOS







La Guerra Civil ha terminado y el exilio de los defensores de la Libertad comienza a llenar las páginas de la Historia. Una Historia ocultada por el régimen franquista que Victoria Fernandez Diaz y su compromiso con la justicia, la verdad y la recuperación de la memoria nos relata con rigurosidad en su obra "El Exilio de los marinos republicanos".  Un estudio pormenorizado que narra el exilio de los marinos republicanos y que por su diversidad y complejidad representa una aportación de gran importancia para el conocimiento de la diáspora republicana española después de la derrota frente al franquismo. Según su autora:
“Era necesario recuperar la memoria de estas personas que lucharon por el gobierno legítimo de España y que habían sido denostados durante alguna época de su vida como apátridas, sin papeles o como refugiados de guerra, por defenderlos valores de la democracia y la libertad”, 
necesidad que comparto plenamente. Os dejo a continuación una breve muestra de la obra:



Nuevos Forzados 

En Argelia tienen que sobrevivir varios colectivos importantes de exiliados españoles. En primer lugar, los refugiados que habían desembarcado en Orán con los últimos barcos que salieron de España y entre los cuales hay algunos marinos. Casi todos fueron encerrados en Camp Morand y en el de Relizane. Además, un poco más tarde, hay que contar con unos 2.700 republicanos españoles que, desde febrero de 1941 hasta abril de 1942, son trasladados desde los campos de concentración franceses hasta el norte de África (1) por considerarlos peligrosos para la seguridad del territorio francés. No está comprobado por ahora que hubiese algún marino entre este colectivo. Se dan otras llegadas de exiliados incontroladas como, por ejemplo, el grupo de marinos que se ha salvado del cerco alemán de Dunkerque y que llegan de una cárcel inglesa. Por fin, a Argelia tambien es mandado el 7º Batallón de Trabajadores Extranjeros, es decir los marinos del "Grupo de Gabès". Al principio son mandados al norte pero unas meses más tarde terminarán en el desierto del Sahara. 
En septiembre de 1939, cuando empieza la guerra en Francia, los internados en Camp Morand y Relizane se ofrecen para luchar contra el fascismo en el Ejército francés, pero el Ejército francés no admite extranjeros entre sus filas. Cruelmente, gratuitamente e irónicamente -en vista de los acontecimientos posteriores- se les contesta que "no necesitan soldados de un Ejército derrotado" (2). En cambio se les "ordena firmar unas hojas de acuerdo con un decreto por el cual son movilizados para prestaciones militares y compañías de trabajo. Pasadas estas prestaciones se nos dice obtendremos la libertad plena" (3). Los que rechacen solicitar este "derecho de asilo" serán devueltos a la España franquista. 
Todos son mandados a trabajar a los campos del desierto del Sahara. Van a sufrir un prolongado y duro cautiverio y serán tratados como forzados. "La situación en el norte de África no fue comparable a la de la Francia metropolitana" (4) al ser mucho más penosa y cruel. A la dureza de las condiciones de trabajo y el rigor del clima, se unen unas condiciones políticas particulares. 
Cuando Francia firma el armisticio, los prestatarios de las Compañías de Trabajadores Extranjeros hubiesen debido ser liberados puesto que el país ya no está en guerra y no necesitaba mano de obra para el esfuerzo de guerra. "La guerra terminada hemos visto como en vez de darnos la libertad prometida [...] se nos ha mantenido en las mismas compañías de trabajo e incluso se ha endurecido el régimen de disciplina que ya era durante la guerra harto inhumano" (5).
No solo no son liberados, sino que a las duras condiciones de trabajo que ya se tenían se une el aislamiento, la represión y los abusos que ejercen las autoridades militares y colonialistas que los custodian. 
Los exiliados españoles en estos campos se encuentran totalmente desterrados, lejos de Francia y de los posibles organismos de ayuda franceses o republicanos, totalmente aislados, lejos de cualquier núcleo urbano, totalmente abandonados a la arbitrariedad de los militares hostiles a la lucha de los republicanos. "En estos tiempos difíciles, la derecha y la extrema derecha, que siempre tuvo gran influencia en esta tierra colonial ejercen [ahora] un poder acrecentado" (6).
Para los representantes en África de la Francia de Petain los españoles republicanos son enemigos de los que hay que deshacerse, sacándoles todo el provecho posible. Es decir que "los campos de África del norte [están] basados en el modelo de los campos nazis" (7) 
En este ancho territorio, se une el espíritu colonialista y militar que siempre había reinado en la zona con el carácter profascista de Vichy. Aquí, los exiliados españoles vivirán experiencias muy duras. Serán perseguidos, vejados, torturados y, en algunos casos, asesinados. "En los campos de concentración del norte de África se producen excesos más inhumanos si cabe. En este caso si podemos afirmar que la Francia del gobierno de Vichy practicó una autentica política de exterminio" (8).

1. Marie-Claude Rafaneau Boj, Los campos de concentración...,op.cit.,p.263 
2. Antonio Vilanova, Los olvidados.op.cit.,p.28; Javier Rubio, La emigración...,op.cit.,t.I, p.347 nota, señala la carta de 12 pilotos del grupo de Suzzoni que se ofrecen a combatir en cualquier puesto del Ejército del Aire o de Tierra.
3. Archivo del Partido Comunista, "Resumen de la situación vivida por la emigración española en África del norte", en Archivo Histórico de la Universidad Complutense de Madrid. 
4. Javier Rubio, La emigración...,op. cit., t. I, p. 347 
5. Archivo del partido Comunista, "Informe del Comité Regional del PCE en Túnez,1946", Archivo Histórico de la universidad Carlos III, Madrid. 
6. Andrée Bachoud, en el artículo "Les espagnols en Algérie" 
7. Marie-Claude Rafaneau-Boj, Los campos de concentración...,op. cit., p. 263. 
8. Genevieve Dreyfus-Armand, El exilio...,op. cit., p. 285