sábado, 2 de agosto de 2014

LA REORGANIZACIÓN DE LA FLOTA REPUBLICANA




Crucero "Libertad" Buque insignia de la Flota Republicana
El primer jefe de la Flota, Fernando Navarro, y el primer comandante del "Cervantes", Federico Monreal, nombrados por el ministro de marina, fracasaron en su misión. La naturaleza de la guerra, su doble carácter político y revolucionario, requerían de un "saber hacer" y unas dotes psicológicas de que carecían los dos marinos, notables en cuanto a la lealtad y a sus capacidades técnicas. El marinero, el barco y la ordenanza habían roto tradiciones, habían perdido el anónimo, se habían incorporado a la desbordada y fertilizante corriente popular y habían ganado una personalidad nueva.

Los marineros querían y aspiraban a algo distinto de lo que se les ofreció. No les satisfacían los métodos ni las palabras de los barcos-escuela. Necesitaban un lenguaje verdadero que les devolviera la confianza perdida en los jefes y se los transparentase de tal forma que la reincidencia en la traición no fuese de temer. Que alguien, por ejemplo, les dijera: 
"No hay Marina posible sin disciplina. La disciplina no puede ser más que una. La que vosotros habéis conocido, no era disciplina sino arbitrariedad. No era disciplina que un oficial beodo abrazase a los marineros y los abofeteara si le dolía la tripa. La disciploina es una lección de todos los momentos que empieza por imponerse al propio mando"
Dicho esto, debía preverse que el anarquista impermeable se resistiera y protestase, obstinado en su autoritarismo que pretende hacer hermanos de los ángeles a los "asesinos virtuosos", hasta que la experiencia, como luego lo demostró, y la comprensión de algunos de sus líderes les grabaran en el meollo esas verdades.

Fernando Navarro, que tras su aventura en el aeródromo de San Javier se encargó del mando del "Ferrandiz", no supo, al encomendarsele la dirección superior de la Flota, ver el cambio impresionante de las dotaciones ni se explicó sus recelos hacia unos jefes que no las ayudaron a sofocar la rebelión. Moralmente quebrantado porque un hermano suyo, sospechoso de fascismo, se hallaba detenido -aunque por consideración a él no se le castigó-, Navarro no parecía el hombre indicado para reorganizar las fuerzas navales y mandarlas en aquellos días consternadores y enigmáticos.

Tampoco atinó Federico Monreal. Empleó palabras equivocadas al entrar en el "Cervantes": 
"Nosotros los militares -dijo a la dotación formada en la toldilla-, cualquiera que sea el régimen de España, hemos de gritar: ¡Viva España!"
Con ser tan entrañable el víctor, el enemigo , ladrón de vivas, nos había robado ese viva. Monreal, tan patriota y valiente, no lo entendió y por no entenderlo, la marinería comenzó a vigilarlo.

Miguel Buiza sustituyó a Navarro. En el "Jaime", siguiendo la sucesión de mandos dentro de los Cuerpos, la dotación había nombrado comandante a Salvador Corral, oficial 3º de auxiliares navales. Herido Corral en el bombardeo de Málaga, diose el mando a Carlos Esteban. Para mandar el "Cervantes" se designo a Luis Ubieta. De ceño cerrado , la talla morena, fácil al consejo y difícil a la complacencia verbal, Luis Ubieta tenía el tipo y la expresión que convenían en el año 1936. No vacilaba, por ejemplo, en ayudar al cabo de tiro Sardina a cargar los cañones antiaéreos sin merma de su autoridad. Sus ojos se hacían fríos y duros en la acción y su voz ruda y terminante. Al andar, sus espaldas encorvadas y poderosas se ensanchaban como si se dispusieran a sostener el peso de la Flota.

Varios marinos monárquicos intentaron ganarse a Ubieta para su causa, él se negó. Tras la reunión en la que expresó su negativa, cuando iba a subir a su coche una bala de revolver perforó la portezuela. Regresó al barco. Los rebeldes se habían llevado una de las avionetas, que fue a parar a Valencia. Las milicias detuvieron a sus tripulantes, emisarios del aeródromo de San Javier para ponerse en relación con el general Gonzalez Carrasco , encargado de sublevar la guarnición valenciana y huido cuando la policía le pisaba los talones. El 19 de julio, lo nombraron comandante del "José Luis Diez", con orden de zarpar para Alicante, donde las tropas estaban acuarteladas. Mandaba la plaza el general Aldave, no mal hombre, corrompido por el espíritu del Cuerpo y su concepto del compañerismo militar.

El general ni sacó las tropas a la calle ni tampoco quiso enfrentarse con los insurrectos. Ubieta puso término al acuartelamiento con este oficio dirigido al coronel:

"Si no se entregan, el destructor los bombardeará a ustedes"

De Alicante, el " José Luis Diez" pasó a Valencia, pasa salir con armamento hacia Málaga. En esta ciudad, Ubieta recibió el mando del crucero "Miguel de Cervantes". Vicente Ramirez, que ejercía el mando de los submarinos, tomó el mando de la flotilla de destructores y puso su insignia en el "José Luis Diez".

Decapitada la Marina, su reorganización afectó a todos los servicios. En el desbarajuste de los primeros días, los nombramientos, a veces, se hicieron, no por el ministro, sino por los marinos, aunque el ministro los refrendaba. El origen de algunos mandos es una incógnita que todavía sigue sin despejar. Probablemente, no había manera de hacerlo mejor. Ha de estimarse, pues, la iniciativa de los jefes que se apresuraron a satisfacer aquella urgente necesidad. Por desgracia, no todas las designaciones recayeron en marinos de confianza, aun cuando cabe la excusa de que las dificultades del momento aconsejaban aceptar la lealtad de los dudosos, siempre que se les sometiera a vigilancia.

La Marina se había quedado sin estado Mayor. En el Ministerio se creó una jefatura de operaciones que se encomendó a Pedro Prados. El E.M. con la función que le es propia, la autoridad que le es debida y su característica misión, no se organizó hasta el regreso de la escuadra de su desventurado viaje al Norte. En el curso del mismo, el Almirante nombró jefe de E.M. de la Flota a su amigo Junquera supernumerario del Cuerpo general y agente de bolsa, que se encontraba en Madrid un poco apurado y en peligro de que lo metieran en la cárcel.

Se recrearon las tres secciones -Operaciones, Información y Organización- de que siempre había constado el E.M. Más tarde diose vida al E.M.C. de Marina en el Ministerio, y Luis Ubieta desembarcó del "Cervantes", que se hallaba en reparación, para ser su jefe, cargo que desempeñaron después Valentin Fuentes, Pedro Prado, Miguel Buiza y Julian Sánchez Erostarbe. Junquera continuó de jefe del E.M. de la flota. Lo sustituyó Horacio Pérez, fusilado al terminarse la guerra por los traidores, que también habían fusilado en Cádiz a su hermano Virgilio. José Nuñez fue el último jefe y como tal iba en la Flota en su viaje a Bizerta en busca del exilio.

Benito Sacaluga.


Fuente: Extractado de "La Escuadra la mandan los Cabos" de M.D.Benavides.

jueves, 31 de julio de 2014

EL MITO DEL ALCAZAR





Milicianas republicanas durante el
asedio al Alcázar de Toledo.
Desde el mismo día en que comenzó el asedio del Alcázar de Toledo por las milicias republicanas, iniciado solo unos días después del levantamiento del 18 de julio, las tropas rebeldes comenzaron a tejer una mentira sobre los hechos, una mentira que finalmente se convirtió en leyenda cuya alimentación y difusión se extendió en el tiempo. El propio Alcázar una vez reconstruido fue convertido en un arma propagandística para el Régimen, una exaltación de la heroicidad de las tropas sublevadas junto con la habitual criminalización de los combatientes republicanos, un lugar donde se mostraban al público visitante las calamidades sufridas por sus defensores con dramatización del asunto de Moscardó y su hijo incluida. En pleno asedio se fundó por el comandante de Infantería Víctor Martínez Simancas el periódico "El Alcázar" órgano de propaganda del franquismo. En 1975, el periódico fue adquirido por la "Confederación Nacional de Hermandades de Excombatientes" y, tras la muerte de Francisco Franco, se convirtió en el medio de expresión del llamado Bunker, el grupo de dirigentes, militares y ex-militares franquistas opuestos a la transición a la democracia. Entre 1977 y 1981 El Alcázar publicó artículos del "Colectivo Almendros" entre los que no faltaban las arengas en favor de un golpe de Estado. En aquella época el director del diario era Antonio Izquierdo, que tras la disolución de Fuerza Nueva empleó el diario para promocionar el partido Juntas Españolas hasta su cierre en 1988.

Herbert R.Southworth, en su obra "El mito de la Cruzada de Franco", publicada en 1963 por la clandestina editorial "El Ruedo Ibérico" desmonta la versión franquista. Un libro que provocó que Manuel Fraga, entonces ministro de Información y Turismo con Franco creara el "Gabinete de Estudios sobre Historia -Sección de Estudios sobre la Guerra de España"- bajo la dirección de Ricardo de la Cierva con la función declarada de establecer un servicio de contrainformación que detuviese la nueva perspectiva de la historia sobre la guerra civil española.

La leyenda del Alcazar: Una maniobra de propaganda

Autor : Herbert R.Southworth

La historia del Alcázar es, desde sus inicios, como ya lo hemos visto, una falacia. El papel de los cadetes, que eran pocos y no se distinguieron durante la defensa, fue exagerado notablemente. La leyenda forjada en torno a la muerte de Luis Moscardó no tenía ninguna base real e incluso si existió la llamada telefónica - con palabras menos dramáticas - el artificioso relato de los rebeldes no es cierto, porque la ejecución de Luis Moscardó no guarda ninguna relación con la llamada telefónica en cuestión.

(1) La "novelada" versión franquista de la conversación telefónica es la siguiente:
Cándido Cabello (socialista y jefe de milicias de Toledo, hablando por teléfono al coronel Moscardó): Son Uds. responsables de los crímenes y de todo lo que está ocurriendo en Toledo, y le doy un plazo de diez minutos para que rinda el Alcázar, y de no hacerlo fusilaré a su hijo Luis que lo tengo aquí a mi lado. 
Coronel Moscardó: ¡Lo creo!
Jefe de milicias: Y para que veas que es verdad, ahora se pone al aparato.
Luis Moscardó Guzmán: ¡Papá!
Coronel Moscardó: ¿Qué hay, hijo mío?
Luis Moscardó Guzmán: Nada, que dicen que me van a fusilar si el Alcázar no se rinde, pero no te preocupes por mí.
Coronel Moscardó: Si es cierto encomienda tu alma a Dios, da un viva a Cristo Rey y a España y serás un héroe que muere por ella. ¡Adiós, hijo mío, un beso muy fuerte!
Luis Moscardó Guzmán: ¡Adiós, papá, un beso muy fuerte!
Vuelve a coger el aparato Cándido Cabello.
Coronel Moscardó: Puede ahorrarse el plazo que me ha dado y fusilar a mi hijo, el Alcázar no se rendirá jamás.
La edad del fusilado se falseaba cuidadosamente y Moscardó, lejos de ser el héroe irreprochable presentado por la fantasía franquista , era un veterano brutal que no solo había llevado a la fortaleza a mujeres en condición de rehenes, sino que no consintió que las mujeres y los niños, parientes de los ocupantes del Alcázar, abandonases la fortaleza, ni siquiera con protección diplomática internacional. Pero incluso sin tener en cuenta estos defectos primordiales, la historia de la resistencia del Alcázar ha sido burdamente abultada.

Aznar, en su "Historia Militar de la Guerra de España" (1958), comienza su exposición de cincuenta páginas sobre la defensa del Alcázar con estas palabras:
"Lector: vamos a entrar en un recinto sacratisimo, no solo para los españoles, sino para todo hombre civilizado.La pluma tiembla y el ánimo vacila antes de iniciar los relatos del fabuloso heroísmo y de la universal hazaña que entre los muros del Alcázar tuvieron su escenario".
Pero si Manuel Aznar sujetase mejor su temblorosa pluma y mirase con atención lo sucedido durante el asedio, vería que no pasó nada extraordinario en el Alcázar, teniendo en cuenta que se trataba de una guerra. El coronel rebelde Moscardó, con un fuerte contingente de guardias civiles y otros fornidos hombres, fue derrotado por el pueblo de Toledo y se retiró tras los muros protectores del Alcázar. Los sitiados no creían que el asedio fuese a durar mucho. Moscardó dijo más tarde a Gómez Oliveros:
"Yo no pensaba si la defensa sería larga o corta, porque suponía rápido, cosa de días, el camino de las tropas desde el Estrecho hasta Madrid"
Los que fueron voluntariamente al Alcázar creyeron, como muchos otros rebeldes, que el pronunciamiento triunfaría en muy pocos días. Pero la lucha se prolongó durante semanas y semanas. Los hombres que luchaban en el interior del Alcázar estaban mejor protegidos que la mayoría de los que combatían en el resto de España. Eran soldados profesionales en una sólida fortaleza asediada por soldados inexpertos. Si las condiciones se hubiesen invertido se habría podido hablar de heroísmo con mayor motivo. Quedaba, por supuesto, el problema de la incomodidad y de falta de alimentos; pero, como dijo Moscardó:
"En el Alcázar nadie murió de hambre" 
El agua potable no llegó a faltar. Hubo ciertamente más muertos entre los sitiadores que entre los defensores. Las bajas del Alcázar se exageraban con frecuencia de cara a la galería. Eleonora Tennant escribió:
"De los mil cien combatientes, el cincuenta y cuatro por ciento fueron muertos, heridos o enterrados bajo los escombros" 
esto es más dramático que decir sencillamente que ochenta y dos combatientes de los mil cien murieron durante el asedio. Veasé Vilanova Fuentes. Cree que las personas que resistieron en el interior de la fortaleza estuvieron mejor alimentadas que la población obrera de Madrid en 1946.

Entonces ¿por qué toda esta fanfarronada? La explicación es sencilla. La liberación de Toledo le costó a Franco, con toda probabilidad, la conquista inmediata de Madrid. Naturalmente se puede argüir que las tropas africanas estaban demasiado cansadas para atacar Madrid sin el descanso ganado en la maniobra de diversión de Toledo. Asimismo Jellinek describe bien la desorganización que reinaba en Toledo durante el asedio. Era necesario defender esa maniobra en falso. En aquellos momentos Franco estaba perdiendo la batalla de la opinión pública internacional. Las noticias de la matanza de Badajoz y otras crueldades perpetradas por el ejercito de África no daban buena publicidad. La historia del asedio, la juventud de los cadetes, el sufrimiento de las mujeres y los niños, el sacrificio paternal de Moscardó, todo ello representaba un buen material propagandístico para los periódicos de todo el mundo.

Pero Herbert L.Matthews y los demás amigos de la República pueden dejar de lado la historia del asedio del Alcázar. Aunque fuese cierta, ¿que importancia podría tener?  ¿Que demostraba? ¿Que había en el Alcázar hombres valientes? El obrero inexperto, pobremente armado de Madrid - que le plantó cara al Tercio delante de Madrid - era un hombre más valiente que Moscardó, bien seguro en los sótanos del Alcázar. El mayor peligro consistió en la explosión de minas bajo la fortaleza, la mañana del 18 de septiembre, pero Moscardó intuía sin duda que estaba a punto de recibir ayuda del Ejército de África. No fue el Alcázar, sino como escribió el poeta Alberti, Madrid la "capital de la gloria" .

La maniobra propagandística del Alcázar fue y no es más que un esfuerzo para desviar la atención de la opinión de las acciones realmente importantes por las que la historia juzgará sin piedad a los generales que, utilizando sus maneras clásicas e irreflexivas, desencadenaron sobre España una oleada de terror que luego ya no pudieron controlar.


Benito Sacaluga.

(1) Texto de la conversación no incluido en el análisis de Herbert R. Southworth.


lunes, 28 de julio de 2014

LA EXPLOSIÓN DEL "JAIME I" SEGÚN BENAVIDES




Numerosos son los artículos ya publicados en este blog sobre la explosión que acabó el 17 de junio de 1937 con el acorazado "Jaime I", amarrado en Cartagena, se han tenido en cuenta relatos y opiniones de diferentes autores, entre ellos la versión de D. Bruno Alonso, Comisario General de la Flota y testigo presencial desde el crucero "Libertad" y la del reconocido historiador D.Pedro Mª. Egea Bruno. Una explosión que aún hoy en día sigue arrojando incógnitas en cuanto a su autoria y sobre sus causas. No podía faltar la versión de Manuel D. Benavides, incluida en su gran libro "La Escuadra la mandan los cabos" (1), y por tanto procedo a transcribirla a continuación.


Acorazado "Jaime I"
Tenerife. Primaveras de 1936



LA EXPLOSIÓN DEL "JAIME I"


Parece como si la República se hubiera confabulado para que no actuase el "Jaime" con su excelente artillería de 305/50. El pretexto de que andaba poco y se hallaba expuesto a ser torpedeado era fútil, ya que podían flanquearlo los destructores.
Días antes de la explosión, apareció en el Arsenal un repuesto de tuberías, las que el acorazado necesitaba para mejorar su andar. Ubieta había mandado traerlas del Norte. El espionaje se anticipó a que las tuberías se montasen.
Con el "Jaime I", la Escuadra podía ir a todas partes. El acorazado era invulnerable a las bombas de aviación que se empleaban en nuestra guerra y su superioridad sobre los barcos facciosos, aplastante. En el bombardeo de Ceuta había desmontado las baterías de la plaza rebelde. Su bombardeo de Algeciras despobló la ciudad e hizo posible un desembarco, sugerido por la dotación a Madrid... Y en los cuatro primeros meses de campaña naval, hundió el "Dato" y patrulló el Estrecho sin que se le opusiera enemigo. Al sobrevenir la explosión estaba en estudio un proyecto para dotarlo de artillería antiaérea.
El comisario del "Jaime" nombrado por Bruno, Pradal, diputado socialista por Almería, buena persona, no conocía su oficio y no existió como comisario. Él y la dotación se ignoraban. El "Jaime" se envío a Almería de batería flotante, después de la pérdida de Málaga. Estaba bien mandarlo a Almeria. Pero el acorazado debió volver a Cartagena a limpiar fondos, aunque tuviese que esperar a que el "Cervantes" abandonara el dique. El "Jaime" necesitaba asimismo arreglar calderas. Se le retuvo en Almería y los ataques de la aviación rebelde se multiplicaron. 
Al volver con la Escuadra de bombardear la costa de Motril a Almuñecar y las fábricas de Salobreña, conducido por un mal práctico, varó en Punta Entinas. Durante el mes de mayo la violencia de los ataques aéreos aumentó: el 21, el acorazado sufrió tres bombardeos, que empezaron a las siete y cuarto de la mañana; en el segundo le colocaron tres bombas, dos en cubierta y la tercera rozó la amura de babor y explotó en el agua; la explosión causó 20 heridos, una brecha de 20 metros y un incendio pronto sofocado. El 22 de mayo los ataques fueron dos y de noche; el 23, tres ataques de noche; el 24 otros dos...El disgusto de la marinería era grande porque los dos comandantes y el comisario no dormían a bordo.
Alcanzado varias veces, el "Jaime" se trasladó a Cartagena, Las averías no eran de consideración. Se comenzaron las obras de los arreglos. El Arsenal ordenó descargar las municiones de los pañoles de pólvora y proyectiles. Debían haberse descargado primero los pañoles más peligrosos, los de pólvoras; se dio preferencia a los de proyectiles, y en lugar de adelantar la descarga de los pañoles de pólvora del centro, se empezó a descargar por los extremos.
Ejercían los mandos, el faccioso camuflado Francisco Benavente y su segundo, el tercer maquinista José Morales, hombre débil asustado por la F.A.I. Ninguno de los dos se encontraban en su puesto al ocurrir la catástrofe. Benavente se había ausentado de Cartagena. La descarga se hizo lentamente, mientras se daba clase en las torres, en contacto con los pañoles abiertos, a los marineros que aspiraban a ser cabos. Figuraba en la dotación un cabo electricista, de las promociones hechas por Ángel Cervera, tipo meloso, de un catolicismo infrahumano. Pertenecía a la Orden de la Misericordia. El oficial de cargo de artillería, de dudosa significación y el comandante lo trataban con deferencia. El cabo de la Orden de la Misericordia no sabía reír. Hacía "¿Je,je!", nunca se rió "¡Ja,ja!". Sus opiniones coincidían con las de las persona con que hablaba; él no solía opinar. Tenía manos de usurero de sacristía y manejaba los alambres como si fueran cuerdas de su propio cuerpo. El cabo electricista tampoco se encontraba a bordo el 17 de junio de 1937.
A las tres y cuarto de la tarde se produjo la explosión en las torres de babor de 305; se desprendieron tres cubiertas, colgó de un lado la chimenea y voló la parte alta del caparacho blindado de la torre.
Los marineros huyeron de cubierta al grito de "¡Aviones!" y se refugiaron en el interior del buque, donde perecieron abrasados. Se pararon los relojes y una ola de fuego recorrió el barco de proa a popa. Se alzaron en el aire hombres despellejados, con brazos y piernas convertidos en antorchas. Lanchas y marineros fueron despedidos a grandes distancias. Con el cuerpo y las ropas en jirones, se vieron aparecer sobre las planchas de acero retorcidas, figuras espantables, con fuentecillas de sangre brotándoles de los dedos. El "¡ouh!" de los alaridos se oyó cuando, al roce del agua, las quemaduras de los que cayeron al mar despertaron el dolor. Agarrados a las cadenas de las anclas se arracimaban los heridos....Trescientos muertos.
La Escuadra maniobró para evitar los riesgos de nuevas explosiones, y antes de que el fuego se corriera a los pañoles de otras torres, se abrieron las válvulas de inundación. 
El ministro llegó en avión a Cartagena. Visitó el hospital. Lloró. Se nombraron jueces, que designaron perito al director de la Constructora Naval, Esteban Calderón, teniente coronel de Artillería de la Armada. Interrumpióse el viaje del "Jaime" al fondo del mar, se le achicó el agua y el perito entró en el barco para reconocerlo.

Estas fueron las conclusiones:
a) La explosión podía atribuirse a una combustión espontanea de las pólvoras. Se desechó la hipótesis porque, periódicamente, se estudiaba el estado de las pólvoras y del cotejo de estos estudios resultaba que las pólvoras se hallaban en buen estado.
b) La explosión podía atribuirse a una elevación súbita de la temperatura. También se desechó esa hipótesis, porque se llevaba registro de las temperaturas que no indicaba anormalidad.
c) La explosión podía atribuirse a que, como se trabajaba con soplete en el barco, los sopletes se hubieran puesto en contacto con el pañol. Pero los sopletes trabajaban en cubierta aislados con sacos de arena.
Quedaban otras dos hipótesis: imprudencia o sabotaje. La explosión había sido incompleta; el pañol de proyectiles no voló. La onda explosiva dirigióse hacia arriba y hacia los lados y encontró su salida por la chimenea, parte débil, tras de destruir las calderas.
¿Donde se ocultaba el saboteador?
El ex subsecretario Benjamín Balboa también hizo una información. Balboa acudió al hospital. Los heridos le preguntaron: ¿Cree usted que el "Jaime" se salvará?. El marinero Carneiro Camino, que nadó hasta el "Libertad", al ser recogido a bordo preguntó: ¿Y como está el barco?, y comenzó su agonía, que terminó aquella noche. Con las orejas comidas por el fuego, el cabo Rogelio Souto, de los que rescataron el acorazado en julio, pedía desde la cama que lo incorporasen a otro buque. Los marineros de julio no se cuidaban de sus heridas sino de si el barco se salvaría. Es lo que preguntaron los moribundos antes de morirse.
El jefe de la Base de Cartagena, Valentín Fuentes, invitó a comer a Balboa:
-Lo lamento mucho- le dijo- tienes que marcharte en un plazo de 24 horas. Acato ordenes superiores.
Desmontados los cañones del 10, se artilló con ellos a los guardacostas de la Flotilla de Vigilancia y Defensa Antisubmarina de Cataluña y a otros barcos auxiliares. Los de gran alcance no se emplazaron, dos se enviaron a Sagunto. El desmontaje se hizo rápidamente. El ejército reclamaba artillería; se puso a su disposición la del "Jaime" y los cañones no llegaron a utilizarse ni tampoco se montaron en la costa, aunque sobró tiempo. Las costas carecían de artillería para combatir los bombardeos de los cruceros "Canarias" y "Baleares".
El cabo electricista de la Orden de la Misericordia, que al reírse hacia "¡Je,je!" y nunca "¡Ja,ja!", lo veremos reaparecer a bordo del "Méndez Núñez" en el combate del Cabo de Palos.
Desguazado el "Jaime", Franco lo entregó a los italianos a cuenta de sus deudas con ellos. 

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Mi opinión sobre las causas de la explosión, ya razonada y reiterada en varios artículos anteriores, es que la misma fue un acto más de sabotaje, de los muchos que se llevaron a cabo en la Flota, a manos del gran número de infiltrados facciosos que en ella había desde el comienzo de la guerra.



Benito Sacaluga.





(1) Publicado junto con "El último pirata del mediterráneo". Edicios Do Castro. (ISBN:84-7492-774-9).  4ª edición 2005.
                                                                                                                                                                                                              
    

martes, 24 de junio de 2014

ULLOA, EL MARINO GADITANO QUE LE DIJO NO A UN BORBÓN




Francisco Javier de Ulloa y Ramirez, Capitán General de la Armada Española, nació el 17 de agosto de 1777 en San Fernando (Cádiz). A los diez años de edad comenzó a servir en la Armada como guardiamarina. Con el empleo de Alferez de Fragata prestó servicio en el "Soberano" y en la fragata "Rosa" dando protección en la recalada de San Vicente  y Las Azores a los navíos españoles procedentes de América. En 1793 participó en la defensa de Tolón en el "María Luisa" y a las órdenes de Gravina. Desde Liorna y arbolando la insignia del general Lángara trajo en dicho navío a Cartagena al Principe de Parma. Posteriormente siendo ya alferez de navío y embarcado en el "Mejicano" participó en la defensa de Rosas. Combatió a bordo del "Santísima Trinidad", insignia de José de Cordova, catorce días después, a pesar del mal estado en que quedó el navío, consiguió rechazar a la fragata inglesa "Terpsicore". Más tarde, en 1797, tomó parte en la defensa de Cádiz esta vez embarcado en el navío "San Telmo", barco con el que partió para Brest en 1799. En 1802 ascendió a teniente de fragata.

En 1804 se declaró de nuevo la guerra a Inglaterra a causa del ataque a cuatro fragatas españolas a la altura del cabo de Santa María que en son de paz se dirigían de Montevideo a Cádiz. Ulloa fué embarcado en el "Santa Ana" donde permaneció hasta 1805 año en el que transbordó al "Castilla" y luego al "San Leandro". Destinado en estos buques combatió contra los buques ingleses que bloqueaban Cádiz. Luchó en Trafalgar a bordo del "Príncipe de Asturias" y fue el que atendió al general Gravina al caer éste herido. Por su comportamiento en Trafalgar fue ascendido a teniente de navío, apenas contaba 28 años.

Navío de línea "Santa Ana"
112  cañones
En 1808 tomó parte en el ataque y rendición de la escuadra francesa del almirante Rosily. Ulloa combatió en una división de cañoneros mandada por el brigadier Quevedo. En 1809 estando embarcado en la fragata "Atocha" le fue encomendado el cañonear las baterías de la Ciudadela de Barcelona, haciéndolo al mando de cinco faluchos cañoneros. Fue un ataque de distracción que permitió el avance de las tropas de tierra. Ostentó el mando de la fragata "Prueba" con la que fue a Montevideo, Las Antillas y México, acabando en el Mediterráneo defendiendo las aguas de San Vicente.

En 1818 el gobierno español proyectó una fuerte expedición contra las provincias disidentes del virreinato de Buenos Aires y a consecuencia de ello Antonio Ugarte, favorito de Fernando VII, concertó la famosa y bochornosa compra de barcos rusos para llevar a cabo la mencionada expedición. Se invirtieron en la compra 500.000 libras esterlinas pero los barcos presentaban signos de podredumbre y mala construcción lo que dio lugar a un gran escándalo que provocó la destitución del ministro de Marina Vazquez de Figueroa y la disolución del Almirantazgo. Ulloa fue designado por Fernando VII para tomar el mando de uno de esos barcos, la fragata "Viva", poniendo de manifiesto la firmeza de su caracter Ulloa se negó a tomar el mando de dicho barco provocando la cólera del rey y de su camarilla.

Ascendió a capitán de navío en 1822, tomando el mando del "San Pablo" volviendo a Cádiz desde Canarias para reparar el carenado. Allí permaneció durante el sitio de los franceses. Fue nombrado después comisario general del Cuerpo de Artillería de Marina. Ascendió a brigadier en 1825. Durante los dos años que estuvo en el anterior destino redacto interesantes memorias sobre el artillado de los buques.

En 1830 fue nombrado vocal de la Real Junta Superior de Gobierno de la Armada, y en 1832 ministro de Marina e interino de Guerra, teniendo que tomar las enérgicas medidas conducentes a llevar al trono a la princesa Isabel, después Isabel II, a causa de la grave enfermedad  de Fernando VII. A la muerte del rey fue reemplazado el gabinete y a Ulloa se le confirió la Comandancia General del Cuerpo de Artillería de Marina. La reina gobernadora apreció la valía de sus servicios otorgándole la Gran Cruz de Isabel la Católica.

En 1835 y 1836 rehusó la cartera de Marina por no estar de acuerdo con los programas de los presidentes Mendizabal y Calatrava, respectivamente. Volvió a hacerse cargo de la cartera en 1837 con Bardají e interinamente de la de Gobernación.

Ascendió a teniente coronel en 1839 y al año siguiente se le nombró vicepresidente de la Junta Superior de la Armada. En 1842 tomó el mando del apostadero de La Habana, desarrollando en este destino una considerable labor tanto en el arsenal como en los buques, impulsando la construcción de nuevas unidades y la adquisición de otras. En 1843 desempeñó interinamente la capitanía general de la isla; por su actuación le fue concedida la Gran Cruz de Carlos III. A su regreso a España (1846) ejerció las funciones de Senador y de Consejero de Estado. En 1847 fue Vicepresidente de la Junta Consultiva de la Armada y al establecerse al año siguiente la Dirección General fue puesto al rente de ella, ascendiendo a Capitán General de la Armada. Suprimida la Dirección General en 1855 se creó el Almirantazgo del cual ya no formó parte.

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Durante su administración se empezó la construcción de dos navíos, cinco fragatas con máquinas, una corbeta, cinco bergantines, dos goletas, diecisiete vapores, cinco urcas y otros barcos de menor porte. Al cesar como Director de la Armada siguió viviendo en Madrid falleciendo en el mismo año a los 78 años de edad.


Benito Sacaluga



Fuente: EGM. Ed.Garrigues 1958
Bibliografía: Francisco de Paula Pavía. Galería biografica de los Generales de Marina. Madrid 1873