domingo, 29 de septiembre de 2013

CRUCEROS DE MADERA








Si nos ponemos a pensar no hace tanto tiempo que los buques de guerra eran aún de madera. Tan solo hace ahora 130 años la Armada Española incorporaba su flota tres flamantes cruceros recién salido de los astilleros con el casco de madera.

En 1881  se entregaba a la Armada el "Crucero Aragón", el primero de una serie de tres a la que dio nombre. Concluyamos pues que muchos de los abuelos de los que ya no cumplimos los cincuenta tuvieron la ocasión de al menos ver estos buques de guerra.

Crucero Clase Aragón


En un principio se diseñaron como corbetas acorazadas de dos palos y bauprés, con el casco íntegramente de madera soportado por una estructura metálica. El proyecto incluía el recubrimiento de acero del casco y la cubierta. Por motivos que desconozco pero basados en la demora en los plazos de construcción se decidió finalmente convertirlos en cruceros de tres palos y bauprés, limitando el recubrimiento de acero a unas pocas zonas del barco y quedando el casco sin blindaje. 


CRUCERO ARAGÓN



El "Aragón" fue construido  en los astilleros de Cartagena (Murcia), botado en 1876 y como dije antes entregado a la Armada en 1881.

Se trataba de un crucero de guerra de 74 metros de eslora, 13,50 metros de manga y un calado de 6,50 metros. En sus tres palos montaba un aparejo formado por velas cuadras en los dos primeros, el tercer mástil desplegaba dos velas de cuchillo y una el bauprés. La propulsión mecánica estaba a cargo de un motor alternativo de 1.100 CV de potencia para conseguir el giro de la única hélice que montaba, dado que el blindaje se había suprimido la maquina conseguía dotar al buque de una velocidad punta de 15 nudos. La dotación total era de 350 hombres.

Su potencia de fuego estaba conformada principalmente por ocho cañones de 160 mm. montados en los costados.  Cuatro de ellos eran unos Hontoria modelo Trubia, considerado en esos momentos como el cañón más potente de Europa. Disponía además de varias piezas de pequeño calibre para tiro rápido y de dos tubos lanzatorpedos.

Al igual que sus otros dos compañeros de clase, el "Navarra" y el "Castilla", fue destinado desde un primer momento a las colonias americanas, éste concretamente a las Islas Filipinas en donde permaneció cerca de diez años hasta que finalmente en 1890 se dispuso su regreso a la península para se utilizado como buque escuela durante ocho años, transcurridos los cuales fue dado de baja en la Armada, tan solo después de 17 años de servicio.


CRUCERO NAVARRA



Fue el segundo en construirse, esta vez en los astilleros de Ferrol ( Coruña) y entregado a la Armada en 1884. Sus características generales eran muy similares al las del Aragón a excepción del armamento. Si bien disponía igualmente de dos tubos lanzatorpedos y varias piezas de pequeño calibre su artillería principal era de importación estando ésta formada por seis piezas Armstrong, cuatro de 150 mm y dos de 120 mm. Su primer destino fue Cuba, desde allí regresó a España para convertirse en un buque escuela para la marinería. Su baja en la Armada se produjo en 1899, después de 15 años de servicio.



CRUCERO CASTILLA






El "Castilla" fue el último de la serie. Esta vez fueron los astilleros de Cádiz los encargados de su construcción. Fue entregado a la Armada en 1886. Como el "Aragón" y el "Navarra" sus características principales no variaron en lo fundamental, pero si en la artillería principal que montaba. En este caso seis Krupp alemanes, cuatro de 150 mm y dos de 120 mm eran los cañones que acompañaban a los dos tubos lanzatorpedos y a la artillería ligera. En 1890 fue destinado al Apostadero de Filipinas, participando en las acciones de guerra provocadas por la insurrección filipina y posteriormente en la tristemente famosa Batalla de Cavite (1898) contra la flota estadounidense. 

Su participación en Cavite fue prácticamente testimonial. Al estar su maquinaria averiada y desprovisto de parte de su artillería fue utilizado como batería flotante, resultando hundido con facilidad a causa de su falta total de movilidad. Allí quedó.

Antes de partir a Filipinas viajó Francia para asistir a la entrega del que seria el primer acorazado de la Armada Española, el "Acorazado Pelayo". Se trataba del buque más potente de la Armada Española y lo siguió siendo hasta que se botaron los acorazados de la clase "España". 

Único acorazado español, fue construido expresamente como tal en Francia (La Seyne-Tolón) Astilleros "Forges et Chantiers de la Mediterranée"   pero montaba artillería española, cañones Hontoria de 320 mm, 280 mm, 160 mm y 120 mm constituían su artillería principal. 

No participó en Cavite pero si formó parte de una operación naval para bombardear las costas norteamericanas y acosar a los mercantes estadounidense en aguas del Atlantico, operación que finalmente no se puedo llevar a cabo por la intransigente intervención británica. Mucho hay que contar del "Pelayo", en otra entrada trataré exclusivamente de él, de momento dejo una bonita fotografía de su artillería Hontoria en uno de sus costados.






Benito Sacaluga


sábado, 21 de septiembre de 2013

BUQUES NUCLEARES

Después del último accidente nuclear provocado por el maremoto en Japón resulta harto complicado hablar de las excelencias de la utilización de la tecnología nuclear como fuente de energía. Realmente las centrales nucleares entrañan un peligro grave, que aunque extremadamente relativizado por las medidas de seguridad que se exigen en este tipo de instalaciones, provoca en la opinión pública un rechazo casi generalizado. 

El accidente de Fukushima, lejos de servir para el estudio de nuevas medidas de seguridad, ha significado un fuerte respaldo a la utilización de los derivados del petroleo, debidamente amplificado por las grandes compañías petroleras y sus socios en el negocio de la energía convencional. No obstante todos sabemos que las reservas de petroleo van disminuyendo día a día y sin embargo el consumo eléctrico va en aumento a causa de los cada día mayores grados de electificación de nuestras ciudades, fabricas y hogares y el constante aumento de los vehículos movidos por energía eléctrica. Por otro lado las directivas europeas sobre eficiencia energética que entran en vigor a partir del año 2020 y la voluntad global decidida en cuanto a la protección de la capa de ozono de la atmósfera actúan en contra de los derivados del petroleo o los gases, tanto para su uso directo como para la producción de energía eléctrica. De lo que no cabe ninguna duda es que la utilización de la electricidad como fuente de energía es incuestionable. Tarde o temprano no tendremos más remedio que acudir a la energía nuclear, las reservas de combustibles fósiles y de gas tienen fecha de caducidad y la demanda de energía aumenta constantemente. Las fuentes alternativas como la luz solar, el aire, las mareas o los saltos de agua no tienen capacidad suficiente para generar la electricidad necesaria en el planeta aunque su número se multiplicase por mil. En otro orden de cosas nadie comenta los excelentes avances que en el campo de la medicina ha supuesto el empleo de la energía nuclear. Tampoco tenemos, ni tendremos, datos sobre el potencial destructivo que está almacenado en los arsenales de armas nucleares repartidos por todo el mundo, tan expuestos como Fukushima a padecer una catástrofe natural. Como en todo existen intereses económicos importantisimos y no debemos por tanto tomar al pie de la letra las descalificaciones que se efectúan sobre la utilización de la energía nuclear, más bien creo que deberiamos estar preparados para su utilización masiva de la energía atómica  (fisión o fusión atómica)  en un futuro no muy lejano.

Desde mediados del siglo pasado se comenzó a utilizar la energía nuclear para la propulsión de buques, este es realmente el tema de esta página.


Generalidades


El funcionamiento de una planta de producción de energía a base de combustibles sólidos radiactivos aplicada a la industria naval es prácticamente el mismo que el de las plantas nucleares terrestres. La reacción nuclear que se provoca en el interior del reactor produce el calor necesario para el calentamiento del agua hasta su grado de ebullición y la con siguiente producción de vapor en grandes cantidades, vapor que permite el funcionamiento de las turbinas encargadas de hacer girar un eje que acoplado a las hélices por medio de un reductor de velocidad o caja de cambios constituye el sistema propulsor del buque. Otros sistemas nucleares utilizan el trabajo de la turbina para el accionamiento de sistemas turbo-eléctricos encargados del funcionamiento de los generadores utilizados para el suministro de energía eléctrica a los motores que hacen girar las hélices. Dependiendo de las características del buque se puede montar un solo reactor, caso de los submarinos a excepción de los submarinos rusos que suelen montar dos unidades y del "USS Tritón", el resto de naves de superficie disponen de uno o varios reactores. El portaaviones estadounidense "USS Enterprise" disponía de ocho reactores nucleares para su funcionamiento.



La principal ventaja de este tipo de motores (reactores nucleares) en las marinas de guerra y civil está representada por la autonomía o millas náuticas recorridas por el buque sin necesitar de repostar combustible. A partir de una pequeña cantidad de combustible nuclear podemos producir una cantidad de energía que equivale a millones de veces su peso en combustibles derivados del petróleo. Un buque provisto de un reactor nuclear puede estar operativo varios años sin necesidad de repostar combustible, podemos hablar de una autonomía ilimitada, en contra de la débil autonomía de los barcos movidos por motores convencionales. A modo de ejemplo un submarino de propulsión diesel-eléctrica tiene limitada su autonomía entre 10.000 y 12.000 millas náuticas navegando en superficie, un submarino de propulsión nuclear de la clase USS Virginia únicamente tiene limitada su autonomía por el suministro de los vivieres para la tripulación, un factor logístico determinante en tiempos de conflicto bélico. Este ahorro en combustible y las mejores prestaciones conseguidas justifican el elevado coste de fabricación de estos buques. Al mismo tiempo se eliminan los procesos de carga de combustible y se consigue el aprovechamiento de los espacios antes ocupados por los enormes tanques de combustible. Por otro lado la mayor velocidad de estos barcos supone una enorme ventaja en combate y una apreciable mejora en la eficacia del transporte comercial vía marítima. Otra de las importantes ventajas que la propulsión nuclear proporciona esta basada en que no necesita oxigeno para la combustión y al no quemar oxigeno no emiten gases de escape, haciendo innecesarias las instalaciones de evacuación, esto en los submarinos representa una extraordinaria ventaja. El impacto ambiental por el funcionamiento de estos reactores es cero.

Los reactores de tipo marino difieren de los reactores de energía eléctrica comerciales terrestres en varios aspectos. Mientras los reactores terrestres de las centrales nucleares producen miles de megavatios de potencia , un reactor típico de propulsión marina produce no más de unos pocos cientos de megavatios. Consideraciones sobre el espacio dictan que un reactor marino debe ser físicamente pequeño, por lo que deben generar una mayor potencia por unidad de espacio. Esto significa que sus componentes están sujetos a tensiones mayores que las de un reactor terrestre. Sus sistemas mecánicos deberán funcionar sin problemas en las condiciones adversas encontradas en el mar, como la vibración, el cabeceo y balanceo de un barco que opere en  mares agitados. Por otro lado el mecanismo de parada de un reactor marino no puede basarse en la gravedad para bajar las barras de control tal como se hace en un reactor terrestre al permanecer siempre en posición vertical. La corrosión derivada del agua salada es un problema adicional que complica el mantenimiento.


El combustible en un reactor de navegación marítima está normalmente más enriquecido (es decir, contiene una mayor concentración de U235 / U238 ) que la utilizada en una planta de energía nuclear instalada en tierra firme. Algunos reactores marinos funcionan con uranio relativamente poco enriquecido con la desventaja de que el reabastecimiento del material nuclear debe ser más frecuente. Otros utilizan uranio altamente enriquecido, variando de 20 % hasta el 96 % de U235 que utilizan algunos submarinos norteamericanos, permitiendoles un funcionamiento extremadamente silencioso, vital para un submarino. Un combustible nuclear con alto grado de enriquecimiento aumenta la potencia del reactor y además con una vida útil de la carga superior a la conseguida por los poco enriquecidos.

HMS Astute
Una planta de propulsión nuclear marina debe estar diseñada para ser altamente fiable y autosuficiente. Una de las dificultades técnicas en el diseño de los elementos del núcleo y cercanos es la necesidad de utilizar materiales que sena capaces de soportar una gran cantidad de radiación sin que les afecte. En los reactores marinos se utiliza una aleación de metal/zirconio en lugar de la UO2 cerámica (óxido de uranio) que a menudo se utiliza en los reactores montados en tierra. Los núcleos están diseñados para una larga actividad, posible gracias al relativamente alto grado de enriquecimiento del uranio y mediante la incorporación de "neutrones absorbentes" que se activan lentamente cuando el paso del tiempo resta efectividad a la reacción nuclear. La disipación gradual del los neutrones absorbentes aumenta la reactividad del núcleo para compensar la disminución de la reactividad de los elementos combustibles por envejecimiento, lo que alarga la vida útil del combustible. La larga duración en perfectas condiciones de seguridad de la vasija de presión del reactor compacto se consigue al crear un escudo interno de neutrones, reduciendo así el daño al acero provocado por el constante bombardeo de neutrones.

Un poco de historia

El diseño, desarrollo y producción de las plantas de propulsión marinas nucleares se inició en los EE.UU. en la década de 1940, bajo la dirección del capitán Hyman G. Rickover. El primer prototipo de reactor naval fue construido y probado en las instalaciones de la Estación Naval Testing Reactor Nacional de Idaho en 1953. El primer submarino de propulsión nuclear, el "USS Nautilus", se  hizo a la mar dos años después, en 1955.

La Unión Soviética también ha desarrollado submarinos nucleares. Los primeros tipos desarrollados fueron la clase Noviembre, el primero de los cuales, el “K-3  Leninskiy Komsomol”, estaba operativo con energía nuclear, el 4 de julio de 1958.

La energía nuclear ha revolucionado el submarino, consiguiendo convertirlo en un verdadero buque totalmente operativo bajo el mar, en lugar de un buque sumergible por un tiempo muy limitado. Se dotó al submarino de la capacidad para operar sumergido a altas velocidades, equivalentes a las de los buques de superficie y por un tiempo ilimitado.
USS Virginia (SSN-774)

El "Nautilus" propició el desarrollo paralelo de otros submarinos de la clase Skate, propulsados por reactores individuales y un crucero, el "USS Long Beach", propulsado por dos reactores. El portaaviones "USS Enterprise", encargado en 1961, montaba ocho reactores nucleares.

En 1962 la Armada de Estados Unidos tenía 26 submarinos nucleares operativos y otros 30 en construcción. La energía nuclear había revolucionado la Armada. Los norteamericanos compartieron su tecnología con los británicos. Franceses, chinos y rusos  emprendieron la aventura nuclear naval por separado.

Después de los buques de la clase Skate, los submarinos estadounidenses fueron impulsados por una serie de diseños estandarizados, montaban reactores construidos exclusivamente por Westinghouse y General Electric.  Rolls- Royce se encargó de la construcción de reactores similares para los británicos hasta que finalmente desarrolló un nuevo reactor, que aunque basado en el norteamericano incorporaba agua a presión, el PWR.

Los submarinos nucleares más grandes jamás construidos son las unidades soviéticas de la  clase Typhoon, con 26.500 toneladas de desplazamiento. Los más pequeños submarinos nucleares están representados por los submarinos de ataque clase Rubis de la marina francesa, con solo 2.700 toneladas .


En la parte inferior de la imagen un clsse Typhoon, sobre el otros submanirnos de la época.

Estados Unidos y Francia han construido portaaviones nucleares. En 1990 había barcos impulsados por energía nuclear (en su mayoría militares) capaces en su conjunto de generar más energía eléctrica que las centrales terrestres comerciales de todo el mundo y con muchísimo más riesgo de accidente nuclear. A nadie se le informó.

Vista desde la torre de un submarino nuclear donde se
pueden apreciar sus grandes dimensiones

Los buques mercantes civiles de propulsión nuclear no han proliferado más allá de unas pocas unidades experimentales.

Para su utilización en aguas poco profundas, de poco calado, estuarios, lagos o rios, se están construyendo en Finlandia rompehielos equipados con reactores nucleares rusos. Su construcción está estrictamente ajustada a las normas internacionales de seguridad para buques nucleares.

"NS Savannah"

NS Savannah
En el medio de lo que se llamó la guerra fría y dentro del programa “Átomos para la Paz”, Estados Unidos quería mostrar que el uso de la energía nuclear no sólo era utilizable para las armas. En ese contexto nació en 1955 el proyecto de un barco mercante mixto de carga y pasaje propulsado por energía nuclear. La construcción del "NS Savannah" fue una demostración de la factibilidad técnica de la propulsión nuclear en buques mercantes y en muchos puntos el buque fue un éxito; era marinero, su récord de seguridad muy buena, excelente economía de combustible y sin emisiones de gases contaminantes a la atmósfera. Por su diseño, parecía más un yate de lujo que un buque de carga y nunca se esperó que fuera comercialmente competitivo.
La parte de pasaje tenía 30 camarotes de lujo excepcional para la época, pero la fina línea del casco hacía que la carga máxima de 8.500 ton. ó 652.000 pies cúbicos, fuera muy difícil de estibar. Su espacio de pasajeros estaba sobre-dimensionada, mientras que el de carga era insuficiente. Requería una tripulación de más de 100 personas, incluyendo técnicos e ingenieros nucleares. Su costo operativo incluía además una organización especial en tierra para gestionar dique seco personalizado, para las reparaciones necesarias.
Fue botado el 23 de Marzo de 1962 y durante su vida operativa navegó más de 450.000 millas. Operó con carga luego de varios años de prueba en el mar, desde 1965 hasta 1970. Era propulsado por un único reactor nuclear tipo PWR, construido por Babcock & Wilcox con una potencia de 74 MW, que generaba vapor para accionar una turbina unida a un solo eje de hélice. Consumió 163 libras de uranio, que se estimaron que es el equivalente a 29 millones de galones de fuel oil. Desarrollaba una velocidad de 21 nudos. Fue puesto fuera de servicio en 1972.

Actualmente, la propulsión de barcos mercantes por energía nuclear no es muy utilizada en el mundo, donde sólo quedan operativos los barcos de la naviera rusa Murmansk Shipping Company. Pero si hacemos la analogía del primer Savannah, que en 1819 fue el primer buque a vapor que cruzo el Atlántico desde Savannah a Liverpool, en 29 días, todavía se tardó 60 años para que la energía del vapor superara el poder de la vela. Las nuevas tecnologías muchas veces tardan años en implantarse.

El "NS Savannah", más que un ejemplo de rentabilidad económica, era un ejemplo de poderío tecnológico. Buques mercantes navegando con reactores silenciosos, limpios y eficientes. El color blanco de su obra muerta quería resaltar la limpieza de este tipo de propulsión frente a las emisiones de humos que generaba la propulsión convencional de la época.

En 1968 comenzaron las pruebas de mar y en Octubre de ese año fue certificado como apto para uso comercial y de investigaciones. Estaba configurado para llevar pasajeros y mineral de hierro. En 1972 su reactor fue recargado de combustible después de navegar 250.000 millas náuticas. En 1979 se remplazó su reactor nuclear y la planta de propulsión a vapor por un motor diésel convencional. En 9 años, propulsado por energía nuclear, había estado en 22 países, navegando 650.000 millas.

Especificaciones:
Eslora: 182 mts.
Manga: 24 mts.
Calado: 9 mts.
Desplazamiento: 22.000 tons.
Tripulantes: 124
Pasajeros: 60

"Otto Hanh"

Otto Hanh
Fue un proyecto de la Republica Federal de Alemania que en 1960 se planteó la construcción de un buque de investigación con propulsión nuclear. En 1963 fue colocada la quilla en los astilleros de Kiel. El "Otto Hahn" alemán, un buque de carga, navegó unas 600.000 millas náuticas (1.111.000 kilómetros) en 126 viajes durante más de 10 años sin ningún problema técnico, sin embargo resultó ser demasiado caro de operar y su reactor nuclear fue finalmente sustituido por motores diésel.

Especificaciones:
Eslora 164,3 mts.
Manga 23.4 mts.
Reactor 38 MW de potencia construido por Babcock & Wilcox
Velocidad 15.75 nudos
Tripulación 63 y un máximo de 35 investigadores.

"NS Mutsu"

NS Mutsu
Para solucionar el problema de no contar con combustibles fósiles en su territorio, Japón también inició un proyecto de propulsión de buques con energía nuclear. Se pensó que estaría listo para 1972, pero se produjeron demoras por razones de seguridad debido a serios problemas en la coraza del reactor, También, los pescadores japoneses realizaron demostraciones masivas contra el buque. En 1990 fue puesto en servicio activo y hasta el año 1992 realizó cuatro viajes con resultados positivos, pero la viabilidad del proyecto estaba cuestionada, por lo que en 1995 fue retirado de servicio. Clasificado como buque de carga, no llegó a realizar ningún viaje comercial.

Especificaciones:
Eslora 130 mts.
Manga 19 mts.
Desplazamiento 8242 ton.
Reactor tipo PWR
Potencia de la turbina 7,5 MW
Velocidad 16.5 nudos

NS Arktika

NS Arktika
La propulsión nuclear ha demostrado ser técnica y económicamente viable para los rompehielos de propulsión nuclear en el Ártico. Los buques nucleares rompehielos funcionan durante años sin necesidad de repostar y disponen de motores muy potentes perfectamente adaptados para el trabajo de romper el hielo. El rompehielos soviético "Lenin" fue el primer buque de superficie de propulsión nuclear en el Artico, en 1959,  y permaneció en servicio durante 30 años ( se instalaron nuevos reactores en 1970). Esto condujo a la construcción de una serie de rompehielos más grandes. Provistos de dos reactores nucleares se utilizan en las aguas profundas del Ártico. El "NS Arktika" fue el primer buque de superficie en llegar al Polo Norte.

Para su utilización en aguas poco profundas, de poco calado, estuarios, lagos o ríos, se están construyendo en Finlandia rompehielos equipados con reactores nucleares rusos. Su construcción está estrictamente ajustada a las normas internacionales de seguridad para buques nucleares.


Benito Sacaluga


Fuentes consultadas: Wirt, John G (1979). "A Federal Demonstration Project: N.S. Savannah". Innovation in the maritime industry/ Moltz, James Clay (March 2006). "Global Submarine Proliferation: Emerging Trends and Problems"./Acton, James (December 13, 2007). "Silence is highly enriched uranium"/^ "Ending the Production of Highly Enriched Uranium for Naval Reactors"James Martin Center for Nonproliferation Studies./^ Full steam ahead for nuclear shipping World Nuclear News/Jacobs, JGCC (2007). "Nuclear Short Sea Shipping" /Desarrollo y Defensa.

martes, 10 de septiembre de 2013

CARTAGENA EN EL ANTÁRTICO


En 1946 se produjeron los primeros incidentes internacionales a causa de las pretensiones de utilización de la Antártida. Estados Unidos, Argentina, Inglaterra, Chile en los comienzos y posteriormente Noruega, Francia, Nueva Zelanda y la URSS apoyando las tesis chilenas. Intentos de colonización militar y de convertir la zona en un escenario para pruebas armamentísticas supusieron largos años de negociaciones de las que surgieron multitud de propuestas y proyectos sin que ninguno fuese aceptado por los países que tomaban parte en las negociaciones. En 1959, trece años después de los primeros incidentes, finalmente se llegó a un acuerdo sobre el territorio, amplio pero no suficientemente consensuado en su totalidad, acababa de nacer el Tratado Antártico. Los países firmantes del acuerdo en  Washington fueron:   Argentina, Australia, Bélgica, Chile, Estados Unidos, Francia, Japón, Noruega, Nueva Zelanda, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte, Sudáfrica y la Unión Soviética. En años posteriores otros países, solo aquellos que pertenecían a las Naciones Unidas, se fueron adhiriendo al Acuerdo hasta llegar número actual de cincuenta. España se adhirió en 1982.

El Acuerdo consta de un preámbulo de catorce artículos de los cuales como básicos transcribo cinco:

Preámbulo.- Los Gobiernos de Argentina, Australia, Bélgica, Chile, la República Francesa, Japón, Nueva Zelandia, Noruega, la Unión del África del Sur, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, el Reino Unido de Gran Bretaña e Irlanda del Norte y los Estados Unidos de América. 
Reconociendo que es en interés de toda la humanidad que la Antártida continúe utilizándose siempre exclusivamente para fines pacíficos y que no llegue a ser escenario u objeto de discordia internacional. 
Reconociendo la importancia de las contribuciones aportadas al conocimiento científico como resultado de la cooperación internacional en la investigación científica en la Antártida. 
Convencidos de que el establecimiento de una base sólida para la continuación y el desarrollo de dicha cooperación, fundada en la libertad de investigación científica en la Antártida, como fuera aplicada durante el Año Geofísico Internacional, concuerda con los intereses de la ciencia y el progreso de toda la humanidad. 
Convencidos, también, de que un Tratado que asegure el uso de la Antártida exclusivamente para fines pacíficos y la continuación de la armonía internacional en la Antártida promoverá los propósitos y principios enunciados en la Carta de las Naciones Unidas.
Artículo 1 – Uso exclusivo de la Antártida para fines pacíficos, prohibición de toda medida de carácter militar, excepto para colaborar con las investigaciones científicas. Se prohíben los ensayos de cualquier clase de armas. 
Artículo 2 – Libertad de investigación científica en la Antártida y continuidad de la cooperación como en el Año Geofísico Internacional de 1957. 
Artículo 3 – Compromiso de intercambio de información sobre los proyectos de programas científicos en la Antártida, personal científico y libre disponibilidad de las observaciones y resultados científicos. 
Artículo 5 – Prohibición de toda explosión nuclear en la Antártida o eliminación de desechos radioactivos, excepto que sean establecidas en acuerdos internacionales en los que los miembros consultivos sean parte. 
Artículo 6 – Ámbito de aplicación del tratado en la región situada al sur de los 60º de latitud sur, incluidas todas las barreras de hielo pero no el alta mar.
Para poder ser  país miembro el Tratado, aparte de pertenecer a la ONU, era necesario demostrar el interés efectivo en la Antártida mediante la realización en ella de investigaciones científicas importantes, misiones cuyos resultados han de ser compartidos con el resto de países firmantes del Tratado. Para la realización de estas misiones científicas se necesitaba contar con un buque oceanográfico capaz de dar apoyo logístico a las bases antárticas a la vez que desarrollar su labor investigadora tanto antártica como oceanográfica.

España no disponía de buques apropiados, realizó su primera expedición en el verano austral 87-88 ( 21 de diciembre de 1987 a 21 de marzo de 1988) utilizando el buque chileno "Río Baker". Entre los años 1988 y 1991, el remolcador de altura "Las Palmas" llevó a cabo tres campañas antárticas de apoyo a las bases antárticas españolas Juan Carlos I y Gabriel de Castilla.

Mientras tanto en los Astilleros de la E.N. Bazán de Cartagena, actualmente Navantia, se estaba llevando a cabo la construcción de un singular buque, destinado a ser el buque español encargado de las misiones antárticas, su botadura con el nombre de BIO-Hespérides tiene lugar en la primavera de 1990, un año más tarde se produce su entrega a la Armada, con la denominación BIO-Hesperides (A-33) pasando a depender del  Almirante Jefe de la Zona Marítima del Mediterráneo y con base en Cartagena.



Dada su zona martitima operativa el Bio-Hesperides posee un casco de acero de alta resistencia de tipo rompehielos, su sistema de propulsión es del tipo diésel-eléctrico y en atención a su función investigadora esta dotado de los aparatos y medios técnicos necesarios para la investigación oceanográfica.


Resumen de características generales:

Eslora: 82,50 m.
Eslora en línea de flotación: 77,80 m.
Manga: 14,30 m.
Distancia al agua desde la cubierta de trabajo: 3,10 m.
Desplazamiento: 2.665,60 Tm.
Calado: 4,42
Velocidad máxima: 14,70 nudos ( 14,70 millas náuticas/hora)
Velocidad máxima entre hielo de 40 cms. de espesor: 5 nudos.
Autonomía a 12 nudos: 12.000 millas náuticas.
Tripulación total: 58
Científicos máximo: 29

Maquinaria propulsora:

Dos motores Bazán- M. A. N. Burmeister & Wain 14V de 1904 CV
Cuatro grupos generadores diésel (2 A.E.G 1400 kW
Dos generadores diésel Bazán- M. A. N. Burmeister & Wain 7L de 884 cv
Generador diesel de emergencia
Hélice de 5 palas fijas

Comunicaciones

Dos radares ARPA ECDIS para navegación con posicionamiento dinámico
Dos DGPS de posicionamiento
Comunicaciones GMDSS
Comunicaciones satelitales Fleet 77

Aeronaves
Un helicoptero  Agusta-Bell 212 en plataforma para hangar retráctil

Instalaciones científicas:

Once laboratorios ocupando una superficie de 345 m2:
Área de trabajo en cubierta principal
Hangar CTD / Vía Húmeda
Neveras / Congeladores
Contenedores

Otras instalaciones especificas:

Quilla retráctil
Góndola acústica
Instalación sísmica
Contenedores
Bodega
Parque de pesca

En 2004 fue sometido a una larga revisión y se aprovechó su situación en dique para reforzar el casco.

Planos

Plano de formas


Detalles casco


Disposición general




Fuentes: Armada Española, Modelismo Naval


sábado, 7 de septiembre de 2013

LOS INDECENTES CONSEJOS DE GUERRA FRANQUISTAS




En numerosas entradas he venido denunciando la absoluta indefensión que padecían todos aquellos que durante la Guerra Civil y en la posguerra fueron sometidos a Consejo de Guerra.
Instrucciones realizadas con testigos de cargo que acosados por los fiscales mentían en sus declaraciones, negativas a aceptar testigos de la defensa o a invalidar sus declaraciones, abogados defensores designados por los tribunales, muchos de ellos sin conocimientos jurídicos o procesales y todos miembros leales y partidarios de la sublevación franquista y acusaciones que indefectiblemente estaban basadas en los cargos de adhesión a la rebelión, auxilio a la rebelión o simpatizantes con los rebelados.

Desde el punto de vista de la justicia los Consejos de Guerra servían únicamente para dar cobertura legal a una represión sin antecedentes en la historia de España y únicamente comparable con las actuaciones de los Tribunales Eclesiasticos de la Inquisición presente en España desde el siglo XV hasta el siglo XIX (1812) en que fue abolida por las Cortes de Cádiz. Con la sentencia de muerte dictada por el Tribunal se justificaba ante todo el mundo el asesinato de los encausados transformándolo en una consecuencia legal de la aplicación de la justicia. Era habitual que la composición de los Consejos estuviese integrada por marinos que habían sufrido la perdida de algún familiar como consecuencia de sentencias de Tribunales republicanos, sentencias en las que el delito de rebelión militar contra el Gobierno era un hecho evidente, totalmente probado y por tanto totalmente ajustadas a derecho y al Código de Justicia Militar aprobado por la Constitución de 1931.

Han sido varias las Causas que he tenido ocasión de leer, amigos míos han leído cientos de ellas y en todas se encuentran motivos más que suficientes para que las sentencias fuesen anuladas por cualquier Tribunal decente. De todas ellas acaban de facilitarme una que sin duda merece el honor de figurar en lugar destacado dentro de los miles de Causas que se llevaron a cabo.

Como digo debe figurar en lugar destacado por dos motivos principales :

1.- Ser la primera causa que se abre en Cartagena después del uno de abril de 1939 (Causa 1/39) 
2.- A pesar de que la petición inicial de pena formulada por el Fiscal es de Reclusión Perpetua, y que en su conclusiones finales manifiesta como no probada la culpabilidad del encausado, cambia la pena solicitada por la de dos penas de muerte en aras de dar ejemplo y evitar comportamientos como los que el acusado reconoce haber protagonizado. Finalmente el procesado es condenado y fusilado el 29 de abril de 1939.

No voy a transcribir la totalidad del proceso, prácticamente me voy a limitar a parte de las conclusiones del fiscal y a la sentencia. La identidad del procesado no la voy a revelar, no he podido contactar con su familia y sin su autorización estimo conveniente su anonimato, solo decir que se trata  un Cabo Fogonero de la Flota Republicana.

El proceso se inicia el día cuatro de abril de 1939 por el Juzgado Permanente número 1 de la Base Naval Principal de Cartagena, como consecuencia de la denuncia presentada por el Cabo de Infantería Manuel Cano y el Auxiliar de Oficinas Manuel Pérez de Evora, en la que manifiestan que el procesado les ha dicho que fue el autor de la muerte en el España nº3 del coronel auditor Rafael Gonzalez Alvargonzález. Como ponente actúa el fiscal del departamento, Alfonso de los Santos. Como Secretario Judicial en el proceso es nombrado el marinero voluntario Agustín Hermida Varela. Como Juez Instructor se designa al Capitán de Infantería de Marina, Ricardo Pita y de Ponte, a su vez Juez permanente del Juzgado nº1. El fiscal es Miguel del Páramo. Preside el Tribunal el Tcol. de Infantería de Marina Joaquín Matos Calderón.

Ademas del cargo por la muerte del Tcol. se le imputan dos más: haber brindado por la muerte del general Mola y haber sido comandante del destructor Alsedo, este último como agravante del delito de rebelión.

El día 14 de abril el procesado presta su primera declaración. Con relación a los delatores manifiesta no conocer de nada al Auxiliar de Oficinas Manuel Pérez de Evora y admite haber tenido trato con el cabo de Infanteria de Marina Manuel Cano, reconoce que un día estando esperando el coche en "Los Nietos" y que hablando de la guerra le comentó que el había sido quien dio muerte al Tcol.Gonzalez Alvargonzalez en el España nº3, pero que simplemente se trataba de una bravuconada de la que ahora comprende su alcance e insiste en que es inocente de la muerte de Tcol. pudiendo probarse fácilmente, ya que en la fecha del asesinato no se encontraba en el España nº3, dado que la noche anterior de salir el España a la mar salió franco de servicio, pasó la noche en la Compañía de Guarda Arsenales y a la mañana siguiente de su salida estuvo en tierra en presencia del Capitán de Infantería de Marina D. Juan Luque. También manifiesta que desconoce quien o quienes fueron los autores de la muerte del T.Col. También reconoce haber brindado con vino junto a varios compañeros cuando se tuvo noticia de la muerte del General Mola. El relación con su atribuida comandancia del destructor "Alsedo" manifiesta que el buque se encontraba en el Arsenal desarmado y en reparación, sin ningún mando y con una dotación total de seis marineros, motivo por el cual el Oficial de Cargo Don José Muñoz de acuerdo con la Ayudantía Mayor, le encargaron la comandancia del buque mientras permaneciese en reparaciones y autorizándole a llevar el distintivo rojo que le identificaba como tal.

El Tribunal procede a comprobar la declaración del procesado y llama como testigo al Fogonero Juan Martinez Gallardo destinado en el España nº3 en la fecha de los hechos, el cual declara que el procesado no estuvo esa noche en el España nº3. A renglón seguido toma declaración al Cap. de Infantería de Marina Juan Luque Canis el cual da por buena la declaración del procesado y admite haber estado con él en tierra después de que el España nº3 se hiciera a la mar. También  presta declaración el Cabo de Fogoneros Juan Fernández Sánchez, el cual bajo juramento asegura que el procesado no se encontraba en el España nº 3 en la fecha de los hechos.

A pesar de la contundencia de la coartada del procesado el Juez Instructor expide Auto de Procesamiento por los delitos de rebelión militar y asesinato. Así, el Jefe del Estado Mayor del Departamento Marítimo de Cartagena, el día diecinueve abril de 1939 da la siguiente orden:

SE PREVIENE 
Al Sr. Jefe y Oficiales que se citan para formar parte del Consejo de Guerra ordinario, que a las seis horas de la tarde del próximo jueves día 20 del actual y previa la misa del Espíritu Santo que se dirá el mismo día en el “Marques de Comillas”, se reunirá en Penitenciaria Naval para ver y fallar la Causa núm. 1 de 1939 de esta Jurisdicción de Marina, instruida por el Capitán de Infª de Marina D. Ricardo Pita por los trámites del Juicio Sumarísimo contra …………….por un delito de adhesión a la rebelión.  
Cartagena 10 de Abril de 1939. Año de la Victoria.
Presidente: 
Joaquin Matos Calderón. T.Col. de Infª de Marina 
Vocales : 
Oscar Scharfaussen. Teniente de Navío (1)
Manuel Garay Lobo. Teniente de Navío
Manuel Seijo López. Teniente de Navío
Ignacio del Cuvillo. Teniente de Navío
Antonio Gonzalez Aller. Teniente de Navío 
Vocales suplentes:
Arturo Cañas Conesa. Capitán de Infª de Marina
Miguel Domínguez Sotelo. Teniente de Navío 
Vocal ponente: Alfonso de los Santos Lasurtegui. Teniente Auditor Provincial 
Fiscal: Miguel del Páramo Canovas. Teniente Auditor Provisional. 
Defensor:___________________________
Se puede comprobar que los que forman parte del Consejo de Guerra son los mismos que efectúan la instrucción y expiden auto de procesamiento. La cosa va rápida, imagino que imbuidos por la gracia del Espíritu Santo recibida en la misa previa.

Del Acta, que ocupa poco más de un folio, cabe destacar lo que manifiesta el Fiscal:

“ No está clara la participación del encausado en los asesinatos, pues hay un solo testigo citado por el mismo procesado al cual el ministerio Fiscal no le da crédito; El Fiscal está convencido de la participación del encartado en los asesinatos, pero aún cuando no hubiera tomado parte activa, el solo decirlo y la forma de decirlo tiene gran trascendencia, pues crea un ambiente en los que le oyen que puede llegar a creerse licito el matar; por lo cual modifica sus conclusiones provisionales considerándolo un provocador al crimen y autor por tanto del delito de rebelión, termina el Ministerio Fiscal pidiendo, en nombre del Generalísimo, la pena de muerte para el procesado como autor de un delito previsto en el Artículo 128 del Código Penal de la Marina de Guerra".

El Abogado Defensor se limita a quitar importancia a las declaraciones efectuadas por el procesado, achacando las mismas al clima de guerra y desconcierto general y a exponer que no solo el testigo presentado por el procesado a declarado que no se encontraba en el España nº3  en la fecha de los asesinatos, sino que había dos testigos más propuestos por el Fiscal que igualmente aseguraban que el procesado se encontraba en tierra, siendo este un hecho probado y que constaba en el sumario. El abogado defensor solicita rebajar la pena de muerte a la de cuatro años de reclusión militar menor por dos delitos de injurias y falta de respeto de palabra a sus superiores.

La sentencia se emite ese mismo día, desconozco la hora de su firma, teniendo en cuenta que el Consejo de Guerra comenzó a las 18,00 horas y que se firmó antes de las 24,00 horas, como mucho en solo seis horas se llevó a cabo el Consejo, se deliberó y se dicto sentencia, menos de seis horas para decidir sobre la vida o la muerte de una persona y sabiendo que la decisión era inapelable.

En el cuerpo de la Sentencia y previo al Fallo se hacen entre otras las siguientes consideraciones:
 “Que el Comité marxista se opuso al legitimo Gobierno de la Nación organizando la lucha armada contra ella y que a ella se sumó voluntariamente el procesado” 
“Que las manifestaciones del procesado con relación a la muerte del citado Auditor son constitutivas de un delito de maltrato a un superior”
FALLO: 
“Que debemos condenar y condenamos al Cabo de Fogoneros de la Armada D.____________ por el delito de rebelión militar a la Pena de Muerte…”
“Que debemos condenar y condenamos al Cabo de Fogoneros de la Armada D.____________ por el delito de maltrato de obra a un superior a la Pena de Muerte…”
En total dos penas de muerte, sin posibilidad alguna de recurso. Una de ellas simplemente por haberse tirado un farol y gracias a la intervención de dos infames delatores, la otra por no haberse sumado a la sublevación contra la República.

Nueve días más tarde el Cabo de Fogoneros, de cuarenta y cinco años de edad, después de diecisiete años de servicio efectivo en la Marina es fusilado en el Arsenal de Cartagena y enterrado en una fosa común. Hoy gracias a la Asociación para la Memoria Histórica de Cartagena y desde 2010 sus restos reposan en una sepultura digna del Cementerio de Los Remedios (Cartagena) junto con los de 50 compañeros más también fusilados.

Por mucho que lo intento no acierto a comprender como marinos de carrera eran capaces de dictar tales sentencias como la que hemos visto, el único motivo que les podía conducir a obrar de esta forma era la venganza, si no era así su actuación era simplemente la de sumisión a las ordenes de depuración emanadas de Franco, al que sirvieron ciegamente a pesar de tener que renunciar a su propia dignidad como personas, colaborando activamente en la labor represora y de exterminio. Unas actuaciones que en cierto modo son lógicas ya que todos ellos se habían alzado en armas contra el Gobierno con el único objetivo de conseguir el poder absoluto.

Los marineros del B6 nadan para salvarse
mientras el sumergible se hunde. /A. D. Q.
(1) Oscar Scharfaussen, alférez de navío, era el comandante del submarino republicano "B6". Dicho submarino se encontraba en septiembre de 1936 en aguas cercanas de Cabo Peñas (Asturias) navegando en superficie cuando es atacado por el remolcador armado Galicia y el bou Ciriza auxiliados por el destructor Velasco. Scharfaussen no ordena la inmersión del submarino dejándolo a merced de los buques sublevados y rápidamente toma la decisión de rendirse. Antes de ser abordados la tripulación hundió el submarino para evitar que cayera en manos enemigas. Toda la tripulación fue apresada a excepción del mecánico que se encargó de abrir las válvulas para hundir el submarino ya que que no tuvo tiempo de salir a cubierta y se fue al fondo del mar dentro del submarino. El comandante Scharfaussen en ese mismo momento se unió a los sublevados. Al comandante del remolcador Galicia, alférez de navío Federico Sánchez- Barcaiztegui se le concedió la Cruz Laureada de San Fernando por haber llevado a cabo esta "hazaña". Scharfaussen fué inmediatamente ascendido a Teniente de Navío.


Benito Sacaluga

Fuente: Instituto de Historia y Cultura Naval-Archivo Naval




lunes, 2 de septiembre de 2013

LA PÉRDIDA DEL ESTRECHO DE GIBRALTAR (1936)




Indalecio Prieto
El 21 de septiembre de 1936, dos semanas después de tomar posesión de la cartera de Marina y Aire de la República, Indalecio Prieto ordena que el grueso de la Flota parta inmediatamente hacia el Cantábrico en base a una supuesta ofensiva del ejército sublevado sobre el País Vasco. Como consecuencia de esta decisión el dominio naval sobre el Estrecho se pierde, sus aguas quedan prácticamente libres para el tráfico de los convoyes de los golpistas desde el norte de África después de dos meses de bloqueo. Sobre la mesa de Franco estaba el problema de llegar a la península con sus tropas, un problema agobiante estando la Flota  Republicana en Tánger y que se agravaba cada día que pasaba. Cuando los buques partieron para el Norte Prieto le solucionó el problema al general sublevado. En menos de un mes cerca de 40.000 soldados altamente entrenados y experimentados junto con armamento y maquinaria de guerra llegan a la península y permiten a Franco su avance desde el sur, constituyendo las tropas llegadas de África la vanguardia del ataque a Madrid. Desde entonces el Estrecho y sus aguas occidentales quedan bajo dominio de la Armada sublevada. 

¿Por qué se tomó esta decisión? ¿Sirvió para algo? ¿Que consecuencias tuvo?

A la espera de que el Gobierno se decida a permitir el acceso público a todos los archivos militares en cierto modo solo caben especulaciones, eso si basadas en hechos reales conocidos y sustentadas por cierta lógica. De la misma forma en Gibraltar existen archivos sobre la Guerra Civil aún clasificados, que se suponen de gran importancia, sobre todo en lo relativo a las dos Armadas.

El Gobierno

Podemos entender, o suponer con facilidad, que Presidencia de Gobierno, Ministerio de la Guerra, Ministerio de Marina y Estados Mayores eran, lógicamente, las partes implicadas en la decisión. Conviene recordar aquí que una de las obligaciones encomendadas por Prieto al Estado Mayor de la Flota cortaba de raíz su poder de decisión  o en cualquier caso limitaba el mismo en cuanto a las iniciativas de la Flota, quedando estas como prerrogativa exclusiva de Prieto y así lo hizo constar:
"Será función del Estado Mayor de la Flota el estudio y preparación de las operaciones navales de acuerdo con las directrices señaladas por el Ministro"
Dada la "excentricidad" de la decisión de enviar la Flota al Cantábrico es casi seguro que el Estado Mayor pondría justificados reparos a la misma y que una vez desoídos estos se limitó a ponerla en práctica.

En la fecha en que se ordena a la Flota partir rumbo  al Cantábrico el Consejo de Ministros de la República está presidido por Francisco Largo Caballero. Su formación se materializa el cuatro de septiembre de 1936. Largo Caballero es a la vez Presidente del Consejo y Ministro de la Guerra, el 15 de septiembre efectúa un reajuste ministerial básicamente para cubrir la cartera de Obras Públicas la cual estaba provisionalmente a cargo del titular de Agricultura, quedando finalmente su composición como sigue:

Ministro de Estado: Julio Álvarez del Vayo (PSOE)
Ministro de Justicia: Mariano Ruiz-Funes García (IR)
Ministro de Marina y Aire: Indalecio Prieto Tuero (PSOE)
Ministro de Hacienda: Juan Negrín López (PSOE)
Ministro de la Gobernación: Ángel Galarza Gago (PSOE)
Ministro de Instrucción Pública y Bellas Artes: Jesús Hernández Tomás (PCE)
Ministro de Trabajo Sanidad y Previsión; José Tomas i Piera (ERC)
Ministro de Agricultura: Vicente Uribe Galdeano (PCE)
Ministro de Obras Públicas: Julio Just Gimeno (IR)
Ministro de Industria y Comercio: Anastasio de Gracia Villarrubia (PSOE)
Ministro de Comunicaciones y Marina Mercante: Bernardo Giner de los Ríos (UR)
Ministro sin cartera: José Giral Pereira (IR)
Ministro sin cartera: Manuel Irujo y Ollo (PNV)

Indalecio Prieto volvía a ser ministro tres años después de haber sido titular de la cartera de Obras Públicas. Para su primera cartera ministerial, Hacienda, fue nombrado en 1931, nada más instaurarse la II República.

Indalecio Prieto (1883-1962) aunque asturiano de nacimiento pasó a residir en Bilbao desde muy joven, obrero sin cualificación entró a trabajar como taquígrafo en el diario La Voz de Vizcaya, posteriormente fue redactor en El Liberal, publicación que llegaría a ser de su propiedad. Con 16 años ingresa en la Agrupación Socialista de Bilbao, en 1911 es diputado provincial por Vizcaya, en 1917 es elegido concejal del Ayuntamiento de Bilbao. Fue elegido diputado, en plena dictadura de Primo de Rivera.

A lo largo de su carrera política tuvo ocasión de protagonizar varios enfrentamientos parlamentarios y políticos de diversa índole. Con ocasión del Desastre de Annual de 1921 efectuó desde su escaño en la Cortes duros ataques en contra de los dirigentes del ejército y contra el propio rey. Igualmente fue crítico con Julián Besteiro y Largo Caballero. Llegó a enfrentarse  frontalmente a Clara Campoamor oponiéndose al reconocimiento del voto a las mujeres.

En 1933 la salida de los socialistas del gobierno provocó la ruptura del PSOE con las formaciones netamente republicanas, en las elecciones de noviembre fue la derecha la que consiguió el mayor número de votos, el PSOE contestó  a las urnas con la preparación de la huelga general revolucionaria de octubre de 1934 en cuya organización Prieto, junto a Largo Caballero, tuvo una participación destacada, encargándose personalmente de los preparativos iniciales y posteriormente de la organización militar procurando el suministro de armas, la adhesión a la huelga de oficiales militares y de conseguir financiación, sin embargo no participó en su desarrollo, ya que con antelación suficiente a su inicio huyó a París. Largo Caballero es encarcelado.

Está mayoritariamente aceptado que la labor de Prieto al frente del Ministerio Marina y Aire primero y de Defensa después, fue un desastre. En marzo de 1938 se posicionó a lado de los partidarios de una paz negociada. Negrín le destituyó en abril de 1938. Posteriormente y para rematar la faena, en 1939 apoyó el golpe de estado de Casado.

A pesar de sus por él reconocidas inclinaciones liberales formó parte de la ejecutiva del PSOE, partido en el que se mantuvo hasta su muerte en Méjico y del que fue presidente desde 1935 hasta 1948. Durante la II República ocupo varias carteras ministeriales, Hacienda, Obras Públicas, Marina y Aire y Defensa. En abril de 1938, tras la caída del Frente de Aragón, Negrín le destituye y sale del Gobierno, el fin de la guerra lo vive como embajador en Sudamérica, acabada ésta se exilia en Méjico donde continúa con su actividad política a través de la Junta de Auxilio a los Republicanos Españoles. Fue nombrado Secretario General de la Junta Española de Liberación (1943-1945). En 1945 entra a formar parte del Gobierno de la República en el Exilio. En 1950, a la edad de 67 años dimite de todos sus cargos.

Azaña había sido ministro de la Guerra con Alcalá Zamora en 1931, cargo que compaginó con el de Presidente del Gobierno hasta 1933. Cuando en 1936 accede a la presidencia de la República vuelve a instaurar de forma permanente  la costumbre de que el presidente del Consejo sea a la vez el responsable del Ministerio de la Guerra, así lo fueron Casares Quiroga y Largo Caballero. En 1937 Negrín cambia el nombre del ministerio por el de Defensa Nacional, el Ministerio de Marina y Aire desaparece y Prieto, ministro de Marina y Aire es nombrado titular de Defensa Nacional. Resulta evidente que la pérdida del Estrecho sufrida siendo Prieto ministro de Marina y Aire no le pasó factura, quizás dicha pérdida aún no se había asumido o valorado correctamente, o quizás porqué fue consensuada con Largo Caballero.

Largo Caballero
A modo de resumen en la fecha en que la Flota abandona el Mediterráneo, Largo Caballero como presidente del Consejo y Ministro de la Guerra, Indalecio Prieto como ministro de Marina y Aire y el propio presidente Azaña como tal y también a causa de su anteriores funciones como ministro de la Guerra, eran los máximos responsables de la estrategia a seguir, los que debían, en teoría, autorizar las  operaciones militares de envergadura tal y como lo era el traslado del grueso de la Flota para defender Bilbao de un hipotético ataque, dejando sin presencia republicana eficaz las aguas del Estrecho. Resulta evidente que las acciones militares estaban en última instancia supeditadas a la decisión de políticos sin ningún tipo de formación en cuestiones de estrategia militar, sin duda a la vista de los acontecimientos posteriores debemos admitir que el factor político estuvo presente con fuerza durante toda la guerra y así se oficializó el 16 de octubre de 1936 cuando se publicó en la Gaceta de Madrid la Orden del día anterior por la que el ministro de la Guerra, Largo Caballero, asumía el mando de todas las fuerzas armadas y organizadas como Jefe Superior de las mismas, dando así carácter de oficial a su dirección de todas las fuerzas de tierra, mar y aire que ya venía ejerciendo de facto desde el inicio de la guerra. 

La situación en las costas

En los dos meses siguientes a la sublevación militar, el ejército rebelde consiguió aglutinar bajo su dominio los territorios de Zaragoza, Galicia, la actual Castilla León, Álava, Navarra, Baleares con la excepción de Menorca, Canarias, Ceuta, Melilla, una buena parte de Cáceres, el Protectorado de Marruecos y las ciudades de Cádiz, Sevilla, Granada e Irún.  Como puede verse el Mediterráneo  quedó en poder de las tropas gubernamentales y con él sus puertos a excepción de Mallorca. En la zona occidental del Estrecho, en la costa atlántica, la sublevación triunfa en Cádiz que junto con su Base Naval y el Arsenal de La Carraca en San Fernando queda en poder de los sublevados. En el Cantábrico todos los puertos del País Vasco, Asturias y Cantabria quedaron bajo el mando del Gobierno. En resumen solo los puertos gallegos, sus astilleros y su base naval de Ferrol  fueron ocupados por los sublevados en los primeros momentos de la sublevación, Cadiz caería inmediatamente. Sevilla después convirtiéndose en la principal suministradora de munición para los fusiles de los sublevados, ya que junto con Toledo poseían las por entonces dos únicas fabricas para este tipo de munición y Toledo era aún republicana. A Mola con sus columnas detenidas en Somosierra y muy escasas de munición se le enviaron dos millones de cartuchos vía Portugal.

Conviene aquí poner de manifiesto la importante colaboración que Portugal prestó a los sublevados bajo la dictadura de Oliveira Salazar y su Estado Nuevo de matices ampliamente fascistas hasta el año 1945, una vez consumada la victoria de los Aliados en la IIGM. El gobierno de Oliveira Salazar permitió a los sublevados durante toda la guerra la utilización de sus puertos y autorizó el paso por su territorio de suministros de todo tipo para el ejército franquista, una colaboración de la que prácticamente no se ha hablado pero que fue vital.

Ilustración: www.zonu.com
Geográficamente las plazas republicanas de Asturias, Cantabria y País Vasco quedaron totalmente aisladas por tierra del resto de las zonas gubernamentales y sometidas a un duro bloqueo terrestre y marítimo por parte de los sublevados. El bloqueo afectaba seriamente a los suministros básicos para la población y por supuesto a los relativos al ejercito (armamento, víveres, municiones…), al mismo tiempo la presencia de unidades navales golpistas en sus aguas impedía la salida a faenar de las flotas pesqueras. Mola esperaba aún que el PNV se uniese al levantamiento, ello habría significado el dominio total del Cantábrico, zona que se habría convertido en la principal vía de llegada de los convoyes alemanes, la posesión de las zonas industriales intactas y un considerable numero de combatientes además del dominio de todo el norte peninsular sin ningún desgaste.

El Estrecho de Gibraltar

Teniendo en cuenta que el inicio del golpe se llevó a cabo desde África la importancia del control de las aguas orientales del Estrecho, (Mar de Alborán, Mar Menor y Mar Chica) y las occidentales atlánticas era una cuestión fundamental. Así lo vio el entonces ministro de Marina José Giral cuando el día 17 de julio de 1936 nada más tener conocimiento de la rebelión de las tropas de Marruecos envió unidades de la Flota a aguas del Estrecho con la misión de atacar y hundir sin contemplaciones cualquier convoy de tropas sublevadas procedente de las costas africanas, ordenando también el bombardeo desde el mar de objetivos militares en las plazas de Tetuán, Ceuta y Melilla, ya en poder de los rebeldes. Esta rápida y contundente actuación de la Flota Republicana consiguió que el Ejército de África, principalmente compuesto por mercenarios marroquíes a los que se les denominó Regulares y por legionarios del Tercio de Extranjeros, quedara inicialmente bloqueado e imposibilitado para trasladarse a la península.

Una vez avanzada la guerra sería de gran importancia el control de Mediterráneo Oriental para impedir los envíos desde Italia para las tropas fascistas y además conseguir una protección eficaz a los convoyes rusos que prestaban apoyo material a la República y que eran atacados impunemente por los submarinos italianos. A pesar de que Italia había firmado en agosto de 1936 el Pacto de No Intervención junto con 26 países más, sus submarinos se adentraban en aguas territoriales españolas hasta tal punto que el 22 de noviembre de 1936 el Torricelli torpedea al crucero republicano Miguel de Cervantes a la entrada del puerto de Cartagena. El silencio del Comité de No Intervención sobre este incidente animó a Italia a potenciar su presencia cerca de las costas españolas, se calcula que desde agosto de 1936 hasta el mes de febrero de 1937, 13 cruceros, 22 destructores, 2 lanchas torpederas, 7 buques auxiliares y 42 submarinos italianos y alemanes habían desempeñado misiones de guerra en el Mediterráneo, unas misiones que se siguieron desarrollando de forma clandestina hasta que en noviembre de 1938 Inglaterra autoriza formalmente a Mussolini la intervención sin limites en la guerra española.

En la primera semana de agosto de 1936, gracias a la decisiva ayuda de cazas y bombarderos italianos y alemanes, los sublevados consiguen romper el bloqueo y llegar a la península con un reducido convoy, el por ellos denominado “Convoy de la Victoria”, una decisión a la desesperada de Franco que sin embargo le dio excelente resultado, consiguiendo trasladar el cinco de agosto en los buques Ciudad de Cadiz, Ciudad de Ceuta y en el remolcador Almagro 1.600 soldados, explosivos, munición, seis piezas de artillería de 105 mm y dos ambulancias militares, con la única escolta del cañonero Eduardo Dato, el guardacostas Uad Kert , el torpedero T-19 y el apoyo de 13 aviones de diferentes características. De la Flota de la República solo el destructor Alcalá Galiano que inexplicablemente se encontraba en solitario patrullando las aguas occidentales del Estrecho llegó a tiempo para intentar impedir el paso del convoy, en el combate fue alcanzado por la artillería del Eduardo Dato y varias bombas de aviación, a la altura de Punta Europa ya sin munición antiaérea puso rumbo al puerto de Málaga con 18 marineros muertos y 28 heridos. La reacción de la Flota Republicana tiene lugar dos días después, el siete de agosto con el envió a la costa de Algeciras del crucero Libertad, el acorazado Jaime I y dos destructores que atacan las baterías de costa de Isla Verde, San Antonio y Santiago, la ciudad, los muelles y los buques que allí se encuentran, consiguiendo inutilizar definitivamente al Eduardo Dato y al Uad Kert. Ningún convoy más consiguió en esos momentos romper el bloqueo, ni lo intentaron, a causa del posicionamiento de la Flota Republicana en Tánger y a pesar de los continuos ataques a que fue sometida ésta por la aviación extranjera. El grueso del temido ejército de África tuvo que mantenerse a la espera de poder llegar a la península.

Gourdou-Leseurre GL32
Puede afirmarse sin duda que en esas fechas el control naval del Mediterráneo era republicano, con la excepción citada de las aguas de Mallorca. La isla de Menorca y su Base Naval de Mahón se mantuvieron fieles a la República. No fue así en el Cantábrico el cual en un primer momento estuvo “dominado” por los sublevados, permitiendo a estos la toma de las plazas de Irún y San Sebastian y el consiguiente aislamiento por tierra con Francia de las tropas republicanas del Norte. Esta situación de supremacía naval se intentó solucionar en el mes de agosto de 1936 enviando a la zona cinco submarinos, misión que fracasó a causa de la actuación desleal de sus comandantes, solo uno de ellos, el del C-5 se mantuvo íntegramente leal al gobierno republicano aunque no pudo evitar que el sabotaje de sus torpedos le impidiese hundir al acorazado España, el torpedo que lanzó  contra el acorazado no llegó a explotar, hundimiento que de haberse producido habría tenido consecuencias muy negativas para la, ya de por si menguada, flota sublevada y la moral de sus miembros. De todas formas el España, que fue salvado del desguace a causa de la guerra, acabó hundido en abril de 1937. Se encontraba bloqueando la bahía de Santander y chocó con una mina cuando huía, al ser atacado por los Gourdou-Leseurre republicanos con base en Sondika (Vizcaya), antiguos cazas reconvertidos en bombarderos ligeros con capacidad para bombardeo en picado. No se descarta que también fuese alcanzado por alguna bomba lanzada por los cazas según publica el CESEDEM (Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional) en una monografía de Juan M. Riesgo Pérez-Dueño sobre el hundimiento del acorazado:
“Uno de los mayores éxitos de la Aviación republicana fue el hundimiento del acorazado España intervinieron: seis Gourdou Leseurre, capaces para hacer bombardeo en picado pese a su velocidad de solo 280 kilómetros/hora pero pudiendo llevar una bomba de 250 kilogramos pilotados por Baquedano, De la Mata, R. Panadero, García Borrajo, Zambudio y Vabss. Según me relató Antonio García Borrajo, les dio tiempo a despegar, bombardear, volver a cargar y bombardear. Aunque alcanzaron al acorazado su blindaje le permitió resistir, pero al navegar muy forzado a toda máquina y en zig-zag, no pudo evitar el campo de minas y una mina al estallar junto a su casco, le hizo ir a pique. El propio Borrajo presenció desde el aire como la tripulación fue salvada por el destructor Velasco que se acercó para ello. Borrajo en ese momento no hizo uso de sus cuatro ametralladoras.”
La Flota Republicana

En el contexto de la guerra en el mar parece claro que Prieto decidió que la función de la Flota Republicana debía centrarse principalmente en impedir la llegada a la península de los suministros que por vía marítima recibían los sublevados procedentes de Alemania e Italia y los traslados de tropas y material de guerra desde el norte de África, operaciones estas a desarrollar en las inmediaciones occidentales del Estrecho de Gibraltar y misiones estas que debían compartirse con el desbloqueo de los puertos republicanos del Norte, en esos momentos su única vía de comunicación con el resto de la España aún republicana.

Según lo anterior en nuestra Guerra Civil las acciones bélicas en el mar no tenían como objetivo principal destruir las unidades navales enemigas, estas acciones de guerra naval quedaban dentro del objetivo principal representado por el bloqueo de sus rutas marítimas y puertos e impedir movimientos de desembarco en las costas junto con la ejecución de bombardeos de objetivos militares desde el mar.

Aparte de la defensa de sus costas y los ataques a objetivos enemigos en tierra, podríamos decir que la función de la Flota Republicana se centraba en el ataque a los convoyes enemigos y en la protección de los propios.

Una vez definidas las posiciones de mandos y  tripulaciones la Flota Republicana quedó compuesta principalmente por las siguientes unidades:

1          Acorazado
3          Cruceros
10        Destructores operativos
2          Destructores en reparación
2          Destructores en construcción
2          Submarinos Clase B
5          Submarinos Clase C
3          Submarinos en reparación
1          Cañonero
3          Torpederos
2          Guardacostas
5          Patrulleros
2          Buques de transporte
1          Petrolero
1          Buque Hospital
6          Dragaminas
4          Lanchas dragaminas
10        Pesqueros armados
4          Buques auxiliares
6          Remolcadores

Asimismo contaba con el Regimiento de Infantería de Marina nº 1 con base en Cartagena.

La Marina de Guerra Auxiliar de Euzkadi estaba compuesta por las siguientes unidades:
4        Bous armados (Buques bacaladeros requisados a PYSBE y artillados )
4        Dragaminas
6        Buques auxiliares

La Flota sublevada

En julio de 1936 los buques de guerra que apresaron los sublevados, pusieron bajo su bandera y estaban operativos eran:

Un acorazado (España)
Un cruceros (Almirante Cervera)
Un destructor (Velasco)
Tres cañoneros tipo Dato
Cinco torpederos
Cinco guardacostas

Aun sin tener en cuenta que el acorazado España era una reliquia y con parte de su artillería desmontada, la superioridad de la Flota Republicana era en ese momento abrumadora y en ese momento, en julio de 1936, se debió acabar por completo con los buques sublevados y con el Arsenal de Ferrol donde se estaban acabando de poner a punto el Baleares y el Canarias y terminando de construir dos cañoneros-minadores. Eliminación que habría supuesto que sus próximos buques de guerra y sus operaciones navales dependieran por completo de la colaboración de sus socios italianos y alemanes, debiendo para ello incumplir escandalosamente el Pacto de No Intervención. De todas formas, y a pesar del Pacto, en octubre de 1936 los italianos vendieron a los sublevados dos destructores y dos contratorpederos, aunque de poco les sirvieron ya que al tratarse de buques con más de 20 años de servicio sufrían constantes averías, hasta tal punto era su falta de capacidad operativa que el Estado Mayor de los sublevados los calificó de "chatarra". Igualmente los italianos pusieron a disposición de los sublevados cuatro submarinos en los que iba a bordo un oficial español para el caso de que fueran interceptados por las patrullas internacionales.

El Mando de la Flota Republicana

José Giral deja el cargo de ministro de Marina el 22 de agosto de 1936 y le sucede Indalecio Prieto que toma posesión del ministerio el 4 de septiembre, siendo presidente del Consejo Largo Caballero.

Cuando Prieto el cuatro de septiembre de 1936 toma posesión de su cargo de ministro de Marina y Aire el Estrecho de Gibraltar está controlado por la Flota Republicana desde el 18 de julio, los convoyes de los sublevados no pueden llegar a la península y esperan en África la oportunidad de hacerlo. Diecisiete días más tarde  Prieto hace que cambie la situación.

El Estado Mayor de la Armada en la fecha de la sublevación estaba a cargo del vicealmirante Francisco J. de Salas González, el Segundo Jefe de Estado Mayor era el contralmirante Joaquín Cervera Valderrama, ambos se unieron a la sublevación desde el primer momento, fueron arrestados y fusilados. 

Largo Caballero  aprobó un Reglamento de Reorganización de la Flota, en el que se determinaron las atribuciones y funciones tanto del "Comité Central" como de los Comités de los buques  (posteriormente eliminados por Negrín en 1937) e introdujo la figura del Comisario Político de la Flota, nombrando para el cargo, Comisario General de la Flota Republicana, al socialista Bruno Alonso Gonzalez, amigo personal de Indalecio Prieto, un socialista de honradez intachable, siempre beligerante y comprometido desde siempre contra la corrupción, las injusticias y desigualdades sociales, diputado a Cortes por el PSOE en 1931,1933 y 1936.

El reto más urgente de Alonso era lograr eliminar la lógica desconfianza que la marinería, auxiliares y suboficiales tenían sobre los mandos del Cuerpo General a causa de su más que dudosa vinculación a los ideales republicanos. Alonso debía garantizar la obediencia al mando militar, de tal manera, que la confianza de los combatientes en los jefes que los dirigían fuese absoluta y total sobre la base de que sin disciplina difícilmente se consigue combatir con posibilidades de victoria. Por otro lado era necesario que las decisiones de los mandos tuvieran para la tropa una garantía de consenso con el Gobierno, esto pasó a solucionarse estableciendo la necesidad de que todas las solicitudes al Mando, al Gobierno y las órdenes a los subordinados, fuesen firmadas conjuntamente por el Mando y por el Comisario. En julio de 1937, Alonso también asumiría el cargo de Comisario de la Base Naval de Cartagena, cargo que hubo que eliminar debido a la oposición frontal al mismo de los mandos del Cuerpo General destinados en esa Base.

Alonso fue nombrado Comisario en diciembre de 1936 por lo que no necesariamente  participó o tuvo que autorizar la decisión de enviar la Flota al Cantábrico, aunque también es cierto que en el mes septiembre ostentaba el cargo de Comisario de Guerra en la recién creada Junta de Defensa de Santander y por tanto cabe la posibilidad de que influyera a favor de dicha decisión.

De forma paralela se creó el Estado Mayor Central de las Fuerzas Navales de la República, su primer jefe fue el capitán de corbeta Luis González de Ubieta, cargo que ejercía en la fecha del envío de la Flota al Cantábrico. Como jefe de la Flota en esa fecha estaba el capitán de corbeta Miguel Buiza nombrado el uno de septiembre de 1936. Buiza estaba al mando de los buques que partieron hacia el Cantábrico.

Según lo anterior podemos suponer que la orden de Prieto a la Flota para que partiera hacia el Norte debió ser consensuada con Largo Caballero y Luis González de Ubieta y al menos conocida por Bruno Alonso, por supuesto Largo Caballero y Azaña estaban al corriente, de todas formas, con la aprobación de Ubieta y su Estado Mayor o sin ella, se llevó a cabo.

El País Vasco

Al principio de la sublevación Guipúzcoa y Vizcaya se mantienen fieles a la legalidad republicana, el levantamiento solo triunfa en Vitoria y buena parte de Álava, contrariamente puede decirse que en Vizcaya no hubo alzamiento, y en Guipúzcoa, tras un tímido intento de sublevación, ésta fue sofocada por las fuerzas del Frente Popular, contraviniendo las expectativas de Mola de contar rápidamente con la adhesión del PNV dada su vocación conservadora y su notoria vinculación con la Iglesia Católica. Al PNV no le fue fácil tomar la decisión de permanecer leales al Gobierno, este asunto se debatió intensamente hasta el último momento.

La posición del PNV junto a la República, ya de por si incierta, se ve perjudicada  a causa de los desmanes cometidos durante los tres primeros meses de la guerra contra la Iglesia y en las cárceles del País Vasco, actuaciones estas que el PNV no pudo controlar. A raíz de estos hechos sus dirigentes comienzan a realizar gestiones con Inglaterra para que apoyen un régimen autónomo independiente y consecuentemente quedar desvinculados del conflicto.

El Gobierno de la República, al conocer estas maniobras, propone al PNV reforzar las ayudas para la defensa de sus territorios, la eliminación del bloqueo marítimo de sus puertos y la rápida aprobación del Estatuto de Autonomía Vasco. Días más tarde el PNV decide unirse a la defensa de la República.

Mola esperó la decisión del PNV de adherirse a la rebelión para actuar y admitió oficialmente a las organizaciones nacionalistas vascas. El 18 de agosto finalmente y a la vista de los acontecimientos Mola toma la decisión de “disolverlas”.

La orden de Prieto

Una vez tomada la decisión por los vascos y justificándose por una posible ofensiva del ejército sublevado contra Bilbao, Prieto ordena que el grueso de la Flota se dirija al Cantábrico. Se toma la decisión de que partan de su base doce buques de guerra con destino a las aguas del Norte, el veintiuno de septiembre los barcos salen del puerto de Málaga y avistan Bilbao el día veintitrés. La decisión de Prieto es calificada por el capitán de navío Cerezo en los siguientes términos:
"Al tomar la decisión de enviar la Flota al Cantábrico, a Indalecio Prieto le ha sobrado osadía; la osadía propia de los ignorantes cuando resuelven una cuestión que desconocen"
Los destructores republicanos Gravina y Almirante Ferrandiz quedan encargados del bloqueo del Estrecho. Los sublevados no pierden el tiempo con el grueso de la flota gubernamental alejada del Mediterráneo, días después de su partida el ya operativo crucero Canarias, navegando junto con el Almirante Cervera, hunde al destructor Almirante Ferrandiz a la altura de Cabo Espartel, mientras se encontraba custodiando las aguas del Estrecho, alcanzando también al Gravina que tiene que retirarse con graves desperfectos al puerto de Casablanca. Para el Gobierno el Canarias aún no estaba operativo a causa del retraso ocasionado por el impacto de una bomba de aviación, no se temía por tanto su llegada a esas aguas, los servicios de información de la República se equivocaron, la bomba que supuestamente lo había inutilizado temporalmente no impactó en el Canarias, lo hizo en el agua, por tanto la operatividad del crucero no sufrió retrasos, un día antes de que Prieto ordenara salir a la Flota el Canarias ya navegaba en óptimas condiciones de combate bajo las ordenes del capitán de navío Bastarreche.

La hegemonía en el Estrecho acababa de perderse. Es entonces cuando Prieto ordena el inmediato regreso de la Flota al Mediterráneo, en Bilbao quedan un destructor (José Luis Diez), un torpedero y dos submarinos, pero el daño ya estaba hecho, desde aquel día los dos cruceros franquistas comenzaron a escoltar a los convoyes procedentes de África, desde aquel día los sublevados no tuvieron prácticamente ningún problema en esas aguas, ninguna dificultad para el transporte de tropas y suministros, el Gobierno nunca dio instrucciones a la Flota para “reconquistar” el Estrecho, así se perdió el control en esas aguas y posiblemente así se empezó a perder la guerra. El trece de octubre de 1936 el grueso de la Flota inicia su vuelta al Mediterráneo y se ubica en los puertos de Cartagena y Málaga… prácticamente ya no saldría nunca más del Mediterráneo. En total la Flota estuvo en aguas del Cantábrico solo veinte días, el José Luis Diez permaneció amarrado en el puerto de Santurce durante ocho meses sin prácticamente salir a navegar. 

Con la Flota en el Norte, el uno de octubre de 1936 se aprueba por las Cortes Republicanas el Estatuto de Autonomía del País Vasco y se crea la Marina de Guerra Auxiliar de Euzkadi, al mando de Joaquín de Eguía y Unzueta (Capitán de la Marina Mercante y Subinspector Local de Servicios Marinos), sus unidades son seis bacaladeros de altura requisados a los que se les dotó de cañones de 101,6 mm cedidos por el acorazado Jaime I.

Los supuestos acuerdos del gobierno con el PNV para que se mantuviese al lado de la República se cumplieron, pero el precio pagado fue descomunal.

La caída del País Vasco

Desde un punto de vista basado en la situación del País Vasco, totalmente aislado por tierra del resto de las zonas republicanas a excepción de Santander y Asturias pero también aisladas, no es descabellado pensar que su caída en manos de los rebeldes era solo cuestión de tiempo. Un tiempo que marcarían Mola y Franco. Fracasada una primera ofensiva fascista sobre Vizcaya el gobierno de la República ordena al ejército vasco que rompa el frente por Villareal. El Estado Mayor Vasco organiza 27 batallones de infantería (25.000 hombres) integrados por combatientes sin experiencia pero con el apoyo de más de 10.000 milicianos destinados en el frente. La ofensiva se inicia el treinta de noviembre. Franco decide el envío inmediato de refuerzos a los carlistas que defendían la posición. La falta de instrucción militar de los batallones vascos hace fracasar la operación y los 27 batallones vascos se retiran.

En la primera semana de la rebelión se organizan en Navarra ocho columnas, de mayoría requeté, con unidades de falangistas y del ejército regular. A principios de septiembre tres de estas columnas toman Irún cortando todas las comunicaciones del País Vasco con Francia. Las otras cinco columnas se dirigen a San Sebastian, ciudad que ocupan el trece de septiembre sin encontrar resistencia. Tras reagruparse, las tropas carlistas se dirigen a Vizcaya. El veintinueve de septiembre, tres días después de que la Flota llegase al Cantábrico, Mola inicia una ofensiva sobre el frente occidental de Guipuzcoa pero son rechazados por las milicias republicanas. Mola ordena detener la ofensiva, en ese momento el ejército sublevado tiene dominada prácticamente toda Guipuzcoa, la línea del frente se establece en la frontera con Vizcaya. Las unidades de la Flota no intervinieron en absoluto en la defensa de Guipuzcoa si bien su presencia hizo demorar los planes de Mola. Tampoco puede decirse que se temía una invasión por el sur de Vizcaya o por sus costas, la ofensiva hacia casi un mes que se estaba produciendo por Guipuzcoa. No es hasta la primavera de 1937 cuando Mola decide iniciar un ataque definitivo sobre Vizcaya. Las ocho  brigadas de requeté navarras, entre los que hay diez batallones de vascos de Álava y Guipúzcoa, muchos carlistas navarros y tropas del resto de España inician el ataque sobre Vizcaya por el suroeste con el apoyo de 140 aviones, de los que 65 son de la Legión Cóndor, y apoyo artillero entre el que hay siete baterías italianas. Guernica es bombardeada por la Legión Cóndor el veintiséis de abril. La ayuda del Gobierno de la República se limita fundamentalmente al envío de 50 unidades de aviones caza.

La Flota vasca (Marina de Guerra Auxiliar de Euskadi) estaba compuesta en exclusiva por bous artillados, no obstante su inferioridad en todos los sentidos tienen el coraje de enfrentarse al crucero Canarias, una gesta épica de los marinos vascos que se dio en llamar la Batalla de Cabo Machichaco. 

Ilustración : www.grijalvo.com

El Canarias se encontraba navegando a la altura de Bilbao a la espera para atacar y apoderarse del mercante Mar Cantábrico, procedente de Nueva York con un importante cargamento de material de guerra para la República, recibió el cuatro de marzo la orden de capturar al mercante Galdames, en ruta a Bilbao desde el puerto francés de Bayona con un cargamento de moneda, iba escoltado por el José Luis Díez  y por los Bous de la Marina de Guerra Auxiliar de Euzkadi:  Gipuzkoa, Nabarra, Bizkaia, Pantzeska, Joseba Mikel y Donostia. En la batalla uno de los bous, el Nabarra se enfrenta al Canarias y es hundido después de tres horas de combate, el mercante Galdames apresado y conducido por el Canarias hasta Pasajes. La tripulación y pasajeros del Galdames fueron condenados a prisión e incluso algunos fueron fusilados. El más significado de los fusilados fue Manuel Carrasco Formiguera, político catalán y representante de la Generalidad de Cataluña ante el Gobierno de Euzkadi.

Una batalla en la que no intervinieron ni los submarinos republicanos C-2 y C-5 ni el torpedero T-3 allí destacados. Tampoco combatió el destructor José Luis Diez, que escoltaba al mercante, su comandante el alférez de navío Carlos Moya, alegando una avería en las máquinas, huyó dirigiendo el buque al puerto de Burdeos, una vez allí procedió a sabotear las turbinas del destructor para después desertar junto con varios oficiales del buque.

Este comportamiento de los mandos de las unidades navales republicanas destacadas en Vizcaya fue inmediatamente denunciado por el lendakari Aguirre por medio del envío de varios telegramas dirigidos al Gobierno: En el último enviado dice:
“Necesidad imprescindible urgentísimo venga escuadra a romper bloqueo proteger armamentos, víveres. Último caso, envíen cuatro destructores, tres submarinos, obligándose Gobierno vasco poner tripulación dispuesta enfrentarse enemigo”
Telegrama que se emite cinco meses después de que Prieto, una vez que había conseguido la adhesión de los vascos a la República y forzado por la situación en el Estrecho, ordenase la retirada de los buques inútilmente enviados en septiembre.

José Antonio Aguirre
El ocho de mayo de 1937 el lehendakari Aguirre, y a pesar de que Largo Caballero ostenta oficialmente desde octubre de 1936 la jefatura de todas las fuerzas armadas, toma el mando de todas las operaciones militares vascas. Ordena movilizar a todos los hombres que puedan empuñar armas o hacer trabajos de fortificación, llegando a disponer de 70.000 soldados, pero no dispone de armas para todos, también se incorporan varios batallones de santanderinos y asturianos.

A primeros de junio, la República intenta retomar el control de la guerra en Vizcaya y envía a Bilbao a Mariano Gamir Ulibarri, militar profesional, vasco y no identificado con ningún partido político, recomendando a Aguirre que le ceda el mando militar. Aguirre acepta,  Gamir dispone de unos 40.000 hombres para continuar la guerra. El once de junio los sublevados dan comienzo al asalto del inacabado Cinturón de Hierro de Bilbao que es sobrepasado al cabo de 36 horas. El dieciocho de junio cae Bilbao, todo el País Vasco queda en manos franquistas y con el todos sus puertos y sus magnificas zonas industriales y mineras.

Avance de los sublevados en el Frente del Norte (1937)
Durante el año que duró la resistencia en el País Vasco la Flota estuvo prácticamente ausente a excepción de los veinte días que permaneció en el norte en septiembre de 1936. El destructor José Luis Diez quedó atracado en Santurce sin hacer nada hasta que en mayo de 1937, con la ofensiva franquista ya avanzada, la policía y la Marina de Guerra Auxiliar de Euzkadi se apoderan de él y del Ciscar, desalojando a sus dotaciones. A petición del mando republicano los días siguientes embarcan en ellos más de 200 marineros de la Marina de Guerra Auxiliar de Euzkadi para sustituir a parte de sus antiguas tripulaciones, en las que no se confiaba. El quince de junio de 1937, los destructores Císcar y José Luis Díez abandonan Bilbao hacia Francia cargados de refugiados y con varias personalidades civiles y grupos de militares que aprovechan el viaje para desertar poco antes de que los sublevados entren en Bilbao.

Juan de Ajuriaguerra
Como ya se ha dicho, en junio de 1937 las tropas sublevadas toman Bilbao y todo el País Vasco queda en manos de los insurrectos. Los batallones vascos de Santoña y Laredo reciben instrucciones del Gobierno de la República de retirarse hacia Asturias, órdenes que no solo no se cumplen sino que dichos batallones se sublevan contra la República y toman Santoña y Laredo procediendo a la liberación de más de 2.500 presos políticos. El comandante local vasco proclama la República de Euzkadi y ordena a dos de sus oficiales que crucen el frente y se entrevisten con las fuerzas italianas para negociar una rendición, el resultado es el conocido como Pacto de Santoña. Juan de Ajuriaguerra, presidente del Bizkai Buru Batzar, había estado negociando durante varios meses un acuerdo de rendición con la mediación del Vaticano; el Gobierno de la República y el lendakari vasco tuvieron conocimiento de estas negociaciones de rendición aunque ni el PNV ni el Gobierno Vasco no conocieron sus términos hasta terminada la guerra.

Pacto de Santoña

Se llegó a un acuerdo a espaldas del Gobierno de la República, en Valencia en esos momentos, por el que el Ejército Vasco se rendiría, entregando sus armas a los italianos, a cambio de que respetasen la vida de sus soldados y fueran considerados prisioneros de guerra bajo la soberanía italiana, permitiendo evacuar por mar a los dirigentes políticos, funcionarios vascos y a los oficiales que lo deseasen. En aquel momento los vascos aceptaron la rendición sin ulteriores condiciones, aunque trataron inútilmente de conseguir unas mayores garantías del coronel Farina, jefe del Estado Mayor de las fuerzas italianas. Así las cosas los italianos entraron en Santoña tomando posesión del control civil y militar. El 26 de agosto habían entrado al puerto santoñés los buques mercantes ingleses Bobie y Seven Seas Spray procedentes de Bayona bajo la protección del destructor inglés Keith. Comienza de inmediato el embarque de refugiados con pasaporte vasco. A las 10 de la mañana enterado el general Dávila ordena la inmediata suspensión de la operación y el desembarque de los refugiados. Únicamente el mercante Bobie pudo con anterioridad a la orden de Dávila abandonar el puerto con 533 heridos a bordo escoltado por el Keith.

El pacto no se llevó a cabo, en parte debido al  excesivo retraso en la llegada de los buques de evacuación, retraso que permitió que el Cuartel General de Franco al conocer la situación ordenase  inmediatamente la anulación de lo pactado y el internamiento en la prisión de El Dueso de los republicanos que pretendían exiliarse. En noviembre, la represión franquista se pone en marcha, más de 5.000 combatientes vascos fueron internados en campos de trabajo, un número similar fueron enviados definitivamente a prisión y más de 500 fueron condenados a muerte. 

El denominado Pacto de Santoña   fue "ocultado" durante años, por un lado el Gobierno de la República no quería poner de manifiesto la traición de una parte de su ejército, por otro los nacionalistas vascos renegaban de haber mantenido contactos con el enemigo encaminados a abandonar la República, y finalmente los sublevados querían evitar la humillación que suponía reconocer que sus aliados extranjeros tomaban decisiones sin consultarles y más aún acompañadas con la firma de importantes acuerdos con el enemigo. 

Inmediatamente, Franco abolió los fueros de Vizcaya y Guipúzcoa a causa de su condición de “provincias traidoras” por no haberse sumado a la sublevación militar. Álava y Navarra en cierto modo conservaron parte de sus privilegios fiscales y de orden público. El Estatuto vasco aprobado por el Gobierno de la República  en octubre de 1936 pasó a ser historia.

La teoría

Sin duda la decisión de trasladar el grueso de la Flota al Norte fue una decisión equivocada. La decisión de partir al Cantábrico debería haber estado justificada de forma proporcional al riesgo que se corría desguarneciendo el Mediterráneo y las aguas occidentales del Estrecho y no lo estaba. Una decisión cuyos verdaderos motivos y justificación siguen, al menos para mí, sin conocerse con amplitud y claridad. A mi modo de ver el Gobierno cometió otro error al no ordenar días después de la sublevación la destrucción de la exigua flota enemiga y los arsenales de Ferrol, quizás el error fue fruto de la idea de que el levantamiento no triunfaría.

Solo hacia dos meses que la guerra había comenzado, como se ha dicho anteriormente no fue fácil para el Gobierno conseguir que el PNV se mantuviera al lado de la República. Podemos atrevernos a pensar que la guerra pudo significar en cierto modo una posibilidad para que el País Vasco consiguiese algo más que el Estatuto por el que venía luchando democráticamente desde 1931. Hasta el 18 de agosto no decide su posición. Posteriormente y a finales de septiembre los sucesos que tuvieron lugar en los buques prisión Altuna-Mendi y Cabo-Quilates fondeados en Bilbao influyen negativamente en la moral nacionalista vasca. En dichos barcos permanecían presos aquellos que antes lo estaban en los penales de San Sebastian, evacuados antes de la ocupación franquista de la provincia. El 25 de septiembre Bilbao es bombardeado intensamente. Grupos incontrolados acuden en gabarras a los barcos prisión en la noche del 26 al 27, ayudados por los guardianes proceden a dar muerte a parte de los prisioneros en venganza por el bombardeo. Se calcula que en el Cabo-Quilates fueron 41 las victimas  y 29 en el Altuna-Mendi, pero son solo estimaciones. Tras estos sucesos los dirigentes del PNV vuelven a reconsiderar su postura en el conflicto hasta el punto de entablar conversaciones con la diplomacia británica para “independizarse del mismo" y al mismo tiempo de España.

Puede comprobarse que la Flota Republicana prácticamente no tuvo participación en la defensa del País Vasco, solo cuando la posición de los vascos con respecto al levantamiento militar no estaba definida maniobró el Gobierno para que se decantasen por la República, ofreciendo a cambio el envío del grueso de la Flota y la aprobación inmediata del Estatuto Vasco. La invasión de Vizcaya se inicia ocho meses después de la fecha en que Prieto envió la Escuadra al Norte, la justificación que Prieto esgrimió carecía de razones de peso si nos atenemos al desarrollo y cronología de las operaciones militares llevadas a cabo para la conquista de Vizcaya. Si la idea de Mola era atacar también por la costa bien podría haberlo hecho una vez que la Flota se retiró en octubre de 1936, veinte días después de su llegada.

También, y a  la vista de los acontecimientos, no es descabellado pensar que el gobierno “abandonó” en cierta forma al País Vasco una vez que consiguió que se implicase en la defensa de la República y tras hacer una demostración de poder y colaboración extrema enviado la Flota al Cantábrico y aprobando de un plumazo el Estatuto vasco. Es posible que dada la situación de aislamiento en que se encontraba el País Vasco se diese por perdido de antemano, o considerado de muy difícil defensa. Si repasamos lo acontecido en el Frente del Norte poco o nada estuvo supeditado a la intervención de Prieto, los sublevados tenían su principal baza en la ofensiva por tierra y los bombardeos aéreos, la excusa de Prieto basada en una operación por el mar carecía, como ya he dicho, de fundamentos de peso y en cualquier caso el envió de tantas unidades no era necesario. Tampoco se aprovechó la estancia de la Flota en el Cantábrico, con todos los buques sublevados que operaban en esa zona escondidos en Ferrol, para enviar convoyes de tropas y armamento para resistir el ataque por  tierra, operaciones que habrían sido las normales una vez que la Flota estaba en aguas del Norte.

Es defendible aceptar que el PNV intentó obtener beneficios por su participación en la guerra al lado del Gobierno de España. No es por tanto ningún despropósito suponer que el envío al Cantábrico del grueso de la Flota respondiese exclusivamente a una maniobra política en la que no intervinieron ni fueron consultados o escuchados sus mandos. Es lícito suponer, insisto, que el PNV puso condiciones extremas a su lealtad al gobierno.

Está demostrado que el nacionalismo vasco negociaba con los sublevados y con el Vaticano para lograr una salida de la guerra, abandonando así la defensa de la República Española. Prieto y el resto del Gobierno lo sabían y no actuaron contundentemente para evitarlo. Está igualmente claro que la postura del PNV ante la sublevación estuvo sembrada de dudas desde el primer momento.

Prieto, un político nato, impetuoso y con ciertas dosis de vehemencia y Largo Caballero, antepusieron la adhesión del PNV al interés estratégico del Estrecho. Azaña lo consintió. Esta creo que fue la primera equivocación, la segunda fue no acabar con la flota enemiga en julio, una flota que nada más tener conocimiento de la partida hacia el norte de la flota gubernamental envió dos cruceros al Estrecho, el Canarias y el Almirante Cervera.

Una maniobra, la de Prieto, descabellada e inútil. Doce buques de guerra (un acorazado, dos cruceros, seis destructores y tres submarinos), en perfecto estado operativo se utilizaron como moneda provisional de cambio sin valorar detenidamente las consecuencias que el abandono del Estrecho podía llegar a suponer y aún más descabellada, si cabe, si tenemos en cuenta que la ofensiva sobre el País Vasco se estaba llevando a cabo desde el interior, ahí estaba el frente, y que el avance definitivo sobre Vizcaya estaba lejos de iniciarse.

Según Michael Alpert :
"No se puede minimizar la importancia del control nacional sobre el Estrecho de Gibraltar. Los nacionales dominaban una posición central, controlando una ruta marítima estrecha, y dominaban también el hinterland donde se encontraban las bases de apoyo. Al dominar el Estrecho se abrió la posibilidad, de gran significación para los meses venideros, de establecer una base avanzada en Palma de Mallorca, cuyo abandono por las fuerzas expedicionarias de la República llegaría a adquirir ahora una significación evidente".
Tampoco se aprovechó la permanencia de la Flota en aguas del Norte, salvo el desbloqueo provisional de las aguas y la entrega de un pequeño suministro de material, munición y víveres. No recibieron ninguna orden para conseguir el dominio de las comunicaciones marítimas enemigas, ni se interrumpió la llegada constante de material desde Alemania que estando los buques republicanos en el Norte tenía la ruta a Sevilla más o menos libre. 

En el capitulo III de la Historia de la Armada Española, editado por el Ministerio de Defensa, titulado “Las acciones Navales de la Guerra Civil  Española” se reconoce la importancia del dominio del Estrecho y la importancia del papel de los buques :
“…El dominio del Estrecho, primero republicano y más tarde nacional, la campaña del Cantábrico totalmente favorable para la Armada nacional y la guerra en el Mediterráneo, ya en la última fase de la contienda, dieron la victoria final a quienes mejor supieron utilizar la herramienta naval que poseían. La decisión de Indalecio Prieto fue la peor de toda la guerra civil".
En la Guerra Civil, con la sola excepción del "desembarco" en la península de las tropas de África y el desbloqueo del Estrecho las escasas operaciones navales que se realizaron no fueron decisivas, la guerra se libraba en tierra firme donde la artillería, carros blindados, la infantería y los bombardeos aéreos fueron los protagonistas destacados y en estos medios de combate el ejercito sublevado tenía una superioridad abrumadora, mejor preparación y una importante ayuda de Alemania e Italia, no así en cuanto a la marina de guerra en la que la superioridad correspondía a la República, una superioridad que no se supo rentabilizar, más bien me atrevería a decir que su potencial se desperdició. Muchos somos los que coincidimos en que en los días inmediatos a la sublevación, solo con el acorazado Jaime I protegido por una flotilla de destructores y bien posicionado en el Estrecho ningún barco sublevado habría llegado a la península, máxime si tenemos en cuenta que los sublevados todavía no disponían de submarinos.

Nunca sabremos que hubiera sucedido si la Flota no hubiese perdido la hegemonía en las aguas del Estrecho o la hubiese recuperado de forma inmediata, lo que es seguro es que las tropas sublevadas que esperaban en África el traslado a la península hubieran tenido que permanecer allí indefinidamente haciendo fracasar el avance que comandaba Franco, una operación que solo la Flota podía realizar y que no  hizo. A mayor hipótesis, y dejando a un lado Ferrol por tratarse de un puerto excelentemente defendido gracias a su artillería de costa y su situación, no resulta descabellado pensar en la posibilidad de que una vez dominado el Estrecho, con su intervención desde el mar se hubiese recuperado Cádiz, su Base Naval y sus astilleros solo defendida por su exigua artillería de costa (un cañón de 30.5 en Torregorda y la batería Munai-Arguelles en el puerto). En la misma tesitura nos encontramos ante la recuperación de la abandonada isla de Mallorca. El intento de recuperarla llevado a cabo por la Generalitat de Cataluña, dirigido por el capitán Alberto Bayo estaba condenado al fracaso antes de que las tropas embarcasen. Sin duda con la isla de Mallorca bajo bandera republicana se habría conseguido también la plena operatividad de la Base Naval de Mahón, infrautilizada durante toda la contienda, prácticamente cumpliendo un papel  testimonial y bloqueada por mar a causa de la ocupación de Mallorca por los sublevados y la ilegal ayuda de los submarinos y aviones italianos. Una vez que Cádiz y Mallorca estuviesen bajo bandera republicana lo estaría todo el Mediterráneo, desde Cádiz hasta Portbou, y los suministros para la República procedentes de Rusia habrían seguido llegando sin problemas, no así la ayuda alemana que solo podría llegar por los puertos gallegos, tráfico que habría sido mucho mas fácil de detectar por los buques de guerra franceses destinados a las patrullas de control en esa zona por el Comité de No Intervención. y les obligaría a utilizar con más intensidad los colaboracionistas puertos portugueses según venían haciendo desde el comienzo de la guerra por estar sus aguas libres de vigilancia internacional a pesar de que España había denunciado esta situación en numerosas ocasiones ante el Comité de No Intervención en Londres. Esta situación en el Mediterráneo convertiría a Ferrol y temporalmente a los puertos portugueses en los únicos posibles puntos de entrega de la ayuda alemana. En el mes de octubre de 1936 según declaración del primer lord del Almirantazgo, las unidades navales extranjeras que estaban en esa fecha en aguas territoriales españolas, eran las siguientes:

Alemanes: dos cruceros y seis destructores. 
Italianos: un crucero, dos destructores y un guiaflotillas. 
Ingleses: un acorazado, un crucero, un buque depósito y siete destructores. Además, un crucero y tres destructores en las inmediaciones de Gibraltar y Tánger. Otros tres destructores estaban en San Juan de Luz y otro, con refugiados estaba rumbo a Marsella.

Mapa que muestra las zonas de control de los cuatro países del Comité de No Intervención (rojo: Gran Bretaña; azul: Francia; verde: Italia; gris: Alemania).
Según estas declaraciones el almirantazgo ingles no hacia referencia, aunque era plenamente consciente de ello, a los submarinos  italianos que constantemente se adentraban en aguas territoriales españolas al objeto de atacar buques gubernamentales incumpliendo reiteradamente el Pacto de No Intervención. En otro orden de cosas y echando cuentas podemos comprobar que según las declaraciones de Almirantazgo británico casi había en nuestras aguas más buques de guerra extranjeros que españoles y a pesar de ello los italianos y alemanes operaban sin mayores problemas.

Con el Mediterráneo bajo dominio marítimo republicano, las Islas Canarias y las provincias africanas quedarían completamente bloqueadas y su recuperación sería cuestión de tiempo. Mientras tanto Ferrol se habría convertido en la única Base Naval en poder de los sublevados, en el único punto de reparación y abastecimiento para sus buques, obligándolos a una peligrosa concentración de las unidades y a tener que realizar largos recorridos por la costa atlántica para acceder a las costas mediterráneas más próximas, utilizando cifras aproximadas más de 650 millas náuticas entre Ferrol y el Estrecho que tardarían en recorrerse por los cruceros, aproximadamente, 20 horas navegando a toda máquina (33 nudos) y con mar favorable, teniendo en cuenta que a esta velocidad disponían de una autonomía de 1.235 millas náuticas supondría llegar a Cádiz  con el 50% del combustible agotado, lo justo para regresar a Ferrol. A velocidad normal de crucero, entre 20 y 25 nudos, la autonomía se eleva a 4.000 millas náuticas pero la travesía duraría más de 29 horas. En ambos casos sus maniobras serían completamente previsibles y habría que descartar su permanencia durante más de uno o dos días en el sur a causa de la imposibilidad de repostar, tanto combustible como munición.

A modo de resumen, en el tema del Estrecho, Prieto y el Gobierno o el Gobierno y Prieto actuaron bajo unas presiones que no supieron administrar, cediendo a las pretensiones crónicas del PNV, y lo hicieron, como se suele decir, “sin reparar en gastos”. En lo que se refiere a la no utilización efectiva de la Flota también se equivocaron rotundamente.

El gobierno republicano, sus políticos, se empeñó en plantear una "guerra naval" en cierto modo "defensiva", prácticamente exenta de iniciativas en el terreno ofensivo. El Estado Mayor de la Flota estaba subordinado a las decisiones del Gobierno y este a su vez estaba condicionado por los intereses o planteamientos de los partidos que lo integraban. Por el contrario todas las acciones del bando sublevado estaban totalmente huérfanas de planteamientos políticos, solo contaba la estrategia militar. En definitiva la República combatía en una guerra contra ejércitos dirigidos exclusivamente por militares que casi siempre tuvieron la iniciativa y para los que la única política era la victoria militar. Ante un planteamiento como este y sin la ayuda internacional a la República la victoria de los sublevados estaba prácticamente asegurada y desgraciadamente así sucedió.

Las unidades de la Flota cumplieron la misión encomendada por el Gobierno desplazándose al Norte, cuando veinte días después se les ordenó regresaron precipitadamente y vieron como su potencial de combate había sido desaprovechado, lo vieron en ese momento y lamentablemente lo siguieron viendo durante toda la guerra. El Almirante Ferrandiz, con solo siete años de servicio y hundido a placer por el Canarias, quedó para siempre bajo las aguas de las inmediaciones del Cabo Espartel, pasando a ser el primer buque de guerra republicano abatido por los sublevados en un desigual combate naval.

Lo que los mandos de la Flota pensaban sobre la orden de Prieto, lo que expusieron, sus propias opiniones ante el Estado Mayor, o ante los ministros de Guerra y Marina, las opiniones por parte de los responsables de los buques, no lo conocemos aún. Si sabemos que el jefe de la Flota Republicana, el capitán de corbeta Miguel Buiza, indignado por lo sucedido al Almirante Ferrandiz y al Gravina elevó una protesta al ministro de Marina y Aire denunciando la falta de información aérea que tenían los barcos sobre los movimientos de los buques enemigos,…

Miguel Buiza
"información pedida con insistencia y prometida sin resultado, que hubiera evitado el sacrificio estéril de la dotación heroica del destructor Almirante Ferrándiz”. 

Prieto, también primer responsable de la aviación, le contestó escurriendo el bulto y defendiendo a las fuerzas aéreas manifestando que:
"….con una escasez de medios que la coloca en terrible inferioridad viene dando pruebas de maravilloso espíritu de sacrificio” 
Lógica contestación si viene de un político. Podemos pensar que Prieto dejó “solos” al Ferrandiz y al Gravina de forma gratuita, provocando otro “daño colateral” a cuenta de su solución política al tema vasco.

Es cierto que en el seno de la Flota había ausencia de mandos, antes de la sublevación el Cuerpo General de la Armada contaba con más de 600 Jefes y Oficiales,  de ellos parte de los que en 1936 se sumaron a la sublevación y de los que se negaron a ella fueron apresados o ejecutados por uno y otro bando. Finalmente el número de Jefes y Oficiales del Cuerpo General con los que pudo contar la Flota Republicana era del orden de 56, de los que un buen número eran quintacolumnistas, colaboracionistas con los sublevados, algunos de los que habían participado en la sublevación fueron sacados de las cárceles para comandar los buques republicanos, otro error del Gobierno. En algunos casos los nombramientos fueron totalmente incompresibles y arriesgadísimos, tal y como fue que se designase al teniente de navío Eduardo Armada Sabau como comandante del crucero Libertad, buque insignia de la Flota y sede de su Estado Mayor. Al final de la guerra Armada Sabau siguió carrera con Franco en agradecimiento a su valiosa colaboración durante su destino en el Libertad.

También es cierto que aunque los sublevados disponían de mandos suficientes, tenían una importante carencia de suboficiales y cabos de marinería como consecuencia de haber fusilado a todos los que se opusieron a la sublevación, que fueron la mayoría. Así, si la República tuvo la necesidad de poner en funcionamiento la Escuela Naval Popular para la formación de oficiales, los sublevados tuvieron que crear sobre la marcha una Escuela de Marinería y Artillería de donde salían marineros con la categoría de Cabo Provisional.

Todo lo anterior es cierto, como también lo es el nulo rendimiento de la escuadra sublevada a pesar de su esplendida dotación de mandos del Cuerpo General. La derrota sufrida por los sublevados en la batalla de Cabo de Palos en la que unos marinos que ellos calificaban despectivamente como "marinos de dudosa capacidad a las órdenes de cabos comunistas" hundieron en combate al crucero Baleares es uno de los muchos ejemplos, otro que aún deja más en evidencia la falta de capacidad de los marinos sublevados fue la hazaña del destructor José Luis Diez cuando procedente del puerto de El Havre con destino a la Base de Cartagena navegando a las ordenes del alférez de navío Juan Castro cruzó en solitario el Estrecho de Gibraltar sin que los cruceros sublevados Canarias, Almirante Cervera y Navarra, los destructores Ceuta, Melilla y Huesca y el cañonero Júpiter que lo estaban esperando, avisados por el espionaje alemán, consiguieran impedir que lo atravesara, siete buques sublevados repletos de capitanes y tenientes de navío que solo consiguieron impactar una vez en el José Luis Diez y que no pudieron impedir que éste se refugiara en Gibraltar a pesar de resultar averiado en el combate. Una incapacidad de los mandos y de su Estado Mayor que en el mar no podía ser compensada con mayores efectivos, tal y como lo fue la de Franco en el arte militar, a años luz de la capacidad estratégica del general republicano Vicente Rojo. Una incapacidad militar la de Franco que no solo ha sido silenciada por los historiadores militares, sino que ha sido motivo de continuas alabanzas presentándonos al dictador como un excelente estratega militar, una mentira más del franquismo finalmente desmontada en el año 2000 por Carlos Blanco Escolá en su libro "La incompetencia militar de Franco".

Una vez más quedaba en evidencia la incapacidad de los mandos de la marina sublevada, unos mandos a los que el teniente coronel de maquinas de la República Benito Sacaluga Rodríguez en un artículo publicado en La Armada y saliendo en defensa de las descalificaciones constantes de los marinos sublevados hacia los marinos republicanos, los califica de:
"...mandos formados en aquella Escuela Superior de Guerra Naval situada en el centro del enfurecido océano de El Prado madrileño...cuya nula competencia y falta de pericia han puesto de manifiesto en cuantas ocasiones se les han presentando...."
En relación a los muy numerosos infiltrados en la Flota Republicana, recojo dos fragmentos del libro de Victoria Fernández Díaz "El Exilio de los Marinos Republicanos":
"...Al menos cinco oficiales de la Armada con mando en la Flota Republicana figuran en la "Relación enumerativa de miembros de la quinta columna", relación hecha con los que solicitaron su condición una vez acabada la guerra. Quiere esto decir que no es completa puesto que no figuran los que no lo solicitaron expresamente. Estos cinco oficiales son Eduardo Armada, teniente de navío comandante en el Libertad y en el destructor Jorge Juan que lleva hasta Bizerta,; José Luis Barbastro Jiménez, teniente de navío, comandante en los destructores Almirante Ferrándiz y Gravina y en el crucero Méndez Núñez que lleva hasta Bizerta; José Ruiz de Ahumada, teniente de navío, comandante en el Torpedero nº3, secretario de la Base Naval Principal de Cartagena y comandante en el destructor Gravina que lleva hasta Bizerta; José María de la Puerta Yañez-Barnuevo, teniente de navío, agregado a la Jefatura de la Flotilla de Destructores y profesor de Tiro Torpedo en la Escuela Naval, que quedó en Cartagena; Federico Vidal de Cubas, alférez de navío, comandante en los destructores Alsedo y Lepanto, destituido el tres de marzo de 1939..." 
"...Un caso particular lo constituye  Luis Abárzuza, comandante del destructor Jorge Juan y al servicio, según él mismo cuenta en Bizerta, de los sublevados. Era de la escala de tierra, es decir poco conocido en los barcos. Pero ante la carencia de oficiales pronto se le dio el mando de un buque. Con la Flota internada y a punto de llegar los franquistas para recogerla se sincera con sus compañeros durante los días que pasa en Bizerta. Les cuenta que se había labrado fama de "frecuentar casas de rameras" para justificar sus ausencias del barco y así informar a Burgos de la situación en Cartagena por medio de un rudimentario aparato de radio. En la reunión que mantuvieron algunos oficiales con Salvador Moreno cuando llegó a Bizerta, desveló su condición de espía al servicio de Burgos y regreso a España como invitado del almirante franquista".
Escasez de mandos y oficiales que no pudo paliarse con la creación de la Escuela Naval Popular en octubre de 1937 de la que salieron entre 50 y 60 nuevos oficiales, pero con una escasa preparación derivada del corto periodo de estudios, (seis meses).

Es cierto que la liberación de las prisiones republicanas de marinos inicialmente sublevados para su incorporación a la Flota fue un gran error y la causa de un extremo colaboracionismo con el enemigo junto con un gran número de sabotajes de todo tipo, pero Prieto lo defendió a capa y espada, ya en las comunicaciones de baja en la Armada que se enviaron a los marinos partidarios de la sublevación se incluía una coletilla en la que se decía:
"...quienes de entre los depuestos, pudieran acreditar en su día que han permanecido invariablemente fieles al régimen, serán repuestos en sus respectivos empleos con los honores y preeminencias correspondientes, debiendo hacerse la reposición por decreto, previo acuerdo del consejo de ministros"
Curiosa coletilla teniendo en cuenta que va dirigida a marinos que habían participado en la sublevación o eran claramente partidarios de la misma. Poco tardaron los depuestos, muchos de ellos en prisión, en ponerse a disposición de Prieto.

Es cierto que en los momentos iniciales la Flota padecía una desorganización notable, situación que se mantiene hasta que en septiembre de 1936 se procede a su reorganización y se crea la figura del Comisario General de la Flota Republicana para coordinar y dirigir a los Comités de los buques, pero también es cierto que desde el gobierno no se quiso, o no se supo, aprovechar su potencial para ganar la guerra. La escuadra gubernamental, incomprensiblemente, nunca recibió orden alguna para intentar bloquear nuevamente el Estrecho a pesar de que su potencial de combate lo permitía y de que dicho bloqueo era fundamental para conseguir acabar en un principio con los convoyes franquistas desde África y a continuación con los aprovisionamientos que los sublevados recibían de Alemania a través de los puertos de Cádiz y Algeciras,

Es cierto que los sublevados ya contaban con la potencia artillera del Canarias, su eficacia gracias a los modernos instrumentos de control de tiro alemanes que incorporaba y su velocidad punta de 33 nudos (similar a la de los destructores) hacían del crucero un buque temible, difícil de abatir en superficie, pero es igualmente cierto que era perfectamente vulnerable, sobre todo a los ataques submarinos. Prueba de ellos es que al Canarias se unía el Baleares, de similares características en cuanto a artillería y velocidad y no obstante fue hundido por la Flota Republicana en la Batalla de Cabo de Palos por los torpedos lanzados desde el destructor Lepanto, un buque con la mitad de eslora que el Baleares y menos de la cuarta parte de potencia artillera.

Teniendo en cuenta todo lo anteriormente expresado sobre la Flota, lo positivo y lo negativo, desde mi punto de vista insisto en que la Flota Republicana era perfectamente capaz de acabar con la sublevada, de imponer su dominio en el mar, otra cosa es que ni siquiera se intentase. Prieto y Largo Caballero sabrán porqué.

Una Flota que finalmente y ante la sublevación casadista en Cartagena recibe ordenes de partir de la Base con rumbo incierto, hacia el norte de África, con destino a un exilio al principio doloroso y finalmente infernal. Al mando de la Flota estaba el almirante republicano Buiza. Un viaje en el que a medio camino Buiza recibió ordenes de Negrín de volver a Cartagena:
"Ministro de Defensa Nacional a jefe Flota: Dominada situación creada en Cartagena dispongan que Flota se reintegre a su base" 
Ordenes que no pudo llegar a cumplir ante la oposición de los mandos de los buques partidarios de la traición-rendición de Casado. El segundo viaje de Buiza al desastre junto con el que tuvo que emprender a la fuerza para llevar sus buques al Cantábrico en 1936. 

Una Flota Republicana cuyas unidades navales ponen los sublevados bajo su bandera rebelde en el puerto de Bizerta (Túnez), tachando gratuitamente de cobardes a sus mandos y tripulaciones sin tener en cuenta que la entrega se produce con la guerra ya terminada. El cuatro de abril de 1939 el diario Cartagena Nueva publica esta nota:
"La Nueva Flota Nacional.- Bizerta.- Ha zarpado de este puerto con rumbo a España, la totalidad de los buques que integraban la flota roja, y que como se sabe entregó cobardemente en este puerto. Todos los buques son tripulados por marinos de la España Nacional, los cuales, durante su estancia en este han recibido constantes muestras de simpatía".
Los que esto proclamaban públicamente, los que privaban del honor a los marinos vencidos desoían, quizás por desconocimiento, que la victoria en el combate puede que de la gloria, pero no necesariamente el honor a los hombres, el honor nace del comportamiento en el combate y, como no, de la causa por la que se combate y así es sea cual sea el resultado de la batalla.

Entiendo que es oportuno recordar aquel pasaje histórico, cuando el abatido virrey del Perú José de la Serna, herido, ensangrentado, pálido y jadeante expresase “¡Gloria  al vencedor!”, obteniendo como respuesta “Honor al vencido” célebre y noble frase del mariscal Sucre. 

Una guerra en la que vencidos fuimos todos, hasta los que nacimos tras ella y tardamos demasiados años en estrenar libertades y en la que a causa de ella los militares vencedores ya habían perdido el honor en el mismo instante en que decidieron levantarse en armas contra su propio país, ¿cabe más deshonor en un militar?

Un excelente botín de guerra fueron los barcos que los sublevados recogieron en Bizerta... acompañado de la “depuración” de aquellos marinos que permanecieron fieles a la República y que engañados por los fascistas finalmente decidieron volver a la península y de la de aquellos que equivocadamente permanecieron en Cartagena con la vana ilusión de una justicia militar que nunca existió, para inmediatamente convertirse en las primeras victimas de la represión franquista en Cartagena una vez acabada la guerra, una cobarde y feroz represión que se prolongó en toda España durante seis años en su más alto grado y que siguió activa hasta pasados otros treinta. Dos días después de su victoria, el tres de abril, Franco anunciaba la brutal represión a través de los micrófonos de Radio Nacional liquidando definitivamente cualquier esperanza de paz y reconciliación:
" ! Españoles, alerta! España sigue en guerra contra todo enemigo del interior o del exterior, perpetuamente fiel a sus caídos." 
...y los enemigos de España según Franco eran todos aquellos que no pensaban como él y también los que pensando como él pudieran representar un peligro para su "caudillaje".

El escritor y periodista Rafael Torres en su libro "Los Esclavos de Franco" nos relata:
Eduardo de Guzmán, director del diario Castilla Libre hasta el 28 de marzo de 1939 en que entran en Madrid las primeras tropas de Franco, y luego detenido, torturado, condenado a la última pena, indultado más tarde y, tras muchos años de cárcel, represaliado e impedido de ejercer su profesión (tuvo que ganarse la vida con el seudónimo de Edward Goodman, escribiendo novelas del Oeste), reflexionó dolorosa y acertadamente sobre esa subversión histórica de Franco: 
"España en poco más de un siglo, entre 1833 que empieza la primera y 1936 que se inicia la última, ha padecido cuatro guerras civiles con una duración total de 18 años e incontables dolores, lagrimas y muertos. Estas cuatro guerras civiles han sido preparadas, iniciadas y sostenidas por las capas más reaccionarias de la sociedad española, que cuando no han detentado el poder han procurado recuperarlo como sea y a costa de lo que sea. De las cuatro contiendas, los elementos liberales puestos a la defensiva alcanzaron la victoria en tres, las terminadas en 1840,1848 y 1878. En los tres casos la pelea terminó cuando callaron las armas y en ninguno de los casos hubo persecuciones, castigos implacables ni represiones. Los militares carlistas derrotados fueron admitidos en los ejércitos liberales y ninguno padeció cárcel ni torturas. Un general carlista, Urbistondo, es ministro de la Guerra con Isabel II, y el más siniestro de los caudillos del pretendiente, el general Cabrera, consigue que Alfonso XII le reconozca todos sus grados y títulos, incluso que le pague los atrasos de los muchos años que no ha podido cobrar por estar en la ilegalidad. En cambio, la decoración varía al final de la última contienda, la única ganada por la extrema derecha española"
El tema expuesto, como ya dije anteriormente, según mi opinión solo podrá ser debidamente aclarado cuando sean accesibles los archivos que los gobiernos español y extranjeros tienen secuestrados, hasta entonces casi todo es para mí solo una teoría o, si se quiere, una vehemente especulación. Es fundamental conocer la documentación generada desde días antes a que se tomara la decisión de trasladar la Flota hasta que ésta llega a Bilbao, sin duda esta documentación recogerá los motivos aducidos, las opiniones de los verdaderos responsables de la Flota, sus reacciones ante la orden de partir, si fueron o no consultados o si por el contrario tuvieron que acatar sin rechistar las ordenes aún sabiendo que abandonar el Mediterráneo era un riesgo que no se podía correr. De la misma forma la documentación del PNV es imprescindible para conocer el contexto y el alcance de sus negociaciones con el Gobierno republicano en esas fechas, sus intenciones y su valoración sobre la decisión de Prieto desde que se toma y hasta los momentos inmediatos y posteriores a su orden relativa al regreso de los buques a sus bases de partida.

Demasiados errores los cometidos por Indalecio Prieto desde su cartera ministerial, el más importante fue sin duda desguarnecer el Estrecho, otro desaprovechar la Flota y otro de no menos importancia lo cometió al incorporar en la Flota a mandos de tendencias claramente anti-republicanas, en prisión por su adhesión al levantamiento de julio de 1936:
"...se inicia en la Marina una política tendente a reponer en sus puestos a cuantos habían tomado parte en la sublevación fascista, con el pretexto de la falta de técnicos...  "
Incluso al Estado Mayor de la Flota incorporó Prieto a marinos sublevados tales como Vicente Agulló, Navarro y Gerardo López de Arce. Hasta tal punto estaban recolocados en los Estados Mayores, Bases y en la Flota  marinos inicialmente sublevados que públicamente se comentaba :
"...en caso de triunfo fascista no habrá necesidad de hacer cambios ni en el Ministerio, ni en Cartagena, ni en la Flota.."
A la vista de estos hechos y sobre todo por la inclusión del Ministerio como "zona afectada" hasta cabe suponer, sin mucho riesgo de equivocarse, que  la quinta columna estaba también perfectamente instalada en las más altas esferas del organigrama de la Marina, incluso en cargos meramente políticos e incluso en el SIM, servicio encargado de identificar a los colaboracionistas.

Para terminar me quedo con la calificación que el almirante Miguel Buiza, Jefe de la Flota, dio al hundimiento del Almirante Ferrándiz y la hago extensiva a todo lo relacionado con lo provocado por la orden de Prieto: todo finalmente acabó siendo un “sacrificio estéril”. En relación con el desaprovechamiento de la Flota no cabe buscar más responsables que el Gobierno, de ninguna manera cabe denostar a las tripulaciones. Conviene no olvidar que si la República conservó en 1936 la mayor parte de la Flota fue gracias a las tripulaciones de los buques. De no haber sido así la guerra habría durado pocos meses, quizás semanas, el propio Prieto lo reconoce cuando toma posesión de su cargo en  1936 mediante una comunicación que envía a la Flota saludando a todas las dotaciones:
"...con su heroísmo evitaron la sorpresa que pudo haber dado en tierra en breves horas con el régimen político que el pueblo se dio libremente... "
Mi teoría resumida es que la decisión de Prieto fue un movimiento político injustificable, es solo eso una teoría, las opiniones sobre lo que se debería haber hecho una vez que los acontecimientos ya han sucedido son en cierto modo fáciles de efectuar y mucho más fáciles de rebatir, no obstante  invitan a la polémica y si se quiere a la reflexión. Una reflexión que al menos disminuirá el concepto negativo que mayoritariamente se tiene de los marinos que se posicionaron para defender a la República Española y que muy a su pesar vieron, como ya dije anteriormente, que su enorme potencial se desaprovechaba a causa de decisiones equivocadas contra las que nada podían hacer y con unos mandos la mayoría desafectos o lo que es peor colaboracionistas con los golpistas. Los marinos que permanecieron fieles a la República no solo consiguieron que la Flota no cayera en manos golpistas, desde las bases en tierra hasta el último marinero de las dotaciones de todos los buques combatieron siempre que se presentó la ocasión de hacerlo y lo hicieron sin aspirar a más que derrotar a los enemigos de la República, a un ejercito autodenominado nacional que sin embargo estaba plagado de soldados extranjeros y que sin la ayuda del exterior, de los fascistas italianos y los nazis alemanes, no habría podido mantener el levantamiento durante más de unas semanas o quizás menos. Un ejército que en parte justificaba su golpe como una Cruzada en defensa del catolicismo y que estaba compuesto en gran parte por islamistas.

Unas dotaciones, las de la Flota, entregadas a la causa republicana hasta el último momento, cuando ya los ejércitos de tierra flaqueaban y deseaban una rendición.

Bruno Alonso, el cuatro de marzo de 1939, nada más estallar la sublevación contra Negrín en Cartagena, a tanto solo veintiséis días de la derrota y un día antes de la salida de la Flota para África escribía en La Armada:
“…el honor y el recuerdo de nuestros queridos muertos con la historia de nuestra flota, sus mandos y dotaciones, y más aún, aquellos que el 18 de julio dieron los barcos al pueblo, exige que no se manche en estas horas dramáticas; hay que exigir, imponiendo a todos ¡serenidad absoluta!, y hay que exigir e imponer esa serenidad a quienes la pierdan, manteniendo la razón con la razón, pero prevenidos y a tiempo para cortar por el fuego cualquier deserción o infamia…”
Los acontecimientos inmediatamente posteriores derivados del golpe de Casado y unas horas de retraso en la llegada a Cartagena de la 206 Brigada Mixta enviada por Negrín para sofocar la sublevación de la Base (aclaremos aquí que solo se sublevó la Base, la Flota siempre permaneció al lado del Gobierno), provocaron que no hubiera más remedio que hacer partir a la Flota. El Comandante Precioso y su 206 Brigada llegaron a Cartagena en la tarde del día cinco, horas después de que la Flota soltara amarras y saliera del puerto.  La 206 Brigada restableció la normalidad en Cartagena pero la Flota ya no regresó. 

Alonso hasta el último momento se mantuvo al lado del Gobierno de Negrín, momentos antes de iniciarse la sublevación en la Base y ante los rumores de detección de Galán, enviado por Negrín para hacerse cargo de su jefatura, y ante las objeciones puestas por el mando para comunicarse con ellos, Alonso telefonea a la jefatura desde el crucero Miguel de Cervantes y le dice al Oficial de Guardia lo siguiente:
“Diga usted a quien corresponda que si en el término de tres minutos no se ponen al aparato los señores Ramírez y Galán, diciéndonos que están bien y que no hay novedad alguna, el Cervantes romperá el fuego contra Capitanía.”
Permitieron que ambos se pusieran al teléfono de inmediato, sabían que Alonso cumpliría la amenaza.

Alonso en su libro editado en México en 1944 “La Flota Republicana y la Guerra Civil de España” escribe:
“Zarpa la flota. Con el ánimo amargado, destrozado, más que por los sucesos pasados. Por la trascendencia del momento, me despido mentalmente de los muchos camaradas que quedan en tierra. En ella queda también mi familia, cuya suerte en aquellos instantes no podía adivinar. Al salir distingo a lo lejos ¿realidad o espejismo de la ilusión? un grupo de soldados de aviación que enarbolan la bandera republicana.”
Conocer la verdad es en nuestro caso muy difícil, el paso del tiempo, el ocultismo interesado y la desaparición de los protagonistas dificultan, aún más cada día que pasa, el esclarecimiento de lo sucedido en la Guerra Civil, una labor que debería haberse iniciado sin cortapisas y de forma inmediata a la aprobación de la Constitución de 1978.

Benito Sacaluga.






Autores consultados:

Alonso Gonzalez, Bruno
Alpert. Michael
Aróstegui, Julio
Barruso, Pedro
Blanco Escolá, Carlos
Casanova, Julián
Casas de la Vega, Rafael
Cervera Pery, José
Dimas Balsalobre, Floren
Dominguez Benavides, Manuel
Egea Bruno, Pedro M.
Fernández Díaz, Victoria
Pardo San Gil, Juan
Thomas, Hugh
Torres, Rafael
Viñas, Ángel
Zugazagoitia, Julián

Otras fuentes consultadas:

Diario Cartagena Nueva
Diario Oficial de la República
Fundación Bruno Alonso
Gaceta de la República
Hemeroteca ABC
Hemeroteca Archivo Municipal de Cartagena
Hemeroteca La Vanguardia
Historia de la Armada Española. Ministerio de Defensa
La Armada
Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores


Acorazado Jaime I

Foto tomada posiblemente en en Muelle Sur (en obras)
del puerto de Santa Cruz de Tenerife
en la primavera de 1936.