miércoles, 28 de septiembre de 2022

LA OCASIÓN PERDIDA POR EL ACORAZADO "JAIME I"

 

Lo que sigue a continuación es una transcripción del capitulo titulado "Que empiecen ellos", del libro "La Escuadra la mandan los cabos" publicado en México en 1944, obra del escritor y politico socialista Manuel Dominguez Benavides, a la postre Comisario de la Flota Republicana. En resumen, y centrando la atención en el acorazado "Jaime I", nos viene a contar el error cometido por el Gobierno de Casares Quiroga los primeros días de la guerra. Un error que permitió a los sublevados hacerse dueños de la Base Naval de Ferrol...y de toda Galicia, y que de haberse evitado habría dejado a los sublevados en una posición insostenible, sin más salida al mar que Cádiz y prácticamente sin ningún buque de guerra aprovechable, además los cruceros "Canarias y "Baleares", en construcción en Ferrol, habrían quedado integrados en la Flota Republicana. La hegemonía naval republicana en el Cantábrico y el Mediterráneo habría sido incontestable.



Acorazado "Jaime I" en el puerto de Barcelona. Abril de 1931

(Imagen: ABC)


"Que empiecen ellos"


El buque (Jaime I) salió de Santander (17/07/1936) para Vigo con orden de hacer relleno de carbón y esperar instrucciones en este último puerto. Los santanderinos, congregados en el muelle, aclamaron a la marinería.

Navegaron durante el día y llegaron de noche a Vigo. Un oficial de la guarnición subió a bordo y propuso al nuevo comandante ( Joaquín García del Valle) que se sumara al Movimiento iniciado en África y secundado por algunas guarniciones de Andalucía. A este proposición, el mando debió contestar deteniendo al emisario y dando cuenta al Ministerio. No lo hizo; desde que entró en el barco, García del Valle no fue más que un uniforme vacío. La oficialidad prescindió de él, y la dotación, que no lo conocía, lo miró como un comandante más, es decir como un sublevado en potencia. El mando lo ejercía el tercer comandante, Carlos Aguilar Tablada.

García del Valle aceptó el papel pasivo que le asignaban sus compañeros y renunció a mandar. El mando efectivo se preocupó de que los marineros no hablasen con los trabajadores vigueses que estibaban el carbón. La orden de relleno era de 1.100 toneladas. Ante el peligro de que la marinería entrase en conversaciones con los estibadores solo se estibaron 500 toneladas, cantidad justa para llegar a Cádiz, en poder de los sediciosos.

Navegando de Santander a Vigo, y a pesar de la vigilancia que se ejercía sobre los radiotelegrafistas, los cabos se mantuvieron alerta.

En los dinamos de guardia, el cabo Souto dijo a su compañero García:
- Se ha sublevado la guarnición de África; las dotaciones comienzan a apoderarse de los barcos.

Antes de entrar en Vigo, se adoptaron precauciones con objeto de desbarrar cualquier intentona de embarrancar el buque. A los cabos del "Jaime" no se les ocurrió que el barco pudiera ser sustraído a la autoridad de la República, ni tampoco temieron que los mandos intentasen apoderarse de él. Tan conscientes eran de su fuerza que su única preocupación nacía de que pretendieran arrebatárselo con un acto de sabotaje.

El armamento de los leales, reducíase a las treinta pistolas de la Compañía de desembarco. Los cabos electricistas Alonso, Souto y García, los cabos radio Arias y Salgado, el condestable Antúnez, el maquinista Carreiro y el marinero Carlos Romero organizaron la lucha.

¿Qué pasaba en Vigo? Las torres del "Jaime" no tenían más que moverse y los rebeldes de Vigo no se hubieran sublevado y las provincias de Pontevedra y Orense serían sometidas. El "Jaime" no tenía sino que acercarse a La Coruña y habrían caído las provincias de Coruña y Lugo. Las cosas no sucedieron de esa manera y Galicia se perdió para la República, se desangró por la República y fue movilizada contra la República.

Dueña la República de los barcos, Galicia pudo haber sido conservada para la legalidad. Pero, Madrid, con su devoción ortodoxa por los medios tradicionales, se obsesionaba con unos deseos insensatos: no excitar en la Península a los que aún no se habían sublevado, con la esperanza de mantenerlos dentro del orden.

-El movimiento es tan amplio que carece de detalles. Dijo Casares Quiroga el día 18.

La acción de los gobernantes no respondió a ese pensamiento, como si un demonio burlón se obstinara en confundirlos en cuanto a las previsiones.

En Galicia, las tropas no habían salido de los cuarteles. En África y Andalucía, sí. Los gobernantes juzgaron discreto movilizar la Escuadra contra las costas de las dos zonas sublevadas. Les embargaba otra preocupación, que pasaran tropas de Marruecos a la Península. Misión de los barcos sería impedirlo, y por ello, se les ordenó hacer rumbo al Estrecho y se abandonó a los campesinos gallegos con sus escopetas de matar conejos, que no sirven para matar falangistas ni guardias civiles.

Fue un horror.

El "Jaime I" seguía en el puerto. La marinería desayunaba, baldeaba, limpiaba las pinturas, formaba el rancho, almorzaba y por grupos de cinco a seis, a la hora del descanso paseábase por cubierta, por el castillo, por los entrepuentes, por debajo de las torres...vigilaba por los oficiales. Los cabos decían a los marineros:
- No los miréis de frente...No hay que desafiarlos....Que empiecen ellos.

Sentados bajo las torres decían canciones de la tierra que se divisaba desde el buque con sus arroyos y sus caminos, sombríos en los pinares, claros en los prados y en los labrantíos. 

El "Jaime" cortó estachas y se echó al Atlántico. En esa ocasión, en lugar de salir con babor y estribor de guardia, salió con una sola brigada de guardia para alejar a la marinería de la torva atmósfera en que se la notaba envuelta. Cuantos menos marineros delante, mejor.

Ya se ha ido el "Jaime". ¿Qué va a ser de Galicia?


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Nota.- El día 20 de julio, navegando rumbo al Estrecho, la dotación se hizo con el control del buque, manteniéndolo leal al Gobierno. Puso rumbo a Tánger y desde allí a Málaga, puerto al que arribó el día 21.

Benito Sacaluga.