jueves, 29 de agosto de 2013

LA BATALLA DE CARTAGENA DE INDIAS

Ahora que el tema del Peñón de Gibraltar vuelve a estar de actualidad, no viene mal recordar, aunque sea de forma informal y poco didáctica, la derrota más importante que sufrió la Marina Inglesa en su historia y que esta  fue precisamente contra el Imperio español en 1741, en la batalla de Cartagena de Indias, durante el transcurso de la popularmente denominada Guerra de la Oreja de Jenkins. Una hazaña española que a pesar de su enorme importancia ha estado y está poco difundida


Fragata  San Felipe
Durante el primer tercio del siglo XVIII el contrabando procedente de las posesiones españolas en América con destino a Inglaterra estaba en su punto álgido. Corsarios ingleses y españoles vivian un permanente enfrentamiento en las agua del Mar Caribe. Inglaterra tenia como objetivo poner pie en las posesiones españolas de ultramar y mientras tanto lo conseguían no estaban dispuestos aceptar las condiciones españolas ni los acuerdos comerciales para el tráfico mercante desde América. España abortaba con rapidez cualquier intento de ocupación inglesa de sus territorios, pero el contrabando era un problema cada vez más acuciante para las arcas españolas, problema al que había que añadir las capturas de barcos mercantes españoles por parte de los corsarios ingleses. Los incidentes entre las dos naciones eran constantes aunque siempre con balance favorable a los españoles. Un escenario tan conflictivo no tardaría en desembocar en un enfrentamiento serio, un enfrentamiento por cierto muy deseado por los ingleses para poder dar por cumplida su ambición de dominio sobre el Virreinato de Nueva Granada, principal productor de oro e integrado por lo que hoy son Colombia, Ecuador, Panamá, Venezuela, además de vastas regiones de Perú, Brasil, Costa Rica y Nicaragua, prácticamente todo el tercio norte de América del Sur.

En uno de los enfrentamientos se dieron circunstancias pintorescas para que Inglaterra justificase la deseada guerra con España. En 1738 en las aguas de la península de Florida, el guardacostas español Isabela tuvo la ocasión de apresar a Robert Jenkins, un capitán contrabandista británico. Julio León Fandiño, capitán del guardacostas español, en un alarde de "españolismo" le cortó a Jenkins una oreja, con la oreja en el suelo León Fandiño le dice al contrabandista ingles: "Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve". El contrabandista viendo que salvaba la vida a cambio de una oreja, la recogió, la guardó en un frasco con alcohol de alumbrado y puso rumbo a Inglaterra. 

El semidesorejado Jenkins a su llegada a Inglaterra poco tardó en personarse en el Parlamento con la oreja en el frasco y en la memoria la amenaza del capitán español a su rey. A los británicos les vino la oreja de Jenkins y la amenaza al rey Jorge II como anillo al dedo en su afán de enfrentamiento con España.

Un mes más tarde de la comparecencia del semidesorejado Jenkins en el Parlamento, una flota de seis buques ingleses al mando del almirante Edward Vernon ocupa la desguarnecida plaza de Portobelo, en Panamá. Tras esta fácil conquista la Armada británica y el Parlamento consideran oportuno lanzar el ataque contra la ciudad española más importante del Caribe, Cartagena de Indias, la actual Colombia.

Para ello el almirante Vernon reúne una la flota más grande conocida desde el inicio de los tiempos y solo superada hasta hoy por la que doscientos años después durante la IIGM participó en el desembarco de Normandía. En total 186 navíos con más de 2.000 cañones y casi 30.000 hombres, procediendo a fondear en las costas de Cartagena el 13 de marzo de 1741. Inmediatamente comienza a bombardear las fortalezas donde están emplazadas las baterías costeras españolas ininterrumpidamente día y noche durante dos largas semanas y finalmente sus barcos entran en la bahía mientras las fuerzas españolas que quedan con vida se refugian en la fortaleza de San Felipe de Barajas. Para el almirante inglés ya estaba todo hecho, hasta llegó a enviar un correo a Inglaterra comunicando la victoria absoluta. Se equivocaba.

Al frente de la defensa de Cartagena de Indias estaba un marino español y ese marino, además de español y para desgracia de Vernon era ni más ni menos que el vasco Blas de Lezo, que a pesar de que inicialmente contaba escasamente con 3.500 hombres y una pequeña flota de seis barcos: el Galicia, el San Carlos, el San Felipe, el África, el Dragón y el Conquistador, le amargó al ingles su pretendida victoria.

Vernón ordenó el bombardeo del castillo de San Felipe donde se habían refugiado para resistir los 600 soldados españoles que quedaban vivos y Blas de Lezo, que no ceden ni un ápice. Los ingleses intentan rodear el castillo y atacar por su retaguardia para lo cual necesitan adentrarse en la selva donde cientos de ingleses enferman a causa de la malaria. Los que consiguen llegar a las puertas de la fortaleza, perfectamente pertrechados, se ven detenidos por los hombres de Lezo, solo armados con sables, espadas y lanzas. Más de 1.500 soldados ingleses mueren en las puertas de la fortaleza a manos de los españoles.


Cuantas veces atacaron la fortaleza fueron rechazados. De nada le sirvió al almirante ingles construir escalas para superar los muros del castillo, Blas de Lezo ya había tenido tiempo para construir fosos alrededor de toda la muralla y las escalas resultaron cortas. Mientras que los ingleses comprobaban en su ataque la inutilidad de su estrategia, los españoles les frieron a tiros desde los alto y hasta que los pocos que quedaron huyeron como alma que lleva el diablo perseguidos por los españoles, muy empeñados en rematar la faena.

Con todos los ingleses ya de nuevo en sus barcos y a salvo de los soldados españoles, Vernon siguió bombardeando Cartagena por espacio de un mes, hasta que se quedó sin provisiones. Ni el mismo se creía la humillante derrota que acabada de sufrir. Cuando finalmente puso rumbo a la colonia inglesa de Jamaica lo hacia con cinco naves menos, ya que al no tener suficiente tripulación las prendió fuego en la bahía de Cartagena. Tardaron poco en llegar a Jamaica, más que a causa de los vientos favorables gracias a que en los barcos no viajaban los cerca de 1.500 cañones que reventaron en Cartagena de tantos tiros que pegaron. También en su barcos viajaban 20.000 hombres disponibles menos entre muertos, heridos y enfermos. De nota lo de Vernon. Cuentan las malas lenguas que cuando Vernon volvió a navegar por esas aguas modificaba la ruta habitual para no tener que pasar cerca de Cartagena de Indias.

Mientras que Vernon era derrotado por los españoles, en Inglaterra nada más recibir el apresurado correo comunicando la irreal victoria la alegría era desbordante, hasta se acuñaron monedas conmemorativas con Blas de Lezo arrodillado ante Vernon. Cuando finalmente se supo lo sucedido era tal la vergüenza de Jorge II que prohibió que la derrota se divulgase.



Gracias a Blas de Lezo y a los 600 españoles que combatieron a su lado contra 30.000 soldados ingleses, el imperio español en Ámerica pudo prolongarse otros setenta años más sin prácticamente ningún problema.

Quien sabe lo que hubiera pasado en Trafalgar si la flota francesa se hubiera reconvertido meses antes en esplendidos bateaux mouches del Sena y Napoleón hubiera nombrado a Villeneuve jefe de la flota turística de Paris. Quizás si en Trafalgar hubiera habido solo barcos y marinos españoles el resultado habría sido muy diferente. Quizás Nelsón habría corrido suerte parecida a la de Vernon.



Enlace recomendado: http://www.labatalladecartagenadeindias.com/