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sábado, 21 de febrero de 2015

LA UNIDAD CONTRA EL FASCISMO






Bruno Alonso
En noviembre de 1937 Juan Negrín y su Gobierno se trasladan desde Valencia a  Barcelona, donde desde noviembre de 1936 ya se encontraba el presidente de la República Manuel Azaña, entre otras cuestiones para poner en pleno rendimiento la industria de guerra catalana, que en los meses siguientes quedó bajo la autoridad directa del gobierno de la República. Era necesario compensar la pérdida de las importantes fábricas de armamento de Vizcaya, Cantabria y Asturias. Al mismo tiempo se imponía la autoridad del gobierno central en Cataluña, relegando a Lluís Companys, presidente de la Generalitat a un segundo plano.

En toda la zona republicana se trata de potenciar la colaboración de la población civil en las fábricas de armamento, municiones y pertrechos de guerra. Desde el Gobierno se dan instrucciones en el sentido de concienciar a la población civil, al Ejército y a la Marina de que la guerra es en primer lugar una lucha contra el fascismo, lucha en la que deben participar todos los antifascistas sean cuales sean sus ideas o inclinaciones de orden ideológico. En definitiva se antepone a la República sobre cualquier ideología, militancia política o ausencia de ambas. Lo importante es la República, todo lo demás es secundario y es así porque la República es el todo.

El 12 de diciembre de 1937, un  mes después del traslado a Barcelona del Gobierno, la 11ª División Republicana al mando del jefe miliciano comunista Enrique Líster aisla Teruel de la retaguardia del ejercito franquista, plaza en poder de los sublevados desde el inicio de la guerra, dando lugar al inicio de la Batalla de Teruel, dirigida desde el punto de vista estratégico por el Jefe del Estado Mayor republicano, el coronel Vicente Rojo. Dos días antes, el 10 de diciembre, Bruno Alonso Gonzalez, Comisario General de la Flota y de la Base Naval de Cartagena, da una conferencia en el cartagenero Cine Sport ante un público compuesto en su mayoría por soldados, marinos y trabajadores de las fábricas de guerra, francos de servicio, cuyo contenido reproduzco a continuación.

Camaradas, El motivo de reuniros a todos en estas dos conferencias o charlas políticas que quiero pronunciar responde, como siempre, al deseo de convivir con las masas del Ejército y la Marina, haciéndome la ilusión de creer que sigo estando con las masas populares con las que estuve toda mi vida y con las que no es que haya dejado de estar en el tiempo que llevo en los barcos de la Flota y de la Base Naval, pero no me basta, yo quiero aunque sea de tarde en tarde verme con todos, y si no fuese bastante este deseo personal mío, creo que estas reuniones y charlas nunca deben estar de más porque vosotros como yo sabéis que desgraciadamente no hay aún el completo compañerismo que debe haber en las relaciones, el trato y cordialidad necesarios.
Hay todavía prejuicios, diferencias, hostilidades en las relaciones entre las distintas Armas que deben orillarse, deben terminar habiendo un contacto, una compenetración, entre los soldados, la infantería de marina y los marinos de la Flota allí donde quiera que se encuentren. Deben considerarse como hermanos ya que defienden la misma causa y deben tener el mismo sentido de solidaridad.
Quiero echar ante vosotros una ojeada retrospectiva con respecto a lo que hemos hecho en el transcurso del periodo que ocupo como Comisario General de la Flota y de la Base. Va a hacer un año que fui nombrado, arrancándome de las milicias santanderinas ya encuadradas en el Ejército Popular. Desde entonces he de proclamar el profundo, indudable y enorme progreso obtenido en moral, disciplina, cultura, corrección y eficacia de los barcos y dotaciones, progreso operado igualmente en las unidades de tierra.
He visto con satisfacción como hoy, los marinos de la Flota y los militares de tierra responden con una disciplina y moral admirables a todas las obligaciones que la guerra les impone. Como ejemplo de esos defensores magníficos ponemos la conducta de las compañeras de producción de Cartuchería que han elevado su producción en más de 600.000 cartuchos. Quiero rendir a ellas, como a todas las dependencias, el ejemplo de abnegación, pero si me preguntáis después de esto si me encuentro satisfecho con el resultado, os digo que no. Fui siempre un ambicioso de las buenas obras y en las actuales circunstancias, todo lo que se haga a favor del triunfo de España me parece poco y se que mucho no se debe a la falta de voluntad ya que muchos de los Comisarios actúan brillantemente y el esfuerzo y voluntad de todos y principalmente de los jefes ha contribuido a esta labor. Nuestra capacidad de rendimiento puede ser mayor, ya que aún no existe en alguno de nuestros mandos y en alguno de nosotros el espíritu de solidaridad que debe presidir todos nuestros actos.
Aún hay quien recela del deber de los Comisarios Políticos, aún hay quien cree que el Comisario tiene una simple función de policía; hay quien cree que el Comisario ha venido a sustituir al técnico y al jefe, pero el Comisario debe cuidar de la lealtad de todos; tiene la misión de dar una conciencia ciudadana a estos jefes y a estos técnicos, para hacer de este Ejército, de estas masas un Ejército del Pueblo que sepa tener conciencia antifascista y aún hay, repito, un poco de confusión en lo que es el deber de cada uno y de todos, y yo he de esforzarme por sostener que en todo momento estamos obligados a defender y practicar las obligaciones que contraemos. Este deber y esta obligación son mayores que ayer y anteayer.
Yo he sido hombre que he creído siempre, ante todo, en la fortaleza de las fuerzas propias  y el valor y decisión de aquellos que por pertenecer a nuestras organizaciones estaban obligados a defenderlas con su moral y a veces con su sangre. Yo no he pensado que esta victoria nos la haya dado nadie. No me hice nunca grandes ilusiones de que la victoria nos la iban a regalar las democracias. La victoria tenemos que ganarla nosotros; solo así, además, nos haremos dignos de ella. Hay que poner a contribución cuantas energías nos quedan a favor de nuestra causa. No hay que hacerse ilusión de que todo está hecho, hay mucho camino por recorrer.
He dicho muchas veces que la incomprensión y recelo de nuestra retaguardia nos hacen más daño que las balas fascistas. Hay mucha gente que debe predicar con el ejemplo, que es el mejor postulado. Tenemos que hacer todos un examen moral para saber si podemos estar seguros y tranquilos  de que estamos haciendo todo cuanto pueda servir a la causa de nuestra República y del pueblo.
Hay mucha gente que en vez de la vigilancia de los servicios de nuestra retaguardia, atenta con sus actos los deberes y las órdenes que nuestro Gobierno impone a los leales a la República. Lo que interesa saber es si los obreros que trabajan para la guerra están mejor o peor que antes.
Hay mucha gente fuera de las armas y de la disciplina en una manera y otra que se piensan que la República ha establecido Comisarios Políticos encargados de dar a las fuerzas un contenido político, si, político, en defensa de la libertad y la independencia de España. Aún no nos hemos querido dar cuenta que la Marina y el Ejército tiene que ser de todos y para todos, de todos los antifascistas y para todos los antifascistas solo con una línea certera, sin olvidarse de dar una conciencia política, no apolítica, una conciencia del deber revolucionario, que es una conciencia antifascista. 
Es así como podemos ganar energías que se pierden, superando diferencias de clase, entidad o grupo. Yo tengo una conciencia marxista, pero tengo el deber en este momento de unir a los marxistas y a los no marxistas, tengo el deber en este momento de sumar a todos los antifascistas. Algunos amigos me dicen que he renunciado a mi condición de marxista, yo digo que estoy defendiendo la fraternidad de los que están muriendo por nuestra causa. ¿Qué pasaría si yo no procediera así? Yo tendría la responsabilidad ante la historia del drama que estamos viviendo. Creo que debo proceder así. Los que están en las trincheras renuncian a todo, igual debemos de proceder nosotros.
Ha de ser la conciencia libre del país la que determine la obra que se ha hecho y que actualmente nadie se sienta satisfecho por lo que se ha hecho hasta el presente.  Se refiere a los deberes que todos tenemos en el frente y en la retaguardia. Que los hechos respondan a las palabras. Yo soy responsable de la línea política, responsable de la unidad ante el Gobierno y ante el pueblo, debiendo procurar eliminar todas las cosas que nos dañan y así el pueblo y la República saldrán libres de sus enemigos.

La postura del Gobierno de Negrín y el discurso de Bruno Alonso dejan clara la necesidad de anteponer la defensa de la República a cualquier sigla o ideología, a cualquier militancia en organizaciones políticas de izquierda y exige unidad frente al fascismo. Con las debidas adaptaciones y atendiendo al fondo de la cuestión el discurso de Alonso perfectamente podría estar hoy vigente en España, a pesar que han transcurrido casi 80 años. Lamentablemente así es.

Benito Sacaluga.


Fuente: Diario Venceremos. Fondos Archivo Municipal de Cartagena


sábado, 24 de agosto de 2013

EL ARMA SECRETA DEL EJÉRCITO POPULAR REPUBLICANO

Autor: Floren Dimas (*)

La masa movilizada por el ejército rebelde en su avance eran -masivamente- obreros e hijos de obreros, especialmente a partir de finales de 1938 con la paulatina ocupación de amplias zonas republicanas demográficamente pobladas. La motivación de los soldados en las filas franquistas estaba basada en una disciplina represiva brutal, de la que se encargaban no solo los oficiales profesionales, si no el cuerpo de oficiales "provisionales", muy motivados por un estrellato sobrevenido que muchas veces les resultó suicida. 

La propaganda republicana, exaltaba valores muy comprensibles y cercanos a la gente corriente, trabajadora. No hablaban tanto de la Patria, del Imperio, de la Cruzada, de la Religión, del español mitad Monje, mitad Soldado; se ceñía más a los valores presentes a flor de piel en la masa social, tanto del combatiente del EPR como de la retaguardia y eso lo percibimos muy bien a través de la cartelería del lado gubernamental: trabajo, derechos, cultura, bienestar, comida y paz.. A lo largo de las entrevistas realizadas a veteranos excombatientes del EPR, se me ha transmitido la importancia de esta moral, si no de victoria, sí de resistencia. Una resistencia que entrañaba a veces características numantinas (léase heroísmo, sacrificio por una causa superior). 

Posiblemente los conceptos que armaron a los combatientes del EPR eran muy elementales. Para un país arrasado sociológicamente por una explotación de siglos, con su consecuencia de hambrunas, guerras coloniales, miseria cultural y de la otra, humillación, opresión religiosa de las conciencias..., luchar contra el fascismo era luchar intuitivamente por el derecho a vivir algún día en un país en libertad. Porque la LIBERTAD era entendida, no como un ejercicio intelectual de teorizar banalmente, si no vivir en un país en donde todos trabajasen, comiesen, disfrutasen, tuviesen acceso a la cultura, a los medios de producción, al respecto individual y colectivo, a sentirse, en definitiva, ciudadanos libres de un país libre. 

Los soldados del EPR, con una amplia masa de analfabetos en sus filas, en vías de redención, sabían lo que era la necesidad extrema; habían conocido lo que es vivir sin esperanza alguna de poder invertir el orden de las cosas en beneficio de las clases trabajadoras. Pero, al fin, habían vivido aquel 14 de abril de 1931 y habían visto brillar en su existencia gris, la luz de ilusión; por primea vez en la Historia de España, el cambio era posible. ¡¡Y todo este anhelo colectivo saltó hecho pedazos el 18 de Julio de 1936!!. El sentimiento más común entre la gente común en la mayor parte de España, fue de rabia contra los sublevados, salvo en zonas tradicionalmente ultraconservadoras y nacional católicas como parte de Castilla, Álava o Navarra-La Rioja, que fueron la excepción.

Los combatientes republicanos lo sabían muy bien: no habían leído a los grandes teóricos de izquierdas, pero ya habían escuchado poesías de altura, habían asistido a la primera representación teatral, sus hijos habían podido ir a una escuela regida por maestros entregados a su misión, habían tenido en sus manos libros que podían leer y comprender, habían visto que era posible reducir el caciquismo, al oscurantismo de una Iglesia medieval..., la Casa del Pueblo había sustituido a la Sacristía en su formación como ciudadanos y como personas. Y pese a las derrotas, al hambre, al sentimiento de abatimiento, siempre terminaba superponiéndose una fuerza colectiva, por encima de las deserciones puntuales y de la acción de los derrotistas y emboscados de la quinta columna. Fue, a mi juicio, un conjunto de valores morales -muy primarios en su concepción si se quiere- el "arma secreta" que permitió al EPR hacer frente a una inmensa maquinaria guerrera como fue el ejército nazifrancofascista, durante mil días de lucha desigual. El "genio" militar del invicto "caudillo" nunca hubiese podido vencer al EPR en igualdad de condiciones logísticas. La superioridad que permitió su victoria no fue precisamente la ruda concepción de Franco del arte de la guerra, indiscutiblemente inferior a la de Rojo, si no a su apabullante superioridad de medios y un contexto internacional favorable.

La mayor parte de los testimonios recogidos que narran el desmoronamiento a final de marzo de 1939, se parecen unos a otros como dos gotas de agua: sensación de incredulidad. La mayoría de los combatientes del EPR, no podían creerse que se había llegado al final de la forma ruín en que se produjo; pese a que todos presentían la hecatombe, el conjunto de los combatientes, tanto del sector de Casado, como el que se mantuvo fiel al gobierno republicano, se vio sorprendido por el hundimiento de los frentes sin pegar un tiro. El sentimiento generalizado según cuentan todos era que, pese a todo y vista la ausencia de confianza  en la benevolencia de los vencedores, se resistiría hasta el final, hasta agotar totalmente todos los recursos. Y no fue así. La traición de Casado precipitó la apocalipsis.

Todavía, cuando relatando emocionados al entrevistador aquellas vivencias, afloran en los veteranos, frescas y vibrantes, aquellas mismas convicciones que les movieron a no rendirse al fascismo sin luchar. Esa fue su "arma secreta"

Floren Dimas



(*) Floren Dimas Balsalobre es oficial del Ejército del Aire en la reserva e investigador histórico de la represión franquista y memorialista. Es igualmente delegado de AGE para la Región de Murcia.