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jueves, 20 de febrero de 2020

LOS HÉROES DEL "JOSÉ LUIS DÍEZ"



Corre septiembre de 1938, el destructor "José Luis Díez", ha terminado sus reparaciones en el puerto francés de El Havre, su comandante, el alferez de navío Juan Antonio Castro Eizaguirre, recibe órdenes de dirigirse a Cartagena, para ello es inevitable  pasar el Estrecho de Gibraltar, fuertemente bloqueado por los fascistas, por mar y aire, ademas de las baterías costeras enemigas situadas en las costas del Estrecho. Su única posibilidad es intentarlo por la  noche. Para evitar ser reconocido en su viaje por el Atlántico se "disfraza" de destructor de la Royal Navy, unos buques muy similares en su aspecto a los de la clase "Churruca" a la que pertenece el "Díez". Los servicios de espionaje alemanes alertan del intento a la flota sublevada, la cual sitúa en el Estrecho siete unidades navales, entre ellas el crucero "Canarias", que esperan su llegada y lo atacan en bloque sin conseguir hundirlo. Averiado de importancia logra refugiarse en el puerto de Gibraltar.




En Cartagena se recibe una nota procedente de la Subsecretaría de Marina, enviada por el Cónsul de la República en Gibraltar, dando cuenta de los muertos, heridos y desaparecidos pertenecientes a la dotación del "José Luis Díez" como consecuencia del combate mantenido en el Estrecho contra los buques fascistas:

  • Comisario político Bernardo Simó Cruañes, herido

  • Segundo comandante Rafael Menchaca Ugalde, herido

  • Cabo apuntador Serafín Ambrona Vaigues, muerto 

  • Cabo de Artillería Diego Ros Rodríguez, desaparecido 

  • Marinero Pedro Talón Muñoz, herido

  • Marinero José Sosán Pérez, herido

  • Marinero artillero Eliseo Beral Martín, desaparecido
  •   
  • Marinero Francisco Llambrich Caravogo, desaparecido

  • Auxiliar alumno de Artillería Antonio Fernández Panchón, herido 

  • Auxiliar alumno de Artillería Francisco Casal Castro, herido

  • Marinero Andrés Molina Vivancos, herido 

  • Marinero Rogelio Cortizo Cádiz, herido

  • Marinero Ramón Martí Botella, herido 

  • Marinero Salvador Pascua Alberich, desaparecido 

  • Marinero Augusto Rodríguez Maceda,  desaparecido 

  • Fogonero preferente Joaquín Lorca Martín, desaparecido 

  • Fogonero preferente Antonio Navarro García, herido.


Veinticuatro pescadores que habían sido hechos prisioneros en dos bous que fueron hundidos por el “José Luis Diez”, y que iban en el sollado de fogoneros, resultaron abogados y perdidos algunos cadáveres por el mismo boquete que hizo el proyectil.

Benito Sacaluga.




Fuente consultada: Semanario La Armada (10/09/1938)



Enlaces de interés: 









jueves, 6 de septiembre de 2018

HAN LLEGADO A ALMERÍA LOS HEROICOS TRIPULANTES DEL “JOSÉ LUIS DÍEZ”








Juan Antonio Castro Eizaguirre
(1) Almería, 11.- A las tres y cuarto de esta tarde, arribaron a este puerto los cazatorpederos británicos "Glowworm" y "Treguolm", conduciendo a bordo a los heroicos marinos del "José Luis Diez". Dichos buques salieron de Gibraltar a las siete y media de la mañana, hora inglesa.

Ascienden a 159 los marinos que han desembarcado. Estos han estado recluidos en la cárcel de Wind Wuls, doce días. Han venido el comandante don Juan Antonio Castro; el segundo comandante, Rafael Menchaca Ugalde; el oficial de ruta, Manuel Aceuna; el director de torpedos. Marcelino Solana; el director de tiro, Juan González; el jefe de máquinas, Alfonso García Martínez, y el comisario político, Bernardo Simó.

El corresponsal de Febus conversó en la base de la flota anti-submarina con el comisario político, quien manifestó que la dotación del “José Luis Díez" ha dado pruebas, en todo momento, de un gran entusiasmo, sobre todo en cuantos combates ha intervenido. A pesar de los intentos de soborno, siempre han estado atentos al cumplimiento de sus funciones y han demostrado un gran amor a la República. Elogiando tan heroico comportamiento, dijo que todos los heridos, aún los más graves, no abandonaron, en ningún momento, el puesto de combate. Respecto al trato que les han dado en la travesía los marinos ingleses, manifestó que había sido cordialisimo. 

El comisario político es valenciano, natural de Cullera. El comandante del buque, un muchacho todavía, ha rogado dirija un saludo a todos por su comportamiento, en nombre de la dotación, al pisar de nuevo tierra española.

Significó que todos desean, ardientemente, volver pronto a empuñar las armas en barcos de la flota republicana, hasta arrojar del suelo patrio al invasor. El señor Castro se hizo cargo del buque en El Havre, el 27 de octubre último. 

Los marinos rodeados de público relataron las proezas realizadas por el “José Luis Díez” y los episodios de su estancia en Gibraltar

El “José Luis Díez” ha quedado en Gibraltar bajo la custodia de la marina de guerra inglesa. 



(1) Publicado en Solidaridad Obrera el jueves 12 de enero de 1939. Agencia Febus. © Biblioteca Nacional de España




ENLACE SOBRE EL "JOSÉ LUIS DÍEZ" Y EL COMBATE CON LA FLOTA SUBLEVADA, QUE MOTIVA LA RETENCIÓN DEL BUQUE EN GIBRALTAR, EL APRESAMIENTO DE SU TRIPULACIÓN Y SU POSTERIOR TRASLADO A ALMERÍA:


lunes, 22 de diciembre de 2014

UN MARINO LEAL A LA REPÚBLICA.




Juan Antonio Castro
Juan Antonio Castro Iizaguirre nace en Tolosa el 26 de junio de 1911. Falleció en Biarritz el 23 de junio de 1994. Estudia el bachiller en el Colegio de los PP Escolapios e impulsado por decidida vocación, ingresa en 1931 en la Academia Naval de San Fernando (Cádiz) donde cursa los estudios correspondientes al Cuerpo General de la Armada, saliendo el año 1936 con el grado de Alférez de Fragata. En la guerra civil hace sus primeras armas en tierra, en la defensa de Tolosa y más tarde en Irún, pasando a continuación a la Base Naval de Cartagena donde se le destina al crucero "Méndez Núñez" de segundo Comandante. En abril de 1937 pasa a Bilbao, tomando el mando del destructor "Ciscar" con el cual hace la campaña del Norte hasta su parcial hundimiento en El Musel, puerto de Gijón.

De allí pasa a Francia por mar y se reúne con su familia en San Juan de Luz, poniéndose inmediatamente a las órdenes del Gobierno de la República, quien le da orden de tomar el mando del destructor "José Luis Díez", que se encuentra en reparación en el puerto francés de El Havre. Durante parte de 1938 se ocupa de la reparación del destructor, al que cambia de tripulación, rodeándose de algunos marinos vascos de confianza.

Con las reparaciones del buque terminadas Castro recibe en El Havre una carta firmada por José Tapia, cartero de Salvador Moreno, segundo Jefe del Estado Mayor de la Armada sublevada, cuyo contenido es el siguiente:
Sr.D. Juan Antonio Castro. Presente. 
Mi querido amigo: De paso rápido por ésta y al objeto de saludarle y cumplimentar un encargo confiado por su padre, Don Luis, le ruego acuda alrededor de las siete de esta tarde al café Guillaume Tell, que está frente al Ayuntamiento. Esperando acuda y hasta entonces, reciba un abrazo de su buen amigo.
El comandante Castro acudió al café, donde le presentaron a las personas que le entregaron otra carta, firmada por Salvador Moreno, un traidor a la República, alentándole a desertar, junto con instrucciones para llevar a cabo la traición, documentos que reproduzco a continuación avisando ahora de que su lectura revolverá el estomago, no solo el de las victimas de la Armada Republicana y sus familiares si no también el de cualquier republicano español.
Cuartel General del Generalísimo: El contralmirante segundo jefe del Estado Mayor de la Armada.- Burgos.27 de julio, II Año Triunfal.-
Sr.D. Juan Antonio Castro Izaguirre.
Mi querido amigo: Quisiera añadir y “compañero”, recordando al guardia marina del “Elcano”, revoltoso y desaplicado, pero noblote y caballero, que estoy cierto tiembla de emoción y de dolor al recordar sus años de convivencia con aquel grupo de valientes cuya memoria es hoy orgullo de todos y muy en particular de quien tuvo el honor de orientarlos en los primeros pasos dentro de la Corporación, pero comprenderá usted que mientras subsista entre los dos el abismo que en la actualidad nos separa, me veo obligado, ya sea con verdadero dolor, un vocablo que implica comunidad de sentimientos e ideales, por lo menos en cuanto se refiere a los de carácter tan sagrado como los de la Patria y Marina. ¿Se prestará un momento a escuchar a su comandante de ayer? No olvide usted que entre mis muchos defectos, nadie podrá encontrar la hipocresía, así como que entre mis escasas virtudes ocupa el primer lugar la de dejarme llevar más por el corazón que por el cerebro; pues bien, óigame. 
Doy por hecho que si pasó usted por momentos de confusión que le impidieron descubrir bien acerca de cual era su deber como oficial de marina español, hoy está arrepentido y ansioso de lavar su falta. Aprecio su situación y quisiera ayudarle a salir de ella anticipándole que no me guía otro móvil que el afecto que le conservo y la conciencia que tengo de su hombría de bien. No se deje arrollar por el recuerdo del pasado; está a tiempo de salvar su honorabilidad y de encontrar la paz para su conciencia. Traicionó usted a España, es cierto; pero España le perdonará si sabe usted mostrarse digno de ella. ¿Qué hacer? Muy sencillo. Es usted valiente y decidido; manda un barco que, siendo nuestro arbola un pabellón que cobija a los más cobardes y a los más canallas… a los más vulgares asesinos. Devuélvanoslo, y si no puede, estréllelo, húndalo, todo antes que entregar nuevas armas a los que intentan destruir España y vender sus pedazos al extranjero. 
Si es preciso morir en la empresa, no lo dude un momento; alcanzará usted el mayor honor y la mayor gloria; yo cuidaré de reivindicar su nombre y de hacerlo figurar en el cuadro de los valientes, al lado de los Granullaque, Varela, Revuelta, Tapia…y Dios, que está visiblemente a nuestro lado, le perdonará. No es usted peor que los demás, ¿por qué manchar su apellido para siempre? Mañana, es decir, muy pronto será tarde; no puede ignorarlo, como tampoco que cuanto le digo envuelva una cuestión de honor exento de todo egoísmo. El barco, al fin y al cabo, caerá; pero usted…usted no debe caer como no sea dando la vida a España. Piénselo, medite bien su plan y proceda. No le faltarán facilidades, como tampoco ha de faltarle valor. La entrega del barco representará su rehabilitación absoluta; yo se lo garantizo; continuar en él después de este aviso es su perdición cierta, irremediable. Se lo piden a usted los 300 jefes y oficiales de marina que prefirieron morir oscuramente antes de faltar a su deber. 
Espero sus noticias o sus hechos, seguro que responderá en todo a su reconocida caballerosidad. ¿Todo por España!  ¡Franco! ¡Franco! ¡Franco! ¡Que Dios le ilumine y le proteja permitiéndole volver a merecer el afecto de la Corporación y muy en particular el de su amigo y ex comandante! 
Salvador Moreno.
Acompañan a la carta las siguientes instrucciones:
Estado Mayor de Marina. Segunda Sección.
Instrucciones para la posible entrega del “José Luis Diez”.
Dos posiciones hay que tener en cuenta: 
Primera: Que el comandante del barco pueda hacerse con la mayor parte de la dotación. Segunda: Que sea una pequeña minoría la de aquellos que quieran entregar el barco. 
En el primer caso debe entrar en un puerto de la Costa Cantábrica, señalando previamente cual es el elegido, para prevenir a las autoridades de marina y baterías de costa. En el segundo, la entrega debe hacerse en la mar a un crucero nacional que saldrá a su encuentro.  
La manera de proceder por parte de los adictos a nuestra causa será la siguiente: al verificarse el encuentro, el crucero nacional irá por el “José Luis Diez” con su artillería dispuesta para hacer fuego. El “José Luis Diez”, tratará de huir, pero en las máquinas debe producirse una avería que lleve consigo una gran perdida de vacío en el condensador, lo que hará caer gradualmente la velocidad. De esta manera el crucero alcanzará al destructor y en ese momento los elementos adictos deben producir una desmoralización de la dotación del  mismo, haciéndoles ver que no hay posibilidad de salvación y que como único remedio ,para evitar males mayores el buque debe rendirse izando bandera blanca. Una vez hecho esto, si el tiempo lo permite, deberán dirigirse a bordo del crucero los botes del destructor con la dotación del mismo, quedando solamente en él los elementos adictos y los que el comandante del barco considere indispensables para la seguridad del mismo, en tanto no le llegue del crucero la dotación que marine el destructor para continuar viaje. Si el tiempo no lo permite, los elementos adictos pondrán a buen recaudo a los individuos más peligrosos y seguirán las indicaciones del crucero para tomar el puerto que éste designe 
El encuentro será dese luego en el Atlántico, no pudiendo fijar punto exacto porque ello dependerá de la rapidez con que se nos comunique la salida. En todo caso, si el comandante del barco nos indica el punto de reunión con tiempo suficiente se acudirá a él, pero esto lo consideramos muy difícil, pues creemos que el comandante no podrá facilitar este dato con la suficiente anticipación. Si existe la posibilidad de hacer señales por radio durante la navegación, que nos diga cuales serán éstas y la longitud de la onda en que serán emitidas.
Burgos, 27 de julio de 1938.
El comandante Castro no traicionó a la República. Del mando de la Flota Republicana recibió órdenes de dirigirse desde El Havre a la Base Naval de Cartagena. Para llegar a Cartagena era necesario romper en solitario el bloqueo naval del Estrecho de Gibraltar. Para aumentar las escasas posibilidades de romper el bloqueo se "disfraza" para hacerse pasar por un destructor de la Royal Navy, muy similares a los españoles de la clase Churruca. Los servicios de espionaje alemanes alertan del intento a la flota sublevada, la cual sitúa en el Estrecho a tres cruceros fascistas (entre ellos el “Canarias”), tres destructores y un cañonero que esperan su llegada y lo atacan en bloque, pero a pesar de la espectacular potencia de fuego de los tres cruceros sublevados no consiguieron hundir ni apresar al destructor republicano. Averiado de importancia logra refugiarse en el puerto de Gibraltar.




Nada más conocerse por la Flota Republicana el desenlace del combate y la situación del barco en Gibraltar se pensó que las autoridades inglesas colaborarían en la reparación de las averías, nada más lejos de lo que realmente sucedió ya que los ingleses del Peñón le prohibieron la entrada a su Arsenal y además le dieron de plazo menos de un mes para que la tripulación del destructor, por sus propios y exclusivos medios, efectuase las reparaciones necesarias, plazo que de no cumplirse se procedería al embargo del buque.

Después de un fallido intento de volver a Cartagena ya en el mes de diciembre, es atacado nuevamente y acaba embarrancando. Los ingleses apresan a la tripulación y los ingresan en prisión, quince días después son transportados hasta Almería. Antes de acabar la guerra, el 25 de marzo de 1939, los ingleses entregan el destructor a los franquistas, siguió operativo hasta 1965.

El comandante Castro consigue llegar a Cartagena y de allí a Barcelona y a Francia, terminando la guerra civil poco después. Comenzada la segunda guerra mundial, es internado con otros muchos refugiados españoles en el campo de concentración de Gurs, de donde consigue escapar ante la proximidad de las tropas alemanas, embarcando en San Juan de Luz en un langostero, al que conduce hasta las costas de Irlanda junto con otros exiliados vascos. 

Antes de terminar el año 1940, se presenta a las fuerzas francesas libres del General de Gaulle, haciendo la guerra en aguas del Pacífico de segundo comandante del crucero francés "Triomphant". Terminado el conflicto y adquirida la nacionalidad francesa, contrae matrimonio con Simone Larrodé y ostenta diversos mandos dentro de la marina francesa. 

Como ya he dicho y repetido hasta la saciedad, con marinos como  Juan Antonio Castro en la Armada la sublevación franquista habría tardado pocas semanas en fracasar. El problema fue que España era una República con Marina monárquica.


Benito Sacaluga.


Fuente de las cartas e instrucciones: La Escuadra la mandan los Cabos. Apéndice 16. M.D.Benavides. 





jueves, 22 de agosto de 2013

LA INCOMPETENCIA DE LA ARMADA FRANQUISTA.




El destructor republicano "José Luis Diez", a causa de su permanencia por meses inactivo en el puerto de Santurce, fue obsequiado con el mote de "Pepe el del Puerto", también su tripulación no en pocas ocasiones ha sido calificada de incompetente y entreguista, pero poco o ningún énfasis se ha puesto en el relato completo de su actividad durante la guerra civil y aunque ya en publicaciones anteriores he tratado sobre este tema, aprovechando  que acabo de recibir un documento relacionado con este destructor voy a hacer un pequeño resumen de su participación en la guerra civil.

Destructor José Luis Díez

El "José Luis Díez" fue uno de los doce buques que Prieto envío al Cantábrico en septiembre de 1936, cuando en octubre los buques regresaron al Mediterráneo el DZ permaneció en el puerto de Santurce, prácticamente sin realizar ninguna misión. En marzo de 1937 junto con unos bous vascos escoltaba al mercante "Galdames" procedente de Bayona y con destino Bilbao. El convoy es atacado por el crucero "Canarias" al que solo plantan combate los bous vascos, el "José Luis Diez" huye hasta el puerto de Burdeos, donde su comandante sabotea las turbinas y posteriormente deserta junto con cuatro de sus oficiales. La tripulación el buque vuelve a llevarlo a puerto vasco, donde el 31 de mayo de 1937 es incautado por la Marina de Guerra Auxiliar de Esukadi y parte de su tripulación sustituida por hombres de confianza.

El 15 de junio de 1937 con su nuevo comandante el teniente de navío Evaristo López y junto con el destructor "Ciscar" se dirige desde Bilbao a Francia con refugiados, al regreso fondea en el puerto de Santander. Al caer Santander pone rumbo al puerto de Gijón. Cuando Gijón cae se dirige al puerto inglés de Falmouth, lugar donde desertan el comandante, el jefe de máquinas y varios oficiales. Los marinos que quedan a bordo ponen rumbo al puerto francés de El Havre donde proceden a reparar averías. El alférez de navío Juan Castro toma el mando del buque. Una vez reparado recibe ordenes de dirigirse a Cartagena.

Para llegar a Cartagena era necesario romper en solitario el bloqueo naval del Estrecho de Gibraltar. Para aumentar las escasas posibilidades de romper el bloqueo se "disfraza" para hacerse pasar por un destructor de la Royal Navy, muy similares a los españoles de la clase Churruca. Los servicios de espionaje alemanes alertan del intento a la flota sublevada, la cual sitúa en el Estrecho a tres cruceros (entre ellos el "Canarias"), tres destructores y un cañonero que esperan su llegada y lo atacan en bloque sin conseguir hundirlo.

Averiado de importancia logra refugiarse en el puerto de Gibraltar. Después de un fallido intento de volver a Cartagena ya en el mes de diciembre, donde es atacado nuevamente, acaba embarrancando. Los ingleses apresan a la tripulación y los ingresan en prisión, quince días después son transportados hasta Almería. Antes de acabar la guerra, el 25 de marzo de 1939, los ingleses entregan el destructor a los franquistas, siguió operativo hasta 1965.

Torres de proa del crucero Canarias

La tan publicitada experiencia, disciplina, formación para la guerra, etc...que de sus marinos hacían gala los sublevados, contraponiendola con las por ellos calificadas desastrosas tripulaciones republicanas quedó completamente en entredicho. Siete buques sublevados no fueron capaces de hundir a un destructor republicano y además en una zona marítima tan favorable para ello como lo eran las aguas del Estrecho de Gibraltar. Capitanes y tenientes de navío de "gran alcurnia" no pudieron acabar con un simple destructor comandado por un joven alférez de navío. A pesar de la espectacular potencia de fuego de los cruceros sublevados no consiguieron hundir ni apresar al destructor republicano.



Nada más conocerse por la Flota el desenlace del combate y la situación del barco en Gibraltar, se pensó que las autoridades inglesas colaborarían en la reparación de las averías, nada más lejos de lo que realmente sucedió, ya que los ingleses del Peñón le prohibieron la entrada a su Arsenal y además le dieron de plazo menos de un mes para que la tripulación del destructor, por sus propios y exclusivos medios, efectuase las reparaciones necesarias, plazo que en caso de no cumplirse se procedería al embargo del buque.

No obstante el sonoro fracaso la marina sublevada se apresuró a modificar el resultado de tan desigual combate, utilizando sus medios de propaganda atribuyendo al "Canarias" una "victoria" sin hacer mención a que en la operación participaban seis barcos más de su flota:


Estando el destructor reparándose en Gibraltar, Benito Sacaluga, Tte.Coronel Maquinista y Jefe de los Servicios de Inspección de Maquinas de la Flota, publica en La Armada el siguiente artículo:

UN EPISODIO MÁS


Después de más de dos años de guerra, contra los traidores primero y contra los invasores después, vamos perdiendo la capacidad de maravillarnos por la sucesión de hechos heroicos de los ejércitos de mar, tierra y aire cuyos componentes son el alcaloide del heroísmo popular, el desinteresado, ya que nunca puede ser heroísmo el que se paga. Se empezó por el Cuartel de la Montaña, Atarazanas, Madrid, Santa María de la Cabeza, Guadalajara, Jarama, Brunete, Belchite, Teruel, Cabo de Palos, Levante, Paso del Ebro, Extremadura, etc, cada uno de estos episodios sucesivos nos han ido maravillando más, y sin olvidar nunca los anteriores, han ido agrandando nuestra admiración y la extranjera, y eso sin considerar los innumerables episodios aislados y anónimos, que muchas veces son los que facilitan el episodio global que nos ilusiona y nos hace vibrar de entusiasmo. 
El último de esta interminable serie y aunque a primera vista no se le de gran importancia es el paso del José Luis Diez por el Estrecho de Gibraltar. Es menester ser un verdadero ignorante para no suponer lo difícil, casi imposible, que representa para un buque que navega en solitario cruzar dicho estrecho sabiendo que para impedirlo los “competentísimos” marinos nacionalistas e italo-germanos (de algún modo hay que llamarlos) pondrían en juego todas “sus” fuerzas navales, las baterías costeras por ambas bandas del Estrecho, proyectores, bous, lanchas y aviación. 
A toda la dotación le corresponde por igual la gratitud de su pueblo. Al mando militar por su pericia, al político por mantener en unión del primero la moral de todos, los mandos técnicos por mantener los servicios en su mayor eficacia y en general a la dotación completa por su entusiasmo, heroísmo y verdadera ofrenda de sus vidas, pues ninguno de los que salieron con el barco de El Havre desconocía a donde iban ni los peligros a los que se iban a enfrentar. 
No salieron a un combate sino sencillamente a “forzar la entrada en una cárcel para inmediatamente forzar su salida”. Tenían en contra el 99% de las probabilidades, todos lo sabían y sabiéndolo salieron de puerto, entraron el Estrecho y salieron de él. ¿Con averías? Si con algunas averías. ¿Con victimas? Si también hubo victimas. Mayor timbre de gloria. De no haber habido victimas ni sufrir el buque averías de ninguna clase a estas horas estarían entre nosotros, pero ya estarán y pronto. 
No podemos juzgar la magnitud heroica del episodio, la consideramos infinita, como también consideramos en las misma medida el ridículo tan espantoso que han hecho los mercaderes y los compradores de la España invadida y todo ello en las mismas narices de Mister Chamberlain, ridículo que reflejándose en los cristales de sus gafas será visto en el mundo entero. 
Así luchan los marinos del pueblo. Esa es la verdadera España.
No cabe duda de que lo que hizo la tripulación del "José Luis Díez" representó un acto de disciplina y entrega total hacia sus mandos, hacia el Gobierno. Cuando fueron atacados por unas fuerzas tan superiores en número y potencia de fuego bien pudieron pensar en rendir el barco, si lo hubieran hecho a nadie le habría extrañado, menos aún teniendo en cuenta la historia del destructor, pero lejos de rendirse combatieron como pudieron y consiguieron llevarlo a puerto neutral. Ni se hundió, ni pasó a manos fascistas. Cierto es que "gracias" a los ingleses el destructor no pudo ya prestar ningún servicio a la República, pero también es cierto que lo que sucedió el 26 de agosto de 1938 en las aguas del Estrecho fue un retrato fiel de la incapacidad en combate de los marinos sublevados.




Benito Sacaluga