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jueves, 9 de marzo de 2017

PROMESA DE FIDELIDAD DE LA ARMADA A LA BANDERA REPUBLICANA







La II República acababa de hacerse realidad en España. Los juramentos de lealtad a la Corona no tenían ya ninguna justificación, menos aún los que atañían a las fuerzas armadas. 

Desde el Ministerio de la Guerra se emite un Decreto para adaptar al nuevo orden los juramentos de fidelidad a la Nación y al Gobierno, como preámbulo al Decreto que la sigue, publicado en la Gaceta de Madrid y también recogido el 23 de abril de 1931 en el diario ABC, leemos lo siguiente:
"La revolución del 14 de abril, que por voluntad del pueblo ha instaurado la República en España, extingue el juramento de obediencia y fidelidad que la fuerzas armadas habían presentado a las instituciones hoy desaparecidas. No se entiende en modo alguno que las fuerzas de mar y tierra del país estaban ligadas en virtud de aquel juramento por un vínculo de adhesión a una persona o a una dinastía. La misión del Ejército, dice el art. 2º de la Ley constitutiva, es sostener la independencia de la Patria"
Lo declarado  pone de manifiesto, de una forma sencilla y clara, que el Ejército es nacional, así como que la nación no es patrimonio de una familia. La República es la nación que se gobierna a si misma y el Ejercito es la nación organizada para su propia defensa.

En base a lo anterior el Gobierno Provisional de la República, a propuesta de Manuel Azaña, ministro de la Guerra, aprueba un Decreto que establece (1) :

Art.1º.: Todos los Generales en situación de actividad o reserva y todos los Jefes, Oficiales y asimilados que no estén en la de retirados o separados del servicio habrán de prestar, en el plazo de cuatro días, contados desde el de la publicación de este Decreto en la Gaceta de Madrid, solemne promesa de adhesión y fidelidad a la República.

Art. 2º.: El texto de la promesa se ajustará a la siguiente fórmula: "Prometo por mi honor servir bien y fielmente a la República, obedecer sus leyes y defenderla con las armas"

El mismo Decreto en su Art.3., entre otras cuestiones, establece que todos aquellos miembros del Ejército que por una u otra razón se negasen a efectuar la promesa, pasarían de forma automática a la situación de retiro sin perdida de derechos ni de pensiones. Así se hizo y muchos fueron los militares que se acogieron a la oferta del Gobierno, aunque la inmensa mayoría prometió, de mejor o peor grado, su lealtad a la República. Así pués al finales de abril de 1931 todos los integrantes del Ejercito que quedaban en activo habían efectuado su promesa o estaban a punto de efectuarla.

En el texto del Decreto observamos que no se hace ninguna mención expresa a la Armada, a la Marina de Guerra, lo que no significa en modo alguno que los miembros de la Armada no efectuaran la promesa de fidelidad, todos estaban obligados.

Independientemente de la promesa de fidelidad y lealtad la República recogida en el Decreto de 1931, el 28 de marzo de 1933, bajo la presidencias de Niceto Alcalá-Zamora y siendo ministro de Marina José Giral, se emite un Decreto estableciendo de forma oficial y exclusiva la promesa a la enseña nacional en la Marina. Lo reproduzco a continuación:


PROMESA A LA BANDERA. DECRETO ESTABLECIÉNDOLA EN MARINA (2)

DECRETO


Cuanto homenaje se rinda a la Bandera Nacional, enseña sagrada de la Patria, ha de redundar en mayor prestigio del Estado y de sus Instituciones Militares, cuyas gloriosas tradiciones vienen a través de la historia ligadas siempre al mayor brillo de sus símbolos representativos. 

La promesa de fidelidad, en la forma ya decretada para el Ejército, es a la vez homenaje y acatamiento que la Marina igualmente desea tributar y rendir, a cuyo fin el Ministro que suscribe, de acuerdo con el Consejo de Ministros, tiene el honor de someter a la firma de  V.E. el siguiente proyecto de Decreto:

Como presidente de la República, de acuerdo con el Consejo de Ministros y a propuesta del de Marina,

Vengo en decretar lo siguiente:

Artículo 1º.- Se establece en la Marina la ceremonia de promesa de fidelidad a la Bandera Nacional. 
Artículo 2º.- La fórmula de la promesa será la siguiente: 
Pregunta: ¿ Prometéis ser fieles a la Nación, leales al Gobierno de la República y obedecer y respetar y no abandonar a los que os manden ? 
Respuesta: Sí, prometo. 
Réplica: La Ley os amparará y la Nación os premiará si lo hacéis, y si no, seréis castigados. 
La pregunta y la réplica se harán sin cruzar el sable con la bandera. 
Artículo 3º.- Al Acto es obligatoria la asistencia de todo el personal. 
Artículo 4º.- El día 14 de Abril próximo se celebrará la ceremonia de la promesa en la Escuadra y buques, Bases navales principales, Bases navales secundarias y demás Establecimientos de la Marina. 
Artículo 5º.- En lo sucesivo se hará la promesa por el personal de marinería de nuevo ingreso al terminar el periodo de instrucción.  
Artículo 6º.- En las Escuelas de la Armada se prestará la promesa con igual ceremonial al finalizar los alumnos su instrucción militar. 
Artículo 7º.- El Personal que por no ostentar aún categoría de Oficial no prestó por escrito la promesa de fidelidad, que ordenaba el Decreto de 23 de Abril de 1931, y que sea actualmente Jefe, Oficial o Graduado de Oficial, prestará la promesa de fidelidad en los términos que señala el expresado Decreto y antes del 14 de Abril próximo.

Dado en Madrid a  veintiocho de marzo de mil novecientos treinta y tres.

Niceto Alcalá- Zamora y Torres

                                                                                        El Ministro de Marina:
                                                                                     
                                                                                        José Giral Pereira




Cinco años y cuatro meses más tarde muchos de los militares que prometieron fidelidad a la República y a su Bandera, se alzaron en armas contra ellas, sumiendo a España en una guerra cuyas consecuencias aún hoy, ochenta años después, seguimos padeciendo. Aquellos que fueron fieles a su promesa y leales a la República y a la Nación fueron perseguidos dentro y fuera de nuestras fronteras, ejecutados o encarcelados, otros lograron exiliarse para salvar sus vidas, un exilio duro y penoso sin posibilidad de volver a España, sin posibilidad de volver a estar con sus familiares.



Benito Sacaluga.






(1).- Gaceta de Madrid. Número 113. 23/04/1931. Páginas: 280 a 281

(2).-  Colección Legislativa de la Armada. Tomo CX. Páginas 188 a 189. Imprenta del Ministerio de Marina. Madrid 1933. Documento facilitado por José Manuel Rodriguez Crespo.






lunes, 17 de agosto de 2015

ATAQUES A LA FLOTA REPUBLICANA





Que durante la dictadura y los años inmediatamente posteriores el aparato franquista dedicara miles y miles de páginas a desprestigiar a  la Flota Republicana y su papel en la Guerra Civil era lo esperado, sin embargo y a pesar de los años transcurridos y la ingente información hoy existente nuestra Armada sigue golpeando a los marinos republicanos, sin ningún pudor además de con muy escasa o nula veracidad y rigor, unos ataques que no deberían ser consentidos y ni mucho menos financiados por el Estado.

En el nº 16 de la publicación "Cuadernos de Pensamiento Naval" correspondiente al primer semestre de 2014, publicación editada por el Ministerio de Defensa y por tanto pagada por todos los españoles, nos encontramos con un artículo del capitán de navío retirado D. José Manuel Gutierrez de la Cámara y Señán titulado: "Importancia de las Operaciones Navales en el desenlace final de la Guerra Civil. La lucha por el control del Estrecho y el Mediterráneo Occidental" . Ante este sugerente título se hace imposible ignorar sin más su contenido, máxime si como ya he expuesto está elaborado en 2014, setenta y cinco años después de que acabase la guerra. Puesto a su lectura con la ilusión de encontrar un relato objetivo la decepción aflora en el primer párrafo, que nada tiene que ver con la Armada y todo con el ataque a la República Española desde la falsedad a la que el régimen franquista y sus actuales partidarios nos tenían y nos tienen acostumbrados, dice así:

"En el programa de Lenin, apoyado por la propaganda y el dinero ruso, España era el próximo objetivo del bolchevismo, para lo que se creó el Partido Comunista que aunque no fue muy bien aceptado, dada la inclinación a la anarquía y aversión a las leyes del carácter español, logró establecer unas células que más adelante evolucionarían. La República fue en principio bien acogida, ante la caótica situación, pero ninguno de los políticos en el poder presentó un programa realista. Entretanto, creció con fuerza un anarquismo acentuado que actuó mediante asesinos pagados, primero en Barcelona y más tarde en Madrid, llegándose a un estado de repulsa de la opinión pública, y cuando se alcanzó el plazo de las elecciones, los partidos de derechas obtuvieron abrumadora mayoría, pero a la hora de acceder al poder las izquierdas se rebelaron, culminando la revuelta con el levantamiento de Asturias que mostró la verdadera cara de los propósitos antidemocráticos y aunque se logró dominar, dejó tras de sí una estela de odio que el gobierno no fue capaz de controlar.

En las elecciones de 1936 el Frente Popular consiguió hacerse con el poder en un segundo escrutinio realizado de modo abusivo por los partidos de izquierda que tras hacerse con los escaños discutidos, utilizaron la mayoría para anular los escaños obtenidos en las provincias y adjudicárselos, aún cuando el porcentaje de derechas era muy superior, pero las turbas incontroladas se hicieron con el poder".

La lectura de lo anterior, así sin avisar y más aún viniendo de un oficial de la Armada española, además de revolver el estómago nos da una clara idea de por donde van las cosas en nuestra Armada o al menos en parte de ella, no olvidemos que el panfleto está editado por el Ministerio de Defensa hace tan solo un año. No voy a entrar en detalle sobre lo escrito por el CN (RR) Gutiérrez de la Cámara, estos dos párrafos iniciales de su artículo contienen tantas falsedades que hacen imposible cualquier análisis o discusión.

A continuación siguen 35 páginas en las que el autor trata de relatar las operaciones navales de la flota republicana y de la flota sublevada, (a la que él denomina nacional), desde el golpe de estado franquista hasta el final de la guerra. Un relato basado principalmente en un trabajo de los hermanos Moreno, adheridos al golpe y sublevados ambos desde sus inicios, "La Guerra silenciosa y silenciada". Un relato en el que como de costumbre se minimiza la importancia de la ayuda de las marinas italiana y alemana y en el que no se desaprovecha ocasión para tirar por los suelos a mandos, oficiales y marinería de la Flota Republicana. Un relato más contra los defensores de la libertad.

Ciertamente el panfleto no tiene ninguna importancia, se trata, imagino, de un simple divertimento del autor sin ningún valor histórico ni documental, con demasiadas imprecisiones y carente de objetividad. No obstante el hecho de que aún hoy en día se siga intentando desprestigiar con falsedades e imprecisiones a la República y a su Flota y que además se lleve a cabo desde instituciones del Estado es lo que en cierto modo me preocupa y desde aquí me tomo la libertad de denunciarlo.


Benito Sacaluga


sábado, 21 de febrero de 2015

LA UNIDAD CONTRA EL FASCISMO






Bruno Alonso
En noviembre de 1937 Juan Negrín y su Gobierno se trasladan desde Valencia a  Barcelona, donde desde noviembre de 1936 ya se encontraba el presidente de la República Manuel Azaña, entre otras cuestiones para poner en pleno rendimiento la industria de guerra catalana, que en los meses siguientes quedó bajo la autoridad directa del gobierno de la República. Era necesario compensar la pérdida de las importantes fábricas de armamento de Vizcaya, Cantabria y Asturias. Al mismo tiempo se imponía la autoridad del gobierno central en Cataluña, relegando a Lluís Companys, presidente de la Generalitat a un segundo plano.

En toda la zona republicana se trata de potenciar la colaboración de la población civil en las fábricas de armamento, municiones y pertrechos de guerra. Desde el Gobierno se dan instrucciones en el sentido de concienciar a la población civil, al Ejército y a la Marina de que la guerra es en primer lugar una lucha contra el fascismo, lucha en la que deben participar todos los antifascistas sean cuales sean sus ideas o inclinaciones de orden ideológico. En definitiva se antepone a la República sobre cualquier ideología, militancia política o ausencia de ambas. Lo importante es la República, todo lo demás es secundario y es así porque la República es el todo.

El 12 de diciembre de 1937, un  mes después del traslado a Barcelona del Gobierno, la 11ª División Republicana al mando del jefe miliciano comunista Enrique Líster aisla Teruel de la retaguardia del ejercito franquista, plaza en poder de los sublevados desde el inicio de la guerra, dando lugar al inicio de la Batalla de Teruel, dirigida desde el punto de vista estratégico por el Jefe del Estado Mayor republicano, el coronel Vicente Rojo. Dos días antes, el 10 de diciembre, Bruno Alonso Gonzalez, Comisario General de la Flota y de la Base Naval de Cartagena, da una conferencia en el cartagenero Cine Sport ante un público compuesto en su mayoría por soldados, marinos y trabajadores de las fábricas de guerra, francos de servicio, cuyo contenido reproduzco a continuación.

Camaradas, El motivo de reuniros a todos en estas dos conferencias o charlas políticas que quiero pronunciar responde, como siempre, al deseo de convivir con las masas del Ejército y la Marina, haciéndome la ilusión de creer que sigo estando con las masas populares con las que estuve toda mi vida y con las que no es que haya dejado de estar en el tiempo que llevo en los barcos de la Flota y de la Base Naval, pero no me basta, yo quiero aunque sea de tarde en tarde verme con todos, y si no fuese bastante este deseo personal mío, creo que estas reuniones y charlas nunca deben estar de más porque vosotros como yo sabéis que desgraciadamente no hay aún el completo compañerismo que debe haber en las relaciones, el trato y cordialidad necesarios.
Hay todavía prejuicios, diferencias, hostilidades en las relaciones entre las distintas Armas que deben orillarse, deben terminar habiendo un contacto, una compenetración, entre los soldados, la infantería de marina y los marinos de la Flota allí donde quiera que se encuentren. Deben considerarse como hermanos ya que defienden la misma causa y deben tener el mismo sentido de solidaridad.
Quiero echar ante vosotros una ojeada retrospectiva con respecto a lo que hemos hecho en el transcurso del periodo que ocupo como Comisario General de la Flota y de la Base. Va a hacer un año que fui nombrado, arrancándome de las milicias santanderinas ya encuadradas en el Ejército Popular. Desde entonces he de proclamar el profundo, indudable y enorme progreso obtenido en moral, disciplina, cultura, corrección y eficacia de los barcos y dotaciones, progreso operado igualmente en las unidades de tierra.
He visto con satisfacción como hoy, los marinos de la Flota y los militares de tierra responden con una disciplina y moral admirables a todas las obligaciones que la guerra les impone. Como ejemplo de esos defensores magníficos ponemos la conducta de las compañeras de producción de Cartuchería que han elevado su producción en más de 600.000 cartuchos. Quiero rendir a ellas, como a todas las dependencias, el ejemplo de abnegación, pero si me preguntáis después de esto si me encuentro satisfecho con el resultado, os digo que no. Fui siempre un ambicioso de las buenas obras y en las actuales circunstancias, todo lo que se haga a favor del triunfo de España me parece poco y se que mucho no se debe a la falta de voluntad ya que muchos de los Comisarios actúan brillantemente y el esfuerzo y voluntad de todos y principalmente de los jefes ha contribuido a esta labor. Nuestra capacidad de rendimiento puede ser mayor, ya que aún no existe en alguno de nuestros mandos y en alguno de nosotros el espíritu de solidaridad que debe presidir todos nuestros actos.
Aún hay quien recela del deber de los Comisarios Políticos, aún hay quien cree que el Comisario tiene una simple función de policía; hay quien cree que el Comisario ha venido a sustituir al técnico y al jefe, pero el Comisario debe cuidar de la lealtad de todos; tiene la misión de dar una conciencia ciudadana a estos jefes y a estos técnicos, para hacer de este Ejército, de estas masas un Ejército del Pueblo que sepa tener conciencia antifascista y aún hay, repito, un poco de confusión en lo que es el deber de cada uno y de todos, y yo he de esforzarme por sostener que en todo momento estamos obligados a defender y practicar las obligaciones que contraemos. Este deber y esta obligación son mayores que ayer y anteayer.
Yo he sido hombre que he creído siempre, ante todo, en la fortaleza de las fuerzas propias  y el valor y decisión de aquellos que por pertenecer a nuestras organizaciones estaban obligados a defenderlas con su moral y a veces con su sangre. Yo no he pensado que esta victoria nos la haya dado nadie. No me hice nunca grandes ilusiones de que la victoria nos la iban a regalar las democracias. La victoria tenemos que ganarla nosotros; solo así, además, nos haremos dignos de ella. Hay que poner a contribución cuantas energías nos quedan a favor de nuestra causa. No hay que hacerse ilusión de que todo está hecho, hay mucho camino por recorrer.
He dicho muchas veces que la incomprensión y recelo de nuestra retaguardia nos hacen más daño que las balas fascistas. Hay mucha gente que debe predicar con el ejemplo, que es el mejor postulado. Tenemos que hacer todos un examen moral para saber si podemos estar seguros y tranquilos  de que estamos haciendo todo cuanto pueda servir a la causa de nuestra República y del pueblo.
Hay mucha gente que en vez de la vigilancia de los servicios de nuestra retaguardia, atenta con sus actos los deberes y las órdenes que nuestro Gobierno impone a los leales a la República. Lo que interesa saber es si los obreros que trabajan para la guerra están mejor o peor que antes.
Hay mucha gente fuera de las armas y de la disciplina en una manera y otra que se piensan que la República ha establecido Comisarios Políticos encargados de dar a las fuerzas un contenido político, si, político, en defensa de la libertad y la independencia de España. Aún no nos hemos querido dar cuenta que la Marina y el Ejército tiene que ser de todos y para todos, de todos los antifascistas y para todos los antifascistas solo con una línea certera, sin olvidarse de dar una conciencia política, no apolítica, una conciencia del deber revolucionario, que es una conciencia antifascista. 
Es así como podemos ganar energías que se pierden, superando diferencias de clase, entidad o grupo. Yo tengo una conciencia marxista, pero tengo el deber en este momento de unir a los marxistas y a los no marxistas, tengo el deber en este momento de sumar a todos los antifascistas. Algunos amigos me dicen que he renunciado a mi condición de marxista, yo digo que estoy defendiendo la fraternidad de los que están muriendo por nuestra causa. ¿Qué pasaría si yo no procediera así? Yo tendría la responsabilidad ante la historia del drama que estamos viviendo. Creo que debo proceder así. Los que están en las trincheras renuncian a todo, igual debemos de proceder nosotros.
Ha de ser la conciencia libre del país la que determine la obra que se ha hecho y que actualmente nadie se sienta satisfecho por lo que se ha hecho hasta el presente.  Se refiere a los deberes que todos tenemos en el frente y en la retaguardia. Que los hechos respondan a las palabras. Yo soy responsable de la línea política, responsable de la unidad ante el Gobierno y ante el pueblo, debiendo procurar eliminar todas las cosas que nos dañan y así el pueblo y la República saldrán libres de sus enemigos.

La postura del Gobierno de Negrín y el discurso de Bruno Alonso dejan clara la necesidad de anteponer la defensa de la República a cualquier sigla o ideología, a cualquier militancia en organizaciones políticas de izquierda y exige unidad frente al fascismo. Con las debidas adaptaciones y atendiendo al fondo de la cuestión el discurso de Alonso perfectamente podría estar hoy vigente en España, a pesar que han transcurrido casi 80 años. Lamentablemente así es.

Benito Sacaluga.


Fuente: Diario Venceremos. Fondos Archivo Municipal de Cartagena


miércoles, 12 de junio de 2013

EL CÓDIGO DE FRANCO (II)


En la entrada anterior se ha expuesto que el Código de Justicia Militar que estamos analizando es el que Franco estableció en 1938 modificando sustancialmente el que estaba vigente durante el reinado de Alfonso XIII y anulando por completo el que se estableció democráticamente durante la II República.

Aun hoy en día gran cantidad de españoles, unos por desconocimiento y otros por convicción consideran el levantamiento en armas de parte del ejercito llevado a cabo del 18 de julio de 1936 como una actuación necesaria, llevada a cabo por unos héroes irreductibles, cuyo único fin consistía en salvar a España del comunismo, de la invasión bolchevique, presentándolo como una amenaza a la independencia y libertad de la nación española y destinado a poner fin a una situación de violencia generada por los enfrentamientos entre los grupos paramilitares de Falange y de la extrema izquierda obrera. Amenaza completamente infundada tal y como se ha podido llegar a conocer últimamente a causa de la desclasificación de determinados documentos secretos, una amenaza de invasión soviética basada en textos de falso contenido elaborados “a la carta” para los golpistas por el falangista Tomás Borrás. En cuanto a la situación de violencia en las calles por cuestiones políticas, los enfrentamientos entre los grupos paramilitares, fue interesadamente magnificada por los golpistas y la derecha, no olvidemos que el grupo cuya misión era desestabilizar al gobierno era la Falange, esta situación no era ni muchos menos irreversible. El Gobierno del Frente Popular ( una coalición de partidos integrada por Unión Republicana, PCE, PSOE, ERC, Izquierda Republicana…) nunca perdieron el control de la situación, numerosos historiadores apoyan esta afirmación, entre ellos el catedrático y prolífico historiador especializado en la guerra civil española Julio de Aróstegui escribe en 1997:
“La desestabilización política real en la primavera de 1936 no explica en modo alguno la sublevación militar de julio de 1936 y menos aún la justifica". “La política y la sociedad españolas mostraban signos inequívocos de crisis, lo cual no significa necesariamente que la única salida fuera una guerra civil”.
Existen varios hechos ciertos en relación con este levantamiento militar:
  • España era en 1936 un estado democrático de derecho sometido a una Constitución.
  • El levantamiento en armas de parte del ejército se produce a causa del fracaso de un golpe de estado militar, cuidadosamente elaborado durante los meses anteriores por el ejército, con la colaboración de parte de la burguesía, la derecha española, los poderes económicos y el clero, un clero que consumó un matrimonio entre la religión y la política con la sublevación militar, un asalto al poder  que la jerarquía de la iglesia católica convirtió oficialmente en una cruzada. Alfonso XIII, desde el exilio en Portugal y con el pretexto de reinstaurar la monarquía en España, en 1934 consiguió del régimen fascista italiano el compromiso de aportar a su causa 1.500.000 pesetas, 200 ametralladoras, fusiles y granadas de mano. Firmaron el acuerdo por parte española el general Barrera, los partidos Renovación Española (monárquico) y Comunión Tradicionalista (carlista).
  • Anteriormente, transcurrido poco más de un año desde la proclamación de la II República, concretamente el 10 de agosto de 1932, tuvo lugar un  primer intento de golpe de Estado contra la República, liderado por el general Sanjurjo el cual fracasó. En 1935 José María Gil Robles, líder de la derecha y Ministro de Guerra del Gobierno nombra a Francisco Franco como Jefe del Estado Mayor Central y a Mola como Jefe de las Fuerzas de Marruecos, podemos afirmar que desde ese preciso momento el golpe militar comienza a desarrollarse.

Una vez expuesto de forma extremadamente resumida lo que llevaron a cabo las tropas de Franco, Mola, Queipo de Llano, Varela… paso a comentar el Capitulo Primero del Titulo IV del Código de Justicia Militar franquista de 1938, aquel con el que se juzgó a los militares republicanos acusados de rebelión militar.

Art.237. Son reos de delito de rebelión militar, los que se alcen en armas contra la Constitución del estado, contra el Rey, los Cuerpos Colegisladores o el Gobierno legítimo, siempre que lo verifiquen concurriendo alguna de las circunstancias siguientes:
1º.- Que estén mandados por militares, o que el movimiento se inicie, sostenga o auxilie por fuerzas del Ejército.2º.- Que forman partida militarmente organizada y compuesta de diez o más individuos.3º.- Que formen partida en menor número de diez si en distinto territorio de la nación existen otras partidas o fuerzas que se proponen el mismo fin.4º.- Que hostilicen a las fuerzas del Ejército antes o después de haberse declarado el estado de guerra.

Este artículo sustituye durante la guerra en las poblaciones ocupadas y en la posguerra en la totalidad de España al texto republicano establecido en 1931:
"Son  reos de rebelión militar los que se alcen en armas contra la Constitución del Estado Republicano, contra el Presidente de la República, Asamblea Constituyente, los Cuerpos Colesgiladores o el Gobierno Provisional y Legítimo."

Podemos concluir sin el menor esfuerzo que los autores del golpe y posterior levantamiento en armas cumplen todos los requisitos para ser reos de rebelión militar aplicando su propio y particular código. Queda claro que dicho código se redactó desde el cuartel general de un militar sublevado, autoproclamado jefe de estado y desde la infamia de considerar como rebeldes a las fuerzas militares democráticas españolas contra las que él y sus secuaces  se rebelaron, a ellos nunca pensaban aplicárselo, en su particular mundo los rebeldes eran los que se oponían a la rebelión.

Desde la constatada realidad y conocimiento de lo sucedido que hoy tenemos en relación con los sucesos del 18 de julio de 1936, independientemente de la aplicación de uno u otro código de justicia, todos y cada uno de los que voluntariamente intervinieron en ellos para llevarlos a cabo deben ser sin duda alguna considerados reos de un delito de rebelión militar, incluido Juan de Borbón dado so ofrecimiento a Franco para combatir en las filas fascistas. Esto no admite duda alguna, es evidente, el propio Franco lo reconoce y al mismo tiempo se juzga asimismo declarándose inocente:
"Al Ejército no le es lícito sublevarse contra un partido ni contra una Constitución porque no le gusten; pero tiene el deber de levantarse en armas para defender a la Patria cuando está en peligro de muerte."(19-VII-1937: Declaraciones a "ABC", de Sevilla.), aún llega más lejos cuando erigiendose en portavoz de todos los españoles dice : La nación, consciente de su destino histórico, se ha levantado para defender las esencias de su vida y, cumpliendo otra vez misteriosos designios, para defender también las esencias de una civilización que nos es común.(2-VIII-1937: Salamanca.) ¿Misteriosos designios?

Una vez declarados culpables por los tribunales sería el momento de la aplicación de las penas correspondientes, penas que según el código franquista se atienen a lo siguiente:

Art.238. Los reos de rebelión militar serán castigados: 
1º.- Con la pena de muerte el jefe de la rebelión y el mayor empleo militar, o más antiguo, si hubiere varios del mismo, que se pongan a la cabeza de la fuerza rebelde de cada Cuerpo y de la de cada compañía, escuadrón, batería, fracción o grupo de estas unidades.(La República había abolido la pena de muerte y la de cadena perpetua).
2º.- Con la de reclusión perpetua a muerte los demás no comprendidos en el caso anterior, los que se adhieran a la rebelión en cualquier forma que lo ejecuten, y los que valiéndose del servicio oficial que desempeñen, propalen noticias o ejecuten actos que puedan contribuir a favorecerla.

Ninguno de los que intervinieron en el levantamiento en armas contra el Estado Español fueron juzgados cuando hubo ocasión para ello, ni siquiera considerados pública y notoriamente como rebeldes, algunos de ellos aún tienen bustos en las plazas o dan nombre a una calle española, el máximo responsable descansa en un mausoleo faraónico levantado con el sudor y la sangre de los presos de guerra, sin embargo cientos de miles de militares republicanos desde general a corneta fueron considerados culpables de rebelión militar y por tanto fusilados y enterrados en fosas comunes o enviados a largos años de prisión. En resumidas cuentas cientos de miles de crímenes que han quedado impunes, una impunidad contra la que solo luchan sus familiares, organizaciones memorialistas y defensores de los derechos humanos y todo ello con la indiferencia de la gran mayoría de la sociedad española y los medios de comunicación y también con la oposición, el rechazo y la crítica  de los herederos y nostálgicos del franquismo, incluida una iglesia católica que antes justificaba los crímenes y rendía pleitesía a los asesinos y hoy calla pero está presente incluso en la reciente Ley de Memoria Histórica en su intento por preservar las inscripciones de los mártires de la "Cruzada" en las iglesias, desafiando a la Constitución y estimulando el fundamentalismo con el beneplácito del gobierno de turno.

Unos por temor a la verdad y otros porque aún hoy en día defienden a ultranza el levantamiento, lo siguen justificando sin reservas cumpliendo al pie de la letra el mandato que Franco les transmitió un año antes de morir :
"Cerrad filas, conservadlas incólumes, conservad el espíritu combativo que siempre hace falta seguros de que vuestros hijos, vuestros nietos y sus descendientes tendrán el respeto de todos al servicio de la nación."(27-XI-1974)

Benito Sacaluga


domingo, 12 de mayo de 2013

EL BORBÓN


El uno  de noviembre de 1700 fallece Carlos II El Hechizado, rey de España, Nápoles, Sicilia y Cerdeña, Soberano de los Países Bajos, Duque de Milán. Era hijo de Felipe IV de España y Mariana de Austria. Ultimo rey de España perteneciente a  la casa de Austria.

Posiblemente a  causa de los numerosos matrimonios consanguíneos habidos en su familia fue desde su nacimiento una persona enferma, raquítica, no muy inteligente, mas bien poco, y estéril, incapacitado por tanto para tener descendencia, circunstancia  que puso fin a la dinasta de los Austria en el trono de España y dio lugar al correspondiente conflicto sucesorio. A la muerte de Carlos II, y refrendado por su cuestionado testamento, le sucede en el trono de España Felipe de Anjou, nieto de Luis XIV de Francia y de su hermana la infanta María Teresa de Austria, convirtiéndose así en Felipe V de España, el primer rey español de la dinastía Borbón. El 18 de febrero llegó a Madrid y se instaló en el palacio del Buen Retiro, esperó al 14 de abril para la toma de posesión

Escudo de la Casa de Borbón
Una subida al trono plagada de incidentes y posiciones encontradas dentro y fuera de España, al ser considerado un rey ilegítimo por los partidarios del Archiduque Carlos de Austria. En septiembre de 1701 los austriacos penetran en Italia ocupando las posesiones española. Austria, Inglaterra y los Países Bajos firman el Tratado de la Haya y en 1702 declaran la guerra a España dando lugar a la llamada Guerra de Sucesión Española. En 1713 el Archiduque Carlos fue elegido emperador de Alemania. Las potencias europeas, temerosas ahora del excesivo poder de los Habsburgo, retiraron sus tropas y firmaron ese mismo año el Tratado de Utrecht, en los que España perdía sus posesiones en Europa y conservaba los territorios metropolitanos (a excepción Gibraltar y Menorca, que pasaron a Gran Bretaña) y de ultramar. No obstante, Felipe fue reconocido como legítimo rey de España por todos los países, con excepción del archiduque Carlos, entonces ya emperador, que seguía reclamando para sí mismo el trono español.

En 1724 inmerso en una de sus continuas crisis de melancolía abdica en su hijo Luis de 17 años de edad y entronizado como Luis I de España. Un reinado que dura apenas seis meses controlado por la reina Farnesio desde La Granja. A la muerte de Luis I. Felipe V vuelve al trono y el día 25 de noviembre de 1724 se jura príncipe a Fernando, el que había de ser Fernando VI, desde aquí llegamos al actual Juan Carlos I.

Volviendo hacia atrás en la historia tenemos que remontarnos al año 1.500 para encontrar entre las monarquías española al último rey netamente español, lo hayamos en la figura de Carlos I de España, nieto de los Reyes Católicos e hijo de Juana la Loca y Felipe el Hermoso, hermano de Fernando I Archiduque Soberano de Austria y padre de Felipe II, casado éste con Ana de Austria y responsable de la Casa de Austria. Puede afirmarse por tanto la existencia de sangre española en la creación de la Dinastía de los  Austria. 

Sin embargo la Dinastía Borbónica no es de origen español. La rama de Borbón procede de un hijo de Luis IX de Francia, Roberto de Clermont. El primer duque de Borbón fue su hijo, Luis I de Borbón en 1317. Un término el de Borbón que procede de la adaptación al español que Felipe V llevó a cabo del original francés Bourbon nada más subir al trono. En definitiva una dinastía de origen netamente francés y profusamente aceptado en su escudo, plagado de francesas flores de lis.

A modo de resumen:
  • Casa de Austria: Dinastía iniciada con sangre española por el nieto de los Reyes Católicos.
  • Casa de Borbón. Dinastía iniciada con sangre francesa por el hijo de Luis IX de Francia.


En 1931 España se deshizo de la monarquía, los Borbones dejaron España. En 1975, cuarenta y cuatro años después, casi medio siglo, un dictador la volvió a instaurar, a esto se le llamó transición, yo no tengo más remedio que calificar a este suceso como de  retroceso histórico y dar toda la razón al republicano Victor Hugo cuando dijo :
"Los reyes son para aquellas naciones que están en pañales”.




Benito Sacaluga



lunes, 6 de mayo de 2013

DESTINOS, NOMBRAMIENTOS Y ASCENSOS EN LA ARMADA REPUBLICANA, MAYO DE 1.937..... Y UNA CURIOSIDAD.


GACETA DE LA REPÚBLICA

MINISTERIO DE MARINA Y AIRE


Ejemplar de 1945 de la Gaceta de la
Republica Española en el Exilio


NÚMERO 137.
Valencia 17 de Mayo de 1.937

Ascienden a Tte.Coronel y Comandante del Cuerpo Jurídico de la Armada, respectivamente,  D.José Diaz Herrera y D.Alfonso Balboa Martinez.

Asciende a Tte.Coronel Maquinista D.Benito Sacaluga Rodriguez, con efectos del veinte de Junio de 1.936  para cubrir la vacante existente por retiro del Coronel Maquinista D. Gregorio Santos Pedreira.

Ascienden a Primeros y Segundos Maquinistas, equiparados a Tenientes y Alféreces Maquinistas, los siguientes Maquinistas :

Ascienden a Primeros Maquinistas :

  • D.Francisco Ruiz Gonzálvez
  • D.José Mercader Pujalte
  • D.Luis Molinuevo Mendieta

Ascienden a Segundos Maquinistas :

  • D.Carlos Vedruna Blanco
  • D.Manuel Espinosa Sanjuán
  • D.Juan Floque Lluis
  • D.Ricardo Durán Vilar
  • D.Celestino Onaindia Ransdem
  • D.Emilio Ferrer López
  • D.Abelardo González Pallarés
  • D.Joaquín Martinez Hernández
  • D.Alfonso Jativa García
  • D.Julian García Sáez
  • D.Pedro A.Soto Turpin
  • D.Manuel Tornell Gómez
  • D.Miguel Segado Rocha


Asciende a Oficial Tercero de Máquinas el Auxiliar Primero D. Justo Sevilla García para cubrir la vacante producida por retiro forzoso del Oficial Tercero de Máquinas D.Juan Melgarejo Soto. La vacante producida por el ascenso de D.Justo Sevilla , se cubre con el ascenso a Auxiliar Primero de Máquinas del Auxiliar segundo D.Enrique Moreno Morales.

El Capitán Maquinista D.Ramón Rodriguez López cesa en el Estado Mayor de las Flotillas de destructores y pasa a hacerse cargo de la Jefatura de Máquinas del Crucero Libertad.

El Comandante Maquinista D. Eustasio Fernandez García cesa como Jefe de Máquinas del Crucero Libertad, pasando a disposición del Jefe de la Base Naval Principal de Cartagena.

Se destina al Auxiliar Primero de Electricidad D. Fernando Pose Marigómez a los Servicios Telegráficos y Telefónicos del Arsenal de Cartagena.

NUMERO 139.
Valencia 19 de mayo de 1.937

Se dispone el traslado del siguiente personal del buque tanque Campillo :

  • Cabo de Marinería Eusebio González Berruezo a la Base Naval de Cartagena
  • Marinero de primera Tomás Soto Robles, al cañonero Laya.
  • Marineros Francisco López Peña, José Gallardo Caparros, Cristobal López Martinez, Manuel Sanchez Gutierrez y Francisco González Meca a la Base Naval de Cartagena.

El Capitán Maquinsita D.Celso Pérez Fuentes pasa a hacerse cargo de la Jefatura de Máquinas del Acorazado Jaime I.

El Primer Maquinista D.Aurelio Fuster Fuentes pasa a hacerse cargo de la Jefatura de Máquinas del buque planero Tofiño.

El Tte. Coronel Benito Sacaluga Rodriguez cesa en la Jefatura de Máquinas del Acorazado Jaime I y pasa a hacerse cargo de la Jefatura de Servicios de Máquinas de la Escuadra.

Para cubrir las vacantes originadas por el ascenso a Tte.Coronel Maquinista de D.Benito Sacaluga Rodriguez y por el fallecimiento del Comandante Maquinista D.Antonio Guerra Caravaca, se asciende a Comandantes Maquinistas a los Capitanes Maquinistas D.Ramón Rodriguez López y D. Celso Pérez Fuentes.

A petición del interesado, se concede la continuación en el servicio, por haber cumplido la edad reglamentaria de jubilación, y por un periodo de seis años a D. Vicente López Jerez, Operario de la Segunda Sección del Cuerpo de Auxiliares de los Servicios Técnicos de la Armada con destino en la Estación de Submarinos de la Base Naval de Cartagena.

Como consecuencia de los dispuesto en la OM de 3 de noviembre último, por la que se concedió el reingreso, con carácter provisional, en el servicio activo, al Comandante del Cuerpo de Ingenieros de la Armada, en situación de retirado extraordinario, D.Patricio Rodríguez Roda, este Ministerio dispone sea ascendido al empleo de Teniente Coronel del Citado Cuerpo.

Se concede la continuación en el servicio y destino, con derecho a los beneficios reglamentarios, al personal que se relaciona :

  • Cabo de Artillería D.Miguel Montes González. "Torpedero 17".
  • Cabo de Artillería D. Manuel Pita Torices, "Jaime I".
  • Cabo de Marinería D.José Paz Diaz. "Servicios de Semáforos".
  • Cabo de Artillería Apuntador D.José Barril Rosales. "Flotilla de Destructores".
  • Cabo de Artillería Apuntador D.Victor Santelesforo Villar. "Alcala Galiano".
  • Cabo de Artillería Telemetrista D.Manuel Forteza Brú. "Almirante Miranda".
  • Marinero de Primera D.José Barroso Posada. "Libertad".

En el número 139 se incluye una disposición a cargo del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, lo que hoy sería el Ministerio de Cultura, el cual reproduzco a continuación como prueba del afán que la II República mostró para conseguir que la Cultura llegara a todas las clases sociales españolas, en apoyo de la convicción republicana de que la cultura es primordial para defender en paz la libertad. Resulta también significativo que esta disposición se abordara en plena guerra civil, sin prácticamente recursos económicos, algo muy diferente a lo que el actual gobierno de España esta llevando a cabo con el sistema educativo, recortando sus presupuestos hasta lo inadmisible, justificando este bárbaro ataque a la cultura por la necesidad de recortar gastos, un gobierno al que la lectura de esta disposición republicana debería provocarle vergüenza. 

MINISTERIO DE INSTRUCCIÓN PUBLICA Y BELLAS ARTES

De acuerdo con el Decreto de 21 de noviembre de 1.936 que establece el Bachillerato Abreviado para Obreros, 
Este Ministerio dispone lo siguiente :
Primero.- Se crean dos nuevos Institutos para Obreros, uno en Madrid y otro en Barcelona, en los locales que oportunamente se señalaran por este Departamento con colaboración con las Corporaciones y Entidades de las citadas capitales.
Segundo.- Los mencionados centros comenzaran su actuación el día primero de Julio próximo, debiendo adoptarse por esta Subsecretaría las oportunas medidas a tal fin encaminadas.
Tercero.- El cupo máximo de alumnos que podrá ingresar en la primera convocatoria en cada uno de los Institutos Obreros de Madrid y Barcelona será de doscientos.
Cuarto.- Los Profesores de estos Institutos serán libremente designados por el Ministerio de Instrucción Pública entre el Profesorado oficial de segunda Enseñanza o persona de reconocida competencia en la materia de que se trate.
Quinto.- Se consideraran de aplicación para los Institutos Obreros que ahora se crean, las disposiciones que regulan los ya existentes en Valencia y Sabadell.
Valencia 11 de mayo de 1.937

Los Institutos para Obreros fueron calificados como uno de los grandes sueños republicanos, funcionaron durante toda la guerra desde 1.936 hasta 1.939. Su historia la podéis conocer en este enlace : Institutos Obreros, que os llevará directamente a un excelente trabajo de Cristina Escrivá Moscardó, o este otro no menos excelente de José L.Alcaide Verdés, publicado en Asociación Cultural las Alcublas .






Fuente : Centro Documental de la Memoria Histórica.

domingo, 5 de mayo de 2013

LA REPÚBLICA, LOS SEÑORITOS Y MACHADO.




Castas, privilegiados, señoritos antaño en sus cortijos y hoy en los consejos de administración de multinacionales y en las instituciones. Otros hombres, los verdaderos, paridos en el pueblo y convertidos en héroes incontestables y rebeldes, exigen a los reyes la inocencia en las acusaciones que contra ellos existen, pueblo levantado antes en armas, hoy protagonizando manifestaciones de rechazo a los gobernantes, a la clase dirigente, al insaciable sistema capitalista, al señoritismo, enfrentándose al sistema en extraordinarias condiciones de inferioridad tal y como los milicianos republicanos se enfrentaron a ejércitos profesionales, un pueblo que aspira a los derechos que le corresponden ya que todo lo que España tiene de grande finalmente se lo debe al pueblo. No hay poderosos, hay poder, y ese poder lo reclama hoy el pueblo una vez que su cesión al sistema, al señoritismo, ha vaciado sus graneros para contentar a los señoritos. Un poder exigible y exigido por tanto tiempo que ya nuestras memorias no son capaces de recordar su primer día. Una lucha que necesita de una herramienta básica, de la cultura, una herramienta que los señoritos rechazan concedernos sumiéndonos en la constante y machacona repetición de los textos de “sus” escritores y trabando a aquellos autores que escriben para el pueblo llano, al mismo tiempo que se les aplican los más inadecuados calificativos, intentado que el pueblo, permanezca dormido mientras se alimenta con la “cultura del consumo" , precisamente la que hace que los bolsillos de los señoritos y los usureros están cada día mas llenos y nuestros graneros más vacíos aún.

Antonio Machado, republicano convencido, escribió en el diario La Vanguardia una serie de artículos durante la guerra civil española, concretamente veintiséis, reproduzco a continuación el primero por su indudable vigencia, publicado el 16 de julio de 1.937, justo un año después del levantamiento militar e inicio de la guerra civil, pero antes y a modo de guiño a la esperanza republicana una estrofa de sus primeras obras, de principios del siglo XX :

Al olmo viejo, hendido por el rayo
y en su mitad podrido,
con las lluvias de abril y el sol de mayo,
algunas hojas verdes le han salido.

…… Mi corazón espera
también hacia la luz y hacia la vida,
otro milagro de la primavera.


Cuando alguien me preguntó, hace .ya muchos años, ¿piensa usted que el poeta debe escribír para el pueblo, o permanecer encerrado en su torre de marfil?, era el tópico al uso de aquellos días, consagrado a una actividad aristocrática en esferas de la cultura sólo accesibles a una minoría selecta, yo contesté con estas palabras, que a muchos parecieron un tanto ingenuas: "Escribir para el pueblo, decía un maestro, ¡qué más quisiera yo !". Deseoso de escribir para el pueblo, aprendí de él cuanto pude, mucho menos, claro está, de lo que él sabe. Escribir para el pueblo es, por de pronto, escribir para el hombre de nuestra raza, de nuestra tierra, de nuestra habla, tres  cosas de inagotable contenido que no acabamos nunca de conocer. Y es mucho más, porque escribir para el pueblo nos obliga a rebasar las fronteras de nuestra patria, escribir; para los hombres de otras razas y de otras lenguas. Escribir para  el pueblo es llamarse Cervantes, en España; Shakespeare, en Inglaterra;, Tolstoi, en Rusia.
Es el milagro de los genios de la palabra. Tal vez alguno de ellos lo realizó sin saberlo, sin haberlo deseado siquiera. Día llegará en que sea la suprema aspiración del poeta. En cuanto a mí, mero aprendiz, no creo haber pasado de folklorista, aprendiz a mi modo, del saber popular. 
Mi respuesta era la de un español consciente de su hispanidad, que sabe, que necesita saber como en España casi todo lo grande es obra del pueblo o para el pueblo, como en España lo esencialmente aristocrático en cierto modo es lo popular. En los primeros meses de la guerra que hoy ensangrienta a España, cuando la contienda no había aún perdido su aspecto de mera guerra civil, yo escribí estas palabras que pretendian justificar mi fe democrática, mi creencia en la superioridad del pueblo sobre las clases privilegiadas.
Los milicianos de 1936



Después de puesta su vida tantas veces por su ley al tablero...

¿Por qué recuerdo yo esta frase de don  Jorge Manrique, siempre que veo, hojeando diarios y revistas, los retratos de nuestros milicianos?
Tal ves será, porque estos hombres, no precisamente soldados, sino pueblo en armas, tienen en sus rostros el grave ceño y la expresión concentrada o absorta en lo invisible, de quienes, como dice el poeta, “ponen al tablero su vida por su ley», se juegan esa moneda única, si se pierde no hay otra, por una causa hondamente sentida. La verdad es que todos estos milicianos parecen capitanes, tanto es el noble señorío de sus rostros.
Cuando una gran ciudad, como Madrid en estos días,  vive una experiencia trágica, cambia totalmente de fisonomía y en ella advertimos un extraño fenómeno compensador de muchas amarguras: la súbita desaparición del señorito. Y no es que el señorito, como algunos piensan, huya o se esconda, sino que desaparece literalmente se borra, lo borra la tragedia humana, lo borra el hombre.
La verdad es que, como decía Juan de Mairena, “no hay señoritos, sino más bien señoritismo” , una forma, entre varias, de hombría degradaba, un estilo peculiar de no ser hombre, que puede observarse a veces en individuos de diversas clases sociales, y que nada tiene que ver con los cuellos planchados, las corbatas o el lustre de las botas.
Entre nosotros, españoles, nada señoritos por naturaleza, el señoritismo es una enfermedad epidémica, cuyo origen puede encontrarse acaso en la educación jesuítica, profundamente anticristiana y, digámoslo con orgullo, perfectamente antiespañola. Porque “señoritismo" lleva implícita una estimativa errónea y servil, que antepone los hechos sociales más de superficie, signos de clase, hábitos o indumentos, a los valores propiamente dichos, religiosos y humanos. El señoritismo ignora, se complace en ignorar, jesuíticamente, la insuperable dignidad del hombre. El pueblo, en cambio, la conoce y la afirma, en ella tiene su cimiento más firme y la ética popular. «Nadie es más que nadie» reza un adagio de Castilla. ¡Expresión perfecta de modestia y de orgullo! Si, “nadie es más que nadie” porque a nadie le es dado aventajarse a todos, pues a todo hay quien gane, en circunstancias de lugar y de tiempo. “Nadie es más que nadie”, porque, y éste es el más hondo sentido de la frase, por mucho que valga un hombre, nunca tendrá valor más alto que el valor de ser hombre. Así habla Castilla, un pueblo de señores, que siempre ha despreciado al señorito.
Cuando el Cid, el Señor por obra de una hombría el Cid, el Señor que sus propios enemigos proclaman, se apercibe, en el viejo poema, a romper el cerco que los moros tienen puesto a Valencia, llama a su mujer, doña Jimena, y a sus hijas Elvira, y Sol, para que vean "cómo se gana el pan". Con tan divina modestia habla Rodrigo de sus propias hazañas. Es el mismo, empero, que sufre destierro por haberse erguido ante el rey Alfonso y exigiéndole, de hombre a  hombre, que jure sobre los Evangelios no deber su corona al fratricidio Y junto al Cid, gran señor de sí mismo, aparecen en la gesta inmortal aquellos dos infantes, de Carrión, cobardes, vanidosos y vengativos; aquellos dos señoritos felones, estampas, definitivas de una aristocracia, encanallada. Alguien ha señalado, con certero tino, que el Poema del Cid es la lucha entre una democracia naciente y una aristocracia declinante. Yo diría, mejor, entre la hombría castellana y el señoritismo leonés de aquellos tiempos.
No faltará quien piense que las sombras de los yernos del Cid acompañan hoy a los ejércitos facciosos y les aconsejan hazañas tan lamentables como aquella del robledo de Corpes. No afirmaré yo tanto porque no me gusta denigrar al adversario, pero creo con toda el alma que la sombra de Rodrigó acompaña a nuestros heroicos milicianos. y que en el Juicio de Dios que hoy, como entonces, tiene lugar a orillas del Tajo, triunfarán otra vez los mejores. O habrá que faltarle al respeto a la misma divinidad.
Entre españoles, lo esencial humano se encuentra con la mayor pureza y el más acusado relieve en el alma popular. Yo no sé si puede decirse lo mismo de otros países. Mi folklore no ha traspuesto las fronteras de mi patria. Pero me atrevo a asegurar que en España el prejuicio aristocrático, el de escribir exclusivamente para los mejores, pueda aceptarse y aún convertirse en norma literaria, solo con esta  advertencia: la  aristocracia española está en el pueblo, escribiendo para el pueblo se escribe para los mejores. Si quisiéramos piadosamente no excluir del goce de una literatura popular a Ias llamadas  clases tendríamos que rebajar el nivel humano y la categoría estética de las obras que hizo suyas e! pueblo y entreverarlas con frivolidades y pedanterías. De un modo más o menos consciente es esto lo que muchas veces hicieron nuestros clásicos. Todo cuanto hay de superfluo en “El Quijote” no proviene de concesiones hechas al gusto popular, o como se decía antes, a la necedad del vulgo, sino por el contrario a la perversión estética de la corte. Alguien ha dicho con frase desmesurada, inaceptable: ad pedem ittera, pero con  profundo sentido de verdad, en nuestra gran literatura casi todo lo que no es folklore es pedantería. 
Pero dejando a un lado el aspecto español  o, mejor españolista, de la cuestión se encierra a mi juicio, en este claro dilema: o escribimos sin olvidar al pueblo, o sólo escribiremos tonterías, y volviendo al aspecto universal del problema, que es el de la difusión de la cultura y el de su defensa voy a leeros palabras de Juan de Mairena, un profesor apócrifo o hipotético, que  proyectaba en nuestra patria una Escuela Popular de Sabiduría Superior.
'La cultura vista desde fuera, como la ven quienes nunca contribuyeron a crearla, puede aparecer como un caudal en numerario o mercancías, el cual, repartido entre muchos, entre los más, no es suficiente para enriquecer a nadie. La difusión de la cultura sería para los que así piensan, si esto es pensar, un despilfarro o dilapidación de la cultura, realmente lamentable”. ¡Esto es tan lógico!... Pero es extraño que sean, a veces, los antimarxistas, que combaten la interpretación materialista de la Historia, quienes expongan una concepción tan espesamente materialista de la difusión cultural.
En efecto, la cultura vista desde fuera, como si dijéramos desde la ignorancia o, también, desde la pedantería, puede aparecer como un tesoro cuya posesión y custodia sean el privilegio de unos pocos y el ansia de cultura que siente el pueblo, y que nosotros quisiéramos contribuir a aumentar en el pueblo, aparecería como la amenaza a un sagrado depósito. Pero nosotros, que vemos la cultura desde dentro, quiero decir desde el hombre mismo, no pensamos ni en el caudal, ni en el tesoro, ni en el depósito de la cultura, como en fondos o existencias que puedan acapararse, por un. lado, o, por otro, repartirse a voleo, mucho menos que puedan ser entrados a saco por las turbas. Para nosotros, defender y difundir la cultural es una misma cosa: aumentar en el mundo el humano tesoro de conciencia vigilante.
¿Cómo? Despertando al dormido. Y mientras mayor sea el número de despiertos... . .
Para mí, decía Juan de Mairena, sólo habría una razón atendible contra una gran difusión de la cultura o tránsito de la cultura , concentrada en un estrecho círculo de elegidos o  privilegiados, a otros ámbitos más extensos, si averiguásemos que el principio de Carnot - Clausius, rige también para esa clase de energía espiritual que despierta al durmiente. En ese caso habríamos de proceder con sumo tiento, porque una difusión de la cultura implicaría, a fin de cuentas, una degradación de la misma que la hiciese prácticamente inútil. Pero nada hay averiguado, a mi juicio, sobre este particular. Nada serio podríamos oponer a una tesis contraria que, de acuerdo con la más acusada apariencia, afirmase la constante reversibilidad de la energía espiritual que produce la cultura.
Para nosotros, la cultura ni proviene de energía que se degrada al propagarse, ni es caudal que se aminore al repartirse; su defensa, obra será de actividad generosa, lleva implícitas las dos más hondas paradojas de la ética : sólo se pierde lo que se guarda, sólo se gana lo que se da. .. .
Enseñad al que no sabe, despertad  al dormido, llamad a la puerta de todos los corazones, de todas las conciencias, y como tampoco es el hombre para la cultura, sino la cultura para el hombre, para todos los hombres, para cada hombre, de ningún modo un fardo ingenie para levantado en vilo por todos los hombres, de tal suerte que tan sólo el peso de la cultura, pueda repartirse entre todos, si mañana un vendaval de cinismo, de elementalidad humana, sacude el árbol de la cultura y se lleva algo más que sus hojas secas, no os asustéis. Los árboles demasiado frondosos necesitan perder algunas de sus ramas, en beneficio de sus frutos. Y a falta de una poda sabia y consciente, pudiera ser bueno el huracán.
Antonio Machado
16 julio de 1937


jueves, 2 de mayo de 2013

JUAN MARCH, MECENAS DEL GOLPE DE ESTADO





Juan March Ordinas nació en 1890 en Santa Margalida, un pueblo cercano a la localidad mallorquina de Capdepera, su padre era tratante de ganado porcino. Su falta de aptitud para los estudios se compensó con un elevado instinto comercial.

El origen de su fortuna no guarda ninguna relación con  el negocio familiar sino directamente con el contrabando y en sus inicios como prestamista privado. Los beneficios de los préstamos se invertían en la compra de terrenos a bajo precio puestos a la venta a causa del empobrecimiento de la aristocracia local. Posteriormente esos mismos terrenos eran vendidos a los campesinos a los que al mismo tiempo les prestaba dinero para la operación, prestamos que originaban elevadas sumas en concepto de intereses. Después de su éxito como prestamista organizó una importante red de contrabando trasportando productos desde Mallorca al Levante español. Todavía no se había consolidado el negocio del turismo, estamos hablando de los principios del siglo XX, y la isla de Mallorca obtenía gran parte de sus ingresos gracias al contrabando, principalmente de tabaco aunque March traficaba también con maquinaria, armas y la cocaína que se consumía en los círculos bohemios de Barcelona.

Durante la primera guerra mundial se dedicó además al aprovisionamiento de los submarinos austriacos que se ocultaban en las aguas de la isla de Cabrera, actividad con la que provocó un conflicto diplomático con Inglaterra ya que España tenia ante el conflicto una posición de neutralidad y las operaciones de March eran permitidas por el gobierno español.

Al término de la primera gran guerra ya había amasado una considerable fortuna y fundado su propia compañía naviera, la Compañía Trasmediterránea, con la que controlaba la práctica totalidad de las operaciones del Mediterráneo occidental. En 1.923 fue elegido diputado a Cortes por Mallorca, cargo que no impidió que vendiera miles de fusiles Mauser 98 al caudillo rifeño Abd el-Krim, fusiles que eran utilizados para combatir a las fuerzas españolas de Marruecos, soldados de cuya muerte a causa de los disparos de los fusiles que vendía también sacaba provecho alquilando sus barcos a la Corona para que muertos y heridos españoles fueran repatriados a España, negocio redondo.En 1.926 crea la Banca March.

Con la llegada de la República cambió su suerte. Pese a su gran poder e influencia fue detenido y encarcelado bajo la acusación de apoyar a la dictadura de Primo de Rivera y por la práctica del contrabando de armas. Recluido en la prisión de Alcalá de Henares no tuvo ningún problema en escapar y huir del país previo soborno a un funcionario. Cuando su fuga fue conocida por los ciudadanos se acuñó la frase “O la República acaba con March, o March acabará con la República” y así fue. Desde entonces su mayor objetivo fue derribar el Gobierno legítimamente constituido. Esperó al 18 de julio de 1.936, donde su intervención fue decisiva y dio origen a la guerra civil. Desde un principio financió ampliamente a los golpistas a través de sus oficinas en el extranjero. Acabada la guerra regresó a España y se cobró su aportación junto con unos fabulosos intereses.

Para entonces había quedado claro que March podía hacer eliminar a un adversario con un golpe de cuchillo, derribar un gobierno democrático que le era hostil o financiar un golpe de estado. Y Franco lo sabía. Pese a su apariencia respetable era un hombre que carecía de los más elementales escrúpulos. Uno de sus grandes lemas en síntesis era “Todo hombre tiene su precio, y si no lo tiene es que no vale nada”.

Desde el final de la guerra y hasta su muerte, Juan March pudo dedicarse tranquilamente a sus negocios. Tal como se había pactado, el régimen de Franco le devolvió su apoyo financiero con intereses y le permitió desarrollar sin límite sus actividades. Gracias a ello el antiguo tratante de ganado consolidó una inmensa fortuna y llegó a figurar entre las siete primeras del mundo. En los años 50 ya se codeaba con los Getty, los Rothschild o los Rockefeller, para entonces ya había hecho edificar una mansión en la costa este de la isla de Mallorca, por supuesto con capilla incluida además de un gran jardín con plantas exóticas que pasa por ser el más importante de Europa.

Desde la atalaya de su gloria quiso emular a sus pares norteamericanos, creando una fundación que llevase su nombre. Creó la Fundación Juan March.

En sus últimos años vivió totalmente alejado de Mallorca. En la isla se cuenta que el motivo era el miedo. Conocía bien a sus paisanos para ignorar que había dejado una larga lista de victimas que en cualquier momento podían ajustarle las cuentas. Irónicamente el hombre más poderoso del país, más poderoso aún que Franco, carecía del valor para enfrentarse con su propio pasado. Al final March solo pisaba la isla para eventos familiares de importancia y siempre en medio de excepcionales medidas de seguridad coche blindado incluido.

March falleció anciano, en 1.962, victima de un accidente de coche en una solitaria carretera madrileña. Todavía hoy se maneja la hipótesis de un atentado. Nunca se sabrá. Fue enterrado en un lujoso panteón de Palma diseñado por el mismo arquitecto que había diseñado el Valle de Los Caídos. Su imperio financiero sigue funcionando a través de sus herederos siendo la Banca March su buque insignia.

Extractado de : La Paternidad del pirata.Miguel Dalmau. Tintalibre abril 2013.


jueves, 4 de abril de 2013

LA MONARQUIA, EL ETERNO PROBLEMA



A finales de 1.930, Ortega y Gasset publicó un artículo en el diario El Sol a cuenta del General Berenguer, sucesor del general golpista Primo de Rivera, que con la connivencia del rey Alfonso XIII instaló la dictadura en España en 1.923 

En esos momentos el rey Alfonso XIII pretendía hacer olvidar los años de dictadura militar por él consentida, presentando a Berenguer como una especie de primera transición, de una vuelta a la normalidad política e institucional, de un bálsamo para la decadente monarquía, un gobierno que fue conocido como la dictablanda. 

El artículo de Ortega bien podría hoy en día, y por supuesto en los años en que se pergeñó nuestra "transición, después de muy ligeras adaptaciones sobre aspectos temporales y numéricos, disfrutar de una actualidad tan pasmosa como real, y desde luego su latina frase final sería hoy cabecera de la opinión de millones de personas tanto dentro como fuera de España, y todo ello a pesar de que la dictadura sufrida por los españoles en aquella época "solo" fue de 7 años, y no de más de 40 como es el caso de todos los españoles que aún respiraban en abril de 1939 y de todos sus descendientes.

El articulo, como digo, se publicó a finales de 1930, en el mes de noviembre concretamente, cinco meses después se proclamaba en España la II República.



 

El error Berenguer

No, no es una errata. Es probable que en los libros futuros de historia de España se encuentre un capítulo con el mismo título que este artículo. El buen lector, que es el cauteloso y alerta, habrá advertido que en esa expresión el señor Berenguer no es el sujeto del error, sino el objeto. No se dice que el error sea de Berenguer, sino más bien lo contrario -que Berenguer es del error, que Berenguer es un error-. Son otros, pues, quienes lo han cometido y cometen; otros toda una porción de España, aunque, a mi juicio, no muy grande. Por ello trasciende ese error los límites de la equivocación individual y quedará inscrito en la historia de nuestro país.
Estos párrafos pretenden dibujar, con los menos aspavientos posibles, en qué consiste desliz tan importante, tan histórico.
Para esto necesitamos proceder magnánimamente, acomodando el aparato ocular a lo esencial y cuantioso, retrayendo la vista de toda cuestión personal y de detalle. Por eso, yo voy a suponer aquí que ni el presidente del gobierno ni ninguno de sus ministros han cometido error alguno en su actuación concreta y particular. Después de todo, no está esto muy lejos de la pura verdad. Esos hombres no habrán hecho ninguna cosa positiva de grueso calibre; pero es justo reconocer que han ejecutado pocas indiscreciones. Algunos de ellos han hecho más. El señor Tormo, por ejemplo, ha conseguido lo que parecía imposible: que a estas fechas la situación estudiantil no se haya convertido en un conflicto grave. Es mucho menos fácil de lo que la gente puede suponer que exista, rebus sic stantibus, y dentro del régimen actual, otra persona, sea cual fuere, que hubiera podido lograr tan inverosímil cosa. Las llamadas «derechas» no se lo agradecen porque la especie humana es demasiado estúpida para agradecer que alguien le evite una enfermedad. Es preciso que la enfermedad llegue, que el ciudadano se retuerza de dolor y de angustia: entonces siente «generosamente» exquisita gratitud hacia quien le quita le enfermedad que le ha martirizado. Pero así, en seco, sin martirio previo, el hombre, sobre todo el feliz hombre de la «derecha», es profundamente ingrato.
Es probable también que la labor del señor Wais para retener la ruina de la moneda merezca un especial aplauso. Pero, sin que yo lo ponga en duda, no estoy tan seguro como de lo anterior, porque entiendo muy poco de materias económicas, y eso poquísimo que entiendo me hace disentir de la opinión general, que concede tanta importancia al problema de nuestro cambio. Creo que, por desgracia, no es la moneda lo que constituye el problema verdaderamente grave, catastrófico y sustancial de la economía española -nótese bien, de la española-. Pero, repito, estoy dispuesto a suponer lo contrario y que el Sr. Wals ha sido el Cid de la peseta. Tanto mejor para España, y tanto mejor para lo que voy a decir, pues cuantos menos errores haya cometido este Gobierno, tanto mejor se verá el error que es.
Un Gobierno es, ante todo, la política que viene a presentar. En nuestro caso se trata de una política sencillísima. Es un monomio. Se reduce a un tema. Cien veces lo ha repetido el señor Berenguer. La política de este Gobierno consiste en cumplir la resolución adoptada por la Corona de volver a la normalidad por los medios normales. Aunque la cosa es clara como «¡buenos días!», conviene que el lector se fije. El fin de la política es la normalidad. Sus medios son... los normales.
Yo no recuerdo haber oído hablar nunca de una política más sencilla que ésta. Esta vez, el Poder público, el Régimen, se ha hartado de ser sencillo.
Bien. Pero ¿a qué hechos, a qué situación de la vida pública responde el Régimen con una política tan simple y unicelular? ¡Ah!, eso todos lo sabemos. La situación histórica a que tal política responde era también muy sencilla. Era ésta: España, una nación de sobre veinte millones de habitantes, que venía ya de antiguo arrastrando una existencia política bastante poco normal, ha sufrido durante siete años un régimen de absoluta anormalidad en el Poder público, el cual ha usado medios de tal modo anormales, que nadie, así, de pronto, podrá recordar haber sido usados nunca ni dentro ni fuera de España, ni en este ni en cualquier otro siglo. Lo cual anda muy lejos de ser una frase. Desde mi rincón sigo estupefacto ante el hecho de que todavía ningún sabedor de historia jurídica se haya ocupado en hacer notar a los españoles minuciosamente y con pruebas exuberantes esta estricta verdad: que no es imposible, pero sí sumamente difícil, hablando en serio y con todo rigor, encontrar un régimen de Poder público como el que ha sido de hecho nuestra Dictadura en todo al ámbito de la historia, incluyendo los pueblos salvajes. Sólo el que tiene una idea completamente errónea de lo que son los pueblos salvajes puede ignorar que la situación de derecho público en que hemos vivido es más salvaje todavía, y no sólo es anormal con respecto a España y al siglo XX, sino que posee el rango de una insólita anormalidad en la historia humana. Hay quien cree poder controvertir esto sin más que hacer constar el hecho de que la Dictadura no ha matado; pero eso, precisamente eso -creer que el derecho se reduce a no asesinar-, es una idea del derecho inferior a la que han solido tener los pueblos salvajes.
La Dictadura ha sido un poder omnímodo y sin límites, que no sólo ha operado sin ley ni responsabilidad, sin norma no ya establecida, pero ni aun conocida, sino que no se ha circunscrito a la órbita de lo público, antes bien ha penetrado en el orden privadísimo brutal y soezmente. Colmo de todo ello es que no se ha contentado con mandar a pleno y frenético arbitrio, «sino que aún le ha sobrado holgura de Poder para insultar líricamente a personas y cosas colectivas e individuales. No hay punto de la vida española en que la Dictadura no haya puesto su innoble mano de sayón. Esa mano ha hecho saltar las puertas de las cajas de los Bancos, y esa misma mano, de paso, se ha entretenido en escribir todo género de opiniones estultísimas, hasta sobre la literatura que los poetas españoles. Claro que esto último no es de importancia sustantiva, entre otras cosas porque a los poetas los traían sin cuidado las opiniones literarias de los dictadores y sus criados; pero lo cito precisamente como un colmo para que conste y recuerde y simbolice la abracadabrante y sin par situación por que hemos pasado. Yo ahora no pretendo agitar la opinión, sino, al contrario, definir y razonar, que es mi primario deber y oficio. Por eso eludo recordar aquí, con sus espeluznantes pelos y señales, los actos más graves de la Dictadura. Quiero, muy deliberadamente, evitar lo patético. Aspiro hoy a persuadir y no a conmover. Pero he tenido que evocar con un mínimum de evidencia lo que la Dictadura fue. Hoy parece un cuento. Yo necesitaba recordar que no es un cuento, sino que fue un hecho.
Y que a ese hecho responde el Régimen con el Gobierno Berenguer, cuya política significa: volvamos tranquilamente a la normalidad por los medios más normales, hagamos «como si» aquí no hubiese pasado nada radicalmente nuevo, sustancialmente anormal.
Eso, eso es todo lo que el Régimen puede ofrecer, en este momento tan difícil para Europa entera, a los veinte millones de hombres ya maltraídos de antiguo, después de haberlos vejado, pisoteado, envilecido y esquilmado durante siete años. Y, no obstante, pretende, impávido, seguir al frente de los destinos históricos de esos españoles y de esta España.
Pero no es eso lo peor. Lo peor son los motivos por los que cree poderse contentar con ofrecer tan insolente ficción.
El Estado tradicional, es decir, la Monarquía, se ha ido formando un surtido de ideas sobre el modo de ser de los españoles. Piensa, por ejemplo, que moralmente pertenecen a la familia de los óvidos, que en política son gente mansurrona y lanar, que lo aguantan y lo sufren todo sin rechistar, que no tienen sentido de los deberes civiles, que son informales, que a las cuestiones de derecho y, en general, públicas, presentan una epidermis córnea. Como mi única misión en esta vida es decir lo que creo verdad, -y, por supuesto, desdecirme tan pronto como alguien me demuestre que padecía equivocación-, no puedo ocultar que esas ideas sociológicas sobre el español tenidas por su Estado son, en dosis considerable, ciertas. Bien está, pues, que la Monarquía piense eso, que lo sepa y cuente con ello; pero es intolerable que se prevalga de ello. Cuanta mayor verdad sean, razón de más para que la Monarquía, responsable ante el Altísimo de nuestros últimos destinos históricos, se hubiese extenuado, hora por hora, en corregir tales defectos, excitando la vitalidad política persiguiendo cuanto fomentase su modorra moral y su propensión lanuda. No obstante, ha hecho todo lo contrario. Desde Sagunto, la Monarquía no ha hecho más que especular sobre los vicios españoles, y su política ha consistido en aprovecharlos para su exclusiva comodidad. La frase que en los edificios del Estado español se ha repetido más veces ésta: «¡En España no pasa nada!» La cosa es repugnante, repugnante como para vomitar entera la historia española de los últimos sesenta años; pero nadie honradamente podrá negar que la frecuencia de esa frase es un hecho.
He aquí los motivos por los cuales el Régimen ha creído posible también en esta ocasión superlativa responder, no más que decretando esta ficción: Aquí no ha pasado nada. Esta ficción es el Gobierno Berenguer.
Pero esta vez se ha equivocado. Se trataba de dar largas. Se contaba con que pocos meses de gobierno emoliente bastarían para hacer olvidar a la amnesia celtíbera de los siete años de Dictadura. Por otra parte, del anuncio de elecciones se esperaba mucho. Entre las ideas sociológicas, nada equivocadas, que sobre España posee el Régimen actual, está esa de que los españoles se compran con actas. Por eso ha usado siempre los comicios -función suprema y como sacramental de la convivencia civil- con instintos simonianos. Desde que mi generación asiste a la vida pública no ha visto en el Estado otro comportamiento que esa especulación sobre los vicios nacionales. Ese comportamiento se llama en latín y en buen castellano: indecencia, indecoro. El Estado en vez de ser inexorable educador de nuestra raza desmoralizada, no ha hecho más que arrellanarse en la indecencia nacional.
Pero esta vez se ha equivocado. Este es el error Berenguer. Al cabo de diez meses, la opinión pública está menos resuelta que nunca a olvidar la «gran vilt`» que fue la Dictadura. El Régimen sigue solitario, acordonado como leproso en lazareto. No hay un hombre hábil que quiera acercarse a él; actas, carteras, promesas -las cuentas de vidrio perpetuas-, no han servido esta vez de nada. Al contrario: esta última ficción colma el vaso. La reacción indignada de España empieza ahora, precisamente ahora, y no hace diez meses. España se toma siempre tiempo, el suyo.
Y no vale oponer a lo dicho que el advenimiento de la Dictadura fue inevitable y, en consecuencia, irresponsable. No discutamos ahora las causas de la Dictadura. Ya hablaremos de ellas otro día, porque, en verdad, está aún hoy el asunto aproximadamente intacto. Para el razonamiento presentado antes la cuestión es indiferente. Supongamos un instante que el advenimiento de la dictadura fue inevitable. Pero esto, ni que decir tiene, no vela lo más mínimo el hecho de que sus actos después de advenir fueron una creciente y monumental injuria, un crimen de lesa patria, de lesa historia, de lesa dignidad pública y privada. Por tanto, si el Régimen la aceptó obligado, razón de más para que al terminar se hubiese dicho: Hemos padecido una incalculable desdicha. La normalidad que constituía la unión civil de los españoles se ha roto. La continuidad de la historia legal se ha quebrado. No existe el Estado español. ¡Españoles: reconstruid vuestro Estado!
Pero no ha hecho esto, que era lo congruente con la desastrosa situación, sino todo lo contrario. Quiere una vez más salir del paso, como si los veinte millones de españoles estuviésemos ahí para que él saliese del paso. Busca a alguien que se encargue de la ficción, que realice la política del «aquí no ha pasado nada». Encuentra sólo un general amnistiado.
Este es el error Berenguer de que la historia hablará.

Y como es irremediablemente un error, somos nosotros, y no el Régimen mismo; nosotros gente de la calle, de tres al cuarto y nada revolucionarios, quienes tenemos que decir a nuestro conciudadanos: ¡Españoles, vuestro Estado no existe! ¡Reconstruidlo!
Delenda est monarchia.- 

(La monarquía está acabada)

José Ortega y Gasset.