viernes, 23 de enero de 2015

JEFES Y OFICIALES REPUBLICANOS EJECUTADOS POR OPONERSE A LA SUBLEVACIÓN DE LA FLOTA (1936-1939)






En la noche del seis de marzo la Flota Republicana que había partido de Cartagena a causa de la sublevación casadista, llega a Bizerta (Túnez) en busca del exilio. El Jefe de la Flota, Miguel Buiza transmite el siguiente mensaje a todas las dotaciones, unas dotaciones que están a un paso de emprender el viaje a un exilio angustioso y terrible, o a entregarse a los franquistas como prisioneros, la orden se cumple por todos los marineros demostrándose así, una vez más, la lealtad a la República y a los mandos de la Flota:
"El mando de la flota encarece a todos los buques que, dado el próximo fondeo en un puerto extranjero, se mantenga por las dotaciones de los mismos un perfecto estado de disciplina, uniformidad y corrección"
Sepultura donde descansan los restos de
51 republicanos, marinos y civiles
fusilados por los franquistas.
Cementerio de Los Remedios (Cartagena)
El 26 de marzo el almirante franquista Salvador Moreno sale en el destructor "Ciscar" rumbo a Bizerta para hacerse cargo de los buques hasta ese momento republicanos, los cuales le son entregados el día 30. El día 2 de abril Moreno parte de Bizerta con toda la Flota. El día 4 los marineros que decidieron volver a España, ya prisioneros, fueron obligados a rendir homenaje a los muertos en el lugar donde se había hundido al "Baleares". La venganza franquista comenzaba. El almirante Moreno insistía en que los marinos que en los buques eran repatriados prisioneros a España incluían a un buen número de "significantes criminales" e "individuos de cuidado", para lo que deberían prepararse campos de concentración.

Entre los oficiales de Marina que no fueron con la Flota a Bizerta y los que desde allí decidieron volver a España, la gran mayoría de los pertenecientes al Cuerpo General solo fueron separados del servicio. Durante el periodo comprendido entre 1939 y 1941 se celebraron en Cartagena 192 Consejos de Guerra contra oficiales de la Armada. Solo 14 de estos Consejos lo fueron contra oficiales del Cuerpo General, en los que seis fueron absueltos y 8 condenados a algún tipo de pena. Fueron condenados a muerte el almirante Molins, jefe de la Base de Cartagena en 1936 y el capitán de corbeta Horacio Pérez y Pérez. Los oficiales del resto de cuerpos (Patentados, Máquinas y Auxiliares) sometidos a Consejo de Guerra fueron 178, de ellos 104 fueron condenados un 59%. Los delitos imputados eran indefectiblemente los de rebelión militar y traición. Curiosa imputación si tenemos en cuenta que los únicos rebelados fueron precisamente los marinos que ahora juzgaban a los leales al Gobierno. Fueron fusilados el comandante Baeza, de Infantería de Marina, el Teniente Coronel Sacaluga, de Máquinas, y el general Berenguer, del Cuerpo Jurídico. Seis oficiales fueron condenados a cadena perpetua y 51 a penas de prisión que iban desde uno a 30 años. 

Sumando a los Consejos de Guerra de Cartagena las actuaciones en otras plazas, en total se ejecutaron entre 1936 y 1939 a 16 jefes y oficiales de la Armada por oponerse a la sublevación ordenada en apoyo del golpe de estado:

Contralmirante Camilo Molins Carreras. Jefe Base Naval de Cartagena.
Contralmirante Antonio Azarola Gresillón. Jefe Base Naval de Ferrol.
Capitán de navío Juan Sandalio Sánchez Ferragut. Comandante del "Almirante Cervera".
Capitán de fragata Tomás Azcarate. 2º Comandante del "República".
Capitán de fragata Manuel Guimerá Bosch. Disponible forzoso en Larache.
Capitán de corbeta Francisco Biondi Honrubia. Comandante del "Lauria".
Teniente de navío Carlos Soto Romero.Comandante del tropedero T-17.
Teniente de navío Luis Sánchez Pinzón.
Teniente Coronel Benito Sacaluga Rodriguez. Jefe de los Servicios de Máquinas de la Flota.
Comandante Manuel Sancha. Infantería de Marina en Cádiz.
Capitán Enrique Paz Pinacho. Infantería de Marina en Cádiz.
Comandante Diego Baeza Soto. Infantería de Marina en Cartagena.
Comandante de Intendencia de la Armada García Moles.
Teniente del Cuerpo de Sanidad de la Armada Martin Yarza, "Lauria"
General auditor Fernando Berenguer, fusilado en Barcelona.

Terminada la guerra civil, los fusilados por los franquistas en Cartagena, entre abril de 1939 y enero de 1945, fueron 176. Dos terceras partes fueron marinos, oficiales y suboficiales de los Cuerpos Patentados y Auxiliares y marineros; la otra tercera parte, civiles, trabajadores en su inmensa mayoría y algunos profesionales y funcionarios.

El 20 de abril de 1939, habían transcurrido menos de tres semanas de la entrada de las tropas franquistas en la ciudad, la Auditoría Militar de Cartagena informaba del trabajo realizado en ese breve período de tiempo. Se habían elevado a sumarios 150 procesos. Habían sido informados más de 450 sumarios a jefes, oficiales, suboficiales y auxiliares de la Armada. Además, se había constituido un Consejo Sumarísimo de Guerra de forma permanente, es decir, el procedimiento habitual pasaba a ser el Consejo de Guerra Sumarísimo. Con una media de treinta sumarios por día, incluyendo sábados, domingos y Semana Santa, parece evidente que tal diligencia policial y judicial no ofreció muchos derechos y garantías a los acusados.

Al igual que en El Ferrol, en 1936, la mayoría de los fusilados en Cartagena, en 1939, eran marineros, oficiales, suboficiales y cabos de los Cuerpos Auxiliares. La inmensa mayoría de los 55 miembros del Cuerpo General, así como más de la mitad de los 4.200 marinos que habían partido con la flota a Bizerta en marzo de 1939, no regresaron a España, quedándose en el exilio. Por tanto las cifras de la represión relativas a fusilamientos y cárcel deben contar con este hecho.

En cualquier caso, de acuerdo con los datos proporcionados por el Mº de Economía y Hacienda, en Cartagena, no menos de 1.733 jefes, oficiales y suboficiales del Ejército y la Marina y las Fuerzas de Seguridad, profesionales (616) y no profesionales (1.117) fueron expulsados de las Fuerzas Armadas después de la guerra, la mayoría de ellos exiliados o en paradero desconocido.


Benito Sacaluga.


Fuentes: 
"La guerra Civil Española en el Mar". Michael Alpert. ISBN: 978-84-8432-975-6
Revista "Cartagena histórica" Antonio Martinez Ovejero.

lunes, 19 de enero de 2015

LA GESTA DE LOS MARINOS REPUBLICANOS



La dotación del "Jaime I" una vez
recuperado para la República.
La decidida actuación de los marinos republicanos no pertenecientes al Cuerpo General impidió que la Flota gubernamental cayera en manos de los golpistas. De haber sido así y ésta hubiese quedado en poder de los facciosos el traslado de fuerzas sublevadas desde África habría sido inmediato y posteriormente se habría imposibilitado totalmente la llegada de los suministros que destinados al ejército republicano debían venir por mar. El bloqueo de los puertos por parte de los golpistas habría sido total. Sin el grueso de la Flota en manos del Gobierno la guerra, la resistencia al fascismo, habría durado muy poco. 

Los cuerpos auxiliares, especialistas, radiotelegrafistas, electricistas, maquinistas, artilleros, fogoneros, marinería en general, etc...conocedores de la intención de los comandantes de los buques de entregar los navíos a los sublevados, actuaron en consecuencia para evitar tal traición. Mucho se ha escrito por los historiadores franquistas sobre determinadas actuaciones criminales de los marinos republicanos para con la oficialidad rebelde. Cierto es que no se andaron con contemplaciones a la hora de enfrentarse a los mandos sublevados que opusieron resistencia, pero el asunto se ha magnificado y hasta podríamos decir que "novelado" al objeto de calificar a los marinos leales a la República como simples asesinos, nada más lejos de la realidad. Ante una situación como fue la rebelión de los comandantes y oficialidad de los buques y su decidido propósito de entregar una flota completa a los enemigos del Gobierno, su actuación para evitar la traición fue proporcionada y ajustada a las circunstancias, y aunque si es cierto que en esos primeros momentos y en algunas ocasiones las dotaciones se tomaron la justicia por su mano, no es menos cierto que solo se actuó contra militares manifiestamente golpistas y levantados en armas contra  la República y contra el Gobierno democraticamente elegido en febrero de 1936 y que también muchos de los leales perdieron la vida en estas operaciones.

Aunque en este blog existe abundante información sobre el desarrollo de los acontecimientos vividos en la Armada durante la Guerra Civil, tanto en sus momentos iniciales como en el transcurso de la misma, considero necesario transcribir una mínima parte de la obra "Guerra y Revolución en España (1936-1939)", en la que se relata de forma resumida el papel de los marinos republicanos en los primeros días del golpe de estado y sublevación contra la II República Española.

La gesta de los marineros 
Los planes facciosos comenzaban a fallar. Y si la resistencia popular no pudo impedir en el Suroeste de España, por la proximidad de África y de la frontera portuguesa, ciertos éxitos de los rebeldes, en lo fundamental, comenzaban a desmoronarse las ilusiones facciosas de un avance incontenible sobre Madrid y de una victoria relámpago. 
Pero lo que llevó el desconcierto a las filas de los sublevados fue su aplastante derrota en la Escuadra; creían que ésta seria suya con facilidad; se habían olvidado de las tripulaciones, que hicieron fracasar sus planes. 
EI hecho impresionante, que no se había dado en ningún país, y que la República — por distintas causas que trataremos a su debido tiempo — no supo aprovechar adecuadamente, fue que la Escuadra, dirigida por los marineros, con excepción de un pequeño número de barcos, quedó al lado del Gobierno republicano e infligió a los facciosos su primera gran derrota. 
Al estallar la sublevación, la Escuadra española se componía de dos acorazados: el «Jaime I» y el «España», que se hallaba desarmado en EI Ferrol; cinco cruceros: «Libertad», «Miguel de Cervantes», «Méndez Núñez», «Almirante Cervera’» y «República»; doce destructores, ocho torpederos, doce submarinos, cinco cañoneros, nueve guardacostas y otras unidades auxiliares. Aparte de esto se construían en distintas gradas los cruceros «Canarias» y «Baleares», tres minadores, cinco destructores, tres submarinos y un cañonero. 
La oficialidad de la Flota estaba en su mayoría comprometida en el levantamiento. En el mes de mayo, y por consejo del general Franco, la Escuadra había realizado en aguas de Canarias unas maniobras navales planeadas por el jefe de Estado Mayor de la Marina, Javier Sala —almirante comprometido en el alzamiento—, con el fin de sondear la disposición de los jefes de la Marina a participar en la sublevación. Las conversaciones sostenidas entre Franco y los jefes de la Escuadra terminaron con un completo acuerdo y despejaron la última incógnita que aún retrasaba la inclusión de las tropas coloniales en el dispositivo de la sublevación: los jefes de la Escuadra se comprometieron a desembarcarlas en la Península. Los informes sobre estos conciliábulos, recibidos aquellos días en el Ministerio de Marina, permitían sospechar que los jefes de la Flota proyectaban sublevarse con Franco en Canarias, pasar de allí a Marruecos y proceder al traslado del ejército de África. 
El aplazamiento de la rebelión por aquellas fechas, hizo, no obstante, impracticable este proyecto. EI subsecretario de Marina, general Matz, a la vista de la sospechosa conducta de los mandos de la Escuadra, dispuso que ésta regresara a sus bases sin tocar los puertos de Marruecos. Las unidades mayores —un acorazado y varios cruceros— pusieron rumbo a EI Ferrol. Los destructores regresaron a Cartagena. En dichas bases se hallaban la mayoría de las unidades de la Flota al estallar la sublevación, mientras que en la de Cádiz sólo se encontraban los cañoneros «Canovas» y «Lauria», el desmantelado crucero «República» y algunos otros buques de escasa eficacia. En la base de Mahón fondeaba una flotilla de submarinos, integrada por el B-1, B-2, B-3 Y B-4. 
El 17 de julio, después de producirse la sublevación en Melilla, los destructores «Almirante Valdés», «Sánchez Barcáztegui» y «Lepanto», anclados en Cartagena, así como una flotilla de submarinos de la misma Base, recibieron del Gobierno la orden de hacerse a la mar, rumbo a África, con la misión de impedir el traslado de tropas por el Estrecho de Gibraltar y de bombardear los cuarteles de los rebeldes en Melilla. Esta medida de emergencia, cursada sin una previa depuración de los oficiales sospechosos, pudo haber facilitado la entrega de los buques a los militares rebeldes. De los mandos de los tres destructores, sólo Valentín Fuentes, comandante del «Lepanto», era leal a la República. Los otros esperaban la ocasión propicia para sumarse a los sublevados y creyeron que el momento había llegado al avistar Melilla en la madrugada del 18 de julio. En vez de bombardear la plaza, metieron el «Sánchez» y el «Valdés» en el puerto y entablaron negociaciones con los facciosos a fin de estudiar juntos la forma de engañar a la marinería y envolverla en la sublevación.
La vigilancia de los cabos, fogoneros, auxiliares y marineros, impidió que la traición se consumara. Al comprobar que sus oficiales estaban en franca rebeldía, cortaron estacha y se hicieron de nuevo a la mar. El comandante del «Valdés» aún intentaría encallar el buque contra el morro del muelle. A las 10 de la noche, con la hélice rota y una vía de agua, los marineros del «Valdés» lograron, venciendo enormes dificultades, poner el buque en franquía, fuera del alcance de las baterías de costa. Las dotaciones de ambos destructores detuvieron a los mandos y los condujeron a la Península, mientras el «Lepanto» quedaba al largo de Melilla. 
En la tarde del 18 de julio, los comandantes del «Churruca» y del «Laya» recibieron del Ministerio de Marina órdenes de abrir fuego contra los barcos que intentaran transportar tropas o pertrechos de guerra a la Península y de cañonear la plaza de Ceuta. Los oficiales, ya en plena rebelión, ocultaron a la marinería estas órdenes.
El «Churruca» embarcó en Ceuta la Quinta Bandera del Tercio y la volcó sobre Cádiz. La oficialidad del «Laya» puso el barco al servicio de los rebeldes de Larache. Más al salir de nuevo al mar, auxiliares, maquinistas, cabos y marinería, se adueñaron de los fusiles de los pañoles, redujeron a los mandos después de cruzar algunos disparos y pusieron los buques a disposición del gobierno.
La noche del 19 al 20 de julio, la dotación del submarino C-3 comprobó que su comandante incumplía la orden de hundir los buques que salieran con tropas o material bélico de Melilla, detuvo a los oficiales y advirtió a los demás submarinos la deslealtad de sus mandos. El día 22 todos los submarinos de la base de Cartagena se hallaban a las órdenes del gobierno.
Del mismo arrojo y. fidelidad a la República dieron pruebas las dotaciones de los cruceros «Libertad» y «Miguel de Cervantes» y la del acorazado «Jaime I». El 18 de julio, al conocer la sublevación en Cádiz, el gobierno ordenó a los tres buques zarpar de las bases de Galicia, con la misión de dirigirse a Cádiz y de rendir al faccioso Varela. En la Estación de Comunicaciones Radiotelegráficas de la Marina, instalada en Madrid, el radiotelegrafista Benjamín Balboa detuvo al jefe de los servicios, complicado en la sublevación, y consiguió establecer dialogo directo con los operadores de los buques, advirtiéndoles que vigilasen a sus mandos. Para impedir que se cerrasen las estaciones de radio y se aislase a la marinería, se dio a los comandantes la orden de comunicar cada dos horas la situación geográfica de los barcos. A los radiotelegrafistas se les cursó el siguiente radio:
«EI Jefe de los Servicios de Comunicaciones del Ministerio de Marina ha sido detenido por complicidad con la rebelión. En su poder encontramos claves que también poseen los comandantes de los buques. Desde este momento y para que no seáis sorprendidos si los conjurados alegan cumplir órdenes del ministro no aceptéis ningún telegrama en clave. Todos los que partan de esta Estación serán transmitidos en lenguaje corriente. Considerad facciosos los que así no vayan. Así se convirtieron los radiotelegrafistas en heraldos de la República en alta mar. Ellos ponían en guardia a los cabos, fogoneros, maquinistas y marineros de las intenciones de la oficialidad.
«Gracias a ellos —escribe Benavides— no hubo en los barcos las sorpresas que se produjeron en los cuarteles. Los oficiales no podían burlar a las dotaciones con la mentira de que tornaban las armas en defensa del régimen... EI soldado sólo oye al oficial sublevado; el marinero oye, por medio del radiotelegrafista, la voz del Gobierno.» 
Los primeros en adueñarse del buque son los marineros del «Libertad». Al llegar a la altura de Cádiz, los mandos del crucero empiezan a esgrimir toda clase de pretextos para incumplir la orden gubernativa de bombardear los objetivos militares de la ciudad. 
El radiotelegrafista Antonio Cortejosa capta la voz de Madrid: «Os están traicionando a vosotros y a la República. Empuñad las armas». Los cabos Romero y Bertalo se adueñan de los pañoles, distribuyen 200 fusiles entre la marinería, organizan la lucha. Poco después se telegrafía a Madrid: «Dotación detuvo jefes y oficiales, que se encuentran vigilados en sus camarotes. Ponemos buques a disposición del Gobierno». 
A las 5,30 de la tarde del día 19, cien fusiles encañonaron el puente del «Miguel de Cervantes». Los oficiales facciosos entregaron sus pistolas a los marineros y quedaron detenidos. 
A las dos de la tarde del día 20 la marinería del «Jaime I» interceptó un radiograma faccioso por el que se mandaba al comandante del buque desviar el rumbo hacia Ceuta. La dotación, dirigida por los cabos Rogelio Souto, García, Alonso y Mosquera, por el condestable Antúnez y el maquinista Caneiro, se armó de fusiles y conminó a los oficiales a rendirse. En el puente se entabló un choque breve, pero sangriento. Así se radió a Madrid: 
«Dotación buque, tras breve lucha, pónese con gran entusiasmo órdenes República. Tomó mando auxiliar naval, que conducirá buque a Tánger cumpliendo órdenes anteriores para hacer carbón y desembarcar heridos». 
Cuando el «Jaime I» llegó a Tánger el 21 de julio, ya se habían concentrado allí los buques héroes. Era una Armada asombrosa, rescatada por marineros, cabos y maestres para la República, depurada de oficiales fascistas y gobernada por los Comités de a bordo. 
En el Norte, el destructor «José Luis Díez», dirigido por el oficial José Antonio Castro (1), se incorporó a la lucha contra los facciosos desde el primer día. 
Las bases de Mahón, Cartagena, Cádiz y El Ferrol fueron también escenario de duros combates de la marinería contra los rebeldes. Las dos primeras —Cartagena y Mahón— fueron conquistadas para la República. 
A la Flota republicana se sumó también el crucero «Méndez Núñez». Sorprendido por la sublevación en Guinea, la dotación, orientada por el maquinista Rodríguez Sierra y otros, desembarcó a los mandos rebeldes y puso rumbo a la Península. La marinería española había escrito la página más gloriosa de su historia. 
El Encargado de Negocios hitleriano en España, Voelckers, escribiría a éste respecto a su gobierno: 
«La defección de la Marina frustró, por vez primera, los proyectos de Franco. Fue este un fallo de organización muy grave, que amenazó con desbaratar el plan en su conjunto, que sacrificó inútilmente las guarniciones de las grandes ciudades... y que, sobre todo, hizo que se perdiera un tiempo precioso.» 
Los facciosos sólo consiguieron retener en Melilla el cañonero «Dato» y varios transportes. Con la Escuadra, ya leal, en el Estrecho, el sucesivo traslado de tropas hubo de ser suspendido. 
De momento, los marinos revolucionarios habían cerrado el camino del mar a los facciosos.

El posterior y totalmente desafortunado envío del la Flota al Cantábrico permitió que las aguas del Estrecho de Gibraltar quedarán bajo dominio de los facciosos. Decisiones equivocadas del ministro de Marina y las consecuencias de la existencia de un gran número de oficiales y mandos que siendo afines a los golpistas permanecieron en la Flota, en su Estado Mayor y en el propio Ministerio, proporcionando información al enemigo, saboteando operaciones y buques, junto con las intervenciones de los submarinos piratas italianos y nazis gracias a la inacción de Francia e Inglaterra en lo relativo al cumplimiento y observancia de sus obligaciones derivadas del Pacto de No Intervención, impidieron que la magnífica Flota republicana pudiera desplegar todo su potencial. No menos importante fue la decisión del Gobierno de no utilizar la Flota para impedir la llegada a España de los convoyes italianos y alemanes con suministros de todo tipo para los sublevados, limitándose ésta a la escolta de aquellos buques que transportaban material para la República.


Benito Sacaluga



(1) Entiendo que el autor quiere referirse a Juan Antonio Castro Izaguirre, aunque éste no se hizo cargo del "José Luis Diez" hasta 1937, en el puerto francés de El Havre donde se encontraba reparando, previa deserción de su comandante, oficiales y el jefe de máquinas.




viernes, 16 de enero de 2015

EL DIRECTOR DE TIRO DEL ACORAZADO JAIME I



Juan de Oyarzabal y Orueta nació el 7 de febrero de 1913 en la misma casa que su madre, en Cortina del Muelle 65, Málaga, España, según consta en su acta de nacimiento del Registro Civil de Málaga, Tomo Nº 90, Folio Nº 266 de la Sección 1 en la cual se asienta que nació a las 18 horas.

Su padre fue don Juan de Oyarzabal Smith (30/09/1876-13/10/1939), comerciante de pasas y su madre doña María de Orueta y Duarte (23/10/1872-27/07/1917), ambos naturales de la ciudad y provincia de Málaga. Sus abuelos paternos fueron don Juan de Oyarzabal y Bucelli (14/08/1835), natural de Málaga y doña Annie Margarita Smith Guthrie, nacida en Glasgow (Escocia) y sus maternos don Domingo de Orueta y Aguirre (15/10/1833-19/02/1895) y doña Francisca Duarte Cardenal (18/12/1837-28/12/1882), también malagueños. Con su hermana, María Teresa de Oyarzabal (05/11/1911-24/08/2003) mantuvo un vínculo tan cercano, que a la muerte de su padre, al finalizar la Guerra Civil, decidió que la herencia completa pasara a manos de ella y pese a un intento de encontrarse en Gibraltar, durante 1962, jamás se volvieron a ver. 

En España, Oyarzabal realizó los siguientes estudios:

  • Bachillerato en el Instituto Nacional y Técnico de Málaga de 1922 a 1927
  • Estudios preparatorios en Málaga y San Fernando (Cádiz) de 1927 a 1930
  • Estudios profesionales en la Escuela Naval Militar de San Fernando de 1931 a 1936.

Durante el cuarto y quinto año de carrera navegó 10 meses en el buque escuela "Juan Sebastián Elcano". En el primer viaje dió la vuelta al mundo por el Canal de Suez, el Mar Índico, Ceilán, la India, Viet-Nam, Manila, Shanghai, Japón, Hawaii, San Francisco, Panamá, Nueva York y España.

En el segundo viaje fue de España a Sudamérica, Brasil, Uruguay, Argentina, Cabo de Buena Esperanza, Nigeria, Lagos, Pernambuco, nuevamente Brasil, Nueva Orleans, Nueva York, Cuba y España donde, al término de este recorrido, cuando iniciaba su último año de carrera, estalló la guerra civil. 

Combatió al lado de la II República española, primero como Director de Tiro del acorazado "Jaime I" (que explotó por un sabotaje), después como Segundo Comandante del destructor "Almirante Antequera" y finalmente, habiendo sido nombrado a los 25 años Capitán de Fragata, como Comandante del destructor "Almirante Valdés" hasta el final de la guerra, en marzo de 1939 cuando con toda la flota republicana se dirigió a Túnez, y donde con el resto de las tripulaciones leales fue ingresado en un campo de concentración.

Como parte del Cuerpo General de la Armada, Oyarzabal perteneció a las siguientes unidades: 

  • "Acorazado Jaime I" (15/12/1936 al 02/07/1937) Dotación. Director de Tiro
  • Destructor "Almirante Antequera" (02/07/1937 al 20/12/1937) 2º. Comandante
  • Destructor "Almirante Valdés" (20/12/1937 al 29/03/1939) Comandante.

Durante la Guerra Civil participó en las siguientes acciones navales de la Flota Republicana:
  • Combate de Cherchel, Argelia el 7 de septiembre de 1937.
  • Combate de Barcelona, el 15 de septiembre de 1937, ambos contra el "Baleares".
  • Combate del Estrecho de Gibraltar el 29 de diciembre de 1938 contra baterías de tierra y minadores.
  • Bombardeo de Motril el 24 de abril de 1937.
  • 64 combates antiaéreos en Cartagena, Almería, Valencia, Barcelona y en el mar.
  • El 6 de marzo de 1938 ocurrió el hundimiento del crucero "Baleares" en el Combate del Cabo de Palos. Oyarzabal, al mando del 'Valdés', formaba parte de la 1a. flotilla de destructores que iban protegiendo a las lanchas rápidas soviéticas que precedieron el ataque de la 2ª. flotilla a la flota nacional que culminó con el hundimiento del crucero fascista 'Baleares'. El mayor triunfo naval de la Armada de la II República española.


Oyarzabal viajó a México pagado por el comité sueco “Ayuda a España”. El itinerario que efectuó antes de llegar a México: Túnez, Marsella, París, Londres, Copenhague, Estocolmo, Amsterdam, Southampton, Nueva York, Nuevo Laredo. Se embarca en Southampton el 2 de junio de 1939 en el vapor President Roosevelt, llega a Nueva York el 17 de junio de 1939. La ayuda le vino de su tía Isabel Oyarzabal Smith, quien en ese momento destacaba como la segunda mujer embajadora del mundo, a nombre de la II República española, en Suecia. En junio de 1939 llegó a México gracias a la decisión del Presidente Lázaro Cárdenas que abría las puertas del país a los refugiados españoles. El 18 de marzo de 1941 se nacionalizó mexicano.

Tras cuatro años de sobrevivir en múltiples actividades se estableció e inició sus estudios de física ingresando en 1943 a la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) en la entonces Facultad de Física, ubicada en el Palacio de Minería y que más tarde, ya como Facultad de Ciencias, cambiaría su sede a la Ciudad Universitaria.

Formó parte de las primeras generaciones de físicos de nuestro de México, se graduó en 1960, después de haber cursado, simultáneamente a la carrera de física, la primaria, la secundaria y la preparatoria ya que los documentos correspondientes a su formación en España se perdieron en la explosión por sabotaje que sufrió el acorazado "Jaime I" durante la Guerra Civil.

Durante más de treinta años de actividad académica, impartió clases en la Escuela Nacional Preparatoria, el Instituto Politécnico Nacional y la Universidad Autónoma Metropolitana, Unidad Iztapalapa. Por espacio de 33 años fue profesor de tiempo completo en la Facultad de Ciencias de la UNAM, así mismo se desempeñó como investigador de tiempo completo en el Instituto de Física de la propia UNAM dedicado al estudio de la teoría de las partículas elementales.

Fungió además como miembro fundador de la Sociedad Mexicana de Física, Presidente de la Comisión Dictaminadora del Instituto de Física, Asesor de la Comisión Nacional de Energía Nuclear y Jefe del Departamento de Física de la Facultad de Ciencias.

La biblioteca del Instituto de Física y un aula magna de la Facultad de Ciencias llevan su nombre.

Dentro de su labor científica publicó varias obras desde niveles básicos hasta investigaciones complejas, también publicó poesía propia y traducida en Esperanto.

En su época de marino escribió y publicó El Naval (S/Fecha); La Odisea -Tragedia muy trágica en tres actos y en verso, Obra de teatro para ser representada por los tripulantes del buque escuela Juan Sebastián Elcano (1936); Singladuras -Poemas Marineros- (1936); Poemario de la Mar en Guerra (1938); Poemillas de la Mar Perdida (1941); La Mar en 7 Postales (S/Fecha).

Ya en México, como investigación en el plano histórico escribió Descubrimientos Oceánicos -Capítulos de Historia de la Marina de Guerra Española- (1940) y El Descubrimiento del Amazonas (inédito. 1941)

En 1972 publicó el libro Lecciones de Física y posteriormente a su muerte se publicaron sus Ensayos sobre Mecánica Clásica.

Simultáneamente a la Física fue poeta, historiador, mago, arquero, filatelista y esperantista. Como filatelista ganó el primer premio de Filatelia en México por su composición dedicada a los físicos obra que donó en vida a la Biblioteca del Instituto de Física de la Universidad Nacional Autónoma de México. El esperanto constituyó una de sus principales preocupaciones y ganó en dos ocasiones el premio de la Sociedad Mundial de Esperanto tanto por sus poemas originales en ese idioma que se titulan Fluadoj y Ce l’bordo de l’Rivero, como por haber traducido a dicho idioma poesía de diversos autores como Rubén Darío. Suyos son también los poemas físicos: ¿Qué es la Física?, La segunda ley de Newton y otro dedicado a las Leyes de Ohm. 

Don Juan de Oyarzabal murió en la Ciudad de México el 2 de enero de 1977, a las 16:30 horas, teniendo 63 años de edad, por accidente cerebral vascular arteriosclerosis generalizada, como consta en su acta de defunción, del 4 de enero de 1977, Libro 1, Foja 37, del Juzgado 6 del Registro Civil de la Ciudad de México. Fue incinerado y parte de sus cenizas depositadas en el Mar Mediterráneo por su esposa Graciela Salcedo Guerrero y el resto mezcladas con las de ella a finales de julio de 1983.

En su casa en México siempre tuvo colgados un largo lienzo con la bandera tricolor: roja amarilla y morada que ceñía a su kepí, firmada por la tripulación del 'Almirante Valdés' (encabezada por su segundo, Pepe Rodríguez), que cruzaba en 'Z' la pared de su estudio, y tres listones negros, como de cuarenta centímetros de longitud y dos centímetros de ancho con letras doradas y los nombres de los barcos "Jaime I", "Almirante Antequera" y "Almirante Valdés". Fue incinerado con esa bandera.



Fuente: http://juandeoyarzabal.blogspot.com.es/