miércoles, 23 de febrero de 2011

EL GALATEA




El ocho de mayo de 1926 se emite Real Orden telegráfica disponiendo que :


"El maquinista oficial de segunda don Benito Sacaluga Rodriguez sea pasaportado desde África para Cartagena con objeto de embarcar interinamente en el moto velero Galatea".

Imagino que Sacaluga acataría esta orden de muy buena gana pues salía de un territorio en guerra para embarcar en uno de los buques escuela de la Armada Española. De momento no poseo información sobre su estancia a bordo, no obstante merece la pena recordar al "Galatea", más aún cuando nuestros políticos lo han borrado del mapa de la Armada.

Circulan varias versiones, tanto de sus orígenes,  como de sus singladuras y destino final, todas ellas guardan puntos de extrema coincidencia, puntos éstos que he tenido en cuenta en el momento de realizar esta pequeña reseña resumen del buque.



Ficha técnica original
Astilleros Anderson Ridgers Bay Yard de Glasglow
Clase :  Mercante - Fragata de 3 palos
Botadura : 3 de diciembre de 1896
Desplazamiento : 2.500 Tn.
Eslora : 74,87 metros
Manga: 11,85 metros
Calado : 5,80 metros
Propulsión : 2.800 m2 de velamen

Transformaciones efectuadas en 1920
Astilleros : Génova
Motores: Dos motores diesel marca Ansaldo
de 450 CV 
Propulsión: 2 Hélices de 3 palas
Instalación eléctrica general
Velocidad a motor: Max.: 8 nudos.

Transformaciones efectuadas en 1922
Astilleros Echevarrieta y Larrinaga de Cádiz
Clase : Buque Escuela
Aparejo : Se añade un botalón para una vela cangreja
Casco: Puente de mando a proa del trinquete
Prolongación de la toldilla hasta la base 
del mástil para alojar a los
botes salvavidas
Lastre: Centeno en la sobrequilla para bajar la 
línea de flotación
Alojamientos para los guardiamarinas
Armamento : 4 cañones de 6"
para salvas de ordenanza.

Historia :

Se construyó (1896)con el nombre de Glenlee, por encargo de la naviera Archibald Sterling & Co.Ltd, para realizar transporte de grano desde Inglaterra a Nueva Zelanda y Australia.

1898.- Vendido a la Dundee Islamont Dailing Ship Co.Ltd, se le asignó el nombre de Islamount.

1905.- Lo adquiere Richard Thomas&Co de Liverpool, siendo requisado en 1918 por la Royal Navy durante la primera guerra mundial.

1919.-.Realiza su último viaje bajo bandera británica.Es adquirido por la genovesa Stella,Sicietá Italiana di Navegaziones, destinado a labores mercantes en el Mediterráneo con el nombre de Clarastella.

1922.- Adquirido en 650.000 pesetas por el gobierno de España para ser destinado a Buque-Escuela. En su haber: 5.000 días de mar, 4 viajes de circunnavegación y 16 travesías del Cabo de Hornos. Se rebautiza como Galatea.

1925.- Inicia en la Armada sus viajes de instrucción.

1928.- Es sustituido por el Juan Sebastian Elcano para la formación de oficiales. Se cambian los motores por otros de 800CV y es asignado a la Escuela de Aprendices Marineros Especialistas, como buque-escuela de maniobra.

1936.- El 18 de julio, estando en la mar con 49 guardiamarinas y 160 marineros se dirige a Ferrol, quedando bajo el mando franquista.

1946.- El 3 de octubre a causa de una borrasca a la altura de las Azores, queda totalmente desarbolado, navegando con una escora de 42º logra llegar a Santa Cruz de Tenerife, donde es reparado.

1954.-Alcanzado por un huracán,  cerca de Nueva York, pierde 7 de sus velas y resultan heridos  numerosos miembros de la tripulación.

1959.- Realiza su último viaje como buque-escuela.

1960.-Queda amarrado en el Arsenal de Ferrol como pontón-escuela de maniobra.

1969.-Causa baja en la Armada después de :

73 años de servicio en total
47 años de servicio en la Armada Española

SU FINAL :

Amarrado sin vigilancia, van desapareciendo del buque los componentes de mayor valor y al mismo tiempo más fáciles de sustraer : portillos de bronce,adornos, motones,cabilleros, etc...

Después de singulares avatares y propósitos para su destino final, se aprueba la idea de que sea remozado y trasladado a Sevilla para servir de centro de comunicaciones de la Expo 92, amarrado junto a la Torre del Oro y posteriormente servir como Museo Naval junto al Palacio de San Telmo. A finales de 1985 , en condiciones deplorables es trasladado a Sevilla, una vez allí se desestima el destino proyectado a causa de lo costoso de la rehabilitación a efectuar.

Abandonado en la dársena del Guadalquivir, junto al Puente del V Centenario, sufre dos incendios, se convierte en refugio de mendigos y es expoliado por coleccionistas y chatarreros, con la consecuencia de su hundimiento al ser  robadas las válvulas de cobre de los machos del fondo.

La Armada lo reflotó y quedó amarrado en el Muelle del Cemento a la espera de desguace, desguace que, felizmente, nunca llegó, principalmente por problemas de índole administrativo.

En 1992 durante su subasta para desguace, es adquirido para el Ayuntamiento de Glasglow, ciudad donde fue construido, en segunda subasta, para desguace, pagándose por suscripción popular  8 millones de pesetas.

Remolcado desde España a Greenock (UK)

La Sociedad de Salvamento de Londres, inspecciona el buque y extiende un certificado autorizando su remolque hasta el puerto de Greenock, traslado que se efectúa entre los días 1 y 9 de junio de 1993, con una tripulación compuesta por tres voluntarios. En Greenock se procedió a su limpieza y pintura original del casco, siendo nuevamente remolcado hasta Glasglow y rebautizado con su nombre original, "Glenlee", en presencia del alcalde de la ciudad y del cónsul de España (?).

Entrando en la dársena


En 1997 se enviaron desde el Arsenal de La Carraca y desde Sevilla , el juego completo de mástiles y vergas originales. En ese mismo año (1997) se procede a la colocación de la cubierta , a imitación de la original, empleándose para ello más de 1000 metros cuadrados de maderas africanas.

Aspecto de la cubierta

El mascarón de proa original fue retenido por España , negándose ésta en varias ocasiones a su entrega a Glasglow, actualmente permanece expuesto en A Graña (Ferrol).A la vista de la negativa Glasglow encargó una réplica exacta por la que desembolsó 12.000 euros. Otros objetos de valor originarios del Galatea se conservan en el Museo Naval de Ferrol y en el Museo Marítimo de Barcelona, el como llegaron estos objetos a sus actuales dueños entiendo que está en la mente de todos.



Después de un gasto de más de 2 millones de libras esterlinas, financiado por organismos oficiales británicos y el Ayuntamiento de Glasglow, se consigue la restauración total del buque a su estado de botadura, tal y como se aprecia en las fotos que siguen, una maravilla de navío que, como tantas otras cosas, los políticos españoles han despreciado llevados por su inconmensurable ignorancia y falta de respeto a la historia.

En fase de terminación de los trabajos de restauración.







Listo para zarpar



Detalle del mascarón de proa (réplica)

Atracado en Glasglow

Si vuelvo a viajar a Inglaterra, juro que visitaré al viejo Glenlee, intentaré imaginarme como fue cuando enarbolaba bandera española, intentaré que nadie sepa que soy español, me sentiría muy avergonzado delante de nuestro perdido Galatea , Buque Escuela de la Armada Española.




Benito Sacaluga.



17 comentarios:

  1. Gracias por hablar y dar a conocer el Buque Escuela de Maniobra Galatea a todos a través de tu bonito blog
    Nosotros un grupo de incondicionales del buque escribimos en un blog titulado " buque escuela de maniobra Galatea" blog archive. y en él hemos vertido de primera mano la vida a bordo del buque.

    Está narrado por personas que navegaron a bordo . aprovecho para que nos visites.

    Un saludo

    Te mando una poesía mía sobre el buque.

    Mi vida ofreci a un velero
    mi amor a las velas
    mi alma al viento.

    Sopla fuerte mi alma
    vida pon un rumbo certero
    amores cojed bien el viento
    para mover mi velero

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  2. El Galatea navegaba con viento fresco y la dotación se disponía a subir a los palos. Al pie de cada jarcia los especialistas, atentos a la voz que diera la orden del inicio de la maniobra, observaban con sus cabezas levantadas todo el aparejo que sustentaban los mástiles del buque.

    Una vez dada la orden, como gatos treparon jarcia arriba hasta ir ocupando sus lugares asignados. Casi ni había acabado de escucharse la voz , cuando todos ya estaban en sus puestos y preparados para aferrar el aparejo.

    Un muchacho de Melilla muy moreno, con la cara tiznada por el sol de su tierra, apoyaba su abdomen sobre la verga a fin de poder enganchar con sus fuertes dedos la tela dura, reseca y salitrosa del juanete alto del palo mayor. Para ello descansaba sus descalzos pies en el marchapies, que era el único sustento que brindaba la verga y que la recorría de penol a penol.

    Para lograr enganchar la vela y empazar a empañicarla había momentos en que, tras abalanzarse hacia adelante, los pies perdían la firmeza de su sujeción y solo el cuerpo del muchacho se sujetaba inestable sobre la húmeda, fría y resbaladiza verga.

    En uno de estos instantes , tan habituales en cualquier maniobra de este tipo, los pies ya no encontraron su reposo y quedó colgado únicamente de las manos que mordían ferozmente el tomador para no caer la vacío.

    Entre dos compañeros , uno de ellos narra esta historia, lograron engancharlo y con su ayuda el muchacho melillense logró desesperadamente recobrar la seguridad y firmeza sobre su puesto, evitando de esta manera una caída que seguramente habría desencadenado un desgraciado desenlace.

    Todos ocultaron este incidente para evitar comentarios y posibles represalias . Nadie se dio cuenta de lo sucedido, ni los compañeros de maniobra , ni los contramaestres encargados del palo; y finalizó la maniobra con toda normalidad.

    Por el suceso narrado se puede ver que en el Galatea nadie iba provisto de arnés de seguridad, ni de cabo alguno que, anudado a algún punto fijo de la arboladura, diese la garantía y seguridad de sujeción ante una eventual caída.

    Por eso hay que destacar y alabar el coraje de esos hombres que, por su buen hacer y habilidad en los palos , y luchando contra las adversidades del viento, el cielo y el mar, evitaban accidentes de esta índole a lo largo de las frecuentes navegaciones del Buque Escuela Galatea.

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  3. Oración al atardecer

    La dotación del Galatea acudía al toque de descubierta antes del ocaso, a revisar las anomalías que pudiesen haber surgido durante al jornada de navegación. Esta maniobra se hacía en previsión de la llegada de la noche,a fin de tener todo el aparejo en perfectas condiciones ante cualquier eventualidad.
    Tras el toque, cinco aprendices acudían a cada palo de cruz, uno por verga, y dos al mesana. Tras la revisión de las posibles anomalías se daba la novedad al contramaestre de guardia y una vez finalizada la descubierta se formaba para el toque de Oración.
    Todos, a excepción del personal necesario en algún destino de la guardia, acudía justo al atardecer para formar en fila de a tres en la banda de babor. Frente a la formación el oficial de guardia, en la banda de estribor, atentamente escudriñaba con su atenta mirada a uno de nosotros como si quisiera descubrir algo oculto en nuestras miradas.
    Nuestros cuerpos se balanceaban a consecuencia de los bandazos del Galatea, consiguiendo no perder la verticalidad de su posición, inclinándose al mismo son hacia babor y hacia estribor, mientras en el entorno se empezaba a oir la oración del noche: Tu que dispones de cielo y mar….. haces la calma la tempestad… Como acompañamiento el golpeteo de toda la arboladura con sus grilletes, motones, guardacabos y pastecas contra las vergas y sus palos, hacían un armónico concierto al que se unían el golpear de las olas contra el casco del velero. en su pausado navegar
    El sol abandonaba lentamente la escena y nosotros sumidos como en un letargo, parecía que algo grandioso estaba por suceder. De pronto y cuando se estaba tocando en el tambor el toque de retreta, una bandada de golondrinas extenuadas por su largo viaje, vieron en el viejo buque, el lugar idóneo para un merecido descanso. Muchas de ellas entraron en la cámara de oficiales desde donde les fue muy difícil la salida al exterior, otras murieron de agotamiento y la mayoría permanecieron descansando durante toda la noche en compañía de Nereida Galatea.
    Al amanecer todas reemprendieron el viaje a la vez que la dotación del buque empezaba un nuevo día.

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  4. Amenazaba lluvia. Las calles de Ferrol comenzaban a oscurecerse arropadas por las algodonosas nubes grises que paulatinamente iban cubriendo la ciudad.
    Una falúa blanca de no más de cinco metros de eslora, con su pequeño motor cobijado debajo de una chapas grises y situado en el centro de la cubierta, chasqueando con su peculiar sonido, hacía mover la embarcación que avanzaba lentamente por las verdes aguas.
    Atrás quedó el muelle, que en la distancia se mimetizaba con el entorno desapareciendo poco a poco a nuestra vista. Ya tan solo se vislumbraban los negros norays que servían como referencia para calcular la distancia
    Como una balsa de aceite, en el mar se dibujaba cual tamiz la constante lluvia que al caer sobre su acristalada superficie perturbaba su adormecida letanía.
    La proa de la barcaza cortaba sutilmente la superficie del agua dejando una estela que irrumpía en el silencio, haciendo que las embarcaciones fondeadas y antes colgadas en la quietud, despertasen dulcemente y con un tenue balanceo de su ligero sueño.
    Por la amura de babor se divisaba la arena de algunas pequeñas playas y al fondo el pequeño muelle de Mugardos.
    A proa y ligeramente a estribor, destacando de sus acompañantes vestidos de gris naval, se podía ver recortada la figura blanca y majestuosa del bricbarca Galatea, haciendo gala de su belleza, orgullosa de sus singladuras y de sus hombres.
    Aún en la lejanía se oían las pitadas del chiflo de maniobra, que con su vigoroso sonido hacían que los especialistas se afanasen en la maniobra de arriado de botes.
    A escasos metros del costado de babor se estaban acoderando unos a otros los botes de El Galatea desde el tangón hasta un bolardo del muelle. .
    La falúa se abarloó al bote más próximo al muelle, para así desembarcar al teniente de navío y oficial de guardia. Nos daría clase durante todo el día. Había que estar preparados y empollados en lo concerniente a maniobra.
    Al subir a bordo, cerca de la plancha pero en crujía y sobre la madera de la cubierta principal, se había acumulando arena, polvos de gas y sosa cáustica. Bruses y manguera negra de goma adujada, aguardaban el comienzo de la tarde para el acicalamiento concienzudo y semanal del buque escuela.
    Las leyes penales del día siguiente requerían una limpieza a fondo de lumbreras, escotillas, escalas, cubierta y demás utillaje de la Nereida Galatea.
    La diosa se vestía de gala acompañada por sus fieles servidores que cada sábado, punta en blanco poblaban su marinero aposento.

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  5. A TI NEREIDA GALATEA

    Soy un marino, uno más de los que se cobijaron en tu regazo, uno más de los que tus afectos perduraron en nosotros y lograron sobrevivir al paso del tiempo. Adolescentes que en esa etapa de la vida sintieron tus caricias como una impronta que quedó adherida a nuestra realidad formando parte de nuestro primer conocimiento.
    En ti confiamos nuestros primeros pasos y absorbimos tus enseñanzas, entregando a otros tus sabias lecciones, entregando a otros nuestras descripciones pero quedándonos nosotros con el mayor tesoro, las sensaciones vividas en ti.
    Después de muchos años y formados por tu generosa y sutil mano, tenemos el convencimiento de que no nos defraudaste. Tenemos la seguridad de que sabiamente te encargaste de guiarnos cogidos estrechamente de tu mano, haciéndonos sentir la seguridad de tenerte siempre a nuestro lado.
    Hace ya mucho tiempo que orgullosa surcabas todos los mares sin descanso, siempre en tu puesto, en la roda del buque: vigilante, inquieta, marinera, tenaz, valiente ,cual diosa afamada y bella.
    Tus enormes brazos apuntaban siempre hacia el cielo, hacia las estrellas que te guiaban. Cada uno adornados de blanco, vestidos con tus mantos y velos para recoger el viento, para guiar a tu proa, para cortar rauda las aguas, para llevarnos de puerto en puerto.
    Eras majestuosa, gallarda, esbelta, orgullosa, altiva y otra vez digo bella, Nereida Galatea.
    En tu navegar valiente y lozano, con tu cara al viento, rompiendo tempestades , todos los buques salían a tu paso, te rendían pleitesía y homenaje, desfilaban delante de ti Galatea, cual danza en tu honor, como pretendientes confiados en ser ellos los dueños de tu mirada.
    Pero éramos nosotros, los afortunados, los alagados, por llevarnos en tu seno. Éramos nosotros los que como pago a tus cuidados y excelencias te acicalábamos para que ni un rasguño, empañase tu inmaculada y blanca figura. Bruses, lampazos, y enérgicos brazos de jóvenes enamorados que ante cualquier contratiempo permanecíamos siempre vigilando. Si Nereida Galatea, hasta tenías un jovenzuelo adolescente, que por ti tenía mal de amores, pero tú permanecías impasible, imperturbable en tu augusto carácter.
    Pero todo pasa Nereida Galatea, todo pasa, hasta para una diosa como tú. En la más triste soledad fuiste olvidada de todos. Atrás quedaron aquellos lejanos tiempos en que eras la envidia de todos los mares, el espejo de todos los buques, el sueño de todos los navegantes. Atrás quedaron los tiempos en los que hasta el dios Neptuno mandaba bandadas de delfines para ser compañeros de tus travesías, acercándose a ti ,dando saltos de alegría, obsequiándoles tú Galatea con una dulce sonrisa.
    Si Nereida Galatea, en unas imágenes tuyas te vi muy envejecida, no me lo podía creer, pero eras tú. Tenías el rostro surcado por las arrugas del paso del tiempo y estabas en el abandono más absoluto. En tus entrañas albergabas gente marginal que a cambio de nada tu acogías en tu más entrañable intimidad.
    Si Nereida. Galatea el tiempo pasó también para ti. Has terminado en un asilo, al que llaman, museo y allí te exhiben. Ya no se oyen las algarabías de tus dotaciones, ni el estridente ruido de los silbatos de los contramaestres dando órdenes, ni el sonido de la cabullería golpeando contra los palos, todo es silencio, el tiempo engulló todo.
    Sabes Nereida Galatea que hace unos días un viejo marino, que perteneció a tu dotación me preguntó por ti. Yo, agaché la cabeza y no respondí, estuvo largo tiempo esperando la respuesta, y yo seguía con la cabeza inclinada hacia adelante, y con mis ojos llenos de lágrimas, mudo, quieto, silencioso. Ante esta actitud me respondió, te entiendo, ya me lo has dicho todo, y dirigiéndome una profunda mirada se marchó silencioso.

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  6. Escúchame Galatea.
    Ahora me voy. Me voy
    pero no te dejo.
    Porque es imposible dejar el corazón
    y llevarse tan solo el cuerpo.

    Escúchame.
    Me voy hacia tierra adentro,
    dejando entre tus costados
    todo mi mundo , todos mis sueños.
    En ti Galatea dejo mi pasado.

    Y llevo tus vientos, tus olas,
    tus velas y tu mar.
    Y la imagen de tus gentes marineras.
    De las gentes que en ti vivieron,
    dentro de tus cuadernas.

    Y llevo tu magia y tus misterios,
    tus colores y el ronroneo incesante
    de la música de tu cuerpo
    cuando choca con las olas
    o cuando besa las brisas soñadoras.

    Y llevo, sobre todo y más que nada,
    llevo todas tus promesas
    y todos tus silencios…
    Te llevo, mi Nereida Galatea
    hacia dentro, hacia mi tierra.

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  7. Aprovecho para pedirte que recomiendes el enlace de mi blog sobre el Galatea. Luego booras el comentario y otro que he publicado por error dos veces.

    Gracias de antemano y seguiré tu estupendo blog.

    Bog del Galatea :

    http://bitacora12.soy.es/2010/11/21/el-galatea-navega-de-nuevo/#comments

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  8. Hola te mando mi enlace por si lo pones como recomendado gracias.


    BUQUE ESCUELA DE MANIOBRA GALATEA :

    http://bitacora12.soy.es/

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  9. Cuando se navegaba a bordo del Galatea durante tanto tiempo se hacía extremadamente dura la vida a bordo y sobre todo para personas que nunca habían pisado la cubierta de un barco.

    Hasta la llegada a puerto la dotación no se podía calzar en previsión de una maniobra en las jarcias. Al tener que estar descalzos y con los pantalones remangados hasta las rodillas todo el tiempo, los pies se dilataban con el frío y la humedad constante.

    Cuando el tiempo era adverso, el agua barría la cubierta del buque y con los golpes de mar, se caían los cabos arranchados y adujados en los cabilleros, que servían para las maniobras de las vergas y velas.

    Al caer sobre cubierta arrollados por el agua y proyectados con los bandazos, quedaban tapados por el agua y al golpearnos con ellos nos dejaban los pies destrozados. En esos momentos no se podía mirar a cubierta ya que teníamos que caminar cogidos por un cabo que se largaba de proa a popa para evitar que el agua nos arrastrara fuera del buque.

    Esto sucedía tanto de noche como de día, ya que el mar y los barcos de vela no tienen horario a excepción del agua y el viento

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  10. Las única prendas eran el pantalón, la marinera, la ropa interior y un cinturón en el que siempre llevábamos la navaja para cualquier imprevisto, para el corte de emergencia de cualquier cabo, ya que en ello, muchas veces iba la seguridad y la vida de los tripulantes.

    Para dormir, una manta, un coy y una colchoneta aunque se dormía muy poco pues la vela hay que velarla. Para comer, un plato, una cuchara y una vasija para beber, todo ello de aluminio. No se olvida nombra el tenedor, puesto que carecíamos de él.

    Todo esto unido a la tiranía que muchas veces los contramaestres ejercían sobre nosotros, los aprendices de maniobra, hacían realmente difícil y dura la negación en el Galatea. Como marinos en cuanto a la maniobra de un buque de vela, eran insuperables además de muy buenos navegantes y conocedores de la mar, pero en cuanto a la humanidad del trato dejaban mucho que desear
    Pero dentro de las dificultades, de las noches sin dormir, de los temporales, de las maniobras constantes, de la disciplina y de todo un sinfín de pormenores, había momentos de tranquilidad cuando navegábamos por los trópicos y oíamos al anochecer el resoplar de los delfines que con su gráciles formas, nos acompañaban en las singladuras.

    En estos momentos, todo era paz, viento mar y naturaleza, ningún sonido apartaban nuestros sentidos de los elementos naturales que se combinaban a la perfección con el buque.

    Los motores estaban apagados, incluso los generadores de corriente, por lo que predominaba el sonido de las olas contra el casco del Galatea, el silbar del viento sobre las jarcia y algún que otro gualdrapazo de alguna vela que en algún momento se deshinchaba a falta del impulso incesante.

    Toda esta tranquilidad siempre podía ser interrumpida por cualquier cambio en la meteorología que abocaba en la consabida maniobra general.

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  11. Del cuartel de instrucción de San Fernando (Cádiz) se llegaba al destino, en este caso, el Galatea.

    Nada más embarcar se entregaba una cartulina donde figuraba, el número asignado como miembro de la tripulación, el destino en abandono de buque, el destino en las labores de limpieza, el rancho al que ibas a pertenecer, la cinta del lepanto, un coy, y la manta se traía ya personalizada del cuartel de instrucción, un plato de aluminio y una cuchara.

    A la hora de dormir, el coy no bastaba para hacerlo, ya que se tenía que disponer de bolinas para colgarlo y de ganchos, por lo que se tenía que dormir en el suelo que ya estaba demasiado solicitado por las promociones de otros cursos.

    Las bolinas y los ganchos se recibían en herencia, cuando abandonaban el Galatea los recién ascendidos para otros destinos en la Armada y así sucesivamente. Por lo tanto siempre había más gente durmiendo en el suelo que colgados.
    En el Galatea estaban destinados para los aprendices los sollados de proa y popa.

    Estos servían como dormitorio, comedor, aula, lugar de expansión etc. Las clases se impartían en cubierta, pero en invierno o si las latitudes de la navegación no lo permitían, se acudía a nuestro palacio, los sollados y en el suelo.

    Las mesas que se encontraban estibadas en el techo, solo se arriaban para los exámenes.
    En la realización de los exámenes de las correspondientes asignaturas y si coincidían con el buen tiempo, se tenían que subir las mesas a cubierta para realizarlos.

    El uniforme exigido era pantalón corto pero sin camiseta, con el fin de no llevar chuletas.

    De todas formas los aprendices se las ingeniaban para llevarlas encima. Claro las chuletas siempre eran de fórmulas de resistencia de los cabos y de los aparejos, de correderas de navegación, demoras, rumbos verdaderos y de aguja , inclinaciones y un largo etc.
    Cuando se navegaba con mala mar se cerraban las lumbreras y escotillas para que los golpes de mar no inundasen los sollados, como muchas veces pasaba.


    Por tal motivo solo se podía acceder por las escotillas de proa que al estar ubicadas bajo la cubierta del castillo el mar entraba por el castillo y barría toda la cubierta evitando que el agua entrase en el interior.

    Como se desprende de lo anterior, los únicos respiraderos eran las citadas escotillas y lumbreras y al estar casi siempre cerradas, la ventilación de los sollados era casi inexistente.

    Esto se agravaba con la permanencia del personal de a bordo en unas condiciones higiénicas, que muchas veces y por las restricciones de la navegación pasaban hasta un mes sin recibir una buena ducha.

    Existía en el habitáculo un olor a humanidad, que invitaba a agradecer las bocanadas de aire fresco que proporcionaban las guardias en cubierta.

    Hay que tener en cuenta que cuando no se estaba de guardia, o en ninguna maniobra requerida para la navegación, lo más sensato era recuperar el sueño perdido, pues todas las noches todos los miembros de la dotación tanto del Galatea como de cualquier buque de guerra estaban sometidas a tres turnos de guardia de cuatro horas de duración cada uno: prima, media y alba.

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  12. Una lluvia fina y constante caía sobre la ría de Ferrol cuando las primeras luces del alba iluminaban tenuemente la figura blanquecina que ya formaba parte del entorno, al que conseguía dar una singular belleza.

    La humedad de la fría mañana impregnaba la gastada madera de cubierta del bricbarca Galatea .

    Su cabullería rezumaba un fuerte olor característico que, mezclado con el salitroso aroma del mar y el verdor de la montaña, hacía reconocible el lugar aun con los ojos cerrados.

    El relevo de la guardia se efectuaba normalmente al izado de la bandera, según la ceremonia tradicional.

    Al toque de Asamblea la guardia entrante formaba en el combés, a babor del buque.

    Los suboficiales pasaban revista de policía y armamento al tiempo que recibían los partes correspondientes sobre pertrechos e incidencias.

    A continuación daban sus respectivas novedades al oficial que rápidamente las trasmitía al comandante de la guardia.


    A escasos cinco minutos del toque de izado de bandera formaba a estribor el personal saliente, dando frente a crujía y a la guardia entrante.

    Permanecían en descanso, a la espera de rendir honores a la bandera. Todos ya en posición de firmes, en silencio, mientras un especialista de maniobra cobraba rápidamente de la driza, izando hasta el pico de la cangreja la bandera de combate, acompañada por el gorgorear del chiflo de maniobra, que se dejaba oir entre los verdes montes de La Graña. Oiiiiiiiiiiiiitooooooooooooi.

    Comenzaba un nuevo día en la Escuela de Maniobra Galatea cuando, quizá asustadas por el fino y penetrante silbido, las nubes complacientes dejaron paso a un deslumbrante sol que embellecía la estampa de un solitario y orgulloso buque de tres palos, de blanca figura, adornado por la Nereida Galatea.

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  13. La llegada a la Graña

    Nuestro primer contacto con el Galatea, en un día lluvioso, plomizo y triste, fue desolador.

    Del velero solo se distinguía la arboladura, ya que toda la obra muerta de su blanco casco estaba oculta detrás del grisáceo muelle de hormigón cuya superficie coincidía en altura con la borda del bricbarca, consecuencia de la fuerte bajamar que casi lo ocultaba a nuestra vista.

    La plancha de acceso a la nave estaba horizontal con respecto a la superficie del espigón, por lo que no costó esfuerzo alguno adentrarnos en su cubierta de madera, cuyo embreado de color negro que recubría el calafateo, separaba levemente las tablas de cedro que conformaban su abarrotada cubierta llena de adujas, cabilleros, motones, cáncamos, y un sinfín de accesorios y cabuyería, desconocidos hasta entonces para nosotros, y que pasado el tiempo serían tan usuales en nuestra nueva vida.

    El buque nos parecía tan sombrío como el entorno de la Ría ferrolana, cuya superficie del agua sólo mostraba el chispear incesante de minúsculas gotas de agua que en su lloro dejaba caer el cielo.

    En esos momentos recordados una y cien veces en mi cabeza, el silencio del momento fue roto por el penetrante y agudo sonido del silbato del contramaestre de guardia, que acompañado con un reducido grupo de la guardia militar, procedían al arriado de la bandera.

    Una sensación agridulce me recorrió la garganta bajando voraz y estrepitosamente hasta la boca del estómago, agolpándose dentro de mí las imágenes de mis familiares y amigos de los que sólo me separaban unas horas, y a los que no volvería a ver en mucho tiempo.

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  14. Hola, de vez en cuando me maravillo en este blog, es un deleite para loas sentidos y me alegra saber el buen hacer de su administrador.

    Aprovecho para comunicarlae que el blog, que recomienda en sus páginas " Buque Escuela de Maniobra Galatea " Será suprimido por la empresa que ya no sigue esa actividad.

    Gracias a algunas gestiones he podido recuperar el blog que aguantará en internet un mes. Después será eliminado, pues una mañana al picar en mi blog ya no estaba habia desaparecido sin previo aviso con mas de mil comentarios y numerosas páginas de la historia del velero. Todo fue copiado.


    He abierto un nuevo blog de Blogger y espero se llene poco a poco y ocupe las primeras listas como el anterior.

    Aprovecha para saludar A Benito Sacaluga y darle el enlace del nuevo Blog, para que elimine el que tiene.

    http://buqueescuelademaniobragalatea.blogspot.com/2011/10/el-galatea-navega-de-nuevo.html

    Saludos y muchas gracias.

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  15. Se acaba de terminar una novela sobre el Galatea, el titulo es Aleta de tiburón ( a bordo del Galatea) de 210 páginas. Se narran dos historias paralelas de mediados de los cincuenta y de mitad de lo setenta cuya trama son los tiburones que se pescaban a bordo y las aletas que se amarraban en los penoles de las vergas como trofeo. Ahí va el prólogo de la obra:

    Creo que las aletas de tiburón dan mucho de que hablar y no sólo como trofeo de pesca de aquellos voraces escualos que servían luego de alimentación fresca y nutriente para los también voraces hombres de la tripulación del Galatea.

    Imagino el espectáculo en mar adentro, con las velas desplegadas, el sonido de la tela con el viento y el tintinear de pastecas, motones, y cabos contra los mástiles enarbolados hacia el cielo y los hachazos de la proa con el devenir de las olas.

    En ese momento una voz rompía la metódica, monótona y suave melodía de la máquina y la mar. La voz del atento guindola que recorría como un rayo toda la cubierta del velero. E instantes después el corneta Aquilino daba el aviso general de la danza del animal sobre las olas en su lucha por la vida.

    Todos en cubierta, como novedad de la cotidiana navegación, se asomaban por la borda para contemplar como era izado a bordo ese tiburón de varios metros de longitud de piel brillante y escurridiza, que se revolvía dando coletazos, para zafarse de aquella garra mortal que se había atenazado como alimento en su garganta.

    La cubierta del velero gemía bajo la presión de su poderosa cola, que en los últimos momentos de su vida arrebatada al océano, se negaba a ser víctima fuera de su vital medio.

    En torno a esa aleta de tiburón, discurre la vida de esos muchachos que la colgaban en los penoles de las vergas, dando fe de sus hazañas que no se limitaban a la pesca, sino a la navegación, a la mar, a las dificultades para la supervivencia ante la indómita y dura naturaleza y ante la dura disciplina a bordo.

    Ahora, pasado el tiempo se recuerda con cierta nostalgia e incluso como una airosa y alegre aventura, pero en aquellos momentos de adversidad, no todo era tan fácil como narran esos muchachos Especialistas de Maniobra.
    El paso de los años ha dulcificado enormemente, esos momentos y el sabor agridulce vuelve a su paladar, como un vino reposado que en el caminar del tiempo, solo da excelencias.

    Aprovecho una vez más, para beber de la inagotable fuente de vivencias de esos aventureros de la mar, en un buque que se movía merced a sus templadas manos, certeros pies y ágil mente.

    Muchachos a los que yo, sin conocerlos, los imaginaba y admiraba cuando mi mirada, recorriendo los palos del Galatea, se iba alzando hacia el azul del cielo.

    Esos jóvenes han sido el alma de este libro y se ha escrito pensando en ellos, en aquellas dotaciones que han dado vida al velero Galatea y especialmente en : Miguel Gómez Ruiz y José Castrillon Mesa.

    Comenzamos estas narraciones en tierra y recordando al Galatea, no sin antes describir un pequeña reseña histórica del velero.

    Saludos a todos

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  16. En esta nueva entrada deseamos compartir con todos los visitantes, la próxima publicación de un nuevo título de "El Galatea". Un libro de más de cuatrocientas páginas, donde el velero irrumpe con fuerza en la actualidad, dejando muestras de lo que fue, de lo que es y de lo que seguirá siendo, gracias a un grupo de incondicionales que con su incansable labor ha conseguido que “El Galatea Navegue de Nuevo”.


    El Galatea se enorgullece de contar con la colaboración inestimable e imprescindible del amante de la literatura, escritor y novelista, Miguel Aceytuno Comás, autor entre otros muchos trabajos, de las novelas Submarino B-7 y Babor y Estribor, publicadas por la editorial “De Librum Tremens”. Dichas novelas tienen como fondo la guerra civil española, y nos sorprenden con una sugerente cita: "Buena gente en una mala guerra".
    Miguel, no tuvo el placer de pisar la cubierta del velero, pero es un apasionado por el mar desde su más remota infancia en Vilanova y la Geltrú, aleccionado por la obra de Emilio Salgari y las historias de la mar y quienes la surcan.


    Miguel Aceytuno y Arminio Sánchez, como autores de este nuevo texto, se complacen en beber de las fuentes de quienes hace algunos años comenzaron a rescatar las historias del buque.
    Por ese motivo y desde estas líneas, no queremos dejar de nombrar a los auténticos protagonistas del nuevo y querido libro: José Castrillón, Miguel Gómez, Gerardo Ureña, Manuel Carrasco y Alberto Vera Meizoso y quizás también tú.
    Gracias a todos ellos y, a los visitantes de este blog por pisar la cubierta virtual del velero Galatea.

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  17. www.facebook.com/galateabuque

    www.facebook.com/jaimematamala.publicaciones

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