miércoles, 28 de mayo de 2025

MUSSOLINI, FRANCO Y UNOS BUQUES DE GUERRA



Todo el mundo sabe que tanto la Alemania nazi como la Italia fascista contribuyeron a la victoria de Franco y sus ejércitos sublevados en julio de 1936. Una contribución importantísima, sin la cual, Franco habría perdido la guerra.


Destructores de procedencia italiana "Teruel", "Huesca" y "Melilla" 
en el puerto de Palma de Mallorca durante la guerra.
(Imagen: balearspotting)


Si nos centramos en la ayuda de la armada italiana (Regia Marina), sabemos que Mussolini accedió siempre a todo aquello que Franco le solicitaba para impedir el tráfico de buques mercantes con destino a puertos republicanos. Buques de guerra de la marina italiana, junto con buques cedidos por Italia a Franco que actuaron bajo bandera franquista, fueron los encargados de entorpecer primero y anular más tarde el tráfico republicano de armas y suministros por el Mediterráneo.

La inicial superioridad naval de la República frente a la marina sublevada fue reduciéndose rápidamente a causa de la ayuda italiana y finalmente la supremacía en las aguas del Mediterráneo pasó a manos de los sublevados.

Numerosos cargamentos con destino al ejercito republicano fueron apresados o enviados al fondo del mar, hasta tal punto fue así que con el Mediterráneo cerrado la Unión Soviética tuvo que modificar las rutas de sus buques de suministros, algo que también se vieron obligados a hacer los buques mercantes neutrales fletados por el Gobierno de la República. Una situación que supuso que los suministros de guerra tuvieran que entrar en España a través de territorio francés y la frontera de los Pirineos, algo que provocó una disminución y unos tremendos retrasos en la recepción de los tan necesarios suministros.

Julio Álvarez del Bayo, ministro de Estado de la República durante la Guerra de España, denunció en Europa y en repetidas ocasiones la intervención alemana e italiana en la guerra española, al mismo tiempo que criticó duramente la política de no intervención franco-británica por entender que era contraria al Pacto de la Sociedad de Naciones, creada tras el fin de la IGM.

Según Álvarez del Bayo,  tomaron parte en la Guerra de España 91 buques de guerra y submarinos italianos que consiguieron hundir barcos mercantes por un total 72.800 toneladas.

Bollati y del Bono, en su obra “Le Force Armate”, publicada en junio de 1939, nos dicen que en aguas españolas intervinieron 140 unidades de la Marina de Guerra italiana, realizando 870 misiones, en las que entre sus tripulantes se concedieron medallas al Valor Militar, 7 medallas de plata y 23 de bronce.

El almirante franquista Francisco Moreno escribió en 1938: 

“Después de casi dos años de campaña, nuestro Ejército estaba cada vez mejor pertrechado. Los repuestos, las municiones, todos los efectos para la guerra moderna, sin olvidar el petróleo, estaban asegurados. La retaguardia nacional disponía de víveres sin restricciones. Todo, absolutamente todo de lo que no se producía en España, llegaba por mar en tráfico incesante”.

Sumemos a la ayuda naval italiana la representada por la Kriegsmarine alemana, con varios cruceros y submarinos en el Cantábrico y el Mediterráneo. Una fuerza naval, la alemana, que no solo impedía el tráfico mercante, también atacaba a unidades navales republicanas, y comprenderemos la falta de eficacia de la Flota republicana. Una ayudas alemanas e italianas que consiguieron junto a la escasa fuerza naval sublevada el dominio del mar, algo que tuvo una importancia decisiva en el desarrollo y desenlace de la guerra.

El ocho de mayo de 1956, el entonces contralmirante franquista y procurador en Cortes Luis Carrero Blanco decía lo siguiente durante una sesión de las Cortes franquistas:

“Entre el 18 de julio de 1936 y el 1º de enero de 1939, cuando ya la guerra estaba prácticamente ganada, el tráfico marítimo nacional ascendió a 24.774.826 toneladas (16.231.678 toneladas de exportaciones con las que, naturalmente, pagábamos parte de los recibido, y 8.543.768 toneladas de importaciones) y se transportaron por mar 316.000 hombres, en 65.931 viajes, de los que en 50.523 (77 %), el buque llevaba a popa la bandera nacional. Los rojos no nos apresaron ni un solo transporte; por el contrario, la Flota nacional apresó 238 buques rojos y 99 extranjeros al servicio del enemigo, cuyos cargamentos, en ocasiones armamento y material de transporte que nos era necesario, pasó a nuestras manos”.

En total, el franquista Carrero nos aporta una cifra total de 337 apresamientos de buques con destino a la República, una cifra de apresamientos imposible de llevar a cabo con los efectivos navales de los que disponía la armada sublevada en 1936, que solo contaba con cuatro unidades mayores en estado de combatir con garantías, a saber el crucero “Almirante Cervera”, dos cruceros pesados en construcción, el “Canarias” y el “Baleares” (hundido en marzo de 1938), que no entraron en servicio hasta septiembre y diciembre de 1936 respectivamente, (el acorazado “España” estaba en servicio reducido) y un destructor, el “Velasco”. Una cifras de apresamientos, las relatadas por Carrero Blanco, que jamás se habrían producido sin la ayuda de las 140 unidades navales italianas que actuaron junto a Franco, además de los buques de guerra (destructores, submarinos y lanchas torpederas) cedidos o  vendidos por Mussolini a Franco desde 1937, relacionados en el siguiente Cuadro:




Benito Sacaluga.



Fuente consultada:

La Marina Italiana en la Guerra de España. J.L. Alcofar Nassaes. Editorial Euros. 1975




sábado, 24 de mayo de 2025

EL DESTRUCTOR “SÁNCHEZ BARCAÍZTEGUI” EL 25 DE ABRIL DE 1937.

 


En la mañana del 25 de abril de 1937, el crucero sublevado “Canarias” localiza en el Mediterráneo a la Flota republicana, conformada en esta ocasión por los cruceros "Libertad", "Méndez Núñez" y cinco destructores, pero la pierde vista a causa de una espesa bruma. En el mismo escenario, el también sublevado “Baleares” abre fuego contra un destructor republicano y es contestado con una salva de torpedos.



A unas 20 millas de Cartagena, los dos cruceros sublevados localizan al destructor “Sánchez Barcaíztegui” y le disparan con sus artillerías de proa a una distancia de 12.000 metros. El destructor, bajo el mando del alférez de navío Álvaro Calderón, zigzagueó  a la vez que lanzaba una cortina de humo y  disparaba contra el “Baleares”. Ninguno de los buques implicados consiguen impactos. Los cruceros sublevados, al percatarse de que se encuentran al alcance de las baterías de costa republicanas, huyen del escenario a toda velocidad. Los cruceros leales “Libertad” y “Méndez Núñez” salen del puerto de Cartagena en persecución de los cruceros sublevados pero, debido a su menor velocidad, no llegaron a avistarlos, pasadas tres horas suspenden la búsqueda.

El comandante del “Sánchez Barcáiztegui” informó al Jefe de la Flota de lo siguiente:

Durante el combate que sostuvo pudo apreciar que el crucero alemán “Leipzig”, que estaba a sus proximidades poco desenfilado, comunicaba con los cruceros enemigos por medio de proyector. También se observó que, al salir la Flota del puerto en persecución del adversario, la radio del “Leipzig”, en onda de 5 metros, comunicaba constantemente en cifrado con un buque próximo, lo cual hace suponer que informaban al  enemigo de la salida y el movimiento de nuestros barcos. 

En definitiva, la niebla imposibilitó que el encuentro entre las dos flotas fuera decisivo. Todo se redujo al intento de caza de un destructor republicano (“Sánchez Barcaíztegui”), una acción finalmente abortada por el comportamiento del destructor y las baterías de costa republicanas.


Crucero "Baleares"


Según el consejero ruso a bordo del “Almirante Antequera”: 

“El Sánchez se comportó con pericia, valor y agresividad, utilizando todas sus ventajas y efectuando 150 disparos en treinta minutos. Algo de elevado mérito, considerando que mandaba el buque un alférez de navío”.


Benito Sacaluga



Fuentes consultadas:

  • Extractado de "La Guerra Civil Española en el Mar". Michael Alpert. Ed-.Crítica (2008)
  • Cartagena Nueva (27/4/37)

martes, 20 de mayo de 2025

CAPITÁN MAQUINISTA SANTIAGO LÓPEZ JIMÉNEZ

 


Nacido en Ferrol el 12 de octubre de 1895. Por parte paterna sus ascendientes eran de Cuenca y por la materna sevillanos y de Badajoz. Ingresó en la Armada en 1916. Capitán Maquinista desde el 10/06/1933. Jefe de Maquinas del destructor “Almirante Valdés” cuando se produjo la sublevación militar de julio de 1936.


Dentro del círculo el Capitán Maquinista Santiago López Jiménez


Tuvo un gran protagonismo en apoyo y dirección de los marinos republicanos que detuvieron a los oficiales del Cuerpo General a bordo del destructor “Almirante Valdés”, el 18 de julio en la mar tras unos confusos momentos en Melilla.

López Jiménez mandó el barco en su travesía hacia Cartagena adonde llegó el 19 a las cinco de la tarde. Su llegada fue una espoleta para la explosión de los sucesos en el Arsenal:

“…cuando a las cinco de la tarde, tal y como tenía anunciado, arriba a puerto el destructor “Almirante Valdés”, viene al mando el capitán jefe de máquinas Santiago López Jiménez y trae prisionera a toda la oficialidad. El Valdés fue objeto de un recibimiento popular apoteósico. Entre vítores y adhesiones a la causa republicana, un enorme gentío lleva a hombros al capitán hasta el Ayuntamiento, donde es obligado a salir al balcón y dirigir un parlamento a la muchedumbre”

El capitán López Jiménez entregó a los prisioneros, con una orden escrita, siendo trasladados posteriormente al buque prisión “J.J.Sister” fondeado en Málaga.


"J.J. Sister". Compañía Trasmediterránea 


Como a tantos otros, las autoridades franquistas lo habían separado del servicio (BOE 103/37-Burgos), por no presentarse a las autoridades sublevadas. La República lo ascendió a comandante (DO 246/37).

Acabada la guerra marchó al exilio. Curiosamente no hay noticias de que se le abriera Consejo de Guerra, simplemente los franquistas le dieron de baja en la Armada.


Benito Sacaluga



Fuentes consultadas:


  • El Cuerpo de Maquinistas de la Armada (1850-1950). Mº de Defensa (2009)
  • República y Guerra Civil en Cartagena, 1931-1969. J. Martínez Leal
  • Revista Ahora del 28 de julio de 1936


domingo, 18 de mayo de 2025

GUILLERMO MARTÍNEZ LÓPEZ, SEGUNDO MAQUINISTA DE LA FLOTA DE LA REPÚBLICA ESPAÑOLA

 


Nacido el 11/11/1902 en Ferrol, hijo de Evaristo, mecánico, e Isolina, ambos naturales de Ferrol. Casado con Ginesa García Ballester, hermana de los también maquinistas Lutgardo y José. Ingresó en la Armada en el año 1920. Segundo Maquinista desde el 09/09/1933. Cuando se produce la sublevación facciosa se encuentra destinado en el submarino “C-3”. Miembro de la Logia “Atlantida nº5” desde 1931, con el nombre simbólico “Guillermo Tell”.


Dotación del submarino "C-3"
Posiblemente entre estos marinos se encuentre Guillermo Martínez López


Llegó a Santander, a bordo del submarino "C-3", cuando la Flota acudió al Frente Norte. Pidió combatir en tierra y así se le concedió. Desembarcó en Santander y se le asignó una Sección como Alférez en uno de los tres batallones que acudieron al socorro del frente de Asturias.

Falleció combatiendo, al frente de sus hombres, el 14 de octubre de 1936 en Nonín (Oviedo). El general jefe de Operaciones del Norte, Mariano Gamir Ulibarri, ordenó que el auditor de guerra del Ejército instruyese juicio contradictorio para la concesión de la Laureada de San Fernando. Antes, Gamir había afirmado: 

“Murió heroicamente en el ataque a Nonín…Reiteradamente este Estado Mayor se ha dirigido al Excmo. Sr. Ministro de Marina y al Comisario de Guerra en Santander señalando la ejemplaridad de su conducta y de la muerte del citado oficial, quien se hizo en todo momento merecedor de los máximos honores de la guerra”.

El Comisario de la Flota, Bruno Alonso, escribió un artículo titulado “Un espejo para todos” dedicado a Martínez López en el periódico del acorazado “Jaime I” Amanecer, número 6, fechado el 23 de enero de 1937.


UN ESPEJO PARA TODOS


El espejo al que me refiero es el que fue Maquinista de nuestra Flota camarada Guillermo Martínez.

Era yo Comisario general de Guerra en la provincia de Santander, cuando últimamente visitaba nuestra Flota aquel puerto donde tantas veces se baño mi juventud. Guillermo Martínez fue allí desembarcado presentándose a mis órdenes sin explicarme el motivo.

Era un hombre como un roble, alfo, mofletudo, colorado y de anchas espaldas, me dejó perplejo por que no sabía quien era ni en que podríamos emplearle. Quería ir a las Milicias a luchar frente al enemigo y dudábamos emplearlo por no conocerlo.

Asturias estaba mal y pedían nuestro auxilio, Santander, presuroso, manda sus batallones en los cuales se enrola el Maquinista Guillermo dándosele el grado de Alférez.

La lucha es dura porque el enemigo ha recibido refuerzos y ataca el cerco de Oviedo. El batallón de Guillermo defiende una posición desde la cual se causan al enemigo, compuesto de falangistas, moros y mercenarios, infinidad de bajas.

El enemigo carga con todas sus fuerzas sobre aquella posición cuyos defensores acorralados por las ametralladoras, cañones y aviación va cediendo poco a poco su resistencia.

La posición no se puede sostener más, la gente es bisoña e inferior en número y elementos y tiene que replegarse. Guillermo Martínez se resiste a replegarse y se queda en la posición amparando con su pecho el repliegue de sus compañeros. Continúa solo, disparando contra el enemigo que está a menos de 100 metros hasta que una bala traidora le desploma para no levantarse, dando su aliento postrero en un viva a la República.

Guillermo Martínez fue un gigante de la Flota, mejor dicho, fue un espejo para todos.

Bruno Alonso.


La esposa de Guillermo se exilió al terminar la guerra, estableciéndose en Méjico. El hijo de ambos, también llamado Guillermo, era en 1985 ingeniero director general de la empresa Industrias CHSA en Tlanepantla, Méjico.




Fuente consultada:

El Cuerpo de Maquinistas de la Armada Española. Antonio de la Vega Blasco. Ministerio de Defensa 2009.