lunes, 6 de agosto de 2012

SUBMARINO REPUBLICANO C-3. OTRA VERSIÓN



EL SUMERGIBLE C-3 FUE ATACADO POR LA FLOTA ALEMANA EL 12 DE DICIEMBRE DE 1936 EN EL MARCO DE LA 'OPERACIÓN ÚRSULA'. DESDE ENTONCES ESTÁ SEPULTADO EN EL FONDO DEL MAR A POCOS KILÓMETROS DEL PUERTO DE MÁLAGA. LOS FAMILIARES DE LAS VÍCTIMAS LUCHAN POR REFLOTARLO PERO NINGÚN GOBIERNO HA ACCEDIDO.


ALEJANDRO TORRÚS MADRID 04/08/2012
Memoria  Histórica de Cartagena

La mañana del 12 de diciembre de 1936 el submarino republicano C-3 se encontraba frente a la costa de Málaga con orden de vigilar el estrecho de Gibraltar. Había que evitar que las tropas rebeldes del norte de África llegaran a la península. El bando sublevado no disponía de flota por lo que la embarcación sólo temía un ataque aéreo. Sin embargo, a las 14:25 horas un torpedo dirigido desde una embarcación alemana partió en dos mitades al C-3, que se hundió en cuestión de segundos con 35 hombres a bordo. Han pasado casi 76 años desde entonces, pero el submarino republicano continúa sepultado a 68 metros de la superficie marítima. 
“No pedimos dinero. No queremos nada. Sólo queremos que saquen el barco y poder dar sepultura a nuestros familiares, pero ningún Gobierno ha accedido. No sé a qué tienen miedo”, explica a Público Bernardo Ros, hijo del cocinero de la tripulación, que pereció en el accidente. 
Bernardo tenía nueve meses cuando su padre murió. Ahora, a sus 77 años puede reconstruir paso a paso las últimas horas de vida del C-3 debido a sus largas conversaciones con el marinero Isidoro de la Orden, uno de los tres únicos supervivientes. “Mi padre mandó a tirar la basura a Isidoro, que se negaba a hacerlo. Tras un tira y afloja, el marinero accedió y salió del barco y salvó la vida”, recuerda Bernardo Ros.

Hundido por la flota de Hitler

La dinámica de la guerra civil, la debilidad del gobierno republicano y el rápido avance de las tropas rebeldes sumió al C-3 en el olvido más profundo. Los sublevados franquistas anunciaron que la tripulación de la embarcación se había cambiado al bando rebelde y bautizaron como C-3 el submarino italiano Torricelli, cedido por Mussolini a Franco. El Gobierno republicano, tras una breve investigación, aseguró que la embarcación se hundió por un problema interno. 
“El C-3 fue abandonado a su suerte por la propia República y los militares afines a los fascistas que aún estaban en el ejército republicano. La propaganda fascista desconcertó a los familiares pero, en el fondo, sabíamos que era mentira”, asegura Bernado. 
La verdadera historia del dramático final del C-3 llegó 52 años después. En 1988 el historiador naval estadounidense Willard C. Frank, ya fallecido, accedió a los archivos de la Marina de Guerra Alemana y destapó una operación de guerra alemana desconocida hasta el momento: la Operación Úrsula. Una operación ideada por el Alto Mando Naval Alemán con el objetivo de dar apoyo por mar a los sublevados franquistas y de ensayar las tácticas de combate naval de cara a la Segunda Guerra Mundial. 
En noviembre de 1936, dos submarinos germanos, los U-33 y U-34, partieron de la base de Kiel con destino al sur de España. Tras alguna intentona fallida, el 12 de diciembre de 1936, el U34,  comandado por Harald Grosse, lanzó un torpedo que impactó y hundió al C3 consiguiendo huir sin ser interceptado. Alemania no había declarado la guerra a España y el ataque de su aviación sobre la población de Gernika no fue la única acción militar que el régimen nazi realizó en España.  
Tras la victoria rebelde en la Guerra Civil y el asentamiento del régimen franquista en España, la historia del C-3 cayó en el olvido de la larga lista de víctimas de la guerra y de la dictadura. Sus restos descansaron  a 68 metros de profundidad y su relato corría el riesgo de convertirse en una mera leyenda. Hasta mayo de 1997. El abogado Antonio Checa, quien se encontraba pescando por la zona, descubrió una mancha de gasoil que brotaba hasta la superficie. “El hecho me produjo una curiosidad innata. Comenzamos varias investigaciones, medimos la profundidad y la masa del cuerpo mediante sondas. Lo que fuera que estaba ahí abajo medía como un campo de fútbol y pesaba 1.000 toneladas”, relata a Público Antonio Checa. 
Un año después, un buque del ministerio de Defensa se desplazó hasta la zona para identificar el descubrimiento de Checa. Se trataba del submarino republicano C-3 que tal y como había demostrado el historiador estadounidense Williard C. Frank había sido atacado y hundido por una embarcación alemana. La hasta ahora versión oficial del Estado español era una pantomima. El abogado Checa comenzó a visitar entonces casa a casa a los familiares de las víctimas, quienes pronto se unieron en la Asociación de víctimas del C-3 con el objetivo de reflotar el barco. 
“Exactamente eso es la memoria histórica. Las ganas por restablecer la memoria de gente cuyo recuerdo permanece en el ostracismo más absoluto. No es venganza, no es odio. Es devolver a alguien algo que le quitaron hace mucho tiempo”, reflexiona el abogado Antonio Checa. 
"Sólo pedimos un poder enterrar a los nuestros”, dice el hijo de una víctima
Desde entonces, los familiares de las víctimas y Antonio Checa iniciaron un largo recorrido para reflotar el barco y dar un entierro digno a los familiares que aún continúan sepultados entre los hierros del submarino. Sin embargo, sus peticiones se han encontrado con la negativa de los sucesivos gobiernos y cuando todo indicaba que, por fin, el submarino sería reflotado con María Teresa Fernández de la Vega como vicepresidenta llegó la crisis económica para devolver al olvido al C-3. 
“Teníamos un plan diseñado. Cedí mis derechos sobre el descubrimiento a la autoridad portuaria de Málaga, que financiaría la extracción con parte de sus presupuesto. Dos empresas reflotaban el submarino y después la embarcación sería expuesta en el puerto. Era como sacar una burbuja desde lo más profundo de la historia de España. Ahora, todo está parado”, reconoce Checa.
Antes, el Gobierno de José María Aznar con Federico Trillo como ministro de Defensa se había negado en rotundo a extraer el barco alegando que "costaba mucho". Bernardo Ros, vecino de Cartagena como el exministro, abordó a Trillo, con antecedentes familiares en la marina española,  en varias ocasiones para tratar el tema. 
“En un mitin en Cartagena fui a ver al ministro y le dije que era hijo de las víctimas del C-3 y que queríamos sacarlo del fondo del mar. Trillo me miró y solo me dijo; 'Nos cuesta mucho', recuerda Bernardo, quien poco tiempo después se desplazó hasta la iglesia donde el exministro suele acudir a misa y volvió a reclamarle la extracción del submarino. “Le dije que era un mal ministro y un peor cartagenero”, recuerda Bernardo, quien no logra entender por qué ningún gobierno se atreve a sacar del fondo del mar al submarino.
“Dicen que no tienen dinero, pero sí lo hay para barcos que tienen monedas y tesoros. Ese barco contiene el cuerpo de nuestros padres. ¿No pueden sacarlo? ¿A qué tienen miedo? Nosotros no queremos nada. No pedimos nada. Sólo pedimos un sitio en el cementerio donde recordar a nuestros familiares”, concluye Ros. 

El U-34 nazi, responsable del hundimiento del C-3

¿No tienen dinero? Por otro lado, si como está probado la causa del hundimiento del C-3 fue un torpedo alemán, país que no participaba oficialmente en el conflicto, y había firmado el Pacto de No Intervención, se le debería exigir a Alemania todo tipo de responsabilidades, entre otras correr con los gastos de la recuperación del submarino y de los restos de la tripulación. 

Benito Sacaluga


jueves, 26 de julio de 2012

EL SUBMARINO REPUBLICANO C4 Y LOS SELLOS DE CORREOS





En España hoy, a mediados de julio de 2012, se vive una situación económica tan grave que estamos a punto de perder totalmente la soberanía como país. Las ideas para la recuperación simplemente no existen, y nuestra supervivencia está basada en el crédito financiero.

A medio camino entre la anécdota y el ejemplo, me viene a la memoria una de las cosas que la República Española llevó a cabo para obtener ingresos del exterior en plena Guerra Civil, en 1938.

Las ayudas exteriores eran prácticamente nulas, los países democráticos europeos y USA miraban interesadamente para otro lado acogiéndose a su posición de no intervención. La moneda española, la peseta, se encontraba divida en dos, igual que España, la moneda mal llamada nacional y la moneda republicana, esta última totalmente depreciada a causa del desarrollo de la guerra y la consiguiente pérdida continua de soberanía territorial. Era necesario ingresar divisas, moneda extranjera, para pagar las compras de material de guerra y suministros para la población de las zonas aún republicanas.

Independiente de lo anterior, era también vital reforzar las acciones propagandísticas encaminadas a estimular la moral de los combatientes y de la población de las ciudades acosadas por los franquistas.

El bando franquista tenía por costumbre emitir ediciones de sellos de correos en conmemoración de cada victoria significativa conseguida, estos sellos eran adquiridos rápidamente por los filatélicos de todos los países dada su originalidad, circunstancias de emisión y la obligada desaparición de más emisiones una vez la guerra hubiera concluido, en escaso tiempo, días o semanas, quedaban agotados produciendo unos ingresos muy cuantiosos para la arcas fascistas, ingresos que se multiplicaban por medio de revalorizaciones constantes en los mercados filatélicos a los que se atendía puntualmente con solo hacer girar la imprenta o a través de los coleccionistas españoles, la entrada de divisas era fabulosa y se emitían series completas de sellos desde 10 céntimos hasta 15 pesetas de valor facial con ocasión de cualquier acontecimiento bélico relevante favorable a los franquistas.

A principio de 1938 el gobierno republicano se puso en contacto con expertos filatélicos estadounidenses, al objeto de implantar en España un servicio de correos exclusivo de la República, de la colaboración de estos técnicos nació una agencia estatal de correos, con el objetivo principal de poner en circulación dentro del mercado filatélico nuevas emisiones de sellos, que al igual que los emitidos por los franquistas, gozasen de algún valor añadido, propicio para una demanda masiva y revalorización a corto plazo. El problema de la República ya no era la falta de capacidad y de producto filatélico, pero seguía existiendo un gran inconveniente, y no era otro que la ausencia de motivos para editar las series, toda vez que las acciones bélicas se contaban más por derrotas que por victorias.

Nuestras Islas Baleares se encontraban bajo el dominio franquista,  a excepción de la Isla de Menorca que se encontraba en manos republicanas, pero sitiada y bloqueada por mar y aire. Su guarnición militar prácticamente no había entrado en combate, y la población civil se encontraba cada día más desmoralizada a causa de la ausencia de alimentos básicos y falta de correo postal provocadas por el bloqueo, su única fuente de información se limitaba a las noticias  que recibían de las emisiones de la BBC a través de los escasos aparatos de radio con que contaban en la isla.

Son estos dos factores existentes en Menorca, y sobretodo la imperiosa necesidad de divisas, los causantes de una gran idea, pensada y llevada a la práctica por el gobierno republicano.

A falta de acciones bélicas dignas de una emisión de sellos de correos, y para contrarrestar la propaganda franquista que continuamente alardeaba de la eficacia del bloqueo menorquín, se decide poner en marcha una misión, consistente en que un submarino republicano navegue  desde Barcelona hasta Mahón rompiendo el bloqueo y cargado de sacas de correo pendiente de entregar, cartas ordinarias y certificados, todas ellas franqueadas con una nueva edición de sellos denominada “Correo Submarino”, modalidad de correo inédita hasta la fecha en todo el mundo.

Si se conseguía llevar a cabo la misión se conseguían también dos hitos que justificarían la emisión de los nuevos sellos, la ruptura del bloqueo franquista sobre Menorca y el primer sello de la historia de una nueva modalidad de transporte de cartas postales : el Correo Submarino.

Hojilla con sellos de 10 pts
Manos a la obra, se imprimen los sellos y se franquean más de 1000 cartas ficticias, con domicilio inexistente, junto con otras 40 aproximadamente que si eran reales más unos cientos de certificados,  y se designa al submarino C4 como transporte de la carga, incrementada con una gran cantidad de sellos sin usar, todo el cargamento postal queda custodiado por un oficial de correos que viaja a bordo y que será el encargado de certificar su entrega en Mahón. Para dejar constancia y difusión internacional de la misión, el gobierno embarca en el C4 a un corresponsal de prensa de uno de los periódicos norteamericanos de mayor tirada. Decir aquí que la imagen del submarino que figura en los sellos no es la del C4, sino la de dos de las clases A y B (Monturiol y Peral).

El C4 parte de Barcelona al anochecer de 12 de agosto de 1938, bajo el mando de un oficial soviético con nombre español falso, realizando el viaje a Mahón por superficie, la inexistencia en aquellos tiempos del radar y del sonar permitía al submarino no ser detectado en la oscuridad por la aviación italiana ni por los famosos Mosquitos, lanchas torpederas también italianas, eliminando de paso los peligros de una travesía en inmersión a causa del estado no demasiado aceptable que presentaban los submarinos a causa de los deficientes y escasos mantenimientos a que se les sometió desde el principio de la guerra. La mayor velocidad  navegando en superficie permitió la llegada del C4 al puerto de Mahón a primeras horas de la mañana del 13 de agosto, invirtiendo menos de 12 horas en la travesía.

Una vez en Mahón, se pone en marcha la operación especulativa de los sellos, refrendada por una crónica, “demasiado novelada” pero muy efectiva, del corresponsal de prensa norteamericano. El éxito de la operación, tanto a nivel propagandístico como económico, es total.

La República lanzó en una primera emisión sellos de la serie Correo Submarino por un total facial de 750.000 pesetas, que se convirtieron solo en los primeros días y gracias a los mercados filatélicos en más de  20.000.000,00 de pesetas, cantidad de dinero fabulosa en 1938 y además en divisas, principalmente francos franceses y libras esterlinas. El gobierno mejicano, movido a partes iguales por el beneficio esperado y por su adhesión a la causa republicana, compró una gran cantidad de series ingresando el importe en las cuentas abiertas para la ayuda a la República Española. Las innumerables transacciones a pequeñas escala no se pueden cuantificar pero fueron muy cuantiosas, dado que un gran numero de sellos sueltos y series completas fueron entregadas a la tripulación del C4 y a la población menorquina que las quiso comprar, además de los repartidos en Barcelona, todo el mundo los quería, el técnico estadounidense que colaboró en la operación hizo fortuna con la adquisición y posterior venta de los sellos. Las cartas en un principio enviadas con dirección falsa fueron devueltas a su remitente, al gobierno, el cual las puso en circulación en los mercados a un precio todavía más elevado gracias al matasellos del franqueo, vendiéndolas como sobres de gran valor filatélico. A finales de 1938 el valor en mercado de los sellos equivalía a 30 veces su valor facial.

El C4 volvió a su base de Barcelona el 18 de agosto, esta vez con grandes periodos de navegación en inmersión, el tiempo de la travesía se elevó a 22 horas, casi diez días más que en el viaje de ida.

En noviembre de 1938, y para procurar el aumento de valor de los sellos del Correo Submarino se procedió a la inutilización de las planchas de imprenta originales, la inutilización no se ajustó a lo normal, el rallado del valor facial, sino que se ralló la plancha completa.

Hoy en día el valor de estos sellos está establecido por encima de los 800 euros por cada serie de 6 sellos, serie cuyo valor facial total no supera las 40 pesetas republicanas.

Acabada la guerra el C4 paso a formar parte de la armada franquista y así permaneció hasta 1946, año en que se hundió a causa de un accidente ocurrido durante unas maniobras en el que estuvo involucrado el destructor Lepanto. Sus restos se encuentran a 300 metros de profundidad en el Mediterráneo a medio camino entre Barcelona y Mahón.

Los sellos siguen siendo codiciados por filatélicos de todo el mundo.

Benito Sacaluga


Fuentes: Varias publicaciones

lunes, 2 de julio de 2012

REPUBLICANOS, EXILIO Y REAL ACADEMIA ESPAÑOLA




A continuación reproduzco un artículo firmado por Alejandro Torrus, publicado en Público.es y también recogido en el blog de la Asociación Memoria Histórica de Cartagena el pasado uno de julio, nuevas aportaciones en honor a los defensores de la libertad frente al fascismo franquista.

El afán aniquilador del franquismo contra todo lo que pudiese humanizar a los republicanos les llevó a efectuar innumerables actos propagandísticos que se perpetuaron hasta la muerte del dictador. Algunos de ellos atentaron incluso contra la lengua española interviniendo a través de la Real Academia Española de la Lengua.

Según nos recuerda A.Torrus en su artículo, en 1950 se ordenó a la R.A.E. la eliminación del diccionario del término "exilio" junto con todos sus derivados y acepciones, desde aquel día el término dejó de existir y no volvió a aplicarse a los españoles que al final de la guerra tuvieron que refugiarse en el extranjero en evitación de ser ejecutados o encarcelados de por vida. "Los rojos vivirán solamente en la infamia", este era el deseo de Franco, propagado con claridad por el fervoroso falangista José Esteban Vilaró, autor en 1939, su año de la victoria, del libro "El Ocaso de los dioses rojos".

Artículo de A.Torrus.

Año 1939. Con los zapatos rotos, los pantalones sucios hasta las rodillas de una mezcla de estiércol y grasa de coche y vacíos los estómagos, 100.000 exiliados republicanos se hacinan en el campo de concentración de Argelès-sur-Mer , un punto aislado de la costa mediterránea francesa. En un barracón, un anciano ha organizado un ciclo de conferencias de la historia de España. En mitad de la disertación, un asistente interrumpe al profesor: “Nosotros también somos historia”.
El término exiliado fue eliminado de la RAE en 1950 por la dictadura. La inclusión de estos expatriados en la historia oficial de España tuvo que esperar 40 años. En el año 1950, la dictadura de Franco eliminó la palabra exilio del diccionario de la RAE. El falangista José Esteban Vilaró explicó a la perfección el deseo del régimen de Franco: "Los rojos republicanos vivirán solamente en la infamia. Después, desaparecerán para siempre". Sus deseos, sin embargo, no se cumplieron. Ahora, sus vidas y sobre todo, su proyección cultural están recogidas en "Culturas del exilio español entre las alambradas", (Anthropos), una obra de  Francie Cate-Arries, experta en Estudios Hispánicos de la Universidad William & Mary, en Virginia (Estados Unidos) 
“Cuando llegaron los represaliados españoles a Francia no había nada. Ni siquiera sabían dónde estaban. A su alrededor sólo había alambradas”, cuenta a Público la autora. Inmediatamente, los internos comenzaron a construir barracones y a organizarse en divisiones para realizar las tareas del día a día con el eterno sueño de que de un día Franco caería y podrían regresar a su país.
Los días pasaban y desde España no llegaban buenas noticias. La guerra europea ya había comenzado y en el bando aliado residían todas las esperanzas de los represaliados. No obstante, el sueño de retornar a su país se transformó en la odisea de emigrar a París, primero, y a México, después.
En los campos se continuaron las misiones pedagógicas de la República
“Lo más admirable fue cómo continuaron dentro de las alambradas las misiones pedagógicas de la República. Se instruyeron a los soldados analfabetos, se crearon bibliotecas, se crearon sindicatos de estudiantes universitarios, de profesores… En definitiva, mantuvieron el derecho universal al conocimiento y a la cultura”, explica Cate-Arries.
“Machado, el espíritu del pueblo republicano”
Entre los 550.000 españoles que tuvieron que exiliarse en Francia destacaba la figura de un poeta: Antonio Machado. El autor de Campos de Castilla abandonó España el 27 de enero de 1937. 26 días después, el 22 de febrero, Machado fallecía en la ciudad pirenaica de Colliure. “Cuando se corrió la noticia de la muerte del escritor los represaliados comenzaron a recitar sus poemas espontáneamente y a celebrar homenajes en su memoria. Su valor simbólico facilitó la reconstrucción de las identidades culturales”, apunta Cate-Arries.
Los residentes en los campos de concentración tenían claro el objetivo. Había que mantener la identidad ideológica de la República y reivindicar valores democráticos y la lucha por la justicia social. “Ellos eran los vencidos, pero no se daban por derrotados. Insisten casi obsesivamente en la coherencia ideológica del grupo: justicia, libertad e igualdad”, relata Cate-Arries.


Refugiados españoles en 1939.


Benito Sacaluga



De lectura imprescindible:

El exilio de los marinos republicanos.Victoria Fernandez Diaz. Editado: Universidad de Valencia. ISBN. 978-84-370-7395-8