miércoles, 6 de agosto de 2014

LOS MANDOS DEL "JAIME I" Y LOS CRUCEROS REPUBLICANOS EN JULIO DE 1936




El "Jaime I" en Tenerife meses antes de la 
sublevación franquista
Después del 18 de julio de 1936, gracias a que las dotaciones de los buques de la Armada (cuerpos auxiliares y marinería) se hicieron con el mando de las unidades, el grueso de la Armada permaneció fiel al Gobierno. Únicamente aquellas unidades que se encontraban en las zonas donde el alzamiento triunfó inicialmente pasaron a formar parte del levantamiento militar, algunas de ellas fueron rescatadas, como es el caso del destructor "Churruca" finalmente recuperado por su tripulación después de haber realizado un primer viaje desde África escoltando a un mercante con tropas rebeldes hasta el puerto de Cádiz entre los días 17 y 18 de julio de 1936. En su viaje de regreso a África la dotación fue conocedora de la sublevación y procedió al arresto de los mandos y puesta del destructor al servicio de la causa republicana.

La reorganización de la Flota Republicana resumida en la entrada anterior lógicamente afectó también a los mandos de los buques. Sabidas son las carencias que la Flota sufría en relación con la ausencia de oficiales del Cuerpo General dado que la mayoría de ellos eran partidarios de la sublevación militar franquista y de la monarquía derrocada en 1931. Muchos de ellos fueron sacados de las cárceles donde ingresaron por mostrarse partidarios del levantamiento o indiferentes a él sin tomar partido por la defensa de la República. Aquellos cuya lealtad al Gobierno legítimo podía ser considerada más o menos aceptable fueron puestos en libertad y se les asignó la comandancia de buques. Todos mostraban una clara falta de identificación de estos marinos con los ideales republicanos, muchos se pasaron al bando sublevado y muchos  de los que permanecieron bajo bandera republicana lo hicieron de forma obligada por las circunstancias manteniendo una actitud pasiva cuando no negativa a los intereses republicanos, una falta de actitud que hacía inservible la suficiente aptitud que poseían, algunos de ellos finalmente autores de importantes actos de sabotaje en buques e instalaciones de tierra. 


El alferez de navío Carlos Esteban sustituyó al comandante interino Salvador Corral, oficial de auxiliares navales, herido en el bombardeo del acorazado por un trimotor italiano en Málaga. Buen marino, Carlos Esteban descubrió que dentro de él había un patriota cuando la marea de los primeros días subía a favor de la República. Al bajar la marea, sirvió a Franco en nuestro campo. So pretexto de una tuberculosis, real o supuesta, abandonó el "Jaime I". Mejorada su salud, volvió a Cartagena de jefe del E.M. de Marina de la Base. Una de las mecanógrafas, afiliada a Falange, lo encandiló al tiempo que animaba a hacer el trueno con ella al jefe de la Base, Antonio Ruiz, y el del E.M.Mixto Vicente Ramirez. En el verano de 1938, Carlos Esteban envío a su mujer a Francia, de la que decía se iba a divorciar. El marido quedóse en su despacho con la mecanógrafa y comenzaron los líos. Hubo escenas de celos y confidencias. Peleado con Vicente Ramírez, Carlos Esteban se hizo llamar a Barcelona con el nombramiento de jefe de la Sección de Operaciones del E.M. Hoy está con el faccioso, al que ayudó por medio de la mecanógrafa María Teresa Escalada, enlace del enemigo en Cartagena. Carlos Esteban era yerno del general Burriel sublevado y fusilado con Goded en Barcelona.

Le sucedió en el Estado Mayor de Marina de la Base, Fernando Oliva Llamusi, y con anterioridad, en el mando del "Jaime I", Francisco Benavente, alcohólico, zaragatero y fascista. Fue este quien, en complicidad con el ramo de Artillería Naval, ordenó desalojar los pañoles de proyectiles con preferencia a los de pólvoras, prólogo del sabotaje que ocasionó la explosión de los últimos y la destrucción del acorazado. Benavente halló la muerte en el "Churruca" a consecuencia de un bombardeo enemigo; su deslealtad alcanzaba a sus amigos.


Buque insignia de la Flota. Por residir el Almirante en él, juntamente con el Comité Central, no tuvo comandante mientras subsistieron los Comités. Desaparecidos éstos, su comandante fue Armada, que mandaba en julio el cañonera "Xauen", huido del Ferrol. La dotación desconfiaba de su lealtad. Pasó por un Consejo de Guerra y estuvo detenido. Ejerció el mando del crucero honrosamente. A pesar de sus preferencias políticas, supo poner por encima de ellas su respeto a España.

(La opinión de Benavides sobre Armada es un tanto aventurada, varios investigadores apuntan a que fue un fiel enlace del bando rebelde ni más ni menos que en el Buque Insignia de la Flota. Existen indicios veraces de que durante la Batalla del Cabo de Palos, en la que se logró el hundimiento del crucero fascista "Baleares", Armada sugirió al CC Luis Gonzales de Ubieta (Jefe de la Flota) que el "Libertad" se inhibiera del combate y que fueran los destructores los que atacaran en solitario. Una vez hundido el "Baleares", Armada aconsejó a Ubieta no perseguir al "Canarias" y que se regresara de inmediato a Cartagena, consejo que Ubieta siguió permitiendo así la huida del "todopoderoso" crucero franquista. Igualmente está documentado que Armada solicitó la entrada en dique del "Libertad" en varias ocasiones para efectuar reparaciones desde inicios de febrero, petición que fue denegada en atención a un informe elaborado por el Tte.Col. Benito Sacaluga, Jefe de los Servicios de Máquinas de la Flota, informe y negativa que posibilitaron semanas más tarde la participación del "Libertad" en la batalla de Cabo de Palos. No obstante después del combate Armada siguió insistiendo en la entrada del buque en dique hasta que un informe emitido el dos de mayo de 1938 logró impedir la inmovilización del crucero. 


Después de Luis G.Ubieta ejerció el mando Manuel Núñez, de condición acomodaticia, sobrino de Indalecio Núñez, jefe de la Base Naval de Ferrol en julio, y hermano de Francisco, dos marinos que combatieron a su país. José Númez, jefe del E.M. de la Flota republicana, cargo que desempeñó con inteligencia y decoro. y el práctico del puerto de Barcelona, Indalecio Núñez, eran hermanos suyos. La numerosa familia de los Núñez había heredado a los Montojo en las ambiciones y en las luchas internas del Cuerpo general. Manuel Núñez se encontraba en el aeródromo de San Javier al comenzar la insurrección. Como no tenía cargo oficial pudo escabullirse. Se le detuvo, no obstante. Su hermano José obtuvo su libertad. Manuel Núñez estaba casado con la hermana del médico del aeródromo y ese parentesco le sirvió para explicar su presencia en el mismo.

Le sucedió al mando en el "Cervantes" Diego Marón, marino de gran lealtad.

CRUCERO MENDEZ NUÑEZ

El maquinista Méndez Sierra, de las Juventudes Socialistas Unificadas, salvó el barco en Guinea y lo condujo a Málaga. Nombrándose comandante a Pedro Prados, uno de los pocos leales con que contaba la República dentro del  Ministerio de Marina, donde llevaba la Secretaría Técnica del mismo. Alto, flaco, estampa española de la caballeresca popular, Pedro Prados ejerció la Jefatura de Operaciones de la Flota y luego la del E.M.C. de Marina. Firme en sus convicciones creía en la belleza de la causa que defendía y aún confía en su triunfo. Le sucedió en el mando del "Mendez Núñez" un "leal geográfico", Abelardo López, y a éste Esteve, de la Marina Mercante, republicano digno.



Benito Sacaluga.




Texto en cursiva: Manuel D.Benavides. La Escuadra la mandan los Cabos.


sábado, 2 de agosto de 2014

LA REORGANIZACIÓN DE LA FLOTA REPUBLICANA




Crucero "Libertad" Buque insignia de la Flota Republicana
El primer jefe de la Flota, Fernando Navarro, y el primer comandante del "Cervantes", Federico Monreal, nombrados por el ministro de marina, fracasaron en su misión. La naturaleza de la guerra, su doble carácter político y revolucionario, requerían de un "saber hacer" y unas dotes psicológicas de que carecían los dos marinos, notables en cuanto a la lealtad y a sus capacidades técnicas. El marinero, el barco y la ordenanza habían roto tradiciones, habían perdido el anónimo, se habían incorporado a la desbordada y fertilizante corriente popular y habían ganado una personalidad nueva.

Los marineros querían y aspiraban a algo distinto de lo que se les ofreció. No les satisfacían los métodos ni las palabras de los barcos-escuela. Necesitaban un lenguaje verdadero que les devolviera la confianza perdida en los jefes y se los transparentase de tal forma que la reincidencia en la traición no fuese de temer. Que alguien, por ejemplo, les dijera: 
"No hay Marina posible sin disciplina. La disciplina no puede ser más que una. La que vosotros habéis conocido, no era disciplina sino arbitrariedad. No era disciplina que un oficial beodo abrazase a los marineros y los abofeteara si le dolía la tripa. La disciploina es una lección de todos los momentos que empieza por imponerse al propio mando"
Dicho esto, debía preverse que el anarquista impermeable se resistiera y protestase, obstinado en su autoritarismo que pretende hacer hermanos de los ángeles a los "asesinos virtuosos", hasta que la experiencia, como luego lo demostró, y la comprensión de algunos de sus líderes les grabaran en el meollo esas verdades.

Fernando Navarro, que tras su aventura en el aeródromo de San Javier se encargó del mando del "Ferrandiz", no supo, al encomendarsele la dirección superior de la Flota, ver el cambio impresionante de las dotaciones ni se explicó sus recelos hacia unos jefes que no las ayudaron a sofocar la rebelión. Moralmente quebrantado porque un hermano suyo, sospechoso de fascismo, se hallaba detenido -aunque por consideración a él no se le castigó-, Navarro no parecía el hombre indicado para reorganizar las fuerzas navales y mandarlas en aquellos días consternadores y enigmáticos.

Tampoco atinó Federico Monreal. Empleó palabras equivocadas al entrar en el "Cervantes": 
"Nosotros los militares -dijo a la dotación formada en la toldilla-, cualquiera que sea el régimen de España, hemos de gritar: ¡Viva España!"
Con ser tan entrañable el víctor, el enemigo , ladrón de vivas, nos había robado ese viva. Monreal, tan patriota y valiente, no lo entendió y por no entenderlo, la marinería comenzó a vigilarlo.

Miguel Buiza sustituyó a Navarro. En el "Jaime", siguiendo la sucesión de mandos dentro de los Cuerpos, la dotación había nombrado comandante a Salvador Corral, oficial 3º de auxiliares navales. Herido Corral en el bombardeo de Málaga, diose el mando a Carlos Esteban. Para mandar el "Cervantes" se designo a Luis Ubieta. De ceño cerrado , la talla morena, fácil al consejo y difícil a la complacencia verbal, Luis Ubieta tenía el tipo y la expresión que convenían en el año 1936. No vacilaba, por ejemplo, en ayudar al cabo de tiro Sardina a cargar los cañones antiaéreos sin merma de su autoridad. Sus ojos se hacían fríos y duros en la acción y su voz ruda y terminante. Al andar, sus espaldas encorvadas y poderosas se ensanchaban como si se dispusieran a sostener el peso de la Flota.

Varios marinos monárquicos intentaron ganarse a Ubieta para su causa, él se negó. Tras la reunión en la que expresó su negativa, cuando iba a subir a su coche una bala de revolver perforó la portezuela. Regresó al barco. Los rebeldes se habían llevado una de las avionetas, que fue a parar a Valencia. Las milicias detuvieron a sus tripulantes, emisarios del aeródromo de San Javier para ponerse en relación con el general Gonzalez Carrasco , encargado de sublevar la guarnición valenciana y huido cuando la policía le pisaba los talones. El 19 de julio, lo nombraron comandante del "José Luis Diez", con orden de zarpar para Alicante, donde las tropas estaban acuarteladas. Mandaba la plaza el general Aldave, no mal hombre, corrompido por el espíritu del Cuerpo y su concepto del compañerismo militar.

El general ni sacó las tropas a la calle ni tampoco quiso enfrentarse con los insurrectos. Ubieta puso término al acuartelamiento con este oficio dirigido al coronel:

"Si no se entregan, el destructor los bombardeará a ustedes"

De Alicante, el " José Luis Diez" pasó a Valencia, pasa salir con armamento hacia Málaga. En esta ciudad, Ubieta recibió el mando del crucero "Miguel de Cervantes". Vicente Ramirez, que ejercía el mando de los submarinos, tomó el mando de la flotilla de destructores y puso su insignia en el "José Luis Diez".

Decapitada la Marina, su reorganización afectó a todos los servicios. En el desbarajuste de los primeros días, los nombramientos, a veces, se hicieron, no por el ministro, sino por los marinos, aunque el ministro los refrendaba. El origen de algunos mandos es una incógnita que todavía sigue sin despejar. Probablemente, no había manera de hacerlo mejor. Ha de estimarse, pues, la iniciativa de los jefes que se apresuraron a satisfacer aquella urgente necesidad. Por desgracia, no todas las designaciones recayeron en marinos de confianza, aun cuando cabe la excusa de que las dificultades del momento aconsejaban aceptar la lealtad de los dudosos, siempre que se les sometiera a vigilancia.

La Marina se había quedado sin estado Mayor. En el Ministerio se creó una jefatura de operaciones que se encomendó a Pedro Prados. El E.M. con la función que le es propia, la autoridad que le es debida y su característica misión, no se organizó hasta el regreso de la escuadra de su desventurado viaje al Norte. En el curso del mismo, el Almirante nombró jefe de E.M. de la Flota a su amigo Junquera supernumerario del Cuerpo general y agente de bolsa, que se encontraba en Madrid un poco apurado y en peligro de que lo metieran en la cárcel.

Se recrearon las tres secciones -Operaciones, Información y Organización- de que siempre había constado el E.M. Más tarde diose vida al E.M.C. de Marina en el Ministerio, y Luis Ubieta desembarcó del "Cervantes", que se hallaba en reparación, para ser su jefe, cargo que desempeñaron después Valentin Fuentes, Pedro Prado, Miguel Buiza y Julian Sánchez Erostarbe. Junquera continuó de jefe del E.M. de la flota. Lo sustituyó Horacio Pérez, fusilado al terminarse la guerra por los traidores, que también habían fusilado en Cádiz a su hermano Virgilio. José Nuñez fue el último jefe y como tal iba en la Flota en su viaje a Bizerta en busca del exilio.

Benito Sacaluga.


Fuente: Extractado de "La Escuadra la mandan los Cabos" de M.D.Benavides.

jueves, 31 de julio de 2014

EL MITO DEL ALCAZAR





Milicianas republicanas durante el
asedio al Alcázar de Toledo.
Desde el mismo día en que comenzó el asedio del Alcázar de Toledo por las milicias republicanas, iniciado solo unos días después del levantamiento del 18 de julio, las tropas rebeldes comenzaron a tejer una mentira sobre los hechos, una mentira que finalmente se convirtió en leyenda cuya alimentación y difusión se extendió en el tiempo. El propio Alcázar una vez reconstruido fue convertido en un arma propagandística para el Régimen, una exaltación de la heroicidad de las tropas sublevadas junto con la habitual criminalización de los combatientes republicanos, un lugar donde se mostraban al público visitante las calamidades sufridas por sus defensores con dramatización del asunto de Moscardó y su hijo incluida. En pleno asedio se fundó por el comandante de Infantería Víctor Martínez Simancas el periódico "El Alcázar" órgano de propaganda del franquismo. En 1975, el periódico fue adquirido por la "Confederación Nacional de Hermandades de Excombatientes" y, tras la muerte de Francisco Franco, se convirtió en el medio de expresión del llamado Bunker, el grupo de dirigentes, militares y ex-militares franquistas opuestos a la transición a la democracia. Entre 1977 y 1981 El Alcázar publicó artículos del "Colectivo Almendros" entre los que no faltaban las arengas en favor de un golpe de Estado. En aquella época el director del diario era Antonio Izquierdo, que tras la disolución de Fuerza Nueva empleó el diario para promocionar el partido Juntas Españolas hasta su cierre en 1988.

Herbert R.Southworth, en su obra "El mito de la Cruzada de Franco", publicada en 1963 por la clandestina editorial "El Ruedo Ibérico" desmonta la versión franquista. Un libro que provocó que Manuel Fraga, entonces ministro de Información y Turismo con Franco creara el "Gabinete de Estudios sobre Historia -Sección de Estudios sobre la Guerra de España"- bajo la dirección de Ricardo de la Cierva con la función declarada de establecer un servicio de contrainformación que detuviese la nueva perspectiva de la historia sobre la guerra civil española.

La leyenda del Alcazar: Una maniobra de propaganda

Autor : Herbert R.Southworth

La historia del Alcázar es, desde sus inicios, como ya lo hemos visto, una falacia. El papel de los cadetes, que eran pocos y no se distinguieron durante la defensa, fue exagerado notablemente. La leyenda forjada en torno a la muerte de Luis Moscardó no tenía ninguna base real e incluso si existió la llamada telefónica - con palabras menos dramáticas - el artificioso relato de los rebeldes no es cierto, porque la ejecución de Luis Moscardó no guarda ninguna relación con la llamada telefónica en cuestión.

(1) La "novelada" versión franquista de la conversación telefónica es la siguiente:
Cándido Cabello (socialista y jefe de milicias de Toledo, hablando por teléfono al coronel Moscardó): Son Uds. responsables de los crímenes y de todo lo que está ocurriendo en Toledo, y le doy un plazo de diez minutos para que rinda el Alcázar, y de no hacerlo fusilaré a su hijo Luis que lo tengo aquí a mi lado. 
Coronel Moscardó: ¡Lo creo!
Jefe de milicias: Y para que veas que es verdad, ahora se pone al aparato.
Luis Moscardó Guzmán: ¡Papá!
Coronel Moscardó: ¿Qué hay, hijo mío?
Luis Moscardó Guzmán: Nada, que dicen que me van a fusilar si el Alcázar no se rinde, pero no te preocupes por mí.
Coronel Moscardó: Si es cierto encomienda tu alma a Dios, da un viva a Cristo Rey y a España y serás un héroe que muere por ella. ¡Adiós, hijo mío, un beso muy fuerte!
Luis Moscardó Guzmán: ¡Adiós, papá, un beso muy fuerte!
Vuelve a coger el aparato Cándido Cabello.
Coronel Moscardó: Puede ahorrarse el plazo que me ha dado y fusilar a mi hijo, el Alcázar no se rendirá jamás.
La edad del fusilado se falseaba cuidadosamente y Moscardó, lejos de ser el héroe irreprochable presentado por la fantasía franquista , era un veterano brutal que no solo había llevado a la fortaleza a mujeres en condición de rehenes, sino que no consintió que las mujeres y los niños, parientes de los ocupantes del Alcázar, abandonases la fortaleza, ni siquiera con protección diplomática internacional. Pero incluso sin tener en cuenta estos defectos primordiales, la historia de la resistencia del Alcázar ha sido burdamente abultada.

Aznar, en su "Historia Militar de la Guerra de España" (1958), comienza su exposición de cincuenta páginas sobre la defensa del Alcázar con estas palabras:
"Lector: vamos a entrar en un recinto sacratisimo, no solo para los españoles, sino para todo hombre civilizado.La pluma tiembla y el ánimo vacila antes de iniciar los relatos del fabuloso heroísmo y de la universal hazaña que entre los muros del Alcázar tuvieron su escenario".
Pero si Manuel Aznar sujetase mejor su temblorosa pluma y mirase con atención lo sucedido durante el asedio, vería que no pasó nada extraordinario en el Alcázar, teniendo en cuenta que se trataba de una guerra. El coronel rebelde Moscardó, con un fuerte contingente de guardias civiles y otros fornidos hombres, fue derrotado por el pueblo de Toledo y se retiró tras los muros protectores del Alcázar. Los sitiados no creían que el asedio fuese a durar mucho. Moscardó dijo más tarde a Gómez Oliveros:
"Yo no pensaba si la defensa sería larga o corta, porque suponía rápido, cosa de días, el camino de las tropas desde el Estrecho hasta Madrid"
Los que fueron voluntariamente al Alcázar creyeron, como muchos otros rebeldes, que el pronunciamiento triunfaría en muy pocos días. Pero la lucha se prolongó durante semanas y semanas. Los hombres que luchaban en el interior del Alcázar estaban mejor protegidos que la mayoría de los que combatían en el resto de España. Eran soldados profesionales en una sólida fortaleza asediada por soldados inexpertos. Si las condiciones se hubiesen invertido se habría podido hablar de heroísmo con mayor motivo. Quedaba, por supuesto, el problema de la incomodidad y de falta de alimentos; pero, como dijo Moscardó:
"En el Alcázar nadie murió de hambre" 
El agua potable no llegó a faltar. Hubo ciertamente más muertos entre los sitiadores que entre los defensores. Las bajas del Alcázar se exageraban con frecuencia de cara a la galería. Eleonora Tennant escribió:
"De los mil cien combatientes, el cincuenta y cuatro por ciento fueron muertos, heridos o enterrados bajo los escombros" 
esto es más dramático que decir sencillamente que ochenta y dos combatientes de los mil cien murieron durante el asedio. Veasé Vilanova Fuentes. Cree que las personas que resistieron en el interior de la fortaleza estuvieron mejor alimentadas que la población obrera de Madrid en 1946.

Entonces ¿por qué toda esta fanfarronada? La explicación es sencilla. La liberación de Toledo le costó a Franco, con toda probabilidad, la conquista inmediata de Madrid. Naturalmente se puede argüir que las tropas africanas estaban demasiado cansadas para atacar Madrid sin el descanso ganado en la maniobra de diversión de Toledo. Asimismo Jellinek describe bien la desorganización que reinaba en Toledo durante el asedio. Era necesario defender esa maniobra en falso. En aquellos momentos Franco estaba perdiendo la batalla de la opinión pública internacional. Las noticias de la matanza de Badajoz y otras crueldades perpetradas por el ejercito de África no daban buena publicidad. La historia del asedio, la juventud de los cadetes, el sufrimiento de las mujeres y los niños, el sacrificio paternal de Moscardó, todo ello representaba un buen material propagandístico para los periódicos de todo el mundo.

Pero Herbert L.Matthews y los demás amigos de la República pueden dejar de lado la historia del asedio del Alcázar. Aunque fuese cierta, ¿que importancia podría tener?  ¿Que demostraba? ¿Que había en el Alcázar hombres valientes? El obrero inexperto, pobremente armado de Madrid - que le plantó cara al Tercio delante de Madrid - era un hombre más valiente que Moscardó, bien seguro en los sótanos del Alcázar. El mayor peligro consistió en la explosión de minas bajo la fortaleza, la mañana del 18 de septiembre, pero Moscardó intuía sin duda que estaba a punto de recibir ayuda del Ejército de África. No fue el Alcázar, sino como escribió el poeta Alberti, Madrid la "capital de la gloria" .

La maniobra propagandística del Alcázar fue y no es más que un esfuerzo para desviar la atención de la opinión de las acciones realmente importantes por las que la historia juzgará sin piedad a los generales que, utilizando sus maneras clásicas e irreflexivas, desencadenaron sobre España una oleada de terror que luego ya no pudieron controlar.


Benito Sacaluga.

(1) Texto de la conversación no incluido en el análisis de Herbert R. Southworth.


lunes, 28 de julio de 2014

LA EXPLOSIÓN DEL "JAIME I" SEGÚN BENAVIDES




Numerosos son los artículos ya publicados en este blog sobre la explosión que acabó el 17 de junio de 1937 con el acorazado "Jaime I", amarrado en Cartagena, se han tenido en cuenta relatos y opiniones de diferentes autores, entre ellos la versión de D. Bruno Alonso, Comisario General de la Flota y testigo presencial desde el crucero "Libertad" y la del reconocido historiador D.Pedro Mª. Egea Bruno. Una explosión que aún hoy en día sigue arrojando incógnitas en cuanto a su autoria y sobre sus causas. No podía faltar la versión de Manuel D. Benavides, incluida en su gran libro "La Escuadra la mandan los cabos" (1), y por tanto procedo a transcribirla a continuación.


Acorazado "Jaime I"
Tenerife. Primaveras de 1936



LA EXPLOSIÓN DEL "JAIME I"


Parece como si la República se hubiera confabulado para que no actuase el "Jaime" con su excelente artillería de 305/50. El pretexto de que andaba poco y se hallaba expuesto a ser torpedeado era fútil, ya que podían flanquearlo los destructores.
Días antes de la explosión, apareció en el Arsenal un repuesto de tuberías, las que el acorazado necesitaba para mejorar su andar. Ubieta había mandado traerlas del Norte. El espionaje se anticipó a que las tuberías se montasen.
Con el "Jaime I", la Escuadra podía ir a todas partes. El acorazado era invulnerable a las bombas de aviación que se empleaban en nuestra guerra y su superioridad sobre los barcos facciosos, aplastante. En el bombardeo de Ceuta había desmontado las baterías de la plaza rebelde. Su bombardeo de Algeciras despobló la ciudad e hizo posible un desembarco, sugerido por la dotación a Madrid... Y en los cuatro primeros meses de campaña naval, hundió el "Dato" y patrulló el Estrecho sin que se le opusiera enemigo. Al sobrevenir la explosión estaba en estudio un proyecto para dotarlo de artillería antiaérea.
El comisario del "Jaime" nombrado por Bruno, Pradal, diputado socialista por Almería, buena persona, no conocía su oficio y no existió como comisario. Él y la dotación se ignoraban. El "Jaime" se envío a Almería de batería flotante, después de la pérdida de Málaga. Estaba bien mandarlo a Almeria. Pero el acorazado debió volver a Cartagena a limpiar fondos, aunque tuviese que esperar a que el "Cervantes" abandonara el dique. El "Jaime" necesitaba asimismo arreglar calderas. Se le retuvo en Almería y los ataques de la aviación rebelde se multiplicaron. 
Al volver con la Escuadra de bombardear la costa de Motril a Almuñecar y las fábricas de Salobreña, conducido por un mal práctico, varó en Punta Entinas. Durante el mes de mayo la violencia de los ataques aéreos aumentó: el 21, el acorazado sufrió tres bombardeos, que empezaron a las siete y cuarto de la mañana; en el segundo le colocaron tres bombas, dos en cubierta y la tercera rozó la amura de babor y explotó en el agua; la explosión causó 20 heridos, una brecha de 20 metros y un incendio pronto sofocado. El 22 de mayo los ataques fueron dos y de noche; el 23, tres ataques de noche; el 24 otros dos...El disgusto de la marinería era grande porque los dos comandantes y el comisario no dormían a bordo.
Alcanzado varias veces, el "Jaime" se trasladó a Cartagena, Las averías no eran de consideración. Se comenzaron las obras de los arreglos. El Arsenal ordenó descargar las municiones de los pañoles de pólvora y proyectiles. Debían haberse descargado primero los pañoles más peligrosos, los de pólvoras; se dio preferencia a los de proyectiles, y en lugar de adelantar la descarga de los pañoles de pólvora del centro, se empezó a descargar por los extremos.
Ejercían los mandos, el faccioso camuflado Francisco Benavente y su segundo, el tercer maquinista José Morales, hombre débil asustado por la F.A.I. Ninguno de los dos se encontraban en su puesto al ocurrir la catástrofe. Benavente se había ausentado de Cartagena. La descarga se hizo lentamente, mientras se daba clase en las torres, en contacto con los pañoles abiertos, a los marineros que aspiraban a ser cabos. Figuraba en la dotación un cabo electricista, de las promociones hechas por Ángel Cervera, tipo meloso, de un catolicismo infrahumano. Pertenecía a la Orden de la Misericordia. El oficial de cargo de artillería, de dudosa significación y el comandante lo trataban con deferencia. El cabo de la Orden de la Misericordia no sabía reír. Hacía "¿Je,je!", nunca se rió "¡Ja,ja!". Sus opiniones coincidían con las de las persona con que hablaba; él no solía opinar. Tenía manos de usurero de sacristía y manejaba los alambres como si fueran cuerdas de su propio cuerpo. El cabo electricista tampoco se encontraba a bordo el 17 de junio de 1937.
A las tres y cuarto de la tarde se produjo la explosión en las torres de babor de 305; se desprendieron tres cubiertas, colgó de un lado la chimenea y voló la parte alta del caparacho blindado de la torre.
Los marineros huyeron de cubierta al grito de "¡Aviones!" y se refugiaron en el interior del buque, donde perecieron abrasados. Se pararon los relojes y una ola de fuego recorrió el barco de proa a popa. Se alzaron en el aire hombres despellejados, con brazos y piernas convertidos en antorchas. Lanchas y marineros fueron despedidos a grandes distancias. Con el cuerpo y las ropas en jirones, se vieron aparecer sobre las planchas de acero retorcidas, figuras espantables, con fuentecillas de sangre brotándoles de los dedos. El "¡ouh!" de los alaridos se oyó cuando, al roce del agua, las quemaduras de los que cayeron al mar despertaron el dolor. Agarrados a las cadenas de las anclas se arracimaban los heridos....Trescientos muertos.
La Escuadra maniobró para evitar los riesgos de nuevas explosiones, y antes de que el fuego se corriera a los pañoles de otras torres, se abrieron las válvulas de inundación. 
El ministro llegó en avión a Cartagena. Visitó el hospital. Lloró. Se nombraron jueces, que designaron perito al director de la Constructora Naval, Esteban Calderón, teniente coronel de Artillería de la Armada. Interrumpióse el viaje del "Jaime" al fondo del mar, se le achicó el agua y el perito entró en el barco para reconocerlo.

Estas fueron las conclusiones:
a) La explosión podía atribuirse a una combustión espontanea de las pólvoras. Se desechó la hipótesis porque, periódicamente, se estudiaba el estado de las pólvoras y del cotejo de estos estudios resultaba que las pólvoras se hallaban en buen estado.
b) La explosión podía atribuirse a una elevación súbita de la temperatura. También se desechó esa hipótesis, porque se llevaba registro de las temperaturas que no indicaba anormalidad.
c) La explosión podía atribuirse a que, como se trabajaba con soplete en el barco, los sopletes se hubieran puesto en contacto con el pañol. Pero los sopletes trabajaban en cubierta aislados con sacos de arena.
Quedaban otras dos hipótesis: imprudencia o sabotaje. La explosión había sido incompleta; el pañol de proyectiles no voló. La onda explosiva dirigióse hacia arriba y hacia los lados y encontró su salida por la chimenea, parte débil, tras de destruir las calderas.
¿Donde se ocultaba el saboteador?
El ex subsecretario Benjamín Balboa también hizo una información. Balboa acudió al hospital. Los heridos le preguntaron: ¿Cree usted que el "Jaime" se salvará?. El marinero Carneiro Camino, que nadó hasta el "Libertad", al ser recogido a bordo preguntó: ¿Y como está el barco?, y comenzó su agonía, que terminó aquella noche. Con las orejas comidas por el fuego, el cabo Rogelio Souto, de los que rescataron el acorazado en julio, pedía desde la cama que lo incorporasen a otro buque. Los marineros de julio no se cuidaban de sus heridas sino de si el barco se salvaría. Es lo que preguntaron los moribundos antes de morirse.
El jefe de la Base de Cartagena, Valentín Fuentes, invitó a comer a Balboa:
-Lo lamento mucho- le dijo- tienes que marcharte en un plazo de 24 horas. Acato ordenes superiores.
Desmontados los cañones del 10, se artilló con ellos a los guardacostas de la Flotilla de Vigilancia y Defensa Antisubmarina de Cataluña y a otros barcos auxiliares. Los de gran alcance no se emplazaron, dos se enviaron a Sagunto. El desmontaje se hizo rápidamente. El ejército reclamaba artillería; se puso a su disposición la del "Jaime" y los cañones no llegaron a utilizarse ni tampoco se montaron en la costa, aunque sobró tiempo. Las costas carecían de artillería para combatir los bombardeos de los cruceros "Canarias" y "Baleares".
El cabo electricista de la Orden de la Misericordia, que al reírse hacia "¡Je,je!" y nunca "¡Ja,ja!", lo veremos reaparecer a bordo del "Méndez Núñez" en el combate del Cabo de Palos.
Desguazado el "Jaime", Franco lo entregó a los italianos a cuenta de sus deudas con ellos. 

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Mi opinión sobre las causas de la explosión, ya razonada y reiterada en varios artículos anteriores, es que la misma fue un acto más de sabotaje, de los muchos que se llevaron a cabo en la Flota, a manos del gran número de infiltrados facciosos que en ella había desde el comienzo de la guerra.



Benito Sacaluga.





(1) Publicado junto con "El último pirata del mediterráneo". Edicios Do Castro. (ISBN:84-7492-774-9).  4ª edición 2005.