lunes, 9 de abril de 2018

CARTA DEL CAPITÁN DEL SS STANBROOK



Con fecha del 3 de abril de 1939, el capitán del mercante SS Stanbrook, Archibald Dickson, emite una carta detallando el embarque y transporte de refugiados republicanos desde el puerto de Alicante hasta el de Orán. La carta se publicó originalmente en el blog alicantevivo el 8 de marzo de 2009, según traducción de Pablo Azorin Williams, recogida hoy por Sebastian Cabot en el foro dedicado a Historia Marítima de la página webmar, dedicada a la Marina Mercante. Desde aquí mi agradecimiento a "alicante vivo", a Pablo y a Sebastian.

Texto de la carta:

En Oran
2-3/4/39
He sido capitán de barcos que comerciaban con la España Republicana los últimos 12 meses y mis últimas dos visitas a España han sido como capitán del Stanbrook. 
El Stanbrook es un pequeño navío de 1.382 toneladas brutas con una eslora de 230 pies (70,1 metros) y una manga de 54 pies (16,45 metros). Su velocidad es de alrededor de 11 nudos. Ella (sic) es desde luego esencialmente un navío de carga y solo dispone de alojamiento para su tripulación de 24 personas al completo. (Dickson utiliza la palabra “24 hands”, término marinero para designar a la tripulación, “one hand” equivale a un miembro de la tripulación de un barco). 
El pasado 17 de marzo recibí instrucciones de mis Armadores de proceder en lastre a Alicante y después de dejar Marsella, el viaje a Alicante transcurrió sin incidentes, exceptuando que tuvimos un pequeño problema para evitar a un Destructor de Franco (sic), que nos dio instrucciones de no entrar en Alicante. No obstante con la ayuda de un aguacero y un poco de mal tiempo eludimos al Destructor y entramos en Alicante sobre las 6.0 p.m. del 19 marzo pasado, y nos amarramos al muelle del puerto poco después. 
Me dirigí a tierra para recibir instrucciones pero, debido a la situación generalizada de trastorno en los negocios, no pude recibir ninguna instrucción sobre el cargamento, o cualquier otra cosa y esto continuó así hasta el 24 de marzo. El 25 de marzo intenté otra vez por todos los medios conseguir información sobre mi cargamento sin ningún éxito. 
El 26 de marzo viajé a Madrid donde funcionarios me informaron que el cargamento para mi barco estaba en camiones de camino. Entonces volví a mi nave en Alicante cuando recibí un telegrama de mis Armadores informándome que a menos de que hubiese perspectivas de embarcar el cargamento tenía que proceder a zarpar inmediatamente. 
Al día siguiente llegó algún cargamento, consistiendo en tabaco, naranjas y azafrán que fue depositado en el muelle. Sobre la misma hora alrededor de 1.000 refugiados llegaron al Edificio de Aduanas en diversas formas de transporte y de todas las provincias de la España Republicana, al mismo tiempo que las autoridades portuarias me solicitaban subir a bordo a estos refugiados y llevarlos a Orán, ya que se encontraban en una situación desesperada y se me dijo que sus pasaportes estaban en orden y que podrían desembarcar en Argelia sin ninguna dificultad. 
Entre los refugiados había un gran número mujeres, chicas jóvenes y niños de todas las edades; incluso criaturas en brazos. Debido al gran número de refugiados me encontraba en un dilema sobre mi propia postura ya que mis instrucciones eran que no debía tomar refugiados a menos de que estuviesen realmente necesitados. No obstante después de ver la condición en que se hallaban los refugiados decidí desde un punto de vista humanitario aceptarlos a bordo, ya que anticipaba que pronto desembarcarían en Orán. 
Entre los refugiados había todo tipo de clases de gente, algunos aparentaban ser extremadamente pobres y parecían consumidos por el hambre y mal vestidos, vistiendo una variedad de atuendos que iban desde monos a viejas y desgastadas piezas de uniformes e incluso mantas y otros peculiares trozos de tela.

Había también algunas personas, mujeres y hombres, con una buena apariencia y que asumí eran mujeres y parientes de funcionarios. Algunos de los refugiados parecían llevar consigo todas sus posesiones terrenales cargadas en maletas; bolsas de todas las descripciones, algunas atadas en grandes pañuelos y unos pocos con maletas. 
Al poco tiempo los refugiados comenzaron a subir a bordo de una manera ordenada y sus pasaportes eran inspeccionados por los Funcionarios de Aduanas. Eran las 9.0 pm y por lo tanto bastante oscuro. 
Después de que, entre 800 y 900 refugiados hubiesen subido a bordo, por alguna razón u otra los guardias y Funcionarios de Aduanas en el muelle aparentemente perdieron el control de la pasarela, de tal manera que quedo atascada con una masa forcejeante de personas, que incluía a algunos de los guardias y Funcionarios de Aduanas que en ese momento habían decidido unirse al tropel de refugiados, tirando sus armas y equipo para unirse a la estampida por subir a bordo. Viendo esta súbita avalancha de gente estuve casi inclinado a dejar caer la pasarela y alejar mi nave del muelle, pero dándome cuenta de que si hacía esto por lo menos 100 personas o más caerían al agua decidí, desde un punto de vista humanitario, dejarlos subir a todos a bordo, ya que sabía que sería solo una cuestión de 20 horas llegar a Orán donde podrían desembarcar a tierra. El número de refugiados embarcados hacía prácticamente imposible que nadie pudiese moverse en la cubierta del buque, ya que las escotillas de las bodegas se habían abierto preparadas para introducir el cargamento y consecuentemente los refugiados solo podía estar a su alrededor sobre la cubierta. A pesar de mis llamamientos, no pude conseguir que los refugiados bajasen a las bodegas haciendo de esa manera más sitio, aunque más tarde unos pocos bajaron dejando un poco más de sitio, pero sus lugares eran ocupados inmediatamente por más gente que subía a bordo. 
Eventualmente, sobre la 10.30 p.m. los últimos de los refugiados estaban a bordo, y yo ya hacía tiempo que había abandonado toda esperanza de subir cualquier cargamento a bordo. Estimo que en este momento había a bordo alrededor de 2.000 refugiados y posteriormente determiné que eran 1.835 en total. Cuando todos los refugiados se hallaron a bordo, era prácticamente imposible dar una descripción adecuada de la escena que mi buque presentaba, y la semejanza más cercana que puedo dar es decir que parecía unos de esos vapores vacacionales del río Támesis en un día festivo, solo que muchas veces peor. Un barco de transporte militar cargado de tropas dejando Inglaterra no se puede comparar de modo alguno con mi barco. De hecho en toda mi experiencia en la mar, que abarca 33 años, nunca he vista nada así y espero no volver a verlo nunca más. Aparentemente estas últimas prisas por subir a bordo del barco fuero causadas por un rumor de que el lugar iba a ser bombardeado en un gran ataque aéreo. De todas maneras conseguí mantener a los refugiados fuera del puente de mando y di las ordenes para que se soltasen las amarras y que la pasarela fuese hecha firme al costado del barco ya que no se podía colocar dentro, y maniobré mi navío fuera del puerto comenzando el viaje a Orán. Cuando apenas habíamos salido del puerto el rumor del bombardeo probó ser verdad y a los 10 minutos de abandonar el puerto se inició un terrorífico bombardeo de la ciudad y del puerto y el flash de las explosiones se podía apreciar visiblemente y la conmoción de los proyectiles explotando se podía casi sentir. 
De todas formas proseguimos nuestro viaje y durante la noche algunos de los refugiados bajaron a las bodegas para dormir, pero cientos permanecieron en cubierta y estos tuvieron que permanecer en pie toda la noche ya que no había sitio para tumbarse. Otros se acurrucaban alrededor de la base de la chimenea buscando calor y de hecho en cualquier otro sitio donde se pudiese encontrar calor. La noche era clara pero fría y pienso que el sufrimiento de estas personas de pie en la cubierta toda la noche debió de ser muy malo. 
El salón estaba lleno de refugiados de todas las clases, alguno de los cuales estaban tumbados sobre el suelo y otros sobre la mesa. Les había dado el permiso para ir allí y así aliviar la congestión en la cubierta y otros lugares. También había dejado mi camarote a algunas de las personas más débiles y también así lo habían hecho algunos de mis Oficiales. 
Alrededor de la medianoche conseguí dormir unas pocas horas. Regresé a la cubierta con la primera luz del día y me encontré con que un número de refugiados habían subido a cubierta también. Proseguíamos experimentando una gran dificultad en mantener la quilla equilibrada, ya que en cuanto se avistaba otro barco, ya fuese a babor o a estribor, un gran número de los refugiados se precipitaba forcejeando hacia el otro costado con la intención de avistar el barco, con el resultado de que el barco se escoraba de una lado o de otro. Aparentemente los refugiados parecían pensar que cada barco que aparecía a la vista era un navío de Franco que venía a interceptarlos; y como un gran número de refugiados estaba armado yo estaba alarmado de lo que pudiese ocurrir si hubiésemos visto un barco de Franco (sic). 
Muchos de los refugiados expresaron que si un barco de Franco (sic) los interceptaba estaban dispuestos a vender caras sus vidas. Afortunadamente no avistamos navío hostil alguno. 
En cuanto a la comida yo solo pude suministrar a los refugiados más débiles con un poco de café y con un poco de comida a algunos de ellos. La gran mayoría tenía pan, etc. suficiente para que les alcanzase hasta Orán. Más tarde, sobre el mediodía prácticamente todos los refugiados subieron a cubierta haciendo casi imposible transitar por ella. Durante el curso del día me informaron de algunos casos de enfermedad, principalmente desmayos etc. causados por un hacinamiento que a mí me era imposible paliar. De hecho me asombra que no se hubiese producido ninguna desgracia con anterioridad. El resto del día transcurrió sin ningún incidente, llegando a Orán alrededor de la 10 p.m. del 10 (sic) y fondeamos en la Bahía, 20 horas después de dejar Alicante, fondeamos en la bahía externa pero como no teníamos autorización de los funcionarios del puerto para entrar en este, tuvimos que quedarnos fuera y pasar otra noche en malas condiciones. Afortunadamente el tiempo todavía permanecía bueno y mientras un gran número de los refugiados bajó a las bodegas, el resto tuvo que permanecer otra vez sobre cubierta y dormir como mejor pudo. Estas personas solo tenían las vestimentas que llevaban puestas y pienso que su privaciones debieron de ser terribles. Otra vez algunos refugiados se acurrucaron en torno a la chimenea e incluso algunos penetraron en la sala de máquinas pero estos tuvieron que ser expulsados a cuenta del riesgo de lastimarse o herirse ellos mismos. 
Así pasó otra noche más y a las 8 en punto del día siguiente aprecié otros barcos españoles en el puerto, con refugiados a bordo pero no atestados como estábamos nosotros. Entonces conseguí atraer y subir a la primera barca de motor que vi y me dirigí a tierra para telefonear a mis Agentes para conseguir permiso para que los refugiados desembarcasen a tierra, ya que debido a las condiciones a bordo consideraba imperativo que bajasen del navío, no solo desde el punto de vista de la comodidad, sino también desde el punto de vista de la salubridad ya que los servicios sanitarios eran totalmente inadecuados para los refugiados y temía que se desatase una enfermedad si no bajaban pronto a tierra. Solo se me dio permiso para que mi barco entrase en el puerto, pero no para que bajasen los refugiados a tierra. Entendí que la razón de esto era que las autoridades no tenían ningún sitio donde alojarlos. Regresé a mi nave y la introduje en el puerto poniéndola al lado del muelle pero todos los refugiados pasaron una noche más de incomodidad extrema apiñados, durmiendo o tumbándose allí donde hubiese espacio. 
Al día siguiente regresé a tierra y eventualmente conseguí un arreglo para prácticamente todas las mujeres y niños desembarcasen a tierra a un campamento y disposiciones están en mano, para que el resto de los refugiados sean puestos en tierra. 
En este momento el barco sigue abarrotado con refugiados de todas las clases que atestan los costados del navío y truecan dinero y posesiones por un poco de comida, cigarrillos etc. con personas en barcas de remos. Muchos de estos refugiados no han podido lavarse desde que subieron a bordo de mi barco y algunos incluso mucho antes de esto. 
Sinceramente suyo,
(De su puño y letra)
A. Dickson
Capitán
SS Stanbrook 
El Editor:
Sunday Dispatch
Londres 
(La siguiente posdata es del puño y letra del Capitán Archibald Dickson) 
P.S. Este es el sexto día que el resto de refugiados permanece a bordo, incluso ahora hay alrededor de 1.500 a bordo. Se han tomado disposiciones por las autoridades locales para suministrar pan. Antes de que las mujeres y los niños desembarcasen los oficiales del barco y yo mismo le hemos suministrado pequeños lujos tales como leche, chocolate, dulces etc. Todos los refugiados masculinos siguen a bordo y su apariencia es realmente patética, especialmente por que no han tenido oportunidad de lavarse ni afeitarse. Algunos de ellos se han despojado de sus ropas.
A.D. 
Traducción: Pablo Azorín Williams (08/03/2009)
http://www.alicantevivo.org/ 

Enlace de interés: EL STANBROOK 

Capitán  de la Marina Mercante
Archibald Dickson

domingo, 18 de marzo de 2018

LOS SUBMARINOS DE LA ARMADA EN JULIO DE 1936



(1) En julio de 1936 la Armada española dispone de un total de doce submarinos, integrados en dos flotillas, en Cartagena están, seis de tipo C, más modernos, mejor equipados y con mayor capacidad que los de la clase B, más dos de tipo B, más reducidos y de menor capacidad que los C, son los B-5 y B-6. En en Mahón están otros cuatro de tipo B. Manda la primera flotilla el capitán de fragata Francisco Guimerá Bosch, que además era director de la Escuela de Armas Submarinas radicada en Cartagena, Guimerá enarbola su insignia en el C-1; y la segunda flotilla el capitán de corbeta Isidro Sáiz Corratge.

El 18 de julio, la totalidad del arma submarina quedará en manos del Gobierno republicano, a pesar de los intentos de sublevación de sus mandos, abortados por los auxiliares, cabos y marinería. En la madrugada del 18 de julio, la flotilla de Cartagena recibe órdenes de Madrid de hacerse a la mar con torpedos y cruzar la costa desde Cabo de Gata hasta Gibraltar con la misión de impedir el paso de tropas moras y legionarias desde Marruecos a la Península; haciéndose a la mar de inmediato las unidades: C-1, que enarbola la insignia del jefe de la flotilla Guimerá Bosch, C-4 y C-6, a los que se une ya en el mar el B-6. Posteriormente se les ordena situarse de vigilancia frente a Melilla y después poner rumbo a Málaga, quedando en la vigilancia del Estrecho el C-1 y el B-6.

El total conocimiento por los radiotelegrafistas de los buques de las comunicaciones de los rebeldes, junto a la sospecha que despiertan los mandos, que impunemente  retrasan o entorpecen las órdenes recibidas del Gobierno, precipitan los acontecimientos: mientras el C-5 mantiene a su comandante, capitán de corbeta José María de Lara y Dorda, de ideas afines a los sublevado pero apoyado por el Jefe de Órdenes, Ramírez de Togores, de reconocida lealtad republicana, aún así De Lara y Dorda estuvo desde el principio muy rechazado por los miembros del Comité de a bordo, quienes decidieron hacer un estricto control sobre él negándole el acceso de las órdenes que se recibían y no permitiéndole utilizar el periscopio cuando se suponía que existía un enemigo a la vista.

En los C-3, el B-6, el C-4 y el C-6 se procede a destituir y detener a sus comandantes, ingresando los detenidos en los buques-prisión Monte-Toro y J.J.Sister, pasando posteriormente a la Prisión Provincial de Málaga, donde la mayoría serán fusilados, unos pocos se reintegrarán al servicio convencidos por el capitán de corbeta Remigio Verdía Jolí. Es el caso del alférez de navío Oscar Scharfhausen, que tanto y tan buen “juego” dará para los sublevados desde su puesto de nuevo comandante del B-6, partidario como era de pasarse a ellos con el buque, o cuando menos provocar su pérdida a la primera oportunidad que tuviese, tras conocer el fusilamiento de su hermano Guillermo, también marino como él, por los republicanos. Al final sólo se pasará él y con bastantes dudas en su Hoja de Servicios.

TN Vicente Ramirez Togores

En cuanto a la flotilla de Mahón, en los primeros días de julio salen de maniobras los B-2, B-3 y B-4 y no el B-1 por encontrarse en reparación, al mando de su jefe, capitán de corbeta Isidro Sáiz Corratge, llegan al puerto de Soller el 18 de julio donde se enteran de la sublevación de Franco. Tras una serie de peripecias vividas en la isla mallorquina, en la que se ha declarado el estado de guerra y triunfado la sublevación, la flotilla regresará a Mahón encontrándose a su llegada con la Base en manos de la República, siendo detenidos y reemplazados jefes y oficiales, quedando la totalidad de esta flotilla también en manos republicanas.


Dominada la sublevación, las unidades submarinas quedan agrupadas en una sola flotilla al mando del teniente de navío Vicente Ramirez de Togores. Jefe de Órdenes de la misma hasta ese momento, sucediéndole después el capitán de corbeta Remigio Verdía Joli, comandante del C-5 y posteriormente del C-6, uno de los marinos más brillantes de la República, según Domínguez Benavides.


CC. Remigio Verdía


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(1) La Armada Española durante la Guerra de los Tres Años.





lunes, 12 de marzo de 2018

REPUBLICANOS FUSILADOS EN SAN FERNANDO (CÁDIZ) EL 10 DE SEPTIEMBRE DE 1936




(1) Ya estaba España sentenciada, dividida en dos, el terror rojo en la zona republicana, según nos decían, y el terror blanco en esta zona que estábamos viviendo, viendo y sufriendo. Fallaron los politicos europeos, falló la propuesta francesa de "no intervención", falló el gobierno Giral, incapaz de sofocar la rebelión militar en sus comienzos, falto de muchas precauciones y otras medidas... pero este no es el caso de estas crónicas, no debo lanzarme a un análisis crítico  y politico del gobierno republicano, que sería duro e interminable. Con los medios de que dispongo pretendo referirme principalmente a lo acaecido en La Isla, aunque para aclarar situaciones deba hacer comparaciones y referir hechos ocurridos en otros lugares.

Penal naval militar de La Casería de Ossio
Imagen: El Exilio de los Marinos Republicanos (2)
Si, ese mismo dia diez de septiembre de ese mismo año trágico, que no glorioso, como pretendieron hacernos creer, tratando de tergiversar los hechos y darnos gatos rabiosos por conejos inocentes, ese día, repito, fueron despertados brutalmente doce personas, doce hombres, para ser fusilados; así de fácil, así de brutal e inexorable, del Penal de la Casería, aproximadamente a las seis de la mañana. 




Fueron los siguientes:


Manuel Barea Varo

Domingo Moreno Martínez

Horacio Rodríguez. Marinero de Segunda.

José López Hermoso

Miguel Blanco Ferrer. Pastor protestante. Secta irlandesa. Se negó a confesar y a ser bautizado. Vivía en la calle San Servando.

Manuel Varela Herrera

Félix Hernández Coco

Leocadio Fernández Alama. Natural de Guijo (Córdoba). 41 años. Casado con Adelaida Blanco Silva. Hijo de Domingo y Sebastiana. Dejó de ser carabinero antes del alzamiento. Se negó a confesar. Dejó tres hijos, el último, Leopoldo, póstumo. Vivía en la calle Hernán Cortés.

Antonio Pérez Heredia. Concejal. Confesó antes de morir, devolvió el escapulario de la Virgen del Carmen y se negó a recibir la absolución.

Ramón Campos Chaves. Vivía en la calle Rosario,37, Cádiz. Mecánico de la Armada.

Francisco Marchante Noria.

Antonio Girón Casulla. Maestro Nacional.

Una vez más quedaron al descubierto aquellos esbirros y sus perfidias, asesinando a un modesto y sencillo pastor protestante sin causa ni razón. No cabian explicaciones aditivas, se habían saltado a la torera los slóganes que tanto cacareaban y que pretendían usar como tapadera a sus ignominias, contra los comunistas, socialistas, masones, judíos, etc., porque el pastor era un señor respetable, muy conocido y no pertenecía a ninguna de esas banderas. Fue víctima de la locura desatada por aquellas hordas, impostores, verdugos, inquisidores, ferinos..."Abominable jurisprudencia la de sostener la religión por medio de verdugos", frase esta de Voltaire, dicha allá por el año de 1768, aplicable, tristemente, a aquellos días, meses y años de terror franquista.

Imperaba la misma psicosis destructiva que en 1492. El escritor I.Ehremburg decía: 

"Pero los bárbaros que adaptaron el cristianismo a la mezquita de Córdoba no eran niños, eran unos degenerados. Odiaban el espíritu mundial de la mezquita. Cegados por el dogma eran enemigos de la razón. Eran fanáticos por su conducta, sabían destruir mezquitas, quemar herejes, pero carecían de la inspiración de los fanáticos. En su fuero interno, estos fracasados envidiaban seguramente la pericia de los arquitectos árabes que habían levantado la Mezquita que ellos afeaban".

Aquí en La Isla hay algunos que temen, tanto a la verdad histórica como a la crueldad que ellos mismos ejercieron durante muchos años, porque la conocen bien. Recientemente, Rosa Castelló, del Instituto Genus, en la revista Interviú, nº 32, págs. 23-29, dijo que la iglesia crea enfermos mentales o psíquicos. Yo no lo creo así, pues los enfermos mentales no saben defenderse tan bien ni vivir sin producir el material necesario para sostener la vida, dejando a los demás que se lo produzcan, a no ser que haya querido referirse al rebaño domesticado, obediente y productor.





(1) Trigo Tronzado. José Casado Montado. 1992. ISBN: 84-604-3726-4



(2) El Exilio de los Marinos Republicanos



miércoles, 31 de enero de 2018

MARINOS REPUBLICANOS FUSILADOS EN SAN FERNANDO (CÁDIZ) EL DIECIOCHO DE SEPTIEMBRE DE 1936




(1) Aquel día, 18 de septiembre, un corresponsal decía que: "La adopción de la bandera rojo y gualda por parte de las tropas nacionalistas frente a la tricolor republicana, patentiza la existencia de "dos España" que luchan cada una bajo su propia bandera". 

Esta división hecha de España se acentúa con el reconocimiento, por parte de algunas naciones, de la Junta de Defensa de Burgos como el legítimo gobierno de España, mientras que otros países solo reconocen a la República como verdadero gobierno. El enfrentamiento no puede ser, pues, más claro. Al mismo tiempo el cardenal primado de España, Pla y Daniel, declaraba en Salamanca que: "La guerra es una cruzada contra los hijos de Caín", con lo cual legitimaba el alzamiento de la nación en armas. De este modo la Iglesia se situó claramente del lado nacionalista.

Mientras tanto, por aquí, la fiera desatada estaba en su apogeo criminal y aquel mismo dieciocho de septiembre organizaron otra de sus ejecuciones colectivas. Como drogados con el síndrome de abstinencia, pero esta vez de sangre y muertes. Eran unos seres malvados e irrecuperables.

La selección fue de madrugada y se componía de hombres jóvenes e inocentes, que fueron llevados al caño de "La Jarcia", cerca del Penal de La Carraca y allí acribillados a balazos.

Ninguno de ellos confesó, no se dejó convencer de que confesándose estaría mejor en la otra vida, así que el cura y su presencia resultó de la más absoluta inutilidad ante aquellos martires, minutos antes de morir.

Fueron ejecutados los siguientes:

Ramon Dehesa Morales. Cabo de Radio de la Armada.

José María Fernández Lafón. Marinero de Segunda. En Cádiz tenía un tío, José Lafon Sánchez, en la calle A. de Castro-13-3º. Vivía en Linares (Jaén).

Cesar López Mosquera. Marinero de Segunda.

José Antonio Moreno Jaspe. Cabo primera. Natural de Ferrol, 30 años. Casado con Casilda Aspiasun. Hijo de Antonio y María del Carmen. Tenía hijos. Vivía en Fuenterrabia (Guipuzcoa).

Avelino Ortas Valdés. Marinero fogonero.

Modesto Parada Ruiz. Soldado de Infantería de Marina.

Baldomero Cerezuela Galván. Marinero de segunda.

Fueron enterrados en San Fernando pero una vez más no hay indicios del lugar. Podría haber sido en el cementerio militar que estaba situado en los Mixtos, por la vuelta afuera, o en fosa clandestina. Una vez más no puedo creer que hubiera motivos para su fusilamiento. Había que imponer el terror y a aquellos les tocó servir de cabeza de turco. 

Nuestro Alcalde, D. Cayetano Roldán, seguía preso en la cárcel del mismo ayuntamiento y el bandido rebelde que lo reemplazó por la gracia de Olivera Manzorro, Capitán Isasi, estaba en su esplendor, nunca había soñado siquiera ser alcalde de una ciudad de cincuenta mil almas. Flotaba de vanidad cuartelera por tantas reverencias recibidas, tantos "buenos días Sr. Alcalde", y tanto pelotilleo a su servicio...para salvar a España y a la cristiandad, nos decían hasta atosigarnos y añadía que en la otra zona, los rojos, estaban matando sin parar, mientras que en la nuestra, "gracias a Dios", no ocurría nada de esas cosas, características en exclusiva de los rojos malos, ¡ que va !, por aquí solo les daban, muy tempranito, una taza de Maggi, que estaba muy de moda por aquellos años.

Se apoderaron de todo, aquella banda de pelotilleros, capillitas, chupatintas e inútiles, y así nos fue la cosa. Nos convertimos en un pueblo apático, sin dinamismo, insensible, herido en nuestro centro, sangrando y debilitándose lentamente, temeroso y, como regla, odiando los recuerdos dolorosos que nos dejaron y si no hubiesemos sido así, no seriamos personas humanas, seriamos salvajes, como ellos.

En aquellos primeros días del alzamiento, el buque escuela "Juan Sebastian Elcano" se encontraba en La Carraca. Formaron en cubierta y el Comandante ordenó que pusiéranse aparte los que querían seguir fieles a la República y como la radio, entre noticias a favor de los golpistas y marchas militares, daba vivas a la República a la que habían jurado fidelidad, que de todas formas era lo mismo, aparentemente, que defendian a los rebeldes, puesto que la vitoreaban. Así que, una vez seleccionados por el mandamás aquel, ordenó ingresarlos en el Penal del Arsenal y días después fueron todos fusilados.

El cañonero "Canovas del Castillo", también estaba en el muelle del Arsenal y, relativamente cerca, del también cañonero "Lauria", que se encontraba fondeado en el lugar denominado "La Clica". Este buque permaneció fiel a la República y su Constitución y no se entregaba. Entonces ordenaron disparar contra el "Canovas", pero la tripulación se negó. Entraron fuerzas rebeldes en este último buque y seleccionaron a los que fueron llevados días más tarde al paredón tras pasar por Cuatro Torres. Luego, ya se sabe, dispararon contra el "Lauria", sobre la línea de flotación, hundiendolo y, a la dotación la llevaron a...confesar sus faltas, primera etapa para acabar fusilados después...




(1) Trigo Tronzado. ( (La represión franquista en 1936 en San Fernando – Cádiz). Autor: José Casado Montado. Libro escrito a escondidas. La publicación original fue secuestrada por orden judicial. Autoeditado en 1992. Reeditado a finales de 2016 gracias al "Ateneo Republicano y Memorialista de La Isla" y a una campaña de micromecenazgo.