domingo, 19 de junio de 2016

LA ÚLTIMA TRAICIÓN A LA REPÚBLICA




Artemio Precioso
Comandante de la 206 Brigada Mixta de
la 10 ª División, a los 22 años.
(1) A las 11 de la noche del sábado 4 de marzo de 1939, la mayoría de los jefes militares de la base y guarnición de Cartagena se declaran opuestos al Gobierno del doctor Negrín e inician la toma del control de todas las unidades e instalaciones. Encabezan la sublevación Fernando Oliva, jefe de Estado Mayor de la base, Gerardo Armentia y Arturo Espa, Jefe y segundo jefe del regimiento de artillería de costa, Norberto Morell, jefe del Arsenal; Vicente Ramírez, jefe de Estado Mayor Mixto... 

Previamente, han intentado que el general de Ingenieros Carlos Bernal, jefe de la Base, encabece la sublevación; al no tener resultado, Vicente Ramírez toma el mando, a la espera de encontrar alguien más cualificado, de mayor graduación o de prestigio. El sargento Calixto Molina hace de enlace entre los militares y los civiles (falangistas, franquistas o ambas cosas a la vez y revueltas), trabajo que tiene encomendado desde semanas antes, desde que muchos "desilusionados" y muchos "realistas" van socavando el espíritu de resistencia con la argumentación de que hay que acabar pronto con la guerra fratricida. 

Las figuras más destacadas, de entre los civiles, son Antonio Bermejo, médico odontólogo, Antonio Ramos Carratalá, director de la Caja de Ahorros, José Sánchez Rosique, etc. Todos ellos se encuentran, en el momento de la rebelión, en la cárcel local, a donde han ido a parar una vez conocidas sus actividades antirrepublicanas. La flota republicana, fondeada en el puerto, está al mando del almirante Miguel Buiza, y conserva una parte muy importante de las unidades navales con que se contaba al principio de la guerra. El día 27 de febrero, el jefe de Gobierno había citado en la base aérea de Los Llanos a todos los jefes militares para conocer su opinión sobre la evolución de la guerra; asistía Buiza y, desde entonces, no ha dejado de estar pendiente de la actitud de los militares partidarios de finalizar la guerra. De hecho, el día 2 de marzo, el Almirante reunió a los jefes de los buques a su mando y les puso al corriente de lo que se gestaba. « No habría otro Cavite», parecía ser la consigna entre gran parte de la oficialidad y la marinería. Buiza se consideró libre de actuar «en conciencia» cuando, desde la Agrupación de Ejércitos, le informaron que el movimiento anti-Negrín no cuajaba. 

El detonante inmediato de la sublevación surgió cuando Negrín, que estaba perfectamente al corriente de lo que se entretejía en Cartagena, nombró para sustituir al general Bernal al teniente coronel Francisco Galán, comunista, a quien se le ordenó tomara posesión inmediata de su destino, con la ayuda de la 206 Brigada, muy curtida en el combate, que mandaba Artermio Precioso. El nombramiento fue considerado como un «golpe comunista» y como gesto inamistoso. Los militares intrigantes decidieron no aceptar a Galán, y cuando llegó a Cartagena fue detenido. La evolución de los acontecimientos en la ciudad, que cayó prácticamente entera en manos de los insurrectos, y las instrucciones insistentes del mismo Negrín, en el sentido de evitar cuanta sangre se pudiese, hicieron que Galán negociara y aceptara dimitir, mientras Precioso iniciaba su tenaza sobre los cuarteles y baterías sublevadas.

General Rafael Barrionuevo
Asumió el mando de la rebelión y
se puso a las órdenes de Franco.
Al mediodía del 5 de marzo, las dudas se disiparon sobre la Flota y Buiza ordenó la salida de la rada. Galán iba a bordo, después de un forcejeo dramático entre Bruno Alonso, comisario socialista de la Flota, y los oficiales que retenían a Galán. Tras una última vacilación en alta mar, los buques republicanos se internaron en aguas de África, yendo a parar, por instrucción de las autoridades francesas, a la base de Bizerta. Los sublevados recurrieron al general retirado Rafael Barrionuevo como jefe de la insurrección, y éste inició desde el primer momento un diálogo radiotelegráfico ininterrumpido con el Cuartel General de Franco en Burgos, hasta caer en manos de la 206 Brigada. Gerardo Armentia, republicano de convicción, comprobó pronto cómo la revuelta no era simplemente «pacifista», sino que se enmarcaba en un ámbito netamente nacionalista y franquista. Después de saber que muchos de los que la habían empujado resultaban franquistas, acusó claramente la decepción y murió enfrentándose con los primeros combatientes de la 206 Brigada que entraron en el Parque de Artillería. Con esta excepción, ninguno de los otros jefes militares o de los cabecillas civiles acabó malamente.

Del lado nacionalista, pronto se organizó una operación de desembarco, con las noticias excesivamente optimistas. Según se acercaban los buques nacionalistas a las aguas de Cartagena, para desembarcar en la ensenada próxima de Portman o si se terciaba, entrar en la ciudad desde los propios muelles interiores, las baterías que llenan las alturas circundantes iban pasando a control de las fuerzas republicanas. El «Canarias» no osó acercarse demasiado, pero el mercante «Castillo de Olite», que actuó incomprensiblemente, fue echado a pique, produciéndose una verdadera mortandad. En tres días escasos Cartagena volvió a poder de la República, cuando ya nada podía modificar el curso de la guerra. La transición a la paz, sin embargo, era ya bastante más difícil. 

Entrevista de Pedro Costa Morata a Artemio Precioso.  (1979) 

¿Qué sentido tenía la acción militar de la 206 Brigada?

AP. - Aunque la orden que recibí en Buñol indicaba solamente que la Brigada debía ponerse a las órdenes del jefe de la base naval de Cartagena, creo que quien dio la orden pretendía que la presencia o intervención, de la Brigada impidiera la sublevación y la deserción de la flota republicana, conservando el puerto en poder de las fuerzas leales al gobierno legal, es decir, al gobierno Negrín.

¿Por qué no se lograron todos estos objetivos?

AP.- Porque la orden de desplazamiento se dio con evidente retraso, lo que sería consecuencia de la indecisión y vacilaciones de Negrín. Cuando la Brigada llegó a los alrededores de Cartagena, en la mañana del día 5 de marzo, la guarnición estaba ya sublevada. Además, creo que el coronel Galán, que había sido nombrado el día 3 de marzo nuevo jefe de la base naval, cometió la imprudencia de meterse en la boca del lobo antes de que la Brigada llegara a Cartagena.

¿Cuándo y quién dio la orden de desplazamiento a tu Brigada?

El presidente Negrín con el Coronel Cordón
AP.- La orden me llegó en la tarde del 3 de marzo transmitida por el Estado Mayor del Grupo de Ejércitos de la zona Centro-Sur. Años más tarde, en Praga, el general Cordón me dijo que fue él quien decidió su desplazamiento.

La sublevación de Cartagena aparece muy relacionada con la del coronel Casado. ¿Qué opinas del golpe de Casado y de la actuación de su llamado Consejo Nacional de Defensa?

AP.- Independientemente de las intenciones de Casado, Besteiro, Cipriano Mera y demás golpistas, los resultados de su sublevación fueron catastróficos. Ellos son los principales responsables del trágico final que tuvo la guerra para los republicanos. Las fobias son siempre funestas, y su fobia anticomunista debió nublarles el juicio.

¿Crees que la zona republicana tenía aún posibilidades militares a principios de marzo de 1939?

AP.- Perdida la batalla de Cataluña, la República no tenía en marzo de 1939, salvo un giro favorable de la situación internacional, posibilidades de victoria militar. Pero en la zona Centro-Sur el ejército republicano contaba con unos trescientos mil hombres, dotados de aviación, tanques y artillería. Había muchas unidades que, como la 206 Brigada, tenían aún gran capacidad combativa. Con estas fuerzas se podía haber organizado una defensa elástica, combinada con algunos contraataques, replegándose ordenadamente sobre los puertos de Valencia, Alicante y Cartagena, lo que hubiera dado tiempo a organizar con la flota y barcos extranjeros una evacuación más' amplia y, posiblemente, con respaldo internacional. La sublevación de Casado no ahorró víctimas, las aumentó, y dio a la guerra el peor final que puede tener una lucha armada: la traición. Algunos componentes del Consejo casadista debieron darse cuenta de su trágico error al comprobar el trato humillante que dio el general Franco a los emisarios que fueron en avión a Burgos. No podía negociarse una paz colocándose previamente en el fondo del pozo. Derrocar al gobierno Negrín, escindir al ejército y sembrar la confusión, suponía privar a la República de sus posibilidades de defensa.

¿Cómo explicar que el Partido Comunista que tanta influencia tenía en el ejército no fuera capaz de Impedir, o de sofocar rápidamente, la sublevación de Casado?

AP.- A esta cuestión no se ha dado todavía una explicación convincente. Yo tampoco puedo darla. Es una página oscura que los historiadores deberían aclarar mientras vivan algunos de sus principales protagonistas. Es cierto que su acertada política militar y la ayuda de la URSS dieron al PCE una gran influencia en el ejército republicano. Por ejemplo, de los cuatro jefes de cuerpo de ejército que tenía el Ejército del Centro, mandado por el coronel Casado, tres (Barceló, Bueno y Ortega) militaban en el Partido Comunista, y sólo uno (Cipriano Mera) era anarcosindicalista. Varias unidades mandadas por comunistas se opusieron al golpe casadista, pero sin éxito. Claro que las posibilidades de reacción del PCE estaban entonces limitadas por el gran deterioro de la situación política.

¿A qué deterioro te refieres?

AP.- Para responderte tendría que referirme a toda la marcha de la guerra civil en la zona republicana. Comentaré sólo un hecho, a mi juicio, clave: la crisis ministerial de mayo de 1937, en la que Largo Caballero fue sustituido en la jefatura del Gobierno por el doctor Negrín. A pesar de sus limitaciones y errores, el Gobierno de Largo Caballero tenía en su haber muchas cosas positivas, y él era entonces la personalidad más idónea para mantener el difícil equilibrio entre las tres fuerzas decisivas para la lucha armada: el PCE, la fuerte ala izquierda del PSOE y los anarcosindicalistas. Aunque el que formó Negrín siguió siendo formalmente un Gobierno de coalición, el Frente Popular quedó virtualmente roto. El comportamiento del PCE durante la gestación y solución de esta crisis abrió un abismo entre este partido y la gran mayoría del PSOE, abismo que ha durado décadas, Los acontecimientos posteriores y, sobre todo, el caótico final de la guerra, no justificaron la formación del Gobierno Negrín, aparentemente más eficaz, pero que significó la ruptura de la unidad antifascista. Desde marzo de 1937 la situación política se fue deteriorando, a lo que contribuían, naturalmente, los reveses militares. En marzo de 1939, a pesar de su gran influencia en el ejército, el PCE estaba políticamente aislado. A mí la historia me interesa, principalmente, como fuente de enseñanzas para el presente y futuro, y creo que el PCE no ha sacado aún las debidas conclusiones de éste, que a mi juicio fue el mayor error de la dirección del PCE y de sus consejeros extranjeros durante la guerra civil. Al leer algunas de las, declaraciones hostiles al PSOE hechas por Santiago Carrillo después de junio de 1977, me pregunto si la dirección del PCE va a reincidir en los mismos errores de marzo de 1937. Una cosa es criticar lo que se consideren equivocaciones del PSOE, y otra adoptar una actitud de agresividad sistemática hacia los socialistas. Creo que actualmente, como durante la guerra, la democracia española necesita la colaboración entre el PCE y el PSOE.

Tú estuviste emigrado en la URSS, ¿Se discutió el final de la guerra en la emigración?

AP.- Debieron haber discusiones entre algunos dirigentes del PCE y de la Komintern, pero éstas no transcendieron. Creo que un amplio debate sobre los acontecimientos de febrero y marzo de 1939, sus causas y consecuencias, hubiera sido muy provechoso para todos, y especialmente para el PCE. De haberse producido la discusión quizá se hubiera evitado el desarrollo de algunos mitos que son un lastre para la sana evolución del partido, se habría frenado el pernicioso narcisismo y triunfalismo, y se hubiera encarado con mayor realismo la larga lucha contra la dictadura franquista. Creo válida la hipótesis de que las graves divergencias aparecidas en el seno de la dirección del PCE a raíz de la grave enfermedad y muerte del secretario general, José Díaz, tuvieran como fondo político la distinta manera de enjuiciar los acontecimientos que precedieron el final de la guerra.

Volvamos a Cartagena. ¿Qué Influencia tuvo la deserción de la flota republicana?

AP.- Muy negativa. Quizá éste fuera el hecho que precipitó la salida de España del gobierno Negrín. Era una flota muy potente para aquellos tiempos, aunque la moral de algunos de sus mandos fuera baja. Pero había otros para sustituir a los pusilánimes. Si hubiera permanecido leal al gobierno legal hubieran aumentado considerablemente las posibilidades militares de la zona Centro-Sur de las que antes hablé. 

¿Por qué no llegaron a desembarcar en Cartagena las tropas de Franco?

AP.- Porque no pudieron. En contra de lo que decía el general Barrionuevo en sus radiogramas al Cuartel General de Franco, entre los días 5 y 6 de marzo la mayor parte de las baterías de costa pasaron al control de los mandos de la 206 Brigada. Concretamente, al Batallón 821 mandado por el comandante Joaquín González Regalado ocupó la batería La Parajola en la tarde del día 5 de marzo. Esta batería fue la que hundió el día 7 el barco «Castillo de Olite», que siguió navegando a pesar de los dos disparos de advertencia que se le habían hecho. Las víctimas del «Castillo de Olite» habría de achacarlas a la mala información y a los errores del mando franquista. Por cierto, este barco transportaba, junto a tropas de infantería y artillería, un tribunal militar; me figuro que con la intención de iniciar los juicios sumarísimos.

¿Fue la de Cartagena una sublevación casadista, falangista o franquista?

AP.- Según mi información, los mandos republicanos atraídos por la quimera casadista de negociar con Franco «una paz honrosa y digna», y los elementos de la «quinta columna» conspiraron separada pero simultáneamente. En un principio la sublevación aparece como casadista, pero los franquistas van ganando posiciones, y cuando en la mañana del 5 de marzo la flota abandona Cartagena, los sublevados acatan el mando del general retirado Barrionuevo, que lo primero que hace es comunicar por radio su total adhesión al general Franco.

¿Qué juicio te merece la actuación del coronel Galán?

AP.- Francisco Galán era un militar de valor y capacidad probados en muchos combates. Era un jefe con carisma. Pero en Cartagena creo que sobreestimó su capacidad negociadora, que debía ser grande. Quizá no estuviera bien informado de lo avanzada que estaba la conspiración. En aquellas circunstancias sólo se podía negociar con el respaldo de una fuerza militar. Como dije antes, creo que fue imprudente, temeraria, su decisión de meterse él, y meternos al Comisario de la Brigada y a mí, en la base naval (prácticamente sublevada) antes de que la 206 Brigada llegase a Cartagena. Mi encuentro casual con él en Murcia en la tarde del día 4 de marzo le dio la oportunidad para adoptar una decisión más realista. En este encuentro me ordenó presentarme en la base naval al anochecer del mismo día.

¿Fue el nombramiento de Galán como  jefe de la base naval el motivo de la sublevación?

AP.- Creo que no. Los casadistas llevaban más de un mes conspirando. Durante el mes de febrero hubo ya intentos de huida en la flota. El nombramiento de Galán sólo pudo adelantar unas horas la sublevación. La versión de que las sublevaciones de Casado y de Cartagena se proponían abortar un golpe de estado comunista la considero falsa. El PCE actuó dentro de la legalidad republicana representada por el gobierno Negrín. Por el contrario, estimo que si algo puede reprocharse a la dirección del PCE en aquellas circunstancias críticas, es un exceso de legalismo.

¿Qué Impresión sacaste de tu entrevista con el general Bemal?

AP.- El anciano general Bernal había mostrado claramente desde el comienzo de la guerra su lealtad a la República. Ignoro si estaba o no comprometido en la sublevación, pero tuve la impresión de que el mando real de la base naval no lo ejercía él, sino el jefe de Estado Mayor Mixto Vicente Ramírez, que fue uno de los principales cómplices de Casado. Probablemente, el general Bernal se alegrara de su sustitución por Galán, para poder así alejarse de unos acontecimientos en los que no deseaba participar.

¿Qué opinas de la actuación del almirante Buiza?

AP.- Del, entonces jefe de la flota sólo sé lo que he leído. No tuve ningún contacto con él.

¿Qué puedes decirme sobre la conversación que sostuviste con Fernando Claudín?

AP.- Claudín llegó al puesto de mando de la 206 Brigada poco después de iniciados los combates. De él recibí la primera información global de la grave situación creada de la zona republicana, que conocía por ser miembro de la Ejecutiva de la Juventud Socialista Unificada y del Comité Central del PCE. Sus orientaciones fueron para mí de gran utilidad en aquellos momentos de tanta confusión. Deberíamos, según él, forzar al máximo nuestro avance, tratando de evitar la salida de la flota, y apoderarnos del puerto de Cartagena y de los puertos y aeródromos circundantes, ya que se preveía, que Cartagena fuera la plataforma más importante de una posible evacuación. Claudín estuvo con nosotros hasta el anochecer del día 5 de marzo, recorriendo, con gran riesgo, las primeras líneas de combate. A los pocos días llegaron a Cartagena los miembros de la dirección del PCE que aún permanecían en España: Pedro Checa, Jesús Hernández, Palau, Sebastián Zapiraín, Isidoro Diéguez y también Palmiro Togliatti (Ercoli), que actuaba como consejero de la Komintern.

¿Cómo salieron estos dirigentes de España?

AP.- Este es un episodio inédito. Luis Romero lo intuyó en su libro "El final de la guerra", pero no pudo precisar lo que no sabía con certeza. Siguiendo instrucciones de la dirección del PCE, transmitidas por Pedro Checa, un grupo de unos treinta hombres seleccionados de la 206 Brigada nos apoderamos en la madrugada del 24 de marzo del aeródromo de la escuela de pilotos de Totana, donde había tres aviones tipo Dragón. En dos de ellos, pilotado uno por el jefe de la escuela, comandante Ramos, y otro por el profesor de vuelo capitán Domínguez, salieron los citados dirigentes del PCE, Togliatti y Virgilio Llanos. En el tercero, tripulado por dos alumnos que nunca habían volado solos, y tras un accidentado despegue, salimos el comisario de la Brigada, Victoriano Sánchez, el médico de la escuela y yo. Los dos primeros aparatos aterrizaron en el aeropuerto de Orán, y el nuestro, debido a la inexperiencia de los pilotos, en un trigal cerca de la ciudad argelina de Sidi-Bel Abbés.

Supongo que habrás leído los libros publicados sobre las luchas de Cartagena, ¿qué opinión te merecen?

Que yo sepa se han publicado dos monografías sobre el tema, uno de Manuel Martínez Pastor titulado «Cinco de marzo de 1939», y otro del novelista Luis Romero, « Desastre en Cartagena». El primero de ellos está escrito con escasa y difícil información. Su mayor interés reside en los datos que aporta sobre la participación de algunos falangistas en la génesis y desarrollo de la sublevación. En cuanto a la obra de Luis Romero, la considera una valiosísima aportación al esclarecimiento de lo que ocurrió en Cartagena. Contiene algunas imprecisiones inevitables. pero creo que el arduo trabajo del autor logró su principal objetivo: recomponer el intrincado rompecabezas cartagenero. Yo mismo no me enteré de lo que ocurrió en el bando contrario, e incluso de algunas cosas del lado republicano, hasta que leí este libro. Por lo que se refiere a los diálogos que Romero reproduce o imagina, aunque sea una forma heterodoxa de escribir la historia, son muy verosímiles, y ayudan a penetrar en el dramatismo y el carácter contradictorio de los hechos y de sus protagonistas.

También dedica gran espacio Luis Romero a este asunto en su libro « El final de la guerra», que junto por su primer trabajo histórico "Tres días de julio", forman una trilogía de valor inestimable. Hay que subrayar que « Tres días de julio» apareció en 1967, en plena dictadura, siendo el primer trabajo publicado en España que con gran valor, rigor y amenidad, desbarata la versión oficial sobre el «Glorioso Alzamiento Nacional». A pesar de ser novelista, o precisamente por ello, Luis Romero muestra una perspicacia extraordinaria como historiador, perspicacia acompañada de una amplia labor de documentación y entrevistas con supervivientes de los dos bandos.

Salvo rara excepción, los libros publicados sobre la guerra civil dan de los sucesos de Cartagena una versión incompleta y equivocada. Por ejemplo, sobre este episodio la obra de Hugh Thomas, por lo menos la edición de Ruedo Ibérico, contiene errores evidentes.


Artemio Precioso Ugarte

(Datos biográficos actualizados a 1979)

Artemio Precioso en 1979
(Foto de Ramón Rodriguez)

Artemio Precioso Ugarte, hijo del escritor del mismo nombre. Nace en Hellin (Albacete) en 1917. Los estudios de enseñanza media los realiza en Madrid, París, San Sebastián, Hellín y Toledo. Cuando comienza la guerra civil trabajaba en Madrid como empleado y estudiaba el tercer  curso de la carrera de Derecho. Desde 1936 militó en la Juventud Socialista Unificada y en el Partido Comunista. El primer día de la guerra se incorpora voluntario a las milicias ferroviarias, después al Batallón Aida Lafuente, de la Columna Mangada (frentes de Navalperal de Pinares y de Talavera), que a finales de 1936 se integra en la 34 Brigada Mixta (frente de El Escorial). Siendo capitán pasa como jefe de operaciones, y después como jefe de Estado Mayor, a la 3ª División que mandaba Manuel Tagueña (frente de El Escorial). A mediados de 1937 es trasladado a la 30 Brigada Mixta, como jefe del Batallón 119 (frente de Guadarrama), y a comienzos de 1938, con el grado de mayor, es nombrado jefe de la 206 Brigada Mixta, de nueva creación. Al mando de esta unidad participa en los frentes de Levante y Extremadura, y en marzo de 1939 en los combates que sofocaron la sublevación de Cartagena.

Desde un campo de concentración de la Argelia francesa emigra a la URSS en mayo de 1939. Cursa estudios en la Academia Militar Frunze de Moscú, formando parte del grupo de militares españoles que durante los años de la segunda guerra mundial fueron profesores de dicha academia. En 1946 se traslada a Yugoslavia, donde con otros militares comunistas españoles actúa como consejero del ejército de este país, alcanzando el grado de coronel. A finales de 1948 pasa a residir a Checoslovaquia. Aquí termina los estudios universitarios iniciados en España, se doctora en Ciencias Económicas, y desde 1956 a 1960 es catedrático de Planificación Macroeconómica en la Escuela Superior de Economía de Praga.

Regresa legalmente a España, y en 1961 es detenido en dos ocasiones por la policía acusado de actividades comunistas. Trabajó en un principio en una empresa de importación-exportación y después como agente comercial. Ha fundado y dirigido varias empresas de comercio exterior. Actualmente, no está afiliado a ningún partido político. Colabora en la revista «Zona Abierta».

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Benito Sacaluga.


(1) Texto introductorio y entrevista: EL FINAL DE LA REPÚBLICA. SUBLEVACIÓN EN CARTAGENA. Autor: Pedro Costa Morata. Publicado en: Tiempo de Historia nº 52, marzo 1979. Original cedido por José Manuel Rodriguez Crespo.


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