martes, 25 de octubre de 2016

GABRIEL PRADAL, UN SOCIALISTA REPUBLICANO EN EL "JAIME I"



Gabriel Pradal Gómez
Gabriel Pradal Gómez nace en Almería el 21 de septiembre de 1891.  Con 20 años se traslada a Madrid para cursar estudios de Arquitectura, al mismo tiempo y bajo el seudónimo de Pericles García comienza a publicar artículos de denuncia contra la situación social de aquellos años. Se afilia al PSOE en 1919, desde entonces mantiene una estrecha relación con Pablo Iglesias. Logra escaño de diputado por Almería en las cortes constituyentes de la II República (1931). Ese mismo año publica un artículo en el diario Justicia de Almería, en el que decía: “Después de unas horas de inquietud en las que apuntaba el presagio de una tragedia, se ha implantado en España la República con la serenidad y el prometedor optimismo de un amanecer”. También sería elegido diputado en las elecciones de 1936. La rebelión militar del general Franco le sorprende con su familia en Almería.

(1) Organiza un Comité Central Antifascista, con todas las fuerzas de izquierda, para evitar el triunfo de la sublevación militar en Almería y gestiona con el ministro de Marina, el regreso del "Lepanto" al puerto de Almería, lo que significó el rendimiento de su tripulación sublevada. Poco después es nombrado comisario del acorazado "Jaime I", en él estaba, cuando en junio de 1937, se produjo la terrible explosión en la que hubo numerosos muertos. Posteriormente fue nombrado Comisario de Guerra y, más tarde, Jefe de la Comandancia de Ingenieros de Barcelona. Siguió asistiendo como diputado a las sesiones de Cortes que tuvieron lugar en Barcelona y fue uno de los diputados que participaron el 1 de febrero de 1939, en el castillo de Sant Ferran de Figueres, en la que sería la última sesión de las Cortes de la Segunda República en territorio español.

El 6 de febrero de 1939 Pradal emprende el camino del exilio cruzando la frontera hispano-francesa, con sus dos hijos mayores. Su mujer y sus tres hijos menores, que habían permanecido durante la guerra en Almería, embarcaron en el puerto de Alicante en el barco inglés Ronwyn rumbo a Argelia, y después de pasar por el campo de Carnot, pudieron reunirse en julio con el resto de la familia en Francia, estableciendo su residencia en Toulouse. Una vez que Francia fue ocupada por las tropas nazis, el gobierno franquista le condenó a tres penas de muerte y pidieron su extradición. Fue detenido pero no devuelto a España. En 1944 fue vicepresidente del primer Congreso del PSOE en el exilio. El 10 de enero de 1945 asistió a la reunión de las Cortes de la República en México y los días 7 y 8 de junio de 1962, al Congreso del Movimiento Europeo, celebrado en Munich. Fue vocal de la Comisión Ejecutiva del PSOE y de la UGT. En la central socialista mantuvo su vocalía desde el IV Congreso en el exilio, celebrado en 1951, hasta su muerte en Toulouse, (Francia), el 16 de septiembre de 1965.

Gabriel Pradal llegó a ser decano y presidente del Colegio de Arquitectos de Madrid. Entre sus obras madrileñas destacan el edificio de la Mutualidad Obrera de la UGT, la ampliación de la Casa del Pueblo, la Institución Pablo Iglesias, donde se instaló la rotativa de El Socialista y la Ciudad Jardín del Norte. También proyectó obras fuera de la capital de España, como la Casa de Socorro de Almería y la Casa del Pueblo de Sama de Langreo.

El 12 de junio de 1937, tan solo siete días antes del sabotaje que hundió al "Jaime I" y siendo Comisario Político del acorazado, publica el siguiente artículo en el semanario "La Armada":



CAPACIDAD Y EFICACIA 


Una cosa es la capacidad y otra la eficacia. Con la cultura se adquiere y aumenta la capacidad. Con la disciplina se adquiere la eficacia. Quien no procura dar eficacia a su capacidad es un defraudador.
La subordinación a un plan hace que las capacidades se apliquen en su tiempo y en su lugar;este es el ideal de la eficacia. No sólo hay que saber actuar cuando corresponde: hay que saber estarse quieto cuando ello es conveniente. Y cuando se actúa, debe hacerse en la medida que corresponde a cada caso. Es peligroso el exceso de entusiasmo o la vanidad de quienes siempre quieren hacer todo lo que saben o lo que creen saber.

Seria inadmisible que porque uno tocase muy bien el clarinete, se dedicase a dar unos magníficos pitazos cada vez que le viniese en ganas, en medio de la sinfonía. Podría tolerarse cierta falta de limpieza en el pitazo si éste se daba en el momento justo. Lo que no puede admitirse es el buen pitazo dado a destiempo, que desentona y desconcierta la buena actuación de los demás. Hay que aprender a tocar el instrumento y hay que saber seguir los movimientos de la batuta. Y quien lleve la batuta no será en el concierto el que imponga caprichosamente su libre voluntad, pues la voluntad que imponga estará sometida a la superior disciplina a que lo sujete con máxima responsabilidad, a través del dictado interior de una conciencia acreditada, el conocimiento de un gran complejo de factores.

Afortunadamente, estas exhortaciones van haciendo menos falta cada día; pero nunca habrá de sobrar su recuerdo. No hay por qué enderezarlas especialmente a la Marina. Lo mismo son aplicables al Ejército de Tierra. Igualmente hay que dedicarlas a las organizaciones de la retaguardia. Pero, además, es que tienen un sentido tan humana que no sólo son aplicables a la guerra sino a la paz, y a todos los lugares y a todos los tiempos.

Allí donde haya que hacer un trabajo en que intervenga más de una persona, allí tendrá que haber una ordenada distribución de funciones y una subordinación a una dirección técnica, que es una autoridad. No hacerlo así sería renunciar al progreso industrial y hasta determinar un retroceso renunciando a las maravillas técnico industriales obtenidas por el trabajo bajo la disciplina burguesa. Y un revolucionarismo que se fundara en esto sería un contrasentido. No, la revolución ha de hacer más perfecta, más intensa y más asequible la producción de los elementos de eficacia y de bienestar. Y como para ello hace falta disciplina, la disciplina ha de ser una virtud revolucionaria.

Lo que pasa es que por dignidad humana y por garantía social, a la disciplina hay que darle un alto
sentido de justicia haciendo que quienes la dirijan no lo hagan por una prerrogativa de casta sino que las funciones directoras se confieran a los más capaces para ello, y no tanto como un premio como por garantía de eficacia. Y ese será uno de los fundamentos principales de una sociedad más justa en la cual la cultura no sea un privilegio de clase y en la cual la disciplina, no estando al servicio de los negocios de una clase social, no humillará a nadie.

Si para toda labor colectiva hace falta disciplina, ¡cuánta falta hará para esta empresa tan enormemente colectiva que es la guerra! Y se hace más necesaria una enérgica voluntad de cumplirla si se consideran las consecuencias trágicas e irreparables a que pudieran conducirnos los defectos que en ella hubiéramos de tener. Si la disciplina es la evidente condición de la victoria, hay que cumplirla firmemente, dejando para después - y dentro de ella - la discusión de las disconformidades, si alguna tenemos. Nos lo demanda un inmediato deber social y una trascendental determinación histórica.

Y yo que en mi contacto con los marinos estoy cada día más convencido del entusiasmo legítimamente llevado con que un día izarán la bandera del triunfo, les digo: Camaradas: capacitaos más cada día y sed eficaces. ¡Pítad bien y a tiempo!


Gabriel Pradal

Comisario Político del
Acorazado “Jaime I”


Imagen: contactprod.com




(1) Extractado de Gabriel Pradal Gómez. Autor: Francisco Arias Solís. Diario SUR (7 marzo 2010)

Enlace de interés: Biografía de Gabriel Pradal



Benito Sacaluga.





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