miércoles, 9 de noviembre de 2016

MALLORCA BAJO EL YUGO FASCISTA DEL CONDE ROSSI






Arconovaldo Bonaccorsi
(1) La historia de la masacre de Paracuellos del Jarama, donde se le atribuyen a Santiago Carrillo y a los comunistas del 36 tantas responsabilidades y culpas, se produjo también aquí en Baleares, en proporciones idénticas (allí hubo más muertos, porque había más vivos), y uno de sus principales culpables, aunque la Historia no lo ha resaltado así por razones obvias (otro gallo cantaría, si, en lugar de ganar hubiesen perdido la guerra), fue Arconovaldo Bonaccorsi, el "conde Rossi", cabeza visible y capataz de la represión y de la muerte, de los dos mil muertos sin causa y sin delito en estas islas de la calma y del buen sol. Convengamos, pues, en que también tuvimos aquí nuestro "Paracuellos" o símbolo de la injusticia y de la gran masacre, si  bien su signo no fue marxista, sino fascista de pura cepa. Rossi alentó con sus discursos y con sus actos cotidianos, durante seis meses de absurdo, tiempo que duró su presencia en Mallorca, hasta que el propio Franco se lo quitó de encima, porque le vió las intenciones a Mussolini, que no eran otras que las de hacerse con el dominio del Mediterráneo, apoderándose de estas islas -éste es un capítulo que conviene estudiar aparte y con mayor investigación- a cambio de la ayuda prestada, y, como iba diciendo, Rossi fue el capitán de la represión y de la mortalidad que aquí se produjo, cuando ya no era ni justificable ni necesario matar a nadie, puesto que la guerra había terminado en Manacor, con la huida del capitán Bayo y de las fuerzas republicanas y constitucionales, el 4 de septiembre de 1936, apenas dos semanas después de la llegada de Rossi a Mallorca, enviado por Mussolini, según su propia versión.

Sus propios adictos, los escritores y publicistas del fascio local, han llegado a decir del "conde Rossi" que fue "un general de opereta", un fanfarrón de gran fuste, un cantamañanas muy singular que, sin negarle un incuestionable carisma o una indiscutible temeridad embaucadora, condujo a los más jóvenes y exaltados de aquel momento hacia unas acciones que, a pesar de los cincuenta años transcurridos, todavía les pesan en la conciencia y, por eso, cuando ahora nos acercamos a ellos -y quedan todavía diez o doce supervivientes entre nosotros- se nos cierran en banda y nos dicen que es mejor "no hablar" de todo aquello. Me refiero a los "Dragones de la Muerte", fundación exclusiva y personal de Rossi, integrada por cincuenta mozos falangistas, en su mayoría estudiantes, que fueron pelados al cero, empuñaron las armas y se fueron a jugar a la guerra, cuando ya no había guerra en Mallorca, sino víctimas apabulladas,  bajo la consigna de cada día. que era aquella que Rossi predicaba a grido pelado: "¡Exterminio de rojos! Fucilati súbito!

Mi paisano y amigo Bartolomé Mestre, el psiquiatra, que viajó a Ibiza con el conde Rossi y con el marqués de Zayas, suele contar que, cuando le presentaron al fascista italiano, en una velada del Teatro Principal, y tuvo que estrecharle la mano, se fue inmediatamente a lavarse las manos. Igual que Mestre, hay otros que aseguran que Rossi fue un individuo bastante repulsivo, por la gran dosis de vanidad y prepotencia con que se mostraba en público. Francesc Aguiló, el padre de Betlem Aguiló, tiene en proyecto la publicación de una novela que titula algo así como el olor de los correajes del conde Rossi, porque el olor a cuero de sus vestimentas paramilitares fue lo que más le impresionó, el día en que lo vio por primera vez, en Establiments, hace ya medio siglo. Rossi encargó que le hiciesen un sello de goma que rezaba así "General Aldo Rossi", pero Arconovaldo Bonaccorsi, según observadores competentes no era ni conde, ni Rossi, ni general de ningún ejército. Era una audaz aventurero, un hombre al que le gustaba mucho "vivir peligrosamente", tal y como se lo manifiestó a Zayas en su carta de despedida, publicada en los periódicos de diciembre de 1936.

Peligrosamente no vivió en Mallorca, porque no hubo nadie, ni entre las autoridades ni entre el pueblo que le aclamaba o le padecía, que le parase los pies. La única persona que le puso a caldo fue una mujer que tenía un burdel y le suministraba un par de putas cada noche. Esta mujer, cuyo nombre quiero mantener oculto por razones de pura honestidad profesional, vive todavía y tiene un altar n su casa con todos los "santos" de su devoción particular, entre los que no falta, claro es, el "conde Rossi", retratado al óleo por un mal pintor devoto de su persona. Me cuenta esta vieja puta mallorquina, hoy señora muy respetable y longeva que Rossi era un "pichacorta" y un "llorón". El dato no puede presentarse como científico e histórico, puesto que nadie podra comprobar las dimensiones genitales del difunto, ni testificar por qué lloriqueaba, cada vez que se acostaba y fornicaba con las muchachas que le mandaba la referida patrona del burdel. Lo cierto es que, como los fascistas siempre han presumido de "machos", mezclando los pecados de la carne con los autobombos de su acendrada catolicidad, Rossi no podía ser menos y de ahí le viene su fama de solemne putero, fama que nos describe con pluma airada y puritana el francés Bernanos, el cual, amén de prestigioso escritor católico, fue también un solemne meapilas con su moralina constante.

Las crónicas de la época y los libros y artículos posteriores nunca dejan de referirse, cuando hablan del "conde Rossi" a su "legión de la muerte", o, mejor dicho, a sus "dragones de la muerte". Hace años ya que me interesó la investigación de este capítulo en la vida del "conde Rossi" y creo, modestia aparte, que soy el primero en dar algunos datos concretos sobre aquello que nunca pasó de ser un enunciado y una pura vaguedad en los escritos: los dragones de la muerte.

He aquí los primeros datos inéditos, testimonio vivo de los que fueron, en realidad, los miembros de aquel comando de ataque y muerte.

Los dragones de la muerte

En la fotografía que siempre se usa aparecen 52 cabezas rapadas. Son los 52 dragones de marras. Todos ellos fueron reclutados por el "conde Rossi", con el fin de reforzar, como fuerzas de vanguardia, a los combatientes nacionales del frente de Manacor. Son tantas las referencias fidedignas que poseemos con respecto a los actos de preparación y entrenamiento que efectuó Rossi con sus "dragones" que, dada la brevedad de tiempo que medió entre su fundación y el final de los combates, nos confirma la verdad histórica de lo que ellos mismos testifican, ahora: "que llegaron al frente, cuando todo había terminado y que a su jefe, el "conde" apenas si le vieron un par de veces y no precisamente en la primera línea de fuego, sino en alguna de sus arengas matutinas, en Palma, o cuando se dedicaba a recibir ramos de flores y a besar a los niños y niñas disfrazados de falangistas. Ni un sólo testimonio acerca de su valor en pleno combate. Todos dicen lo mismo: a la hora de luchar o morir, él estaba con alguna mallorquina que se dejaba querer o que le invitaba a comer o a cenar y que, encima le regalaba su cadenita de oro, como recuerdo.

La edad de los dragones, cuando estuvieron con Rossi, oscilaba entre los 18 y los 20 años. Se les agregó algún veterano. Constituían, como centuria combatiente, una unidad más del Ejército. El tiempo que pasaban al servicio de Falange les contaba como tiempo militar real. Niegan rotundamente la leyenda que les atribuye "seis mil muertes" y cientos y cientos de violaciones. Dicen que "apenas tuvimos tiempo para sobrevivir y no nos quedó ni un minuto, durante aquellas fechas, para mirar a las chichas".



"El conde Rossi era un fantasmón. Sólo se relacionaba con el alto mando y con el obispo, pero nunca con nosotros", testifica uno de los "dragones de la muerte". Y nos asegura también que lo de saltar seis sillas en batería, como prueba de selección física para formar parte de los "dragones", es una pura mentira que se inventó el P. Andrés de Palma. "Rossi era un cagado, pura boquilla .. y nada más", termina nuestro interlocutor.

Puestos en contacto con el hijo del "conde Rossi", el abogado Galeazzo Bonaccorsi, que vive en Bolonia, trataremos de dar, en un próximo libro, una visión más completa del hombre que capitaneó la represión en Baleares, en el 36, que dejó aquí a grandes amigos y a infinitos enemigos, que tenían que bajar la mirada, cada vez que pasaban por las calles y plazas que Mallorca dedicó al "conde Rossi", en todas sus ciudades y pueblos. Valga, por hoy, este boceto puntual, para el "retrato de un fascista"-





(1) Extractado de "El conde Rossi (retrato de un fascista)" Memoria Civil, núm. 36, Baleares, 7 septiembre 1986. Autor: Joan Pla






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