lunes, 25 de marzo de 2019

EL VAPOR ESPAÑOL "PELAYO"




Imagen:B.D.H.
Según "Buques españoles desaparecidos sin rastro", (Manuel Rodriguez Aguilar - Almena Ediciones. 2013),  el vapor "Pelayo" fue construido en los astilleros británicos Willian Hamilton & Co.(Glasgow). Su casco era de acero,  eslora de 72,65 m., 10,80 m. de manga y 6,5 m. de puntal. Su registro bruto era de 1.641 toneladas, el neto de 1.003 tons., con un Peso Muerto de 2.200 tons. El equipo propulsor era de David Rowan and Co., empresa fundada en Glasglow en 1865, dedicada a la fabricación de motores marinos, quebrada en 1961 y adquirida en esa fecha por Fairfield Shipbuilding and Engineering Co.

El 17 de noviembre de 1915 el "Pelayo" partió de Newcastle cargado de carbón con destino a la Fábrica de Gas de Barcelona, según se comenta con más carga de la permitida por las características del barco. Capitaneaba el buque Francisco Franco Bugallo formando parte de una dotación de 24 marinos, entre ellos como primer oficial José Abriat, como segundo Gregorio Ferré; José Pastor Carrera, Eduardo Vila y José Silleiro embarcaron como primer, segundo y tercer maquinistas; el contramaestre era José San Miguel. El "Pelayo" nunca llegó a su destino. Las causas de su desaparición están aún hoy sin aclarar debidamente, existiendo varias versiones sobre su hundimiento.

Entre las causas del hundimiento se habla de un notable exceso de carga, la explosión de una mina o el torpedo de un submarino alemán, tengamos en cuenta que la ruta del "Pelayo" exigía el paso por zona de guerra en su trayecto desde Newcastle - Mar del Norte - Canal de la Mancha - Barcelona. Lo cierto es que la compañía aseguradora fue condenada a pagar las indemnizaciones pertinentes estimando que el hundimiento del "Pelayo" se debió al mal tiempo.

En noviembre de 1918, la revista "Navegación", en su número 2, publica un artículo sobre el "Pelayo", en el que pone de manifiesto el olvido y falta de reconocimiento que los marinos mercantes vienen sufriendo desde siempre, además de la existencia de un comunicado de la embajada alemana en Madrid a la familia de uno de los tripulantes del "Pelayo". 

El naufragio sin apoteosis


El vapor español “Pelayo” de la Compañía Marítima de Barcelona, salió el día 15 de noviembre de 1915 de Newcastle, con carbón para Barcelona. y no se volvió a saber nada más de él. 

Dicho buque, no fue visto por ningún buque patrulla de la costa oriental inglesa ni del Canal de la Mancha; además, su paso no fue registrado por el “Examination Service” de la boca del Támesis, ni tomó el práctico en Harwich; todo lo cual hace creer lo que sentenció el Board of Trade, y es que dicho buque debió perderse en la costa inglesa del Mar del Norte.

No obstante, nosotros sabemos que, posteriormente, la embajada alemana en Madrid envió un comunicado a la familia de uno de los oficiales del “Pelayo”, diciendo que dicho buque había sido torpedeado por un submarino alemán, por estar en la lista negra alemana, a la altura de Ouessant y que la tripulación había sido puesta a salvo. La dirección de la revista "Navegación" cree que es un deber de patriotismo y humanidad saber si el comunicado alemán era cierto o una medida de terror. Ahora, que se cumple el tercer aniversario de la desaparición del “Pelayo”, "Navegación" tributa un homenaje a los heroicos marinos que en él perecieron, y reproduce un artículo que en aquella fecha se publicó. 

En la página de honor de una revista de cosas de mar y de marinos encontramos como un gran lamento. En el centro, un buque que corta las aguas valerosamente. Y una orla negra que encierra la página. Y unas palabras briosas, valientes y doloridas. Las palabras dicen: ¡Acordaos del Pelayo¡

Y dicen Pelayo como si nombrasen a un amigo, a un hermano, a un padre. Y el lamento evoca en nosotros la tragedia del buque que ha muerto sin apoteosis. Érase el “Pelayo” un pobrecito barco mercante español. El juguete que en el puerto descansa los domingos, para que las gentes vayan a contemplarlo, comiendo avellanas, sin pensar en los hombres de hierro que viven en sus entrañas, sin averiguar quiénes son esos hombres, qué hacen esos hombres, si tienen amores esos hombres...

Y el “Pelayo”, como sus hermanos, los olvidados buques mercantes de España, iba de un puerto a otro, y su proa valerosa sabía de todas las nieblas, de todos los peligros, de todos los sobresaltos. Tienen los buques mercantes de España una tristeza melancólica. Parecen criados, esclavos olvidados de un gran señor. El gran señor es el comercio, la ciudad, el negocio. Los barquitos mercantes son los buenos servidores que se esfuerzan en agradar al amo. Y nadie sabe su nombre. ¿Qué español sabe el nombre de un buque mercante...? ¡Un buque mercante!—dice el pobrecillo español. Y sonríe como ante el apeadero, la pequeña estación que el exprés terrestre desprecia en su ansia de kilómetros. Y desprecia la riqueza, el pobrecito español. Porque la riqueza nacional son esos barquitos cuyo nombre ignora. Que llevan la bandera de España a las regiones donde no se habla el español, donde no hay ni cónsules, ni embajadas, donde se ignora nuestro nombre...

Y es que el barquito mercante es esclavo, siervo, humilde. Vedle, llega a nuestro puerto. Y dice el amo... «Ven, que yo soy un trozo de mundo que me acerco a ti. Toma estas mercaderías de tierras lejanas. Toma harina, pan, carbón, medicamentos...Vive tranquilo hombre de tierra... Duerme al sol como los lagartos de tu estepa solitaria... Cruza los brazos y admira el maravilloso despertar y el maravilloso atardecer... No rotures tus campos... No alces chimeneas... Deja que duerma tu magín en la modorra milenaria.. Duerme, que yo te velo... Duerme, que soy su esclavo y sé que tú eres mi señor... Nada ha de faltarte; que yo sabré dirigir mi proa hacia esos mercados que tú no conoces, para que no fe falten las mercaderías que tú necesitas... Duerme, hombre de tierra, que yo marcho, que yo corro, que yo vuelo... Duerme...»

Y a veces sucumbe el barquito español. El barquito mercante que nadie sabe su nombre... Como que no es un transatlántico y en él no viajan ni tiples, ni toreros, nada dice la prensa de España. El barco desaparece calladamente, sin apoteosis, sin largas columnas en los rotativos. Como no lleva toreros, tiples, ni ministros en su panza, no se organiza en beneficio de las víctimas una subscripción. Es como si los barcos mercantes fuesen tripulados por hijos del Hospicio...

Por ellos no recorre las calles una charanga carnavalesca con acompañamiento de banderas, escolares y gentes benéficas que lucen su trapío por las avenidas en fiesta. El barco mercante no merece nada. Nadie sabe cuando liega, nadie sabe cuando sale. Nadie sabe su ruta. Su ruta es un telegrama del amo: «Necesito esto, lo otro... Ves allá... Corre...Vuelve.» Y el barquito vira obediente...

Pero alguien hay en tierra que se acuerda de los hombres de hierro que van en los barquitos mercantes. Son las mujeres que bebieron amor en los labios de los hombres de los barquitos de hierro. Son los chicuelos que zampan el pan que el padre gana a bordo del barquito esclavo. Y en las familias reina la inquietud. Y un día es el correo que parece llegar retrasado. Pero pasan días, y días, y días... Y aumenta la ansiedad. Y un día van las doloridas a la casa naviera:
- ¿No saben nada?
- ¡Nada!...
Y elevan los ojos al cielo. Y ante una imagen del salón encienden cirios bendecidos. Y unas lágrimas calladas asoman a los ojos. Al fin, un día, un periódico dice, allá al final de una página: “Se asegura que el buque mercante Tal se fue a pique hace dos meses..,”
Y hasta el pobrecito buque tiene en ello desgracia. Su nombre no lo sabe el periodista... Y lo equivoca... Y no hay sobre él ni un lamento, ni una oración...

Para los hombres de hierro que en los barquitos mercantes sucumben, un recuerdo. Para las pobres enlutadas, que llevan luto en el traje y el corazón, una mano que ayude, no limosna que humille, premio que honre, galardón que anime, nobleza que eleve el re cuerdo a los altares de los héroes.

Amichatis

Revista “Navegación” 25 noviembre 1918. Nº2.
Biblioteca Digital Hispánica. 



Benito Sacaluga.




Fuentes consultadas:

  • Biblioteca Nacional
  • "Buques españoles desaparecidos sin rastro", (Manuel Rodriguez Aguilar - Editorial Almena Ediciones. 2013)
  • Foro Todo Avante.






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