jueves, 29 de agosto de 2013

LA BATALLA DE CARTAGENA DE INDIAS

Ahora que el tema del Peñón de Gibraltar vuelve a estar de actualidad, no viene mal recordar, aunque sea de forma informal y poco didáctica, la derrota más importante que sufrió la Marina Inglesa en su historia y que esta  fue precisamente contra el Imperio español en 1741, en la batalla de Cartagena de Indias, durante el transcurso de la popularmente denominada Guerra de la Oreja de Jenkins. Una hazaña española que a pesar de su enorme importancia ha estado y está poco difundida


Fragata  San Felipe
Durante el primer tercio del siglo XVIII el contrabando procedente de las posesiones españolas en América con destino a Inglaterra estaba en su punto álgido. Corsarios ingleses y españoles vivian un permanente enfrentamiento en las agua del Mar Caribe. Inglaterra tenia como objetivo poner pie en las posesiones españolas de ultramar y mientras tanto lo conseguían no estaban dispuestos aceptar las condiciones españolas ni los acuerdos comerciales para el tráfico mercante desde América. España abortaba con rapidez cualquier intento de ocupación inglesa de sus territorios, pero el contrabando era un problema cada vez más acuciante para las arcas españolas, problema al que había que añadir las capturas de barcos mercantes españoles por parte de los corsarios ingleses. Los incidentes entre las dos naciones eran constantes aunque siempre con balance favorable a los españoles. Un escenario tan conflictivo no tardaría en desembocar en un enfrentamiento serio, un enfrentamiento por cierto muy deseado por los ingleses para poder dar por cumplida su ambición de dominio sobre el Virreinato de Nueva Granada, principal productor de oro e integrado por lo que hoy son Colombia, Ecuador, Panamá, Venezuela, además de vastas regiones de Perú, Brasil, Costa Rica y Nicaragua, prácticamente todo el tercio norte de América del Sur.

En uno de los enfrentamientos se dieron circunstancias pintorescas para que Inglaterra justificase la deseada guerra con España. En 1738 en las aguas de la península de Florida, el guardacostas español Isabela tuvo la ocasión de apresar a Robert Jenkins, un capitán contrabandista británico. Julio León Fandiño, capitán del guardacostas español, en un alarde de "españolismo" le cortó a Jenkins una oreja, con la oreja en el suelo León Fandiño le dice al contrabandista ingles: "Ve y dile a tu rey que lo mismo le haré si a lo mismo se atreve". El contrabandista viendo que salvaba la vida a cambio de una oreja, la recogió, la guardó en un frasco con alcohol de alumbrado y puso rumbo a Inglaterra. 

El semidesorejado Jenkins a su llegada a Inglaterra poco tardó en personarse en el Parlamento con la oreja en el frasco y en la memoria la amenaza del capitán español a su rey. A los británicos les vino la oreja de Jenkins y la amenaza al rey Jorge II como anillo al dedo en su afán de enfrentamiento con España.

Un mes más tarde de la comparecencia del semidesorejado Jenkins en el Parlamento, una flota de seis buques ingleses al mando del almirante Edward Vernon ocupa la desguarnecida plaza de Portobelo, en Panamá. Tras esta fácil conquista la Armada británica y el Parlamento consideran oportuno lanzar el ataque contra la ciudad española más importante del Caribe, Cartagena de Indias, la actual Colombia.

Para ello el almirante Vernon reúne una la flota más grande conocida desde el inicio de los tiempos y solo superada hasta hoy por la que doscientos años después durante la IIGM participó en el desembarco de Normandía. En total 186 navíos con más de 2.000 cañones y casi 30.000 hombres, procediendo a fondear en las costas de Cartagena el 13 de marzo de 1741. Inmediatamente comienza a bombardear las fortalezas donde están emplazadas las baterías costeras españolas ininterrumpidamente día y noche durante dos largas semanas y finalmente sus barcos entran en la bahía mientras las fuerzas españolas que quedan con vida se refugian en la fortaleza de San Felipe de Barajas. Para el almirante inglés ya estaba todo hecho, hasta llegó a enviar un correo a Inglaterra comunicando la victoria absoluta. Se equivocaba.

Al frente de la defensa de Cartagena de Indias estaba un marino español y ese marino, además de español y para desgracia de Vernon era ni más ni menos que el vasco Blas de Lezo, que a pesar de que inicialmente contaba escasamente con 3.500 hombres y una pequeña flota de seis barcos: el Galicia, el San Carlos, el San Felipe, el África, el Dragón y el Conquistador, le amargó al ingles su pretendida victoria.

Vernón ordenó el bombardeo del castillo de San Felipe donde se habían refugiado para resistir los 600 soldados españoles que quedaban vivos y Blas de Lezo, que no ceden ni un ápice. Los ingleses intentan rodear el castillo y atacar por su retaguardia para lo cual necesitan adentrarse en la selva donde cientos de ingleses enferman a causa de la malaria. Los que consiguen llegar a las puertas de la fortaleza, perfectamente pertrechados, se ven detenidos por los hombres de Lezo, solo armados con sables, espadas y lanzas. Más de 1.500 soldados ingleses mueren en las puertas de la fortaleza a manos de los españoles.


Cuantas veces atacaron la fortaleza fueron rechazados. De nada le sirvió al almirante ingles construir escalas para superar los muros del castillo, Blas de Lezo ya había tenido tiempo para construir fosos alrededor de toda la muralla y las escalas resultaron cortas. Mientras que los ingleses comprobaban en su ataque la inutilidad de su estrategia, los españoles les frieron a tiros desde los alto y hasta que los pocos que quedaron huyeron como alma que lleva el diablo perseguidos por los españoles, muy empeñados en rematar la faena.

Con todos los ingleses ya de nuevo en sus barcos y a salvo de los soldados españoles, Vernon siguió bombardeando Cartagena por espacio de un mes, hasta que se quedó sin provisiones. Ni el mismo se creía la humillante derrota que acabada de sufrir. Cuando finalmente puso rumbo a la colonia inglesa de Jamaica lo hacia con cinco naves menos, ya que al no tener suficiente tripulación las prendió fuego en la bahía de Cartagena. Tardaron poco en llegar a Jamaica, más que a causa de los vientos favorables gracias a que en los barcos no viajaban los cerca de 1.500 cañones que reventaron en Cartagena de tantos tiros que pegaron. También en su barcos viajaban 20.000 hombres disponibles menos entre muertos, heridos y enfermos. De nota lo de Vernon. Cuentan las malas lenguas que cuando Vernon volvió a navegar por esas aguas modificaba la ruta habitual para no tener que pasar cerca de Cartagena de Indias.

Mientras que Vernon era derrotado por los españoles, en Inglaterra nada más recibir el apresurado correo comunicando la irreal victoria la alegría era desbordante, hasta se acuñaron monedas conmemorativas con Blas de Lezo arrodillado ante Vernon. Cuando finalmente se supo lo sucedido era tal la vergüenza de Jorge II que prohibió que la derrota se divulgase.



Gracias a Blas de Lezo y a los 600 españoles que combatieron a su lado contra 30.000 soldados ingleses, el imperio español en Ámerica pudo prolongarse otros setenta años más sin prácticamente ningún problema.

Quien sabe lo que hubiera pasado en Trafalgar si la flota francesa se hubiera reconvertido meses antes en esplendidos bateaux mouches del Sena y Napoleón hubiera nombrado a Villeneuve jefe de la flota turística de Paris. Quizás si en Trafalgar hubiera habido solo barcos y marinos españoles el resultado habría sido muy diferente. Quizás Nelsón habría corrido suerte parecida a la de Vernon.



Enlace recomendado: http://www.labatalladecartagenadeindias.com/




miércoles, 28 de agosto de 2013

FRANCO, TRATANTE DE ESCLAVOS

La esclavitud, es una forma particular de relaciones de producción. 
La esclavitud fue internacionalmente prohibida en 1926 y su práctica está considerada desde entonces como un crimen contra la humanidad. 

Desde la muerte del dictador se han venido haciendo públicas las actuaciones represivas que, primero el ejército golpista durante la guerra y posteriormente el régimen franquista, condujeron a la muerte de cientos de miles de españoles, aún hoy en día y según datos del gobierno se desconoce el paradero de más de 30.000 personas.

Sin embargo no se ha tratado con la magnitud que el caso requiere la explotación que el régimen llevó a cabo con cientos de miles de prisioneros republicanos, que sin lugar a dudas reúne todos los ingredientes necesarios para ser calificada formalmente de esclavitud. Una explotación del hombre que en la historia moderna solo encuentra reflejo en la llevada a cabo por el régimen nazi. En Alemania y Austria hace tiempo que se denunció ante la opinión pública la maquinaria que procuró la esclavitud de miles de trabajadores al servicio del estado. En España, tanto los medios de comunicación como los textos educativos vienen pasando de largo sobre la infernal situación de esclavitud a que Franco sometió a sus prisioneros, tanto militares, participantes directos en la guerra, como a civiles partidarios de la República más o menos significados, desde abril de 1931, e incluso sobre aquellos que estaban presos esperando juicio.

Un régimen esclavista en el que tanto en su diseño como en su puesta en práctica y desarrollo, la Iglesia Católica desempeñó un papel muy significado.
"Ya a finales de 1938, a la vista de los favorables pronósticos de victoria y a la ingente cantidad de presos que se preveía, se creó el Patronato de Redención de Penas por el Trabajo, en principio para los presos políticos y militares y que en 1944 también comenzó a aplicarse a presos por delitos comunes. 
Máximo Cuervo Radigales, primer director general de prisiones en el inicio de las posguerra y el Padre Pérez del Pulgar, hacen posible su desarrollo y a la cabeza del ministerio de Justicia, Esteban Bilbao, un carlista, para dar confianza sobre la confesionalidad del aparato."(1)
También, como no, los empresarios vinculados al régimen se beneficiaron de esta esclavitud:
"Económicamente se trataba de utilizar esa masa de un cuarto de millon de encarcelados en la inmediata posguerra para la realización de obras de infraestructura estatales pero donde también estuviera presente la empresa privada, para darle un bocado a la tarta carcelaria. Empresas privadas muy conocidas construyen su enorme fortuna con el sudor de los presos. Grandes complejos siderometalúrgicos  empresas inmobiliarias o mineras, entre otras muy variopintas." (1)
"Los prisioneros de Franco, privados, ademas de su libertad, de los más elementales derechos civiles, despojados de sus pertenencias y propiedades, hacinados en recintos inmundos, arrancados de su tierra y sus familias, sucios y hambrientos, condenados a penas por delitos imposibles en la mayoría de los casos, sin imputación alguna en otros, muchos de los cientos de miles de prisioneros de guerra republicanos fueron reducidos tras la guerra a la esclavitud, esto es, a la explotación de su fuerza laboral en beneficio de los vencedores, ora del Nuevo Estado, de las empresas privadas afectas o de la Iglesia, siendo esta la que organizaría ideológicamente ese sistema de explotación que, abarcando todas las modalidades de trabajos forzados, recibiría el nombre de Redención de Penas por el Trabajo, y que le permitiría ir ocupando áreas de influencia y de poder en el régimen de Franco." (2)
Para evitar que la aplicación de las leyes represoras franquistas, pudieran afectar a los afectos al régimen por coincidencia de tipificación de los delitos, Franco expide y firma lo que puede considerarse como la impunidad criminal para todos sus seguidores militares o civiles desde la proclamación de la República en 1931 y hasta el inicio de la guerra en 1936, decreto que también viene a significar el indulto a los encausados por actividades antirepublicanas en el mismo periodo:
Decreto Ley de 23 de septiembre de 1939

Se entenderán no delictivos los hechos que hubiesen sido objeto de procedimiento criminal por haberse calificado como constitutivos de cualesquiera de los delitos contra la Constitución, contra el orden público, infracción de leyes de tenencia de armas y explosivos, homicidios, lesiones, daños, amenazas y coacciones y de cuantos con los mismos guarden conexión, ejecutados desde el 14 de abril de 1931 hasta el 18 de julio de 1936, por personas de las que conste de modo cierto su ideología con el Movimiento Nacional y siempre que aquellos hechos por su motivación político-social pudieran estimarse como protesta contra el sentido antipatriótico de las organizaciones y gobierno que por su conducta justificaron el Alzamiento.
El régimen utilizaba principalmente dos leyes para que sus campos de esclavos estuviesen siempre rebosantes, una la Ley de Represión de la Masonería y el Comunismo y otra aún más demoledora: la Ley de Responsabilidades Políticas, cuyos texto eran de aplicación con carácter retroactivo al año 1934.

En el preámbulo de la Ley de Responsabilidades Políticas se justifica su necesidad, existencia y finalidad:
"Es necesario liquidar las culpas contraídas por quienes contribuyeron con actos u omisiones graves a forjar la subversión roja, a mantenerla viva durante más de dos años y a entorpecer el triunfo, providencial e históricamente ineludible, del Movimiento Nacional"
Detallo a continuación la relación de delitos calificados como graves por la citada ley:

  • Haber sido condenado por la autoridad militar
  • Haber desempeñado cargos directivos en partidos u organizaciones puestas fuera de la ley o haber ostentado la representación de los mismos en las instituciones.
  • Pertenecer como afiliado a los partidos ilegalizados
  • Ser nombrado para cargo público por el Gobierno del Frente Popular
  • Haber convocado las elecciones de 1936, formar parte del Gobierno, ser candidato, apoderado o interventor de alguno de los partidos del Frente Popular
  • Ser diputado en las Cortes de 1936 por partidos del Frente Popular
  • Ser masón
  • Formar parte de los Tribunales Populares
  • Excitar a cometer cualquiera de los actos anteriores en los medios de comunicación.
  • Fomentar la situación anárquica en que se encontraba España y que ha hecho indispensable el Movimiento Nacional
  • Oponerse de manera activa al Alzamiento
  • Permanecer, tras el 18 de julio de 1936, en el extranjero más de dos meses sin justificar su estancia y no regresar a España.
  • Cambiar la nacionalidad española por la extranjera
  • Aceptar misiones del Gobierno en el extranjero
  • Ser directivos de empresas que ayudaran económicamente al Frente Popular.
Muchos de los presos esclavizados fueron finalmente ejecutados, otros murieron a causa de las enfermedades contraídas, del agotamiento o de las prácticas que al igual que en los campos de exterminio nazis se practicaban por esas fechas. El irrepetible humorista Miguel Gila estuvo "alojado" en el Campo de Prisioneros de Valsequillo y relató lo siguiente:
"Llegó un teniente de Infantería acompañado de dos oficiales alemanes y un médico también alemán. Querían probar, nos dijeron, una vacuna contra el tifus y pidieron voluntarios para la prueba, con la promesa de darnos doble ración de comida. Con aquel temperamento mío de entonces no lo dudé un momento, fui el primero en dar un paso al frente, conmigo algunos más. Nos pusieron una inyección en el vientre, una aguja curva que parecía un gancho de los que usan en las pollerías para colgar los pollos, tal como nos habían prometido nos dieron pan y comida abundante, que compartí con algunos de mis compañeros, con los más débiles, Los oficiales y el médico alemán dejaron pasar unas horas para ver que efecto causaba la inyección, La cosa no fue grave, unos cuantos pequeños granos en la piel que picaban endemoniadamente, tal vez algo de fiebre y nada más".(2)
La alimentación de los esclavos era escasisima, lo justo para no desfallecer, como ejemplo la ración diaria de Valsequillo consistía en una onza de chocolate, dos sardinas en aceite y dos higos secos. eso es lo que recibían por once horas de trabajo con pico y pala.

El benevolente y salvador Caudillo, católico ferviente y elegido por la providencia para la salvación de España, no podía ser ajeno a las necesidades de estos dóciles esclavos y a las de su familias. Haciendo gala de una generosidad solo comparable con su amor a Cristo, ordenó que a sus prisioneros se les pagase por los trabajos que realizaban, la Iglesia se deshizo en alabanzas hacia su magnanimidad para con los rojos infieles. Así cada trabajador forzado recibía la cantidad de dos pesetas diarias, de las que 1,50 le eran descontadas para su manutención, entregándosele los 50 céntimos diarios restantes al terminar la semana. En caso de estar casado por la Iglesia la esposa recibía dos pesetas más, y por cada hijo menor de quince años que viviera con la madre, y siempre que estuviera bautizado, otra peseta. El salario normal de la época rondaba las 14 pesetas diarias.

Pero ni el régimen se conformaba con esta esclavitud para cubrir sus necesidades, ni la Iglesia para la reconstrucción de sus templos y la construcciones de millones de cruces, símbolos religiosos y lápidas conmemorativas que pasaron a formar parte de todas las iglesias españolas. Los esclavos representaban una fuente de ingresos importante al ser cedida a los empresarios y obteniendo un jugoso beneficio económico por ello. Así, el Articulo 6º del decreto fundacional de la redención de Penas establecía el reparto del botín:
"Se entenderán perfectamente las peticiones de obreros reclusos para obras del Estado, de las Diputaciones y los Ayuntamientos. Los patronos de obras particulares en las que trabajen reclusos pagarán a la Jefatura del Servicio Nacional de Prisiones el salario integro que según las bases de trabajo que rijan en la localidad correspondería pagar a los trabajadores reclusos si se tratase de obreros libres, y este Organismo, después de abonar el subsidio a quien diere lugar, en su caso a las familias de los trabajadores reclusos hasta el limite establecido, ingresará el remanente en la Hacienda a beneficio del Estado."(2)
Según lo anterior una media de 10 pesetas al día por cada preso iba a parar a las arcas franquistas. Esta cantidad diaria multiplicada por los cientos de miles de presos que estaban esclavizados resultaba una suma de dinero extraordinaria, aún cuando no todos trabajasen para los empresarios. La práctica totalidad de los empresarios amasaron enormes fortunas, muchos de ellos aún hoy tienen colgados sus logotipos en los principales edificios de las ciudades más importantes de España.

Son innumerables las obras en las que intervinieron los esclavos de Franco, pero ninguna tan ofensiva, costosa e inútil como el Valle de los Caídos. En su construcción intervinieron 20.000 presos españoles durante los 20 años que duró su construcción. El proyecto suponía más de 1.086 millones de pesetas, una cifra astronómica para aquellos tiempos. Según afirmó Diego Mendez, su arquitecto:
"El arrasamiento de la nación y la guerra mundial no favorecen la empresa, de gran envergadura, que se inicia en una serranía sin núcleo de población" (2)
Pero claro, uno de los problemas que podían presentarse para su ejecución estaba resuelto de antemano: la mano de obra podía extraerse, abundante y barata, de las cárceles. 

Las empresas San Román (filial de Agromán), Molán y Banús, las tres más importantes de las 65 que intervinieron en la construcción, iban a beneficiarse de esa masa productiva esclava durante el primer decenio de ejecución de las obras. Además estas empresas incumplían lo establecido y pagaban sueldos muy bajos, entre la mitad y un tercio inferiores al de los obreros libres, en torno a las diez pesetas por penado y día, quedándose el Estado con el grueso de esa cantidad, 9,50 pesetas en el caso de presos solteros.(2)

Ningún gobierno español habido en España, desde la muerte del dictador y hasta hoy, ha resuelto la afrenta que para muchos españoles significa la existencia del Valle de los Caídos, que en realidad solo es un monumento erigido por y para Franco y en cuya construcción se vulneró la relación completa de los derechos humanos.

Benito Sacaluga




Fuente: Los Esclavos de Franco. Autor: Rafael Torres. Ediciones Anaya. ISBN: 84-207-4391-7
(1) Prólogó del libro por Mirta Nuñez Díaz-Balart
(2) Los Esclavos de Franco, transcripción literal.

martes, 27 de agosto de 2013

¿NACIONALISTAS O GOLPISTAS?

Autor: Vicenç Navarro (*)

Ha sido práctica común en la historiografía dominante en España, tanto en la época dictatorial como en el periodo democrático, referirse a la Guerra Civil como un conflicto entre las dos Españas, la España nacional por un lado, y la España republicana por el otro, presentando tal conflicto como parte de un conflicto internacional en el que Hitler y Mussolini apoyaron a las tropas “nacionales” y la Unión Soviética apoyó a las tropas republicanas, considerándose tales apoyos como semejantes en cuanto a cantidad y calidad de material bélico. Esta versión de la Guerra Civil se complementa con otra que atribuye la derrota del bando republicano a las divisiones internas del Gobierno Republicano, instrumentalizado éste por el Partido Comunista, que decian era un mero agente de transmisión de Stalin.

La Guerra Civil, sin embargo, fue un alzamiento de militares profesionales del Ejército, que invadió el sur de España mandando tropas extranjeras: la Legión Extranjera y las tropas marroquíes. Como bien ha escrito la historiadora británica Helen Graham (en su excelente libro Breve Historia de la Guerra Civil), la Guerra Civil vio la paradoja de ser una supuesta “Cruzada en defensa de la civilización cristiana” llevada a cabo por tropas mercenarias islamistas, por cierto, conocidas por su enorme brutalidad, y lideradas por el mariscal Mohamed Mezian que acaba de ser homenajeado en Marruecos por el Embajador del Gobierno español con asistencia de altos mandos del ejército español. Es más, estas tropas fueron equipadas con material alemán e italiano, contando con el apoyo de 75.420 soldados italianos pertenecientes a destacamentos fascistas italianos que gozaron de plena autonomía, sin obedecer las órdenes de los líderes militares españoles. Además de estas tropas extranjeras, los asesores nazis alemanes fueron los que definieron la estrategia aérea del bando golpista, realizando los bombardeos que incluyeron ataques sistemáticos a la población civil, no sólo de Guernica, sino de 26 otras ciudades españolas, incluyendo gran parte de las ciudades de Cataluña, bombardeos que tuvieron como objetivo desmoralizar a la ciudadanía que vivía en tales centros urbanos. En estos bombardeos jugaron un papel clave los espías fascistas en el lado republicano, incluyendo personas de derechas tan conocidas como Josep Pla (que tiene monumentos en varias partes de Catalunya). El lado golpista no tuvo nunca escasez de equipamiento militar y ello como consecuencia del apoyo conocido y público de la Alemania Nazi y de la Italia fascista a los golpistas españoles. Nunca antes un gobierno español había sido tan dependiente de los intereses y fuerzas extranjeras como lo fue el bando golpista. Llamar a este bando, el bando nacional, identificado con la defensa de la nación española, tal como los golpistas se autodefinieron, es ignorar que su victoria se debía a fuerzas extranjeras sin las cuales el golpe militar hubiera sido una nota a pie de página en la historia de España, como lo fueron otros alzamientos militares anteriores.

Fue precisamente la gran resistencia popular a este alzamiento lo que explica que, a pesar de la enorme ayuda nazi y fascista italiana a los golpistas, éstos no ganaron hasta tres años después de iniciarse el golpe. La República tuvo muy poca ayuda militar. El infame pacto de No Intervención se debía –tal como señaló Winston Churchill- a que las clases dominantes de Gran Bretaña y Francia antepusieron sus intereses de clase (temerosos del contagio que una República española progresista pudiera haber tenido en las clases populares de sus propios países) a sus intereses nacionales y geopolíticos, que les habrían tenido que movilizar para interrumpir la expansión del nazismo y del fascismo en Europa. En realidad, los únicos países que ayudaron a España fueron México y la Unión Soviética, ayuda que fue enormemente dificultada por el comportamiento del gobierno francés que no colaboró en su mayoría en el tráfico de armas a la España republicana. La única ayuda extranjera vino a través de las Brigadas Internacionales, cuyo efectivo en batalla nunca alcanzó más de 12.000 soldados, aun cuando el número de brigadistas extranjeros a lo largo de todo el período fue de alrededor de 30.000. Por otra parte, las tensiones dentro del lado republicano no fueron la causa, sino el síntoma de la falta de apoyo internacional. Algún cronista de tales desacuerdos, como George Orwell, exageraron el papel del Partido Comunista, atribuyéndole una influencia de la que tal partido carecía. Orwell, que como indica Helen Graham no conocía ni el catalán ni el castellano, atribuyó erróneamente a los comunistas el deseo legítimo de la Generalitat de Catalunya de recuperar (durante los famosos sucesos de Mayo) el control de la situación que había perdido inmediatamente después del golpe militar del 18 de julio.

El enorme desequilibrio de equipamiento militar fue lo que dio la victoria a los golpistas, los cuales eran plenamente conscientes de que tenían a la mayoría de la población en contra, tal como reconoció el golpista General Queipo de Llano (hoy enterrado con todos los honores en la Iglesia de la Macarena en Sevilla, ciudad en la que sus tropas asesinaron a 36.422 ciudadanos) en su defensa de lo que él llamaba el “terror saludable” necesario –según él- para imponer su mandato. Este terror de los golpistas continuó después de su victoria con el asesinato de 192.684 personas (ejecutadas o asesinadas entre abril de 1936 y junio de 1944 en cárceles o campos de concentración, según cifras del propio Ministerio de Justicia de aquel régimen, además de 30.000 que todavía hoy permanecen desaparecidos. La mayoría de estas víctimas del fascismo no han sido ni homenajeadas ni reconocidas durante el período democrático, habiendo retrasado el gobierno socialista español tal homenaje por temor a antagonizar a los herederos de los golpistas.


(*) Vicenç Navarro es Catedrático de Ciencias Políticas de la Universitat Pompeu Fabra

sábado, 24 de agosto de 2013

EL ARMA SECRETA DEL EJÉRCITO POPULAR REPUBLICANO

Autor: Floren Dimas (*)

La masa movilizada por el ejército rebelde en su avance eran -masivamente- obreros e hijos de obreros, especialmente a partir de finales de 1938 con la paulatina ocupación de amplias zonas republicanas demográficamente pobladas. La motivación de los soldados en las filas franquistas estaba basada en una disciplina represiva brutal, de la que se encargaban no solo los oficiales profesionales, si no el cuerpo de oficiales "provisionales", muy motivados por un estrellato sobrevenido que muchas veces les resultó suicida. 

La propaganda republicana, exaltaba valores muy comprensibles y cercanos a la gente corriente, trabajadora. No hablaban tanto de la Patria, del Imperio, de la Cruzada, de la Religión, del español mitad Monje, mitad Soldado; se ceñía más a los valores presentes a flor de piel en la masa social, tanto del combatiente del EPR como de la retaguardia y eso lo percibimos muy bien a través de la cartelería del lado gubernamental: trabajo, derechos, cultura, bienestar, comida y paz.. A lo largo de las entrevistas realizadas a veteranos excombatientes del EPR, se me ha transmitido la importancia de esta moral, si no de victoria, sí de resistencia. Una resistencia que entrañaba a veces características numantinas (léase heroísmo, sacrificio por una causa superior). 

Posiblemente los conceptos que armaron a los combatientes del EPR eran muy elementales. Para un país arrasado sociológicamente por una explotación de siglos, con su consecuencia de hambrunas, guerras coloniales, miseria cultural y de la otra, humillación, opresión religiosa de las conciencias..., luchar contra el fascismo era luchar intuitivamente por el derecho a vivir algún día en un país en libertad. Porque la LIBERTAD era entendida, no como un ejercicio intelectual de teorizar banalmente, si no vivir en un país en donde todos trabajasen, comiesen, disfrutasen, tuviesen acceso a la cultura, a los medios de producción, al respecto individual y colectivo, a sentirse, en definitiva, ciudadanos libres de un país libre. 

Los soldados del EPR, con una amplia masa de analfabetos en sus filas, en vías de redención, sabían lo que era la necesidad extrema; habían conocido lo que es vivir sin esperanza alguna de poder invertir el orden de las cosas en beneficio de las clases trabajadoras. Pero, al fin, habían vivido aquel 14 de abril de 1931 y habían visto brillar en su existencia gris, la luz de ilusión; por primea vez en la Historia de España, el cambio era posible. ¡¡Y todo este anhelo colectivo saltó hecho pedazos el 18 de Julio de 1936!!. El sentimiento más común entre la gente común en la mayor parte de España, fue de rabia contra los sublevados, salvo en zonas tradicionalmente ultraconservadoras y nacional católicas como parte de Castilla, Álava o Navarra-La Rioja, que fueron la excepción.

Los combatientes republicanos lo sabían muy bien: no habían leído a los grandes teóricos de izquierdas, pero ya habían escuchado poesías de altura, habían asistido a la primera representación teatral, sus hijos habían podido ir a una escuela regida por maestros entregados a su misión, habían tenido en sus manos libros que podían leer y comprender, habían visto que era posible reducir el caciquismo, al oscurantismo de una Iglesia medieval..., la Casa del Pueblo había sustituido a la Sacristía en su formación como ciudadanos y como personas. Y pese a las derrotas, al hambre, al sentimiento de abatimiento, siempre terminaba superponiéndose una fuerza colectiva, por encima de las deserciones puntuales y de la acción de los derrotistas y emboscados de la quinta columna. Fue, a mi juicio, un conjunto de valores morales -muy primarios en su concepción si se quiere- el "arma secreta" que permitió al EPR hacer frente a una inmensa maquinaria guerrera como fue el ejército nazifrancofascista, durante mil días de lucha desigual. El "genio" militar del invicto "caudillo" nunca hubiese podido vencer al EPR en igualdad de condiciones logísticas. La superioridad que permitió su victoria no fue precisamente la ruda concepción de Franco del arte de la guerra, indiscutiblemente inferior a la de Rojo, si no a su apabullante superioridad de medios y un contexto internacional favorable.

La mayor parte de los testimonios recogidos que narran el desmoronamiento a final de marzo de 1939, se parecen unos a otros como dos gotas de agua: sensación de incredulidad. La mayoría de los combatientes del EPR, no podían creerse que se había llegado al final de la forma ruín en que se produjo; pese a que todos presentían la hecatombe, el conjunto de los combatientes, tanto del sector de Casado, como el que se mantuvo fiel al gobierno republicano, se vio sorprendido por el hundimiento de los frentes sin pegar un tiro. El sentimiento generalizado según cuentan todos era que, pese a todo y vista la ausencia de confianza  en la benevolencia de los vencedores, se resistiría hasta el final, hasta agotar totalmente todos los recursos. Y no fue así. La traición de Casado precipitó la apocalipsis.

Todavía, cuando relatando emocionados al entrevistador aquellas vivencias, afloran en los veteranos, frescas y vibrantes, aquellas mismas convicciones que les movieron a no rendirse al fascismo sin luchar. Esa fue su "arma secreta"

Floren Dimas



(*) Floren Dimas Balsalobre es oficial del Ejército del Aire en la reserva e investigador histórico de la represión franquista y memorialista. Es igualmente delegado de AGE para la Región de Murcia.