domingo, 6 de noviembre de 2016

LA REPRESIÓN FRANQUISTA EN MALLORCA





(1) La represión anti-republicana en Mallorca en su inmensa mayoría se identifica con la ejercida sobre los completamente inocentes, porque ni habían cometido crímenes ni estaban en posición de oponerse a los alzados. Y pese a ello, a esta inacción, fueron o ‘paseados’ o sentenciados a muerte por consejo de guerra. Se registraron unos dos millares de víctimas de este tipo en la isla, y quede claro que no se incluyen aquí las muertes habidas en la represión de los milicianos capturados tras la retirada de la expedición de Bayo en los primeros días de septiembre de 1936, ni de los que ayudaron a este militar leal a la República en Ibiza, ni de los militares leales, marinería y milicianos que durante toda la guerra mantuvieron la isla de Menorca dentro de la administración republicana tras oponerse a los sublevados en la Estación Naval de Maó y ejecutar sumariamente a sus oficiales alzados.

Escuadrón "Dragones de la muerte", grupo de 52 falangistas 
cabezas rapadas encargado de la represión y exterminio
de los republicanos mallorquines.
(2)

Entre los represaliados en Mallorca hallamos las características de los republicanos centristas y moderados: se trataba de médicos, abogados, maestros, etc. De ningún modo se trataba de ‘cenetistas’ o ‘largocaballeristas’ ni eran ‘hombres de acción’, sino por el contrario de centro moderado, con raíces sociales y familiares en el estrato social que en la isla se conoce como ‘benestants’, un giro coloquial que designa textualmente a los ‘bien estantes’, ‘los que están bien’, quienes gozan de fortuna, aunque sea pequeña, patrimonio, posición e influencia para llevar una vida tranquila, sin riesgos ni altibajos y saben ‘estar’ en sociedad. En la sociedad de sus iguales, por supuesto. Más o menos, ‘els benestants’ eran quienes en España se conocía como ‘los rentistas’ pero que no eran ‘los caciques”.

Tómese como ejemplo a Emili Darder, alcalde republicano de Palma de quien en febrero de 2007 se cumplió el 70 aniversario de su fusilamiento. Nacido en 1895, médico hijo de médico, fundador de Esquerra Republicana Balear en sintonía con Esquerra Republicana de Catalunya y la Izquierda Republicana azañista, su gran labor ciudadana como alcalde fue la extensión del alcantarillado y agua corriente en toda la capital balear, la creación de ‘escoletes’ o guarderías populares municipales, de escuelas de enseñanza primaria, de comedores escolares, el impulso para la recuperación del uso de la lengua catalana –fue fundador de la Associació per la Cultura de Mallorca-; fue además co redactor de un prirmer borrador de estatuto de autonomía balear que no pasó de ese estadio.

Darder había accedido a la alcaldía en las elecciones de 1933 que dieron el triunfo a las derechas; la coalición lerrouxista / cedista le destituyó del cargo tras la revolución de octubre de 1934 -pese a que en Baleares no hubo revolución en absoluto: comunicados con la Península sólo por el buque correo Palma / Barcelona y fuera del alcance de las ondas de radio, los diarios palmesanos tardaron dos días en informar que desde el 6 de octubre había tiros y movimientos de tropas en la ciudad condal y hasta el 9 no se decretó el estado de guerra- pero recuperó la alcaldía tras las elecciones de febrero de 1936 cuando se decretó que fueran repuestos en sus cargos las autoridades civiles cesadas en octubre de 1934.

Republicanos prisioneros en Manacor, Mallorca, 5 septiembre 1936 (2)


En el mes de junio, la municipalidad palmesana emitió un decreto por el que los propietarios de viviendas alquiladas debían dotarlas de agua corriente y cuarto de aseo. Lo que suponía, claro es, un dispendio para los benestants que vivían de las rentas de alquiler que les proporcionaban sus inquilinos. El decreto fue recurrido por la Cámara de Propiedad que agrupaba a los propietarios privados el 10 de julio, recurso que fue rechazado el día 18 de julio, sábado.

Como ocurriera en 1934, el alzamiento del 18 de julio llegó tarde a Baleares. El líder de Falange era el marqués Alfonso de Zayas y Bobadilla, capitán de Artillería y piloto militar, compañero de promoción de Ruiz de Alda y retirado por la Ley Azaña. La presencia de Falange en Mallorca no es que fuera escasa, es que era ridícula: organizó dos únicos mítines en la campaña de febrero de 1936 y sólo obtuvo 96 votos en toda la isla. El general Manuel Goded Llopis, comandante militar de Baleares, conjurado, proclamó el estado de guerra. En la mañana del 19, creyendo que el alzamiento habría triunfado en Barcelona, Goded se desplazó en avión desde Palma hasta la Ciudad Condal sólo para ser detenido por fuerzas leales, juzgado más tarde en Consejo de Guerra y ejecutado a finales del mes de agosto.

A partir de ese mismo día comenzaron las detenciones en Mallorca. Emili Darder se hallaba enfermo y la alcaldía accidental la ejercía Ignasi Ferretjans, teniente de alcalde y miembro del PSOE. Ferretjans pudo huir, no sólo de Palma, sino de Mallorca, de Baleares, de España, para exiliarse en Méjico hasta el fin de su vida.

La nueva autoridad, militar por supuesto, designó una junta gestora para la administración de Palma de la que ¡qué casualidad! formaba parte la Cámara de Propiedad cuyo recurso contra la mejora de la higiene y salubridad de sus inquilinos había sido rechazado por la municipalidad republicana.

Darder, que había sufrido un infarto el día 20, se alojaba en casa de su hermano Bartomeu; allí fue a buscarle una escuadra de Falange, le sacaron de la cama enfermo y le internaron en el castillo de Bellver –que había sido prisión de Jovellanos y lugar de ejecución de Lacy- situado en la altura que domina Palma y su bahía; allí estuvo hasta el mes de diciembre, cuando su salud estaba tan desmejorada que se le sacó del castillo para internarle en el Hospital General.

Las detenciones afectaron a otros republicanos ‘benestants’. Como Alexandre Jaume, nacido en la emigración en Montevideo en 1879, alcalde accidental de Palma el 14 de febrero de 1931, diputado socialista en mayo del mismo año, compromisario en la elección de Manuel Azaña como presidente de la II República en abril de 1936, etc.: un verdadero político socialista y republicano. El domingo 19 de julio, Jaume estaba en su casa de Port de Pollença, un agradable rincón para senyors i benestants, cuando fue detenido por una pareja de la Guardia Civil. Se le condujo también al castillo de Bellver y, como Darder, su salud empeoró y se le ingresó en el mismo Hospital General afectado de úlcera de estómago.

Otro republicano ‘significado’ a quien se detuvo fue Antoni Maria Ques, nacido en Alcúdia en 1889. Si Darder era médico y Jaume era político, diputado, etc., Ques era rico, tanto como para poseer acciones de la naviera Compañía Trasmediterránea (y no ‘Transmediterránea’ como a veces se transcribe) que fundara el contrabandista y prófugo Juan March. Pero Ques estaba con la República y con los reformistas de izquierda moderada y no con el caciquismo secular isleño: co fundó la Esquerra Republicana Balear, aportó dinero de su bolsillo para el arranque de la formación y hasta llevó sus libros de cuentas.

Darder, Alexandre Jaume, Ques y Mateu Ferrer fueron incluidos los cuatro en una misma causa militar. A mediados de febrero de 1937 se instituyó el Consejo de Guerra presidido por Diego Navarro Boigas, teniente coronel del arma de Infantería, actuando como instructor el coronel Ricardo Fernández Tamarit, como vocal ponente Luis Ramallo y como vocales Juan Pons, José Isasi, Antonio Zaforteza, Ignacio Seguí y José Morey. Como defensores, Luis Alemany, civil, para Alexandre Jaume; Sebastián Feliu, capitán de Artillería, para Ques; Eusebio Pascual, teniente de Ingenieros para Darder; y Guillermo Villalonga, capitán de Infantería, para Antoni Mateu.

El sumario era una completa estupidez, una novela inverosímil. Se acusó a los cuatro procesados de tramar un alzamiento revolucionario –cuando los alzados y rebeldes eran quienes les juzgaban-, designado nada menos como ‘Plan Lenin’ según el testimonio de un testigo y un ‘documento’ hallado en la oficina de Mateu que anotaba: “Camarada Lenin al camarada García. Listos primer aviso, intensificar propaganda por Darder, Mateu,…” etc.

Suponer, siquiera de buena fe, que estos procesados tenían algo que ver con ‘camaradas’, con el leninismo, propagandas y con avisos subrepticios era un verdadero esperpento. Incluso se les achacaba la posesión y ocultamiento de 200 pistolas que, claro es, no aparecieron por ninguna parte –y eso que 200 pistolas pesan lo suyo y ocupan un cierto espacio- ni fueron aportadas como prueba durante la vista.

El folletín del ‘plan Lenin’ fue ampliamente analizado por Herbert R. Southworth en el número 26 de Historia 16. Se trataba de cuatro folios mecanografiados con supuestas instrucciones para un alzamiento comunista en fecha indeterminada, que habrían sido hallados en despachos izquierdistas de Palma de Mallorca, Badajoz y La Línea. Elementos franquistas intentaron convencer de su veracidad a diplomáticos británicos, pero el Foreign Office no se tragó el cuento de unos folios sin sello ni fecha que habría podido escribir cualquiera. A mediados de la década de los 60, el mismo Ricardo de la Cierva asentó claramente que los pretendidos documentos comunistas eran una falsificación, ni siquiera hecha de forma hábil.

Baste decir, por lo que toca a los juzgados en febrero de 1937, que los supuestos documentos comunistas sólo citaban el nombre de uno de ellos, el de ‘Jaume’, presuponiéndose que se refería a Alexandre Jaume, y como simple enlace, pero ni una palabra incriminatoria sobre los otros tres. A mayor abundancia, los documentos del ‘plan Lenin’ no presuponían ninguna conducta revolucionaria a desarrollar en Baleares, sino que claramente era designado el archipiélago como ‘reserva’.

Es decir, según los mismos falsos documentos del ‘plan Lenin’, muy poco revolucionarios podían ser los encausados y muy pocos planes concretos se les podía atribuir. Poco importaba desde el momento en que se les juzgaba en base a una falsedad –y muy probablemente haya sido éste el único caso juzgado en España relacionado con la superchería del ‘plan Lenin’.

Otro de los cargos contra los acusados era el de ‘infringir el bando del 19 de julio de 1936’, el bando de guerra, obviamente el proclamado por los complicados en el alzamiento, militares no competentes en la administración civil, por el que instaban a ser obedecidos de todos en toda España.

A los cuatro procesados se les condenó a fusilamiento. En el colmo del absurdo, a Darder se le pedían 20 años y salió condenado a muerte. El 23 de febrero, al filo de la medianoche, los condenados fueron conducidos a la Prisión Provincial. Mateu había tenido la presencia de ánimo de bañarse con agua helada unos días antes sólo para estar más presentable en el trance. A Darder, semi inconsciente, le acompañaban su esposa e hija. El director del centro penitenciario se arriesgó a conceder permiso para que los reos estuvieran acompañados de sus familiares pese a la orden de que permanecieran incomunicados en capilla. Alexandre Jaume se negó a recibir una última comunión, al contrario que los otros. Darder se hallaba tan débil que ni abrir la boca podía, tuvieron que utilizar una cuchara para hacerle tragar la última hostia.

Aquí y allá, en toda Mallorca hubo represalias sobre personas idénticas en carácter y significación a los cuatro encausados. Igualmente se produjeron ‘paseos’ y desapariciones. La Associació per a la Recuperació de la Memoria Històrica de Baleares presentó ante la Audiencia Nacional, el pasado mes de diciembre de 2006, una lista de 90 personas desaparecidas durante los años de la guerra.

El día a día de la represión nacional mallorquina, bendecida por el obispo Miralles -quien había sido paciente de Darder- fue tan tenebrosa que el francés Georges Bernanos publicó "Los grandes cementerios bajo la luna" denunciando para Europa lo que ocurría en la isla. El libro, a decir del crítico literario Eduardo Jordá, “no convenció a nadie". La derecha franquista lo acogió con una cruel indignación, mientras que la izquierda le dispensó una fría cautela. Al fin y al cabo, Bernanos era un católico y un monárquico (…) irritó a todo el mundo: a los franquistas, porque los acusaba de haber instaurado en Mallorca un régimen de terror y de delación, y a la izquierda europea, porque era un católico heterodoxo que atacaba por igual al obispo de Mallorca, a la democracia cristiana, a la Revolución Francesa, a Mussolini, a Hitler y a Franco. Y eso que Bernanos se marchó de la isla y de España, asqueado, en 1937.

La represión franquista en Mallorca fue animada, instada, por las clases dominantes de siempre desde el caciquismo a los propietarios rentistas pasando por la Iglesia, los señores de las possessions o grandes fincas agrarias de almendros, viñas y olivos y ganadería porcina; los industriales y los contrabandistas reconvertidos en banqueros y financieros de Franco, como Juan March, que le echó un pulso mortal a la República que quería encarcelarle. Conocida es la frase de Indalecio Prieto “o la República acaba con March, o March acabará con la República”. Conocido es también que ocurrió lo segundo.

El objetivo de la inquina de los represores fue acabar –físicamente además- con políticos como los citados que fomentaban la higiene, la salud, la educación, la cultura y el agua corriente para todos ¿Cabe mayor elogio para un alcalde o diputado que recordar que durante su mandato difundió la cultura y mejoró la salud pública? Aún hoy en día funcionan los centros docentes fundados por el alcalde Emili Darder. Mientras los políticos republicanos fundaron bibliotecas y construyeron escuelas, sus represores multiplicaron el número de cárceles.

Se desprende una conclusión más del currículo político y vital de Darder, Ques, Mut y Jaume: si hicieron tanto en tan poco tiempo por la sociedad de su época, y además pese a la interrupción de sus mandatos, es porque ya existían en la sociedad mallorquina y la española los medios para alcanzar esas metas, sólo hacía falta la intención de sus dirigentes para que en cuestión de meses aparecieron las mejoras sociales y ciudadanas. El mito de que Mallorca era pobre y mísera en los años 30 del s. XX es un mito relativo ya que, como se comprueba al analizar estas biografías, un simple cambio electoral era capaz de potenciar la cultura, la formación y proveer de alcantarillado a toda la capital en menos de dos años.

En cambio el caciquismo mallorquín no era un mito sino una realidad palpable. En los años 30, la ‘cuna’ o imposición semi fraudulenta de candidatos extraños a la circunscripción, la amenaza de castigar a los protestones con el desempleo, el clientelismo político y económico, la alternancia de negocios legales con ilegales como el contrabando o el fraude económico, etc.; y el apoyo al sistema de ‘las fuerzas vivas’: el cura, el notario, el médico, el carabinero, el alcalde todopoderoso, el diputado local, etc. conformaban la ‘Mallorca profunda’ que experimentaba una emigración hacia América al mismo tiempo que las industrias tradicionales -vino en las comarcas de Felanitx y Binissalem, telares en la de Sóller -con línea marítima propia hasta Francia y ferrocarril privado hasta Palma-, trabajo del cuero en Inca, queso y embutidos, etc.- más un incipiente turismo de alto nivel -Robert Graves, Pola Negri, Gertrude Stein…- atraían a inmigrantes peninsulares. En muchos pueblos del interior de la Isla no se tuvo conciencia de que existía República hasta febrero de 1936.

Analizando los nombres de la lista presentada ante la Audiencia Nacional por la Associació per a la Recuperació de la Memoria Històrica se adivina otro patrón de conducta de los represores: todos los nombres de sus víctimas observan la grafía, fonética y la patronímica catalana. Se confirma así que los alzados ensalzaron su ‘españolidad’ por vía de la persecución de personas afectas al ‘catalanismo’. Es comprobable también en la composición del consejo de guerra, en donde los instructores y defensores militares son casi todos de nombre y apellidos españoles, incluso los de apellido mallorquín aparecen con el nombre castellanizado.

La dureza de la represión, y lo descabellado de la misma, fue además impulsada por el propio Franco quien había detentado el cargo de comandante general de la demarcación de Baleares unos meses antes de dirigir la represión de Asturias en octubre de 1934. Tras el reembarco de la expedición de Bayo en los primeros días de septiembre de 1936, Franco emitió graves amonestaciones y anunció severas medidas para los mismos alzados que “se habían mostrado tibios” hasta ese momento. Pasado a la reserva el coronel Díaz Freijoó, Franco le tildó directamente de mostrar “gravísima cobardía” por no haber detenido él mismo a Soto y, desde Burgos, emitió toda una retahíla de faltas en el servicio entre las que se hallaban no haber aplicado penas de muerte todavía a las alturas del mes de septiembre, al tiempo que ordenaba juzgar y ejecutar sentencias contra quienes “directa o indirectamente favorecieron los planes del enemigo”. Lanzado cuesta abajo, Su Excelencia ordenaba “la detención de todo jefe u oficial tibio”.

Encontramos aquí otro rasgo distintivo entre la República y quienes la atacaban. Es de sobras conocido que las autoridades republicanas perdieron el control de la represión antifascista y del orden público durante los primeros meses de la guerra y que posteriormente los sucesivos gobiernos legales se esforzaron por recuperar su autoridad hasta detener casi completamente las ejecuciones extra sumariales y los ‘paseos’, al tiempo que lanzaron continuos mensajes de contención a las organizaciones milicianas antifascistas para que refrenaran sus actuaciones, recuérdese el mazazo que para gentes como Zugazagoitia y el propio Azaña supuso el enterarse de las primeras sacas en las cárceles madrileñas. Y en cambio desde las más altas instancias del bando nacional se alentaba la represión antirrepublicana, se ordenaba más dureza contra ‘los rojos’ y se condenaba la tibieza.

Por supuesto, Su Excelencia no denominaba esta actitud ‘represión indiscriminada’ sino ‘energía’. Energía militar, claro. Así lo comentó a su primo y ayudante Francisco Franco Salgado-Araujo con la frase “hasta que no hubo energía en el mando no se dominó la situación” refiriéndose en concreto a Mallorca.

Hoy, seguimos sin saber el verdadero alcance numérico de la represión isleña aunque se coincide en situarla por encima de los dos millares de muertos. Hace un par de décadas el escritor holandés Jean Schalekamp, tras analizarla, la retrató en la frase “de una isla no se puede escapar”: poco importaba que ciertos fulanos o menganos, fueran sindicalistas o médicos, se escondieran, que tarde o temprano darían con ellos. Fracasada la expedición de Bayo, la isla pasó automáticamente a ser zona de retaguardia nacional, lo que facilitó que la represión se produjera de manera pausada, sin prisas, con calma… Las primeras detenciones llenaron las cárceles –800 presos sólo en Bellver- y las muertes se prolongaron en el tiempo.

Como en otros lugares de España, el trabajo sobre la memoria histórica y la memoria oral de los supervivientes se revela esencial. El diario Última Hora publica desde hace tres años en su suplemento dominical la serie Memoria del 36 dedicada a entrevistas con personas vinculadas con las víctimas de la represión. Huelga decir que los recuerdos de estas gentes son estremecedores, no sólo por lo detalles aportados, sino por el patrón que evidencian: que los afectados no eran culpables de nada.

En las primeras horas del día 24 de febrero de 1937, un numeroso público comenzó a congregarse en las inmediaciones del Cementerio de Palma deseoso de presenciar la ejecución contra uno de sus muros de Darder, Jaume, Ques y Mut. Ferretjans citó en su momento que acudieron tres millares de personas, incluidas muchas señoras. Al alcalde de Palma, que no se tenía en pie, le tuvieron que atar a una silla. Alexandre Jaume se destacó de nuevo: prefirió que no le vendaran los ojos.

A las 6 de la mañana se dio orden al pelotón de proceder a la descarga de fusilería tras la cual, dicen, el público aplaudió.






(1) Extractado de "Fusilados sin culpa en Mallorca: Los inocentes de la Guerra Civil" Autor: Xavier Lacosta. Publicado en SBHAC ( Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores).

(2) Imagen: todoslosrostros.blogspot.com

miércoles, 2 de noviembre de 2016

VALENTIN FUENTES LÓPEZ, CONTRALMIRANTE DE LA FLOTA REPUBLICANA



 Contralmirante Valentín Fuentes, marino y español ejemplar al que conviene recordar ahora, cuando España parece dominada por la patente de corso, la mediocridad y la deslealtad.

Murió en el exilio.




Contralmirante Valentin Fuentes López
Imagen: En Posidonia
(1) Valentín Fuentes López nace en Huesca el veintiséis de Febrero de 1882. En 1898 aprueba la oposición para el ingreso en la Escuela Naval.  Fue el primero de su promoción. Condecorado  por su actuación destacada en el desembarco de Alhucemas (1925). En 1936, figuraba el primero en el escalafón de los capitanes de fragata. Valentín Fuentes era también ingeniero geógrafo al servicio del Instituto Geográfico y Catastral. En Julio de 1936, llevaba ya un año al mando del destructor “Lepanto” y, siguiendo las instrucciones del gobierno, contribuyó decisivamente con la amenaza de sus cañones al fracaso de la sublevación en Almería.

Ante la sublevación de sus oficiales reunió a la dotación del "Lepanto" y simplemente les dijo: "Mis oficiales se han sublevado, arréstenlos" (2). Sin duda alguna, desobedeció las instrucciones de fondear en Melilla cursadas por los golpistas, manteniendo buque y tripulación al servicio de la República.

En octubre de 1936, siendo capitán de navío, fue nombrado por el ministro de Defensa Nacional, Indalecio Prieto, Jefe de las Fuerzas Navales del Cantábrico. Nada más llegar a Santander comienza a reconstruir la Marina republicana en el Cantábrico, puesto en el que permanece hasta finales de febrero de 1937, fecha en la que es nombrado Jefe de la base Naval de Cartagena. Poco a poco, bajo el mando de Fuentes, se fueron recuperando los buques de guerra y las unidades auxiliares destacadas en la zona, se enrolaron nuevas dotaciones y se nombraron nuevos oficiales.



Destructor "Lepanto"
Clase Churruca

Esquivando el bloqueo de los sublevados, se mantuvo el tráfico marítimo, vital para la alimentación de la población y el suministro del ejército. En los últimos días de agosto de 1937 se tuvo que abandonar a toda prisa el puerto de Santander ante el imparable avance de las fuerzas de tierra franquistas e italianas.

En aguas asturianas encontraron refugio los destructores “Císcar” (3) y “José Luis Díez”, los submarinos “C-2”, “C-4” y “C-6”, el torpedero Nº 3, los bous “Bizcaia”, “Guipuzkoa” e “Ipareko Izarra”, de la antigua Marina Auxiliar Vasca, además de otras embarcaciones menores dedicadas al dragado de minas y la vigilancia costera.


La Legión Cóndor redobló los bombardeos sobre los puertos asturianos de Gijón y Avilés. Especialmente duro fue el del 28 de Agosto sobre El Musel,  varios mercantes fueron alcanzados por las bombas y hubo muertos y heridos entre las tripulaciones. El petrolero "Elcano" se incendió y tuvo que ser remolcado fuera del puerto y hundido. Los submarinos “C-2” y “C-4” ponen rumbo a puertos franceses, una vez allí sus comandantes desertan. Los bous vascos también marcharon a Francia y el “José Luis Díez” se refugió en el puerto inglés de Falmouth. Quedaban el “Císcar”, uno de los destructores más modernos, al mando del alférez de navío Castro Izaguirre, el "Torpedero nº3", al mando del teniente de navío Ruiz de Ahumada y el submarino “C-6”, al mando del capitán de corbeta ruso Nicolai Pavlovich Eguipko, experimentado comandante de submarino de la flota soviética en el Pacífico, que actuó en España bajo los seudónimos de "Severino Moreno López" y "Matisse".


Destructor "Ciscar"

En el transcurso de la evacuación de Asturias, ante la inminente llegada de las tropas sublevadas, el 20 de octubre de 1937 Valentin Fuentes, a bordo del "Torpedero nº 3" consigue romper el bloqueo y llegar a Burdeos. A bordo iban altos mandos militares, incluido el jefe de las fuerzas republicanas, coronel Prada, con su hijo, y la dotación del “C-6”. La del “Císcar” y el resto de personal de Marina también se pudo poner a salvo a bordo del remolcador “Plutón” y del mercante inglés “Stanbrook”.


Remolcador "Plutón"
(Imagen: Vida Marítima)

Cincuenta y nueve embarcaciones de todo tipo arribaron a los puertos franceses del Atlántico con miles de milicianos y civiles que, rápidamente, fueron enviados por ferrocarril hacia Cataluña. Otros fueron recogidos en alta mar por barcos de guerra y cargueros ingleses, que los desembarcaron en Francia. Veintiocho pesqueros y mercantes, abarrotados de gente, fueron capturados por el crucero franquista “Almirante Cervera” y por la flota de bloqueo. Estos miles de prisioneros fueron conducidos a campos de concentración en Galicia.

Los mandos del Ejército del Norte que consiguieron escapar de Asturias en Octubre de 1937 y pasar a Cataluña fueron ascendidos un grado. Valentín Fuentes fue designado Jefe del Estado Mayor de la Flota y ascendido a contralmirante semanas después. Fue el único marino republicano que alcanzó el almirantazgo por vía reglamentaria. 

Ya nombrado Subsecretario de Marina, Valentin Fuentes se exilió en Francia a comienzos de 1939, después de la ocupación de Cataluña por el ejército franquista. Residió primero en París, durante la ocupación alemana marchó Marsella, bajo el gobierno de Vichy, sobreviviendo en penosas condiciones.

Valentin Fuentes salió de España el 29 de enero de 1939, desde Cadaqués hacia Port-Vendres. Dejó a su familia en España, negándose a que tuviera que compartir con él la injusticia del exilio., aunque siempre con orgullo, siguió muy de cerca la vida de sus hijos. Participó en los Gobiernos de la República en el exilio que se constituyeron hasta 1949. Vivió gracias al Servicio Social de Ayuda a los Refugiados del Ayuntamiento de París, rechazando cualquier otra asistencia "por no querer ser molesto para nadie". Se mantuvo en el exilio, digno, firme y tenaz, a la vez que afable, querido por todos. Además era modesto, "pues toda su actividad, todo su combate, lo hizo naturalmente, sin darle importancia ninguna. Era para él, sencillamente, el cumplimiento del deber".(4)

Ramón Álvarez Palomo en 2003
(Imagen: El País)
El dirigente anarquista asturiano Ramón Álvarez Palomo (5), consejero de Pesca con Belarmino Tomás, le encontró en París en los años sesenta. Vivía el almirante republicano acogido en un asilo para ancianos desamparados y era una de sus mayores alegrías la de invitar a los amigos exiliados a merendar una tortilla española cuando conseguía hacerse con unas patatas y unos huevos. Hablaba Ramón Álvarez de él con cariño, pues, era una persona de ideología liberal y buen corazón que, según se decía, tenía dos hijas monjas, pero había mantenido su juramento de fidelidad a la República y cumplido con sus obligaciones.

Fue también Ramón Álvarez el que dio una explicación coherente de lo ocurrido con el “Císcar” y la “famosa” orden de Prieto, desobedecida, de que zarpara:

"Valentín Fuentes comunicó al Consejo Soberano la orden de zarpar recibida del ministro; entonces, Ramón y Segundo Blanco fueron al Musel y trajeron con ellos a Valentín Fuentes, “medio como prisionero”, porque si el “Císcar” escapaba, el enemigo se daría cuenta de que comenzaba la huida y reforzaría todavía más el bloqueo naval. Se trataba tan solo de retrasar la salida del destructor veinticuatro horas. Le convencieron, pero la mala suerte quiso que el diecinueve de octubre los bombarderos alemanes acertaran al destructor con varios impactos y se hundiera. Eso explica que a su llegada a Barcelona, Valentín Fuentes no fue expedientado, sino ascendido". 
"A destacar el heroísmo del cabo artillero vasco Totorica, que se encargaba de la única ametralladora antiaérea disponible, y que, el día del hundimiento, estuvo haciendo fuego hasta que la escora del barco se lo impidió".

En noviembre de 1939, estando exiliado, los franquistas le dieron de baja en la Armada. En julio de 1941 fue encausado por el Tribunal Regional de Responsabilidades Políticas, de Madrid, que inició una minuciosa y tenaz pesquisa por toda España para localizar propiedades y cuentas bancarias a su nombre, pero sin resultado alguno. Fue condenado en junio de 1945, en ausencia, a tres años de inhabilitación para cargo público y al pago de tres mil pesetas. El periodista y escritor Vicente Talón, que entrevistó a Valentín Fuentes en París, cuenta que éste quiso regresar a España en los sesenta, pero el Régimen franquista no se lo permitió. Su mujer, con una enfermedad incurable, tuvo que cruzar la frontera francesa en una ambulancia para verle y despedirse de él.

Murió el almirante republicano en su exilio de París el seis de junio de 1975, a los noventa y tres años. En Le Monde se publicó una necrológica escrita por el capitán de fragata republicano David Gasca (6),  titulada “La muerte de un almirante”. En ella decía de Fuentes que era “un ejemplo raro de lealtad” y añadía que “no era un caso único entre la sacrificada generación de los republicanos españoles exiliados”. Finalizaba interrogándose sobre “cuántos de estos hombres admirables han desaparecido en silencio, lejos de su tierra natal, pero con la España sublime en el fondo de su corazón”.



Benito Sacaluga.





(1) Extractado de: Asturias Republicana  Artículo de Marcelino Laruelo.

(2) El Exilio de los Marinos Republicanos. Victoria Fernández Díaz.  Pág.: 167

(3) Destructor de la Marina Española, botado el 25-11-32 en Cartagena  construido por la Sociedad Española de Construcción Naval (SECN). Al comenzar la guerra estaba en Cartagena terminando de ser armado. Subió al Cantábrico en abril de 1937 para reforzar las fuerzas navales republicanas. Tomó parte en el bombardeo de las tropas italianas en Bermeo (1-5-37) y en varios servicios de escolta de buques mercantes. Por orden de la Marina Republicana, la mayoría de su tripulación fue desembarcada (31-5-37) y sustituida por 100 miembros de la Marina de Euzkadi, incluido el nuevo comisario político, Alejo Bilbao (comandante del bou Bizkaya). Con los cambios se mostró más activo, llegando a intercambiar fuego con el crucero "Almirante Cervera" (10-6-37). Al caer Bilbao entró en Burdeos cargado de refugiados (15-6-37). De regresó a Santander muchos de sus antiguos tripulantes volvieron a embarcar. Después de caer Santander marchó a Gijón, donde acabaría por ser hundido en un ataque aéreo (20-10-37). Fue reflotado (21-3-38), reparado e incorporado a la Marina franquista poco antes de acabar la guerra. Fue dado de baja en 1957 y desguazado. (www.marinavasca.eu)

(4) El Exilio de los Marinos Republicanos. Victoria Fernández Díaz. Págs.: 301 y 302.

(5) Álvarez Palomo, Ramón. Gijón (Asturias), 7.3.1913 – 14.11.2003. Sindicalista y escritor. Estudia en la escuela laica de Eleuterio Quintanilla. Comienza a trabajar a los doce años (como recadero y después panadero), y tres años después se afilia a la Confederación Nacional de Trabajadores (CNT) y a la Federación Anarquista Ibérica (FAI). Pronto desempeña cargos de responsabilidad en el sindicato anarcosindicalista: en 1932, secretario del Sindicato de la Alimentación de Gijón, y en 1933, secretario general de la CNT de Asturias, León y Palencia. Participa en la revolución de octubre de 1934 y, tras el fracaso, se refugia en París de donde regresa después del triunfo del Frente Popular.

Al producirse la sublevación militar, forma parte del Comité de Defensa de Gijón, y luego fue consejero de Pesca, en representación de la FAI, en el Consejo Interprovincial de Asturias y León. En octubre de 1937 se traslada a Cataluña, donde fue secretario de Segundo Blanco, ministro de Instrucción Pública y Sanidad.

En Francia, en el exilio, reorganiza la CNT y fue secretario del Comité Nacional de la CNT, defensor de la acción clandestina en el interior, enfrentado al sector de Federica Montseny. En 1945 fue nombrado secretario del Comité Regional de Asturias en el exilio, cargo para el que fue reelegido tras su regreso a Gijón en 1976. A favor de la participación en las elecciones sindicales, al crearse la Confederación General del Trabajo (CGT) será elegido secretario general de la CGT en Asturias. Desde 1978 y hasta 1994 fue director del periódico Acción Libertaria publicado en Gijón. Fallece en Gijón el 14 de noviembre de 2003. Fuente: Real Academia de la Historia

(6) David Gasca Aznar. Marino republicano leal a la República. Fue comandante de los destructores "Almirante Miranda" y "Lepanto". A bordo de "Lepanto" participó en el hundimiento del crucero "Baleares". Exiliado en Francia. Falleció en Sanary sur Mer, en el Var, entre Marsella y Toulon. Fuente. El Exilio de los Marinos Republicanos. Victoria Fernández Días. Pág.: 302.



domingo, 30 de octubre de 2016

AMBROSIO RISTORI DE LA CUADRA, TENIENTE CORONEL DE INFANTERÍA DE MARINA DE LA ARMADA REPUBLICANA




Ambrosio Ristori de la Cuadra nace en Cartagena, hijo del general Ambrosio Ristori y Granados. Con 26 años alcanza el grado de comandante de Infantería de Marina y obtiene el título de piloto aviador. Siendo alferez participa en las operaciones navales ligadas a la guerra del Rif, tomando parte en el desembarco de Alhucemas como ayudante del batallón expedicionario. Instaurada la II República, en 1934 forma parte de los fundadores de la Unión Militar Republicana Antifascista (UMRA), organización creada con el objetivo de contrarrestar en el seno del ejército la influencia de la derecha más reaccionaria y conservadora que representaba la Unión Militar Española.

Ristori en el frente de la sierra de Madrid
con el politico francés Sébastien Faure (1) y la diputada Margarita Nelken (2)

Durante el Bienio Negro (noviembre de 1933 a febrero de 1936) Ristori sufrió toda clase de persecuciones a cargo de la CEDA a causa de sus ideas liberales. En 1936 el Frente Popular gana las elecciones generales y Azaña nombra a José Giral ministro de Marina, éste convierte al Cte. Ristori en su hombre más cercano. Como ayudante del ministro de Marina en julio de 1936 forma parte del Comité creado en el Ministerio de la Guerra, (ubicado en el palacio de Buenavista de Madrid, hoy Cuartel General del Ejército de Tierra), encargado de contrarrestar el golpe de estado y la sublevación militar.

Ristori en Toledo, rodeado de milicianos y guardias de asalto.

Desde el ministerio de Marina, Ristori se convierte en uno de los puntales principales para conseguir que en el seno de la Armada la marinería y suboficiales, especialmente la de los Cuerpos Auxiliares, se mantuvieran fieles a la República en contra de las órdenes recibidas de sus jefes rebeldes. A los pocos días de la sublevación Ristori abandona el ministerio para ponerse al servicio del Ejército del Pueblo. Llevó a cabo diversas misiones, todas ellas con  éxito, por su heroica actuación en el frente de Somosierra fue propuesto para la concesión de la Placa Laureada de la República. Habiéndose sublevado el Regimiento de  Aerostación, Ristori se pone al frente de una columna marchando hacia Guadalajara y vence a los rebeldes. Fue herido en una de las muchas operaciones de guerra en las que participó cuando marchaba al frente de las milicias populares, a los pocos días volvió al combate estando aún convaleciente de sus heridas.

Ristori con miembros de la Guardia de Asalto en Guadalajara
tras tomar el Regimiento de Aerostación.


Indalecio Prieto al hacerse cargo del ministerio de Marina conservó a su lado al comandante Ristori. Su labor de enlace entre los frentes y el ministerio era de suma importancia, labor que Ristori llevaba a cabo desde los primeros días de la contienda.

Arrojado y temerario, siempre en la primera línea, se ganó la admiración y respeto de las tropas que comandó. El 20 de octubre de 1936, en el sector del Tajo, dirigiendo el asalto a una posición enemiga, la ametralladora de un avión faccioso acabó con su vida, una vida llena de esperanzas para la causa de la República, contaba con 35 años de edad.

Pocos días antes de su muerte Ristori se encontraba en Madrid, en un céntrico café, apareció magnifico, con vibrantes palabras de confianza en la victoria de las armas del pueblo.




El cadáver de Ristori, muerto por una España libre de tiranías, fue trasladado a Madrid y expuesto en la gran sala del Museo Naval, su entierro tuvo la consideración de relevante acontecimiento y fue recogido por la totalidad de la prensa republicana. En febrero de 1938 se le concedió a titulo póstumo la Placa Laureada de Madrid.



Benito Sacaluga.






(1) Sébastien Faure: Filosofo y anarquista francés, en 1938 viajó a España invitado por la C.N.T.  Anarquistas franceses e italianos integrados en la Columna Durruti formaron la primera centuria internacional bajo la denominación de Centuria Sébastien Faure. Fallece en 1942.

(2) Margarita Nelken: Activista feminista desde 1930. Diputada por el PSOE desde 1931 hasta 1936. En noviembre de 1936 se afilia al PCE. En 1939 marcha a Francia y desde allí a México donde fallece en 1968. Intima amiga de Luis Jiménez de Asúa, presidente de la República en el exilio tras la muerte de Diego Martínez Barrio.


Fuentes consultadas: SBHAC, Foro Todo Avante, toledogce blogspot .

Imágenes: Toledo GCE



jueves, 27 de octubre de 2016

CARLOS SOTO ROMERO, TENIENTE DE NAVÍO DE LA ARMADA REPUBLICANA




Muchos, demasiados, son los marinos de la Armada de la República olvidados por la historia, el Teniente de Navío Carlos Soto Romero es uno de ellos. En el momento de llevarse a cabo el golpe de estado, e inmediata rebelión militar, de 1936 Carlos Soto estaba cercano a cumplir los 34 años de edad, fueron los últimos que cumplió, el cinco de noviembre de 1936 los sublevados le fusilaron en Palma de Mallorca.

El "T-17"
(Posiblemente en  Cartagena, fecha desconocida)
El 18 de julio de 1936 el TN Soto se encontraba en Barcelona, a bordo del "Torpedero 17" del que era su comandante. El "T-17" pertenecía a una clase de buques construidos por la Sociedad Española de Construcción Naval (SECN) entre 1912  y 1921 según planos y especificaciones de Chantiers et Ateliers A. Normand (Astilleros y Talleres A.Normand. Le Havre. Francia). Con un desplazamiento a plena carga de 185 toneladas sus turbinas de vapor Parsons les proporcionaban una velocidad máxima de 25 nudos, su capacidad de combustible les daba una autonomía de 1.000 millas náuticas. Su armamento principal consistía en tres cañones tipo Vickers de 47 mm, y dos tubos lanzatorpedos, uno simple y otro doble. Su tripulación estaba compuesta por 31 marinos. El "T-17" que comandaba el TN Soto en 1936 llevaba en activo 19 años. Bajo bandera republicana desde 1931 hasta 1939 sobrevivió a la guerra, en 1949 fue dado de baja y enviado al desguace.

El 21 de julio de 1936 el "T-17" llega a a Mallorca  procedente de Barcelona, concretamente al Port de Pollensa, del buque baja el TN Carlos Soto, como emisario de la legalidad republicana su misión era instar la rendición de los alzados y evitar así un derramamiento de sangre. Soto actuaba siguiendo órdenes directas del general Aranguren. Exhibió bandera blanca y se dirigió hacia la base de hidroaviones del mismo puerto. El mando militar de la base le consiguió un coche de alquiler, conducido por el joven Macià Plomer, para cubrir los cerca de 60 kilómetros hasta la capital. 

Cañón Vickers de 47 mm.

Un control detuvo el vehículo a la altura de Inca, en manos de los sublevados como toda Mallorca, pero, tras comunicar con la autoridad de Palma, le dejaron continuar viaje. En la capital se entrevistó con el sustituto de Goded, el coronel Aurelio Díaz Freijoó, para que se sometiera a la autoridad gubernamental, con resultado infructuoso. Los rebeldes querían salirse con la suya. Carlos Soto dio por concluida su gestión y, en la creencia que le amparaba su condición de emisario de la legalidad, se dispuso a regresar a Pollensa y a Barcelona para notificar a sus superiores el resultado de la entrevista. Pero no le dejaron: en la puerta del mismo despacho de Díaz Freijoó le esperaba un grupo de militares y falangistas con Alfonso de Zayas a la cabeza, que le detuvo.

Al saber todo esto, Franco montó en cólera. Telegrafió a Baleares, tildando al torpedero leal a la República de ‘barco pirata’ y ordenando el juicio sumarísimo del teniente de navío detenido. A Franco le resultaba inconcebible todo lo relacionado con este episodio: que no se hubiese avisado por vigías de la presencia del barco republicano, que esta nave hubiese partido de regreso a Barcelona sin ser hostigado, que Carlos Soto recorriera todo el camino sin hallar un solo control de carreteras, que no hubiera sido detenido ni en la base militar de Pollensa ni en Inca ni al llegar a Palma, que se hubiera desplazado por la ciudad sin topar con nadie hostil, que entrara en el despacho de Díaz Freijoó, que éste hablara con él en lugar de detenerle él mismo, que le dejara salir de nuevo…

Carlos Soto Romero fue juzgado en consejo de guerra acusado de ‘traición’ en la causa 900/36 causa instruida por el comandante de Infantería Miguel Garau Sureda.  En fecha de 5 de noviembre de 1936, tan solo 14 días después de su detención, el teniente de navío Carlos Soto Romero, emisario de la República, fue fusilado en Palma. Era obvio que no había cometido ningún delito ni de rebelión ni de traición ni debía ninguna muerte, ni antes ni después del 18 de julio –su chófer ocasional, Macià Plomer, fue encarcelado durante tres años; el 23 de marzo de 1986 se publicó una entrevista con él escrita por Damià Quetglas en el suplemento Memoria Civil 1936 / 1986 del diario Baleares. 

El episodio rocambolesco del teniente de navío Carlos Soto ha permanecido como entre brumas durante mucho tiempo. El historiador franquista Ricardo de la Cierva lo citó con cierto tono jocoso en su obra Historia Ilustrada de la Guerra Civil Española, ediciones Danae, (1970). 

La realidad es sencillamente que el TN Carlos Soto fue asesinado por los sublevados, su bandera blanca de nada le sirvió, su valentía y lealtad a la República le impidió ver con claridad, suponer que unos militares sublevados respetarían su condición de emisario en son de paz fue su error y el del general que allí lo envío.





Benito Sacaluga.





Fuentes consultadas: Sociedad Benéfica de Historiadores Aficionados y Creadores (SBHAC) y Revista Naval.