lunes, 22 de noviembre de 2021

LA MEMORIA Y LA LEY DEL MÍNIMO ESFUERZO

 

 LA MEMORIA Y LA LEY DEL MINIMO ESFUERZO

 Declaración de la Asociación por la Memoria Militar Democrática (AMMD)

          


Desde el pasado día 3 de noviembre, organizada por la Fundación Pablo Iglesias y subvencionada por el Ministerio de Defensa, se acoge en el “Archivo Movimiento Obrero” de Alcalá de Henares (Madrid), una exposición que lleva el título “LOS LEALES 30 militares de la Republica”.

Aunque parezca una obviedad, se deben recordar como ”Leales” a aquellos militares que en Julio de 1936 permanecieron fieles a su promesa de lealtad a la República y a su Gobierno,  no participando en la sublevación, o bien “pasándose” a las filas republicanos durante la contienda. Consideraremos como “No Leales” o directamente “Rebeldes o sublevados” a aquellos miembros de las Fuerzas Armadas que se sumaron a la sublevación contra el Estado español, o bien se pasaron al bando rebelde durante el transcurso de la guerra. Huyamos de las tan recurridas como inaceptables equidistancias a la hora de hablar de los Ejércitos y la Armada leales y sublevados,  una  equidistancia que llevamos soportando desde el fin de la dictadura.

Cuenta la exposición citada con la colaboración, o al menos eso se dice en el díptico de propaganda, del Ministerio de Cultura, el de Defensa, Centros Documentales y varios Archivos. Como comisario de la exposición está Gutrnaro Gómez Bravo, titular del departamento de Historia Moderna y Contemporánea de la Universidad Complutense de Madrid, Director del grupo de Investigación de la Guerra Civil y el Franquismo y autor de varios e interesantes libros.

Ignoramos los motivos que habrán llevado a Gómez Bravo a reducir a 30 el número de militares significados que permanecieron leales al Gobierno de la República desde el inicio de la sublevación militar del 36, origen de la mal llamada Guerra Civil Española. En cualquier caso las 30 reseñas no llegan ni al 4% del total de jefes y oficiales destacados del Ejército de Tierra, Aire y Armada que mantuvieron su juramento de fidelidad a la República Española.

El propio Ministerio de Defensa editó en el año 2015 el libro “Hombres de Armas de la República”, del Comandante Juan Barba Lagomazzini, el prólogo corre a cargo del General de brigada del Ejército de Tierra José Luis Coberna Caride. El libro, a lo largo de su más de 700 páginas, recoge las biografías resumidas de cerca de 900 jefes y oficiales de distintas armas que combatieron de forma significada en defensa de la libertad desde 1936 hasta 1939, algunos de ellos lo siguieron haciendo luchando contra nazis y fascistas durante la IIGM. Por supuesto, y por motivos perfectamente comprensibles e inevitables muchos otros no figuran en el libro de Juan Barba.

Si importantes son las ausencias, no lo es menos, en sentido negativo, incluir en el listado  de leales al Coronel Segismundo Casado instigador y protagonista del golpe de estado contra el Gobierno de Juan Negrín en marzo de 1939, en aras de una paz negociada con Francisco Franco. Además de no obtener nada de Franco, las maniobras de Casado propiciaron la división en el Ejército y la sublevación de la Base Naval de Cartagena, mientras tanto Franco se frotaba las manos. Finalmente, Casado marchó a Francia, país en donde permaneció hasta 1961, año en el que regresa a España, siendo sometido a Consejo de Guerra y absuelto por los franquistas.

Saludamos la intención de los organizadores de la exposición,  pero su  incomprensible simplicidad en nada ayuda a desterrar la idea, extendida en el seno de nuestra suciedad, de que  todos  los militares apoyaron la sublevación de 1936. No, no fue así, un elevadísimo porcentaje de militares de carrera mantuvieron su promesa de lealtad a la Republica, aun a costa de sus vidas, o de largos años de cárcel, o de un interminable exilio, cumplieron con su deber, tal y como voluntariamente prometieron todos los Generales en situación de actividad n reserva y todos los Jefes, Oficiales y asimilados que no estaban retirados o separados del servicio, según lo establecido en el Decreto 113 del 24 de abiil de 1931:

"Prometo por mi honor servir bien y fielmente a la República, obedecer sus leyes y defenderla con las armas", texto que en lo referente a la Armada quedó así: "Prometo ser fiel a la Nación, leal al Gobierno de la República y obedecer y respetar y no abandonar a los que me manden"

Reducir el número de leales dignos de mención a tan solo 30 poco ayuda, más bien perjudica, obstaculiza la necesidad de que la verdad se imponga. Esperamos que más pronto que tarde tanto todos los "Leales" como los "Rebeldes", junto con el detalle verídico y objetivo de su comportamiento, figuren en los libros de Historia que circulen por los Institutos y Universidades, y desde ya en las Academias Militares, como ejemplo de lealtad de unos y de deshonor y traición de otros.

Deploramos también que se haya perdido la ocasión para manifestar con rotundidad, desde el Ministerio de Defensa, que el rechazo al franquismo por los miembros de las Fuerzas Armadas en modo alguno cuestiona la debida neutralidad política de los militares y que la utilización espuria de este argumento para acallar a sus críticos coloca a un régimen nacido de la deslealtad de una parte de sus mandos como una opción política válida.

Terminar aclarando que el díptico de la exposición presenta un error muy difícil de justificar. Se inlcuye la imagen de un barco de guerra, el pie de foto nos indica que es el acorazado "España", cuendo en realidad se trata del crucero "Libertad", buque insignia de la Flota Republicana. El acorazado "España", en dique en Ferrol, cayó en los primeros momentos en manos de los golpistas, pese a la resistencia de la tripulación frente a dos regimientos sublevados, uno de Artillería u y otro de Infantería de Marina.


Madrid,22 de noviembre de 2021.

Asociación por la Memoria Militar Democrática.






lunes, 25 de octubre de 2021

TIERRA A LOS MUERTOS EN EL ACORAZADO "JAIME I"



La lectura de lo que sigue me provoca una amarga sensación, una rabia incontenible al ver como los mandos de la Base, el Arsenal de Cartagena y a la postre el Ministerio de Marina dieron tan deshonrosa sepultura a los marinos fallecidos en el acorazado “Jaime I” aquel fatídico 17 de junio de 1937. Una vergüenza sin paliativos.

Del libro “Acorazado Jaime I: El Potemkin español” de Manuel Gantes García, miembro de la dotación del acorazado. (Págs.: 130, 131 y 132)



En la imagen la zona del puente del acorazado tras el sabotaje
en el puerto de Cartagena


… A la mañana siguiente al traslado de los ataúdes al cementerio asistí a otra asamblea, en la cual también hubo leva de personal. Una vez concluida ésta y antes de romperse la formación, un Auxiliar del Cuerpo de Buzos me ordenó que saliera de las filas y me puso a su lado. A continuación mandó salir a diez marineros más que se unieron a mí y todos juntos subimos a una camioneta que nos esperaba. Antes de arrancar los vehículos, el buzo explicó el cometido que llevábamos y que era ir al cementerio a enterrar a los muertos del “Jaime I”. Por mi parte asentí a lo que me decía e íntimamente le agradecí que me hubiera escogido para aquella misión como deferencia hacia el buque en el cual había sido tripulante. Rápidamente el coche se puso en marcha, y una vez pasado el control de  la puerta este tomo la dirección de la necrópolis de Santa Lucía.

Cuando llegamos al sagrado recinto ya nos esperaban dos sepultureros que nos explicaron lo que teníamos que hacer y que consistía en cavar una gran fosa para enterrar a los que habían quedado insepultos el día anterior. Provistos de las herramientas necesarias, comenzamos a trabajar con la decisión de acabar con aquella tarea lo más pronto posible. A todo esto el calor ya se hacía sentir y el hedor de los cadáveres apestaba el aire. A golpes de azadón deshacíamos las sepulturas existentes, cuyos materiales apartábamos para las veredas. Pronto empecé a sudar y me despojé de la camisa quedando con el pecho al aire. A medida que avanzábamos en aquel trabajo tan macabro iban surgiendo entre nosotros diversos restos humanos, que a juzgar por lo intactos que estaban calculamos que habían sido enterrados hacía poco tiempo.

No había pasado la mañana cuando empecé a sentir el síndrome de los cementerios. El polvo seco que respiraba me secaba la boca y me daba asco pensar que estaba trabajando detritos humanos. Llegamos al mediodía con un sol abrasador. Hambrientos y bañados en sudor dimos fin a la primera parte de nuestro trabajo quedando la tumba preparada para ser ocupada. Dada la hora que era, y al ver que nadie apareció para relevarnos, nuestro jefe se mostraba inquieto y nervioso por no disponer de comida para la gente. Como quiera que viera en nosotros malas caras por esta contrariedad, rápidamente tomo una decisión, diciéndonos que estuviéramos tranquilos pues iba a un lugar cercano en busca de alimento.

Después de descansar un poco bajo una sombra me entró una impaciencia que no pude contener, por lo que, y con objeto de distraer el hambre me dediqué a leer las inscripciones de las tumbas….El tiempo pasaba, el hambre nos acuciaba y no veíamos la solución por ninguna parte. El buzo que nos mandaba tardaba mucho en regresar y esto nos parecía mala señal. Algunos de mis compañeros protestaban abiertamente y los que mostrábamos más serenidad en el fondo estábamos hondamente soliviantados. Aquella situación era en sobremanera desagradable y la atribuíamos a una falta de dirección eficaz. En aquellos momentos, en plena juventud y sin comer, el hambre era muy mala consejera. Y esto hacía que algunos exaltados se asociaran con los fantasmas de las sublevaciones, que aún no se habían extinguido del todo.

Los sepultureros habían marchado. Después de mucho esperar, al fin vimos venir a nuestro jefe cargado con una cuna tomatera que, por el peso que aparentaba, daba la sensación de que traía comida en abundancia. Ya una vez junto a nosotros, comenzamos a repartir el contenido del cesto, y vimos con sorpresa que solo había una docena de peras que por cierto eran muy duras y pequeñas. Pero como el hambre era mucha, nadie comentó nada y en silencio devoramos la fruta.

Reanudamos el trabajo. Como el sol ya estaba muy bajo, el jefe nos metía prisa y al distribuir a la gente me mandó para la fosa con el cometido de estibar los ataúdes. A todo esto, a pesar de que trabajaba con mucha voluntad, pronto me vi y no me deseé con la encomienda que me había dado. Dada la profundidad del hoyo, en el momento de recoger los féretros que nos echaban de arriba, estos quedaban tan verticales que la sangre chorreaba sobre los que estábamos abajo. Y aquellos se me hacía muy repelente. De todas maneras, esta contrariedad la soportaba con paciencia, porque, al fin y al cabo, yo me sentía muy honrado, por ser el único tripulante del acorazado que había dado sepultura a sus compañeros.

La noche se echaba encima. Apurando lo más posible, echamos las últimas paletadas de tierra en la fosa y dimos por concluida nuestra misión. Una vez recogidas las herramientas, nos acercamos a la caseta de enterradores, los cuales con un balde nos arrojaron por el cuerpo un líquido desinfectante. Sin pérdida de tiempo, porque la oscuridad ya era total, rápidamente subimos a la camioneta y emprendimos eL regreso al Arsenal. Durante el camino de vuelta, me sentía como vacío e insensible por la experiencia de haber hecho de enterrador. Cuando llegamos al cuartel ya todo era silencio. Nos dieron algo para cenar y a continuación nos fuimos a dormir.


 


********** 

martes, 19 de octubre de 2021

LA PROSTITUCIÓN FUERA DE LA LEY

 


Según el recién celebrado 40ª Congreso Federal del PSOE, parece que se van a impulsar leyes en contra de la prostitución.


Cartel de Dario Carmona para la Inspección General de Sanidad Militar de la República Española. Publicado en la web vice, vía Biblioteca del Pavello de la República/Universitat de Barcelona.


Hace casi 85 años el Gobierno del Frente Popular ya declaró fuera de la Ley la práctica de la prostitución. La ley de profilaxis 12.331 fue sancionada el 17 de diciembre de 1936 y promulgada el 30 de diciembre de ese mismo año. Entre sus disposiciones incluía cerrar todos los burdeles. Sobre este tema, en marzo de 1937, en plena Guerra de España, en el Semanario La Armada, Órgano Oficial de los Marinos de la República, se publica lo siguiente:

Por mucho que hablemos, por mucho que escribamos, por mucho que ocupe nuestra atención el problema que superficialmente quiero tratar, no habremos hecho nada de más en favor de una epidemia, una verdadera plaga que se ha cebado en nosotros con un encarnizamiento que hace pensar en un deliberado propósito de restarnos energías cuando más las necesitamos, cuando todas son pocas.

A nadie se le oculta los estragos que el venéreo viene haciendo con vertiginosidad inusitada en los combatientes de mar y tierra. Parece como si algún enemigo nuestro prodigara este mal. Que la metralla ejerza su efecto destructor, difícilmente se podrá evitar; pero que el venéreo roa poco a poco nuestra existencia, es matarla, que si no se puede extirpar totalmente, al menos reducir a su más simple expresión; basta con que nos lo propongamos.

Hay un decreto del Gobierno, dado con anterioridad al movimiento, que declara a la prostitución fuera de la Ley. En algunas capitales, desde hace pocos días, se ha empezado a poner en práctica, este saludable deseo del Gobierno, expresado en forma de ley con anterioridad a la traición fachista. Ningún sitio más necesitado del cumplimiento de esta orden ministerial que Cartagena; todas las consideraciones que hagamos a este respecto, huelgan. Y yo, desde las columnas de nuestro semanario, pregunto a las autoridades de Cartagena, que ¿hasta cuándo va a durar aquí el que se consienta ese impune comercio que envilece al que lo explota y envenena al que lo mantiene?

Nuestro Comisario Político se ha ocupado de esto. Piensa él, con sobrada razón, que esta medida no acabará de raíz con el mal; pero convengamos todos, que de nada serviría la buena voluntad de los hombres que día tras día luchan por aminorar los terribles efectos de esta plaga, sino se empieza por cerrar los cubiles donde se engendra.

GRANDA



domingo, 17 de octubre de 2021

LA MEDALLA DEL DEBER PARA LA DOTACIÓN DEL PETROLERO "ELCANO"

 


Diario Oficial del Ministerio de Defensa Nacional
 Disposiciones de Marina
 Barcelona, 12 de noviembre de 1938.

 


 

Subsecretaría.

Vista la propuesta formulada al efecto, y de conformidad con la Junta de Recompensas de la Subsecretaría de Marina, este Ministerio ha resuelto conceder la Medalla del Deber al personal que a continuación se relaciona y que formó parte, en el mes de julio de 1937, de la dotación del buque tanque petrolero «Elcano», que realizó en aquel mes un servicio de transporte de combustible líquido en circunstancias especiales.

Asimismo, se dispone que dicha concesión se haga extensiva a todo el personal que, no figurando en la relación, hubiera tomado parte en el servicio de referencia, debiendo remitirse por los interesados o por las autoridades de las que éstos dependan en la actualidad, la oportuna justificación de dicho extremo al Negociado de Recompensas de la Subsecretaría de Marina.

Alfonso Játiva

 

Relación que se cita:

Capitán de corbeta R. N. 

Dámaso E. Menéndez Fernández

Daniel Álvarez Rubiera

Capitán maquinista 

Manuel Rivero Fuentes

Alférez de navío 

José Troyano de los Ríos.

Oficial segundo naval  

Juan Muíños Clavijo

Teniente maquinista 

Rafael Vicaría Juan.

Vicente Gallo del Villar.

Auxiliar de torpedos 

Juan Brian

Auxiliar Alumno de Artillería 

Manuel Álvarez Gil

 Juan Ibáñez García

Crescencio Sintes Pons

Valentín Pérez Picos.

José López Lamelas.

Auxiliar Alumno Radiotelegrafist

José García Chueca.

Pedro Liarte Pérez

Cabo de Fogoneros

Antonio Sixto Sixto

Pedro Rodríguez Santamaría

Rodrigo Piñeiro Torres

Fogonero preferente 

José Teruel Hernández. 

José Cabana Silvar

Antonio Manteiga Fresedo.

Marinero 

Hilario Ruibal.

Angel Bastos

 Aurelio Alonso

Segundo Eguía

José Barroso

José Galego

Marcelino González

Manuel Martínez

Benigno Vázquez

 Fermín Corona

Ezequiel Damalia

Casimiro Barros

José Crujeiras Mariño

Mayordomo 

José Fernández Vázquez

**********



El petrolero "Elcano, siendo remolcado al puerto
de El Musel.(Gijón)
Imagen: De los Océanos, los libros y la cultura naval (Editada)