Teniente Coronel Maquinista de la Armada. Submarinista.Jefe de Máquinas del Acorazado "Jaime I". Jefe de los Servicios de Inspección de Máquinas de la Flota Republicana - Director de la Escuela Naval Popular de Cartagena - Cádiz 1.882 - Cartagena 1.939
viernes, 24 de febrero de 2023
DOTACIÓN DE LA ESCUELA NAVAL POPULAR DE LA REPÚBLICA AL UNO DE DICIEMBRE DE 1938
domingo, 19 de febrero de 2023
MARIANO SÁNCHEZ ROCA, CORONEL AUDITOR DE LA ARMADA REPUBLICANA
El 18 de agosto de 1936 se aprueban por el Gobierno de la República una serie de disposiciones en relación con el personal de la Armada. En una de ellas se nombra a Mariano Sánchez Roca Auditor de la Escuadra.
Mariano Sánchez Roca. Natural de Madrid (22-06-1895). Licenciado en Derecho en 1918 (Universidad de Zaragoza). Doctor en Derecho por la Universidad Central de Madrid. Próximo al movimiento anarcosindicalista. Director de diario “El Carbayón” (Oviedo). Fundador de “La Voz de Aragón” (1925)
Tras la sublevación militar (1936) fue Coronel Auditor de la Armada. Subsecretario de Justicia con el ministro García Oliver al que recomendó para el cargo de Inspector Especial de Prisiones al anarquista Melchor Rodríguez, quien estuvo nueve días en el cargo y fue el que detuvo las ejecuciones de Paracuellos del Jarama (Madrid).
Acabada la guerra se exilia en La Habana (Cuba), ejerciendo como editor y librero. Fundador de Editorial Lex. Director de la revista cultural Crónica. Tras el triunfo de la Revolución cubana crea la Biblioteca Popular Martiana editando la obra del poeta, político y líder independentista cubano José Martí, fallecido en 1895 durante la Guerra de Independencia cubana contra España. En los años 60 regresa a España, falleciendo en Madrid el 7 de agosto de 1967.
DIARIO OFICIAL DEL MINISTERIO DE MARINA.ORDEN MINISTERIAL 18 DE AGOSTO DE 1936
OTRAS DISPOSICIONES
Quedan en situación de disponibles forzosos en Madrid, el auditor de la Escuadra don Rafael Señán y Díaz y el fiscal de la misma don Juan Conejos Manent.
Teniendo en cuenta las circunstancias excepcionales en que tiene que ejercerse la Jurisdicción militar en la Marina debido al movimiento insurreccional, ante la imposibilidad del desempeño de algunas funciones judiciales por el personal del Cuerpo Jurídico de la Armada que tiene este cometido, y haciendo uso de las facultades que concede el articulo 46 del Cuerpo Jurídico de la Armada, se nombra para auditor de !a Escuadra al letrado don Mariano Sánchez Roca y para fiscal al letrado don Marino López Lucas.
Se dispone que el personal que se relaciona que presta servicios de enlace fuera de Madrid se considere en comisión indemnizable del servicio a partir del día 1 del actual, debiendo estimarse como destacados, a efectos de racionamiento el de la marinería que se reseña:
Auxiliar de Máquinas Juan Sande García
Soldado de Infantería de Marina Manuel Díaz López.
Marinero de Segunda Ramón Reíg Sala.
Marineros (chóferes) Antonio Lojo Ventoso, Manuel García Pastor, Manuel Artis Tomás y Francisco Ramón Creville.
Fogonero (mecánico) Alejandro Gil Amurio.
Se concede el .reingreso como cabo de Infantería de Marina al hoy marinero Luis Serrano Pareja por el tiempo de un año en campaña condicional, a partir de la fecha en que efectúe su presentación en el Grupo de Cartagena de Infantería de Marina, donde se le destina; rescindiéndose el compromiso que actualmente sirve como marinero reintegrando la parte proporcional de vestuario no devengada.
Se concede el reingreso en el servicio a loa Marineros Fogoneros licenciados Lázaro Márquez Márquez domiciliado en Torremolinos (Málaga) y Aurelio Segarra Solano, con domicilio en Los Dolores (Cartagena) calle de Sagasta 13, a partir de su presentación por tres años en primera campaña y previa justificación por documento expedidos por las Autoridades legitimas de sus puntos de residencias. Comités. Partidos o Sindicatos afectos al Frente Popular, de su lealtad y adhesi6n al Gobierno legítimamente constituido de la República.
Como continuación a la orden ministerial de 6 de agosto actual, resuelve este Ministerio a propuesta de la Sección Económico Administrativa de la Flota se considere ampliada en el Cabo Radiotelegrafista José Anca Hermida (1), en las mismas condiciones que el personal comprendido en la citada Orden ministerial.
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(1) José Anca Hermida nace en Ferrol (A Coruña) en 1906. Radiotelegrafista de la Armada republicana. Al final de la Guerra de España marcha a Francia, donde es internado en el Campo de Concentración de Saint-Cyprien, en la comarca del Rosellón, allí permanece cerca de tres meses. Desde Francia, marcha a México el 25 de mayo de 1939 a bordo del "Sinaia", llegando a Veracruz el 13 de junio. En México se establece como agente de ventas y jefe de personal de varias empresas. No regresará a España, pasa más de 29 años en México, desde 1939 hasta su fallecimiento en 1968. (e-xiliad@s)
Vapor francés "Sinaia" partiendo de Séte (FR) rumbo a México el 25/05/1939.
Imagen: Fundación Pablo Iglesias
martes, 7 de febrero de 2023
EL "CABO QUINTRES"
Este buque fue construido en 1916 en los Astilleros Euskalduna (Compañía Euskalduna de Construcción y Reparación de Buques), fundada en el año 1900 por Eduardo Aznar, Marqués de Bérriz y su primo Ramón de la Sota. Bautizado como "Mouro", su primer propietario fue la Compañía Vasco Cantábrica de Navegación, fundada en 1899 y finalmente desaparecida en 1981. La naviera Ybarra y Cia. lo compró en 1929 y lo rebautizó "Cabo Quintres".
Tenía 97,2 metros de eslora, 13,5 de manga y 7.5 de puntal. La propulsión la proporcionaba una maquina alternativa de triple expansión que conseguía una potencia máxima de 1.500 CV. Tenía un Peso Muerto de 4.193 Ton. y 2.905 toneladas de registro bruto. Además de la carga podía acoger a seis pasajeros.
Al comienzo de la Guerra de España quedó afecto a la flota mercante de Euzkadi, prestando servicio a la República con el nombre de "Baurdo". Llevó a cabo varios viajes desde Bilbao a Inglaterra. A la vuelta de uno de sus viajes, siendo su capitán Higinio Basterra, fue avistado por el crucero faccioso "Almirante Cervera", al que logró engañar fingiendo ser un buque de bandera francesa, burlando así el bloqueo y logrando entrar en el puerto de Bilbao con todo su cargamento, puerto del que salió nuevamente en mayo de 1937, rumbo a Inglaterra con un cargamento de mineral. Estuvo operando en puertos rusos, polacos y países bálticos, hacia puertos franceses del Atlántico.
El 15 de noviembre de 1938, navegando con destino Barcelona fue interceptado por el crucero auxiliar faccioso "Ciudad de Valencia", huyendo del crucero logró refugiarse en el puerto noruego de Bergen en donde permaneció hasta el final de la guerra.
Acabada la guerra y estando de nuevo en poder de la Cia. Ybarra, en mayo de 1953, cuando estaba realizando servicio de cabotaje entre Barcelona, Santander, Pasajes, Bilbao, navegando cerca de Cabo Billano (Plentzia) embarrancó a causa de la niebla, produciéndose una brecha en el casco de aproximadamente tres metros y medio en la zona de proa. Nada pudieron hacer los remolcadores llegados desde Bilbao, se hundió sin que hubiera que lamentar víctimas entre los 38 miembros de la tripulación y allí quedó para siempre.
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Fuentes consultadas:
- buques.org
- La marina mercante y el tráfico marítimo en la guerra civil. R. González Echegaray
domingo, 29 de enero de 2023
EL MERCANTE "ARRILUZE" ATACADO POR EL CRUCERO "ALMIRANTE CERVERA"
En los primeros momentos de la sublevación militar el crucero "Almirante Cervera" se encuentra en Ferrol, en dique seco, siendo uno de los primeros buques facciosos alistado y operativo en esa zona. Al mando del capitán de fragata sublevado Salvador Moreno pasó a las costas asturianas, más concretamente a las costas de Gijón, en apoyo de los sublevados del Cuartel de Simancas, sede entonces del Regimiento de Infantería de Montaña “Simancas” n.º 40. Su primer ataque a un barco de bandera republicana lo lanza contra el mercante “Arriluze” de 3.200 toneladas, matricula de Bilbao, de la Cia. Marítima Catalana S.A requisado en julio de 1936 por el Gobierno de la República. El "Arriluze" fue construido en los astilleros Wood, Skiner & Co de Newcastle (GB) y bautizado como "Kilsyth" entregado a la compañía naviera Willian Blair & Co de Glasgow en 1892. En 1899 es vendido a la bilbaína Uribe y Equiraun y rebautizado "Arriluze". En 1919 cambia nuevamente de dueño al ser vendido a la Cia. Marítima Catalana, S.A., donde presta servicio hasta la fecha en que es incautado por el Gobierno de la República. Un total de 44 años en servicio a la fecha de su pérdida. Tenía 83,8 metros de eslora, 11,4 de manga y 5,5 de puntal. Su propulsión se conseguía a través de una máquina de vapor alternativa de triple expansión, utilizando carbón como combustible para su caldera.
El 20 de agosto de 1936, a la altura de Cabo Negro (Asturias), el mercante, totalmente desarmado, fue cañoneado durante horas por el “Almirante Cervera” y el bou “Tritonia”, dejándolo partido en dos, quedando encallado sobre estribor.
Según nos informa Sebastian Cabot (webmar):
Parte de la tripulación consigue llegar a tierra, el 2º Maquinista fallece a consecuencia de las heridas. El capitán Policarpo Barañano Castaño, natural de Sestao, el jefe de máquinas Antelo Múgica Mendieta, el Radio y el Inspector que estaba a bordo son detenidos. Sabemos que el jefe de máquinas y el capitán fueron llevados a Ferrol, ingresados en el penal de La Escollera y fusilados sin más el 29 de agosto. Del Inspector y el Radio no tenemos aún noticias. Eran civiles trabajando para ganar el sustento de sus familias.
El pecio del mercante fue desguazado una vez acabada la guerra.
Transcribo a continuación el testimonio que sobre lo sucedido nos dejó el Primer Oficial del “Arriluze”, Santiago de Arriandiaga, en una entrevista concedida en Elantxobe (Vizcaya) a Diario Euzkadi, publicada el tres de septiembre de 1936.
El día 12 de agosto salió de Valencia para Musel o Santander -donde pudiera- el vapor de la Compañía Catalana Marítima “Arriluze”, de tres mil doscientas toneladas. Llevaba treinta y cuatro hombres de tripulación y el siguiente cargamento: Dieciséis cureñas (carros de cañón), tres cajas de espoletas y cincuenta cajas de cápsulas de fusil máuser.
Antes de salir del puerto, el capitán señor Barañano, en su nombre y en el de la oficialidad, solicitó de las autoridades el enrolamiento de algunos milicianos que defendieran el cargamento. Pero la situación en aquellos momentos de la capital valenciana no permitió la distracción de combatientes ni para aquel importantes cometido. Lo que hizo el Frente Popular valenciano fue dotar al “Arriluze” de un fusil, un rifle y otra arma. ¡Pobre defensa para un vapor que había de internarse en zona peligrosa en su servicio a la República! Así partió el “Arriluze” camino de Musel con una tripulación animosa. Y así fue ganando millas y millas, con alguna dificultad por parte de las maquinas, que no producían la necesaria fuerza debido a la mala calidad del carbón.
A la altura de San Vicente, en Portugal, el “Arriluze” encontró vientos Norte, muy duros. El buque andaba poco, muy poco. Y la situación quedo comprometida a la altura de Berlingas, cala portuguesa, porque el carbón era tan malo que su combustión no producía la suficiente presión en las maquinas. El capitán señor Barañano, decidió convocar a la oficialidad y a la tripulación. -¿Qué se hacía?- Se acordó por unanimidad continuar en aquella forma hasta hacer día. Afortunadamente, no hubo necesidad de esperar, ya que la capa mala de carbón parecía haber desaparecido. El “Arriluze”, ahora con las maquinas en presión, continuaba viaje… Después de aquella capa de carbón de excelente calidad que hizo concebir tan halagüeñas esperanzas, nuevamente comenzó a fallar el combustible. A la altura de Leixaes, en Portugal, el buque detuvo su marcha. El capitán volvió a plantear a la oficialidad y tripulación el interrogante: -¿Qué se hacía?- El primer maquinista, contestando a la pregunta que se le formulaba, contestó que el “Arriluze” tenía suficiente carbón para llegar a puerto. El segundo y tercer maquinista contestaron que no. Pero la oficialidad y tripulación adoptaron el acuerdo de que contra viento y marea era preciso continuar la ruta, y que en todo caso era preferible hundir el barco con su precioso cargamento antes de entregarse. Lo hicieron sin alardes, de esa manera callada a que el mar inmenso ha obligado al marino a pensar y a hacer.
El “Arriluze” navegaba a treinta millas de Cabo Peñas. De pronto, como surgido del fondo marino, un buque de guerra: el “España”. Eran las nueve y media de la mañana. El pirata lanzó a poca distancia dos cañonazos de aviso. El “Arriluze” se vio obligado a parar la máquina y a esperar al “España” a que ganara una de las bordas de nuestro buque. Comenzaron a hablar: pero la descarga del vapor de las maquinas del “Arriluze” impedía entenderles. El “España” comenzó a dar vueltas alrededor de su presa. Por medio del telégrafo de banderas pregunto: -¿A dónde van?- Se le contestó concisamente: A Santander. -¿Qué cargamento?- volvió a interrogar, lastre de agua fue la contestación. Ni saludó siquiera. Cambio de rumbo y se perdió en el horizonte.
Imagen: todoavante.El “Arriluze” dio máquina, y la tripulación respiró satisfecha. Había salvado un obstáculo. Pero dura poco la alegría en casa del pobre, suele decirse. A la una y media de la tarde, a la altura de Cabo Peñas, muy cerca de este, el “Arriluze” avistó en el horizonte un buque de gran porte. El capitán dio una orden tajante: ¡Cerrar el timón! Se deseaba ganar a toda costa el puerto de Avilés. El señor Barañano, capitán del “Arriluze”, ordenó al mismo tiempo que fueran todos a la máquina y apurasen los fuegos. El buque del horizonte, en el entretanto, dejaba percibirse más claramente. Primero, una torreta; luego, otra. Todavía detrás de aquel buque que comenzaba a perfilarse apareció un “bou”. El “Arriluze”, valientemente, forzando las maquinas, iba llegando a puerto. Solo faltaban tres millas de Avilés, cuando el cañón de buque misterioso dejo oír el rugido de su voz. ¡Maquina adelante! Era la respuesta adecuada.
El “Arriluze”, sin medios de lucha, se echaba heroicamente a las rocas. Todo antes que entregarse al enemigo. Pero la maniobra fue observada a tiempo por el buque faccioso. Y fueron, uno tras otro, ocho cañonazos que caían cerca, cada vez más cerca. La gente de máquinas subió a cubierta. El “Arriluze” había parado maquinas muy cerca de las peñas que dan tal nombre al citado cabo. Del “Almirante Cervera”, pues tal era el buque misterioso, desplazaron un bote al “Arriluze”. Lo tripulaban veinticinco hombres al mando de un oficial. Veinte subieron a bordo con los fusiles amartillados. -¡Toda la tripulación a nuestro barco! -bramó el oficial-. ¿Quién es el capitán? Barañano se adelantó: -Yo soy- . A continuación se desarrolló un dialogo dramático: -¿Cuántos hombres tiene usted a sus órdenes? - Treinta y cuatro y un pasajero. -Entregue usted toda la documentación- exigió el oficial. -No tengo más que el rol- respondió dignamente el capitán del “Arriluze”. -¿Quién es el primer maquinista? Antero de Luxua, de Portugalete, dio un paso al frente. -¿Quién es el pasajero?- volvieron a interrogar. El inspector de los “Garcías”, de Santander, avanzó . En el entretanto, el capitán iba y volvía con el rol. A la vista de éste, el oficial preguntó: -¿Qué cargamento llevan?- Barañano repuso: -En el rol consta- . En la caseta del telegrafista, un marinero del “Cervera” se comunicaba con banderas con el buque faccioso. Bajó el marinero, hablo quedamente con el oficial y acto seguido se ordenó que toda la tripulación fuera a popa... Temieron un fusilamiento. Dos fogoneros y un palero hubieron de bajar a las maquinas, siguiendo instrucciones de los asaltantes. Se cambiaron las siguientes órdenes: Si el “Almirante Cervera” pitaba dos veces, quería decir; “Seguidme”. Si no se le podía obedecer, el “Arriluze” había de contestar con un toque de sirena. Si le seguía, el “Arriluze” había de tocar tres pitadas. Y si el “Almirante” hacía sonar por cuatro veces su sirena, ya podía la tripulación ganar los botes y alejarse rápidamente, puesto que el “Arriluze” iba a ser cañoneado.
Mientras, el buque salido de Valencia, empujado por el mar, se iba peligrosamente a las peñas. El oficial faccioso ordenó a los suyos embarcar en el bote. Ya con un pie en la escalerilla advirtió que la desobediencia de las órdenes dictadas supondría la muerte del capitán, señor Barañano, maquinista Luxua y el pasajero que se llevaba con él al buque pirata. La tripulación, angustiada por la suerte de su capitán, quedó pendiente de los toques de sirena. Pendiente, pero dispuesta al mayor de los sacrificios, puesto que apenas se había separado unos metros el bote asaltante del buque leal, cuando los fogoneros subían a bordo sin mantener el fuego en las maquinas. Al “Cervera” no se le seguiría aunque ello supusiera la muerte.
Pero la traición más negra anidaba en el buque de guerra sublevado. No había llegado el bote que se llevaba al pasajero, maquinista y capitán del “Arriluze” al “Almirante Cervera”, y ya éste dispara sobre el buque indefenso un cañonazo. La tripulación hubo de tumbarse sobre cubierta y arrojarse al agua. Santiago Arriandiaga, primer oficial del “Arriluze”, con nombramiento de capitán inglés y español, se dirigió a echar los botes, consiguiendo lanzar el pequeño de servicio. ¡Pero el bote era incapaz para todos! Arriandiaga lanzó al agua varios botes salvavidas en medio de un furioso cañoneo. -¡Todo el mundo al agua!- grito el primer oficial en medio de aquel diluvio de metralla. Y el mar fue con todos. Iba delante el bote de servicio completamente lleno. Detrás, casi sumergido, uno de los botes salvavidas…. Se oyó pedir ¡socorro! débilmente. La solidaridad de los hombres de mar es tan inmensa como el océano mismo.
A pesar de la necesidad de ganar tiempo, Santiago Arriandiaga paró su bote y dedicose a recoger náufragos. De tierra, en las rocas, los vecinos de San Martín de Podes ayudaban lo que podían. El bote salvavidas recogió a dos tripulantes sin conocimiento. El “Arriluze”, destrozado por la metralla y empujado por el mar, encallaba en las peñas. Ya el “Almirante Cervera” no tenía nada que hacer. Pero con una crueldad criminal dedicose a alcanzar con sus cañonazos a los botes que a fuerza de remos intentaban ganar la costa. Tres valientes de San Martín botaron una embarcación pequeña y salieron al paso de los náufragos con el propósito de darles remolque. El gesto tenía un indudable valor en aquellos momentos difíciles.
De pronto, cuando los marinos se encomendaban a la Virgen del Carmen, su Patrona, el “Cervera” calló y emprendió la huida. En el cielo sin nubes dos trimotores avanzaban rápidamente. Pero aún no había desaparecido el peligro, puesto que el “bou” faccioso continuaba cañoneando, sustituyendo al tristemente célebre buque pirata. La embarcación de San Martín alcanzó el bote salvavidas y le dio remolque. Ya en tierra, se hizo un recuento. Faltaban tres tripulantes: un maquinista, un fogonero y un marmitón.
Por la noche, todavía el “Almirante Cervera” regresó a cañonear al “Arriluze” encallado. No consiguió destrozar el cargamento, con el que la Republica pudo luchar en tierra contra la soberbia fascista.
Estos heroicos marinos del “Arriluze”, este primer oficial del buque leal, que se ha prestado a relatar este inédito episodio de la guerra civil, han quedado en una situación desesperada. Todo: dinero, enseres, ropa, se ha quedado allí con el “Arriluze” en la costa asturiana.
Benito Sacaluga
- Libro recomendado: El capitán del Arriluze. Luis de Guevara. Plaza Janés. (2015)




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