lunes, 2 de febrero de 2015

COMBATE DEL CABO DE PEÑAS




(1) Como botón de muestra de lo ocurrido en el arma submarina durante la Guerra Civil Española, hacemos referencia al caso del B-6, primera unidad de la Escuadra republicana en desaparecer en combate.

Tripulación del B-6
(Foto sin autentificar)
Ya a mediados de agosto habían sido enviados al norte los submarinos C-3 y C-6 a la caza del “España” y el “Cervera”, unidades de la armada sublevada, que venían sometiendo a los puertos del Cantábrico a intensos bombardeos. Antes de llegar a destino el C-3 regresa a Cartagena averiado quedando sólo el C-6, cuyo comandante, Mariano Romero, teniendo a tiro al Cervera que bombardea Gijón, se niega a dispararle, repitiendo posteriormente su actitud con el “España” cuando se le pone al alcance de los torpedos. De vuelta en Cartagena, Romero desaparece pasándose a los rebeldes. 

El 10 de septiembre, al mando ahora del torpedista electricista Ernesto Conesa Avilés, leal a la República y reputado masón perteneciente a la logia “Renacer” de los valles de Cartagena, de la que también forma parte, entre otros, el auxiliar 2º naval Laureano Rodríguez Fernández, contramaestre de cargo del B-6, volverá de patrulla al norte junto al C-5 al mando del capitán de corbeta Remigio Verdía, que pasará luego a mandar el C-6 desempeñando además la jefatura de la flotilla.

El B-6 al mando del teniente de navío Juan José González González que tiene como segundo a José Luis Pérez Cela, de idéntica graduación, y como oficial al alférez de navío Pablo Yoldi Lucas, zarpa de Cartagena en la madrugada del 18 de julio, decidiendo el comandante con acuerdo de los oficiales intentar meter el buque en Algeciras ya en poder de los sublevados. Tras hacer caso omiso estos oficiales de un radio-mensaje del C-3 pidiendo ayuda para impedir el desembarco de tropas sublevadas en la costa malagueña, y hallándose de guardia en el puente el segundo comandante Pérez Cela, proceden a su detención el segundo maquinista Juan Cumbreras González en compañía del auxiliar 2º naval Laureano Rodríguez Fernández, comunicándole ambos la ya efectuada del comandante y del oficial, haciéndose cargo del mando el citado maquinista el cual con la ayuda del comandante del C-3, pone proa a Málaga para desembarcar a los oficiales detenidos arribando a puerto el 22. 

De Málaga y con motivo de reparar averías, el B-6 regresa a Cartagena el 1 de agosto estando de nuevo en la plaza malagueña el 22 del mismo mes, donde le espera para hacerse cargo de su mando de manera forzosa por orden del Ministerio de Marina el alférez de navío Oscar Scharfhausen Kebbon, que tendrá como segundo al citado maquinista, que de hecho desempeña la jefatura militar del buque. Aunque para los mandos de la Marina Republicana Scharfhausen no era muy de fiar, se ven obligados a echar mano de él al no contar el submarino con oficial alguno del Cuerpo General que lo mandara.

De nuevo en Cartagena y ya al mando del citado alférez de navío comienzan los preparativos para salir hacia el Cantábrico con el objetivo, junto a otros submarinos allí destacados, de acabar con el bloqueo impuesto por la Marina rebelde desde sus bases en Galicia a los puertos del norte. El 15 de septiembre zarpa el B-6 de Cartagena con destino a Bilbao llevando en su interior un cargamento de 25 toneladas de munición para el Ejército del Norte.

Navegando en superficie, en la mañana del 19 es avistado por el destructor Velasco de la Marina rebelde, que pone proa a toda máquina al submarino, aunque éste al sumergirse desaparece, haciendo que el Velasco siga ruta hacia Santander, no sin antes ordenar al bou Ciriza (pesquero armado) y al remolcador Galicia vigilar la zona.  La opinión generalizada es que el alférez Scharfhausen navega en superficie con el ánimo de entregar el submarino a los sublevados, ya que si hubiera seguido en inmersión no lo hubieran encontrado, dado que ni el Velasco ni el Galicia y mucho menos el Ciriza tenían medios de detección alguna. Que esto es así lo prueba su propia declaración ante el consejo de guerra alegando que hizo todo lo que pudo por entregar el submarino: la entrada de agua tras la avería provocada por él mismo y no haber cambiado el rumbo para escapar del Velasco. La realidad es que sus planes serían desbaratados por la acción decidida de la tripulación, especialmente de maquinistas, navales y artilleros.

De nuevo en superficie, sobre las 12’30 horas a unas 15 millas del cabo de Peñas en Asturias, en día de buena visibilidad, avista el B-6 a unas 10 millas de distancia a dos bous armados (Ciriza y Galicia), enfilando el Galicia al submarino, ante lo cual decide el comandante nueva inmersión pero sin variar el rumbo, lo cual les acercaba aún más a los barcos enemigos en superficie. En la “inmersión”, Scharfhausen se las ingenia para provocar una avería al dejar abierta la válvula del acústico, comenzando a entrar agua por la torreta, lo que provoca la confusión y el miedo en la tripulación al creer que el buque no se está sumergiendo sino que se está hundiendo.

El propio comandante, producido el efecto deseado, ordena de inmediato volver a la superficie encontrándose con el Galicia a menos de mil quinientos metros, abriendo éste fuego contra el submarino emergente que se defiende haciendo inmersión, intentando seguidamente el remolcador pasar por encima de su estela para soltarle cargas de profundidad. Otra vez arriba el B-6, es ahora el submarino quien dispara su cañón dos veces haciendo blanco en el atacante al que causa daños y bajas. Viendo que el submarino resiste y que se dispone a atacar al Ciriza ordena su “comandante” poner el buque de popa para que no pueda disparar, llegando seguidamente el Velasco –que había sido avisado por el Galicia- al escenario de combate, el cual dispara al submarino con su cañón de proa hasta alcanzarlo en la sala de máquinas dejándolo fuera de combate pasadas las 4’30 de la tarde.

La dotación se echa al agua mientras el navío, ayudado por dos miembros de su tripulación que quieren correr su mismo destino, se va al fondo del mar hundiéndose en el mismo para siempre. 

Con el submarino quedaron bajo el mar el Auxiliar 2º de Electricidad Juan Heredia Rodríguez y el Cabo de Artillería Pascual Crespo.

El resto de la tripulación, rescatada y encarcelada en Ferrol, es sometida a Consejo de Guerra sumarísimo siendo veintiséis de sus miembros condenados a pena de muerte, de los cuales diez serán ejecutados en la Punta del Martillo del Arsenal ferrolano. Los ejecutados fueron:

Maquinistas Juan Cumbrera González, Andrés Navarro Barcelona y Fernando de la Pascua Galiano.

Auxiliar 1º de Torpedos Teodoro López Camazón.
Auxiliar 2º de Máquinas Víctor Bermúdez Bouza.
Auxiliar 2º de Radio José Guerrero Jiménez.
Cabo de Artillería José Chorro Muñoz.
Cabo de Electricidad Luis Preciados Rodríguez.
Marineros fogoneros José Navarro Díaz y Pedro Antonio Vera Rodríguez,

siéndole conmutada al resto de condenados la pena capital por la inmediata inferior de treinta años de reclusión: 

Maquinista Baltasar Zaragoza Nicolás.
Piloto Mercante Eugenio Dutrús Fuster.
Auxiliar 2º Naval Laureano Rodríguez Fernández.
Auxiliar 2º de Máquinas Gabriel Cerezuela Marín.
Auxiliar 2º de Torpedos Santos González Martínez.
Auxiliar 2º de Electricidad Pedro Ortíz Cela.
Auxiliar 2º de Radio Manuel León Escámez.
Cabos de Marinería José García Mulero, Vicente Guillamón Leal, y Juan Pinilla Oliver.
Cabos de Electricidad José Molina García, Antonio Arregui Azcárate, Juan Ruiz Carrascosa y Pablo López García.
Cabos Radiotelegrafistas Alberto Buendía López y Luciano Amado Muiños.

Pese a las dudas suscitadas por su comportamiento, el Alférez Scharfhausen, juzgado en consejo de guerra aparte presidido por Nieto Antúnez, será exonerado de todo cargo e incorporado a la Marina sublevada prestando inicialmente una serie de servicios secretos y peligrosos en Bilbao, orientados a pasar unidades republicanas a la Armada franquista. La caída de esta ciudad en 1937 le situará ya clara y abiertamente alineado con el bando rebelde. Su último destino, una vez alcanzado el grado de capitán de navío, será el de Comandante Militar de Marina de Sevilla, donde volverá a encontrarse con el antiguo contramaestre de cargo del B-6 Laureano Rodríguez Fernández, uno de los veinte condenados a muerte posteriormente conmutados, en una entrevista protocolaria y algo fría, de la que fue testigo el autor del presente trabajo.


(1) "La Armada española durante la guerra de los tres años (1936-1939)". Autor: Laureano Rodríguez Liañez, profesor del Departamento de Historia Medieval y Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla.



Caracteristicas del B-6



Clase Holland F-105
Astilleros: Sociedad española de Construcciones Navales (Cartagena)
Eslora: 64,18 metros
Manga: 5,60 metros
2 Motores diésel Nelseco (700 HP)
2 Motores eléctricos de 210 HP
2 Motores eléctricos para emergencias
Velocidad superficie 16 nudos
Velocidad inmersión 10,50 nudos
Cota máxima 60 metros
4 Tubos lanzatorpedos de 450 mm
1 Cañon Vickers de 76,20 mm
Tripulación: 28 a 34


Benito Sacaluga

2 comentarios:

  1. Día a día nos demuestra que la Armada estaba llena de traidores al Gobierno legítimo, al menos en cuanto a sus mandos se refiere. Lamentable situación.

    ¡Salud!

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