miércoles, 4 de febrero de 2015

EL COMBATE DE CABO ESPARTEL





(1) Concentrada en Málaga el grueso de la Flota tras el abandono forzoso de Tánger como puerto más cercano al Estrecho, una desafortunada decisión, en opinión recogida del blog de Benito Sacaluga, no tomada precisamente por los “cabos” sino por el mismísimo Indalecio Prieto, un político metido a Ministro de Marina, supone un duro golpe para la supremacía republicana en el mar al perder el control del Estrecho de Gibraltar.

El 21 de septiembre Prieto ordena la partida desde Málaga rumbo a Bilbao del acorazado "Jaime I", cruceros “Cervantes” y “Libertad” y destructores “Lepanto”, “Escaño”, “José Luis Díez”, “Antequera”, “Valdés” y “Miranda” a donde llegan el 24, al mando de Miguel Buiza que enarbola su insignia en el Libertad; el "Cervantes" al mando de Luis González Ubieta, el "Jaime I" comandado por Carlos Esteban, y la flotilla de destructores por Vicente Ramírez de Togores.


Una vez que la flota republicana deja atrás Ferrol, la marina sublevada hace bajar del Cantábrico a los cruceros “Canarias” y “Cervera” a romper el bloqueo del Estrecho que ha quedado a cargo de los destructores “Almirante Ferrándiz” y “Gravina”.



Señalada por la aviación sublevada la posición de los buques, el “Canarias” abre fuego contra el “Almirante Ferrándiz" disparándole tres andanadas hasta resultar hundido el 29 de septiembre muriendo casi toda su dotación, ciento sesenta hombres entre oficiales y marinería. 

Destructor "Gravina"


Por su parte el “Cervera”, encargado del “Gravina”, aunque sufre varios disparos de éste que le causan daños, le alcanza con un obús obligándole a refugiarse en Casablanca. De este modo el Estrecho quedaba libre de todo bloqueo republicano, facilitándose desde ese momento el paso de tropas desde Marruecos a la Península.

(1) "La Armada española durante la guerra de los tres años (1936-1939)". Autor: Laureano Rodríguez Liañez, profesor del Departamento de Historia Medieval y Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla.


Es defendible aceptar que el PNV intentó obtener beneficios por su participación en la guerra al lado del Gobierno de España. No es por tanto ningún despropósito suponer que el envío al Cantábrico del grueso de la Flota respondiese exclusivamente a una maniobra política en la que no intervinieron ni fueron consultados o escuchados sus mandos. Es lícito suponer, insisto, que el PNV puso condiciones extremas a su lealtad a la República.

Está demostrado que el nacionalismo vasco negociaba con los sublevados y con el Vaticano para lograr una salida de la guerra, abandonando así la defensa de la República Española. Prieto y el resto del Gobierno lo sabían y no actuaron contundentemente para evitarlo. Está igualmente claro que la postura del PNV ante la sublevación estuvo sembrada de dudas desde el primer momento.

Prieto, un político nato, impetuoso y con ciertas dosis de vehemencia y Largo Caballero, antepusieron la adhesión del PNV al interés estratégico del Estrecho. Azaña lo consintió. Esta creo que fue la primera equivocación, la segunda fue no acabar con la flota enemiga en julio, una flota que nada más tener conocimiento de la partida hacia el norte de la flota gubernamental envió dos cruceros al Estrecho, el "Canarias" y el "Almirante Cervera".

Una maniobra, la de Prieto, descabellada e inútil. Doce buques de guerra (un acorazado, dos cruceros, seis destructores y tres submarinos), en perfecto estado operativo se utilizaron como moneda provisional de cambio sin valorar detenidamente las consecuencias que el abandono del Estrecho podía llegar a suponer y aún más descabellada, si cabe, si tenemos en cuenta que la ofensiva sobre el País Vasco se estaba llevando a cabo desde el interior, ahí estaba el frente, y que el avance definitivo sobre Vizcaya estaba lejos de iniciarse.

Con la Flota en el Norte, el uno de octubre de 1936 se aprueba por las Cortes Republicanas el Estatuto de Autonomía del País Vasco y se crea la Marina de Guerra Auxiliar de Euzkadi, al mando de Joaquín de Eguía y Unzueta (Capitán de la Marina Mercante y Subinspector Local de Servicios Marinos), sus unidades son seis bacaladeros de altura requisados a los que se les dotó de cañones de 101,6 mm cedidos por el acorazado Jaime I.

Los supuestos acuerdos del gobierno con el PNV para que se mantuviese al lado de la República se cumplieron, pero el precio pagado fue descomunal.

Según Michael Alpert :

"No se puede minimizar la importancia del control nacional sobre el Estrecho de Gibraltar. Los nacionales dominaban una posición central, controlando una ruta marítima estrecha, y dominaban también el hinterland donde se encontraban las bases de apoyo. Al dominar el Estrecho se abrió la posibilidad, de gran significación para los meses venideros, de establecer una base avanzada en Palma de Mallorca, cuyo abandono por las fuerzas expedicionarias de la República llegaría a adquirir ahora una significación evidente".

Tampoco se aprovechó la permanencia de la Flota en aguas del Norte, salvo el desbloqueo provisional de las aguas y la entrega de un pequeño suministro de material, munición y víveres. No recibieron ninguna orden para conseguir el dominio de las comunicaciones marítimas enemigas, ni se interrumpió la llegada constante de material desde Alemania que estando los buques republicanos en el Norte tenía la ruta a Sevilla más o menos libre. 

En el capitulo III de la "Historia de la Armada Española", editado por el Ministerio de Defensa, titulado “Las acciones Navales de la Guerra Civil  Española” se reconoce la importancia del dominio del Estrecho y la importancia del papel de los buques :

“…El dominio del Estrecho, primero republicano y más tarde nacional, la campaña del Cantábrico totalmente favorable para la Armada nacional y la guerra en el Mediterráneo, ya en la última fase de la contienda, dieron la victoria final a quienes mejor supieron utilizar la herramienta naval que poseían. La decisión de Indalecio Prieto fue la peor de toda la guerra civil".
Graves errores estratégicos como consecuencia de decisiones políticas, mandos y oficiales desleales a la República infiltrados en la Flota, en el Ministerio de Marina y en el Estado Mayor, sabotajes, deserciones de oficiales del Cuerpo General....fueron puntos decisivos. Provocaron la pérdida del Estrecho y con ella el control de las rutas desde África, la política gubernamental de destinar la Flota casi exclusivamente para la protección de los convoyes republicanos, impidieron a la Flota republicana el control y bloqueo de los puntos de abastecimiento por mar de los sublevados. Unamos a esto  la actuación en el Mediterráneo de las fuerzas navales del eje Alemania-Italia y la mirada para otro lado de Francia e Inglaterra en lo relativo al incumplimiento del Pacto de No Intervención por parte de Hitler y Mussolini y tendremos las verdaderas claves de por qué se perdió la guerra.

Benito Sacaluga



No hay comentarios:

Publicar un comentario