martes, 23 de julio de 2013

LA MARINA, LA REPÚBLICA, CARTAGENA Y LA REPRESIÓN FRANQUISTA (III)

Cartagena y la II Guerra Mundial Falangistas, republicanos, espías, germanófilos y aliadófilos. (*)


Esvástica nazi
Durante los primeros años de la posguerra las autoridades del régimen no sólo estaban preocupadas por los problemas de abastecimiento. El curso de la II Guerra Mundial (en adelante, II GM) y su posible influencia en la vida política española, también estaba “presente en su afán”. Tras casi tres años de victorias continuas de los ejércitos alemanes y del Eje, en todos los frentes, excepción hecha de la invasión de Inglaterra, las cosas empezaron a cambiar. En el otoño–invierno de 1942, los aliados lanzaron la operación Torch. Ingleses y norteamericanos desembarcaron en el Norte de África, el 8 de noviembre de 1942. Asimismo, en enero de 1943, el Cuartel General del Führer reconocía oficialmente la derrota de los ejércitos alemanes en Stalingrado.

Ambos acontecimientos supusieron un punto de inflexión y un notable cambio de tendencia en el curso de la II GM. En principio, el desembarco en el Norte de África hizo saltar todas las alarmas a las autoridades españolas, a pesar de las garantías dadas por Roosevelt a Franco de que las tropas aliadas no iban a invadir territorio español.

El nuevo escenario de la II GM pasaba a desarrollarse en las mismas puertas de casa: el Mediterráneo y el Norte de África. Consecuentemente la Base Naval de Cartagena, el más importante núcleo militar español del Mediterráneo, cobró un considerable protagonismo y un papel muy significativo, tanto en el ámbito militar como en el político. Esta situación tuvo importantes repercusiones en la vida política cartagenera: franquistas y anti-franquistas, aliadófilos y germanófilos, empezaron a pensar firmemente que las cosas podían cambiar, en uno u otro sentido. Inmediatamente, en la medida que pudieron, todos ellos empezaron a jugar sus respectivas bazas.

La desclasificación de los archivos de la Administración norteamericana ha permitido conocer la intensidad, el alcance y la naturaleza de la cooperación entre la Alemania nazi y la Italia fascista con el régimen de Franco, durante la Guerra Civil y la II GM. Estos documentos han desvelado que en España, durante la II GM, operaba la Kriegsorganitation Spanien (en adelante KOSp), la Organización de Guerra Alemana en España, que tuvo una importante delegación y una significativa actuación en Cartagena, por los motivos anteriormente mencionados. La neutralidad oficial española no impidió, ni el comercio con las potencias del eje, ni el desembarco tolerado y protegido de una tupida e intensa red de militares y espías alemanes. La KOSp estuvo ampliamente protegida por las autoridades civiles y militares del régimen franquista. Esta protección y cobertura también se tuvo en Cartagena, como más tarde demostraremos. Un elemento fundamental de acicate a la colaboración entre nazis y franquistas fue la estrecha relación que se había establecido entre militares alemanes y españoles durante la Guerra Civil española.

Germanófilos en Cartagena


Medalla de la Orden del Águila Alemana
La política oficial cartagenera había sido profundamente afecta a los intereses del III Reich, al menos hasta 1942. Después de esa fecha, si bien la tendencia mayoritaria no cambia, empiezan a detectarse algunas disidencias. Los buenos oficios y los negocios del cónsul alemán Enrique Fricke, puestos de manifiesto por Francisco José Franco habían conseguido construir una tupida red de colaboradores y simpatizantes con el régimen nazi. El embajador Von Stoherer, así como otros altos funcionarios de la embajada alemana en España, reforzaban estas complicidades militares, económicas, e ideológicas, en sus periódicas visitas a Cartagena. Prueba de ello, es que no fueron pocas las autoridades civiles y militares condecoradas por el III Reich, en Cartagena. Desde el gobernador civil de Murcia, Sergio Orbaneja, hasta el General del Arsenal de Cartagena, Cristóbal González-Aller, pasando por el Comandante Militar de Marina, Augusto Cheriguini, o el periodista de El Noticiero y Cónsul de Perú en Cartagena, José Moncada Moreno, entre otros muchos. Todos ellos recibieron del gobierno alemán condecoraciones y reconocimientos, como las Cruces de 1ª clase de la Orden del Águila alemana; e incluso la valiosa Cruz del Merito con la Espada y la Estrella del Águila alemana (González-Aller). Probablemente en correspondencia a la interesada generosidad apologética alemana con estos militares y civiles cartageneros, al cónsul alemán en Cartagena, Enrique Fricke también le fue impuesta nada menos que la Orden del Yugo y las Flechas, una de las más preciadas condecoraciones del régimen. El consulado alemán en Cartagena estaba dotado además, nada menos que con un Secretario-Canciller, Carlos Muller, de nacionalidad alemana.

Los lazos que ayudaban a reforzar las buenas relaciones entre la élite político-administrativa cartagenera y el Tercer Reich, no sólo hacían referencia al ámbito militar, sino también al cultural y laboral: la asistencia de los hijos de los más representativos dirigentes falangistas cartageneros al Colegio Alemán de Cartagena; el sesgo pro-alemán de la información sobre la evolución de la II GM, omnipresente en la prensa, la radio, y en el cine a través de los Noticiarios de la UFA (Universum Film AG), la productora cinematográfica oficial alemana; la promoción del estudio del alemán como lengua de futuro; la germanofilia y la exaltación del régimen nacional-socialista; etc. Todo ello formaba parte sustancial de la vida cultural y la propaganda política oficial de Cartagena durante la primera mitad de la década de los cuarenta. Asimismo, 170 trabajadores cartageneros fueron voluntariamente a prestar sus servicios en las fábricas del Reich. La cooperación hispano-alemana llegaba hasta la mesa de los cartageneros: las simientes de patatas que se sembraban en la Huerta de Murcia y en el Campo de Cartagena procedían de Alemania.

En este sentido, pueden resultar útiles unas breves reseñas biográficas que nos ayuden a comprender el grado de compromiso con el régimen de algunos de estos militares y civiles, que tuvieron una influencia determinante en la política cartagenera:

a)
Francisco Bastarreche y Díez de Bulnes, sin duda el más importante, era bastante más que un Jefe de la Marina y un profesional de la Armada. Su trayectoria personal, familiar y política así lo ponen de manifiesto. Siendo Capitán de navío, junto con el Capitán de corbeta Pedro Nieto Antúnez, declaró el estado de guerra en la Base de Marín encabezando la sublevación en Galicia de julio de 1936. Los hidroaviones de esta base bombardearon el Cervera y el España, fondeados en El Ferrol, hasta que sus dotaciones que defendían la legalidad republicana se rindieron a los rebeldes.

Formó parte del tribunal de diversos Consejo de Guerra sumarísimos que tuvieron lugar en El Ferrol, en 1936, contra altos oficiales de la Marina que habían permanecido fieles a La República, entre ellos: Juan Sánchez Ferragut, comandante del Almirante Cervera y otros miembros de la tripulación (Causa nº 39/36), en total nueve penas de muerte; así como a los oficiales y la dotación del Torpedero T-2 (causa 65/36), cuatro condenados a muerte y cinco a reclusión perpetua.

En febrero de 1937, Bastarreche participó en uno de los episodios más sanguinarios y trágicos de la guerra civil. Siendo Comandante del crucero Canarias, en colaboración con el Cervera y con la aviación italiana y alemana, bombardeó y ametralló a los más de 60.000 civiles, ancianos, mujeres y niños, que huían por la carretera de la costa de Málaga a Almería, tras la toma de Málaga por las tropas rebeldes. Los cálculos más optimistas hablan de más 5.000 muertos, casi todos mujeres y niños. Tras ser Jefe de la Base de Cádiz, en 1941, es nombrado Capitán General-Almirante del Departamento Marítimo del Mediterráneo, en Cartagena. Entre 1941-44, firma y confirma más de cincuenta sentencias de pena de muerte dictadas por los tribunales de la Armada en Cartagena.

Fue designado por Franco, Consejero Nacional del Movimiento (2/1/1943), era la única persona que ostentaba esta nominación en la provincia de Murcia, por lo tanto detentaba la máxima autoridad política en la provincia. Asimismo, era Presidente de la “Hermandad de Mártires de la Cruzada”. Ya que su hermano Fernando Bastarreche, Comandante del Sánchez Barcáiztegui, fue sometido a Consejo de Guerra, condenado a muerte y fusilado en Málaga (21/8/1936) por haberse unido a la sublevación del 18 de julio, desobedeciendo las órdenes del gobierno republicano.

Estaba casado con Concepción Moreno, hermana de Francisco y Salvador Moreno, jefes de la sublevación en Ferrol y Galicia, en julio de 1936. Salvador Moreno fue nombrado Jefe de la Flota, desde la constitución de la Junta de Defensa, en Burgos (24/7/1936) y confirmado luego como Ministro de Marina. Francisco Moreno, nada más terminar la guerra, fue nombrado Capitán General del Departamento Marítimo del Mediterráneo, primero en Cartagena y después en Ferrol, donde murió en 1945.

Hijo adoptivo y predilecto de Cartagena, estaba en posesión de la Gran Cruz del Mérito Agrícola. Durante su mandato, 1946, se terminaron las obras de canalización de las aguas de río Taibilla, que deberían suministrar de agua potable a la Base Naval y de paso al pueblo de Cartagena.

b)
Manuel López Andújar, falangista de primera hora, ingeniero-director de Unión Eléctrica, en Cartagena. Además como alcalde de una ciudad, mayor de 50.000 habitantes, era Procurador en Cortes por el tercio municipal.

c)
Vicente Sergio Orbaneja y Castro, capitán de Sanidad Militar, pediatra, camisa vieja, uno de los promotores de la Falange en Mallorca, primo lejano del fundador de Falange, Jose Antº Primo de Rivera, protagonizó la sublevación y brutal represión en Mallorca, junto al Conde Rossi y Ladislao López Bassa. Asimismo participó en las negociaciones previas del Decreto de Unificación. Es nombrado Gobernador Civil de Murcia, en mayo de 1940. Anteriormente había sido Gobernador Civil de las provincias de León y de Tenerife. En esta última provincia, tuvo serios enfrentamientos con el Capitán General de Canarias, el general monárquico y héroe de la Cruzada Ricardo Serrador Santés, quién terminó provocando su cese y posterior traslado a Murcia.

Este “camisa vieja” constituye junto a Querejeta el paradigma de la actuación populista y nacional-católica, contra estraperlistas, blasfemos, y mujeres incontroladas de vida airada. Su mandato fue el más breve de todos los gobernadores civiles que tuvo la provincia durante el franquismo, no llegó siquiera a siete meses. A propuesta del Gobierno del Reich, Orbaneja fue condecorado con la Cruz del Mérito de Primera Clase de la Orden del Águila Alemana por «sus relevantes méritos en la pasada Cruzada».

A su salida del Gobierno Civil de Murcia, fue nombrado Jefe Superior de Policía de Madrid. Tampoco duró mucho tiempo en ese cargo. Siete meses más tarde fue cesado y nombrado en un puesto relacionado con las prisiones militares. Nueve meses más tarde, con motivo de haber cesado de este último puesto, la propia Secretaría General de Falange en un Informe fechado en septiembre de 1941, acusa a Sergio Orbaneja de colaborar con una agencia probritánica, con objeto de conspirar contra Serrano Suñer, a quién hacía responsable de su personal infortunio y ocaso político. Al parecer su fervor falangista se atenuó bastante. El otrora germanófilo condecorado y martillo de herejes, blasfemos y prostitutas, regresó a las Islas Baleares tildado de conspirador anti-falangista y anglófilo, por sus propios compañeros.

d)
Elías Querejeta Insausti, nacido en San Sebastián, militante del primer requeté guipuzcoano, herido de guerra en Eibar, miembro de la Comisión Gestora nombrada por el Gobierno Civil para regir la Diputación provincial de Guipúzcoa, en mayo de 1938. Jefe Provincial de FET y de las JONS de Guipúzcoa, en mayo de 1939; elegido Presidente de la Diputación, en septiembre de 1939. Fue nombrado Gobernador Civil, el 20 de octubre de 1941 y Procurador en las Cortes Orgánicas de Franco por el tercio sindical, en el grupo de técnicos del Sindicato del Papel y Artes Gráficas.

e)
Cristóbal Graciá Martínez, abogado albaceteño nacido en Caudete. En 1934, era el Jefe Provincial de Acción Popular Agraria, en Albacete. En enero de 1936, fue nombrado Delegado Provincial de Trabajo y se presentó a las elecciones por la CEDA, por dicha provincia. Al término de la Guerra Civil, Cristóbal Graciá se incorporó a la vida política albacetense. El 3 de junio de 1942 se le nombró presidente de la Diputación, ocupando este cargo hasta el 21 de junio de 1943. Durante este último año era secretario provincial del Movimiento y fue nombrado Gobernador Civil de Murcia, cargo que posteriormente pasó a ocupar en Salamanca. Durante 1958 fue Director General de Previsión del Mº de Trabajo. Murió en Caudete en 1988.

f)
Julio Iglesias-Ussel Lizana, cartagenero, tenía 28 años cuando fue nombrado gobernador, Comandante de Infantería, falangista, era hijo de Julio Iglesias Abelaira, Comandante del acorazado Jaime I, fusilado por los republicanos, en Madrid, en 1936, donde se encontraba en comisión de servicio; y de Adela Lizana Ussel de Guimbarda, procedente de una familia de rancio abolengo cartagenero. La sublevación le pilló como Teniente, en Cartagena, desde donde fue trasladado a Córdoba, donde se pasó al ejército rebelde. Fue ascendido y condecorado varias veces. Después de la guerra, antes de ser nombrado Gobernador Civil de Murcia, en octubre de 1940, era Jefe de las Milicias de FET y de las JONS de Cataluña.

g)
José de la Figuera Calín, Marqués de Fuente El Sol, fue nombrado por Iglesias-Ussel alcalde de Cartagena, el 6 de junio de 1941. Sustituyó a Luis de Vial y precedió a López Andújar. Era hijo de José de la Figuera y de la Cerda, sacado de la cárcel de San Antón, con otros 48 presos políticos, y asesinado en Cartagena el 18 de Octubre de 1936.

Casi todos ellos tienen un nombramiento de carácter político del más alto nivel dentro del régimen, más allá de sus responsabilidades locales o provinciales. Participaron personalmente en la conspiración militar que desembocó en la sublevación contra la República. Algunos como Bastarreche, Ussel-Lizana o el Marqués de Fuente El Sol tienen algún familiar directo, padre o hermano, asesinado o ejecutado durante la guerra civil. Todo ello, les merece la confianza de Franco que les integra en el núcleo duro del régimen. No obstante ello, también existen excepciones como el caso Orbaneja de distanciamiento por motivos, al parecer más personales que políticos. La lista podría extenderse mucho más.


Benito Sacaluga




(*) Texto recogido íntegramente de "Cartagena 1939-44: falangistas, republicanos y espías, en medio del hambre, la represión y la II Guerra Mundial". Autor :Antonio Martinez Ovejero.Publicado en Cartagena Histórica (Ediciones Aglaya, Monográfico nº34, marzo 2008)




viernes, 19 de julio de 2013

LA MARINA, LA REPÚBLICA, CARTAGENA Y LA REPRESIÓN FRANQUISTA (II)

Viene de la entrada anterior


La larga sombra de la memoria de los jefes y oficiales rebeldes muertos en Cartagena. 

La represión franquista, el poder al almirantazgo. (*)


.........El ejercicio de la autoridad de la Capitanía General sobre la ciudad, se puso de manifiesto en otros aspectos aparentemente menos relevantes, pero no por ello, menos significativos. Entre ellos, cabe mencionar, la organización y la seguridad de las escasas visitas que Franco hizo a Cartagena. Esta importante función, en la ciudad departamental, estuvo siempre a cargo del Capitán General, autoridad militar, y no del Gobernador Civil de la provincia como primera la autoridad civil y teóricamente máximo responsable del orden público.

Franco visitó Cartagena cuatro veces en los casi cuarenta años de dictadura: 29-30 de abril de 1946; 6-7 de octubre de 1957; 29 de abril de 1960; y 6 de Junio de 1963. Excepto la segunda, que tenía por objeto inaugurar la Central Térmica de Escombreras y visitar las instalaciones de la nueva Refinería que no había podido o querido inaugurar siete años antes, las otras tres visitas, se hicieron, casi por sorpresa. Sobre todo la de 1946, en la que Franco vino a comprobar los daños producidos, en la Vega Media del Segura, con motivo de las riadas. No se hizo pública su visita a Cartagena, hasta la mañana de ese mismo día.

El pasado político y la fidelidad republicana de Cartagena, siempre inspiró la prevención y el recelo del Jefe del Estado y de las autoridades del Régimen. Véase como ejemplo, la presuntamente improvisada visita de abril 1946, siete años después de finalizada la guerra civil, que brevemente describimos a continuación. A raíz de las características de la visita, podemos deducir que su motivo fundamental fue capitalizar en la figura de Franco: la consecución del suministro permanente de agua a la ciudad procedente del río Taibilla; iniciar una “distante y calculada aproximación multitudinaria” a los cartageneros, especialmente a los militarizados trabajadores del Consejo, vestidos de chaqueta y corbata, como muestran las fotos de la época; y venerar y mantener el recuerdo de los marinos mártires de las “hordas rojas”. Las cuestiones de seguridad eran muy importantes y debían ser confiadas a quién detentaba el poder real en la ciudad, el Almirante Bastarreche.

D51
Destructor de la clase Liniers
(3ª Serie Churruca)
A pesar de no estar oficialmente prevista esta visita, en menos de dos horas, se levantó un gran arco en el límite del municipio con la inscripción ¡Viva Franco! El alcalde, Miguel Hernández Gómez lanzó un bando, a medio día, invitando a los cartageneros a recibir al invicto Caudillo por la tarde-noche. Según la prensa, llegó a la ciudad a las 10 de la noche, siendo recibido apoteósicamente por una enfervorizada multitud. Cubrían la carrera fuerzas de Artillería, Infantería y Marina. Al día siguiente, visitó el Consejo, donde fue vitoreado por los obreros. Después visitó el destructor Liniers, que sería botado, ese mismo día. Ofreció unas flores a los “mártires” del Castillo Olite y del España número 3. Visitó a la patrona de Cartagena, la Virgen de la Caridad. Inauguró el Instituto de Bachillerato Isaac Peral. Visitó los depósitos y las instalaciones de Aguas del Taibilla. Y entregó cinco mil pesetas como donativo a los “pobre enfermos” del Santo Hospital de Caridad. El despliegue de actividades de esta “visita improvisada”, anunciada escasas horas antes de producirse, fue tan amplio y variado, que razonablemente hay que dudar de su improvisación.
Igualmente, la autoridad política del Capitán General, Almirante Bastarreche, quedó patente en el acta municipal que daba cuenta al Ayuntamiento de la visita de Franco, en 1950: (1)
“… el Pleno municipal del Ayuntamiento de Cartagena, de 23 de junio de 1950, daba cuenta de sendas comunicaciones del Capitán General del Departamento. En la primera se comunicaba el plan de la visita del Jefe del Estado a la ciudad, informándose de su llegada, el día 25, a las 20 horas; y en la segunda se remitía el programa de la inauguración de la Refinería de Petróleos, y de la botadura de los dos buques construidos en la EN Bazán…”
Este documento revela, donde estaba el poder real. En una cuestión tan esencial para el Régimen, como era la seguridad del Jefe del Estado, es el Capitán General, y no el Gobernador Civil, quien comunicó oficialmente al Pleno del Ayuntamiento el programa y las incidencias de la visita de Franco. La máxima autoridad militar fue siempre la responsable de la seguridad del “generalísimo”, en sus escasos periplos cartageneros.

(1) Esta visita finalmente no llegó a realizarse, la versión  oficial apunta a una "indisposición del Caudillo". Otras versiones no confirmadas achacan la suspensión al conflicto de Corea y a la intención de Franco de colaborar con USA y la ONU enviando unidades del ejercito español para intervenir en Corea contra los comunistas.


Benito Sacaluga



(*) Texto recogido íntegramente de "Cartagena 1939-44: falangistas, republicanos y espías, en medio del hambre, la represión y la II Guerra Mundial". Autor :Antonio Martinez Ovejero.Publicado en Cartagena Histórica (Ediciones Aglaya, Monográfico nº34, marzo 2008)

lunes, 15 de julio de 2013

LA MARINA, LA REPÚBLICA, CARTAGENA Y LA REPRESIÓN FRANQUISTA (I)


La larga sombra de la memoria de los jefes y oficiales rebeldes muertos en Cartagena. 
La represión franquista, el poder al almirantazgo. (*)


Comienzo con esta entrada la publicación del excelente estudio realizado por D. Antonio Martinez Ovejero sobre las consecuencias que la sublevación militar, la guerra civil y la posguerra hasta el año 1944 tuvieron para Cartagena y su Base Naval, única que se mantuvo fiel a la República desde el inicio hasta el fin de la guerra.

(*) Entre 1931 y 1936, la situación de la Marina de guerra fue bastante tensa debido al enfrentamiento y a las disputas entre los miembros de los distintos Cuerpos de la Armada, especialmente, entre el Cuerpo General, de una parte, y de otra, el resto de los llamados Cuerpos Patentados y los Cuerpos Auxiliares. Los primeros tenían un fuerte sentimiento elitista y corporativo, así como una orientación política mayoritariamente conservadora y monárquica. En enero de 1932, durante la visita a Cartagena de Niceto Alcalá Zamora, muchos oficiales del Cuerpo General se negaron a asistir a un acto público, en el que iba a intervenir el Presidente de la República. Otros permanecieron sentados mientras sonaba el himno de Riego o dando la espalda al Jefe del Estado de la República.
Por el contrario, unos pocos jefes y oficiales de los otros Cuerpos Patentados (máquinas, infantería de marina, intendencia, etc.), y sobre todo, los oficiales y suboficiales de los Cuerpos Auxiliares (artillería naval, torpedos, electricidad, administración, etc.) vieron en la República la ocasión para satisfacer sus reivindicaciones corporativas y recibieron con gran entusiasmo su advenimiento. La masonería estaba relativamente bien introducida entre sus miembros.

Existían un total de 315 masones en los diferentes cuerpos de la Armada. Su presencia, aunque cuantitativamente minoritaria y casi testimonial entre los Cuerpos Patentados, 63 miembros, 3,15%, era significativa y cualitativamente muy importante. Los jefes y oficiales del Cuerpo General y del resto de los Cuerpos Patentados ejercían el mando directo sobre los buques y las instalaciones de la Armada. Situados en el lugar y en el momento oportuno podrían jugar un papel determinante. Unos pocos así lo hicieron el 18 de julio, pagando un enorme precio por ello.

Sin embargo, el núcleo esencial de la masonería en la Marina se ubicaba entre los oficiales, suboficiales y cabos de los Cuerpos Auxiliares, con especial incidencia entre los maquinistas. En la marinería pesara más la tradición obrerista e incluso sindical. No en vano, como apunta Sueiro: “…El buque de guerra se había convertido en una fábrica mecanizada. Su dotación estaba constituida por especialistas, obreros cualificados y otros, con conciencia de clase y a veces, experiencia sindical…” 

Los almirantes Moreno Fernández, animadores y promotores muy destacados de la sublevación militar de la Marina contra la República, en Galicia y fuera de ella, debieron tener una idea bastante aproximada del grado de extensión de las simpatías masónicas de sus compañeros de armas. Además, después de la guerra, ocuparon las Capitanías Generales de El Ferrol y Cartagena. Salvador Moreno fue además Ministro de Marina desde 1937-45. 
Ambos tuvieron acceso e intervinieron activamente en expedientes de depuración, investigaciones sumariales y sentencias de los tribunales de Marina, que les permitieron evaluar cuantitativamente la influencia masónica en la Marina de Guerra.
Los datos que nos proporciona Jose Antonio Anaya, en su estudio sobre la Masonería en la Región de Murcia, corroboran las cifras anteriores en el ámbito cartagenero. El núcleo principal de la masonería murciana fue sin duda Cartagena. Allí estuvo ubicada, desde 1924, la Gran Logia Regional del Sudeste. Durante la dictadura de Primo de Rivera y la II República, los marinos jugaron un papel esencial en la organización y la extensión de las ideas masónicas en la región.

La figura más destacada de la masonería murciana, durante la II República, fue el capitán de corbeta Angel Rizo Bayona, Bondareff: Venerable Maestro y fundador de la logia Tolstoi (1924); fundador de la logia de marinos Atlántida (1929); Gran Maestro de la Gran Logia Simbólica Regional del Sudeste de España (1925) y Gran Maestre del Gran Consejo Simbólico Federal (1936). Republicano convencido, perteneció inicialmente al Partido Radical de Lerroux. Después se unió a Martínez Barrio en Unión Republicana y finalmente formó parte de Izquierda Republicana. Desde la época de Primo de Rivera, Angel Rizo imprimió a la masonería cartagenera y murciana, una orientación claramente republicana y antimonárquica. Fue Diputado a Cortes por Cartagena, en las Constituyentes de 1931. Durante el bienio 1931-33, fue nombrado Delegado del Gobierno en Transmediterránea y Director General de la Marina Mercante, por el gobierno de la República.

De acuerdo con Jose Antº Anaya, hubo militares y marinos en todas las logias cartageneras: Aurora; Paz, Justicia y Trabajo; Lealtad; Aries; etc. Sin embargo, en la logia Tolstoi eran claramente mayoría. Además, la llamada logia flotante, Atlántida, con templo ubicado, en la calle Sambazar de Cartagena, estaba constituida sólo por marinos, con “triángulos” organizados en buena parte de los buques de la Armada. Sus miembros contribuyeron notablemente tanto a la extensión de la masonería en la Marina de Guerra, a bordo de sus barcos, como a nivel territorial, especialmente en las bases de Ferrol y Marín. Podemos decir que, en 1933, el momento más álgido de la masonería cartagenera, con 184 miembros, el 50%, cerca de un centenar, eran marinos de guerra pertenecientes, en un 87%, a los Cuerpos auxiliares y a los maquinistas de la Armada. No debe extrañarnos el papel esencial, aunque no exclusivo, que algunos miembros de la masonería jugaron en la decantación republicana de la flota, durante la sublevación de julio de 1936,

Las moderadas reformas republicanas, que Giral y Casares Quiroga promovieron en la Marina, no modificaron el status del Cuerpo General. Sin embargo, estas medidas mejoraron las condiciones económicas y disciplinarias de la marinería e hicieron ocupar a los Cuerpos Subalternos, un papel más relevante en la organización de la Armada. Por primera vez, los suboficiales de estos cuerpos, ahora llamados Auxiliares, pudieron acceder al grado de oficial. Aunque a diferencia del ejército, estos oficiales serían distintos a los del Cuerpo General.

Hasta el propio Franco se mostraba crítico con el excesivo distanciamiento del Cuerpo General de la Armada, respecto a los otros Cuerpos de la Marina: " Aquel (el Cuerpo General) se consideraba superior y miraba a los demás por encima del hombro…." Fue injusto haber tenido postergado durante muchos años al cuerpo de maquinistas de la Armada y a otros auxiliares que realizaron siempre una función técnica muy valiosa. Los maquinistas poseen elevados conocimientos científicos y han sido en todo tiempo la garantía del comandante del barco para la buena marcha de éste…..

Benjamín Balboa López
A pesar de su moderación, las nuevas disposiciones republicanas provocaron numerosos conflictos en la Armada. Según Benjamín Balboa, más de 300 cabos y sargentos serían expulsados de la Marina, entre 1933 y 1935, el bienio Lerroux-cedista. Benjamín Balboa López, Savonarola, era oficial de tercera radiotelegrafista, masón, miembro de la logia Atlántida y amigo de Martínez Barrio. Durante ese período, fue condenado a seis meses de prisión por su actividad pro-republicana dentro de la flota. Rehabilitado tras la victoria del Frente Popular, fue un hombre clave en las comunicaciones del Ministerio de Marina, con los barcos de la flota, en julio de 1936. Desde allí, animó a las tripulaciones a la rebelión y al amotinamiento contra los jefes y oficiales desleales con el gobierno de la República.

Este enfrentamiento corporativo tuvo una importancia decisiva en el resultado de la sublevación militar del 18 de julio, así como en el devenir de la guerra civil y la posguerra, tanto en el interior de la Marina, como en la ciudad de Cartagena. Una de estas consecuencias fue el resultado y las características de la represión republicana y franquista.

En primer lugar debemos señalar que más de la mitad de las víctimas, 362 (52%), se produjeron sólo en Cartagena, mientras que en la capital, Murcia, fueron 96 (13%). En Cartagena con la sexta parte de la población provincial, se produjeron más de la mitad de las víctimas por muerte violenta. La desproporción parece evidente.

En segundo lugar, en el conjunto de la provincia de Murcia, el 62% de estas 740 muertes, fueron civiles laicos o religiosos. Las Fuerzas de Seguridad y Orden Público mencionadas, 77 guardias civiles, casi en su totalidad, corresponden a una compañía de la Benemérita, sublevada en Albacete, y trasladada a Cartagena, donde estaban detenidos en el buque-prisión Rio Sil. El 28% restante, 206, serían militares. En Cartagena, los militares constituyeron más de la mitad de todas las víctimas mortales violentas, 197. Si incluyéramos a las Fuerzas de Seguridad, la cifra alcanzaría 268, es decir el 75%. Fuera de Cartagena, en el conjunto de la provincia, fueron sólo nueve los militares ejecutados, tres de ellos en Murcia capital. Entre los militares muertos en Cartagena destacan, sobre todo, los marinos profesionales, en su inmensa mayoría, jefes y oficiales de la Armada, pertenecientes al Cuerpo General. Por último señalar, el escaso número de religiosos muertos en Cartagena, con respecto a la capital y al total provincial.

De las tres Capitanías Generales de la Marina de Guerra, El Ferrol, Cádiz y Cartagena ésta última fue la única que se mantuvo fiel al gobierno republicano. El balance global de las víctimas mortales de la represión, en la Marina de Guerra, en el conjunto de la zona republicana, durante la guerra civil, fue de 319 jefes y oficiales (255 pertenecientes al Cuerpo General y 64 a los otros Cuerpos Patentados). Algo menos de la mitad de estas muertes, 143, se producen en Cartagena.
Los jefes y oficiales del Cuerpo General que secundaron la sublevación contra la República fueron duramente reprimidos. En su mayor parte, estas muertes violentas se produjeron, a manos de grupos extremistas incontrolados. Los asesinatos cometidos en las aguas y el puerto de Cartagena, en los buques prisión España nº 3 y Rio Sil, el 15 de agosto de 1936, son una muestra evidente de ello.

La represión republicana en Cartagena causó un notable impacto directo entre la oficialidad de la Armada. Ni su número, ni su proyección social y política fue comparable, a la del resto de la provincia de Murcia. Esta peculiaridad cartagenera aconseja un tratamiento diferenciado. Para la mejor comprensión de este fenómeno de “represión marinera” hemos optado por intentar una breve aproximación a hechos similares, producidos en entornos sociales, laborales y militares más cercanos a Cartagena, que el resto de la provincia de Murcia. Para ello, afortunadamente contamos con el riguroso estudio realizado por Xose Manuel Suárez Martínez, en la Comarca de El Ferrol, sobre 65 sumarios de los tribunales del Ejército (23) y la Marina (46), entre julio de 1936 y diciembre de 1939. No se trata tanto de efectuar comparaciones cuantitativas, sino de aproximarnos al carácter cualitativo de la represión, en un contexto social y temporal similar al de Cartagena, aunque situado en la zona franquista, en la que ganaron los sublevados, en julio de 1936.
Estos 65 sumarios constituyen las tres cuartas partes de los sumarios que supusieron ejecuciones y que produjeron el 87 % de las muertes por Consejos de Guerra. El número de muertes violentas reales sería aún mayor. En el conjunto de estos sumarios, se recogen 715 ejecuciones en la Comarca del Ferrol, un 90 % más que en Cartagena. Aproximadamente las dos terceras partes, 461 (64 %), sin sentencia judicial, es decir ejecuciones sumarias, al margen de la legalidad. La otra tercera parte, 254 (36 %), con sentencia judicial procedente de los Consejos de Guerra.
Al igual que en Cartagena, los meses de agosto y septiembre de 1936 son los de mayor dureza represiva, con un total de 384 ejecuciones, casi el 90 %, extra-legales. En septiembre de 1936, la media de ajusticiamientos es de siete diarios. Los “paseos” durante este período no respetaron ni a los que estaban procesados.

A diferencia de Cartagena, donde la mayoría de las víctimas eran Jefes y Oficiales del Cuerpo General; en El Ferrol, más del 95 % de los 136 marinos profesionales fusilados, tras ser condenados a muerte en Consejos de Guerra, eran suboficiales y marineros que pertenecían a los Cuerpos Auxiliares. Entre ellos, se incluyen 14 cartageneros destinados o prestando servicio, en la base naval gallega.
El segundo grupo de ejecutados está constituido por los trabajadores. Muchos de ellos procedentes de los astilleros ferrolanos. El Almirante Cervera Valderrama admite en sus memorias que:"…hubo que hacer un buen cribado entre el personal obrero…”. Aunque Cervera Pery  es más explícito y concreto: “…Se produce el fusilamiento masivo de obreros que pintan leyendas republicanas en el costado de un barco en construcción, el Canarias y se diezma a las tripulaciones del España, el Cervera, el Contramaestre Casado, etc… “

Terminada la guerra civil, los fusilados por los franquistas en Cartagena, entre abril de 1939 y enero de 1945, fueron 176. Dos terceras partes fueron marinos, oficiales y suboficiales de los Cuerpos Patentados y Auxiliares y marineros; la otra tercera parte, civiles, trabajadores en su inmensa mayoría y algunos profesionales y funcionarios.

El 20 de abril de 1939, habían transcurrido menos de tres semanas de la entrada de las tropas franquistas en la ciudad, la Auditoría Militar de Cartagena informaba del trabajo realizado en ese breve período de tiempo. Se habían elevado a sumarios 150 procesos. Habían sido informados más de 450 sumarios a jefes, oficiales, suboficiales y auxiliares de la Armada. Además, se había constituido un Consejo Sumarísimo de Guerra de forma permanente, es decir, el procedimiento habitual pasaba a ser el Consejo de Guerra Sumarísimo. Con una media de treinta sumarios por día, incluyendo sábados, domingos y Semana Santa, parece evidente que tal diligencia policial y judicial no ofreció muchos derechos y garantías a los acusados.
Las primeras peticiones de pena de muerte de estos Consejos de Guerra se repartieron entre miembros de los distintos cuerpos de la Armada que habían permanecido fieles al gobierno republicano: el Contralmirante Camilo Molins Carreras, Comandante-General del Arsenal Militar durante el 18 de julio (Cuerpo General); Benito Sacaluga Rodríguez, Comandante de Máquinas del Jaime I (Cuerpo de Máquinas); y Juan Escobar Rodríguez, cabo fogonero (Auxiliares).

No obstante ello, al igual que en El Ferrol, en 1936, la mayoría de los fusilados en Cartagena, en 1939, eran marineros, oficiales, suboficiales y cabos de los Cuerpos Auxiliares. Sólo cinco miembros del Cuerpo General fueron pasados por las armas, ya que la inmensa mayoría de los 55 miembros de este Cuerpo, así como más de la mitad de los 4.200 marinos que habían huido con la flota a Bizerta, en marzo de 1939, no regresaron a España, quedándose en el exilio. Por tanto las cifras de la represión relativas a fusilamientos y cárcel deben contar con este hecho.
En cualquier caso, de acuerdo con los datos proporcionados por el Mº de Economía y Hacienda, en Cartagena, no menos de 1.733 jefes, oficiales y suboficiales del Ejército y la Marina y las Fuerzas de Seguridad, profesionales (616) y NO profesionales (1.117) fueron expulsados de las Fuerzas Armadas después de la guerra. Esta es una cifra mínima, ya que refleja aquellos militares republicanos que pudieron reclamar las pensiones correspondientes, a través de sí mismos, o de sus derechos-habientes. Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos que: Son todos los que están, aunque no están todos los que son.

Sacaluga y Escobar, fusilados el 29 de abril de 1939, inauguraron la larga lista de 112 jefes, oficiales, suboficiales y marineros ejecutados en Cartagena en los meses posteriores a la guerra. El Contralmirante Molins sería fusilado el 23 de junio. Los marinos victoriosos del Cuerpo General, no perdonaron a sus compañeros de armas, el hecho de haber permanecido por acción u omisión fieles a la República.

No obstante la cruda realidad de estas cifras, las consecuencias fueron más allá. No sólo en el tiempo, sino también en la actitud del régimen ante la ciudadanía y, especialmente, ante la clase obrera cartagenera. La supremacía militar sobre el poder civil no fue precisamente un hecho aislado en el régimen franquista. En este sentido, como tendremos ocasión de demostrar en las páginas posteriores, hay que constatar que desde de la Capitanía General de la Zona Marítima del Mediterráneo, con sede en Cartagena, se configuró un férreo control, de iure y de facto sobre la ciudad departamental, que va a condicionar notoriamente la actividad reivindicativa de los trabajadores cartageneros y de sus líderes naturales, a lo largo de toda la dictadura. Como hemos visto, los líderes del Cuerpo General de la Marina eran conscientes que no sólo debían poner en orden su propia casa, sino que la “limpieza ideológica” debía extenderse a los trabajadores de los astilleros y de la Maestranza. Más en Cartagena, donde habían triunfado las fuerzas republicanas y populares. Este hecho no podía repetirse nunca más.

La República suprimió las Capitanías Generales, convirtiéndolas en Bases Marítimas, en las que el mando perdió buena parte de las atribuciones de orden público, limitándose su autoridad al puerto, arsenal e instalaciones navales. Sin embargo, según Benavides, esta práctica de invasión e injerencia en el poder civil habría sido ampliada y continuada, en la práctica, por el Almirante Juan Cervera y Valderrama, a quien la República había nombrado Jefe de la Base Naval de Cartagena. Cervera despachaba diariamente con los jefes de la Policía y la Guardia Civil. Su poder no tenía precedentes en Cartagena. El Cuerpo General que había ejercido su autoridad fundamentalmente sobre la Marina, vino a ejercerla también sobre el pueblo. Cervera fue destituido.

A partir de abril de 1939, además de los Consejos de Guerra, este firme control castrense tendrá su primera manifestación en la militarización de la plantilla de la Sociedad Española de Construcción Naval, la “Constructora”. La militarización no quedó en una cuestión gratuita. En 1945, seis años después de finalizada la guerra, un grupo de cinco trabajadores del Consejo fueron condenados a tres penas de muerte, reclusión perpetua, y muchos años de prisión, por reunirse, escuchar radios extranjeras, difundir propaganda, y captar miembros para la Unión Nacional.

En tanto que trabajadores militarizados, se les juzgó como a los militares profesionales. No sólo se les sometió a un Consejo de Guerra Sumarísimo, sino que se les aplicó el Código Penal de la Marina. El Almirante-Capitán General del Departamento Marítimo de Cartagena, Bastarreche, ratificó las sentencias del Consejo de Guerra. Al final el ministro de Marina, Salvador Moreno, indultó a dos de ellos de la pena de muerte, siendo ejecutado uno, Alfonso Martínez Peña, el Buzo, de 30 años, ordenanza en el Consejo fue el último fusilado por los tribunales militares franquistas, en la provincia de Murcia. Era militante del PCE y propagandista de la Unión Nacional. Fue ejecutado, en el patio del Arsenal, el 13 de enero de 1945.

Hasta los primeros años setenta, cada vez que los trabajadores de los astilleros emprendían algún tipo de iniciativa o acción sindical, que podía desembocar en un conflicto laboral, el fantasma de la militarización y el fusilamiento de Martínez Peña, planeaban sobre las gradas, los talleres de la empresa y la memoria de los trabajadores de la Bazán. Y es que, además de la Policía y la Guardia Civil, se ocupaba de ellos, el Servicio de Información Militar de la Marina (SIM), que con tal propósito tuvo establecida, durante todo el franquismo, una oficina permanente camuflada dentro del recinto de la Bazán, bajo el expresivo y eufemístico rótulo de Seguridad Industrial. Este grupo del SIM tenía por objeto informar a la Capitanía General sobre la actividad sindical y política de los trabajadores de los astilleros..........


Benito Sacaluga


(*) Texto recogido integramente de "Cartagena 1939-44: falangistas, republicanos y espías, en medio del hambre, la represión y la II Guerra Mundial". Autor :Antonio Martinez Ovejero.Publicado en Cartagena Historica (Ediciones Aglaya, Monográfico nº34, marzo 2008)

sábado, 13 de julio de 2013

LAS DOS VERSIONES SOBRE BASTARRECHE

En la ciudad de Cartagena sigue existiendo una plaza dedicada al Almirante fascista Francisco Bastarreche y Diaz de Bulnes en la que además se encuentra un busto del mismo. Desconozco como van las gestiones encaminadas a la retirada del busto y el cambio del nombre de la plaza.

Según los fascistas Bastarreche era un héroe y un patriota, según la documentación oficial y los historiadores que ahora pueden contar su visión de los sucedido Bastarreche era un militar golpista y un criminal de guerra.

Dejo a continuación dos publicaciones sobre Bastarreche , una de ellas , la primera, se corresponde con una noticia publicada en El Noticiero de Cartagena el día 8 de diciembre de 1941 y la otra recogida del blog de la Asociación Memoria Histórica de Cartagena se motiva solicitando la retirada de su busto y el cambio de nombre de la plaza cartagenera.

EL NOTICIERO DE CARTAGENA

El Almirante Bastarreche, prestigio de la Marina 


Día señalado el de hoy por la  festividad que se conmemora, la de la Patrona de España y de la Infantería española, y porque, por esta causa, ha sido el mis indicado para rendir un culto exaltado a la Virgen Purísima y demostrar nuestra admiración al Ejército. 

Y en esta admiración no podía faltar la Marina de guerra, por dos razones: por ser un elemento armado de la Patria y por estar tan vinculada a la vida e historia de Cartagena. 

Y como la Marina está simbolizada en nuestra ciudad en la persona de un almirante ilustre, en  el que concurren todas las solvencias, el almirante Bastarreche, en la persona del mismo, por lo que representa y por lo que en sí es él, rendimos hoy públicamente el testimonio de nuestra gratitud y admiración, de nuestro patriotismo. 

El almirante Bastarreche, que si no es cartagenero, aquí pasó la alegría de su juventud—su padre, como él, fué Capitán General de este Departamento—, al iniciarse el Movimiento salvador de España mandaba la Base Naval de Marín, y con sus hídros logró someter la provincia pontevedresa, tomando él parte directa en las operaciones. 

Ascendido a Capitán de Navío, tomó el mando del «Canarias», en el que demostró sus dotes de marino experto y de patriota hondo, combatiendo con éxito a los buques marxistas, apresando buques y haciéndose el dueño, con sus barcos, del Estrecho, del que arrojó a la escuadra roja, con lo cual se estableció la comunicación entre África y España. 

Entre sus apresamientos mas destacados figura el del “Mar Cantábrico”(*), con un valioso botín de guerra. Luego, como almirante de la escuadra, desempeñó comisiones importantes que le acreditaron ante el Caudillo y su gobierno.
Su entusiasmo por el porvenir de la Marina, le llevó a ser el promotor de los Flechas Navales, esa cantera de la que saldrán las nuevas dotaciones de los buques de guerra integrados por marineros ambientados desde la niñez en las cosas del mar y, sobre todo, en el amor a la Patria, por encima do todo y de todos. 

Y todo por amor a España y a la Marina.

MEMORIA HISTÓRICA DE CARTAGENA

Almirante Bastarreche, Golpista y Criminal de Guerra

En 1º de enero de 1898 ingresa como aspirante de Marina en la Escuela Naval. Hijo del vicealmirante Félix Bastarreche y Herrera, su carrera es la esperada: guardiamarina (1900), alférez de fragata (1901), alférez de navío (1912), capitán de corbeta (1921), capitán de fragata (1928), capitán de navío (1935), contralmirante (1937), vicealmirante (1939) y almirante (1941). Pasa a la situación de reserva por decreto de 14 de agosto de 1950[1]. Sus ascensos -en paralelo a otros militares de similar talante y proyección-, vienen determinados por la campaña de África, el bienio de derechas de la II República -después de intervenir en la represión de la huelga general de octubre de 1934-, la Guerra Civil y el régimen franquista. Su carrera política no desmiente su implicación con un régimen dictatorial. Por decreto de 24 de marzo de 1938 es designado consejero de FET-JONS, el 17 de enero de 1948 procurador en Cortes[2] y el 24 de enero de 1948 consejero del Reino[3].

La trayectoria le será reconocida por Ley 57/1952 de 21 de julio, que concede una pensión extraordinaria a su viuda, doña Concepción Moreno Fernández: “Son bien conocidas las excepcionales cualidades que concurren en el excelentísimo señor don Francisco Bastarreche y Díez de Bulnes, quien, además, de haber tomado parte activa en las campañas de África, dirigió con el mayor éxito decisivas operaciones navales durante la guerra de Liberación. En su larga vida al servicio de España desempeñó los más destacados puestos dentro de su brillante carrera profesional, así como fuera de ella, especialmente como Consejero nacional y Consejero del Reino”[4].

En su trayectoria personal se le reconocen los siguientes hechos:      

Torturador        
El 31 de agosto de 1934 es nombrado director de la Escuela de Tiro Naval “Janer”. Toma posesión de este destino el 14 de septiembre. No tarda en distinguirse por su actuación política: “… De una violencia bereber en sus pasiones políticas […] D. Francisco Bastarreche era creyente y bárbaro de corazón. A los detenidos por los sucesos de Octubre, recluidos en el barco Minerva, los perseguía con su ferocidad de gato montés vestido de blanco y azul. Prohibió que se curase a los heridos y a los enfermos…”[5]. El 5 de enero de 1935 fue ascendido a capitán de navío.

Golpista
Participa activamente, y por iniciativa propia, en la sublevación militar contra un gobierno constitucional, cuya legitimidad estaba fuera de toda duda.  El relato de su actuación lo realiza el propio Bastarreche en su hoja de servicios, con una especial concepción de la ortografía[6]: “El día 20 [de julio] tuvo una conferencia en Pontevedra con el General Comandante Militar y a pesar de que este determinó no declarar el Estado de Guerra y de tener orden de no hacerlo antes que Pontevedra, lo declaró en Marín por la tarde en vista de que los paisanos se armaban contraviniendo lo acordado con el gobernador civil deteniendo a veintitantos dirigentes marxistas y mandando a Pontevedra un hidro y proclamas que se lanzaron al mismo tiempo que disparaba la ametralladora, lo que determinó al Comandante Militar a declarar el Estado de Guerra en la capital. El día 22 por la mañana se descubrió por el propio jefe un complot, que fue causa de evacuar los presos y tomar precauciones, consiguiendo abortarlo sin necesidad de tomar medidas violentas y separando y arrestando a los más destacados, que a los 3 o 4 días, cuando estaba alejado el peligro fueron deteniéndose y procesando; además se armó con fusiles y correajes a las más destacadas personas de orden al mando de los jefes de Falange y Acción Popular. Se nombró alcalde de Marín y otros pueblos, dominando toda la península de Morrazoy dedicando parte de las fuerzas a proteger a los campesinos que venían con víveres a los pueblos. Con los 5 hidros afectos a las Escuelas fue ayudándose a pacificar aquellos focos rebeldes que aún quedaban en Tuy, Vigo, Noya, Villagarcía, bombardeando sus concentraciones. También bombardearon el crucero A. Cervera estando en el dique de Ferrol, siendo esto, además de un radio falso transmitido desde la estación de Marín causa de que se rindiera aquella dotación“.
Motivos más que sobrados para que el gobierno de la República lo expulsase de la Armada por decreto de 26 de julio de 1936, “… con pérdida de empleos, prerrogativas, sueldos, gratificaciones, pensiones, honorarios, condecoraciones y demás que les correspondan”[7] 

Criminal de guerra
Comandante del crucero  Canarias entre el 13 de septiembre de 1936 y el 27 de enero de 1937[8]. En su hoja de servicios aparece el siguiente apunte del mes de enero: “Comandante del crucero Canarias navegó por el Mediterráneo bombardeando el puente de San Miguel de Cullera; se apresó el vapor Campuzano con 7.500 toneladas de gasolina. Se bombardeó el puerto de Málaga y un vapor que entraba. Se coadyugó a la toma de Estepona y Marbella: esta última llevando a bordo al general Queipo de Llano que dirigía las operaciones. Continuó por el Mediterráneo y el día 27 en el puerto de Cádiz, entregó el mando del buque por haber sido destinado de comandante naval de Baleares por disposición del día 9”.
Los hechos protagonizados como comandante del Canarias son bien conocidos, bombardeando a la población civil que huye tras el asedio de Málaga: “Todos huyeron por la carretera del Sol, camino de Almería por Motril, un pasillo estrecho entre la roca de la montaña y el mar […] Cien mil personas de todas las clases sociales, una masa desesperada, que se atropellaba y no podía caminar sino por la ruta de la costa, a la vista de los barcos enemigos y bajo el vuelo rasante de la aviación italo-alemana que descendía para ametrallarla […] El Canarias y el Baleares, con sus torres gemelas de 20,32 cm., y el Cervera, con sus baterías de 15,24 hacían fuego por andanadas […] La metralla rebotaba en la pared rocosa y las piedras y el hierro arrancaban brazos y cabezas…”[9].         
Semejante actuación figurará entre sus méritos. En posesión de la especialidad de tiro naval, por orden ministerial del día 22 de junio, “le fue concedida la Medalla de Oro del Tiro con Cañón, por su actuación como comandante del crucero Canarias en el hundimiento del destructor rojo Almirante Ferrándiz. 

Actuación en Cartagena
El 2 de agosto de 1941 es ascendido a almirante, y por decreto de igual fecha nombrado comandante general del Departamento Marítimo de Cartagena[10]. Toma posesión el día 30 de aquel mes y permanece en este destino entre el 30 de agosto de 1941 y el 11 de agosto de 1950. Durante, 8 años, 11 meses y 11 días sembró el terror en Cartagena. Firmará 48 penas de muerte. La primera el 19 de septiembre de 1941, a los 20 días de su llegada. Se trata en casi todos los casos de ejecuciones múltiples. Por ejemplo, 11 fusilamientos el día 11 de enero de 1944[11].
Tiene a sus órdenes a Manuel Vidal, de reputada fama como torturador, pudiéndose aportar cientos de testimonios. Valga la declaración de una de sus víctimas. “Durante dos semanas fueron sometidos a unos interminables interrogatorios en los locales del SIMP emplazados, por entonces, en la Alameda de San Antón. Allí pasaron por las manos de toda una galería de torturadores, entre los que destacaban por su crueldad los antedichos Manuel Vidal y Alcaraz. En este contexto Tomás Moreno recuerda que, no obstante, llevar más ropa de la necesaria para amortiguar algún tanto los golpes, la piel se le quedaba pegada a la camisa. De allí saldría con una lesión de corazón. No es necesario añadir que estos interrogatorios, jamás se realizaron en presencia del juez instructor…”. Por su parte, Ramón Marín Sánchez señala, “… que menudearon los casos en que los penados, fruto de los malos tratos, eran fusilados casi cadáveres…”[12]. Algunos, atados a una silla.
Su imagen de benefactor de la ciudad de Cartagena –conectada a la llegada del agua del Taibilla en 1946-  arranca de una comprobada falacia. El proyecto y las primeras obras son aprobadas y realizadas durante los años de la II República. Será nombrado delegado del Gobierno en la Mancomunidad de los Canales del Taibilla, confiriéndole las funciones de presidente del consejo de administración y de su comité, por decreto de 10 de agosto de 1950[13].

[1] Boletín Oficial del Estado, 17-VIII-1950, p. 3.608.
[2] Boletín Oficial del Estado, 18-I-1948, p. 250.
[3] Boletín Oficial del Estado, 27-I-1948, p. 386.
[4] Boletín Oficial del Estado, 23-VII-1962, p. 10.290.
[5] Manuel D. BENAVIDES, La escuadra la mandan los cabos, México, D.F., 1976, p. 39.
[6] Archivo del Cuartel General de la Armada (Madrid), Hoja de Servicios de Francisco Bastarreche y Díez de Bulnes.
[7] Gaceta de la República, 28-VII-1936, p. 878.
[8] Boletín Oficial del Estado, 12-I-1937, p. 40.
[9] M.D. BENAVIDES, op. cit., pp. 443 y 446-447.
[10] Boletín Oficial del Estado, 11-VIII-1941, p. 6.101.
[11] Pedro Mª. EGEA BRUNO, La represión franquista en Cartagena, Cartagena, 1987, pp. 90-92.
[12] Ibídem, pp. 52 y 79.
[13] Boletín Oficial del Estado, 24-VIII-1950.

Existen en las hemerotecas, especialmente de los diarios y publicaciones de Cartagena, numerosos artículos y noticias sobre Bastarreche, todos en el periodo de la dictadura (1936-1975), y todos con el mismo cariz que el que se ha transcrito del Noticiero de Cartagena, si tienen interés los pueden consultar en

(*) El Mar Cantábrico era un buque mercante desarmado.