domingo, 28 de julio de 2013

LA MARINA, LA REPÚBLICA, CARTAGENA Y LA REPRESIÓN FRANQUISTA (V)

El Consejo Ordenador de Construcciones Navales Militares, 
empresa clave en la estrategia del Régimen y de la oposición anti-franquista (*)


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Gradas horizontales 1, 2 y 3 del COCNM
juanalmarzapozuelo.blogspot
......Especial atención merece la situación de: « […] los militares que después de condenados por un Tribunal Militar y expulsados del Ejército han sido colocados con buenos sueldos en aquella factoría […] », refiriéndose al Consejo Ordenador de CNM que dirigía Luis de Vial, quien compatibilizó su cargo en los astilleros cartageneros con la alcaldía de Cartagena, entre diciembre de 1939 y junio de 1941. En general, en los informes de la policía y del SIM, respecto a la situación de Cartagena, se advierte una poco disimulada crítica a la actitud del Director de la factoría de Cartagena del CO de CNM, por el amparo que, a juicio de los falangistas y personalidades más ortodoxas del régimen residentes en Cartagena, ofrecía a obreros izquierdistas y ex-militares con simpatías republicanas, a los que además ofrecía “buenos sueldos”.

En este sentido, independientemente de la conciliadora actitud y la más objetiva y profesional política de reclutamiento de personal del Director del Consejo, Luis de Vial, hay que señalar que, recién terminada la guerra civil, el estado operativo de la práctica totalidad de las unidades de la flota era desastroso. El concurso de técnicos y de mano de obra especializada y cualificada para la reparación de navíos de guerra, era necesario y urgente.

En agosto de 1940, se encontraban en “gran reparación”, en la factoría de Cartagena: cinco destructores (José Luis Díez, Lepanto, Churruca, Alcalá Galiano y Sánchez Barcáiztegui), todos los que poseía la flota; dos submarinos, el C-2 y el C-4; el cañonero Dato y el torpedero T-14. Además se encontraba en construcción el submarino D-1. Esta enorme carga de trabajo requería el concurso de personal técnico y obrero. Los controles políticos, para trabajadores presuntamente izquierdistas y ex-militares de supuestas simpatías republicanas o masónicas expulsados de la Marina, fueron necesariamente más livianos.

Así, un año más tarde, en mayo de 1943, un Informe sobre la situación de Cartagena, presentado a Franco señalaba:
« […] Todos los mandos de dicho Consejo, del que es Director Don LUIS VIAL y DIESTRO están en manos de personas peligrosas para nuestro Régimen, […] constituyendo un grave peligro, ya que a su alcance y disposición, están los secretos, planos, materiales, y toda la importantísima gama de actividades de la Constructora, comprobándose así mismo ser cierto el amparo y protección a todos los elementos rojos y masones, desafectos a la Causa Nacional, y los que en el momento que demuestran haber sido expulsados y procesados por sus actividades en contra del Régimen, son inmediatamente admitidos ocupando cargos de importancia y responsabilidad […] »  
El control político, sindical y militar del Consejo Ordenador no era un tema baladí. La cuestión del espionaje militar en la Constructora preocupaba no sólo a los militares españoles, sino también a ingleses y alemanes. De un lado, hasta 1940, los astilleros cartageneros fueron una empresa hispano-británica, creada en 1908, cuya tecnología naval era básicamente inglesa, procedente de empresas y socios tecnológicos británicos como Vickers, Armstrong, etc. Con esta tecnología se habían construidos la mayoría de los buques de la flota de guerra española, que en aquellos momentos se encontraba en fase de profunda reparación y modernización.

Almirante Erich Raeder
De otro lado, la tecnología utilizada en la construcción de los futuros submarinos españoles era alemana. Hitler, a través del Almirante Raeder, jefe de la Marina de Guerra, la Kriegsmarine, accedió a que fuera utilizada su tecnología en la construcción de submarinos españoles, a cambio de materias primas (wolframio, estaño, etc.).

El almirantazgo alemán y los astilleros alemanes Germania Werf negociaron con una Comisión española, encabezada por Juan Antonio Suances, las condiciones económicas de utilización de planos, patentes, materiales especiales, etc. para construir en España estos submarinos, más tarde conocidos como tipo “G”, que sería aprobada por el Consejo de Ministros en septiembre de 1941. Si bien, durante la II GM, no se llegó a terminar de construir ningún submarino con esta tecnología en Cartagena, el Consejo Ordenador dispuso de información tecnológica potencialmente muy apetecible para los servicios secretos aliados, dada la importancia de la guerra submarina en la contienda.

Por otra parte, no hay que olvidar el componente obrero del Consejo, permanente presente en los análisis políticos de las autoridades cartageneras, cuya expresión más clara es el texto de la Sentencia que condenó a muerte a Alfonso Martínez Peña, el buzo, trabajador del Consejo, por un delito de asociación y propaganda ilícita de la Unión Nacional. Dicha Sentencia consideraba un elemento agravante, que los encartados fueran trabajadores militarizados de los astilleros cartageneros y del pernicioso efecto de la propaganda de Unión Nacional sobre dicho colectivo laboral que: 
« […] para mayor peligrosidad se efectuaba principalmente en una factoría militarizada con muy abundan-te personal obrero […] ».
La memoria de la tradición obrera y sindical de la antigua Constructora Naval, de orientación mayoritariamente libertaria, aunque también socia-lista pesaba en el imaginario de las autoridades de la Marina cartagenera.

Asimismo, en Cartagena, también era objeto de atención para la DGS, la llamada “propaganda anglófila”:
« […] los ingleses de esta Plaza, […] que hacen muchos viajes a Alicante y Valencia donde recogen la valija diplomática, y también van mucho a Denia, donde parece ser existe una vasta red de espionaje […] ».
El cónsul del Reino Unido en Cartagena era Guillermo Leverkus. El consulado inglés, situado en la calle de San Francisco, nº 10-2º, al igual que el consulado alemán, también estaba dotado de personal diplomático. William Louis Cassar ocupaba «oficialmente el cargo de bibliotecario». Todo el mundo y especialmente la policía y el SIM se preguntaban qué hacía un bibliotecario en el Consulado del Reino Unido en Cartagena. La representación consular cartagenera velaba por los intereses económicos británicos en la ciudad y en la provincia (Mazarrón y Águilas): la explotación de determinadas minas, como la del Águila, por la Sociedad Barrington & Holt ; o The Cartagena Mining and Water Co. Ltd. propiedad de la familia Leverkus, que explotaba el manantial de agua de la pedanía de Perin, entre otras empresas.

Por otra parte, el puerto de Cartagena y la Base de Submarinos eran lugar habitual de fondeo y reparación de la flota alemana del Mediterráneo, información muy valiosa en aquellos días. Además, el consulado inglés tenía la función de contactar con la oposición al régimen para proveerle de información, entre otras cuestiones de la evolución de la II GM y la situación internacional, cuyo objeto era intentar neutralizar el sesgo germanófilo y pro-nazi de la propaganda política del Régimen en aquellas fechas.

En resumen, la defensa en toda su extensión de los intereses británicos en la zona, llevaban al consulado a intervenir en actividades de espionaje y contraespionaje. De ahí el especial interés policial, político y militar por las actividades del cónsul Leverkus, su empresa y sus empleados. Algunos de los cuales, como José Cegarra Martín fue detenido por la policía política cartagenera por: 
« […] hacer propaganda contra el Estado Nacional Sindicalista y sostener correspondencia de carácter subversivo […] ».
Por último, con respecto a los comunistas, no existían evidencias externas de actividades del PCE, ni en Cartagena, ni en Murcia. Así lo afirmaba el Informe de la DGS, de 26 de mayo de 1942: 

« […] con referencia a supuestos movimientos comunistas, hechas gestiones acerca de ello con elementos que estarían enterados, dicen que en Cartagena,no hay indicios de tal cosa […] ».
De acuerdo con los datos aportados, a mediados de 1942, la vigilancia policial y militar se centraba sobre la masonería republicana y los supuestos anglófilos. También la información oficial del Gobierno Civil, a lo largo de los meses de mayo y junio de 1942, en más de una ocasión, hizo referencia directa a supuestas campañas masónicas, así como a sanciones impuestas a determinados ciudadanos, acusados de propaganda contra el Régimen:
« […] a través de campañas de difamación que las sociedades secretas de tipo masónico han ordenado realizar en Murcia […] dado que dichas campañas han encontrado ambiente propicio en casinos, cafés y centros de recreo, he ordenado al servicio secreto y a todos los servicios de Información e Investigación a mis órdenes, la vigilancia más es-trecha para averiguar la identidad de quienes, consciente o inconscientemente, actúen de vehículos de tales noticias […] ».
Meses más tarde, una vez constatada la derrota de Hitler en Stalingrado y culminado con éxito el desembarco aliado en África del Norte, así como la expulsión de las tropas alemanas de dicho territorio, la situación política en Cartagena se hizo mucho más complicada.


Benito Sacaluga




(*) Texto recogido íntegramente de "Cartagena 1939-44: falangistas, republicanos y espías, en medio del hambre, la represión y la II Guerra Mundial". Autor :Antonio Martinez Ovejero.Publicado en Cartagena Histórica (Ediciones Aglaya, Monográfico nº34, marzo 2008)





jueves, 25 de julio de 2013

LA MARINA, LA REPÚBLICA, CARTAGENA Y LA REPRESIÓN FRANQUISTA (IV)




Sabotaje alemán en el Arsenal de Cartagena (*)


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...Podríamos continuar con los condecorados expresamente por el III Reich, como el Contralmirante González-Aller, Comandante-Jefe del Arsenal o Augusto Cheriguini, Comandante del Puerto de Cartagena, cuya complicidad con la Kriegsmarine, la Marina de guerra alemana o los Servicios Secretos del III Reich fueron puestos en evidencia por el Informe elaborado por el Servicio de Inteligencia del Reino Unido, cuyo embajador en Madrid, el conservador Samuel John Gurney Hoare, primer Vizconde de Templewood, el 25 de febrero de 1944, entregó al ministro de Asuntos Exteriores de Franco, José Félix de Lequerica, sobre el sabotaje a que se veían sometidos los barcos aliados que recalaban en puertos españoles.

Samuel John Gurney Hoare

Desde el inicio de la II GM, en 1939, hasta la fecha de elaboración del Informe, febrero de 1944, veinte buques aliados habían sido atacados en España por saboteadores al servicio del III Reich, que operaban en nuestro país. En lo que respecta a Cartagena, dicho informe hace referencia al intento de sabotaje del buque cisterna italiano Lavoro, el 31 de Octubre de 1943, en el Arsenal de Cartagena, después que Italia, caído Mussolini, hubiera capitulado, y el General Badoglio hubiera declarado la guerra a Alemania (13/10/1943), formando ahora parte del bando aliado.

Almirante W.Canaris
Uno de los saboteadores procedente del buque alemán Lipari, murió por la explosión prematura de una de las bombas. Este ataque contra el Lavoro fue seguido y precedido por otros sabotajes, que sí tuvieron éxito. Así se expresaba el informe británico que denunciaba que en una visita a nuestro país, realizada por el Almirante Wilhem Canaris, Jefe de los Servicios Secretos alemanes, se acordó con sus homólogos españoles intensificar los ataques contra barcos aliados en: Sevilla, Huelva, CARTAGENA, Bahía de Gibraltar y otros puertos españoles:
« […] Aunque el gobierno español profese ignorancia de las actividades de sabotaje del enemigo, ni ignorancia o impotencia pueden explicar la attitud (sic) de un número de súbditos españoles y funcionarios que viven cerca de las bases enemigas […] quienes no sólo han deliberadamente ignorado las actividades de sabotaje del enemigo llevadas a cabo a pocos metros de ellos, sino que también han facilitado ayuda activa a los agentes enemigos interesados […] »
En la prensa local, no se hizo referencia alguna a este atentado o a cualquier otro atentado o incidente de esta naturaleza, ocurrido en el Arsenal de Cartagena. Sin embargo, poco más de una semana después de la entrega oficial del Informe británico a las autoridades diplomáticas españolas y cuatro meses después del intento de sabotaje, en el Noticiero de Cartagena, aparece una Requisitoria del Juez Instructor de la Comandancia Militar de Marina de Cartagena, con el siguiente texto:
«[…] Por la presente se llama y emplaza a los oficiales del buque alemán Lipari, Walter Schroeder y Hans Richter como posibles responsables de un frustrado sabotaje […] para que en el plazo de 30 días, si se encuentran en España, o 90 si se encuentran en el extranjero, comparezcan en este Juzgado, de lo contrario serán declarados rebeldes […]»
Esta rápida reacción de la Marina, a instancia de la diplomacia franquista, es una muestra del impacto que la denuncia del Reino Unido hizo en el gobierno español. Como analizaremos detenidamente más adelante, en marzo de 1944, una vez derrotada Italia, Franco mostraba mucho más cuidado en escenificar ante los aliados, su presunta neutralidad.

No obstante ello, es necesario señalar que esta requisitoria es una mera formalidad jurídica. Los saboteadores estaban perfectamente identificados por las autoridades cartageneras de la Marina. A pesar de la gravedad del delito, cuando se produjo el intento de sabotaje se les dejó marchar sin cargos. Hechos parecidos llevaron ante el pelotón de fusilamiento a centenares de resistentes antifranquistas. Por bastante menos, pocos meses después, en enero de 1945, con la firma de Bastarreche, serían ejecutados en el patio del Arsenal de Cartagena, Alfonso Martínez Peña y Tomás Rubio Martínez.

Cuatro meses más tarde del intento de sabotaje, los últimos responsables de la ocultación del delito y el debido castigo a los responsables, Bastarreche, González-Aller y Chereguini, ordenaron al Capitán de Infantería de Marina, Samuel Gómez Novel, en calidad de juez militar, retomar la instrucción sumarial del caso y proceder a la búsqueda y captura de los autores de un “frustrado sabotaje”, sin indicar siquiera en la requisitoria, ni donde, ni cuando se produjo el delito. Siguiendo las instrucciones de sus superiores, los germanófilos marinos hicieron también cumplido honor a la confianza depositada en ellos por el ya declinante III Reich.

Los oficiales alemanes autores del sabotaje, nunca se presentaron al juez militar, tampoco fueron detenidos y consecuentemente jamás fueron juzgados, pero el intento de “guardar las formas” nos indica que algo estaba cambiando. De hecho, en el ámbito cartagenero, el cónsul inglés Guillermo Leverkus, en tanto que miembro del Cuerpo Consular residente en Cartagena, empezó a ser invitado a algunos de los actos oficiales del Régimen a los que, hasta ese momento, había sido permanentemente excluido. Así, junto al cónsul alemán Fricke, y al resto de las autoridades cartageneras, entre las que se encontraba González-Aller, en representación de Bastarreche, fue invitado, el 2 de mar-zo de 1944, a la fiesta que con motivo del día de su patrón, celebraba el Cuerpo de Policía. Cuya Brigada Político-Social era la encargada de vigilar estrechamente sus movimientos, como demuestran algunos de los partes policiales que veremos más adelante. Asimismo también fue invitado y asistió al acto de entrega del Diploma como hijo adoptivo y predilecto de la ciudad de Cartagena del Almirante Bastarreche, en mayo de 1944, presenciando la ceremonia desde un lugar destacado y con gran repercusión en la prensa local.

En cualquier caso, en el microcosmos cartagenero, el caso del Lavoro es una muestra clara y evidente de la colaboración activa y la complicidad manifiesta entre las autoridades cartageneras de la Marina española y la Kriegsmarine, no sólo durante la época de la No Beligerancia, hasta el 3 de octubre de 1943; sino también, a partir de esa fecha, una vez declarada formalmente la Neutralidad de España ante la II GM.


Benito Sacaluga




(*) Texto recogido íntegramente de "Cartagena 1939-44: falangistas, republicanos y espías, en medio del hambre, la represión y la II Guerra Mundial". Autor :Antonio Martinez Ovejero.Publicado en Cartagena Histórica (Ediciones Aglaya, Monográfico nº34, marzo 2008)



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martes, 23 de julio de 2013

LA MARINA, LA REPÚBLICA, CARTAGENA Y LA REPRESIÓN FRANQUISTA (III)

Cartagena y la II Guerra Mundial Falangistas, republicanos, espías, germanófilos y aliadófilos. (*)


Esvástica nazi
Durante los primeros años de la posguerra las autoridades del régimen no sólo estaban preocupadas por los problemas de abastecimiento. El curso de la II Guerra Mundial (en adelante, II GM) y su posible influencia en la vida política española, también estaba “presente en su afán”. Tras casi tres años de victorias continuas de los ejércitos alemanes y del Eje, en todos los frentes, excepción hecha de la invasión de Inglaterra, las cosas empezaron a cambiar. En el otoño–invierno de 1942, los aliados lanzaron la operación Torch. Ingleses y norteamericanos desembarcaron en el Norte de África, el 8 de noviembre de 1942. Asimismo, en enero de 1943, el Cuartel General del Führer reconocía oficialmente la derrota de los ejércitos alemanes en Stalingrado.

Ambos acontecimientos supusieron un punto de inflexión y un notable cambio de tendencia en el curso de la II GM. En principio, el desembarco en el Norte de África hizo saltar todas las alarmas a las autoridades españolas, a pesar de las garantías dadas por Roosevelt a Franco de que las tropas aliadas no iban a invadir territorio español.

El nuevo escenario de la II GM pasaba a desarrollarse en las mismas puertas de casa: el Mediterráneo y el Norte de África. Consecuentemente la Base Naval de Cartagena, el más importante núcleo militar español del Mediterráneo, cobró un considerable protagonismo y un papel muy significativo, tanto en el ámbito militar como en el político. Esta situación tuvo importantes repercusiones en la vida política cartagenera: franquistas y anti-franquistas, aliadófilos y germanófilos, empezaron a pensar firmemente que las cosas podían cambiar, en uno u otro sentido. Inmediatamente, en la medida que pudieron, todos ellos empezaron a jugar sus respectivas bazas.

La desclasificación de los archivos de la Administración norteamericana ha permitido conocer la intensidad, el alcance y la naturaleza de la cooperación entre la Alemania nazi y la Italia fascista con el régimen de Franco, durante la Guerra Civil y la II GM. Estos documentos han desvelado que en España, durante la II GM, operaba la Kriegsorganitation Spanien (en adelante KOSp), la Organización de Guerra Alemana en España, que tuvo una importante delegación y una significativa actuación en Cartagena, por los motivos anteriormente mencionados. La neutralidad oficial española no impidió, ni el comercio con las potencias del eje, ni el desembarco tolerado y protegido de una tupida e intensa red de militares y espías alemanes. La KOSp estuvo ampliamente protegida por las autoridades civiles y militares del régimen franquista. Esta protección y cobertura también se tuvo en Cartagena, como más tarde demostraremos. Un elemento fundamental de acicate a la colaboración entre nazis y franquistas fue la estrecha relación que se había establecido entre militares alemanes y españoles durante la Guerra Civil española.

Germanófilos en Cartagena


Medalla de la Orden del Águila Alemana
La política oficial cartagenera había sido profundamente afecta a los intereses del III Reich, al menos hasta 1942. Después de esa fecha, si bien la tendencia mayoritaria no cambia, empiezan a detectarse algunas disidencias. Los buenos oficios y los negocios del cónsul alemán Enrique Fricke, puestos de manifiesto por Francisco José Franco habían conseguido construir una tupida red de colaboradores y simpatizantes con el régimen nazi. El embajador Von Stoherer, así como otros altos funcionarios de la embajada alemana en España, reforzaban estas complicidades militares, económicas, e ideológicas, en sus periódicas visitas a Cartagena. Prueba de ello, es que no fueron pocas las autoridades civiles y militares condecoradas por el III Reich, en Cartagena. Desde el gobernador civil de Murcia, Sergio Orbaneja, hasta el General del Arsenal de Cartagena, Cristóbal González-Aller, pasando por el Comandante Militar de Marina, Augusto Cheriguini, o el periodista de El Noticiero y Cónsul de Perú en Cartagena, José Moncada Moreno, entre otros muchos. Todos ellos recibieron del gobierno alemán condecoraciones y reconocimientos, como las Cruces de 1ª clase de la Orden del Águila alemana; e incluso la valiosa Cruz del Merito con la Espada y la Estrella del Águila alemana (González-Aller). Probablemente en correspondencia a la interesada generosidad apologética alemana con estos militares y civiles cartageneros, al cónsul alemán en Cartagena, Enrique Fricke también le fue impuesta nada menos que la Orden del Yugo y las Flechas, una de las más preciadas condecoraciones del régimen. El consulado alemán en Cartagena estaba dotado además, nada menos que con un Secretario-Canciller, Carlos Muller, de nacionalidad alemana.

Los lazos que ayudaban a reforzar las buenas relaciones entre la élite político-administrativa cartagenera y el Tercer Reich, no sólo hacían referencia al ámbito militar, sino también al cultural y laboral: la asistencia de los hijos de los más representativos dirigentes falangistas cartageneros al Colegio Alemán de Cartagena; el sesgo pro-alemán de la información sobre la evolución de la II GM, omnipresente en la prensa, la radio, y en el cine a través de los Noticiarios de la UFA (Universum Film AG), la productora cinematográfica oficial alemana; la promoción del estudio del alemán como lengua de futuro; la germanofilia y la exaltación del régimen nacional-socialista; etc. Todo ello formaba parte sustancial de la vida cultural y la propaganda política oficial de Cartagena durante la primera mitad de la década de los cuarenta. Asimismo, 170 trabajadores cartageneros fueron voluntariamente a prestar sus servicios en las fábricas del Reich. La cooperación hispano-alemana llegaba hasta la mesa de los cartageneros: las simientes de patatas que se sembraban en la Huerta de Murcia y en el Campo de Cartagena procedían de Alemania.

En este sentido, pueden resultar útiles unas breves reseñas biográficas que nos ayuden a comprender el grado de compromiso con el régimen de algunos de estos militares y civiles, que tuvieron una influencia determinante en la política cartagenera:

a)
Francisco Bastarreche y Díez de Bulnes, sin duda el más importante, era bastante más que un Jefe de la Marina y un profesional de la Armada. Su trayectoria personal, familiar y política así lo ponen de manifiesto. Siendo Capitán de navío, junto con el Capitán de corbeta Pedro Nieto Antúnez, declaró el estado de guerra en la Base de Marín encabezando la sublevación en Galicia de julio de 1936. Los hidroaviones de esta base bombardearon el Cervera y el España, fondeados en El Ferrol, hasta que sus dotaciones que defendían la legalidad republicana se rindieron a los rebeldes.

Formó parte del tribunal de diversos Consejo de Guerra sumarísimos que tuvieron lugar en El Ferrol, en 1936, contra altos oficiales de la Marina que habían permanecido fieles a La República, entre ellos: Juan Sánchez Ferragut, comandante del Almirante Cervera y otros miembros de la tripulación (Causa nº 39/36), en total nueve penas de muerte; así como a los oficiales y la dotación del Torpedero T-2 (causa 65/36), cuatro condenados a muerte y cinco a reclusión perpetua.

En febrero de 1937, Bastarreche participó en uno de los episodios más sanguinarios y trágicos de la guerra civil. Siendo Comandante del crucero Canarias, en colaboración con el Cervera y con la aviación italiana y alemana, bombardeó y ametralló a los más de 60.000 civiles, ancianos, mujeres y niños, que huían por la carretera de la costa de Málaga a Almería, tras la toma de Málaga por las tropas rebeldes. Los cálculos más optimistas hablan de más 5.000 muertos, casi todos mujeres y niños. Tras ser Jefe de la Base de Cádiz, en 1941, es nombrado Capitán General-Almirante del Departamento Marítimo del Mediterráneo, en Cartagena. Entre 1941-44, firma y confirma más de cincuenta sentencias de pena de muerte dictadas por los tribunales de la Armada en Cartagena.

Fue designado por Franco, Consejero Nacional del Movimiento (2/1/1943), era la única persona que ostentaba esta nominación en la provincia de Murcia, por lo tanto detentaba la máxima autoridad política en la provincia. Asimismo, era Presidente de la “Hermandad de Mártires de la Cruzada”. Ya que su hermano Fernando Bastarreche, Comandante del Sánchez Barcáiztegui, fue sometido a Consejo de Guerra, condenado a muerte y fusilado en Málaga (21/8/1936) por haberse unido a la sublevación del 18 de julio, desobedeciendo las órdenes del gobierno republicano.

Estaba casado con Concepción Moreno, hermana de Francisco y Salvador Moreno, jefes de la sublevación en Ferrol y Galicia, en julio de 1936. Salvador Moreno fue nombrado Jefe de la Flota, desde la constitución de la Junta de Defensa, en Burgos (24/7/1936) y confirmado luego como Ministro de Marina. Francisco Moreno, nada más terminar la guerra, fue nombrado Capitán General del Departamento Marítimo del Mediterráneo, primero en Cartagena y después en Ferrol, donde murió en 1945.

Hijo adoptivo y predilecto de Cartagena, estaba en posesión de la Gran Cruz del Mérito Agrícola. Durante su mandato, 1946, se terminaron las obras de canalización de las aguas de río Taibilla, que deberían suministrar de agua potable a la Base Naval y de paso al pueblo de Cartagena.

b)
Manuel López Andújar, falangista de primera hora, ingeniero-director de Unión Eléctrica, en Cartagena. Además como alcalde de una ciudad, mayor de 50.000 habitantes, era Procurador en Cortes por el tercio municipal.

c)
Vicente Sergio Orbaneja y Castro, capitán de Sanidad Militar, pediatra, camisa vieja, uno de los promotores de la Falange en Mallorca, primo lejano del fundador de Falange, Jose Antº Primo de Rivera, protagonizó la sublevación y brutal represión en Mallorca, junto al Conde Rossi y Ladislao López Bassa. Asimismo participó en las negociaciones previas del Decreto de Unificación. Es nombrado Gobernador Civil de Murcia, en mayo de 1940. Anteriormente había sido Gobernador Civil de las provincias de León y de Tenerife. En esta última provincia, tuvo serios enfrentamientos con el Capitán General de Canarias, el general monárquico y héroe de la Cruzada Ricardo Serrador Santés, quién terminó provocando su cese y posterior traslado a Murcia.

Este “camisa vieja” constituye junto a Querejeta el paradigma de la actuación populista y nacional-católica, contra estraperlistas, blasfemos, y mujeres incontroladas de vida airada. Su mandato fue el más breve de todos los gobernadores civiles que tuvo la provincia durante el franquismo, no llegó siquiera a siete meses. A propuesta del Gobierno del Reich, Orbaneja fue condecorado con la Cruz del Mérito de Primera Clase de la Orden del Águila Alemana por «sus relevantes méritos en la pasada Cruzada».

A su salida del Gobierno Civil de Murcia, fue nombrado Jefe Superior de Policía de Madrid. Tampoco duró mucho tiempo en ese cargo. Siete meses más tarde fue cesado y nombrado en un puesto relacionado con las prisiones militares. Nueve meses más tarde, con motivo de haber cesado de este último puesto, la propia Secretaría General de Falange en un Informe fechado en septiembre de 1941, acusa a Sergio Orbaneja de colaborar con una agencia probritánica, con objeto de conspirar contra Serrano Suñer, a quién hacía responsable de su personal infortunio y ocaso político. Al parecer su fervor falangista se atenuó bastante. El otrora germanófilo condecorado y martillo de herejes, blasfemos y prostitutas, regresó a las Islas Baleares tildado de conspirador anti-falangista y anglófilo, por sus propios compañeros.

d)
Elías Querejeta Insausti, nacido en San Sebastián, militante del primer requeté guipuzcoano, herido de guerra en Eibar, miembro de la Comisión Gestora nombrada por el Gobierno Civil para regir la Diputación provincial de Guipúzcoa, en mayo de 1938. Jefe Provincial de FET y de las JONS de Guipúzcoa, en mayo de 1939; elegido Presidente de la Diputación, en septiembre de 1939. Fue nombrado Gobernador Civil, el 20 de octubre de 1941 y Procurador en las Cortes Orgánicas de Franco por el tercio sindical, en el grupo de técnicos del Sindicato del Papel y Artes Gráficas.

e)
Cristóbal Graciá Martínez, abogado albaceteño nacido en Caudete. En 1934, era el Jefe Provincial de Acción Popular Agraria, en Albacete. En enero de 1936, fue nombrado Delegado Provincial de Trabajo y se presentó a las elecciones por la CEDA, por dicha provincia. Al término de la Guerra Civil, Cristóbal Graciá se incorporó a la vida política albacetense. El 3 de junio de 1942 se le nombró presidente de la Diputación, ocupando este cargo hasta el 21 de junio de 1943. Durante este último año era secretario provincial del Movimiento y fue nombrado Gobernador Civil de Murcia, cargo que posteriormente pasó a ocupar en Salamanca. Durante 1958 fue Director General de Previsión del Mº de Trabajo. Murió en Caudete en 1988.

f)
Julio Iglesias-Ussel Lizana, cartagenero, tenía 28 años cuando fue nombrado gobernador, Comandante de Infantería, falangista, era hijo de Julio Iglesias Abelaira, Comandante del acorazado Jaime I, fusilado por los republicanos, en Madrid, en 1936, donde se encontraba en comisión de servicio; y de Adela Lizana Ussel de Guimbarda, procedente de una familia de rancio abolengo cartagenero. La sublevación le pilló como Teniente, en Cartagena, desde donde fue trasladado a Córdoba, donde se pasó al ejército rebelde. Fue ascendido y condecorado varias veces. Después de la guerra, antes de ser nombrado Gobernador Civil de Murcia, en octubre de 1940, era Jefe de las Milicias de FET y de las JONS de Cataluña.

g)
José de la Figuera Calín, Marqués de Fuente El Sol, fue nombrado por Iglesias-Ussel alcalde de Cartagena, el 6 de junio de 1941. Sustituyó a Luis de Vial y precedió a López Andújar. Era hijo de José de la Figuera y de la Cerda, sacado de la cárcel de San Antón, con otros 48 presos políticos, y asesinado en Cartagena el 18 de Octubre de 1936.

Casi todos ellos tienen un nombramiento de carácter político del más alto nivel dentro del régimen, más allá de sus responsabilidades locales o provinciales. Participaron personalmente en la conspiración militar que desembocó en la sublevación contra la República. Algunos como Bastarreche, Ussel-Lizana o el Marqués de Fuente El Sol tienen algún familiar directo, padre o hermano, asesinado o ejecutado durante la guerra civil. Todo ello, les merece la confianza de Franco que les integra en el núcleo duro del régimen. No obstante ello, también existen excepciones como el caso Orbaneja de distanciamiento por motivos, al parecer más personales que políticos. La lista podría extenderse mucho más.


Benito Sacaluga




(*) Texto recogido íntegramente de "Cartagena 1939-44: falangistas, republicanos y espías, en medio del hambre, la represión y la II Guerra Mundial". Autor :Antonio Martinez Ovejero.Publicado en Cartagena Histórica (Ediciones Aglaya, Monográfico nº34, marzo 2008)




viernes, 19 de julio de 2013

LA MARINA, LA REPÚBLICA, CARTAGENA Y LA REPRESIÓN FRANQUISTA (II)

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La larga sombra de la memoria de los jefes y oficiales rebeldes muertos en Cartagena. 

La represión franquista, el poder al almirantazgo. (*)


.........El ejercicio de la autoridad de la Capitanía General sobre la ciudad, se puso de manifiesto en otros aspectos aparentemente menos relevantes, pero no por ello, menos significativos. Entre ellos, cabe mencionar, la organización y la seguridad de las escasas visitas que Franco hizo a Cartagena. Esta importante función, en la ciudad departamental, estuvo siempre a cargo del Capitán General, autoridad militar, y no del Gobernador Civil de la provincia como primera la autoridad civil y teóricamente máximo responsable del orden público.

Franco visitó Cartagena cuatro veces en los casi cuarenta años de dictadura: 29-30 de abril de 1946; 6-7 de octubre de 1957; 29 de abril de 1960; y 6 de Junio de 1963. Excepto la segunda, que tenía por objeto inaugurar la Central Térmica de Escombreras y visitar las instalaciones de la nueva Refinería que no había podido o querido inaugurar siete años antes, las otras tres visitas, se hicieron, casi por sorpresa. Sobre todo la de 1946, en la que Franco vino a comprobar los daños producidos, en la Vega Media del Segura, con motivo de las riadas. No se hizo pública su visita a Cartagena, hasta la mañana de ese mismo día.

El pasado político y la fidelidad republicana de Cartagena, siempre inspiró la prevención y el recelo del Jefe del Estado y de las autoridades del Régimen. Véase como ejemplo, la presuntamente improvisada visita de abril 1946, siete años después de finalizada la guerra civil, que brevemente describimos a continuación. A raíz de las características de la visita, podemos deducir que su motivo fundamental fue capitalizar en la figura de Franco: la consecución del suministro permanente de agua a la ciudad procedente del río Taibilla; iniciar una “distante y calculada aproximación multitudinaria” a los cartageneros, especialmente a los militarizados trabajadores del Consejo, vestidos de chaqueta y corbata, como muestran las fotos de la época; y venerar y mantener el recuerdo de los marinos mártires de las “hordas rojas”. Las cuestiones de seguridad eran muy importantes y debían ser confiadas a quién detentaba el poder real en la ciudad, el Almirante Bastarreche.

D51
Destructor de la clase Liniers
(3ª Serie Churruca)
A pesar de no estar oficialmente prevista esta visita, en menos de dos horas, se levantó un gran arco en el límite del municipio con la inscripción ¡Viva Franco! El alcalde, Miguel Hernández Gómez lanzó un bando, a medio día, invitando a los cartageneros a recibir al invicto Caudillo por la tarde-noche. Según la prensa, llegó a la ciudad a las 10 de la noche, siendo recibido apoteósicamente por una enfervorizada multitud. Cubrían la carrera fuerzas de Artillería, Infantería y Marina. Al día siguiente, visitó el Consejo, donde fue vitoreado por los obreros. Después visitó el destructor Liniers, que sería botado, ese mismo día. Ofreció unas flores a los “mártires” del Castillo Olite y del España número 3. Visitó a la patrona de Cartagena, la Virgen de la Caridad. Inauguró el Instituto de Bachillerato Isaac Peral. Visitó los depósitos y las instalaciones de Aguas del Taibilla. Y entregó cinco mil pesetas como donativo a los “pobre enfermos” del Santo Hospital de Caridad. El despliegue de actividades de esta “visita improvisada”, anunciada escasas horas antes de producirse, fue tan amplio y variado, que razonablemente hay que dudar de su improvisación.
Igualmente, la autoridad política del Capitán General, Almirante Bastarreche, quedó patente en el acta municipal que daba cuenta al Ayuntamiento de la visita de Franco, en 1950: (1)
“… el Pleno municipal del Ayuntamiento de Cartagena, de 23 de junio de 1950, daba cuenta de sendas comunicaciones del Capitán General del Departamento. En la primera se comunicaba el plan de la visita del Jefe del Estado a la ciudad, informándose de su llegada, el día 25, a las 20 horas; y en la segunda se remitía el programa de la inauguración de la Refinería de Petróleos, y de la botadura de los dos buques construidos en la EN Bazán…”
Este documento revela, donde estaba el poder real. En una cuestión tan esencial para el Régimen, como era la seguridad del Jefe del Estado, es el Capitán General, y no el Gobernador Civil, quien comunicó oficialmente al Pleno del Ayuntamiento el programa y las incidencias de la visita de Franco. La máxima autoridad militar fue siempre la responsable de la seguridad del “generalísimo”, en sus escasos periplos cartageneros.

(1) Esta visita finalmente no llegó a realizarse, la versión  oficial apunta a una "indisposición del Caudillo". Otras versiones no confirmadas achacan la suspensión al conflicto de Corea y a la intención de Franco de colaborar con USA y la ONU enviando unidades del ejercito español para intervenir en Corea contra los comunistas.


Benito Sacaluga



(*) Texto recogido íntegramente de "Cartagena 1939-44: falangistas, republicanos y espías, en medio del hambre, la represión y la II Guerra Mundial". Autor :Antonio Martinez Ovejero.Publicado en Cartagena Histórica (Ediciones Aglaya, Monográfico nº34, marzo 2008)