viernes, 6 de febrero de 2015

COMBATE DEL CABO CHERCHEL






Vapor "Aldecoa"
(1) En el transcurso de la guerra, la flota republicana dará escolta, aproximadamente, a no menos de treinta y cinco buques mercantes con material de guerra y víveres, para contrarrestar las ingentes cantidades de ese mismo material que alemanes e italianos suministraban a los sublevados a través de los puertos del norte, una vez que se perdieron, y de los de Cádiz, Huelva y Algeciras, casi desde comienzos del conflicto.

El 6 de septiembre del 37, los comandantes de cada uno de los buques que van a participar en la operación de escoltar y proteger desde Argel hasta Cartagena a los mercantes “Aldecoa” y “Satrústegui” que transportan víveres para la España republicana, reciben el “panecillo”: un sobre cerrado urgente y reservado con la orden de activar la unidad a su cargo. Conocida la orden, cada comandante encarga a su segundo tener listo el barco (marinería, artillería y torpedos) y al jefe de máquinas proceder a la activación. La orden de operaciones constaba de tres partes: información sobre buques navegando por el Mediterráneo; misión de escolta de los mercantes señalados dándoles convoy hasta Cartagena con ataque al enemigo en caso necesario; y ejecución: detalles sobre el orden de las Flotillas.

Integrado por los cruceros “Libertad” y “Méndez Núñez” mas ocho destructores, el grupo de combate localiza al amanecer del 7 de septiembre a los mercantes en el punto señalado, advirtiéndose ya entrada la mañana la presencia en el lugar de un crucero enemigo, el ”Baleares", por la tarde hace acto de presencia el "Canarias".  Fuego cruzado entre ambas escuadras, con daños y bajas en los sublevados, huida de éstos, pérdida de los mercantes por el miedo de sus capitanes ante la refriega, y regreso a Cartagena de la expedición en la madrugada del 8. Era el primer combate en el Mediterráneo entre la escuadra republicana y la sublevada.

El comisario Bruno Alonso, desde el “Libertad” lo vivió así (sic): 
“Al comenzar la acción la artillería, se mandó ondear, según las reglas de la guerra marítima, la bandera de combate. Debía hacerlo el timonel marinero. La magnificencia del momento y el nerviosismo propio de la acción, parecían dificultar la maniobra. La grande y hermosa bandera se enredaba entre las drizas y tardaba en subir y ondear, rasgándose al tremolar. Marchaba presuroso hacia el marinero con propósito de alentarlo, cuando admirado contemplo, cómo cuadrándose soberbiamente ante la enseña, ya desplegada al viento, gritó: “¡Rómpete, pero no te rindas!”. 

El Comisario de la Flota, Bruno Alonso, dirigiéndose a la
tripulación de un buque.
Cartagena. Diciembre de 1936

Durante cerca de cuarenta minutos se prolongó la acción. Los ocho cañones del “Libertad” disparaban sus andanadas, sin errar sus tiros. El crucero rugía al lanzar sus bocanadas de fuego, brincaba sobre las olas, parecía revolverse, como si le agitara idéntica pasión y furor que sus tripulantes. Un antiguo cabo de artillería, don Eugenio Portas, tenía a su cargo la dirección de tiro. Pronto acertó a colocar una salva de proyectiles en el puente del Baleares, causando bajas y destrozos. Este dispara contra nosotros pero con pésima puntería, aunque pronto cesa de hacer fuego emprendiendo veloz huida… Aquel mismo día a las dos de la tarde, se reanudaba el combate con otro de los cruceros fascistas, que rondaba las aguas mediterráneas en espera del convoy que protegíamos. Apenas terminábamos de comer cuando apareció el “Canarias”, el cual, a una distancia de dieciocho mil metros, abrió fuego contra nosotros. Respondió el “Libertad” rápidamente, ordenando seguidamente el almirante a los destructores que atacasen con torpedos. A los diez minutos, el “Canarias” emprendió la huida, batiéndose en retirada contra los destructores que intentaban tomar posición de ataque sin llegar a él, ya que durante el día era peligrosísimo acercarse a un crucero moderno, cuya artillería alcanzaba los veinticuatro mil metros…
Terminados los combates, regresó la flota a Cartagena sin otra novedad que la pérdida de los dos mercantes, cuyos mandos acobardados al iniciarse la refriega, en lugar de seguir rumbo a Cartagena, mientras nosotros teníamos a raya al enemigo, se acercaron presurosos a tierra, embarrancando uno en la costa e internándose el otro en Bona. Al entrar en Cartagena y desde el castillo del “Libertad”, dirigimos una arenga encendida a aquellos valientes marinos, abnegados y heroicos, que al día siguiente por la mañana habrían de aguantar de nuevo, al pie de sus antiaéreos, los ataques constantes de la aviación italo-germana, que buscaba afanosa objetivo tan esencial como era la destrucción y hundimiento de nuestra flota”.

 (1) "La Armada española durante la guerra de los tres años (1936-1939)". Autor: Laureano Rodríguez Liañez, profesor del Departamento de Historia Medieval y Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla.

Michael Alpert, en su obra "La Guerra Civil Española en el Mar", nos ofrece una detallada versión del combate, exenta de la síntesis efectuada por el profesor Rodriguez Liañez y del "apasionamiento" de la versión de Bruno Alonso:

Septiembre 1937. Cuatro mercantes republicanos, el Aldecoa, el Antonio Satrústegui, el Mar Blanco y el Mar Caribe regresaban de la URSS con material de guerra. Tan importante convoy tenía que ser escoltado por una poderosa flota, de modo que los cruceros Libertad y Méndez Núñez y los destructores Lepanto, Valdés, Miranda, Escaño y Almirante Antequera salieron de Cartagena para realizar el servicio, rumbo al punto denominado P (Argel).
Al conocer los nacionales la noticia de la presencia de los mercantes, destacaron el Baleares para interceptarlos. A la altura de Cherchel, el comandante Manuel de Vierna vio el convoy, más su escolta de cruceros y destructores. Procuró Vierna pasar por la popa del convoy batiendo a los cruceros y poniéndose entre ellos y Palma para buscar protección si fuera preciso. El Libertad y el Méndez Núñez maniobraron para dar batalla. El duelo artillero comenzó a las 10,44, con un impacto en el Baleares a distancias de entre 16.000 y 13.750 metros. El tiro del Libertad era eficaz y bien centrado, mientras que el Baleares sufría las deficiencias de su dirección de tiro. El Libertad perdió contacto y volvió a reunirse con el Méndez, que por ser lento se había quedado rezagado en un combate que se realizaba a una velocidad de treinta nudos. El Baleares persiguió al convoy republicano. A las 11,25 se intercambiaron disparos a casi 17.000 metros de distancia, sin conseguir impactos.
Se siguió tratando de cortar la derrota del convoy, pero hasta las 17,07 no se volvió a ver buques de guerra republicanos. Estos abrieron fuego, pero únicamente el Libertad, con sus cañones del 152, pudo centrar sin quedarse corto. Los fallos eléctricos de la torres artilleras del Baleares impusieron la separación. Una combinación de mala visibilidad, deficiencias técnicas en el Baleares y gran eficacia en el menos potente Libertad decidieron el enfrentamiento. Sin embargo los mercantes habían tenido que refugiarse en Cherchel o en Argel, donde el Aldecoa quedó embarrancado.
Seis meses más tarde, el seis de marzo de 1938, el Baleares fue hundido por la Flota republicana.


Benito Sacaluga




miércoles, 4 de febrero de 2015

EL COMBATE DE CABO ESPARTEL





(1) Concentrada en Málaga el grueso de la Flota, tras el abandono forzoso de Tánger como puerto más cercano al Estrecho, una desafortunada decisión, en opinión recogida del blog de Benito Sacaluga, no tomada precisamente por los “cabos” sino por el mismísimo Indalecio Prieto, un político metido a Ministro de Marina, supone un duro golpe para la supremacía republicana en el mar al perder el control del Estrecho de Gibraltar.

El 21 de septiembre Prieto ordena la partida desde Málaga rumbo a Bilbao del acorazado "Jaime I", cruceros “Cervantes” y “Libertad” y destructores “Lepanto”, “Escaño”, “José Luis Díez”, “Antequera”, “Valdés” y “Miranda” a donde llegan el 24, al mando de Miguel Buiza que enarbola su insignia en el Libertad; el "Cervantes" al mando de Luis González Ubieta, el "Jaime I" comandado por Carlos Esteban, y la flotilla de destructores por Vicente Ramírez de Togores. La expedición la completan tres submarinos de la Clase C.


Una vez que la flota republicana deja atrás Ferrol, la marina sublevada hace bajar del Cantábrico a los cruceros “Canarias” y “Cervera” a romper el bloqueo del Estrecho que ha quedado a cargo de los destructores “Almirante Ferrándiz” y “Gravina”.




Señalada por la aviación sublevada la posición de los buques, el “Canarias” abre fuego contra el “Almirante Ferrándiz" disparándole tres andanadas hasta resultar hundido el 29 de septiembre muriendo casi toda su dotación, ciento sesenta hombres entre oficiales y marinería. 

Destructor "Gravina"


Por su parte el “Cervera”, encargado del “Gravina”, aunque sufre varios disparos de éste que le causan daños, le alcanza con un obús obligándole a refugiarse en Casablanca. De este modo el Estrecho quedaba libre de todo bloqueo republicano, facilitándose desde ese momento el paso de tropas desde Marruecos a la Península.

(1) "La Armada española durante la guerra de los tres años (1936-1939)". Autor: Laureano Rodríguez Liañez, profesor del Departamento de Historia Medieval y Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla.

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Es defendible aceptar que el PNV intentó obtener beneficios por su participación en la guerra al lado del Gobierno de España. No es por tanto ningún despropósito suponer que el envío al Cantábrico del grueso de la Flota respondiese exclusivamente a una maniobra política en la que no intervinieron ni fueron consultados o escuchados sus mandos. Es lícito suponer, insisto, que el PNV puso condiciones extremas a su lealtad a la República.

Está demostrado que el nacionalismo vasco negociaba con los sublevados y con el Vaticano para lograr una salida de la guerra, abandonando así la defensa de la República Española. Prieto y el resto del Gobierno lo sabían y no actuaron contundentemente para evitarlo. Está igualmente claro que la postura del PNV ante la sublevación estuvo sembrada de dudas desde el primer momento.

Prieto, un político nato, impetuoso y con ciertas dosis de vehemencia y Largo Caballero, antepusieron la adhesión del PNV al interés estratégico del Estrecho. Azaña lo consintió. Esta creo que fue la primera equivocación, la segunda fue no acabar con la flota enemiga en julio, una flota que nada más tener conocimiento de la partida hacia el norte de la flota gubernamental envió dos cruceros al Estrecho, el "Canarias" y el "Almirante Cervera".

Una maniobra, la de Prieto, descabellada e inútil. Doce buques de guerra (un acorazado, dos cruceros, seis destructores y tres submarinos), en perfecto estado operativo se utilizaron como moneda provisional de cambio sin valorar detenidamente las consecuencias que el abandono del Estrecho podía llegar a suponer y aún más descabellada, si cabe, si tenemos en cuenta que la ofensiva sobre el País Vasco se estaba llevando a cabo desde el interior, ahí estaba el frente, y que el avance definitivo sobre Vizcaya estaba lejos de iniciarse.

Con la Flota en el Norte, el uno de octubre de 1936 se aprueba por las Cortes Republicanas el Estatuto de Autonomía del País Vasco y se crea la Marina de Guerra Auxiliar de Euzkadi, al mando de Joaquín de Egía y Unzueta (Capitán de la Marina Mercante y Subinspector Local de Servicios Marinos), sus unidades son seis bacaladeros de altura requisados a los que se les dotó de cañones de 101,6 mm cedidos por el acorazado Jaime I.






Los supuestos acuerdos del gobierno con el PNV para que se mantuviese al lado de la República se cumplieron, pero el precio pagado fue descomunal.

Según Michael Alpert :

"No se puede minimizar la importancia del control nacional sobre el Estrecho de Gibraltar. Los nacionales dominaban una posición central, controlando una ruta marítima estrecha, y dominaban también el hinterland donde se encontraban las bases de apoyo. Al dominar el Estrecho se abrió la posibilidad, de gran significación para los meses venideros, de establecer una base avanzada en Palma de Mallorca, cuyo abandono por las fuerzas expedicionarias de la República llegaría a adquirir ahora una significación evidente".

Tampoco se aprovechó la permanencia de la Flota en aguas del Norte, salvo el desbloqueo provisional de las aguas y la entrega de un pequeño suministro de material, munición y víveres. No recibieron ninguna orden para conseguir el dominio de las comunicaciones marítimas enemigas, ni se interrumpió la llegada constante de material desde Alemania que, estando los buques republicanos en el Cantábrico, tenía la ruta a Sevilla más o menos libre. 

En el capitulo III de la "Historia de la Armada Española", editado por el Ministerio de Defensa, titulado “Las acciones Navales de la Guerra Civil  Española” se reconoce la importancia del dominio del Estrecho y la importancia del papel de los buques :

“…El dominio del Estrecho, primero republicano y más tarde nacional, la campaña del Cantábrico totalmente favorable para la Armada nacional y la guerra en el Mediterráneo, ya en la última fase de la contienda, dieron la victoria final a quienes mejor supieron utilizar la herramienta naval que poseían. La decisión de Indalecio Prieto fue la peor de toda la guerra civil".

Graves errores estratégicos como consecuencia de decisiones políticas, mandos y oficiales desleales a la República infiltrados en la Flota, en el Ministerio de Marina y en el Estado Mayor, sabotajes, deserciones de oficiales del Cuerpo General....fueron puntos decisivos. Provocaron la pérdida del Estrecho y con ella el control de las rutas desde África, la política gubernamental de destinar la Flota casi exclusivamente para la protección de los convoyes republicanos, impidieron a la Flota republicana el control y bloqueo de los puntos de abastecimiento por mar de los sublevados. Unamos a esto  la actuación en el Mediterráneo de las fuerzas navales del eje Alemania-Italia y la mirada para otro lado de Francia e Inglaterra en lo relativo al incumplimiento del Pacto de No Intervención por parte de Hitler y Mussolini, y tendremos las verdaderas claves de por qué se perdió la guerra.


Benito Sacaluga



lunes, 2 de febrero de 2015

COMBATE DEL CABO DE PEÑAS




(1) Como botón de muestra de lo ocurrido en el arma submarina durante la Guerra Civil Española, hacemos referencia al caso del B-6, la primera unidad de la Escuadra republicana en desaparecer en combate.

Tripulación del B-6
(Foto sin autentificar)
Ya a mediados de agosto habían sido enviados al Norte los submarinos C-3 y C-6, a la caza del “España” y el “Cervera”, unidades de la armada sublevada, que venían sometiendo a los puertos del Cantábrico a intensos bombardeos. Antes de llegar a destino el C-3 regresa a Cartagena averiado, quedando sólo el C-6, cuyo comandante, Mariano Romero, teniendo a tiro al Cervera que bombardea Gijón, se niega a dispararle, repitiendo posteriormente su actitud con el “España” cuando se le pone al alcance de los torpedos. De vuelta en Cartagena, Romero desaparece pasándose a los rebeldes. 

El 10 de septiembre, al mando ahora del torpedista electricista Ernesto Conesa Avilés, leal a la República y reputado masón perteneciente a la logia “Renacer” de los Valles de Cartagena, de la que también forma parte, entre otros, el auxiliar 2º naval Laureano Rodríguez Fernández, contramaestre de cargo del B-6, volverá de patrulla al norte junto al C-5 al mando del capitán de corbeta Remigio Verdía, que pasará luego a mandar el C-6 desempeñando además la jefatura de la flotilla.

El B-6 al mando del teniente de navío Juan José González González, que tiene como segundo a José Luis Pérez Cela, de idéntica graduación, y como oficial al alférez de navío Pablo Yoldi Lucas, zarpa de Cartagena en la madrugada del 18 de julio, decidiendo el comandante con acuerdo de los oficiales intentar meter el buque en Algeciras ya en poder de los sublevados. Tras hacer caso omiso estos oficiales de un radio-mensaje del C-3 pidiendo ayuda para impedir el desembarco de tropas sublevadas en la costa malagueña, y hallándose de guardia en el puente el segundo comandante Pérez Cela, proceden a su detención el segundo maquinista Juan Cumbrera González en compañía del auxiliar 2º Naval Laureano Rodríguez Fernández, comunicándole ambos la ya efectuada del comandante y del oficial, haciéndose cargo del mando el citado maquinista, el cual con la ayuda del comandante del C-3, pone proa a Málaga para desembarcar a los oficiales detenidos arribando a puerto el 22. 

De Málaga y con motivo de reparar averías, el B-6 regresa a Cartagena el 1 de agosto estando de nuevo en la plaza malagueña el 22 del mismo mes, donde le espera para hacerse cargo de su mando de manera forzosa por orden del Ministerio de Marina el alférez de navío Oscar Scharfhausen Kebbon, que tendrá como segundo al citado maquinista, que de hecho desempeña la jefatura militar del buque. Aunque para los mandos de la Marina Republicana Scharfhausen no era muy de fiar, se ven obligados a echar mano de él al no contar el submarino con oficial alguno del Cuerpo General que lo mandara.

De nuevo en Cartagena y ya al mando del citado alférez de navío comienzan los preparativos para salir hacia el Cantábrico con el objetivo, junto a otros submarinos allí destacados, de acabar con el bloqueo impuesto por la Marina rebelde desde sus bases en Galicia a los puertos del norte. El 15 de septiembre zarpa el B-6 de Cartagena con destino a Bilbao llevando en su interior un cargamento de 25 toneladas de munición para el Ejército del Norte.

Navegando en superficie, en la mañana del 19 es avistado por el destructor "Velasco" de la Marina rebelde, que pone proa a toda máquina al submarino, aunque éste al sumergirse desaparece, haciendo que el "Velasco" siga ruta hacia Santander, no sin antes ordenar al bou "Ciriza" (pesquero armado) y al remolcador "Galicia" vigilar la zona.  La opinión generalizada es que el alférez Scharfhausen navega en superficie con el ánimo de entregar el submarino a los sublevados, ya que si hubiera seguido en inmersión no lo hubieran encontrado, dado que ni el "Velasco" ni el "Galicia" y mucho menos el "Ciriza" tenían medios de detección alguna. Que esto es así lo prueba Scharfhausen en su propia declaración ante el consejo de guerra, alegando que hizo todo lo que pudo por entregar el submarino: la entrada de agua tras la avería provocada por él mismo y no haber cambiado el rumbo para escapar del "Velasco". La realidad es que sus planes serían desbaratados por la acción decidida de la tripulación, especialmente de maquinistas, auxiliares navales y artilleros.

De nuevo en superficie, sobre las 12’30 horas, a unas 15 millas del cabo de Peñas, en Asturias, en día de buena visibilidad, avista el B-6 a unas 10 millas de distancia a dos bous armados (Ciriza y Galicia), enfilando el "Galicia" al submarino, ante lo cual decide el comandante nueva inmersión pero sin variar el rumbo, lo cual les acercaba aún más a los barcos enemigos en superficie. En la “inmersión”, Scharfhausen se las ingenia para provocar una avería al dejar abierta la válvula del acústico, comenzando a entrar agua por la torreta, lo que provoca la confusión y el miedo en la tripulación al creer que el buque no se está sumergiendo, sino que se está hundiendo.

El propio comandante, producido el efecto deseado, ordena de inmediato volver a la superficie encontrándose con el "Galicia" a menos de mil quinientos metros, abriendo éste fuego contra el submarino emergente que se defiende haciendo inmersión, intentando seguidamente el remolcador pasar por encima de su estela para soltarle cargas de profundidad. Otra vez arriba el B-6, es ahora el submarino quien dispara su cañón dos veces haciendo blanco en el atacante al que causa daños y bajas. Viendo que el submarino resiste y que se dispone a atacar al "Ciriza" ordena su “comandante” poner el buque de popa para que no pueda disparar, llegando seguidamente el "Velasco" –que había sido avisado por el "Galicia"- al escenario de combate, el cual dispara al submarino con su cañón de proa hasta alcanzarlo en la sala de máquinas, dejándolo fuera de combate pasadas las 4’30 de la tarde.

La dotación se echa al agua mientras el submarino, ayudado por dos miembros de su tripulación que quieren correr su mismo destino, se va al fondo del mar hundiéndose en el mismo para siempre. 

Con el submarino quedaron bajo el mar el Auxiliar 2º de Electricidad Juan Heredia Rodríguez y el Cabo de Artillería Pascual Crespo.

El resto de la tripulación, rescatada y encarcelada en Ferrol, es sometida a Consejo de Guerra sumarísimo siendo veintiséis de sus miembros condenados a pena de muerte, de los cuales diez serán ejecutados en la Punta del Martillo del Arsenal ferrolano. Los ejecutados fueron:

Maquinistas : Juan Cumbrera González, Andrés Navarro Barcelona y Fernando de la Pascua Galiano.

Auxiliar 1º de Torpedos Teodoro López Camazón.
Auxiliar 2º de Máquinas Víctor Bermúdez Bouza.
Auxiliar 2º de Radio José Guerrero Jiménez.
Cabo de Artillería José Chorro Muñoz.
Cabo de Electricidad Luis Preciados Rodríguez.
Marineros fogoneros José Navarro Díaz y Pedro Antonio Vera Rodríguez,

siéndole conmutada al resto de condenados la pena capital por la inmediata inferior de treinta años de reclusión: 

Maquinista Baltasar Zaragoza Nicolás.
Piloto Mercante Eugenio Dutrús Fuster.
Auxiliar 2º Naval Laureano Rodríguez Fernández.
Auxiliar 2º de Máquinas Gabriel Cerezuela Marín.
Auxiliar 2º de Torpedos Santos González Martínez.
Auxiliar 2º de Electricidad Pedro Ortíz Cela.
Auxiliar 2º de Radio Manuel León Escámez.
Cabos de Marinería José García Mulero, Vicente Guillamón Leal, y Juan Pinilla Oliver.
Cabos de Electricidad José Molina García, Antonio Arregui Azcárate, Juan Ruiz Carrascosa y Pablo López García.
Cabos Radiotelegrafistas Alberto Buendía López y Luciano Amado Muiños.

Pese a las dudas suscitadas por su comportamiento, el Alférez Scharfhausen, juzgado en consejo de guerra aparte presidido por Nieto Antúnez, será exonerado de todo cargo e incorporado a la Marina sublevada, prestando inicialmente una serie de servicios secretos y peligrosos en Bilbao, orientados a pasar unidades republicanas a la Armada franquista. La caída de esta ciudad en 1937 le situará ya clara y abiertamente alineado con el bando rebelde. Su último destino, una vez alcanzado el grado de capitán de navío, será el de Comandante Militar de Marina de Sevilla, donde volverá a encontrarse con el antiguo contramaestre de cargo del B-6 Laureano Rodríguez Fernández, uno de los veinte condenados a muerte posteriormente conmutados, en una entrevista protocolaria y algo fría, de la que fue testigo el autor del presente trabajo.


(1) "La Armada española durante la guerra de los tres años (1936-1939)". Autor: Laureano Rodríguez Liañez, profesor del Departamento de Historia Medieval y Ciencias y Técnicas Historiográficas de la Facultad de Geografía e Historia de la Universidad de Sevilla.



Caracteristicas del B-6



Clase Holland F-105
Astilleros: Sociedad española de Construcciones Navales (Cartagena)
Eslora: 64,18 metros
Manga: 5,60 metros
2 Motores diésel Nelseco (700 HP)
2 Motores eléctricos de 210 HP
2 Motores eléctricos para emergencias
Velocidad superficie 16 nudos
Velocidad inmersión 10,50 nudos
Cota máxima 60 metros
4 Tubos lanzatorpedos de 450 mm
1 Cañon Vickers de 76,20 mm
Tripulación: 28 a 34


Benito Sacaluga

viernes, 23 de enero de 2015

JEFES Y OFICIALES REPUBLICANOS EJECUTADOS POR OPONERSE A LA SUBLEVACIÓN DE LA FLOTA (1936-1939)






En la noche del seis de marzo la Flota Republicana que había partido de Cartagena a causa de la sublevación casadista, llega a Bizerta (Túnez) en busca del exilio. El Jefe de la Flota, Miguel Buiza transmite el siguiente mensaje a todas las dotaciones, unas dotaciones que están a un paso de emprender el viaje a un exilio angustioso y terrible, o a entregarse a los franquistas como prisioneros, la orden se cumple por todos los marineros demostrándose así, una vez más, la lealtad a la República y a los mandos de la Flota:
"El mando de la flota encarece a todos los buques que, dado el próximo fondeo en un puerto extranjero, se mantenga por las dotaciones de los mismos un perfecto estado de disciplina, uniformidad y corrección"
Sepultura donde descansan los restos de
51 republicanos, marinos y civiles
fusilados por los franquistas.
Cementerio de Los Remedios (Cartagena)
El 26 de marzo el almirante franquista Salvador Moreno sale en el destructor "Ciscar" rumbo a Bizerta para hacerse cargo de los buques hasta ese momento republicanos, los cuales le son entregados el día 30. El día 2 de abril Moreno parte de Bizerta con toda la Flota. El día 4 los marineros que decidieron volver a España, ya prisioneros, fueron obligados a rendir homenaje a los muertos en el lugar donde se había hundido al "Baleares". La venganza franquista comenzaba. El almirante Moreno insistía en que los marinos que en los buques eran repatriados prisioneros a España incluían a un buen número de "significantes criminales" e "individuos de cuidado", para lo que deberían prepararse campos de concentración.

Entre los oficiales de Marina que no fueron con la Flota a Bizerta y los que desde allí decidieron volver a España, la gran mayoría de los pertenecientes al Cuerpo General solo fueron separados del servicio. Durante el periodo comprendido entre 1939 y 1941 se celebraron en Cartagena 192 Consejos de Guerra contra oficiales de la Armada. Solo 14 de estos Consejos lo fueron contra oficiales del Cuerpo General, en los que seis fueron absueltos y 8 condenados a algún tipo de pena. Fueron condenados a muerte el almirante Molins, jefe de la Base de Cartagena en 1936 y el capitán de corbeta Horacio Pérez y Pérez. Los oficiales del resto de cuerpos (Patentados, Máquinas y Auxiliares) sometidos a Consejo de Guerra fueron 178, de ellos 104 fueron condenados un 59%. Los delitos imputados eran indefectiblemente los de rebelión militar y traición. Curiosa imputación si tenemos en cuenta que los únicos rebelados fueron precisamente los marinos que ahora juzgaban a los leales al Gobierno. Fueron fusilados el comandante Baeza, de Infantería de Marina, el Teniente Coronel Sacaluga, de Máquinas, y el general Berenguer, del Cuerpo Jurídico. Seis oficiales fueron condenados a cadena perpetua y 51 a penas de prisión que iban desde uno a 30 años. 

Sumando a los Consejos de Guerra de Cartagena las actuaciones en otras plazas, en total se ejecutaron entre 1936 y 1939 a 16 jefes y oficiales de la Armada por oponerse a la sublevación ordenada en apoyo del golpe de estado:

Contralmirante Camilo Molins Carreras. Jefe Base Naval de Cartagena.
Contralmirante Antonio Azarola Gresillón. Jefe Base Naval de Ferrol.
Capitán de navío Juan Sandalio Sánchez Ferragut. Comandante del "Almirante Cervera".
Capitán de fragata Tomás Azcarate. 2º Comandante del "República".
Capitán de fragata Manuel Guimerá Bosch. Disponible forzoso en Larache.
Capitán de corbeta Francisco Biondi Honrubia. Comandante del "Lauria".
Teniente de navío Carlos Soto Romero.Comandante del tropedero T-17.
Teniente de navío Luis Sánchez Pinzón.
Teniente Coronel Benito Sacaluga Rodriguez. Jefe de los Servicios de Máquinas de la Flota.
Comandante Manuel Sancha. Infantería de Marina en Cádiz.
Capitán Enrique Paz Pinacho. Infantería de Marina en Cádiz.
Comandante Diego Baeza Soto. Infantería de Marina en Cartagena.
Comandante de Intendencia de la Armada García Moles.
Teniente del Cuerpo de Sanidad de la Armada Martin Yarza, "Lauria"
General auditor Fernando Berenguer, fusilado en Barcelona.

Terminada la guerra civil, los fusilados por los franquistas en Cartagena, entre abril de 1939 y enero de 1945, fueron 176. Dos terceras partes fueron marinos, oficiales y suboficiales de los Cuerpos Patentados y Auxiliares y marineros; la otra tercera parte, civiles, trabajadores en su inmensa mayoría y algunos profesionales y funcionarios.

El 20 de abril de 1939, habían transcurrido menos de tres semanas de la entrada de las tropas franquistas en la ciudad, la Auditoría Militar de Cartagena informaba del trabajo realizado en ese breve período de tiempo. Se habían elevado a sumarios 150 procesos. Habían sido informados más de 450 sumarios a jefes, oficiales, suboficiales y auxiliares de la Armada. Además, se había constituido un Consejo Sumarísimo de Guerra de forma permanente, es decir, el procedimiento habitual pasaba a ser el Consejo de Guerra Sumarísimo. Con una media de treinta sumarios por día, incluyendo sábados, domingos y Semana Santa, parece evidente que tal diligencia policial y judicial no ofreció muchos derechos y garantías a los acusados.

Al igual que en El Ferrol, en 1936, la mayoría de los fusilados en Cartagena, en 1939, eran marineros, oficiales, suboficiales y cabos de los Cuerpos Auxiliares. La inmensa mayoría de los 55 miembros del Cuerpo General, así como más de la mitad de los 4.200 marinos que habían partido con la flota a Bizerta en marzo de 1939, no regresaron a España, quedándose en el exilio. Por tanto las cifras de la represión relativas a fusilamientos y cárcel deben contar con este hecho.

En cualquier caso, de acuerdo con los datos proporcionados por el Mº de Economía y Hacienda, en Cartagena, no menos de 1.733 jefes, oficiales y suboficiales del Ejército y la Marina y las Fuerzas de Seguridad, profesionales (616) y no profesionales (1.117) fueron expulsados de las Fuerzas Armadas después de la guerra, la mayoría de ellos exiliados o en paradero desconocido.


Benito Sacaluga.


Fuentes: 
"La guerra Civil Española en el Mar". Michael Alpert. ISBN: 978-84-8432-975-6
Revista "Cartagena histórica" Antonio Martinez Ovejero.