domingo, 31 de mayo de 2020

EL ESPÍRITU REPUBLICANO DE LA ESCUELA NAVAL POPULAR






El 20 de noviembre de 1937, a pocas semanas de la entrada en funcionamiento de la recién creada Escuela Naval Popular, en el semanario La Armada (Órgano Oficial de los Marinos de la República), se publica un artículo en el que se ponen de manifiesto diversas consideraciones sobre el espíritu republicano de la Escuela, junto con un planteamiento de la necesaria reorganización democrática y estructural de la Armada.


Fotografía actual del Asilo de La Rambla (Cartagena),
donde se ubicó la Escuela Naval Popular tras su
paso por la Escuela y Base de Submarinos

Un mismo molde dará siempre la misma figura


Pronto estará en marcha la Escuela Naval Popular. Esto puede considerarse como la elección del solar en el cual debe levantarse la nueva Marina republicana. Ahora bien, dicha Marina debe ser obra exclusiva de la España republicana, para que siendo un organismo del Estado lo sea del pueblo, esto es, que sea de hecho popular. Debe ser, en suma, una creación de la República, y como creación debe dársele una organización que responda a su carácter militar y democrático. De no dársele nueva organización y empezar a funcionar la Escuela siguiendo los métodos y procedimientos que hasta 1936 tuvo la fenecida Escuela Naval Militar, y después, regirse por la vigente organización de la Armada se obtendrían oficiales cuya “substancia” será republicana, no cabe duda, pero tendrían que seguir el camino trazado por quienes no lo eran y sujetarse a las normas establecidas por los devotos de la más hermética reacción, resultaría a fin de cuentas que siendo los nuevos oficiales de substancia republicana tendrían la misma “figura” de los de “antes”.

La Organización actual de la Armada es una ley aprobada por las Cortes republicanas, estudiada y «propuesta» previamente por comisiones, que se nombraron con tal objeto, de cada uno de los Cuerpos de la Armada que en aquella fecha se denominaban «patentados» y sin intervención de los que formaban los auxiliares llamados entonces «clases subalternas». Cada comisión redactó su proyecto con respecto al Cuerpo a que pertenecía los cuales se discutieron en las sesiones plenarias y se aprobaron por «unanimidad». Sin embargo, nada de lo que apareció en el Decreto primero, y en la Ley después, se parecía en nada a lo discutido y aprobado. La Ley orgánica de la Armada que aprobaron las Cortes fue íntegramente lo propuesto por UN SOLO CUERPO de los que nombraron para su estudio.

Todas las comisiones nombradas, menos una, estaban de acuerdo sobre la creación de una Entidad superior en la que estuvieran representados todos los Cuerpos además de una representación civil y parlamentaría. Esta era la más importante y transcendental BASE que se trataba de establecer por considerarla de perentoria necesidad para la Marina.

Todas las comisiones consideraban de imprescindible necesidad la creación de un organismo que discutiera y tramitara las decisiones ministeriales para impedir sus tradicionales extra limitaciones de las que nunca se podía protestar ni de palabra ni por escrito, pues el Ministro, escudado tras el falso concepto de la disciplina, impedía que los interesados pudieran hacerse oír, tanto de forma particular como colectivamente.

Esta propuesta de los Cuerpos auxiliares de entonces no era, ni mucho menos, una creación patrocinada por ellos, ya que en España se estableció varias veces el Almirantazgo y otras tantas fue deshecho por Ministros a quienes estorbaba para sus manejos. El Almirantazgo inglés fue siempre el modelo adoptado por todas las marinas del mundo por ser una de las instituciones más eficaces para el engrandecimiento de una marina. Dicho Almirantazgo está compuesto por dos lores civiles y dos secretarios también civiles, uno de ellos permanente y otro parlamentario y forman parte de él todos los Jefes de los distintas Cuerpos especiales.

Esta especie de Almirantazgo, denominándolo Junta consultiva, o como mejor le cuadrara o estimaran, era lo que se propuso, en cuya constitución entraran todos los jefes de Sección o de Cuerpo, como también una representación parlamentaria y un financiero político o del Ministerio de Hacienda, la cual debía presidirla el Ministro de Marina al que le serviría, en todos los casos, de asesoramiento. Dicho Ministro y el Subsecretario debían ser siempre civiles.


Ministerio de Marina en 1932

Sobre esta BASE fundamental que se propuso, estando de acuerdo todas las comisiones MENOS UNA, se ha escrito y hablado mucho por autoridades de la Marina, tanto españolas como extranjeras, y entre estas últimas, algunas inglesas con fecha anterior a su implantación en Inglaterra.

En España, dijo el Conde de Salazar: «Uno de los vicios o defectos más substanciales es la falta de estabilidad del régimen gubernativo de la Armada que depende absolutamente de la voluntad o del capricho del Ministro».

El almirante Topete, escribió:

“La Marina no tendrá base segura sin una institución que garantice los derechos y satisfaga las justas aspiraciones de cuantos sirven en la Armada. Institución en la que estén representados los distintos cuerpos y que tiene provechoso ejemplo en Inglaterra, o sea, en la Nación que todo lo fía a sus escuadras y mira el engrandecimiento de su Marina como emblema de su poder en el mundo”.

El almirante Antequera propuso al Gobierno la siguiente disyuntiva:

Vicealmirante Juan B. Antequera Bobadilla
“O un Almirantazgo como en Inglaterra, o una Junta de Jefes de reconocida competencia para aconsejar al ministro, pero que jamás la Marina pueda estar regida por la voluntad de un solo hombre”.

El almirante inglés lord Hamilton, dijo:

“El Almirantazgo es necesario para evitar las deplorables consecuencias de las oligarquías y que el espíritu de cuerpo se manifieste perjudicialmente”.

Lord Brassy escribía:

“La Armada debe ser continuamente vigilada por una activa y cuidadosa intervención parlamentaria”.


Es, pues, una verdadera necesidad nacional la creación de una Junta de Jefes de los distintos Cuerpos, incluso los llamados auxiliares, que sea un dique, cuando haga falta, contra el error, el capricho...etc. de los ministros, siendo preciso que las Cortes la implanten cuanto antes, dándole garantía de estabilidad e independencia. Una vez constituida esta Junta asesora del ministro, puede arrancar de ella la Nueva Organización de la Marina republicana, pues estando en ella representados POR IGUAL todos los Cuerpos y presidida por el Ministerio, ninguno de ellos podrá tener preponderancia sobre los demás. Los servicios y cometidos de cada uno serán, los que se detallen en los respectivos reglamentos orgánicos, y se deberá poner especial cuidado en que ninguno de ellos invada las atribuciones de otro.

Una vez organizada la Marina con bases justas y democráticas de las que se deriven los métodos y procedimientos que el estado actual de España requiere no cabe duda que los oficiales que se formen en la Nueva Escuela, además de ser substancialmente republicanos tendrán siempre la figura de tales.

Artículo firmado por:

BESARO (1)





(1) Seudónimo utilizado por el Teniente Coronel de Máquinas Benito Sacaluga Rodriguez. Promotor de la Escuela. Profesor y Director de la Escuela Naval Popular.


Enlace de interés: La Escuela Naval Popular Única

Nota: Las imágenes no están incluidas en el artículo publicado en La Armada.

viernes, 29 de mayo de 2020

LAS BOMBAS CAEN SOBRE EL "ALMIRANTE LOBO"






El "Almirante Lobo" (1) fue un transporte de tropas de la Armada Española desde 1909 hasta 1942. Otro barco de transporte, dado de alta en la Armada en octubre de 1954, llevó su mismo nombre, siendo este último dado de baja en 1977.

Durante la Guerra de España el "Almirante Lobo" prestó servicio en la Flota de la República. En el mes de mayo de 1938, estando atracado en el Puerto de Valencia, fue alcanzado durante un bombardeo de la aviación enemiga. Un marinero del buque, bajo el título "Se ha salvado el viejo" nos cuenta lo sucedido. 

Buque de transporte "Almirante Lobo"


¡SE HA SALVADO EL VIEJO!

Se ha salvado el viejo y nos cabe la honra de poder decir que hemos sido nosotros, su dotación, los que con más fervor hemos trabajado en su salvación.

La tarde era plácida, tranquila. Nada turbaba la limpidez del cielo valenciano, pero aparecieron las feroces alas negras recortando en la altura sus siniestras siluetas, toque de alarma. Gente que corre a refugiarse contra la saña de los asesinos del aire. Silbidos de bombas seguidos de espantosas explosiones...

Pasó la muerte con su guadaña implacable. Alguien da la voz de que el viejo ha sido tocado e inmediatamente la tripulación con el Comandante a la cabeza se lanza en su defensa. Ha sido en la amura de estribor.

El agua va entrando sin descanso en la bodega de proa. A falta de palletes se colocan colchonetas y el único medio de achique de que disponemos es el de los baldes. Todo es febrilidad. Los baldes, se llenan y se vacían incesantemente. Corre el agua por las tracas y al caer por los imbornales da la sensación de ser un llanto copioso que derramara dolorido por su herida.

A pesar de nuestros esfuerzos vemos que se escora. Lentamente se va recostando sobre las aguas del Mediterráneo, de ese mar que tanto le conoce. Se recuesta lentamente como rebelándose a irse. No quiere abandonarnos. El nos quiere tanto como nosotros le queremos a él. Llegan los bomberos con las primeras bombas de achique. Ayudamos a colocarlas llenos de confianza. Son como el cabo de salvación, pero se niegan a funcionar. Al cabo de un rato interminable empiezan a tirar agua; pero a pesar de eso el barco se nos va. Llega un momento en que lo damos por irremisiblemente perdido. Se redoblan los esfuerzos. Hay que retirar todo lo de valor que hay a bordo y en poco tiempo se consigue. Hasta la gaviota “Cirila” está en tierra curioseando por entre los enseres como si no diera crédito a lo que ocurría.

Por todos lados se ven caras tristes mientras se trabaja. Alguien ha visto unas lágrimas furtivas en los ojos del Comandante y lo refiere lleno de emoción. Yo miro a mis compañeros y los veo animados en el trabajo pero tristes en el corazón. No necesito preguntarles pues sé que todos piensan igual que yo. ¿Verdad compañeros que en aquellos momentos recordabais  todos las noches de navegación callada a bordo de ese barco que de forma tan cobarde quieren arrebatarnos? No podemos hacer nuestra la idea de que fuera a terminar de ese modo la labor callada pero fructífera de nuestro “Lobo”.

Llegan nuevas bombas de achique de mayor potencia. Se agiganta la esperanza que todavía quedaba en nuestros corazones. Más agua que sale despedida violentamente. Ansiedad en los pechos y... por fin el barco sale arriba. Remolcadores que llegan... Ya nos arrastran... Todos los ojos se clavan en un punto. Es el punto de salvación. ¡El dique! Entramos en él y ansiosamente contemplamos la numeración que va surgiendo a medida que el dique sube. Ya se ve el tondo... Paulatinamente nos vamos quedando en seco...

De todos los pechos se ha escapado un suspiro de satisfacción al contemplar el barco completamente a salvo. En pocos días estará nuevamente en condiciones de poder surcar las aguas de este mar implacable que quería arrebatárnoslo. Vaya con mi alegría la eterna gratitud hacia los que incansablemente, noche y día, trabajaron por salvar este barco que tan estrechamente está ligado a nosotros.

José U. RAMOS
Marinero
A bordo del “Almirante Lobo”
Mayo de 1938.

La Armada 
11/06/1938


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(1) Transporte "Almirante Lobo" (1909-1942)


Construido para España en los Astilleros Scott, Kinghorm. (Gran Bretaña)


Entregado a la Armada en 1909

Cometido: Transporte de tropas.

Desplazamiento: 2.545 tons.
Eslora: 79 m.
Manga: 11,58 m.
Calado: 4,32 m.
Potencia máquinas: 1.170 CV
Velocidad: 11 nudos
Autonomía: 4.500 mn.
Combustible: Carbón
Armamento: 2 Nordenfelt de 42 mm situados en el castillo.
Tripulación: 70 marinos

Fecha de Baja en la Armada: 1942


"Almirante Lobo"
Embarque de tropas con destino a Marruecos. 
La Carraca. San Fernando (Cádiz)
Imagen: Vidamaritima







jueves, 28 de mayo de 2020

ALEJANDRO RODRÍGUEZ SEGUI. COMISARIO POLÍTICO DEL CRUCERO "MIGUEL DE CERVANTES"



Artículo publicado por el Comisario Político del crucero “Miguel de Cervantes” en el semanario “La Armada” el 18 de julio de 1938, dos años después de la sublevación militar de 1936, vinculando estrechamente ésta con el triunfo en las urnas del Frente Popular en febrero de 1936. 

18 de Julio de 1936. 



Crucero "Miguel de Cervantes"
La tensión extraordinaria que dividía a la opinión nacional en dos bandos irreductibles, estalla en la sublevación de esa esta fecha.

Los anti-estados nacionales, Capital, Clero, Señoritismo, Ejército, Aristocracia feudal, y sus lacayos se alzan, con las armas del pueblo, contra el pueblo español, representado en la República progresiva y democrática, forma excelsa y legítima del auténtico Estado Nacional.

Ninguna razón les acompaña, ninguna justificación. Dentro de la República, de su amplio margen de vida, tenían ancho cauce para desarrollar sus formas y fines peculiares y propios, reducidos a las justas limitaciones que un principió elemental de justicia demanda en toda convivencia; sencillamente, el principio del “orden público”, tal como Maurice Hauriou lo define y lo invocan derechas, fascistas y filofascistas.

Ninguna arbitrariedad se acometió por el Estado. En ciertos lugares, la indignación popular, contenida durante dos largos años de arbitrariedades, persecuciones y humillaciones, explotó en justa cólera, prestamente apaciguada.

Fueron las bandas de asesinos y provocadores fascistas quienes echaron toda su leña al fuego, aventando los odios y las pasiones irreconciliables. No habla tampoco motivos de orden económico que suscitaran las bases de la rebelión. Las clases poderosas continuaban disfrutando sus caras prebendas y privilegios, sin que mano alguna cercenase radicalmente tu detentación insólita. Eran las masas trabajadoras las hambreadas precisamente, y las que hallaron lapidadas, a piedra y a lodo, las puntas de una redención económica mínima, por el egoísmo brutal de los privilegiados. 

No gobernaban marxistas  ni anarquistas; simplemente, republicanos burgueses, tímidos demócratas al servicio de todos los intereses de la comunidad. Se preparaban razonables reformas en el orden de la propiedad agraria, y la situación de los trabajadores industriales, recuérdense las huelgas interminables de aquel entonces,  no eran precisamente revueltas en favor de los obreros...

Ni el Ejercito ni la Iglesia tenían por qué protestar. Ambos seguían ejercitando sobre la nación española su virreinato secular, amparados en una concepción arbitraría e intolerable de sus fines específicos. Ni se cerraron los casinos del vagabundaje señoritil ni los mercados de los bienes espirituales. Los caciques rurales mantenían su confortable situación, en medio de todos los vaivenes de aquellas semanas agitadas .

Brillaba cierta euforia económica, y la vida era sencillamente fácil para la inmensa mayoría de la población. En febrero de aquel mismo año, se manifestó. clara, rotunda y legítimamente la voluntad nacional, recobrando el timón de la República. Presidió las elecciones un Gobierno predispuesto al triunfo de las candidaturas reaccionarias. Pero triunfó resueltamente  la República, contra todos los eventos más adversos. Como siempre aconteciera, la precedía, la acompañaba y la seguía, la Ley, es decir, el Derecho y la Razón.

Su espíritu de transigencia la hizo ser excesivamente tolerante contra sus enemigos mortales, sacrificando en aras de una mínima convivencia, sus aspiraciones e intereses más justos y auténticos.

No es hora todavía de juzgar pasados errores y gravísimas responsabilidades. Aquella blandura excesiva, aquella transigencia desmesurada, aquella generosidad sin límites, trajo consigo la tragedia posterior. El fascismo no tiene entrañas, gratitud ni comprensión, lamentabilísimo yerro, cuando hubiera sido quizás fácil hallar pronto y enérgico remedio.

Imagen: killianjones blog
Se iniciaba la invasión extranjera, al principio arteramente por el Pacto de No  Intervención, el arma que más dolorosamente ha herido el corazón popular. La República española quedaba aislada en la incomprensión, el egoísmo y la ruindad del mundo entero, y solo alguna mano amiga se alzaba, señera, en su favor.

¡Solos, contra todos!  Así hemos venido luchando los españoles dignos durante dos años dramáticos, y así seguiremos luchando hasta el fin: vencer o morir. 

Hoy, la guerra reviste caracteres brutales de horror y menosprecio a todos los principios morales y jurídicos que debieran presidir la vida de las relaciones humanas. El crimen desatado anega de sangre inocente nuestro suelo, destruido por las armas invasoras. El mundo persiste en su infame silencio y egoísmo.

Pero, más firme que nunca, España sigue en pie, impertérrita, rodeada de fuego y de metralla, fulgurando heroísmo e indignación; Y nunca se derrumbará de su pedestal dramático y admirable. Si cae alguna vez, caerá para despedazar, irreductible, a sus infames asesinos.

Alejandro Rodríguez Seguí (1)

Comisario Político del crucero “Miguel de Cervantes”


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(1) Rodriguez Segui, Alejandro
Afiliado Agrupación Socialista de Murcia
Madrid (Madrid) 22/02/1912 -- [?]

Abogado y periodista. A comienzos de los años veinte residía en Marratxi-Mallorca (Baleares) donde su padre, capitán de Artillería, estaba destinado. En 1922 se trasladó a Murcia donde cursó el bachillerato en el Instituto Alfonso X El Sabio y en 1927 ingresó en la Universidad para estudiar Derecho, carrera que concluyó en 1930. Al mismo tiempo obtuvo el título de maestro en la Escuela Nacional de Maestros (1930) y el de perito mercantil en la Escuela Pericial de Comercio de Murcia (1931). Desde 1930 colabora en Política, revista mensual de doctrina y crítica de Madrid en la que realizaba reseñas de libros. Afiliado a la AS y las JS Unificadas de Murcia. Fue redactor del periódico Nuestra Lucha, portavoz de la unidad obrera editado por la JSU desde agosto de 1936 a agosto de 1937. Comisario de crucero “Miguel de Cervantes” de la Flota republicana. Finalizada la guerra civil se exilió con ésta en Bizerta (Túnez).

Fuentes: Fundación Pablo Iglesias: Victoria Fernández Díaz “El exilio de los marinos republicanos”; A. Martín Najera. Fuentes para la historia del PSOE; J. Molina Cano. Alejandro Rodríguez Segui. 



lunes, 25 de mayo de 2020

MIGUEL BUIZA FERNÁNDEZ-PALACIOS, ALMIRANTE DE LA FLOTA REPUBLICANA



Miguel Buiza Fernández-Palacios representa como nadie a los marinos españoles que permanecieron leales a la República. Su incondicional lucha contra los facciosos en la Guerra de España y después de ésta contra los nazi alemanes y los fascistas italianos le hace merecedor de publico homenaje, pero la realidad es que en España y por diversas causas, todas ellas injustificables hoy, nunca hemos sabido ensalzar la memoria de tantos y tantos marinos que permanecieron fieles a sus compromisos de lealtad con la República.



Miguel Buiza Fernández-Palacios (1898-1963).


Acorazado "Pelayo"
(1888-1924)
Miguel Buiza nació en Sevilla, en 1898, hijo de Juan Buiza Lavin y Teresa Fernández-Palacios Labrana, en el mismo año en que España perdía las colonias del Caribe, junto con su Escuadra, a manos de los Estados Unidos. Buiza no procedía de una familia de marinos, pero su vocación fue temprana. Con 18 años ingresa en la Armada como aspirante, tras dos años se convierte en guardiamarina, solo dos años después (1920) ya es Alférez de Fragata, contaba 22 años de edad. Un año después, consigue los galones de Teniente de Navío tras superar los estudios y horas de mar necesarias a bordo del "Cañonero Laya", el crucero "Reina Regente", acorazado "Pelayo" acorazado "España" y acorazado "Alfonso XIII". Tras alcanzar el grado de Teniente de Navío. presta servicio en los cruceros "Reina Victoria Eugenia" y "Blas de Lezo".


En 1930 es nombrado comandante del "Torpedero nº 9" (Flotilla de Ferrol), cargo que ocupa hasta 1932, año en el que viaja a Lieja (Bélgica) a cursar estudios de Hidrografía. A su vuelta a España es nombrado jefe de los Servicios Hidrográficos del Estado Mayor de la Armada, ya con la categoría de capitán de corbeta. En 1934, y a las órdenes del coronel Capaz, sirve en Ifni tras la ocupación española de ese territorio africano. A su regreso a España, es nombrado comandante del remolcador de altura "Cíclope", buque integrado en la Base Naval de Cartagena, destino que ocupa cuando se produce la sublevación militar del 18 de julio de 1936.

El Gobierno de la República sabía de la valía personal y profesional de Buiza, del respeto y afecto que le tenían las tripulaciones de todos los barcos por los que había pasado, todo ello sin menoscabo de su capacidad de mando, tanto era así que el 19 de julio toda la tripulación del "Cíclope" se opuso decididamente a que Buiza fuese detenido como sospechoso de ser partidario de la sublevación. En base a esa confianza y a su probada preparación, el Gobierno le destina como comandante del crucero "Libertad". Menos de un mes y medio después, el 31 de agosto de 1936, Buiza es nombrado Jefe de la Flota, en sustitución de Fernando Navarro Capdevila, convirtiéndose así en el primer capitán de corbeta con rango de almirante, además de comandante interino del crucero "Libertad", puesto éste último del que es relevado al poco tiempo para poder dedicarse íntegramente a la jefatura de la Flota.

Crucero "Libertad"
Como Jefe de la Flota, Buiza se enfrenta a un panorama muy complicado, por un lado con el despotismo y falta de preparación en asuntos de guerra naval del Ministro de Marina, Indalecio Prieto, por otro con la desconfianza de las dotaciones hacia los miembros del Cuerpo General, por otro con la enorme influencia que los Comités de los buques ejercían sobre las decisiones a tomar en cuanto a acciones de combate y otras cuestiones que afectaban, en demasía y en sentido negativo,  a la disciplina a bordo.

Bruno Alonso Gonzalez
Comisario General de la Flota
En relación con el ministro de Marina, Buiza llega a enfrentarse a sus decisiones, en particular la de la marcha de la Flota al Cantábrico en septiembre de 1936, oposición compartida por Prado Mendízabal, Jefe de Operaciones de la Flota. Enfrentamiento muy especialmente puesto de manifiesto con ocasión del hundimiento del destructor "Almirante Ferrándiz", llegando en este caso a responsabilizar a Indalecio Prieto de esta tragedia por haber dejado solos al "Ferrándiz" y al "Gravina" en aguas del Estrecho, y además sin cobertura aérea de aviones de reconocimiento, Miguel Buiza, indignado por lo sucedido al "Almirante Ferrandiz" y al "Gravina" elevó una protesta al ministro de Marina y Aire denunciando la falta de información aérea que tenían los barcos sobre los movimientos de los buques enemigos, "…información pedida con insistencia y prometida sin resultado, que hubiera evitado el sacrificio estéril de la dotación heroica del destructor Almirante Ferrándiz”, protesta a la que el ministro responde con evasivas, alegando falta de medios. Solo después de que Indalecio Prieto, ministro de Marina disolviese los Comités y nombrase a Bruno Alonso como Comisario General de la Flota, se suavizaron algo las tensiones entre Prieto y Buiza.

Buiza se acerca inteligentemente a Bruno Alonso y ambos colaboran eficazmente, Alonso impone hábilmente la disciplina, el sentido del deber y la moral de combate entre las dotaciones, permitiendo así que Buiza pueda ejercer sin cortapisas el alto mando que le otorgan los cuatro galones con las estrellas de cinco puntas que luce en las bocamangas de su uniforme. Bajo su mando la totalidad de la Flota enviada al Norte regresa a Cartagena sin ningún incidente, burlando a los buques sublevados.

Luis González de Ubieta
Indalecio Prieto se propone rodearse de marinos expertos para ser asesorado en la toma de decisiones, más bien para justificar las suyas, a tal fin crea el Estado Mayor de las Fuerzas Navales de la República, un órgano al que no dota de capacidad de decisión, ya que todas las operaciones han de ser finalmente aprobadas por él. Al frente del EMFNR Prieto pone al capitán de corbeta Luis González de Ubieta, cargo que ostenta hasta octubre de 1937, mes en el que Prieto le nombra Jefe de la Flota, destituyendo de este cargo a Buiza, que pasa dirigir la Defensa Móvil Marítima, pero por poco tiempo, ya que Prieto le nombra Jefe del Estado Mayor de la Marina dos meses más tarde, en diciembre de 1937. Es necesario insistir aquí en que a pesar de los dos estados mayores citados, todas las decisiones que de ellos emanasen debían obligatoriamente contar con la aprobación de Prieto, nada se podía hacer o deshacer sin su visto bueno, Prieto así lo dispuso: "Será función del Estado Mayor de la Flota el estudio y preparación de las operaciones navales de acuerdo con las directrices señaladas por el Ministro"

Llega abril de 1938 y Juan Negrín, por fin, toma la decisión de destituir a Prieto, en aquel momento ministro de Defensa, y asume personalmente su puesto. Buiza vuelve a padecer los continuos cambios en sus destinos, siendo relevado en su cargo como jefe del E.M, puesto que pasa a manos de Prado Mendizábal. La negativa evolución de la guerra hace que Juan Negrín, a modo de último cartucho, se acuerde de Buiza y lo vuelve a colocar como Jefe de la Flota, cargo que ocupa hasta que desembarca en Bizerta.

Pedro Prado Mendizábal

En marzo de 1939, con Cartagena sublevada junto con su Base Naval y Arsenal, Miguel Buiza ordena la salida de la Flota con rumbo África, a fin de ponerla a salvo si las baterías de costa cayesen en manos sublevadas, como así sucedió. Cuando los barcos ya han salido y navegan hacia África reciben informaciones contradictorias sobre la situación de la sublevación en Cartagena, entre los comandantes de los buques, Bruno Alonso y Buiza se sopesa la posibilidad de volver a Cartagena. Todos son conscientes de que si regresan a Cartagena y las baterías de costa siguen en poder de los sublevados serian hundidos sin contemplaciones y sin posibilidad de defenderse, y que en el caso de que algún buque pudiera evadir los ataques de las baterías no podría retomar el rumbo a África por falta de combustible. Como todos sabemos, la Flota no regresa y fondea en el puerto de Bizerta.

Buiza, junto con las dotaciones de los barcos, fue llevado directamente al campo de concentración de Meheri-Zebbeus (cerca de Maknassy, Túnez). Solo dos meses más tarde, en mayo de 1939, se enrola voluntario en la Legión, donde se le concede el grado de capitán. Es comandante de armas al sur de Orán cuando se declara la guerra en Francia el 2 de septiembre de 1939. En 1940, cuando Francia firma el armisticio con Alemania su unidad está en la zona de combates de Rethel, donde hubo una fuerte oposición al invasor nazi. Al firmarse el Armisticio franco-alemán presenta la dimisión. Se le concede 5 meses más tarde.

El "Amiral Buiza" con la bandera de la República Española
París, agosto de 1944
(Imagen: Pinguinos en París)
Tras producirse  el desembarco aliado en África, en noviembre de 1942, se alista en el "Corps Franc" y mandará la "9e Compagnie" del III Batallón, conocida como “l’Etrangère” por la diversa nacionalidad de sus componentes,  y que es el antecedente directo y origen de “La Nueve”, la primera compañía que pisó París tras su liberación, una compañía plagada de republicanos españoles. Uno de los Half Track (semi orugas blindados) que desfiló por los Campos Elíseos llevada pintado en su frontal "Amiral Buiza", otros llevaban pintado el nombre de varias ciudades españolas que tuvieron especial relevancia en la Guerra de España.

Participó en la campaña de Túnez, en la liberación de Bizerta, siendo nombrado por su heroísmo en la Orden del Ejército y recibiendo la Cruz de Guerra con Palmas. No siguió la campaña en Francia y se retiró a Oran.

Un miembro de la resistencia francesa saludo a uno de los soldados
españoles del Half Track "Brunete".  París, agosto de 1944 
(Imagen: Pinterest)

En 1947 embarcó voluntariamente, con el nombre supuesto de Moisés Blum, como Primer Oficial del “Paducah”, un barco que transportaba judíos a Palestina. Interceptado por los británicos, Buiza fue internado en un campo de la región de Haifa y luego en Chipre, hasta febrero de 1948, año en el que el Estado de Israel es reconocido por las Naciones Unidas, y es repatriado a Marsella. De allí se trasladaría a Orán junto a su segunda mujer y el hijo de ésta. Trabajó como contable en el Hotel Martinez hasta que el 5 de julio de 1962, el director del hotel, Fernand Martínez, intimo amigo de Buiza, es asesinado y decide abandonar Argelia. Se trasladó a París hasta que, tras ser diagnosticado de cáncer, se retiró a la residencia “Beau Séjour” en Hyéres, cerca de Marsella, antaño un hotel que fue adquirido por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados, mantenida a base de donativos. Allí falleció el 23 de junio de 1963 a la edad de 65 años, rodeado por su familia. Fue enterrado en el cementerio de Hyéres. Un jefe de la Marina francesa acudió a su entierro en representación del Gobierno francés.


Benito Sacaluga





Fuentes:


  • "El exilio de los marinos republicanos". Victoria Fernández Díaz. Ed. Universidad de Valencia (2009)
  • Real Academia de la Historia