lunes, 13 de enero de 2014

LAS AGUJAS DE MAREAR Y EL RELOJ DEL NORTE






En el año 1563, el sevillano Pedro de Medina publica una serie de libros a los que denomina "Reglamento de Navegación" libros que dedica y entrega a Felipe II, rey de España,  y que según el autor (sic) "Contiene las cosas que los pilotos han de saber para bien navegar, y los remedios y avisos que han de tener para los peligros que navegando les puedan suceder". Trescientos años más tarde, en 1867, el teniente de navío Rafael Pardo de Figueroa publica un libro con comentarios al contenido de los libros escritos por Pedro de Medina.

Transcribo a continuación lo relativo al libro cuarto dedicado a las "Agujas de Marear":

Como portada de este libro viene pintada una rosa de vientos, siendo de notar que el Norte lo marca una flor de lis, y una pequeña cruz griega encabeza el Este, tal como aún hoy en día se ve en algunas agujas. La explicación de la flor de lis la da luego el autor en un párrafo que por otro concepto hemos de copiar; pero nada dice de la cruz al Este. Ocúrresenos si, siendo este el rumbo que seguían los cruzados de Europa, cuando navegaban a la Palestina y aquella su divisa, pudieran tener conexión el santo símbolo y el rumbo del oriente. No se nos oculta que aún cuando la aplicación de las agujas imantadas a la navegación fue en Europa contemporánea o anterior a las cruzadas, no se estilaban todavía las rosas. Sin embargo bien pudieron los cruzados hacer esta marca en el través de babor del platillo que contenía la aguja flotante, dirigiendo de este modo la proa al Este cuando la punta de la aguja mirara a la cruz.




Apartándonos de esto dice así el autor: 

Capitulo primero.- De como el aguja es el instrumento más necesario en la navegación y como se marcaran las agujas para saber si están ciertas. Recomienda el escrupuloso cuidado que se ha de tener de dicho instrumento para asegurarse de su bondad y buen uso; que se marque la polar, cuando está en el meridiano, para saber la variación; y que esta operación se repita muchas veces por la dificultad que, para hacerlo con exactitud, ofrecía la falta de pínulas, el movimiento de la nave y la oscuridad de la noche. Repite con insistencia que la virtud de las agujas está en los aceros y no en la flor, y que por tanto, se tenga bien presente al determinar la variación y se obre en todo con arreglo a lo que cada aguja marque.
Advierte ser común opinión que en el meridiano de una de las Islas de las Azores la aguja no tiene variación; que de allí viniendo al E nordestea y navegando al O noroestea, pero no sabe a punto fijo si en esta aguja de que se trata la flor cae justamente sobre los aceros o no.

Creemos oportuno trasladar aqui la mayor parte del capitulo II, por el acertadisimo parecer que al final emite el autor, parecer que ya estaba bastante generalizado en 1606, según se desprende de la obra de García de Céspedes.

Capitulo segundo.- Del nordestear y noroestear de la aguja y de como debe entenderse.

(sic) Acerca de la  tendencia que he mencionado de que las agujas de navegar  tienen por no estar conformes la punta de la flor de la rosa y las puntas de los aceros, habiendo de ser todo un punto. Digo que en casi todas las agujas con se navega difiere la flor y la punta de los aceros por espacio de media cuarta que los aceros se apartan de los flor hacia el Nordeste, y esto es porque como antiguamente no había otra navegación sino de Flandes a levante; y las agujas en Flandes y en Francia se comenzaron a hacer; y de allí fue el principio de poner la flor de lis por cabeza en el Norte. Así en todas ponen aquel resguardo o diferencia de media cuarta y desde entonces ha quedado en hacerse las agujas de esta manera y aunque después se ha navegado y navega al poniente y muy larga navegación, nada se ha enmendado. Mi parecer sería que los pilotos que navegan a las Indias de vuestra Majestad llevasen con sus agujas una aguja que tuviese la flor sobre los aceros justamente puesta y a través de ella se conocería la diferencia con las otras. Yo tengo entendido que esta aguja sería muy provechosa para conocer muchas cosas que a la navegación convienen.

En el capitulo III y último dice: (sic) Tres cosas hallo yo en la navegación que aunque los efectos de ellas muy claros quedan ocultas las causas de donde proceden: estas son vientos, corrientes y variación de aguja.

Razona curiosamente sobre ello y termina este libro sin hablar de la precaución de no acercar objetos de hierro a la aguja imantada, ni de la virtud del hierro sobre el imán. Ambas cosas se darían por sobreentendidas,dada su gran importancia.

En otro de los libros que conforman la obra principal, el sexto nos habla del "Reloj del Norte":


Provecho grande y aviso muy bueno es para el que navega saber que hora es de la noche, donde quiera que estuviere, lo que por el ampolleta no puede todas veces saber, ya que algunas veces se para o se duerme el que lo vela.
Dice que a 19 de abril se verifica la culminación superior de la guarda delantera (Osa Menor) a media noche, pero que para redondear la cuenta se puede suponer que ocurre a mediados de abril, que a la misma hora se verifica la culminación inferior de dicha estrella a mediados de octubre y que cada quince días que transcurren se adelanta una hora. Así que en fin de abril estará a media noche una hora (15º) delante del meridiano. Para estas apreciaciones se consideraba el polo en la polar y como centro de un circulo que se dividía en 24 partes, cada una de las cuales era ocupada por el medio mes del año a que correspondía aquel lugar de la estrella para medianoche.


Autor: Rafael Pardo de Figueroa. Cadiz 1867. Eduardo Gautir.Libero-Editor.

martes, 7 de enero de 2014

EL SUBMARINO PERAL

El "Peral" en Cartagena (1929)
La corta vida del submarino "Peral" tiene, junto a la efemerides de su botadura otras dos fechas claves. La primera el nueve de septiembre de 1885, que marca su punto de arranque. En tal fecha, el Teniente de Navío Peral, se dirige en carta reservada al Ministro de Marina, comunicándole:



"...en estos últimos días he inventado y tengo hechos todos los cálculos necesarios para la construcción de un barco torpedero submarino que puede llevar en su interior, sin el menor peligro, los hombres necesarios para su manejo sin que asome a la superficie del agua ni el menor rastro de dicho buque durante sus maniobras. Uno o dos de estos barcos bastarían para destruir impunemente en muy poco tiempo una escuadra poderosa; pudiendo decirse que, si se consigue el éxito que es de esperar de las experiencias, la nación que posea estos barcos será realmente inexpugnable a poca  costa..."
La otra fecha clave es el once de noviembre de 1890, cuando el Ministerio de Marina de turno firma la Real Orden transcribiendo a Peral el acuerdo del Consejo de la Marina de 31 de octubre, aprobada en Consejo de Ministros, en donde, entre otros extremos se ordena:
"...que el Comandante del Torpedero Submarino haga entrega en el Arsenal de La Carraca, bajo inventario, de los acumuladores, motores, bombas y demás efectos y material del buque..." 
Entre las dos fechas citadas, que marcan el inicio y el fin del Submarino "peral", transcurren poco más de cinco años. Un lustro en el cual el genial inventor tropezó con todas las dificultades propias de quien pretende un gran progreso de orden práctico. En su esfuerzo titánico, Peral siempre se manifestó con un acendrado patriotismo, demostrando un entusiasmo, tenacidad y espíritu de sacrificio poco corriente.

El submarino "Peral" fue construido de plancha de acero, su forma era fusiforme y estaba capacitado para navegar a profundidades de hasta 30 metros. Desplazaba 77 toneladas en superficie y 85 en inmersión. Sus dimensiones eran de 22 metros de eslora y 2,87 metros de manga en su cuaderna maestra.

Para describir la forma en que funcionaba el submarino, transcribo la explicación dada por su gran amigo don José Echegaray, nuestro primer compatriota galardonado con un Premio Nobel:
" El "Peral" es esencialmente más ligero que el agua; tiene, pues, determinada fuerza de flotación, y para que se sumerja es preciso que las dinamos hagan girar rápidamente las dos hélices de eje vertical destinadas a ese fin. Sólo que, para facilitar este trabajo, antes de empezar la inmersión hay que aumentar el lastre de agua, de suerte que la fuerza ascensional se reduzca en gran manera y el submarino quede más obediente al aparato de profundidades. En resumen, el buque se sumerge de este modo: los acumuladores suministran la corriente eléctrica a las dinamos; las dinamos, por su rotación, hacen girar las hélices de eje vertical; éstas, atornillándose, por decirlo así, en el agua y penetrando en ella, llevan consigo, a través de la masa líquida, al submarino. Así podría bajar indefinidamente, hasta que la resistencia del buque fuera inferior a la presión del agua. Si en cualquier momento cesa el giro de las hélices, la fuerza de flotación prepondera y el submarino asciende. Pero supongamos que la inmersión continua. Cuando de este modo el buque ha llegado a la profundidad apetecida, se sustituye a la corriente primera por otra menor, capaz tan solo de compensar la fuerza ascensional pero sin vencerla, y el buque queda inmóvil en aquel punto en que la sustitución se verifica, o algo despues; hay, pues, equilibrio."

Recreación el interior del "Peral" 


En marzo de 1889 empezaron en la bahía de Cádiz las pruebas oficiales del submarino, que consistieron en :

  • Evoluciones y navegación en superficie.
  • Pruebas de velocidad en superficie.
  • Inmersión dinámica o en movimiento.
  • Prueba de velocidad en inmersión.
  • Lanzamiento de torpedos en superficie e inmersión.
  • Precisión en la navegación submarina.
La Junta Técnica encargada del informe de las pruebas se mostró draconiana con el inventor, exigiéndole unos resultados muy superiores a los que Peral se había comprometido. El submarino maniobró perfectamente en inmersión y lanzó sus torpedos a plena satisfacción. En la prueba definitiva de inmersión navegó durante una hora a 10 metros de profundidad y a rumbo Oeste, saliendo exactamente a Poniente del punto donde había hecho inmersión, con lo que se puso de manifiesto la perfecta exactitud con que el submarino mantenía su rumbo bajo el agua. Las pruebas militares, que a juicio de la junta Técnica fracasaron, consistieron en que el "Peral" se aproximase, sin ser visto, hasta 400 metros del crucero "Cristobal Colón", en movimiento, y simulase un lanzamiento de torpedos. El submarino fue avistado a 1.000 metros del crucero, donde más de 200 personas que asistían a las pruebas escudriñaban la mar en todas direcciones y esto determinó que la Junta dictaminara que la "utilidad militar del Peral había de ser poca", y aunque la prueba de visibilidad de noche dio un resultado satisfactorio, pues el submarino no fue visto, a pesar de los proyectores que se utilizaron para descubrirlo.

La pugna entre Peral y la Junta tuvo las más fatales consecuencias. Del asunto del submarino se hizo una cuestión pública, intervino la prensa con virulentas campañas, en pro y en contra. Las pasiones políticas de la época terminaron de envenenar el problema, y el teniente de navío Peral no admitió las condiciones del Consejo Superior de la Marina en que se autorizaba a construir un nuevo buque sumergible según su proyecto y dirección, pero entendiendo que dicho proyecto y la ejecución de las obras tenían que ser "examinadas, aprobadas e inspeccionadas por la autoridades y centros a quien reglamentariamente correspondiese".

Mucha gente se pregunta: ¿ cual fue la idea genial de Peral para inventar el submarino? No existió tal idea genial, sino brillantes ideas aplicadas a la difícil técnica de la navegación submarina. Los principales inventos de Peral que aplicó a su submarino fueron:

  • El aparato de profundidades, que permitía mantener la profundidad en la que se navegaba de una manera automática.
  • Un compás magnético y brújula, que gracias a un ingenioso sistema de compensaciones anulaba la perturbación de los propios hierros y aparatos eléctricos del buque, haciendo que la aguja marcase el Norte magnético.
  • La torre óptica de visión indirecta, verdadero periscopio fijo, que mediante unos prismas y lentes proyectaba sobre una mesa la visión del exterior, apreciando, por medio de un cuadrilátero especial, las distancias del blanco. Sobre este mesa se resolvían también los problemas de puntería para el lanzamiento de torpedos.
  • Reflectores eléctricos de arco, cuya luz, recogida por lentes y espejos, iluminaba las aguas hasta 150 metros de distancia.
  • La corredera eléctrica, que permitía la navegación de estima en inmersión con gran precisión.
  • El silbato eléctrico o sirena.
  • Un sistema de regeneración de aire, que hacía posible la respiración de doce hombres en inmersiones prolongadas. El anhídrido carbónico era absorbido por un regenerador a base de hidrato de sosa y cal viva. El oxigeno consumido era renovado mediante unas botellas de oxigeno a presión. Cuando en el interior del casco aumentaba el volumen de aire viciado, una válvula de retención permitía su escape al exterior
Sin embargo, dos fueron las innovaciones más importantes del submarino "Peral", su propulsión y su armamento, que lo convirtieron en el prototipo de todos los demás submarinos existentes hasta la segunda guerra mundial.

La propulsión eléctrica dio la respuesta adecuada al problema de la propulsión submarina, empleando para ello, por primera vez, motores eléctricos alimentados por una batería de 480 acumuladores que le proporcionaban un andar de 10 nudos en inmersión.

Lo que verdaderamente le daba valor militar al submarino era su capacidad para lanzar torpedos debajo del agua. El "Peral" fue el primer buque de esta clase que llevó un armamento militar de importancia, consistente en tres torpedos que se lanzaban desde un tubo único situado en la proa y en la dirección del eje del buque, provisto de mecanismo seguro para abrir sus puertas, interior y exterior, análogos a los que hoy se emplean corrientemente.


El submarino "Peral" nunca llegó a estar en la Lista Oficial de Buques de la Armada, pero, sin embargo, es el único buque que a lo largo de la historia se ha conservado.

Cuando la Armada ordenó desarmar el submarino "Peral", su casco quedó arrumbado en el Arsenal de La Carraca. En el año 1928, el contralmirante Mateo García de los Reyes, creador del Arma Submarina, consiguió salvarlo y que no se convirtiera en chatarra. Meses después fue remolcado hasta Cartagena por el "Ciclope", y en 1930 quedó instalado frente al Edificio Principal de la Base de Submarinos como vivo recuerdo y ejemplo permanente para las nuevas generaciones de submarinistas.

Pasados los años, en 1965, el Alcalde de Cartagena solicitó de la Armada la cesión del submarino a la ciudad. El domingo 12 de diciembre del mismo año tuvo lugar la inauguración oficial del nuevo emplazamiento del "Peral", en la explanada de la Plaza de Héroes de Cavite. Para el traslado fue necesario cortar en tres partes el submarino.

El 15 de diciembre de 2012 se efectúo un nuevo traslado del "Peral", esta vez al Museo Naval de Cartagena, y en una sola pieza.


Benito Sacaluga

Texto: Mariano Juan Ferragut. Capitán de Fragata. Jefe de Estado Mayor de la Flotilla de Submarinos en 1988, Centenario del "Peral". ISBN  84-505-7598-2. Ediciones Ministerio de Defensa






miércoles, 1 de enero de 2014

GENERALES MAQUINISTAS DE LA ARMADA DE LA REPÚBLICA ESPAÑOLA







En virtud del Real Decreto de 15 de Diciembre de 1930, en el Cuerpo de Maquinistas de la Armada se alcanza por primera vez el empleo de General, con el nombre exacto de Maquinista General Inspector, equiparado a Contralmirante. Cuando se firma este Real Decreto, bajo el reinado de Alfonso XIII, era Presidente del Gobierno el General Berenguer y Ministro de Marina el Contralmirante D. Salvador Carvia Caravaca.

Santiago Casares Quiroga,
Primer Ministro de Marina de
la II República
Tras la proclamación de la II República, el nuevo Ministro de Marina, D. Santiago Casares Quiroga, reorganiza su departamento por medio de un Decreto del Gobierno provisional de fecha 10 de Julio, sancionado como Ley tras la constitución de las Cámaras el 24 de Noviembre de 1931. El empleo de General cambia de denominación, pasando a llamarse General Maquinista de la Armada. Su misión es ser Jefe del Servicio de Máquinas, destinado en el Ministerio de Marina.

El primer Coronel Maquinista que cumplirá los requisitos necesarios será D. Gerardo Regó Blanco, que ascendió con antigüedad de 25 de Julio de 1931, por medio de un Decreto dado en Madrid el 19 de Agosto de 1931 y firmado por el Presidente de la República D. Niceto Alcalá-Zamora. En el momento de su ascenso contaba dicho Jefe con cuarenta y cuatro años de servicio efectivo y, de ellos, 1.084 días de navegación. Pasó a la Reserva en 1934.




General de Brigada Maquinista D. Abraham Alonso Méndez (1)


En 1934, tras el pase a la reserva del General Maquinista Regó Blanco, no hay un Coronel del Cuerpo que reúna las condiciones de ascenso preceptivas (dos años en el empleo), por lo que el puesto queda vacante hasta el 24 de Abril de 1935 en que puede hacerlo el Coronel D. Abraham Alonso Méndez. Interesante historial el de este segundo general. 

Nació en Redes (Coruña) el 24 de Febrero de 1878, pero por motivos familiares se trasladó a Filipinas, en cuyo Apostadero ingresó como Aprendiz el 1 de Octubre de 1894; como se observa, con poco más de dieciséis años. Sumó 1.424 días de mar embarcado en los siguientes buques:

Vapores: "Argos", "Isla de Luzón" y "Uranus".

Transporte: "General Álava".

Cañoneros: "Lanao", "Maribeles", "Marqués de la Victoria" y "Marqués de Molins".

Contratorpederos: "Terror", "Osado" y "Proserpina"

Cruceros: "Reina Cristina", "D. Antonio de Ulloa", "Velasco", "D. Juan de Austria" y "Carlos V".

Acorazados: "Vitoria", "España" y "Alfonso XIII".

En ellos desempeñó el Cargo Profesional en los "Lanao" y "Maribeles" y fue Jefe de Máquinas del "Marqués de la Victoria", "Marqués de Molins" y "Proserpina".



Contratorpedero "Terror"

El 1 de Enero de 1898 embarcó en el vapor "Argos" de la Comisión Hidrográfica de Filipinas y el 14 de Abril se le dio pasaporte para pasar al cañonero "Laguna de Lanao" surto en el fondeadero de Marahuit, en el que embarcó el 30. Cumpliendo órdenes superiores, el cañonero es hundido por la propia dotación el 21 de Diciembre, lo mandaba el teniente de navío D. Joaquín Aguirre. Dada la urgencia sólo se salvaron los pertrechos de guerra más indispensables y Alonso Méndez perdió todo su equipaje. En Septiembre de 1904 todavía instanciaba para que le abonaran las pagas del naufragio.

El 3 de Enero embarcó en el cañonero "Maribeles" surto en Zamboanga, del que desembarca por haberse vendido dicho cañonero el 30 de Marzo, pasando a la Estación Naval de Isabela de Basilán. A bordo del "General Álava" asistió a las operaciones de guerra llevadas a cabo en Zamboanga desde el 10 de Mayo hasta el 24 del mismo mes en que fue evacuada esta plaza. Asistió en el mismo buque a las operaciones en Las Carolinas. Por R. O. de 18 de Octubre de 1899 se le concedió la Cruz de Plata del Mérito Naval, roja, por las operaciones que tuvieron lugar en Visayas, Mindanao y sitio de Ilo-Ilo, llegó de vuelta a la península el 1 de Abril de 1900.

Desde el 25 de Junio de 1903 hasta Enero de 1905 permaneció en la Escuela del Cuerpo y, por los servicios prestados a bordo del "Terror" a lo largo de parte de los años 1909 y 1910, se le concede la Medalla de la campaña de Melilla en 1911. Asimismo, posteriormente se le darían las gracias por el celo, laboriosidad y amor al servicio demostrados en las múltiples reparaciones de máquinas de dicho contratorpedero.

Durante el segundo semestre de 1911 de nuevo pasó a la Escuela de Maquinistas con el fin de efectuar estudios de turbinas y motores de combustión interna, obteniendo la calificación de "muy bueno". En 1913 pasa a Londres, algo menos de dos meses, para efectuar prácticas de turbinas en buques de este tipo. Con antigüedad de 3 de Enero de 1914 ascenderá a Primer Maquinista y pasará al acorazado "España" en el que permanecerá más de dos años. En 1916 efectúa los exámenes preceptivos para obtener el empleo de Maquinista Oficial de 2ª clase, al que asciende el 23 de Junio del mismo año. Pasa como 2º Jefe de Máquinas al acorazado "Alfonso XIII" en el que embarca el 4 de Agosto. Navega en misiones de paz por las costas patrias y el 21 de Febrero de 1919, por haberse declarado la huelga en la empresa "La Canadiense", de Barcelona, se le destina a la parte técnica de la Central de Máquinas de dicha firma cesando en ese puesto el 21 de Marzo.

Estuvo destinado numerosas veces en el Arsenal de Ferrol y fue profesor de la Academia de Ingenieros y Maquinistas más de tres años. Asistió a las pruebas del acorazado "Jaime I" en 1921;  en 1927 se le concede la Cruz de San Hermenegildo y en 1928 la Medalla de la Paz de Marruecos. En este año ascenderá a Maquinista Jefe (Capitán de Corbeta). Durante unos tres meses en 1931 es nombrado Inspector de Máquinas interino de la Escuadra. El 13 de Mayo de 1932 se le nombra Jefe de los Servicios de Máquinas de la Base Naval de Ferrol y Director de la Academia del Cuerpo. En 1934, tras su ascenso a Coronel Maquinista, ocurrido en Mayo del año anterior, pasa destinado al Ministerio de Marina como Jefe de los Servicios de la Sección Máquinas. Culminando su carrera, ascenderá a General de Brigada en 1935.

Al iniciarse la guerra civil en 1936, y residiendo en Madrid, es el Primer Jefe de los Servicios y de la Sección de Máquinas, pero se tiene conocimiento de que no prestó servicio. El 23 de Noviembre de 1937 pasó a Valencia y, una vez ocupada la ciudad, se presentó en la Comandancia de Marina el 31 de Marzo de 1939. En sesión celebrada el día 12 de Diciembre del mismo año, el Consejo Superior de la Armada, por unanimidad propone al General Franco su pase a la Reserva por conveniencias del servicio, a lo que este dio su conformidad. En este momento, sumando los abonos reglamentarios, contaba con 47 años y 8 meses de servicio en la Armada.



Cañonero "Marqués de la Victoria"

Según lo anterior, el general Alonso Méndez no prestó servicio durante la guerra civil y su ausencia no fue cubierta. En julio de 1938 la máxima autoridad del Cuerpo la ostentaban los coroneles Honesto Requejo Rasines como Jefe de los Servicios de Máquinas y Ramón Nieto Lores, como Jefe de los Servicios de Máquinas de la Base de Cartagena, única Base Mayor en zona republicana. Siguiendo en la cadena de mando y a fecha del 1 de julio de 1938 se encontraban los siguientes coroneles y tenientes coroneles según el escalafón: 


  • Coronel Honesto Requejo Rasines. Jefe de los Servicios de Máquinas
  • Coronel Ramón Nieto Lores. Jefe de los Servicios de Máquinas en Cartagena.
  • Teniente coronel José de la Vega Morales, Jefe de la Inspección de Máquinas del Arsenal de Cartagena.
  • Teniente coronel Eustaquio Fernandez García, Vocal de la Comisión Inspectora de Cartagena.
  • Teniente coronel Benito Sacaluga Rodriguez, Jefe de los Servicios de Inspección de Máquinas de la Flota.
  • Teniente coronel Miguel Morey Iglesias, Jefe 2º Negociado Sección de Máquinas
  • Teniente coronel Antonio Porta de la Grela, Jefe de la Comisión del Combustible
  • Teniente coronel Serafín Mauriz Corgos, Disponible gubernativo.

Acabada la guerra, el destino de los Jefes del Cuerpo de Maquinistas fue variado, desde la pena de muerte a la absolución en Consejo de Guerra.


  • El general Abraham Alonso Méndez, fue declarado Disponible Forzoso en 1936 (D.O.199/36). Pasó a la reserva con todos sus derechos el 20 de diciembre de 1939.
  • Honesto Requejo Rasines fue condenado a seis meses y un día de prisión menor, pasando a la situación de disponible forzoso el 31 de enero de 1940
  • Ramón Nieto Lores no fue juzgado, continuó carrera hasta su paso a la Reserva el doce de abril de 1940.
  • José de las Vega Morales, fue absuelto en Consejo de Guerra y continuó carrera.
  • Benito Sacaluga Rodriguez fue fusilado en Cartagena el 29 de abril de 1939, convirtiéndose en el único miembro de los jefes del Cuerpo de Maquinistas de la Armada condenado a muerte.
  • Eustaquio Fernandez García, fue absuelto en Consejo de Guerra (Causa 1006/39), pasando a la Reserva en 1941 según D.O. 79/41.
  • Miguel Morey Iglesias, fue condenado a 14 años y un día de reclusión mayor, (Audiencia, 6406/2459 Archivo General de la Región de Murcia). Estuvo preso en el penal de Chinchilla, del que fue trasladado a la Prisión Provincial de Valladolid, donde falleció el 30.9.1940.
  • Antonio Porta de la Grela, no fue juzgado, continuó carrera llegando a General de Brigada en 1944.
  • Serafín Mauriz Corgos. Consejo de Guerra. Condenado a 1 año de prisión. Amnistiado. Continuó carrera. Retirado (Ley 12.07.1940).






Benito Sacaluga




(1) Texto original: Galería de Inspectores Generales del Cuerpo de Maquinistas. Antonio de la Vega Blasco. Capitán de Corbeta. Agosto 1990.


domingo, 22 de diciembre de 2013

LA JUSTICIA EN LA ARMADA





Desde los primero días de existencia de la Armada como conjunto de la fuerza naval española, la facultad de administrar justicia entre sus componentes la ostentaban los propios miembros de la Armada, siendo los almirantes los que presidian los procesos. Al tratarse de una fuerza armada se entendía como necesario que fuesen los propios marinos los encargados de administrar justicia en aras del mantenimiento de la disciplina, aunque realmente lo que hacían era juzgar según su criterio y las ordenanzas. Esta atribución para "administrar justicia" se hizo extensiva a los comandantes de los buques. Posteriormente, en el siglo XV aparecen los primeros testimonios de la existencia de los Auditores Navales. En 1633, estando España bajo el reinado de la dinastía de los Austria, las Ordenanzas de la Armada del Mar Océano ya hablan del cargo de Fiscal de forma oficial.

Con la llegada al poder de los borbones y derivado del afrancesamiento de las instituciones que esta trajo consigo, se crean las Auditorias de los Departamentos Marítimos y los Asesores de Distrito y Juzgados de las Provincias Marítimas, formados por el Asesor y el Escribano. Los fallos de estos "tribunales" podían ser recurridos ante los juzgados de los Departamentos y contra los de estos cabía recurso ante el Consejo Supremo de Guerra.

Metopa del extinguido Cuerpo Jurídico de
la Armada
Llegado el año 1857, con fecha del ocho de abril se publica el decreto que crea el Cuerpo Jurídico de la Armada, el mismo que después de varias transformaciones es el que subsiste hasta el año 1989 en que es integrado en el Cuerpo Jurídico Militar de la Defensa junto con los anteriores Cuerpos Jurídicos de los otros dos ejércitos. Anteriormente, en 1932 durante la II República se dispuso la desmilitarización del Cuerpo, decisión que se revirtió en 1935 al mismo tiempo que se iniciaba la redacción de un nuevo reglamento, un reglamento que no vio la luz  a causa del inicio de la Guerra Civil y cuya redacción se retrasó hasta 1946, una vez acabada la II Guerra Mundial con la derrota de los aliados de Franco.

La función del extinguido Cuerpo Jurídico de la Armada era básicamente la administración de justicia en el marco de los Tribunales de Marina. En estos uno de los vocales debía ser del Cuerpo Jurídico y su función era la de asesorar a los restantes vocales, votar como uno de tantos y redactar la sentencia, recibiendo el nombre de Vocal Ponente.

Los fiscales podían ser de dos clases: militar o togado. Si el delito juzgado era de carácter estrictamente militar, el Fiscal era un oficial cualquiera, pero en los demás casos debía pertenecer al Cuerpo Jurídico. En los casos en que se trataba de delitos comunes en los que estaban encartados militares y paisanos se disponía que el juez perteneciese al Cuerpo Jurídico. Para llevar a cabo el registro de todos los expedientes, detenciones, etc...se designa a un oficial del Cuerpo Jurídico y se le denomina Secretario de Justicia el cual depende directamente del Estado Mayor.

Según lo anterior los funcionarios judiciales se clasificaban en : Auditores, Vocales ponentes, Fiscales Togados, Jueces Instructores en determinados casos y Secretarios de Justicia de las distintas autoridades jurisdiccionales. En el Consejo Supremo de Justicia Militar, había un general de brigada del Cuerpo Jurídico haciendo las funciones de Consejero Togado, Un Teniente Fiscal togado con categoría de general de brigada o coronel y un Secretario Relator que tenía la misión, en caso de recurso ante el Tribunal Supremo, de formar un expediente independiente del recurrido, actuando como si fuera un nuevo Juez Instructor.

Para asesorar a las diferentes autoridades jurisdiccionales estaba la Asesoría General del Ministerio, la particular del ministro y las de los departamentos marítimos y comandancias generales. Solo aquellos que poseían el título de licenciados o doctores en derecho podían ingresar en el Cuerpo Jurídico, mediante publica oposición, saliendo de alféreces-alumnos para ser destinados a la Escuela Naval Militar y a continuación en buques hasta obtener el grado de Tenientes del Cuerpo Jurídico pudiendo ascender hasta generales de división. Para el ascenso a capitán era necesario haber estado destinado un mínimo de tres años en la Flota o en la Jurisdicción Central.

Si repasamos las anteriores disposiciones veremos que los componentes del Tribunal e incluso su presidente los únicos conocimientos jurídicos que podían llegar a tener dependían  de lo que el vocal asesor les hiciese llegar y que no existe en ningún momento alusión a la figura del abogado defensor. Este era el sistema que estaba establecido en 1936. Un sistema totalmente exento de garantías procesales para el acusado y en el que además lo expuesto por los fiscales carecía de limitación en cuanto a modo, forma y prueba dada la ignorancia jurídica y procesal del tribunal.

Unamos a estas carencias de garantías un escenario de posguerra en el que el vencedor decide aniquilar a la totalidad de los ejércitos derrotados y llevar a cabo una brutal represión contra la población civil junto la total ausencia de voluntad de impartir justicia y ya podremos empezar a valorar la ignominia de los consejos de guerra franquistas, unos consejos en los que lo único que se decidía era si te mataban o te enviaban a la cárcel por el solo hecho de no haberte levantado en armas contra el Estado y haberlo defendido cumpliendo con la promesa dada.

Tomando como ejemplo la orden de constitución del Consejo de Guerra encargado de la causa 130/39  del Departamento Marítimo de Cartagena contra el Capitán Maquinista Antonio Barreda Rodriguez podremos ver la composición del Tribunal y la ausencia de Abogado Defensor, eso si,. la vista debía ser precedida por la asistencia a la misa del Espíritu Santo por parte de todos los miembros del Consejo, imagino que para que la Santísima Trinidad inspirase y guiase las condenas a muerte de los infieles rojos.





Presidente: 

Contralmirante don Ramón Agacino de Armas

Vocales:

Coronel de Infantería de Marina  don Arturo Cañas
Coronel de Ingenieros don José E.Diaz Hidalgo
Tte.Coronel de Infantería de Marina don Rafael Granados
Capitán de Fragata don Carlos Vila Suances

Vocales Suplentes:

Capitán de Fragata don José García Lomas
Tte.Coronel de Intendencia don Ricardo Iglesias

Vocal ponente:

Comandante Auditor de la Armada don Fernando Rodriguez Carreras

Fiscal:

Comandante Auditor don Eduardo Viscasillas

Defensor: En blanco.

En el anterior proceso, como en todos, los componentes del Tribunal eran marinos sublevados y de entre ellos los únicos conocedores de la práctica judicial eran el fiscal y el vocal ponente,  por supuesto el delito de "rebelión militar" del que se acusaba al detenido quedó "suficientemente probado" y  la pena impuesta fue la de muerte, sin posibilidad alguna de recurso. 



Uniformes de los extiguidos Cuerpos Jurídico y Eclesiástico de la Armada

Benito Sacaluga




Fuentes consultada: E.G.M (Ed.Garriga 1957). Causa 130/39 Dpto.M.Cartagena