lunes, 9 de noviembre de 2020

APUNTES SOBRE LA FLOTA REPUBLICANA

 

(Publicado en "Ímpetu" el uno de enero de 1939)


Al lector coaccionado de antiguo por una política de tipo antimarítimo, le será difícil comprender el arduo y heroico papel que el destino reservaba a la Marina leal en el drama español. De antes pensaban los conjurados otorgarle una misión de gran importancia.



El curso de la Escuela de Guerra Naval terminó poco antes de estallar la sublevación militar. Tomaban parte en él algunos oficiales y jefes de Marinas extranjeras. La Escuadra iba a efectuar maniobras. Cuando todos los alumnos estaban preparando sus equipajes para embarcar, llegó una orden: "Los marinos extranjeros no podrán asistir a las maniobras." ¿Por qué? se preguntaron ellos, ¡Si hasta la celosa Albión lo permite! Algunos se acercaron al jefe del Estado Mayor Centra1 de la Armada  "No, no podrán asistir ustedes a las maniobras." Quedaron perplejos ante una negativa tan categórica.

Pronto iba a desvelárseles la dramática razón que les ponía el veto para ir bordo. La oficialidad comprometida quería estar a solas para organizar su sublevación aprovechando la concentración de la Escuadra con motivo de las maniobras.

Precipitáronse los acontecimientos en la forma conocida. El grito lanzado en África en la tarde del 17 de Julio repercutió dolorosamente en los corazones leales. Los rebeldes aprovechaban algunos destructores para el transporte de tropas a la Península. Otras unidades estaban en la base de Ferrol. Alguna frente a las costas lusitanas, en camino hacia el Sur. Las tripulaciones ignoraban la sublevación. La República carecía virtualmente de Armada. Para la República era preciso tomar la Flota. La radio funcionó incesantemente desde Madrid para localizar a las distintas unidades. Las dotaciones, enteradas de la rebelión, se hicieron dueñas de casi todos los barcos. Alguno, como el "Almirante Cervera" estuvo pocas horas en manos de la marinería. Encerrado en la ría ferrolana, amenazado por las baterías de tierra y la aviación, hubo de rendirse. Los otros, incorporados de nuevo a la bandera republicana, hicieron rumbo hacia los puertos leales. EI primer episodio, el más difícil, el de la toma de la Escuadra, estaba terminado.


Siguió después el periodo que podemos llamar de reorganización de la Armada. Mermados considerablemente los cuadros de Mando por la defección o el castigo de quienes los constituían, se hacía preciso reorganizarlos para dotar de eficacia a los buques. Había que crear una oficialidad enlazada en la marinería por lazos de la más severa disciplina. Surgió entonces la Escuela Naval (1), y los hombres de ella salidos, sumados los jefes y oficiales que no habían querido hacer el papel triste de agregados a la traición, reorganizaron en pocos meses los servicios a sus órdenes. El ministerio de Defensa Nacional elaboró el esquema de una organización sometida una disciplina de hierro, que nace no del temor, sino del mutuo afecto de la comprensión por cada uno de cuál es su deber para con España, de cómo por modesto o insignificante que parezca ese deber, España le necesita apremiantemente. 

A esto sigue, y se perfecciona con creciente eficacia en nuestros días, el período de la Marina organizada. Para el público destacan dos hechos de importancia: el hundimiento del "Baleares" y el paso del Estrecho por el "José Luis Diez". Para el técnico, los dos acontecimientos tienen un relieve mucho mayor que el que pueda darles el hombre ajeno a la táctica de la guerra naval. El "Lepanto” incorpora una página nueva a la historia de la Marina al destruir con un torpedo una unidad infinitamente más poderosa que él. Las unidades grandes es lo que más temen, el ataque del torpedo 

El destructor se lo juega todo. Cuando los destructores despliegan para llegar a un ataque, saben que antes de colocarse en la posición de lanzamiento les barrerá la artillería media y gruesa del enemigo. Es tan cierto esto, que en el anecdotario naval se recuerda la frase del jefe de una de las divisiones de destructores, en la batalla de Jutlandia, al recibir la orden del almirante Jellicoe para lanzarse sobre la flota alemana: "Y ahora, ¿a dónde vamos, mi comandante?, le preguntó su segundo, "Al cielo derechos, no le quepa a usted duda", respondió impávido el comandante.

La hazaña de la Flota leal al pelear en condiciones de notoria inferioridad con la enemiga, destruirle su unidad más poderosa es la mejor confirmación de la disciplina, del conocimiento y del valor de nuestros marinos. 

Finalmente, la fría audacia y la serenidad con que el “José Luis Díez", pobre barquito sin protección, débilmente artillado, salvó el círculo de hierro del enemigo, confirman el denuedo y la pericia de la Flota republicana frente la impotencia y la mala técnica del enemigo.

Y aún hay que mencionar otra labor, casi totalmente desconocida para el público, la protección de convoyes. Páginas novelescas románticas de todas las unidades de la Escuadra, pero muy en particular de esos valientes guardacostas que a diario salvan los cargamentos destinados la España leal.




(1) La Escuela Naval Popular comenzó a funcionar en diciembre de 1937.


viernes, 6 de noviembre de 2020

EL COMBATE NAVAL DE CABO DE PALOS



Una visión técnica.

(Publicado en Nuestro Ejército. Abril de 1938)



Casi todos los días llegaba a nosotros, en tono derrotista, la información de la superioridad naval de la Escuadra facciosa. Si ésta se medía de unidad a unidad, era justo el apreciarlo así, pero es totalmente falso el juzgar de esta forma la superioridad o inferioridad de una flota. Para justipreciar el valor de las fuerzas navales, se hace imprescindible tener en cuenta desde luego, la potencialidad militar de cada unidad, hacer un conjunto-flota, estudiar el valor militar de él, y al compararlo con el enemigo podremos sacar una conclusión que más se acerque a la realidad.

Es sabido que nuestros cruceros son inferiores a los iguales del tipo “Baleares”; esta inferioridad desaparecería porque nuestra flota está compuesta, además, de tres cruceros, por la escuadrilla de destructores, arma valiosa, máxime cuando se tiene enfrente una Escuadra que no cuenta con categoría de buques y esto, unido a la capacidad del Mando y demás personal de las dotaciones, fue lo que nos dio la victoria.

Indudablemente que jugó un rol importante en este combate naval, el hecho de verse el enemigo entre nuestros buques y tierra y el temor de ser lanzado a la costa le llevó a tratar de romper nuestra formación, separando la escuadrilla de destructores de nuestros cruceros, lo que, para él, significaba asegurarse el éxito del combate.

Este movimiento táctico, que le hubiera dado buen resultado de contar con destructores que pudiera emplear a vanguardia, fue una parte esencial de su derrota, puesto que así acercó sus cruceros a tiro de torpedo. Dos mil quinientos metros era la distancia que separaba a las dos flotas. 

Mando firme y temple sereno, incapaz de hacer inmutar a los hombres ante las siluetas potentes de cruceros rebeldes que avanzaban a toda la velocidad de sus turbinas, era la condición precisa para que el tiro de nuestros destructores fuese infalible. Y así fue. Para mejor comprender el desarrollo del combate naval, la capacidad del Mando, la preparación específica del Cuerpo Auxiliar, de cabos y marineros, la valentía y coraje de todos, en fin, vamos a señalar las características relevantes de la capacidad militar de los buques que se enfrentaban.

La flota facciosa estaba compuesta por los cruceros «Canarias», «Baleares» y «Almirante Cervera» (los primeros de la clase “County” británica, modernos y reputados como uno de los mejores en la actualidad) el último igual a los nuestros tipo «Libertad» (hay una nota en que se dice que además eran acompañados por varios destructores tipo «Poerio», pero esto no está confirmado). La flota de la República estaba integrada por los cruceros «Libertad» y «Miguel de Cervantes» (este último inferior en desplazamiento y poder ofensivo a todos los anteriores) y por la flotilla de destructores compuesta por el «Sánchez Barcaiztegui», «Lepanto» y «Antequera» ; «Gravina» y «Lazaga», este último inferior a los demás.

Los ocho cañones que montan los cruceros tipo «Canarias», de un diámetro de 203 mm., tienen un alcance de 30 km., con un peso de proyectil de 116 kg., lo que hace un total de peso por andanada de 928 kg. El armamento del «Cervera» es de 6 cañones de 152 mm. de diámetro, con un peso de proyectil de 45 kg., lo que significa un total por andanada de 360 kg. y con un alcancede 14 km. De estos datos se desprende que, además de la enorme ventaja en alcance de la artillería enemiga, en lo que respecta a los buques tipo «Canarias», el peso total por andanada de sus barcos que entraron en acción es de 2.216 kg., mientras que la de los nuestros es de 630 kg., pues hay que tener en cuenta que el crucero «Méndez Núñez» sólo lleva seis cañones de 152 mm.



Otra ventaja de los buques enemigos es la mayor velocidad; si bien es cierto que todos ellos dieron una velocidad de 33 nudos al ser entregados a la Marina, a excepción del «Méndez Núñez», que dio 29, hay que tener muy en cuenta el tiempo que llevan navegando, pues ello significa desgaste y, por lo tanto, pérdida de potencia en sus turbinas. Nuestros cruceros hace diez años que navegan, mientras el «Canarias» y el «Baleares» fueron puestos a navegar, por los facciosos, después del 18 de julio de 1936.

El poder defensivo de estos buques (tipo «Canarias») es también superior. El blindaje de cintura de estos cruceros es de 101 mm., y el de los buques leales es de 75 mm.; además, los primeros cuentan con cubierta blindada ,de cuya defensa carecen nuestros cruceros.

En la preparación del combate, como en el desarrollo del mismo, nuestro mando tuvo en cuenta el valor agresivo y defensivo de las dos flotas, y considerando la potencia militar que daba a la nuestra la flotilla de destructores empleándola en un golpe audaz, que bien podía compensar la desproporción entre los cruceros, ordenó un movimiento estratégico que, como decimos más arriba, obligó al enemigo a colocarse a una distancia inferior a 3.000 metros de nuestros destructores, haciendo eficaz, por lo tanto, el ataque por torpedos, de tal forma, que alguno de los buques facciosos tenía que ser tocado.



El feliz resultado de esta acción, en la que se ha demostrado plenamente la capacidad táctica y el perfecto estado de la disciplina y entrenamiento de las dotaciones, ha tenido una gran importancia, toda vez que casi ha igualado la potencialidad naval en lo que respecta a los buques de línea. En cuanto a las fuerzas sutiles (destructores, submarinos) siempre fué superior nuestra Armada, puesto que los facciosos cuentan únicamente con el destructor “Velasco” aparte, claro está, de los destructores y submarinos que les ceden los italianos y alemanes, cuyo número es imposible precisar.

Si tenemos en cuenta la experiencia de este combate y ponemos en tensión todos nuestros recursos, podremos en breve plazo estar dispuestos a batir el resto de la flota rebelde, en forma absoluta, aun con la pretendida «superioridad» naval de los facciosos, y lo que esto nos traería de posibilidades para nuestra lucha sería inmenso.  


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martes, 27 de octubre de 2020

EL TRASATLANTICO “JUAN SEBASTIAN ELCANO” AL SERVICIO DE LA REPÚBLICA

 

Construido en los astilleros de Sestao (Bilbao), botado en noviembre de 1926. Era el primero de una serie de tres, construidos para la flota de la Compañía Trasatlántica Española. 

Tenía 145,13 metros de eslora, 9,79 m. de puntal y 17,14 m. de manga, completando un peso de 9.900 toneladas de registro bruto, con un desplazamiento máximo de 13.200 toneladas y 6.200 toneladas de peso muerto. Se propulsaba gracias a dos grupos de turbinas Curtiss-Parsons que funcionaban con el vapor obtenido de cinco calderas alimentadas por fuel-oil que, con quince hornos, trabajaban a una presión máxima de 25,20 kilos/cm2.

El 18 de julio de 1936, el trasatlántico se encontraba en San Juan de Puerto Rico. De allí zarpó en viaje a Santo Domingo, La Guaira y Puerto Cabello y después de recalar de nuevo en San Juan, hizo viaje directo a Barcelona, a donde arribó el 15 de agosto. 

A su llegada fue requisado por el Gobierno de la República para el alojamiento de refugiados, situación en la que permaneció hasta el mes de octubre. Ante la necesidad que tenía el Gobierno de la República de disponer de barcos de capacidad y velocidad para asegurar el suministro de armamento y municiones, el 15 de enero de 1937, armado con 2 cañones antiaéreos y 4 ametralladoras A.A.,  inició una ruta insólita para él hasta ese momento, se trataba de Odessa, localidad ucraniana a orillas del Mar Negro. Allí cargó trigo, algodón y material de guerra, arribando a Barcelona el 20 de febrero. Sería el primero de tres viajes; en marzo volvió, esta vez para descargar en Valencia, y el 11 de julio, deja atrás España para ya no volver. 

En septiembre de 1937, ya cargado en Odessa para partir rumbo a España, las autoridades rusas advirtieron de la presencia de submarinos italianos y alemanes en los Dardanelos esperando al buque para apresarlo o hundirlo. El buque fue incautado por la Unión Soviética, incorporándose a la Armada Soviética con el nombre de “Volga” y usado como transporte de guerra con base en Sebastopol. Más tarde fue transformado en buque hospital y su nombre fue cambiado por el de “Odessa”. Acabó sus días como mercante, con el nombre de “Jakutia” hasta su desguace en 1968.


La tripulación fue trasladada a un campo de concentración donde no eran considerados ni prisioneros de guerra, ni delincuentes, ni siquiera enemigos, solo permanecían allí. Fueron consultados sobre su deseo de regresar a España o, por el contrario, quedarse en la Unión Soviética. Unos decidieron quedarse en la URRS, otros regresar a España, como es el caso de José Conde Galiñanes, Auxiliar de Artillería del “Jaime I” y destinado al trasatlántico tras el hundimiento del acorazado, ya en España fue condenado a 30 años de cárcel por el régimen franquista; otros pidieron ser llevados a otros países europeos o sudamericanos.

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Extractado de: EcuRed./ Archivo Histórico del PCE. Memorias de José Conde Galiñanes/ Buques.org / Escoben.


martes, 20 de octubre de 2020

LAS OPERACIONES NAVALES SEGÚN EL JEFE DEL ESTADO MAYOR DE LA FLOTA REPUBLICANA.




El "Artabro", hundido en Málaga, febrero 1937 (1)


Con fecha del 2 de enero de 1937, Luis G. Ubieta, Jefe del Estado Mayor de la Flota, elabora una memoria dirigida al Mº de Marina y Aire sobre los puntos débiles de las fuerzas navales, entre otras puntualizaciones más, le dice al ministro:

“Es sabido que las operaciones navales tienden a un solo fin: disputarse y conseguir el dominio del mar. Si las fuerzas contendientes son muy desiguales, la inferior tendrá que limitarse a estorbar el dominio de la otra; si las fuerzas se equilibran, se disputará el dominio. En este segundo caso, vencerá el que cuente con bases de apoyo suficientes y estratégicamente dispuestas; el problema para nosotros es, pues, más de bases que de fuerzas a flote.”

Como todos ya sabemos, la armada sublevada es extremadamente inferior a la republicana en lo que se refiere a unidades navales, cuenta con Bases en el Cantábrico (Ferrol), el Atlántico (Ferrol y Cádiz) y el Mediterráneo (Palma de Mallorca), sin embargo la Flota republicana solo cuenta con la base de Cartagena (Murcia) estratégicamente bien situada en el Mediterráneo, pero lejos de Algeciras, punto caliente del tráfico entre África y la península (Punta Europa). 

En su informe, Ubieta da por prácticamente perdida cualquier opción de recuperar cualquier base facciosa, incluso la de Mallorca, limitándose a imponer la necesidad de conservar y potenciar Málaga como Base Naval, ya habilitada oficialmente como tal el 24 de julio de 1936, para así facilitar el control del Estrecho con parte de las unidades navales entonces basadas en Cartagena.

Como todos sabemos, Málaga fue totalmente abandonada a su suerte, y el 8 de febrero de 1937, transcurrido poco mas de un mes desde el informe de Ubieta, Málaga cae en poder de las tropas sublevadas. Antes de ser tomada la Base, el jefe de la base hunde el “Artabro”, el “Xauen” y dos lanchas patrulleras en evitación de que caigan en manos facciosas.




(1) Imagen publicada en "Malaga: Base Naval Accidental". Luis M.Cerdera.